Capítulo 29

Aprovechándose.

Snape se paseaba altivo y orgulloso dentro de su habitación, meditando a cual de los dos odiaba más, si a Voldemort o a los fastidiosos niños, luego de pensarlo concienzudamente el odio por el primero ganó la batalla y se decidió a no debelar el fabuloso secreto que había descubierto, pero luego su rostro se iluminó plasmando una maquiavélica sonrisa, lo que sabía no iba a impedir que él sacara provecho de esa información y sin esperar un segundo más comenzó a idear la venganza para con los chicos.

Dos días después Ron se dirigía serio al aula de defensa contra las artes oscuras, subió la escalera que daba al despacho del profesor y golpeó la puerta.

- Adelante – Se escuchó la fría voz del docente. Ron ingresó haciendo un esfuerzo muy grande por aparentar su corriente, tímida y despreocupada pose y preguntó

- ¿Me citó, profesor? ¡Yo no hice nada! – Snape ni se inmutó, debía reconocer que el chico era un excelente actor.

Minutos después en los cuales el muchacho comenzó a impacientarse por el silencio de Snape alguien más golpeó la puerta

- Adelante – Volvió a repetir el profesor plasmando una siniestra sonrisa.

Al ver aparecer a Hermione. Ron no debió observar el rostro a Snape para saber que, de alguna manera el siniestro docente ya sabía de su secreto pero igualmente giró y lo miró.

Snape pudo observar como el semblante del muchacho cambiaba, incluso su postura, haciéndolo más alto e intimidante, pero no se dejó amedrentar, él tenía el as bajo la manga y sabría aprovecharlo. Hermione amago avanzar pero él la detuvo

- No señorita Granger, ni se le ocurra acercarse al señor Weasley, ya sabemos lo que juntos pueden hacer.

Si hasta ese entonces restaba alguna duda, esa declaración terminó por confirmar la sospecha de ambos muchachos.

Snape se levantó de su asiento y declaró

- He sacado un maravilloso pensamiento de mi mente, en el que el trío dorado – comentó sarcásticamente – une sus poderes, y ya tengo lista una lechuza mágicamente preparada, si algo me sucede, para que vuele hasta dar con Voldemort. ¡Claro! Ustedes pensarán, que él no tiene un pensadero, pero lo que tiene es una particular habilidad de absorber esos pensamientos sin necesidad de uno. - Snape se dirigió a la muchacha y se colocó detrás de ella. – Ahora señorita Granger, nosotros bailaremos, cómo se llamaba ¿Un tango llorón? – Ron intentó moverse y él lo miró diciendo – No, no, no – Mientras movía el dedo índice acompañando sus palabras y el pelirrojo se quedó en su lugar.

-¿Qué quiere?

- De usted nada – Contestó el maestro – Aunque conozco a algunos que pasarían un muy grato momento, y si bien he probado esos gustos, mis placeres son otros – Completó acariciando el cuello de Hermione.

Ron iba a moverse y nuevamente ordenó

- Quieto – Y con un movimiento de varita hizo que una silla se acercara al pelirrojo haciéndolo tambalear – Siéntese señor Weasley.

Ambos chicos fijaron sus miradas, Ron podía presentir el miedo en Hermione unido al asco y la impotencia cuando el docente comenzó a acariciar nuevamente su cuello.

- No se miren a los ojos – Los distrajo Snape – Puede ver cualquier otra parte de la anatomía de la señorita Granger – siseaba el docente pasando su mano por el costado del cuerpo de Hermione – Aún no sé muy bien cual es la magnitud de sus poderes. – Y los muchachos miraron al piso

- "Idiota" – Pensaba Ron mientras sólo Hermione lo escuchaba – "No sabe que no necesitamos mirarnos para conectarnos"

- "¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos Ron?" – Hermione sonaba desesperada

- "Tranquilízate"

- "¿Qué me tranquilice? ¿Qué dices? No puedo tranquilizarme"

- "Aguarda, no te olvides que él domina muy bien la legeremancia"

- Pues claro que domino muy bien la legeremancia – Las frías palabras de Snape hicieron que ambos chicos lo miraran – realmente sus poderes son maravillosos. Pero ahora usted y yo intercambiaremos información y mientras lo hacemos – le dio una entonación lasciva a la palabra – su novio nos verá.

Hermione tembló y pudo ver en los ojos de Ron el odio nacer por el hombre que en ese momento llevaba una mano a su cintura.

Ambos estaban impotentes, sin poder hacer nada y a merced de ese maldito que se estaba aprovechando de la situación.

