Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
Alice y Jasper se habían empeñado en que se llevara el coche de ellos al trabajo, pero Bella no había aceptado dejar a sus amigos sin automóvil solo por su reciente miedo a caminar sola, además los había convencido de que podía tomar un taxi. Cosa que naturalmente no haría, porque estaba escasa de dinero, alimentar de pronto a un hombre como Edward le había supuesto el doble de gastos.
—Yo te esperaré afuera de tu trabajo, ama. —Bella sonrió, aceptando otro trozo de pan en sus labios, estaban cenando en la cama, y como de costumbre, él estaba alimentándola.
—No quiero que te vean, Edward, puede ser peligroso. Además tus ojos te delatarían.
—¿Tienen algo de malo? —preguntó tocándose los parpados. La joven sujetó su mano antes de besar sus nudillos.
—No, no tienen nada de malo, son preciosos, pero no son de este mundo.
—Entonces te esperaré cerca, pero no te vendrás caminando sola, por favor, no dejes que me vuelva loco aquí en casa, Bella. —Ella parpadeó aturdida, por supuesto que no quería tenerlo sintiéndose como preso.
—Edward, yo…
—No. —Él colocó con suavidad uno de sus dedos contra sus labios—. No digas nada, ama, tampoco te sientas culpable, puedo oler que así te sientes pero no lo hagas, tú me has dado mucho.
—Si tú insistes —suspiró, apoyándose contra el cabecero de la cama—. Ahora estoy satisfecha, es tu turno de comer. —Él le regaló una sonrisa completa, con colmillos y todo, antes de asentir.
Bella suspiró mirándolo, era increíblemente guapo y su torso desnudo una tentación que debía sacarse de la cabeza. Por favor, nunca había sido así de lujuriosa con nadie, pero ahora, mientras estaba ahí con su vampiro, en todo lo que podía pensar era en lamer el jugo de la fresa que, por un descuido, estaba desbordando de sus labios. Optó por cerrar los ojos, no quería que él fuera a detectar a su manera esto que estaba sintiendo, sin embargo no pasaron segundos cuando él la llamó.
—¿Bella? —La joven abrió los ojos y lo que vio la dejó sin aliento.
Edward estaba agazapado sobre ella, a centímetros de su rostro, las manos y piernas a cada lado de su cuerpo. Ni siquiera lo había sentido, y verlo así le pareció como tener encima a un león gigantesco, y el hecho de que estuviera emitiendo esa clase de ronroneo, hacía todo demasiado real. Se habría puesto nerviosa de no estar acostumbrada a sus extrañas formas de actuar.
—Quiero agradecerte por ser mi pareja.
—¿Cómo? —preguntó con una extraña voz ronca.
Él no respondió, por el contrario se inclinó hacia ella y rozó sus labios con los suyos. El toque al principio fue como siempre, suave y ligero, casi tierno, sin embargo, cambió abruptamente cuando él introdujo la lengua con suavidad, bailando con la de ella. Él claramente sabía más de esto de lo que la joven podía esperar. Al parecer en su tiempo como esclavo había aprendido un par de trucos, porque sabía cómo calentarla y subirla al cielo en un segundo. Bella gimió entre sus labios, sus manos, como siempre, alcanzaron toda esa mata de cabello cobrizo arrastrándolo hacia ella. Y aunque aún no podía comprender por qué probarlo siempre la lanzaba a una espiral de pasión que jamás en su vida había sentido, se dejó llevar. Su sabor, su olor, todo la envolvía como en una cortina de ardor que le impedía razonar, aun así, y con mucho esfuerzo, obligó a sus manos a soltarle el cabello y a su boca a separarse de tan delicioso manjar.
—¿Qué ocurre, ama? —preguntó con una extraña voz gutural—. ¿Me he sobrepasado? —Eso la hizo reírse, aunque el sonido fue áspero.
—No necesitas agradecerme, Edward. No así.
Porque por más que le gustara tenerlo y sentirlo de esa manera, Bella no podía obviar que esa era su forma de pagar, de retribuirle, se lo había dejado claro desde un principio. Él pareció intuir eso, sus ojos brillaron un segundo antes de que la besara de nuevo, tomándola por sorpresa.
