Buenas noches:

Al fin pude terminar este capítulo que les digo es ahora uno de mis favoritos. Los venía imaginando en mi cabeza desde hace muchos meses y ya no hallaba la hora de escribirlo. Y aquí está.

No quiero demorar más su lectura así que solo les dejo el tema musical que lo acompaña, "Deliver me" de la grandiosa Sarah Brightman

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Muchos saludos

Emily (apasionada) Weasley

Capítulo 28: "La Perdición de la Luciérnaga"

Estaba furiosa. Furiosa con él. Furiosa con ella misma. Cada cierto tiempo golpeaba el volante mientras las condenadas lágrimas se desparramaban por su rostro fuera de todo control. Con rabia e impotencia las secaba violentamente, pero esas malditas no dejaban de salir.

Cuando ya estuvo a mucha distancia y cuando su resistencia se vio por completo sobrepasada, Briana detuvo el auto y se echó contra el volante a llorar.

Te odio, te odio… vete al diablo – decía entre jadeos llorosos.

Descargó todo lo que tenía dentro y se marchó a su casa a una velocidad lenta. Al llegar no quiso otra cosa que meterse a la cama. Los ojos le pesaban y le dolían, pero el corazón lo tenía apretado y mellado. Solo quería dormir y olvidarse de todo, de todos y de él.

Pero el sueño solo le trajo su rostro en medio de la noche. Sus ojos color cielo, su gesto tosco, su voz…

Su trato lejano, frío.

Despertó y se quedó mirando el techo. ¿Acaso no era mejor así? ¿Qué él se alejara y se trataran como los completos desconocidos que eran? ¿Acaso no había sido ella quien decidiera terminar con esa equivocada relación?

Sí, así había sido. Ella había tomado la decisión correcta. Había priorizado el amor sincero de Viktor a la obstinada pasión de Ron. Una pasión loca, terca, machista.

Hice bien… hice bien en alejarme de él- se repetía una y otra vez.

Sin embargo, ahora se sentía despreciada. Ron había sido tan cortante, tan altivo. No le había dicho ni una sola vez que la extrañaba. Ningún gesto se reflejó en su rostro. Su mirada estaba blindada. Era imposible ver a través de ella. Ron se estaba comportando tal cual ella solo fuera una extraña.

Y eso la había herido en lo más profundo.

Y para colmo no había querido decirle nada de lo que hacía en ese lugar. No explicaba su comportamiento. No revelaba sus secretos.

Y eso era tan molesto y angustiante como su actuar con ella.

Deja de pensar en él… aléjate, olvídalo. Porque parece… que él ya se está olvidando de ti-

El lunes siguiente se sumergió en el trabajo y no permitió ser interrumpida. Trabajó, trabajó y trabajó sin parar. Se movía de un lado al otro y no dejaba de hacer todo lo que se ponía por delante. Ni siquiera Vasilka pudo calmar el volcán que reinaba en el pecho de la castaña. Briana quería cansarse, llegar a su casa exhausta y dormirse de inmediato. Así no pasaría otra noche en vela y pensando en ese pelirrojo que no la dejaba dormir.

En vano esperó que apareciera en cualquier rincón. Pues, a pesar de su gélido actuar la última vez que lo vio, tenía la vaga esperanza que la buscara después de todo. Pero no.

A veces, involuntariamente, registraba su alrededor en busca de una señal, un movimiento furtivo, una silueta dibujada en el paisaje. Se quedaba por largo rato girando despacio y anhelándolo. Pero era inútil.

Al quinto día entendió que él ya no volvería nunca más. Y comprender esa realidad le desesperó.

Maldición, ella estaba segura que él iría por ella. Que la arrastraría del brazo gritándole que ella suya y que estaría con él aunque no quisiera. Que la doblegaría y que la seduciría con esa irresistible energía que encerraba en su cuerpo, en su voz.

¿Ya no la deseaba? ¿Ya no la quería para él? ¿Acaso tenía el ego tan herido por su rechazo que no pensaba volver?

Si es por orgullo, yo puedo ser peor… mucho peor…- rezongó apretando los puños una de esas noches de insomnio.

Porque Briana Krum podía ser muy orgullosa si lo deseaba.

Mas, con el paso de los días ese orgullo se fue convirtiendo en tristeza. Una tristeza que la aletargaba. Y lo peor de todo era que no podía sacárselo de la cabeza.

Una y otra vez las imágenes de su último encuentro se paseaban en su mente. Su distancia, su seriedad tan propia de los primeros días de conocerlo. Luego esas imágenes se trasladaban a esas veces en que era tierno, amable. Otras a sus arrebatos, a sus ojos brillantes en medio de una pelea. También, los dolorosamente dulces recuerdos de esa tarde en la que lloroso y herido llegó ante ella la acuciaban. Su angustia, su llanto de niño asustado. Sus ojos buscando consuelo y protección. Sus abrazos tratando de retenerla con desesperación. Sus besos…

Merlín… como extrañaba sus besos.

Más de una vez se detenía en medio de alguna labor en la galería o en el jardín y cerraba los ojos. Entonces su pecho se emocionaba con la expectativa de que de pronto un aliento tibio abrasaría su lóbulo o su cuello. Que unas manos fuertes le encadenarían de la cintura. Que una boca atrapara la suya y la besara apasionadamente…

Al abrir los ojos volvía a la fría realidad de estar sola… muy sola.

Para empeorar las cosas, Viktor insistía en volver a su habitación. La buscaba, la presionaba. Briana quería hacer las cosas bien y retomar su vida de casada con su esposo, pero aunque su mente estuviera completamente de acuerdo con ello, su cuerpo y en especial su corazón se resistían. Era tan difícil poder sentirse atraída por Viktor, desear sus besos, sus caricias. No la emocionaban, no le hacían suspirar…

Pero los besos de Ron… las caricias de Ron… esas la envolvían…

No podía evitarlo más. No podía negarlo más. Tenía que volver a morir en su mirada. Tenía que estremecerse de nuevo con la vibración de su voz. ¿Qué puede hacer una luciérnaga cuando el calor de una llama la reclama? Solo volar hasta ella y morir en su fuego...

Así... así se sentía Briana.

Briana, Briana… ¿Por qué siempre termino olvidando todo por ti?-

Sus ojos estaban perdidos en un punto inexistente. La pequeña luz en la mesita de noche era lo único que lo alumbraba. Sus brazos le servían de almohada.

Se había quedado pegado al piso después que ella se marchara y solo al rato recordó que estaba esperando a Yaxley escondido en el bosquecito. Se había girado en redondo y corrido el tramo hasta el lugar en donde siempre el enemigo se desvanecía pero después de esperar por una hora comprendió que éste ya se había largado. Apurado, había desaparecido para tratar de dar con él en su hospedaje pero descubrió que no había llegado a ese lugar. Le había perdido el rastro.

Ahora ya a mitad de la madrugada aun no podía dormir pensando en ella. Que ganas había sentido de retenerla. De abrazarla y ahogarla a besos, abrumarla de caricias. Estaba tan hermosa enojada, tan bella sonrosada. Pero sabía que ahora estaba herida en su orgullo.

