CAPITULO 28
Nueva York
Candy sintió como el pulso se le disparaba y el corazón le palpitaba a mil por horas estaba tan pálida como un papel, una gota de sudor resbalo por su frente hasta llegar a su barbilla, sus manos temblaban y la boca la tenia tan seca como si no hubiese bebido agua en días. Ahí estaba él tan alto e imponente, cuantas noches en velas paso pensando en este momento de tenerlo enfrente de ella, cuantos días paso invadida por la nostalgia, el sufrimiento y los recuerdos, cuantos años tuvieron que pasar para cerrar esa herida y que en un segundo se abrió y mas profunda. Ella sabia lo sabia perfectamente bien, este día tarde o temprano llegaría y tenia tantas cosas que decirle, reprocharle, pero no tenia fuerzas esta se le debilitaron con solo mirarlo nuevamente, ver esos ojos hermosos zafiros, y le dolía de tan solo mirar pero era masoquista no podía apartar la mirada de él era como una fuerza superior que la obligaba a mirarlo, deseaba abrazarlo como también deseaba golpearlo y al mismo tiempo llorar, si más que eso tenía unas ganas enormes de ponerse a llorar como una chiquilla, creía que estaba lista para volver a encontrarse con él, pensó que no iba a sentir nada si lo veía una vez más, pero no es así, se sentía tan débil e indefensa y eso la llenaba de coraje como se odio en ese instante por ser tan cobarde y estúpida quería correr encerrarse a llorar hasta que se fuera pero sus piernas no le respondía era como si estuvieran ahí pegadas al piso. Lo ojos zafiros de Terry no se apartaba de su ojos esmeraldas la observaba con una intensidad era como si el tiempo se hubiese detenido, Candy observo en sus ojos calidez, cariño y algo mas que sus cerebro no podía descifrar. Candy aparto la mirada de sus ojos cuando el dio un paso para acercarse a ella, él se detuvo en seco pensó que Candy no lo quería cerca, pero lo que ella estaba haciendo era recorrer su cuerpo de pies a cabeza estaba tan hermoso con el cabello corto le llegaba al ras como el hombro y con un flequillo que lo llevaba peinado de lado es como si antes de tocar a su puerta se había pasado la mano por el cabello para quitarlo de la frente y quedo en forma de onda en cada lado de su oreja, su rostro tan hermoso y masculino sus facciones, esos rasgos ya maduras por la edad su cuerpo delgado pero musculoso llevaba una camisa de vestir blanca los tres primero botones estaban abierto dejándola en V, Candy observo unos cuantos vellos oscuros en su pecho la manga de la camisa estaba remangada dejando unos antebrazos desnudos ahí observo que estos estaban bronceados y velludos, sus manos grandes llevaba solo un reloj siguió escudriñándolo y se detuvo en sus piernas que a pesar de llevar pantalón de vestir negros podía definir perfectamente que esas piernas eran puros músculos y tendones bien trabajados, sus zapatos de vestir negros pulidos, Candy sentía la reparación agitada como si hubiese corrido un maratón este hombre era la perfección echa realidad no lo recordaba tan maduro y más hermoso, la juventud de él había madurado para darle paso a un hombre muy guapo y ahí estaba ella una desvergonzada sin pudor viéndolo lascivamente. Cuando Candy subió la mirada se encontró con los ojos de Terry que la miraban intensamente, se ruborizo por haber sido tan osada e indiscreta, Terry ante la mirada de Candy se mantenía impasible pero en sus ojos ella observo algo que no estaba ahí antes, en ellos había un toque de picardía y malicia, y su boca se fue curvando poco a poco en una sonrisa engreída Candy se llego a preguntar en que estaba pensando en ese momento.