La castaña cerró los ojos y silenciosas lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, Ron cerraba fuertemente los puños haciéndose sangrar las palmas con sus propias uñas.

Snape continuaba con su reconocimiento corporal, definitivamente la señorita Granger tenía espectaculares atributos, además de los intelectuales, bajó la mano y la colocó en su muslo y fue subiendo por ellos, Hermione intentó resistirse pero él rápidamente le indicó

- De no cumplirse mis deseos, esa lechuza partirá a su destino.

Mientras tanto Dumbledore y Harry corrían a toda velocidad a la lechucería, al ingresar Bill, Percy y Charly ya se hallaban allí.

- ¡Maldito bastardo aprovechado! – maldecía este último.

- ¿Ya la encontraron? – Preguntaba Harry

- No, aquí hay más de mil aves. – replicaba Bill

- Además no sabemos si esté aquí, podría encontrarse en cualquier parte del castillo.

- Si es que existe director, tal vez todo sea una treta.

- Puede ser Charly, pero no debemos arriesgarnos a que sea así.

Los cinco continuaron buscando al ave portadora de tan preciado pensamiento.

Mientras tanto en el despacho de Snape la situación empeoraba, el docente había llevado a Hermione al escritorio y la hizo sentarse en él.

- Me gustaría que me acaricie – le decía acercándose. Hermione lo miró con asco pero el sólo sonrió - ¿Y? ¿Espera alguna notificación? – Preguntó tomándole la mano. La chica la apartó abruptamente y él meneó la cabeza – Esto no me está complaciendo –Hermione elevó la mano y comenzó a acariciar su cabello, el profesor se echó a reír y ella se detuvo – Si quisiera ese tipo de caricias, recurriría a mi difunta madre, sabe bien lo que quiero.

Hermione y Ron se volvieron a mirar, el pelirrojo estaba al costado, si tan solo pudiera acercársele un poco. Pero a la vez no podía arriesgarse a que Snape no hubiese mentido y arriesgarlo todo, sin embargo la idea de que Hermione deba rendirse a ese animal le agradaba aún menos.

La castaña cerró los ojos y apoyó la mano en el pecho del profesor y comenzó a bajar lentamente, sus ojos pronto volvieron a llenarse de lágrimas que cayeron por su rostro

- ¡Vamos! ¡No me diga que no le gusta la idea un poco! – Declaraba Snape – Si hasta no hace mucho usted creía estar perdidamente enamorada de mí.

- Creí, pero no era verdad, era un error – Contestó Hermione abriendo los ojos con furia en su mirada – esto es un error – Le decía.

- tal vez, pero al menos disfrutaré del mismo. – y sonreía al ver que la muchacha llegaba a su objetivo. Hermione apenas lo tocaba entonces Severus apretó firmemente la mano contra su miembro – Creo que usted ya debe de tener suficiente experiencia para saber como hacerlo ¿No? – Declaró lascivamente acercándose y lamiendo el cuello de ella.

- ¡Suéltela! – Entonces gritó Ron levantándose de la silla- ¡Déjela! – Snape lo miró risueñamente malvado.

- No creo que esté en posición de exigir nada y regrese a su lugar – Decía mientras llevaba su mano por arriba del muslo de la chica y la tocaba impúdicamente. – Le recomiendo que se estimule señorita, de lo contrario esto podría dolerle – Le decía al notarla para nada excitada con las caricias de él.

- esto ya duele, no hace falta que haga nada más – respondía ella

- Le prometo que le dolerá aún más. – E introdujo dos de sus dedos en la cavidad femenina, Hermione se tensó y tiró la cabeza hacia atrás llorando otra vez.

El profesor se bajó los pantalones y aún sin sacar sus dedos de donde estaban intentó penetrar a la castaña que se tensó aún más.

- ¡Ron! – se quejó y el pelirrojo no lo pudo evitar lanzándose encima del profesor.

- ¡Maldito! ¡Pervertido! ¡Animal! ¡Te romperé todos los huesos! – Y comenzó a golpearlo, el docente ante la abrupta intromisión quedó indefenso y luego de que Ron le propinara algunos golpes quedó inconsciente en el piso.

Hermione y Ron se abrasaron, él acariciaba sus cabellos y ella se aferraba fuertemente a su pecho.

- Debemos detener esa lechuza – Le decía él

- Si es que existe – respondía ella.

- ¡vamos! – Y desaparecieron a la lechucería.

