Información General:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.

La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.

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.….La historia que se presenta es solo con el fin de entretener, para pasar el rato por favor no lo tomen personal, ni se enojen con una servidora. En ningún momento se ha creado para hacer polémica, ni para molestar, ni para faltarle el respeto a nadie, ni para denigrar los queridos personajes. Espero que eso quede claro. Yo solo tomé prestado el nombre de los personajes para presentar esta historia con un argumento distinto. Amo los personajes, créanme que, si no me gustaran, no escribiría para ellos, ni los pondría en mi historia, para eso se crean personajes nuevos. Este argumento se escribió de principio a fin desde que se presentó el primer capítulo. Yo lo único que quiero es distraerlas a ustedes queridos lectores. Es simplemente una historia nueva con un nuevo argumento que aún tiene muchos capítulos por contar….

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Una Nueva Oportunidad

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Capítulo XXIII: Engaño – Parte 1

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— "Si amor, te amo. Ya no lo soportó, dos semanas más y nace nuestro hijo…nuestro hijo."

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El impacto causado por aquellas palabras fue infinito, esa mujer le había mentido. Albert apenas pudo silenciar su asombro, sorprendido sostuvo su cuerpo sobre la pared. Sin darse cuenta su respiración se aceleró. Miró al techo con los ojos desorbitados aun por la noticia, no lo podía creer, ¡ella tenía un amante y él era el verdadero padre de esa criatura!

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— No es mi hijo, no es mi hijo —, susurró totalmente impactado por lo que había descubierto; sintió que todo su mundo se derrumbaba al su alrededor en ese momento. Ese niño que él amaba no llevaba su sangre, fue solo un espejismo usado por ella para atraparlo. Cerró los ojos con dolor su ira era palpable, fue un estúpido le creyó toda su mentira desde el principio, nunca le cuestionó nada. Respiró profundo, tenía que calmarse para seguir escuchando y averiguar todo su engaño; los amantes ajenos al intruso seguían con su plática intima.

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Los ruidos provenientes de la recamara matrimonial lo sacaron de su trance, apretó furioso los dientes al escucharlos acariciarse del otro lado de la pared, su sangre hervía en sus venas de rabia e indignación al escuchar las caricias que su esposa recibía en su cama. Furioso apretó los puños, tenía unas intensas ganas de entrar y encarar a esa traidora y a su amante, pero no tenía que ser más astuto que ellos. Golpear al infeliz amante no borraría el engañó ni la traición.

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— Cálmate Albert, no es momento para hacer estupideces, calmante —, se auto recriminó en silencio. Esa maldita mujer sabría lo que era meterse con William Albert Andrew, se encargaría que nunca se le olvidará. Su venganza sería mejor si conservaba la calma, tenía que conseguir pruebas para echarla de su vida, a ella y a…No pudo continuar con sus cavilaciones porque las voces dentro de la alcoba lo volvieron de nuevo a su absurda realidad. Una voz que nunca había escuchado en su vida comenzó a burlarse de él.

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— Sí, nuestro hijo mi amor. Él muy idiota piensa que es de él, jajajajaja —, rió burlescamente mientras le besaba el cuello con pasión. Ella se separó de él para unirse a la burla.

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— Mmmm…si supiera, jajajajaja, el muy imbécil ni siquiera me tocó un pelo—, Albert quedó paralizado y estupefacto tras la puerta secreta al escuchar la nueva revelación.

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— Fue un plan excelente querida. Le diste el narcótico exacto y gracias a eso no pudo recordar nada de lo que paso esa noche —, enamorado le acarició el cabello que tenía regado sobre la almohada mientras la miraba embelesado, ella lo miró a los ojos y él se inclinó para volver a besarla con pasión por unos instantes y con ternura comenzó a dejar besos sobre el abultado vientre de su amante, levantó la vista para verla y burlonamente le dijo mientras acariciaba a su hijo. —Ahora gracias a esta preciosa mentira, eres la mujer de William Andrew, el poderoso patriarca del clan Andrew —, ella frunció el ceño de enfado, sorpresivamente lo hizo a un lado, tomó una bata transparente y se paró de la cama ante la mirada atónita de él. Calmadamente llegó a su tocador y comenzó a peinar su cabello castaño disgustada, él se quedó mirándola sorprendido ante su reacción.