Mientras tanto Terry lanzo una cortina de indiferencia dejando que la mirada de la rubia mujer lo recorriera, sin dejar que ella observara lo que realmente sentía por dentro se reflejara en su conducta, sentía un fuerte golpeteo en su pecho a causa de los fuertes latidos del corazón, estaba asombrado, eufórico y a la vez excitado había ido a ese apartamento con un solo propósito hasta que sus ojos vio a una belleza, una hermosa y exquisita mujer no la recordaba de esa manera siempre a su memoria venia una niña de mirada dulce rostro inocente pero alegre, trago el nudo que sentía en la garganta, pero él no se iba a quedar con esa curiosidad también hizo la misma osadía de ella que en cierto modo le encanto ya que él no era inmune a ninguna mujer, pero que Candy lo haya recorrido de pies a cabeza sin ningún pudor, eso sí que lo sorprendió, ella logro lo que ninguna mujer había logrado intimidarlo, pero llenarlo de jubilo hasta ponerlo tan loco y vulnerable, Terry sonrió irónicamente mientras su mirada vagaba desde su cabello a su rostro esos risos hermosos que nunca olvidaría como siempre de un rubio brilloso sueltos alrededor de sus hombros y brazos, de pronto sintió unas ganas de acercarse pegar su nariz en ello al mismo tiempo que hundía sus dedos en aquella mata de risos, luego miro aquella naricita respingada solo quedaba muy poco rastro de esas pecas tan encantadoras, esa boquita rosadita delineada, él se detuvo en el nacimiento de sus pechos llevaba una camiseta sin manga ajustada que marcaba bien las curvas de su senos, pero Terry aparto rápido la vista de ahí para seguir su recorrido, su figura era esbelta con una cintura de sirena que a través del jean ajustado pudo ver una buenas piernas que aunque eran delgadas estaban fuertes, se fijo en sus pies descalzos y lo hizo sonreír más ampliamente, tenía unos dedos pequeños y pintado con un esmalte de color azul pastel y decorados con pepitas blancas. Terry volvió a posar sus ojos en ella primero en sus boca y luego en sus verdes esmeralda, un sentimiento de añoranza lo cubrió, todos los días de su vida había ansiado tenerla de nuevo junto a él, mirarla y tocarla quería que se fundieran en un abrazo que lo hicieran revivir aquellos momentos del pasado que pasaron juntos y que habían sido maravillosos, ahí ante ella deseaba y quería tantas cosas como abrazarla para sentir la tibieza de su piel cremosa, pero se frenaba al intentarlo, porque acaso tenía miedo al rechazo no sabia que Candy pensaba de él si sus padres la habían puesto en su contra, aquel sentimiento de amargura se apodero de él de solo pensar que Candy lo podía estar odiando. Candy abrió los ojos mostrando aun mas lo verde de su esmeralda con un brillo intenso y sus labios se separaron ligeramente.
- Al diablo – se dijo Terry con ese simple gesto de Candy la poca cordura que lo retenía y el miedo al rechazo se fueron directo al hoyo, dio un paso más e iba dispuesto a abrazarla y nunca soltarla cuando una vocecita soñolienta grito de asombro y emoción.
- ¡Papa!
Chicago
Melisa volvió al día siguiente a la casa Ardley esta vez iba dispuesta a hablar con Anthony tenia tantas cosas que decirle, deseaba hablarle, ayudarlo a abrirse, después de la conversación con Albert no había podido descansar no pego el ojo en toda la noche su anhelo era volver a ver a Anthony feliz, Albert la recibió con el mismo ímpetu del día anterior.
Albert toco a la puerta de la habitación Anthony.
- Adelante – fue lo único que logro escuchar después de unos minutos
- Hola ¿cómo amaneciste? – pregunto Albert acercándose junto a la cama.
- Despierto – fue su respuesta con voz cargada de fastidio.
Albert suspiro – Bueno solo quería decirte que a alguien quiere hablar contigo.
Anthony sin despegar la vista del libro que leía con interés respondió desinteresado – No deseo hablar con nadie, estoy ocupado.
Pero la mujer que había estado todo este tiempo guardando silencio no le quedó más remedio que dar la cara, aunque sentía que unos nervios se apoderaban de la boca del estómago. – Quiero que hablemos Anthony y de aquí no me voy hasta que no lo haga – Melisa entro a la habitación con un porte firme de no dejarse doblegar por esa mirada intensa de ojos azules que enseguida llamo su atención desde el momento que ella hablo y que la detallaba con una profunda curiosidad.