No negó que eso lo satisfizo un poco. Ahora ella sabía que se sentía.

Suspiró. Que similares podían ser a veces las cosas. Que similares podían ser Briana y Hermione también. Y que fuerte podía ser la atracción que ellas habían ejercido en él en su propio momento.

Se acomodó en las sábanas. Tenía que dormir un poco si quería hacer bien su trabajo al día siguiente. Tenía que memorizar la rutina de Yaxley para caer sobre él y suplantarlo. Tenía que concentrarse, priorizar. Briana era solo una quimera que lo desviaba de sus objetivos. Lo confundía y lo debilitaba. Debía olvidarla, sacarla de su mundo definitivamente. Ahora todo debía girar en torno a su misión y luego… a la llegada de su primogénito.

Ella ya no tenía cabida en su mundo.

Los siguientes días se avocó a su meta. No se permitió por ningún motivo salirse de los parámetros establecidos. Siguió a Yaxley como si fuera su sombra. Escaneó todos los alrededores de las colinas del norte de Plovdiv. Se internó en el bosquecito tras la oficina de Krum. Viajó a Nikopol guiado por los rumores que Lub había escuchado de que por ahí saldría la avanzada que prepararía la salida del grueso del ejército búlgaro. Se dedicó por completo a estudiar la región y confeccionar el mapa detallado con el Danubio como punto clave.

Todo, todo con tal de borrar a Briana de su mente. Pero era imposible. Cada noche su recuerdo lo aplastaba.

Quería verla una vez más.

Aun así se resistió a su deseo. Había cosas importantes que atender.

Lub le preocupaba. El muchacho estaba haciendo un buen trabajo y sus informes le estaban aclarando muchas dudas, pero inexplicablemente demoraba la traducción de la carpeta y tampoco le decía cual era su contenido. También había notado que cada vez que el tema salía a la luz el chico se tensaba y al final siempre terminaba cambiando el tópico.

Le estaba ocultando algo.

Luego de pensar mucho en su viaje a Nikopol, Ron decidió acorralar al muchacho. Tenía que decirle de una vez por todas que demonios estaba pasando, que decía la bendita carpeta. Ron odiaba que le escondieran cosas, que le ocultaran las situaciones. Lub podía ser un muchacho talentoso y eficiente, pero si le estaba ocultando algo grave se iba a ganar con merecimiento absoluto una gran paliza. Y esta vez no iba a sentir remordimiento por romperle la madre.

Pero no solo Lub lo tenía intrigado. No había podido saber absolutamente nada del arma. Lub se había arriesgado y había metido la nariz muy profundamente en la base, pero simplemente allí no había nada que les diera un indicio. Por su parte, Ron se había partido la espalda acechando a Yaxley y a Krum, pero tampoco había conseguido gran cosa. Y estaba seguro que Zabini era lo suficientemente imbécil como para que le confiaran algo tan importante. Tenía que entrar sí o sí a la mansión Ruskit y enfrentar a Lestrange si era necesario. Todo le indicaba que solo Lestrange estaba involucrado en ese proyecto.

Y los planos… también necesitaban los planos de la invasión.

Demasiadas cosas en la mente… y un hijo en camino.

Ron sentía que su cabeza le iba a explotar.

Por Harry se enteró que Susan había mejorado. Los sanadores le estaban dando una poción para que el bebé se aferrara a su vientre y el pequeño, como todo un guerrero Weasley, estaba luchando muy duro por sobrevivir.

Digno hijo tuyo- le había dicho Harry con diversión- Tan terco como su padre. Quiere vivir a toda costa-

Para la tranquilidad de Ron, Harry se había encargado de proteger a su primogénito y a la madre. Había encargado que Susan fuera trasladada a una sección resguardada en San Mungo y pedido a Arthur dejar todas sus labores para estar pendiente de la seguridad de su nuera y su nieto. Cuando Ron le preguntó si le había dicho la verdad a su padre Harry le dijo que le había dicho medias verdades. Que había llegado la secreta información que deseaban eliminar a Ron y que se temía por su familia. Por supuesto el patriarca de los Weasley se había alarmado sobre manera y angustiado por todos los suyos. Harry le trató de calmar aludiendo que era a Ron a quien querían y que por eso había que proteger a Susan. Arthur lo comprendió, pero Harry sabía que no iba a estar tranquilo.

El viejo no es tonto, Harry. Ahora va a estar pendiente de todo lo que hagas. Su sangre está en peligro. Te digo, papá puede parecer muy tranquilo, pero cuando le tocan algo suyo saca a la bestia Weasley que duerme en él. Ya verás como te acorrala para que le digas toda la verdad-

Lo sé, pero por ahora quiero mantenerlo ocupado con tu mujer-

¿Le contaste a Susan la verdad?-

No, no me atreví. Ya bastante tiene con su delicado estado de salud. Solo termina pronto en Bulgaria y vuelve, es mejor que tú arregles las cosas con ella-

Sí…- fue lo único que Ron pudo decir.

Ron… no irás a reclamarle, ¿verdad?... al fin y al cabo ahora están unidos para siempre, y Ron… ser padre es lo mejor que puede pasarte-

Harry… tengo la cabeza llena de líos ahora. En algún momento Susan y yo tendremos que hablar muy en serio. Pero ahora solo cuídala… a ella y a mi hijo-

El clima de fines de Enero seguía frío. Sin dudas este sería el invierno más rudo en mucho tiempo en Bulgaria. Ron cada noche llegaba entumecido y tembloroso y lo único que lo calmaba un poco era un café negro e hirviente. Lub había disminuido sus visitas a dos por semana y eran demasiado breves como para atraparlo. Siempre estaba inquieto mirando por la ventana y muy cercano a la puerta, como atento a cualquier movimiento de Ron. Solo bastaba que el pelirrojo se moviera un poquito con rapidez y el chico saltaba como resorte aludiendo que tenía que irse.

¿Qué hay de nuevo en la base?-

Eh... bueno, el entrenamiento se ha vuelto más duro. Prácticamente somos estrujados. Casi no me dejan en libertad y me ha costado vigilar a Yaxley. Y siento que el viejo no me está mirando con buena cara-

¿Y la carpeta?-

Este… ¿Con que tiempo podría traducirla? Estamos entrena que entrena desde el alba y apenas me alcanza el tiempo para venir aquí-

Lub-

Mira, ya es tarde. Si demoro en llegar me darán una paliza. Nos vemos en tres días…-

¡Lub!-

Bye, bye Heath…-

Y salía siempre del cuartito como alma que lleva el diablo.

Bien, Lub. Te lo ganaste. En dos días te daré una grata bienvenida-

Lub estaba sentenciado.

Y preparó todo para esperar a su "compañero". Tenía una buena provisión de Veritaserum, una botella llena de esencia de Díctamo y poción crece huesos. Trataría de ser diplomático con el chico, pero de todos modos le patearía el trasero por estúpido. Por la forma en la que se comportaba era evidente que la carpeta contenía información primordial y ahora toda información era urgente. Luboslav tendría un buen escarmiento por retrasar la misión.