- ¡La encontré! – Declaraba Bill a punto de tomar al animal que en ese instante comenzó a volar - ¡Se escapa! – Gritaba el muchacho y saltó para atraparla pero el ave ya remontaba vuelo.

Hermione y Ron aparecieron y sin dudarlo se tomaron de las manos y siguieron a vuelo al animal.

- "Aún no la atrapen" – Les llegaba el pensamiento de Dumbledore – "Necesitamos la ubicación de la guarida de Voldemort."

Ellos obedecieron a su director y siguieron a la lechuza hasta un pueblo en las afueras de Londres que ninguno conocía, cuando notaron que el ave descendía la atraparon y le retiraron su mensaje. Snape aparentemente no había mentido. La lechuza igualmente se posó en una ventana de una casa común, como las otras.

Ellos se hicieron invisibles para no ser vistos y observaron a Lucius tomar del ave, revisarla y luego dejarla ir sin entender porque había ido allí sin ningún recado.

Los muchachos regresaron a la escuela e informaron la ubicación del lugar.

- Según la ubicación se trata de Foreing Town, se supone que es un pueblo abandonado, las aguas del lugar estaban contaminadas y se decidió evacuar todo el poblado.- decía Dumbledore

- Pero parecía como que varias casas tenían ocupantes.

- Entonces deberán ser todos mortifagos y demás criaturas que reclutó Voldemort Ron. – Declaraba el director.

Hermione permanecía en silencio, aún podía sentir las frías y asquerosas manos de Snape recorriéndola, intentaba permanecer tranquila pero necesitaba sacarse esa sensación de suciedad de su cuerpo. Ahora entendía más a Ginny con respecto a lo que le sucedió con Draco, pero ella se sentía peor.

- Voy a la torre – Declaró marchándose, nadie dijo nada, permitieron que se fuera, cuando salió Charly habló

- Por suerte me llamaste en cuanto ese cretino te mandó la notificación.

- Si hermano – respondía Ron – No intuía lo que tramaba, pero supuse que algo sucedía.

- La verdad que su plan funcionó, de no haber estado Charly allí invisible en el despacho de Snape, ahora… - Pero Dumbledore hizo silencio ante la mirada de Ron – pero nada sucedió.

- Si sucedió – Lo interrumpió el menor de los varones Weasley – Hermione debió… - Y su voz se quebró.

- Él… - Bill no pudo continuar ya que a Ron comenzaron a caerle lágrimas por los pómulos.

- No, no llegó a concretar nada, pero lo poco que hizo fue asqueroso – Declaraba – Debo ir con Hermione.

- Ve Ron – Le decía Dumbledore – Nosotros nos encargaremos.

Harry aguardaba en la sala común, al ver entrar a Ron se levantó.

- ¿Cómo están?

- ¿Hermione no vino aquí?

- No, no la vi entrar y estoy esperándolos desde que se marcharon. Dumbledore me ordenó venir aquí.

Ron se apareció en el dormitorio de séptimo de las chicas pero no encontró a la castaña en su cama.

Desesperado regresó a la sala común donde lo aguardaba Harry.

- No está en su habitación – Declaraba preocupado

- te ayudaré a buscarla – Le decía el morocho

- No Harry, ve a descansar, es muy tarde, yo la buscaré

- pero…

- Por favor Harry, no discutas ahora, hazme caso y ve a dormir, en cuanto la encuentre te informo para que te quedes tranquilo. – Harry asintió con la cabeza y se marchó a su dormitorio.

Ron buscó en la biblioteca, algunas aulas, el invernadero y luego al baño de prefectos, allí la encontró, metida en la piscina, cubierta de espuma y llorando angustiosamente.

Sin importarle nada se metió en la misma con ropa y todo y la abrazó.

- ¡Ron! ¡Ron! – Decía ella aferrándose a él. – No se va, esa sensación, no desaparece. – Él la calmaba, acariciaba sus mojados cabellos y la abrazaba con fuerza.

- va a pasar, ya va a pasar – La consolaba pero incluso a él le costaba olvidarse de lo que debió presenciar, no imaginaba siquiera por lo que Hermione estaría pasando.

- estoy sucia, sucia – lloraba ella.

- No Hermione, tu eres la mujer más pura que existe. Tu alma, tu cuerpo todo tú eres puro e inmaculado. – Pero ella negaba con la cabeza.

- Necesito estar sola – Declaraba apartándolo suavemente, era la primera vez desde que estaban juntos que ella lo rechazaba. Ron no discutió, entendía que ella debía de superar ese momento a su manera, aunque él quisiera quedarse con ella para siempre debía respetar sus deseos y simplemente besando su frente despareció al dormitorio, donde un ansioso Harry lo aguardaba.