Anthony no había despegado la vista de su libro ni porque escucho la voz de Albert pero cuando a sus oídos llego aquella voz demandante no sabia si sentir irritación o emoción porque al ver la silueta de la mujer parada en medio de su habitación sin ser invitada todo su mal humor se desvaneció había algo en ella que le resultaba familiar pero no sabía porque, no recordaba, sin duda era hermosa, con aquella falda de tubo tipo corsé corta, detallo su figura curvilínea y sus piernas largas y esbeltas no era tan alta, pero con sus tacones disimulaba y a la vez hacia verla elegante su cabello color miel que hermoso era. Melisa se inmuto estaba nerviosa pero si iba a hablar con Anthony no podía parecer una simple criatura en un bosque lleno de lobos, "estar en la habitación de Anthony es como estar en un campo de mina" había dicho Albert antes de que subiera a verlo ya que su humor había cambiado radicalmente. Pero no podía dejar de admirar la belleza masculina de aquel hombre ya no era un chico de quince años ahora era un hombre su torso estaba desnudo solo la sabana le cubría desde la cintura hacia abajo, Melisa noto unos brazos largos y fuertes Albert le había dicho que Anthony levantaba pesas cada vez que se sentía de ánimos a juzgar por ello pensó que este estaba de ánimos todos los días quiso reír por ese pensamiento tan tondo, pero ella iba a ser todo lo posible para sacarlo de este confinamiento, luego su mirada se poso en su rasgos estaba mas guapo aunque su ceño fruncido estropeaba las hermosas cejas rubias bien pobladas.
- ¿Quién eres? – Anthony la saco de su estupor.
Melisa le sonrió débilmente. – Veo que no te acuerdas de mi – quiso parecer normal cuando por dentro sintió que algo se rompía por que Anthony no la reconocía, ahora entendía porque la había visto así con una mirada intensa que la hizo sentir importante, si la hubiese reconocido desde un principio nunca le hubiese dado esa mirada.
- Acaso tengo cara de a ver visto a una hermana muy querida – dijo con sarcasmo
Melisa frunció el ceño por la burla de su comentario. – Soy Melisa Benjamín fuimos la colegio juntos.
Esas palabras bañaron a Anthony como agua fría. – Melisa… Melisa la amiga de Candy – su rostro se ilumino por un segundo pero volvió adoptar el mismo gesto frio desinteresado del principio.
Melisa no sabía si lo había imaginado pero vio una calidez en los ojos azules de Anthony en la sola mención de Candy. – Si esa misma – respondió del mismo modo frio. No iba a indagar más pero quería saber si Anthony había olvidado a su vieja y muy querida amiga.
Albert que se había mostrado impasible decidió marcharse con sigilo para dejarlos a solas.
- Y cuéntame a ¿qué se debe tu visita? – Anthony cerró el libro que leía y lo puso a un lado mientras entrelazaba los dedos de sus manos.
Melisa se acercó un poco y se detuvo a unos pasos de él. – Anthony seré directa, he venido aquí como tu nueva terapeuta quiero ayudarte, en cuanto a la práctica de los ejercicios de rehabilitación.
Anthony rio sin ánimos. – ¿Disculpa? Perdón Melisa pero no creo que necesite una terapeuta créeme yo solo me basto si me da la gana o si estoy de buen humor hago mis respectivo ejercicio si no simplemente me pongo a leer un buen libro no necesito de nadie para que me ayude a manejar esa maldita silla de ruedas – con un gesto la señalo. – Ahora no me hagas perder mas el tiempo ni te lo hagas perder tú – volvió a tomar el libro y se dispuso a leerlo.
Melisa formo una O con su boca e inmediato frunció el ceño pero si él creía que ella se iba a dar la vuelta e irse con el rabo entre las patas estaba equivocado Melisa se acerco a él y en un rápido movimiento le arranco el libro de las manos y lo cerro de golpe Anthony le lanzo una mirada furiosa.
- ¿Qué demonios crees que haces? te dije que te fueras de una manera educada.