El pelirrojo fue contando los días y su humor cada vez se iba poniendo más denso. Los seguimientos a sus objetivos no daban fruto, Harry le había informado que Malfoy de pronto se había hecho humo y seguía sin dormir bien a causa de pensar en Briana. Para colmo la casera de la pensión estaba sospechando que algo raro pasaba y Ron había tenido una buena pelea con ella. La vieja le había amenazado con tirar todas sus cosas en cualquier momento si no aclaraba su comportamiento. Al final la pobre mujer salió del cuartito pálida como el papel y gritándole que era la última vez que le aguantaba. Ron solo dio un par de zancadas hacia ella con la mirada encendida para que ella se callara de inmediato y escapara aterrada.

No me queda mucho tiempo acá… tendré que buscar un refugio nuevo- se dijo a sí mismo- Y este lugar era perfecto. Demonios-

Al tercer día de espera por Lub, el pelirrojo se dedicó a buscar un nuevo escondite. Había visto una cabañita un precio razonable y meditó su debía comprarla. Así desaparecería limpiamente y obtendría un lugar relativamente cómodo y sin odiosos testigos mirando lo que hacía. Al llegar a su cuarto revisó sus fondos y vio que podía hacer el gasto.

Bien, hoy será mi última noche acá. Esperaré a Lub, te interrogaré y mañana temprano compró la cabañita y me largo-

Lub siempre venía a las 6. Así que Ron dejó todo listo a las 5: 45. Se encaramó en un rincón del cuarto y esperó los quince minutos que quedaban para caerle irremediablemente encima al joven búlgaro. Pero al dar las 6 la puerta no se abrió.

Algo estaba mal. Lub era siempre muy puntual. O había desertado o lo habían descubierto. Ron trató de pensar con rapidez y claridad. ¿Ir por él? ¿Esperar un día más?

Lub sabía demasiado de la misión y si lo habían atrapado en ese mismo momento le estaban sacando la verdad de una manera peor a lo que él mismo hubiera hecho.

Harry va a matarme. No debí meter a Lub en esto… Si escupe no demoran en darme caza-

Los cinco minutos que su cerebro trabajó con afiebrada celeridad fueron tormentosos. Tenía que irse del cuarto de inmediato. Se movió por el lugar buscando ropa, utensilios, objetos personales. Fue metiendo todo en su mochila con violencia mientras miraba una y otra vez por la puerta. Casi tenía todo guardado cuando una luz entró por la ventana y un animal plateado se apareció ante él.

"Acuartelados sin salir. Noticias en tres días"-dijo un gato montés plateado en perfecto búlgaro

Bien. Lo que faltaba. ¿Y ahora como sé si es verdad lo que me dice?-

Un nuevo halo de luz apareció por la ventana respondiendo a su pregunta.

No secuestro ni deserción. Carpeta bajo árbol. Linda "B", Heath-

Perfecto. Ahora descubrió la marca. Cuando lo atrape le haré reír de verdad

De inmediato partió al lugar en donde estaba tallada la letra. Escudriñó por todos lados por si era una trampa pero nada pasó. Tal como había dicho el patronus, la carpeta estaba enterrada bajo una de las raíces del árbol. La hojeó rápidamente y después se desapareció.

Llegó otra vez a su habitación y luego de ordenar un poco empezó a revisar los documentos.

Condenado mocoso. Me dejas la carpeta pero ninguna línea con la traducción. Te voy a deformar esa cara-

Qué molesto estaba. De nuevo estaba completamente solo en la misión. Sin pistas de lo que la carpeta decía y sin paciencia para hacerlo él mismo. Sin Lub para que lo ayudara y acompañara en esa tarea tan aciaga. Sin Briana para que le relajara el pecho y la mente.

Con rudeza guardó la carpeta en el piso falso de la habitación. Luego escarbó en su mochila hasta dar con la última porción de Whisky de fuego que contenía una botella. Por un momento buscó un jarro para llenarlo del alcohol pero después de no dar con él prefirió beber directamente de la botella. Estaba empinando el codo cuando un golpe en la puerta lo alertó. Puso la botella en la mesita y agarrando la varita fue a ver quien estaba del otro lado.

Abrió la puerta de un viaje dispuesto a lanzar de inmediato el primer hechizo.

Pero su mano quedó inmóvil en mitad de camino cuando vio de quien se trataba.

¿Qué… que demonios?... Briana-

Ella lo miró con un brillo furioso en la mirada y avanzó violenta mientras el retrocedió producto de la impresión. Sin saber porque soltó la varita la cual cayó al suelo y rodó unos centímetros lejos de él.

Por un rato solo se quedaron mirando sin decirse palabra alguna. Ron pestañeaba confuso al verla tan enojada, tan desbocada. Los cabellos de Briana parecían manejados por una corriente eléctrica que los erizaba más y más dándole un toque algo salvaje. Sus mejillas estaban rojas por el frío y la rabia. Los labios estaban apretados tan fuerte que estaban casi blancos.

De improviso un sonido seco estalló en el aire. Ron retrocedió otro paso y se llevó la mano a la mejilla. Ahora si que no sabía que diablos estaba pasando.

¡ ¿Está loca?! ¡ ¿por qué me golpea?!-

¡Imbécil! ¡idiota!- fue lo único que la mujer dijo.

¡¿Y ahora que condenada cosa hice?! – atacó él comenzando a sentir la lava en la sangre.

¡No volviste! ¡ No regresaste nunca más!- dijo ella en un reclamo ahogado

Ron no ocultó su extrañeza. La quedó mirando como si la loca fuera ella y no él y tuvo el impulso de devolver el golpe. Pero se contuvo, aun tenía un dejo de cordura dentro.

¡¿No era eso lo que quería?! ¡¿Que la dejara en paz?!¡ Yo solo hice exactamente lo que USTED me ordenó!-

No porque tuviera un poco de cordura iba a mitigar su rabia por la bofetada.

Briana entonces se volvió loca, se lanzó contra Ron y empezó a pegarle puñetazos en el pecho con toda su fuerza. Ron endureció su pecho y la dejó hacer por un rato sin entenderla en absoluto.

Briana… Briana cálmese… ¡Ya basta! ¡esto ya está doliendo!-

¿Por qué… por qué tienes que ser así?- lloriqueó ella- ¡Me confundes! ¡me enfureces!… ¡me haces perder el control!-

Yo no he hecho nada- le devolvió Ron con la voz más ronca- Solo la obedecí… señora-

Ambos se miraron con los ojos encendidos. Ron trataba de controlar las manos que mantenía en puños apretados. Sus brazos rígidos y caídos a ambos lados del cuerpo. El pecho agitado subiendo y bajando por el esfuerzo de contenerse. Briana ahora tenía la cara roja por su reciente actuar y por toda esa impotencia que encerraba y que ya no podía seguir deteniendo. Sus puños estaban tan apretados como los de Ron y respiraba a intervalos interrumpidos por el llanto que quería explotar.

El puchero reflejó toda esa desesperación que le desgarraba por dentro.

Te odio… te odio, Ronald Weasley-

Ron no tuvo ni tiempo de sentir dolor por esas palabras. Antes que pudiera siquiera asimilarlas bien Briana se le había lanzado encima y le besaba con una pasión que lo aturdió de inmediato. Ella simplemente le estaba devorando la boca.