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— Lo único que odio es que no puedo ser la matriarca, esa vieja maldita se lo dio a esa huérfana del demonio —, comentó muy molesta mientras se ponía perfume sobre su cuerpo, él hizo a un lado las sabanas y se acercó para besarle el cuello lentamente con pasión para tranquilizarla al mismo tiempo que le decía con cierta burla.

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— ¡Ah!, sí, ya recuerdo a la huerfanita, miré las fotos de su presentación y boda —, paró sus atrevidas caricias para ver su reacción. —Fue hace unos días, ¿verdad? —, ella lo hizo a un lado nuevamente con molestia.

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— Sí, fue hace apenas unos días, la infeliz tuvo la boda que yo debí de haber tenido, me casé con el patriarca del clan, pero su boda fue el evento del año y no la mía —, replicó fúrica mientras volvió a tomar su cepillo para peinarse y se sentaba frente al inmenso espejo.

Mientras ella se arreglaba, él se puso a un lado de ella, ella, pensativo se llevó sus dedos a la boca y comentó.

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— Es una beldad, con razón sospechabas que William estaba loco por ella —, ella volteó furiosa al escucharlo, se levantó y caminó hacia su cama ante la mirada sorprendida de su amante. No entendía su enojo, su marido no significaba nada para ella. Pero al ver su iracunda reacción, se arrepintió haber mencionado eso porque no era bueno que ella se molestara, podría causarle problemas a su criatura. Suspiró resignado, más le valía que la calmara.

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— Cállate, ni la menciones…bueno gracias a eso, él ni siquiera viene y podemos vernos a nuestras anchas. Bésame —, le ordenó mientras lo llamaba con los dedos para que se acercara a ella. Titubeante contestó mientras caminaba hacia ella.

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—¿Estas seguras que no lastimamos a nuestro hijo? Ya lo hici…

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— ¡Shh! Cuantas veces te tengo que decir que no John, solo ámame —, lo interrumpió y le sonrió con desfachatez mientras le acariciaba su cara melosamente. — mmmm…tenemos toda la tarde para nosotros, el muy idiota de mi marido siempre trabaja hasta la madrugada…bésame…

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Del otro lado de la pared, un marido engañado no podía salir de su asombro, su mirada se ensombreció de furia, los nudillos de sus manos blanquecieron por la fuerza ejercida en sus puños; esto era demasiado, quería entrar y matarlos con sus propias manos. Sí, eso merecían esos malditos, quería pulverizarlos con sus propias manos. Lleno de rencor tomó la perilla de la puerta dispuesto a abrirla y confrontarlos. Era tanto su odio y asco que nada le importaba en esos instantes, la cordura desapareció de su mente.

Justo en el momento que estaba por girar la manija y confrontarlos fuera de sí, el rostro de una sonriente Candy llegó a su mente. Sus brillantes bellos s ojos llenos de paz y ternura lo paralizaron de inmediato. Albert cerró los ojos fuertemente, y colocó desesperado su frente en la puerta para tratar de controlar su sed de venganza. No, él no se iba a mancharse sus manos con la sangre de esas ratas, esa mujer no valía la pena; él no era un asesino.

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Comenzó a respirar profundamente para tranquilizarse, enfocó su mente en esos hechiceros ojos verdes que tanto amaba, su recuerdo lo había salvado de cometer la peor estupidez de su vida.

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— Candy —, musitó con dolor. Dolía pensar en ella porque la había perdido por culpa de esa traidora. Se miró sus manos, estaban vacías, no tenía nada, lo había perdido todo. Hasta su nombre estaba siendo enlodado por esa mujerzuela. Nerviosamente se llevó su mano a su cabello y siguió respirando pausadamente para tratar de controlar esa cólera interna que lo estaba quemando.

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No era el momento de perder la cordura, era momento de pensar. Sí, esa maldita mujer no se iba a seguir burlando de él, quería desenmascararla, correrla de su casa y divorciarse en ese maldito mismo instante, pero necesitaba evidencias para quitarse ese lastre de encima y para mostrarle a la sociedad que ella tanto adoraba la clase de basura que ella era. Quería golpear la pared de impotencia, pero no podía hacer ruido, necesitaba salir de ahí cuanto antes, no podía hacer una locura. Maldita sea, necesitaba demostrar su jugarreta, tenía que ser más inteligente que ellos. Silenciosamente salió de su habitación, ahí volvió a respirar profundamente. Al voltear se encontró con un empleado nuevo que limpiaba una de las mesas en el corredor, lo ignoró y siguió su camino.