Melisa sonrió con desde. – No me voy a ir Anthony y ahora te callas de una vez – lo apunto con el dedo índice. – Me vas a escuchar lo que he venido a decirte, me voy a quedar aquí como tu terapeuta, hasta que no te vea parado de esa maldita cama, hasta que no vea tus pies arrastrándose por el maldito piso, que pises firmes, que corras y si es posible que escales una montaña no me voy ir, no hasta que haya cumplido con mi propósito ayudarte a ti y a tu familia. No creas que me voy a quedar de brazos cruzados mientras tú estas ahí tirado en esa cama lamentándote – Anthony frunció el ceño sin comprender. – No me vengas con que no sabes, porque es la verdad – Melisa prosiguió. – Se perfectamente que tú mismo te tienes lastima, lastima a no caminar, a no moverte como deseas, pero eres tan malditamente orgulloso que no dejas que nadie te ayude, quieres hacerlo por ti mismo cuando sabes perfectamente que no puedes, no quieres que nadie te vea así, que te tenga lastima, pero entonces mi pregunta es ¿porque tú mismo te la tienes? echando a la gente de tu lado no logras nada Anthony – Melisa volvió a colocar el libro junto a la cama. – Mañana vendré a las síes de la mañana y quiero verte listo para tu primera ronda de ejercicio mientras descansa y duerme un poco lo vas a necesitar, adiós – salió de la habitación dejando a un Anthony atónito confundido y furioso, le había hablando como nunca nadie lo había hecho desde el accidente, se había cerrado a todos, no hablaba con nadie ni con Albert que en un tiempo atrás había sido su confidente y buen consejero, ahora todos eran unos extraños en cierto modo ella tenía razón, le tenía envidia a su familia porque tenían el privilegio de algo que él anhelaba, como caminar, pero ¿porque cuando le brindaban ayuda el las rechazaba? Porque en cierto modo algo muy dentro de él sentía miedo a ilusionarse a montarse en esa nube de sueños e ilusiones para después caer, si las operaciones no hacían nada porque unas bolas de médicos mediocres llamados terapeutas lo iban ayudar, si sonaba ignorante antes los ojos de mucha gente, pero la gente no comprendería que él había perdido la fe, las ilusiones y las fuerzas, nada ni nadie lo motivaba a luchar, pero él no se iba a detener a explicarle a nadie sus razones que pensaran lo que quisiera especialmente su familia.
Nueva york
Candy sintió como Terry se acerba a ella no sabia si iba a tener fuerza para rechazarlo, ella también deseaba tanto que la cobijara con sus fuertes brazos sentirlo, tocarlo y aspirar su fragancia, tanto era el deseo que se olvidó de que aquel niño que llamo era su hijo. Era una estúpida Terry había hecho su vida, se había casado, y tenía un hijo, un hermoso hijo, sintió una punzada en la boca del estómago y pecho, quería llorar, él se había olvidado de ella, pero claro, como pudo ser tan incrédula para pensar que Terry podía enamorarse de una niña estúpida e inmadura como lo fue ella, era lógico que buscara una verdadera mujer de su edad para casarse y forma una familia, que le diera los hijos que él quisiera. – Hijo – susurro Candy con voz quebrada, si hace unas semanas le hubiesen dicho que iba a convivir por unas horas con el hijo de Terry les hubiese dicho que estaba locos. Ahora ahí estaba viendo una escena que la llenaba de dolor y la vez de coraje una lagrima se escapo de sus ojos y rodo por su mejilla y ella la limpio rápido Terry abrazaba a Dylan mientras lo llenaba de besos y Candy se pregunto si eso era cierto o solo fingía, solo unas horas el niño le había dicho que su padre no lo quería y no solo eso ella había escuchado el relato de la nana que decía que el niño se escapaba cada vez que le daba la gana, si era así es porque Terry no estaba cumpliendo con el rol de buen padre. Ella negó con la cabeza maldición acaso tenia envidia, que importaba ella ya no era parte de su vida ellos eran dos completos extraños que en las peores circunstancias se habían reencontrado. Lo mas seguro era que Terry volviera a salir de su vida como si nada, de solo recordar el pasado y lo que sufrió a causa de eso la llenaba más de odio y de dolor, hace unas pocas hora había sentido cariño y ternura por aquel hombre le había logrado ablandarle el corazón, después que había jurado una noche jamás perdonarlo por irse sin despedirse mucho menos perdonarlo porque durante estos ochos años jamás se puso en contacto con ella, Candy siempre presintió que ella era la culpable de la partida de Terry, nadie le dio razón era como si nunca él hubiese existido, su tía y su padrino ya ni hablaban de él. Candy negó con la cabeza como era posible eso, algo había pasado esa noche en la que ella se fue a dormir con Patty para terminar el proyecto, pero nadie le dijo nada especialmente Luisa y Libet. Y no había noche en que no lo pensara y el porque se había ido, sintiéndose así ella con cierta culpa.