Sorprendido, tardó en comprender lo que pasaba. La miró mientras ella cerraba fuertemente los ojos besándolo angustiosamente. Luego le correspondió intentando alcanzar la velocidad y el ritmo que ella dictaba. Cerró sus ojos y se dejó llevar por esa marea que le estaba quitando el aire.

Pero sus brazos seguían rígidos sin moverse un centímetro.

Briana lo abrazaba del cuello férreamente, le besaba cada vez con más pasión. Ron se estaba quedando sin aire y sin voluntad. La lengua de ella lo invadía y él se dejaba, se entregaba sintiendo como le acariciaba la suya.

Ella se separó y aspiró jadeante. Aun estaba medio colgada de su cuello y lo miró ahora no con rabia, sino con dolor.

¿No vas a abrazarme?- preguntó dolida

Ron no dijo nada por un momento. Solo trataba de calmarse a sí mismo.

Usted… no quiere… que le toque…- susurró sin dejar de mirarla.

Maldición, Ron… deja de tratarme así- lloró al fin ella- deja de herirme así-

Briana… no… -

Ella volvió a besarlo, ahora más lento pero no menos angustioso. Se apretó más a él y Ron sintió que su cuerpo respondía a la cercanía. Tenía que alejarla ya.

Bajó el rostro interrumpiendo el beso. Sentía la descarga eléctrica atacar su columna, sus músculos, su cerebro.

Por favor… váyase… no sabe lo que está haciendo… - dijo en susurros con los ojos cerrados

¿Qué… que estoy haciendo?- preguntó ella de la misma manera.

Los besos de Briana se hicieron más lentos, más demandantes. Ron los disfrutaba y luchaba consigo mismo. La lengua de ella volvía a buscar la suya provocando que de su garganta saliera un sonido ronco y vibrante. Subía y bajaba las manos intentando controlarlas. Ella… ella seguía pegándose a él.

No... no… basta…- luchaba. Briana otra vez le robaba la boca.- Detente… no me tientes más…-

Pero Briana no obedecía. Pronto sus labios tibios viajaron hacia su mentón y de allí se deslizaron lento hasta el cuello cálido. Ron alzó el rostro al cielo dejándole seguir jadeando de vez en cuando ante las punzadas que estos besos le estaban provocando. Estaba perdiendo esa guerra, y Merlín… quería perderla.

No más…- dijo en tono muy ronco- te lo advierto… por última vez…- gimió del placer que ella le estaba dando- Márchate ahora… ¿no ves que la bestia que tengo dentro… quiere salir?…- Y bajó el rostro para que ella le devorara la boca en otro beso.

Eso…- jadeó ella- eso es lo que quiero…-

La bestia descontrolada que en él habitaba, rompió la última barrera que Ron había puesto. Sus brazos ya sin dominio atraparon a Briana violentamente apretándola contra él. Ahora si podía sentirla como lo deseaba. Sentir su calor, su figura. Una de sus manos se esparcía por la espalda de la mujer mientras que la otra la agarraba de la nuca para besarla dominante, exigente. Avanzó con ella alzada en vilo hasta cerrar la puerta con ambos cuerpos y acorralarla contra ella. La tenía levantada por sobre él con lo cual le fue muy fácil invadir el cuello delicado. Briana pegó un gritito al sentir la boca de Ron haciendo estragos. Besando, lamiendo, mordiendo. Después solo gemía y gemía sin poder controlarse. Sus dedos se enredaban en los cabellos rojos, sus ojos cerrados solo le permitían percibir con más intensidad la pasión de ese hombre.

Esto… ¿esto era lo que querías?- le peguntó sensualmente él antes de volver a atacarla a mordiscos y besos.

Briana no podía responder. Estaba demasiado entregada a Ron como para hacer otra cosa que gemir a cada arrebato. Su cuerpo solo deseaba sentir a ese hombre que la reclamaba. Sus pechos cosquilleaban ante esos besos en el cuello. Sus piernas temblaban. Su intimidad se humedecía más y más. Su corazón intentaba romperle el tórax para fundirse en el de él.

Ron ya no soportó la necesidad de saborear más piel. Usando su propio cuerpo como una pinza, pegó por completo el cuerpo de ella a la madera, así sus manos quedaron libres para bajar y aferrarla de las piernas para así abrírselas y alzarla más. Briana en un acto de completo deseo le abrazó con ellas y pudo sentir al fin como la excitación de Ron le rozaba firme en la entre pierna. Ambos gimieron al sentir ese contacto y Ron fue moviéndose para hacerlo más constante, más rítmico.

Volvieron a besarse. Ron movía sus caderas rozando con más intensidad. Sus manos primero viajaron al trasero de Briana para apretarla mucho más contra él. Después subieron y dejando de besarla empezó a luchar con el abrigo para deshacerse de él. Ella no demoró en ayudarlo en esa tarea y pronto el abrigo y la blusa fueron abiertos para permitirle al hombre poder contemplar un busto fino, encerrado en un bonito sostén.

Ron llenó sus ojos de esa erótica imagen. Su pulgar derecho entonces recorrió la clavícula y bajando fue tocando la suave piel hasta perderse en ese valle que reinaba entre ambos senos. Entonces la miró con una lujuria ardiente y se mordió el labio inferior.

¿por qué… por qué tuviste que enloquecerme?... ¿no ves que ahora ya no me puedo detener?… ¿que llegaré hasta el final?-

Ella suspiró y le acarició con su dedo índice la ceja y la mejilla derechas. Luego lo llevó hasta esa boca que la desquiciaba y sintió que estaba caliente. Ron cerró los ojos y se deleitó con esa caricia besando el dedo más de una vez.

No te detengas…- le dijo agitada.

Ron abrió los ojos y lo que vio Briana en ellos le electrificó la columna y le arremolinó el vientre.

Tú lo quisiste, bonita…-

Ron la levantó en vilo al tiempo que le quitaba por completo el abrigo. Briana le abrazó con sus brazos, le atenazó con sus piernas. Él la cargó esa angustiosa distancia que separaba la puerta de la ansiada cama. Mientras lo hacía, el hombre besaba de vez en cuando algunos centímetros arriba de los pechos. Ella arqueaba la espalda para darle mayor acceso.

Ron se detuvo y empujando suavemente las piernas de Briana le indicó que las bajara. Ella, obediente, se apoyó en sus propios pies los cuales apenas podían sostenerla. Ron solo la miró y ella acató la siguiente orden. Lo liberó del abrazo y se sentó en la cama para luego acostarse en ella sin dejar de mirar sus ojos. Él intensificó el deseo en su mirada y la abarcó con ella. Allí estaba, hermosa, excitada. Sus cabellos coronaban todo a su alrededor y su brazos estaban por sobre la cabeza en señal de completa entrega. Sus pechos encerrados en el sostén bajaban y subían por la agitada respiración y sus labios estaban abiertos y rojos por los besos apasionados. Ron sonrió sutilmente de medio lado. Su mirada relampagueó. Lentamente fue cubriéndola con su cuerpo hasta tener todo su peso sobre ella. Le besó otra vez los labios aumentando la lujuria en cada roce. Briana le cazó de nuevo del cuello revolviendo su pelo mientras correspondía gustosa esos besos que la estremecían.