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Bajó lentamente los escalones y se dirigió a su biblioteca llenó de rabia y de vergüenza por el burdo engañó del que había sido víctima. Tan pronto entró a ella, inmediatamente llamó a George para que viniera a auxiliarlo con su "problema marital." Fue hasta que colgó el teléfono cuando se cuestionó, ¿cuántos de sus empleados estaban enterados del engaño? Meneó la cabeza y sonrió lastimosamente, que humillación. Lo más probable era que todos estaban enterados, excepto él, el idiota cornudo. El imbécil esposo que se la pasaba todo el día trabajando para mantener a su mujer y a su amante. Se dirigió a su bar y se sirvió una copa, quería ahogar sus penas, miró el ambarino color de la bebida y se lo llevó a su boca, pero se detuvo. ¿Qué estaba haciendo? Molesto estrelló su copa en la pared. No, ya nunca más, se embruteció con el alcohol por el dolor de haber perdido el único amor que había conocido en su vida, a su Candy, pero no iba a tomar por esa traidora, esa no valía la pena. No volvería a tomar ni por su amor perdido ni por nadie más, nunca más. No, él era un Andrew y se había jurado salir adelante y por su honor que lo haría.

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Dentro de un lujoso vehículo, un preocupado George venía revisando cada clausula escrita en el contrato prematrimonial, por suerte había agregado una "especial" que el padre de Diane ni siquiera había cuestionado por considerarla improbable: anulación de matrimonio por falta de consumación ya que había un bebé en camino. Esa ni siquiera se la mencionó a William. Su muchacho había sido demasiado noble con esa familia, por eso lo había protegido aún en contra de su voluntad. Él como Elroy nunca creyó la historia del repentino embarazo, pero William se negó a escucharlos. Su honor, su errónea idea del deber le impidió ver la realidad. Ahora todo dependería de los abogados, y la información obtenida por los detectives.

Albert ignoraba que el empleado que encontrará fuera de su biblioteca era el detective que contratará su tía. Mientras el joven patriarca estaba descubriendo el engañó dentro de su recamara, el detective inmediatamente informó a George por teléfono de la situación cuando vio llegar al joven patriarca más temprano de lo acostumbrado. Después de hacerlo permaneció fuera de la habitación para evitar una tragedia en caso de que el esposo engañado reaccionará impulsivamente cuando descubriera a los amantes. Esa era la razón por la cual George tenía todo listo cuando Albert lo contactó.

Era imperativo obtener todas las pruebas necesarias para liberar a William de ese penoso matrimonio de la manera más discreta posible. Desgraciadamente, el inteligente francés intuía que mantener oculto este escándalo sería imposible debido a que el engañó extramarital de Diane con uno de los empleados de su padre, era un secreto a voces conocido por varios de los empleados. Todo se salió de su control sin que ella se diera cuenta cuando tratando de mantener su idilio en secreto, la adultera mujer despidiera varios empleados leales a la familia Andrew. Esa fue la razón por la cual el detective de Elroy pudo descubrir la infidelidad de ella.

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En el interior de la biblioteca, un malhumorado Albert caminaba de un lado en otro pensando en cómo demostrarle al mundo que esa criatura no era su hijo. No expondría la fortuna de la familia ante una mujer sin escrúpulos y tan cínica como Diane. Se paró frente a uno de los ventanales mientras miraba el atardecer, todo lucía apacible. Se llevó sus manos al cabeza desmoralizado. ¿Por qué su vida no era así? ¿Qué daño le había hecho a la vida para que le mandara tanta desgracia en su vida? Perdió a sus padres en la infancia, a su hermana en la adolescencia, tuvo que mantenerse lejos del hijo de su amada hermana ni siquiera pudo llorar su muerte, tampoco pudo estar ahí con Archie cuando Stear murió. Seguramente había hecho algo muy malo en otra vida, por eso lo estaban castigando. Lo único bueno que tenía en su vida lo descuido y al final lo perdió con su sobrino.