Al verlo todo empapado Harry se sorprendió, no más cuando él de un simple movimiento secó su ropa y la trasformó en pijama.

- Ella está bien – Sólo le dijo y se acostó, ninguno dijo nada más a pesar que tampoco ninguno durmió en toda la noche.

Pronto comenzaron a planear el ataque a Voldemort, Snape se encontraba prisionero en las mazmorras del castillo ya que no podían confiar en Askaban ni en el Ministerio e informaron al alumnado que el profesor otra vez había manipulado mal unos ingredientes y se hallaría en cuarentena hasta finalizar el curso.

Su reemplazante fue nada más y nada menos que Albus Dumbledore y los muchachos estaban maravillados por todas las cosas que les enseñaban.

Hermione no volvió a ser la misma, a pesar que no había sucedido algo más, lo que había acontecido la afectó, si bien no había sido una nimiedad, tampoco era para tanto, al menos eso pensaba Ron.

Pero la castaña lo veía desde otro punto de vista, más allá de haber recibido ella las caricias, mientras su novio observaba, la culpa la carcomía ya que no podía dejar de pensar que por su anterior accionar con el profesor, este se había obsesionado con ella.

Era esa culpa, la que impedía a Hermione permitir que Ron se acercara a ella o tener intimidad, y Ron estaba preocupado no sólo porque sus poderes se estaban apagando sino porque la salud de su novia estaba debilitándose.

No comía, apenas dormía, se estaba extinguiendo y si bien Ron tomaba algunas pociones que la revitalizaban, la depresión en la que ingresó era demasiado poderosa. Ya quedaba má que confirmado que los poderes que tantos dones les atribuían, cuando participaban en algo contrario a ellos lo hacían en igualdad de proporciones, estaba de más decir que la depresión de Hermione la estaba matando.

Dumbledore y él se hallaban buscando una solución, él ya había ingresado en la mente de su novia y sabía el porque de su cancina actitud y si bien no compartía ese sentimiento, ya que consideraba que Hermione no tenía la culpa de nada, debía buscar la forma de sacar esa idea de su cabeza.

- Si tan solo pudiéramos borrar ese hecho de su mente.

- No profesor – le decía Ron – No debemos borrarlo, debemos hacer que ella lo supere y se de cuenta que no es su culpa, que sólo es culpa de Snape.

- ¿Los unicornios? – Propuso Albus.

- No, ellos no restauran los sentimientos, ellos sólo sacan la maldad.

- ¿Y no es eso?

- No, Hermione se siente culpable, no maldita.

Ninguno encontraba respuesta, entonces ingresó Hagrig a la dirección y a Ron se le iluminó la mirada, se levantó y salió corriendo.

Ambos docentes se miraron sin entender, pero prefirieron no intervenir y dejar que el muchacho actuara según le pareciese. Sólo rogaban que su actuar volviera a la chica a su estado anterior, ya que hasta que Hermione no estuviera bien el ataque se demoraría y no solo todos estaban angustiados por ello, sino que temían que la profunda depresión en la que ella había entrado la llevara a la muerte, y ninguno podía soportarlo, ya que Hermione era una chica querida por todos.

Pero quien más la quería, quien más se preocupaba, quien más deseba que ella se recupere era ese pelirrojo que ante la imposibilidad de desaparecerse debió correr por los pasillos hasta la sala común, donde la encontró, donde hacía casi una semana se había ubicado, sentada en el sillón frente a la chimenea, observando el fuego consumirse lentamente como ella se sentía. Ron no esperó y la tomó entre sus brazos y salió corriendo de la sala.

- ¿Qué haces? - Preguntaba ella sosteniéndose con sus brazos de su cuello.

- Te curo – Sólo respondía él.

- Yo no estoy enferma. – reprochaba ella

- Si, lo estás y mejor que lo reconozcas, de lo contrario no tendrás salvación. ¿Quieres curarte? ¿Quieres volver conmigo? ¿Aún me amas?

- Yo no he dejado de estar contigo, yo nunca he dejado de amarte.

- Si, lo has hecho, pero estás tan inmersa en tu depresión que no lo notas. – Hermione sentía que Ron no entendía lo que le sucedía – Comprendo perfectamente lo que sientes – Interrumpía su pensamiento el muchacho – pero ¡Maldita sea! Deja ya de culparte, tú no eres responsable de lo que él hizo. - Hermione agachó la mirada, por un instante deseo que lo que Ron decía fuera cierto - ¡Claro que es cierto! ¡Sólo tú piensas lo contrario!