Se ahogaban mutuamente para luego recuperar el aire aspirando profundo. Luego seguían bebiendo el uno del otro sin piedad, sin concesiones. Ron fue abriendo más la blusa y recorrió los contornos de la mujer debajo de él. Sus manos muy luego se apoderaron de los pechos palpándolos, apretándolos suavemente. Eso consiguió que su miembro presionara más en el pantalón y que Briana lo sintiera con más claridad. Eso la hizo temblar.

El inglés fue masajeando los senos entre beso y beso. Abandonó la boca de ella y ya no tuvo más piedad. Fue directamente a ellos y empezó a besarlos por todo el escote. Briana contestaba a cada avance con un gemido nuevo, más intenso, más poderoso. Por un buen rato solo fueron besos y gemidos que abarcaban todo el ambiente, caldeándolo.

La blusa molestaba ya demasiado. Ron se sentó de piernas abiertas sobre Briana y la levantó con la mano para dejarla también sentada. Ella apoyó ambas manos por detrás de su espalda y dejó que él le quitara la blusa para luego sentir como sus dedos viajaban por ella hasta llegar al broche. Un apretón en el estómago fue su respuesta al sentir que éste cedía y dejaba sus senos libres. Ron bajó los tirantes y toda su belleza quedó ante él. Esos ojos azules la devoraron y se quedaron prendidos de los rosados pezones erizados. Solo aplicó una leve presión con la yema de sus dedos y ella lentamente fue recostándose otra vez. Entonces el dorso de su mano se paseó por ambos senos a conciencia. Luego la giró y aferró uno con la palma completa. Apretó y arrancó un sonoro gemido de ella. Después deslizo las yemas de los dedos hasta que el pulgar y el índice tomaron posesión del duro pezón que palpitaba. Dio un breve pellizco y otro gemido reventó en el ambiente.

Merlín, Como lo traspasaba cada gemido.

Su pulgar fue rozando el sensible botón en círculos intensos. Briana mientras suspiraba con los ojos cerrados. Ron se acostó sobre ella otra vez y con dedicación se preocupó de atender el otro pezón que exigía sus caricias. A cada toque de sus pulgares en esos frutos su hambre aumentaba. El calor de su cuerpo subía sin control y la camiseta y el suéter le oprimían. Ahogado luchó contra su propia ropa para liberar su pecho y su espalda. Y entonces se apretó contra ella una vez más para sentir en su piel la tersura de esos senos. Briana le recibió de inmediato y sus labios se unieron en otra caricia profunda y excitante. Ella dibujaba círculos imaginarios en su espalda con los dedos ardientes. Él frotaba su torso contra los pechos turgentes provocando que los pezones se endurecieran mucho más. Las manos del hombre tocaban con desenfreno los brazos delicados, los hombros, los senos, la espalda, el vientre. Su excitación rugía pugnando por liberarse de su prisión en cada roce. Afiebrado por el deseo, Ron bajó por el cuello hasta que su boca se cerró en uno de esos rosados frutos apretándolo con los labios. Solo eso bastó para que Briana arqueara su espalda dando un acalorado gritito. Eso lo enardeció un poco más.

Besos, pequeñas mordidas y caricias de su lengua variaban de un pezón a otro. Ron los saboreaba con deleite, y rozaba sus mejillas y su nariz en los senos, perdido por ese ardor abrumante. La piel de Briana se erizaba. Estaba colmada por las deliciosas sensaciones que Ron le prodigaba. Ron otra vez subió hasta ella y le besó más hambriento.

No tienes idea cuanto te deseo- le susurró con los labios pegados a los de ella- Bonita… te he esperado tanto tiempo…-

La agonía de la espera, tanto tiempo prolongada, estaba trastornando una vez más la mente del pelirrojo. El calor, la pasión, el deseo y el latido embrutecido de su desquiciado corazón hacían que su mente mezclara una vez más la fantasía con la realidad. Por momentos tenía completamente claro que Briana era la mujer que tenía en los brazos y a quien estaba derritiendo con sus manos. Pero de improviso se enredaba y confundía, jurando que la piel que disfrutaba, los gemidos que le erizaban los cabellos y los besos exquisitos que le fascinaban eran de Hermione.

Y esta vez era imposible distinguir locura con realidad. Ambas tenían el mismo rostro.

Sus manos bajaron hasta el cinturón que cerraba un pantalón plisado de corte fino y tela abrigada. Lo sacó son precisión y bajó la cremallera con el pulso a mil por hora. Se incorporó en la cama y fue deslizando los pantalones que terminaron enrollados a cierta distancia. Detrás de ellos los botines a media pierna salieron disparados y luego Ron siguió con los ojos las líneas que las pantimedias trazaban en muslos y piernas. Eran las pantimedias más excitantes que había visto en su vida.

Briana temblaba. Cada roce, cada prenda despojada de su cuerpo le provocaba una taquicardia agobiantemente exquisita. Ahora, las únicas prendas que la protegían eran unas pantimedias de trazo lineal que estilizaban sus piernas con sensualidad y una tanga con encaje que hacía juego con su ya despojado sostén. Ni idea tenía del porqué se los había puesto dado que toda la locura que ahora la estaba matando de deseo no existía ni siquiera en su imaginación esa mañana.

Sintió las manos de él acariciándole por sobre la seda de la prenda hasta casi llegar a sus pies. Luego se devolvieron hasta su cintura por el mismo camino y entonces lentamente le fueron desnudando las piernas. Ron en un gesto erótico acarició su propia mejilla un momento con la seda suave para luego dejarla caer sin preocuparse a donde llegaba a parar. Acto seguido toda su atención fue a parar en la fina tanga que cubría el último bastión insondable que aun tenía Briana por explorar. La marea agitada en los ojos del pelirrojo le provocó una ráfaga de calor abrasador. La expectativa de que en cualquier momento estaría completamente desnuda ante él le humedeció aun más. Ron acarició su vientre sutilmente, tomándose su tiempo. Eso la estaba matando.

Peor tortura fue sentir sus labios calientes en la piel. Ron había bajado y ahora besaba su ombligo para ir bajando y bajando por el vientre en una ardiente sesión de besos. Al llegar a la última barrera, jugó un momento lanzando su candente aliento en la piel humedecida por su saliva. Cada vez que lo hacía Briana sentía el choque eléctrico atravesándola.

Ron sonrió de medio lado. Jubiloso y excitado quitó la última prenda sin dejar de tocar las bellas piernas mientras la retiraba. Su pulso iba aumentando más y más llegando a niveles sorprendentes. Al final, una hermosa mujer completamente desnuda estaba recostada en su cama con las mejillas encendidas y la mirada vibrante. Era lo más bello que había visto jamás. Su Hermione estaba ahí, entregada, esperando que él la tomara, que la poseyera.

Era la mejor de todas sus locuras.

La escaneó tratando de memorizarla. Quería recordar cada uno de sus pliegues, cada una de sus curvas. Cada marca, cada peca, cada lunar. Quería grabarlos a fuego en su memoria.