¡Ah! ¿Por qué no le hizo caso a su tía? Fue un soberbio que no escucho los consejos que le dieron. Su vida dio un giro de 180 grados cuando decidió cumplirle a esa mujer. Que ironía al final vino haciendo lo mismo que Terry Grandchester, dejó al amor de su vida por un deber, ¡ja!, por su maldito honor y terminó casándose con una vil embustera. Ese niño no era su hijo, maldita sea, arrojó el primer libro que vio cerca de él a la pared. Se llevó nuevamente sus manos a su cabeza y recordó las duras palabras que su tía Elroy le dijera el día que anunciara el compromiso con Diane, esa maldita noche cuando destrozó el corazón de su pequeña con su vil comportamiento.

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"— …espero que sea tu hijo…se la clase de fichita que es esa mujercita. Pero haya tú y tus tonterías."

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— Que razón tenías tía, me lo advertiste —, rió con amargura. Se giró y miró la foto de sus padres que lucía en el centro de la pared. Él solo quiso hacer lo correcto, lo que esperaba de un Andrew ante una situación similar, pero solo había cometido estupidez tras estupidez. La perdió a ella y fue engañado por una advenediza.

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— Candy —, murmuró con profundo dolor mientras volvía acercarse a las ventanas. — …te lastimé, traicioné la confianza que me tenías porque creí que era responsable de la honra de otra mujer. Ni siquiera hablé contigo antes de anunciar mi compromiso, fui un cobarde y te perdí. Maldita sea, te perdí para siempre por cumplirle, por darle mi apellido a mi hijo, un hijo que nunca tendré. Fue esa misma maldita noche cuando Archie se cruzó en nuestros caminos y aquel amor puro que sentías por mí se perdió. ¿Y todo para qué? El niño no es hijo mío. Dios todo era una farsa para quedarse con mi dinero.

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Tragó seco y meneó su cabeza disgustado con el mismo. Este no era momento para quejarse o culparse, era momento para evidenciar sus trampas. Afortunadamente la fortuna de los Andrew estaba a salvo por las cláusulas impuestas en el contrato prematrimonial, pero comprobar que esa criatura no era hijo de él, no sería una tarea fácil. Un breve toquido lo alertó, dirigió una mirada fría a la puerta e inmediatamente le ordenó que entrara. Un preocupado George entró en silencio a la amplia biblioteca, temía encontrar un derrotado William, pero se tranquilizó al verlo altivo y listo para enfrentar su destino.

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— ¿Hiciste lo que te ordene? —, preguntó aparentando una calma que estaba muy lejos de tener.

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— Todo esta como tú lo ordenaste, y ellos están afuera esperándonos —, le dio un sobre, el cual fue inspeccionado de inmediato por el rubio patriarca. Después de revisarlo y aprobarlo con un leve movimiento se acercó a su caja fuerte y sacó otro sobre que necesitaba para su plan.

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— Listo, ha llegado la hora de terminar esta farsa —, ordenó con claridad mientras caminaba hacia la salida, su mano derecha lo siguió con semblante serio, lo que venía cambiaría el destino de William. Sabía que Elroy pondría el grito en el cielo, pero era la decisión final de él y nada podía hacer para evitarlo.

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Ajenos a la tormenta que se avecinaba, en la alcoba matrimonial Diane daba rienda suelta a la pasión malsana que sentía por su amante. Tenían días que no se veían debido a excesivo trabajo del joven, así que esa tarde se amarían hasta el amanecer. No temían ser descubiertos, la falta de interés de su marido hacia ella facilitaba su adulterio.

Sorpresivamente, la puerta se abrió de golpe y un mar de personas entraron al lugar. Unos aturdidos amantes trataron torpemente de cubrirse, pero era demasiado tarde, los habían descubierto. Su desnudes y engañó fueron captados por los intrusos y diferentes fotos que tomaron diferentes ángulos de la escena protagonizada por los amantes. Diane estaba espantada, su joven amante solo atinó a abrazarla y tratar de cubrir su torso desnudo con la sabana. De pronto le pareció reconocer una cabellera rubia detrás del mundo de gente que los miraba con repulsión y sorpresa; angustiada lo miró pasar en medio de ellos. Con terror confirmó sus sospechas, la alta figura era Albert, su esposo quien tenía la mirada cargada de odio hacia ella. Ella atemorizada se llevó la mano a la boca tratando de ahogar un grito de horror. La varonil y potente voz del patriarca del clan silenció todo ruido de inmediato.