—Esta vez para mí es diferente, Bella. —Un ronroneo bajo y vibrante se escapó del pecho de él, su aliento la tenía mareada—. Ahora eres mi vida, eres mi compañera.
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El macho no sabía qué pensar de sí mismo. Un segundo había estado viendo a su hembra descansando contra el cabecero de la cama, y al siguiente el olor que correspondía a ella, ese que la volvía su pareja, se había hecho tan intenso, que dejó caer la comida sobre el plato. Ella lo deseaba y que alguien lo ayudara, él también. Sin pensar mucho en las cosas, dejó que sus instintos tomaran posesión de su cuerpo, y lo que había empezado como un beso normal, se había vuelto un ciclón y ahora estaba dentro de su boca, empujando, lamiendo, buscando.
Pero entonces, el aroma de su hembra se levantó como una fuerza de la naturaleza, golpeándolo de tal forma que se separó jadeando de su boca, el corazón le palpitaba de forma dolorosa contra el pecho y se sentía incluso mareado. Ella emitió una especie de suspiro antes de estrecharlo entre sus brazos, como si intuyera que se iba a ir, dejándole sentir la curva de sus senos. Muy tarde se dio cuenta de que ahora estaba entre las piernas de su amada, y su verga estaba dura, pulsando por salir del pijama.
—Bella, siento haber empezado algo que no puedo terminar, c-creo que será mejor que paremos.
—¿Por qué? —Ella se acomodó mejor, moviendo sutilmente las caderas contra su verga, haciéndolo sisear—. Podemos ir despacio, Edward, también es nuevo para mí esto, por favor, ¿podrías intentarlo? —El macho contuvo el aliento.
—No soy digno de que me aceptes en tu cuerpo. —Enterró el rostro en la curva de su cuello, incapaz de mirarla—. He estado dentro de varias hembras, y varios machos también lo han estado dentro de mí… s-sin mi consentimiento, nunca he hecho esto por placer. Tanya no solo se alimentaba de mí, ella… bueno, he sido ultrajado y rebajado a ser una mierda.
—¿Abusaron de ti? —inquirió con la voz ahogada, empujándolo suavemente para poder sentarse. El macho desvío la mirada.
—Sí, hembras y machos. Fui esclavo sexual todo este tiempo, antes de que me escapara y me encontraras en ese callejón.
Con una sensación de abatimiento, Edward quedó arrodillado entre sus piernas. Cerró los ojos, preguntándose si ella todavía lo querría, si aún le gustaría recibirlo en su húmeda intimidad. ¿O todo lo que sentía por él se habría esfumado ahora que conocía su secreto? Quedaría devastado, se había imprimado de ella y si su pareja lo rechazaba… le esperaba un infierno mucho peor del que Tanya lo había hecho pasar.
—Siempre lo supuse. —Su cálida mano contra su mejilla lo hizo parpadear aturdido—. Nunca quise preguntártelo, pero creo que dentro de mí lo sabía, y lo siento mucho.
—¿Todavía me quieres? —Ella bufó antes de sujetarlo del rostro.
—Por supuesto que sí. —Edward suspiró aliviado.
—Donde vivía, no puedes ver nada sino barrotes. No hay nada más que gritos y muerte. Solo el dolor, y las asfixiantes cadenas alrededor. —Mientras recordaba, el pasado se apoderó de él y los recuerdos volvieron a la vida, quemando no sólo su mente, sino sobre todo su alma. Sacudió la cabeza, tenía que dejar eso atrás—. Todo esto que me has mostrado es tan maravilloso… Eres increíble, Bella, eres lo más importante para mí, eres mi alma.
—Y tú la mía, Edward. Te amo.
Aquella afirmación lo dejó tan quieto como una estatua, todo lo que sentía por su hembra era nuevo, sólido… y ella sentía lo mismo. Se sorprendió a sí mismo deseando otra vez esa sensación que había experimentado segundos atrás antes de decirle su peor secreto. Y también quería excitarla. Quería sentirla jadeando y ardiendo de deseo. Edward contuvo el aliento mientras Bella se recostaba de nuevo, forzándolo abajo con ella, besándolo con ardor, y por una vez estaba bien con dar el control a alguien que no le haría daño.
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