Eres deslumbrante… Perfecta- susurró embelesado.

Una vez más cayó sobre ella y le dio otro beso arrebatado. Entrelazaba su lengua a la de ella, quemaba su piel con los dedos. La atrapó y abrió sus piernas para hacer que lo rodeara con ellas. El saberla desnuda y dispuesta le fundió las venas y un gemido potente escapó de su garganta.

Se besaron sin pausa, sin restricciones. Ambos jadeaban robando las energías y encendiendo la sangre del otro. Briana apretó sus piernas alrededor de las caderas de Ron y esto lo arrastró a presionar su ardiente intimidad con su pétrea virilidad. Ron jadeó ante esa estimulación tan directa y sus dedos corrieron por la cara interna del muslo hasta llegar a esa cavidad que era un volcán en esos momentos. Deslizó un dedo por el delicado pliegue y eso sacudió el cuerpo de su hembra. Volvió a hacer el movimiento y Briana emitió un ronco gruñido que disfrutó a plenitud. Repitió una tercera vez el gesto pero profundizándolo. El escuchar otro gemido, sentir el calor de su pubis y notar la tibia lubricación en su dedo provocaron un relámpago en su cuerpo que ya no podía resistir más.

Besó su cuello intensificando las caricias intimas que arrancaban más y más gemidos. Pronto su mano experta buscó ese botón de placer el cual atacó sin miramientos, enloqueciendo mucho más a la mujer debajo de él. Mordió un par de veces suavemente el cuello alentado por los estremecimientos de Briana. Incitado también por su propio deseo.

Dios… estás tan húmeda- susurró al oído de ella en un ronco gemido.

Se levantó y quedó de rodillas en medio de las piernas de Briana. Sin dejar de mirarla directamente a los ojos se quitó su propio cinturón y bajo la cremallera para lanzar sus pantalones lo más lejos posible junto con las botas. Luego los bóxer no duraron en su cuerpo más que un par de minutos. Los calcetines gruesos mucho menos. Se alzó ante ella en toda su plenitud y ahora fue Briana quien se tomó el tiempo de mirarlo, de tocarlo con la vista.

Ron se veía atronador. Su rostro coronado por un cabello llameante. Unos ojos de cielo poderoso acompañados de una férrea nariz. Unos labios carnosos que cada cierto tiempo se humedecían por esa lengua que la había excitado tanto. Luego su cuello blanco era una invitación lujuriosa al beso. Sus hombros era fuertes, sus brazos columnas de una potencia opresora. Su pecho era apretado con pectorales firmes. Su vientre rígido estaba marcado y daba paso a un bello pelirrojo que bajaba a la mismísima locura. Sus muslos eran duros y musculosos. Su pene… imponente.

Briana no podía creer que todo ese hombre fuese para ella.

Ron no tardó nada en notar que Briana lo devoraba con la vista. Sonrió levemente sonrosado y levantó una ceja como preguntándole si le gustaba lo que veía. Ella se ruborizó y eso le encantó mucho más. Mordió su labio inferior y de a poco se fue recostando sobre ella para luego besarla despacio intentando que ambas pieles se tocaran por completo.

Caricia a caricia, beso tras beso, la temperatura subía al punto de derretir toda la nieve de Bulgaria. Ron se dejaba tocar por esas pequeñas manos que dejaban marcas candentes respondiendo con denodada dedicación cada una de ellas con besos intensos. Ya azuzados sus sentidos por el fuego de la pasión más huracanada, no pudo resistir más su acuciante necesidad de tenerla.

Abrió los ojos y se llenó de su bello rostro excitado, de sus ojos de ámbar oscuro que había amado desde que era un niño, de su boca cereza de sabor tan embriagante. Le acarició la mejilla tiernamente y clavó su azul cielo en sus gemas de miel. Le dio otro pequeño beso sin dejar de mirarla.

¿Estás… lista?- preguntó en su tono más profundo.

Toda ella se sacudió.

Solo pudo contestarle besándolo con todas sus fuerzas.

Ron encendió el beso jugando con su lengua y ejerciendo más presión en sus labios. Una mano la subió al rostro de ella para aferrarla, la otra bajó tocándola hasta llegar al sur y acomodar su miembro en la entrada al paraíso. Sin interrumpir el beso Ron fue entrando con lentitud deslizándose suavemente en medio de esa humedad ardiente. A cada centímetro que ganaba, su cuerpo iba revolviéndose en sensaciones embriagadoras que le punzaban como agujas. Cada centímetro era la gloria.

Y su pecho tronaba de la emoción más profunda. La vida se le estaba yendo besándola, poseyéndola.

Briana también perdía toda su lucidez. Cuando sintió el pene de Ron en su entrada, un pinchazo le atravesó de pies a cabeza. Su corazón empezó a bombear con más energía y perdió el control en las piernas. Al sentirlo entrar tan lento y tan delicioso, perdió toda capacidad de pensar. Todo su ser estaba concentrado en como Ron la invadía, en asimilar como él la estaba abarcando toda, acariciándola por dentro con su miembro. Él se habría paso segundo a segundo, pliegue a pliegue, suave, lento, con una ternura que parecía increíble que él tuviera. Y Briana quería gritar, quería gemir como nunca antes lo había hecho en su vida.

El bramido de Ron dio el aviso que estaba profundamente incrustado dentro de ella. La mujer suspiró y trató de acomodar su cuerpo a tan poderosa invasión mientras los sentimientos y las sensaciones se mezclaban en su pecho. Era como un dolor hermoso y una dicha angustiante. Él se quedó inmóvil percibiendo la estrechez de la cavidad que lo tenía preso, percatándose del calor que le estaba quemando su virilidad. Era simplemente delicioso.

Ron se quejaba en suspiros y exhalaciones. Briana jadeaba delicadamente. Con suave vaivén el hombre fue moviéndose dentro de la mujer y la danza perfecta se fue llevando a cabo. Las caderas de Ron empujaban a un ritmo constante el cual no demoró en ser seguido por Briana. Ambos cuerpos se entrelazaban en el acoplamiento más increíble que vivieran jamás y los ruidos de besos, de exclamaciones de placer, de palabras sueltas que afirmaban el gozo que disfrutaban no se hicieron esperar.

Ron estaba eufórico. Pleno, vivo. Nunca había estado más feliz en su vida. Ella estaba en sus brazos, la estaba haciendo suya al fin. La estaba disfrutando a rabiar. La pasión y la lujuria se tornaron más vehementes hasta que Ron perdió toda cordura. El amor encerrado en su alocado corazón le recorrió las venas y se fundió con la ilusión de su mente enferma. Apretó a su mujer con más brío y fue amándola hasta el agotamiento.

Era hermosa, era deliciosa, era fogosa. La amaba, la quería con todas las fuerzas del alma. Era suya, su hembra, su mujer… su Hermione.

Te quiero… te quiero tanto, vida mía…- susurró al oído de ella entre jadeos y furtivos estremecimientos de dolor y placer- Te amo…- y le robó la boca sediento… atormentado.