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— Quiero el divorcio de inmediato, y te juro por mi honor que no tendrás nada de mí. Te quiero fuera de mi vida en este momento. —, los ojos de él eran dos dagas plagadas de desprecio, se dio la media vuelta para salir de ahí de inmediato, sentía asco. Ella al principio no supo que decir, pero el repentino movimiento de su bebé en su a su abultado vientre le dio una idea para salir airosa del problema. Albert iba saliendo cuando ella gritó desesperada.

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— Nooo, nuestro hijo, tú no puedes dejarlo, el bebé te…

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— No, "querida esposa" es tu hijo y el de este hombre —, le gritó con rabia desde la puerta; se dio la vuelta y caminó hacia enfurecido, George trató de detenerlo, pero Albert lo ignoró, estaba harto de ella.

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Diane asustada buscó protección con su amante abrazándolo, este la arropó en sus brazos ante la mirada cargada de ira del engañado esposo. En dos zancadas estuvo ante ellos, sus ojos celestes destellaban chispas de odio hacia ellos, fue hasta ese momento que finalmente pudo ver la cara del amante de su esposa, cuando entró no se dignó ni siquiera a mirarlo, fue en ese instante que lo reconoció. Era John Lachner, el ayudante de un abogado de la familia de Diane. Él era un humilde guapo abogado de ojos y cabello negros. Sintió indignación, este infeliz siempre lo había saludado de una manera cortés y servicial infinidad de veces. ¿Cómo se ha de haber burlado de él todo este tiempo? Había sido un grandísimo estúpido, todos estos meses lo engañaron, ¿se preguntó si los padres de ella también eran parte de la mentira? Lo miró con absoluto desprecio, John avergonzado bajo la mirada, él amaba a Diane y por ella había cometido muchas locuras. A pesar de estar asustada por escándalo que podría provocar su adulterio, lo que la tenía más aterrorizada era la idea de perderlo todo. Tenía que jugar todas sus cartas para salvarse y convencerlo que era su hijo, sino sería su fin. Se separó de su amante y le gritó desesperada.

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— ¡No! El bebé es tuyo, tuyo...te lo juro por su vida, yo… —, tenía que seguir mintiendo hasta el final, esa era su única solución. Los Andrew temían al escándalo, esa sería su salvación. Albert quien seguía mirándola con odio y desprecio, le gritó furioso.

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— Cállate mentirosa, no jures en vano, mucho menos con la vida de tu hijo. Yo mismo te escuché, así que no te atrevas a negarlo, pero si quieres que esto salga a la luz pública, adelante sigue con tus mentiras. Se harán investigaciones para descubrir si tu bebé es mío o de este hombre —, señaló con desprecio a John Lachner, Diane se puso las manos en su boca, estaba completamente asustada. Lo único que le quedaba era seguir mintiendo. Era su palabra contra la de él; además John lo negaría. Sí, John lo negaría.

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— No puedes, el bebé es tuyo —, Albert sonrió con ironía y le dijo con burla.

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— Veremos.

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Se dio la media vuelta, y se dirigió a la salida airoso porque él sabía que tenía el triunfo en sus manos, abrió la puerta con decisión, pero antes de salir le gritó furioso.

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— Te aconsejo que pienses muy bien las mentiras que vas a decir porque no solo tú vas a perder todo, también tu familia lo hará. George se encargará de explicarte todo. Hasta nunca.

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Salió dando un portazo de ese cuarto que lo asfixiaba, adentro se quedaba George, el abogado, los detectives y otras personas que serían los testigos de la infidelidad de Diane

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La cara de una preciosa rubia de verde mirada vino nuevamente a su mente, el recuerdo de ella era lo único que lo mantenía en pie. Bajó rápidamente los escalones ante la mirada discreta de varios empleados, con paso firme se dirigió al mayordomo con más antigüedad que aun conservaban en la mansión.

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— ¿Está listo mi automóvil? —, preguntó fríamente, estaba decepcionado de todos sus empleados, ya se encargaría de lidiar con ellos después. Por lo pronto quería salir y respirar aire puro, sentía que se estaba ahogando.