Terry tomo la mano de Dylan y carraspeo un poco para que el tono de voz le saliera normal, porque se sentía tan estúpido y a la vez como si ella solo fuera una extraña. – A ya sé porque soy un maldito imbécil que dejo que las palabras de mi padre se metieran tan profundo en mi cabeza que por eso deje que los malditos años pasarán sin saber que había sido de su vida – se dijo Terry con rencor.
- Hola Candy esto sí que es una sorpresa ¿Cómo has estas?
Candy sintió un escalofrió en todo su cuerpo la voz de Terry era tan varonilmente sexy, era como música para sus oídos, después de tanto tiempo si escucharla y al pronunciar su nombre fue bálsamo para sus heridas, porque él seguía teniendo ese poder sobre ella aun después de tantos años, pero no, no iba a sucumbir tan fácil a sus encantos porque era tan débil y estúpida cuando de Terry se trataba, solo por hablar y pronunciar su nombre se ponía como un gatito en busca de acicalamiento. – Pero no, no y no – se dijo Candy y se cruzó de brazos y antes de hablar se concentro en todo el tiempo que estuvo sin saber de él para actuar como quería, fría, tan fría como hielo.
- Vaya si que es una sorpresa, yo estoy muy bien gracias por preguntar, veo que tú has estado de maravilla – dijo con ironías que para Terry eso no pasó desapercibido. – Hasta tienes un hermoso hijo – su mirada se dirigió a Dylan y le dio una pequeña sonrisa cómplice que el niño correspondió de igual modo.
Terry alzo una ceja con arrogancia. – Gracias mi hijo es lo más apreciado que tengo – lo dijo tajantemente. – Debo confesar que estas muy hermosa.
Candy por mas que no quería que las palabras de Terry la afectaran no pudo contra eso y se ruborizo la voz casi le salió en susurro y se maldijo por su debilidad. – Gracias.
Terry sonreía orgulloso, había observado el rubor de Candy subir desde su cuello hasta cubrir todo su rostro tenia unas ganas enorme de reír abiertamente, pero se contuvo aun la notaba tensa y algo distante a pesar de tenerla a un solo paso de él.
- Dylan cariño – llamo Candy después que se hubo calmado. – Porque no vas a la habitación de huésped y cambias esa camisa, ahí esta tu ropa ya limpia y seca – le indico con la mano el pasillo que lo conducía a la habitación.
- Gracias – la voz ronca de Terry sobresalto a Candy al percatarse de un dejo de nostalgia.
Candy subió la mirada y lo observo a los ojos. – ¿Por qué? – quiso saber algo confundida.
- Por cuidar de él – Terry se aclaró la garganta. – Quizás… – se encogió de hombros. – Te debes de estar imaginando muchas cosas con lo que a Dylan se refiere.
Candy se mordió el labio inferior si se había imaginado cosas que la avergonzaba nunca había juzgado a nadie en su vida y por mas que deseaba preguntar no se atrevía a indagar en referencia al niño. Candy se metió la mano en los bolsillos.
- Quizás… pero no voy a invadir tu vida privada – Terry asintió. – Por otra parte no tienes porque agradecerme nada lo que hice por Dylan lo hubiese hecho por cualquier otra persona.
Dylan después de vestirse fue directo y abrazo a Candy por la cintura cosa que hizo a Candy dar un respingo por la sorpresa ella le devolvió el abrazo mientras el pequeño le dabas las gracias sin cesar y el padre se mostraba inexpresivo pero en su cabeza volaban miles de imágenes y en ese preciso instante envidio a su hijo.
Candy se inclino y le dio un beso en la mejilla. – ¿Recuerda lo que me prometiste? – Dylan asintió. – Ahora debes portarte bien y hacerle caso a tu padre y a la nana – lo abrazo una vez más y Dylan regreso a donde su padre y le tomo la mano.