Ella gemía y temblaba a cada palabra, a cada embiste. El deseo, el amor descontrolado y el placer de Ron aumentaban llevándola a una caída libre, de cabeza y sin paracaídas. El roce, los besos, el sentimiento vigoroso del amor correspondido le tiró de los cabellos a tal punto que al cabo de un buen rato de sexo maravilloso, ella gritaba totalmente ida de sí misma. Estaba loca, loca de placer, loca de amor.

¡Ron!... ¡Ron, mi amor! ¡Sí!... ¡te amo!... ¡Más!… ¡quiero más!-

Un gemido prolongado fue la respuesta a tal arrebato. Él la abrazó más fuerte y ambos sintieron el corazón del otro saltando sin parar, por completo fundidos de emoción.

Minuto a minuto las embestidas eran más briosas. Ron resoplaba. Sus manos volaban por el cuerpo de su amor. Aferró las piernas y las abrió mucho más para profundizar la penetración arrancando vibrantes quejidos de su mujer. Eso lo estaba volviendo cada vez más loco.

Al final, el placer rebalsó los diques de ella. Se removió bajó el peso de su hombre y lanzó un rugido apasionado que la sofocó. Se tensó completa y exhaló hasta quedar desarmada. Ron no detuvo el movimiento y continuó entrando en ella hasta que la excitó otra vez. Después. Una lluvia de gemidos coronó una explosión de orgasmos en cadena.

Tanta estimulación terminó al fin por hacer mella en él.

Ella le aprisionó con las piernas moviéndose sin freno, por completo desinhibida a causa de la sublime felicidad, a la vez que le mordía el lóbulo de la oreja. Él sudaba resbalando su piel en la de ella en un roce endemoniado. De pronto ella arqueó los dedos enterrando sus uñas en su espalda provocándole un dolor tan placentero que perdió toda concentración. Abrió los ojos y la vio hecha una diosa arrebatadora de melena arremolinada y mirada de hoguera.

¡Te amo, Ron! – le dijo antes de lamerle la boca y terminar mordiendo su labio inferior.

Y eso lo mató irremediablemente.

Explotó dando un gemido potente, mientras, una corriente continua desembocaba profundamente dentro de su gran amor. La aferró con todas sus fuerzas y dejó que su esencia la colmara. Se hundió en su cuello y jadeó victorioso y derrotado al mismo tiempo en esa guerra de amor eterno. Este era el agotamiento y el estremecimiento que había buscado siempre.

Se quedó acurrucado sintiendo como ella le acariciaba los húmedos cabellos y la espalda sudorosa. Pronto ella le cubrió con las mantas para protegerlo del frío. Él tiritaba por la felicidad, el amor, la satisfacción. Su corazón saltaba contento, su mente se nublaba alborozada. Había hecho el amor con ella. La había amado a ella en su más completa expresión.

La respiración se fue regulando paulatinamente. El sueño lo iba invadiendo. Ella seguía acariciándolo con toda su ternura besando su hombro y cuello. Todo estaba calmo, todo era maravilloso, pero…

La fantasía fue recogiendo alas y la realidad extendió su capa sobre los hombros de Ron.

Tuvo miedo de abrir los ojos y descubrir que otra vez había tenido sexo con una mujer ajena a su amada en un lujurioso arrebato de amor. La tristeza se fue abriendo paso en su interior y la frustración pisaba fuerte, lastimándolo. Estaba desorientado y había olvidado donde se encontraba y con quien. Quería huir, alejarse y quitar de su piel todo rastro de esa mujer que había usurpado el recuerdo de Hermione. Hizo un movimiento repentino intentando levantarse sin abrir los ojos, pero ella le detuvo susurrando.

¿Qué pasa, amor?-

Su voz… era su voz.

Abrió los ojos con miedo y ansiedad, su pecho de nuevo vibraba atormentado. Al verla casi se desvanece de la impresión. Era ella, ella.

Un gesto doloroso se dibujó en su semblante y los ojos se le llenaron de lágrimas. Con mano temblorosa fue acariciando su cara sin poder creer lo que estaba pasando. Aún estaba alucinando.

La besó con angustiosa dulzura para luego apretarla contra él asustado. Quería retenerla todo el tiempo que fuera posible.

Bonita…mi bonita… abrázame. No te dejaré ir de nuevo… no voy a perderte otra vez-

Ella lo abrazó con todas sus fuerzas y permanecieron un rato entrelazados sin separarse un centímetro. Ron entonces empezó a besar sus mejillas, sus párpados, sus cejas, su frente, su nariz. Se perdió en la belleza de sus ojos, sus dedos se fundieron en los rizos de sus cabellos. Era real, era tangible, Era su amor que había regresado por él.

Se movió en la cama para no aplastarla más con su peso. Ella se acomodó y le regaló una bellísima sonrisa. Se quedaron mirando no supo por cuanto rato. Él seguía acariciando su cabello embobado de amor.

Me gusta que me digas bonita- le dijo ella con otra sonrisa.

A mi me gusta llamarte así- le contestó contento

Nunca pensé que me harías tocar el cielo, Ron. Nunca había sido tan feliz-

Y yo… nunca pensé que al fin te tendría en mis brazos-

La atrajo hacia él y le besó de nuevo. Era tan dulce el sabor de su boca. Era tan suave y linda su piel. Era tan maravilloso tenerla.

De pronto ella acaricio su mejilla con la suya y le abrazó chocando ambas narices. Le miró y pudo ver en sus ojos un dejo de tristeza y dolor.

No pude… lo intenté. Quise alejarme de ti pero fue imposible. No puedo olvidarte. Esas semanas lejos de ti me estaban matando. Y luego tu frialdad me destrozaba…- Un pucherito se dibujó en sus labios.

Ron parpadeó perplejo ¿Qué estaba diciendo Hermione?

Y entonces la claridad despejó su cerebro.

No era ella… era Briana.

El dolor esparció su contenido dentro. La desilusión se propagó serena.

Sonrió con tristeza. Con el pulgar retiró una pequeña lagrimita que a Briana se le había escapado y volvió a contemplarla.

Idéntica… era tan idéntica a ella.

Merlín, que daría él porque Briana y Hermione fueran la misma.

Por primera vez el descubrir que la mujer que lo acompañaba en la cama no era Hermione no le desgarró cruelmente. Dolía, claro que dolía y mucho, pero su consuelo era ver en Briana lo más cercano a tocar el recuerdo de Hermione. Su parecido le daba el placer de engañarse a sí mismo intencionalmente.

Ya pasó. Ambos nos portamos como dos adolescentes, pero eso terminó. Ahora estamos juntos – Le susurró besando su frente.

Ella se acurrucó en su pecho y se quedó removiéndose sintiendo su aroma. Ron cerró los ojos y hundió su nariz en los rizados cabellos. El perfume de azucenas lo aletargaba y aliviaba sus heridas.

¿Qué locura hicimos, Ron? ¿Qué esto que me hace temblar en tus brazos?–

Tu misma lo dijiste… locura… una bendita locura–

Me siento tan viva… tan libre… antes que llegaras me sentía perdida, Siempre sintiendo que nada en mi vida encajaba. Siempre rodeada de extraños. Sola, muy sola… y apareciste así… tan brioso, tan impredecible… desordenaste todo a mi alrededor. Yo estaba enjaulada, presa; y llegaste a liberarme de esta nada que estaba siendo mi vida–

Ron la estrechó un poco más.