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— Sí señor —, contestó tímidamente sin mirarlo a los ojos, finalmente todo se había descubierto. Albert salió caminando tranquilo hacia su automóvil, necesitaba alejarse de ese infierno, aunque fuera por unos momentos.

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Mientras el joven patriarca se alejaba de ese lugar, George tranquilo seguía al pie de la letra todas sus instrucciones. Con una señal indicó a los empleados que lo dejaran solo, los detectives habían tomado varias fotos, y los abogados había tomado nota de todo lo que se había encontrado en la habitación. Al quedarse solo, confrontó a la pareja quien seguía en la cama, ambos lo miraban asustados.

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— Señora Diane, tengo órdenes estrictas de escoltarla fuera de la mansión en veinte minutos, sus cosas serán enviadas al domicilio de sus padres.

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— ¿Queeé? —, preguntó horrorizada. Se llevó las manos a su despeinado cabello. Su amante cubrió su desnudez, él no se atrevió a mirar a Johnson, solo quería marcharse y llevarse a su mujer. Ella lo había perdido todo, y tenía que entenderlo. Respiró profundo, siempre supo que algo así pasaría, pero su amor desmedido por ella lo cegó.

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George la miró fijamente y sin inmutarse, serenamente continuó su dialogo.

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— Que tiene veinte minutos para abandonar la residencia del señor Andrew —, repitió calmadamente. — Tiene dos opciones, firmar la demanda de divorcio en este momento o pelear. Aquí tiene los papeles para que los lea y los firme. Le aclaro que no tiene derecho a ninguno de los bienes del señor Andrew.

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Fuera de sí le arrebató el papel y lo rompió en mil pedazos mientras le gritaba enfurecida.

— ¿Qué? Esta usted equivocado, por supuesto que voy a pelear. No pienso darle el divorcio ni hoy ni nunca. Su hijo y yo no dejaremos que nos eche de nuestra casa. Como su esposa, yo tengo el derecho a la mitad de su fortuna.

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Este movió su cabeza burlón, tenía un as en la manga y era el momento preciso para usarlo. Con absoluta calma, George volvió a sacar un nuevo papel de su portafolio.

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— Como sabía que haría eso, aquí en esta mesa le dejo un nuevo papel, y le aconsejo que antes de romperlo lo piense dos veces. Existe un contrato prematrimonial que invalidada sus exigencias. En esos papeles se encuentra una copia de ese contrato donde se indica las consecuencias de lo que pasaría si el bebé no es del señor Andrew, sino el producto de su relación clandestina con el Sr. Lachner. No sé si su padre le informó de las cláusulas del contrato.

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— Co…contrato —, contestó tartamudéate.

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— Así es señora, le recomiendo que lo lea y en caso de que no lo entienda, tal vez el abogado Lachner le pueda explicar su contenido después de analizarlo. Quiero dejarle claro señora que, si se niega a darle el divorcio, las fotos que fueron hoy tomadas se publicaran en todos los periódicos del país.

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Diane, ahogó un grito de susto, esto no podía estar sucediendo. No, solo estaba tratando de asustarla así que no se iba a dejar amedrentar por un empleaducho muerto de hambre.

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— Pierde su tiempo, yo soy la esposa de William Andrew, el patriarca del clan Andrew. Un escándalo así perjudicaría su título, el clan nunca permitiría un escándalo así que…

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— Siento interrumpirla señora, pero el Señor Andrew no le importa el escándalo, y el patriarcado será para el Señor Cornwell Andrew, así que el clan no tiene ningún poder en los asuntos maritales del señor Andrew.

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— No, no, eso no es verdad, él es el patriarca…eso es una mentira.

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— Temo contradecirla señora, hoy el señor William renunció a su puesto y ese puesto es para su sobrino el señor Cornwell Andrew.

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Ella movió la cabeza molesta, eso no le podía estar ocurriendo, no, no.

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— Además quiero informarle que, si se niega, su familia será expulsada de todos los negocios con la familia. En este momento su familia ha perdido dos de los negocios que tenía con ellos, es decir el treinta por ciento, el otro setenta por ciento se perderá si usted se niega a firmar. Está por demás decirle que en cuanto se conozca su engaño por el periódico, su padre perderá el resto de sus negocios con otras compañías. Las amistades del clan Andrew no perdonaran la burla hecha a el señor William.