Terry con un gesto le indico al niño que esperara un momento mientras se despedía de Candy se acerco a ella y le tendió la mano, ella titubeo unos segundos mientras detallaba su mano más de cerca, hermosamente bronceada sus dedos largos, un poco gruesos llenos de vellitos oscuros, porque se le hacia tan difícil un simple saludo así que levanto la suya y se la estrecho, de pronto sintieron una corriente eléctrica recorrer su cuerpo llevándolos hacia otra dimensión donde solo ellos dos existían uno enfrente del otro sujetándose las manos mientras se observaban sin pestañear estaban perdidos en los ojos del otro fue un momento mágico, Terry sentía la calidez de la mano suave y pequeña de Candy, no aguanto un segundo más y en un ágil movimiento la atrajo a sus brazos la pego a su cuerpo, había deseado eso desde el primer instante en que la vio, con una mano le rodeo la cintura y con el otro brazo la espalda, hundió la nariz en su melena de rizos mientras inhala la deliciosa fragancia primaveral, sus ojos se cerraron embocando unas imágenes del pasado. Por otra lado Candy estaba pasmada esa reacción de Terry la había tomado por sorpresa se quedo ahí inerte como una muñeca de trapos con los brazos guindados de los lados no se atrevía a subirlas y a corresponder el abrazo, cerro los ojos unos segundos y percibió la calidez que emanaba del cuerpo de Terry no lo resistió mas, le rodeo la espalda con ambos brazos aferrándose a él por completo era como si se fuera a caer y su vida dependiera de ello, pudo sentir la musculatura de sus brazos, espalda y lo dureza de su estómago y pechos, suspiro al percibir el aroma tan masculino a la poca fragancia que quedaba en su ropa y cuerpo, le encanto, manaba de ellos una ferviente tensión que los tenia atontados. No querían apartarse del uno del otro, Terry no deseaba terminar con la magia que los había envuelto pero tenia que marcharse no podía evitar lo inevitable. Candy sabía que Terry se tenía que marchar pero con una diferencia, que esta vez se estaba despidiendo. – Será ¿que lo volveré a ver? – Se preguntó mientras una punzada de dolor muy familiar se apoderaba de su pecho. Se apartaron poco a poco y se miraron a los ojos.
- Lo siento Candy – se disculpó. - No quería abrumarte y mucho menos incomodarte.
Candy negó con una sonrisa fingida. – No te preocupes.
Terry se paso la mano por el cabello y a Candy se le seco la boca era tan hermoso deseo ser ella que hubiese metido la mano en su cabellera castaña.
- Será mejor que me vaya – tomo la mano de Dylan que en todo ese tiempo estuvo mudo pero no ciego y la escena de la cual había sido testigo lo hizo sonreír. Terry junto a su hijo se encaminaron hacia la puerta y Candy detrás de ellos que tuvo una buena vista de su ancha espalda, una vez en el pasillo dio la vuelta y afronto a Candy.
- Gracias una vez más por todo, espero… que te cuides, hasta pronto.
Ella asintió. – Igualmente, adiós Dylan, adiós Terry – Cuando subieron al ascensor Dylan le dijo adiós con un gesto de la mano el cual ella correspondió luego su mirada se fijo en el guapo rostro de un hombre que había fijado toda su atención en ella hasta que las puertas del ascensor se juntaron. Candy entro a su departamento una vez que hubo cerrado con seguro se recostó de la misma y poco a poco se fue deslizando hasta quedar sentada en el piso, pego las piernas en el pecho y oculto la cara entre las rodillas y con los brazos alrededor amortiguo el llanto que empezaba a formarse en su pecho.
CONTINUARA…
Hola chicas, como siempre mil gracias por sus comentarios que me hacen reír y me alegran la tarde, sé que muchas tienen preguntas y quieren respuesta, como: ¿que paso con su vida durante todo estos años? ¿Que pasara y porque paso? Pues se lo explicare rápidamente, a medida que la historia o los capítulos vayan avanzando se ira revelando muchas cosas importantes de las vidas de cada personaje, tanto del pasado, como el presente y el futuro.
En este capítulo no hubo revelación pero les prometo que a partir del siguiente capítulo sabrán muchas cosas que las irán sorprendiendo.
Y gracias una vez más a todas que llena este espacio con sus Reviews llenos de buena vibra que me motivan a continuar…
"LizCarter, Guest, Olgaliz, Ana, geraldin, CONNY G VERUCK, mariekleisse, Alondra, Dani, kennia, Rubi, BrisaL, Lady Supernova, Liz, Amy C.L, luna, CARITO, LUZ RICO".