Yo estaba muerto – empezó a decir Ron mientras acariciaba la mejilla en los cabellos castaños – No me interesaba seguir respirando… hasta que te encontré… – Levantó el mentón de Briana para hacer que lo mirara– he vivido en el infierno, bonita. Y esta es la primera vez en mucho tiempo que quiero escapar… libérame con tus besos, con tus caricias… – La besó apasionado – libérame –

Se entrelazaron y con la huella de besos, suspiros y caricias hicieron el amor otra vez. Ahora más dulce, más romántico. Ron boca arriba en la cama y Briana sobre él besándolo, fundiéndose en él. Sus cuerpos se compenetraban, encajaban en una perfecta armonía. Ahora el pelirrojo podía torturarla con el fuego de sus dedos en la espalda y ella cada cierto tiempo se arqueaba disfrutando de la electricidad que le cruzaba completa. Al llegar al clímax ella cayó exhausta sobre su pecho y ambos jadearon emborrachados de tanto placer.

Briana buscó su boca y él esperó encantado el beso. Los cabellos de su mujer los cubrieron a ambos y al separarse, Ron fue quitando rizo tras rizo para descubrir a una Briana de mejillas encendidas, mirada brillante y labios carmesí.

Eres tan hermosa– Le susurró.

Tu me haces sentir hermosa –

Callados, con los rostros unidos, esperaron a que el agotamiento los liberara. El silencio era otra manta que los protegía del frío inclemente que reinaba en la oscuridad detrás de la puerta. Oscuridad que también los envolvió con su capa negra.

Repentinamente Briana dio un salto en la cama y miró a su alrededor.

Merlín… ¡ya es de noche! –

Escapó de los brazos de Ron y nerviosa empezó a buscar su ropa en el suelo solo envuelta con una manta. A cada minuto que pasaba se ponía más frenética.

Ron al comienzo quedó perplejo, pero después fue entendiendo lo que estaba pasando. Ella mientras ya llevaba puesta la ropa interior y empezaba a cerrar los botones de la blusa.

¿Qué haces?–

Ya deben ser más de las nueve, tal vez más tarde…– dijo Briana con la blusa a medio cerrar y tanteando en el suelo para adivinar a donde habían llegado a parar sus pantimedias.

¿No pensarás marcharte?– preguntó el pelirrojo incorporándose en la cama.

¿Dónde están? ¿Dónde?– decían ella ignorando su pregunta y extendiendo la mano por debajo de la cama.

No vas a irte – Dijo Ron imperativamente.

Briana volvió a ignorar sus palabras sentándose en la cama para calzarse las pantimedias recién encontradas y alzarse rauda a coger los pantalones los cuales se puso en pocos segundos.

Briana… Briana, detente – Ron empezaba a sentir inflamadas las venas.

Viktor va matarme – susurraba la mujer terminando de cerrar la blusa – ¿Qué le invento? ¿Qué? –

¡Dije que te detuvieras!–

La castaña se giró en rápido movimiento y lo miró con el rostro asustado.

Tengo que irme… Ya es muy tarde –

Y fue en busca de su abrigo junto con los botines.

¡Quédate quieta, mujer! ¡Tú no sales de este cuarto! –

El grito le hizo soltar un botín.

Ron, por favor… deja que me vaya –

Briana tomó el botín y se lo calzó con dificultad. Se calzó el otro pie y palpó el abrigo para encontrar la manga.

Ron, frustrado y furioso, se levantó de la cama y fue hasta ella sin cubrirse en lo absoluto. La tomó del codo y la giró para atenazarla en sus brazos.

Dije que no te vas. Eres mi mujer ahora-

Ron…-

No… te hice mía y ahora tengo derecho sobre ti. Y quiero que te quedes conmigo–

No puedo, Ron… tengo que volver a mi casa…–

¡Tu casa está donde yo este! ¡Eres mi mujer! ¡Mía! – Y la apretó más contra su cuerpo desnudo.

Lo soy, Ron… soy tuya por completo… – Le dijo ella mirándolo a los ojos– pero ahora debo irme… por favor, comprende –

¿Qué tengo que comprender? ¿Qué haces el amor conmigo y que vas a dormir con él? –

¡Yo no duermo con él! ¡hace más de dos meses que duermo sola! ¡Por tu causa ya no puedo soportar que se me acerque! – le dijo ella entre el enojo y la angustia.

Entonces, ¿por qué te vas? ¿por qué prefieres encerrarte en la jaula en vez de dormir en mis brazos? –

No puedo dejar a Viktor aun… no así… Él merece que lo enfrente, que sea sincera. Quiero hacer esto bien, amor. Déjame arreglar todo. Suéltame–

No –

Por favor–

No quiero –

Te prometo que no durará mucho tiempo–

No, Briana… eres mía… te quiero aquí conmigo–

Briana lo besó intensamente asiéndolo de la nuca. Ron le correspondió sediento.

Te prometo que mañana estaré aquí a primera hora– le susurró ella acariciándole la nariz con al suya.

No te vayas- susurró él de vuelta- ya no podría volver a dormir solo–

Te lo ruego, mi amor. Mañana estaré aquí otra vez y seré completamente tuya, solo tuya–

Te quiero mía ahora–

Te prometo el cielo mañana si me dejas ir hoy– le dijo ella acariciándole con el rostro otra vez.

Demonios, mujer – susurró el pelirrojo

Poco a poco los brazos de Ron fueron soltando a la mujer. Briana lo contempló y se llenó de su imagen. Se vistió el abrigo y le dio un dulce beso en los labios para girarse y abrir la puerta. Pero Ron la tomó de la mano y tiró de ella otra vez atrayéndola. La besó hambriento y le quitó el aire. La soltó casi desmayada.

Para que desees volver a mí- le dijo penetrándola con la mirada.

Siempre lo deseo, amor… siempre…– y esta vez lo besó ella.

Al final Briana salió del cuarto y se perdió en el manto de la noche. Poco después el ruido de un motor se alejó del lugar. Ron se quedó por un momento en el umbral ignorando la leve brisa gélida que tocaba su cuerpo.

Cerró La puerta y aspiró profundamente. Que vacío se sentía ese lugar ahora. Jamás lo había percibido de ese modo.

Se cubrió con una manta y buscó algo de comer. Estaba más hambriento de lo que había estado en años. Bebió el whisky y se metió en la cama tratando de rebobinar todo lo sucedido hacía tan poco. Quería recordar sus besos, sus caricias, sus gemidos aturdidores.

Era tan increíble todo.

Recostó la mejilla y a su nariz llegó el delicioso aroma a azucenas. Abrió los ojos y observó por un momento la almohada. Luego hundió su nariz en ella y aspiró una amplia bocanada. Esa era la huella de que todo lo vivido no había sido un sueño.

Se abrazó a esa almohada y se arropó hasta el cuello. Solo duró despierto un par de minutos más. Se entregó dichoso al sueño embriagado por el perfume de azucenas.