- ¡Deja de leer mis pensamientos! – Lo retaba Hermione y un brillo nació en su apagada mirada.

- ¡Esa es la Hermione que quiero! – Le decía él – Combativa y orgullosa.

- No se si pueda…

- Yo te haré regresar, y te haré ver que estás equivocada.

Ron sin detenerse por un instante llegó al claro donde alguna vez Hagrig les permitió bañarse, donde su destino se plasmó como uno sólo. Y sin esperar que ella reaccionara, se arrojó con la chica en brazos al agua.

- ¡Ron! – Gritaba enojada Hermione cuando salía a la superficie.

- ¿Qué? – Preguntaba él con falsa inocencia flotando en el agua.

- ¿Qué hacemos aquí?

- Purificándonos. – Declaró él sencillamente. Y sin más el agua comenzó a iluminarse. Ambos se asustaron, más aún cuando sintieron que algo los succionaba hacia abajo. Pronto se vieron rodeados de sirenas, Ron sonreía bajo el agua, las conocía muy bien. Hermione, un poco más asustada, aunque también las conocía, sólo se tranquilizó al ver el sereno rostro de él.

Las criaturas rodearon a Hermione, y mientras subía, ellas le plasmaron diferentes sensaciones en su mente.

Ron emergió, sacudió su cabeza y esperó que ella también lo hiciera. Cuando la castaña salió a la superficie lo primero que hizo fue abrazarlo fuertemente.

- Discúlpame por estas semanas – Le decía rodeando con sus brazos firmemente el cuello del chico, quien la apresaba de la cintura. – Ahora veo todo más claro.

Así, unidos se acercaron a la orilla, hacia una pequeña playa de arenas blancas que el sol templaba, rodeada de flores que despedían un embriagante y dulce aroma.

Tirados sobre el piso comenzaron a besarse cada vez con más pasión.

- Te extrañaba tanto – Le decía él mirándola a los ojos – Por suerte has vuelto y puedo ya verme reflejado nuevamente en tu mirada – Y le sonreía. Hermione resplandecía de felicidad al ver la fascinante sonrisa de Ron.

- Gracias, gracias por recuperarme, pensé que te perdía.

- Nunca lo harás, nunca nos separaremos, nuestro amor es más fuerte que cualquier otra cosa existente en el mundo. Ya lo sabes.

Las caricias de Ron la desbordaban de cálidas sensaciones que dejaban todas las dudas detrás y sus besos en cada rincón de su piel mientras la despojaba de la ropa, la llevaban al éxtasis. Pronto correspondió a las mismas.

Ron se sentía en el paraíso, percibir a Hermione nuevamente junto a él, no sólo en cuerpo sino en espíritu era lo más glorioso.

La penetró sin esperar más, era imperiosa la necesidad de conectarse, de acoplarse y de unirse como antes.

En el agua, unas figuras sobresalían de la superficie y al ver que su intervención había sido acertada se marcharon lo más silenciosamente posible, pero aún si hubieran realizado una explosión, ambos amantes estaban tan compenetrados el uno en el otro que no lo hubiesen escuchado.

E hicieron el amor, entregándose uno al otro con el mismo ímpetu de semanas atrás, brindándose mutuamente, sabiendo que se pertenecían y que manteniéndose juntos todo podía ser resuelto.

Nadie preguntó, cómo, cuando, o dónde. Sólo se alegraron de recuperar a la antigua Hermione.

Ginny, Harry y Ron la miraban extrañados, mientras la castaña a dos manos, engullía todo lo que aparecía en la cena.

- Parece que alguien tiene hambre – Sólo atinó a decir la pelirroja observando a su amiga que sólo asentía. Pero nadie acotó nada más, la verdad era que hacia varios días que Hermione no era la misma apenas comía, estudiaba, hablaba o dormía.

Fue por ello que cuando Ron se apareció en su cama durante la noche la encontró profundamente rendida en las tierras de Morfeo; sonrió, acarició sus cabellos, acomodándole un mechón que caía rebelde en su rostro y se recostó junto a ella abrazándola.

La castaña ni se movió, más allá de ello sintió el calor de su amado abrigándola, pero era tanto el cansancio que ni siquiera pudo moverse, y se dejó cuidar por ese par de brazos protectores que la envolvían.

En pocos días más el dúo estaba en su punto más alto de poder, pero aún quedaba mucho por practicar.

Pero un ataque sorpresivo de las fuerzas de Voldemort los sorprendió.