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— Pero usted dice que él ya no es el patriarca, él no...

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— Siento informarle que esas órdenes las hizo antes de renunciar a su título, y el señor Cornwell Andrew con gusto aplicará todas las ordenes hechas por su tío, especialmente cuando se le informe lo que usted le acaba de hacer a su tío. Le aseguro que él no le perdonará haber enlodado el nombre de la familia. ¡Ah! Se me olvidaba, en caso de cooperar con la firma del divorcio, el señor Andrew la dejara quedarse un tiempo en una de las suites Andrew mientras decide qué hacer con su vida. Le aconsejo que firme en este momento y evite un escándalo mayor que no solo la perjudicara a usted sino a sus padres. Los dejo para que se alisten. Le vuelvo a recordar que no tiene que preocuparse por sus cosas, estas serán empacadas y enviadas a la casa de su padre. Como se lo expliqué anteriormente, tienen veinte minutos para abandonar la mansión, en caso de negarse, me veré en la penosa necesidad de sacarlos a la fuerza. Con su permiso.

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Dio la media vuelta y embozando una risa de triunfo abandonó la recamara, al igual que William, él también sentía nauseas con la presencia de la pareja. Diane y John se miraron a los ojos, ella lloraba mares, se sentía pérdida, él se levantó y empezó a vestirse en absoluto silencio ante la mirada asombrada de ella.

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— ¿Qué estás haciendo? —, preguntó furiosa.

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Él la miró sorprendido ante su absurda pregunta, contestó irónico mientras se ponía los zapatos.

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— ¿Tú qué crees?, estoy haciendo lo que nos dijeron, nos dieron veinte minutos para marcharnos, se acabó Diane, nos descubrieron.

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Ella lo miraba atónita, no podía creer que se rendía tan fácil. Tenían que pelear, ella no se iba a marchar con las manos vacías

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— ¿Estás loco? Esta es mi casa, ni muerta me sacaran de ella —, le gritó al mismo tiempo que le aventó un cojín y un tarro de crema de su mesa de noche. Él se agachó para evitar que lo golpeará, después se acercó a la mesa donde George dejará los papeles y comenzó a leer el contrato prematrimonial en silencio. Ante su falta de atención, ella se dejó caer a la cama descompuesta, llorando, aun no salía de su sorpresa, planeo todo desde un principio. Todo funcionaba perfectamente, ¿qué fue lo que hizo mal? ¿Cómo fue que la descubrió? No podía ser, esto no le podía estar pasando a ella. No, Albert no tenía el poder para correrla, ella no le daría el divorcio, sería su esposa para siempre. Todo lo que le dijo su empleadillo eran puras mentiras para amedrentarla.

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John muy serio se acercó a Diane al terminar de leer las cláusulas, su mirada estaba llena de preocupación, se sentó a su lado y le acarició la cara.

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— Diane, tenemos que irnos, el contrato prematrimonial existe, el señor Jonson no estaba mintiendo, todo lo que te dijo es verdad.

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— ¿Queé dices? — preguntó asustada mientras se levantaba con dificultad.

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— Que te vayas olvidando de la fortuna de los Andrew, existe una cláusula especial…que…

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— ¿De qué hablas? Eso es mentira, yo no firme ningún contrato. No sé de qué hablas, eso no puede ser…

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Él la miró con tristeza y lastima, todo estaba perdido para ella. Sorprendido por la ignorancia de su amante ante ese papel tan importante, la cuestionó.

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— Querida aquí esta una copia de tu acta de matrimonio y tu firma está en el contrato prematrimonial. ¿Qué acaso no leíste el acta antes de casarte?

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— No, yo no sabía nada, nunca me dijeron nada —, le gritó histérica, comenzó a llorar desconsolada. Él la quiso consolar, pero lo rechazó una vez más, con dificultad se levantó reusando la ayuda de su amante. Buscó desesperada entre la cama revuelta su bata blanca de seda para ponérsela. Fuera de sí caminaba descalza de un lado a otro gritando…

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— Mi padre no me dijo nada, ellos mienten, mienten.

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El fuerte sonido de la puerta interrumpió su airado monologó, George entró a la habitación inmediatamente después de tocar sin darles tiempo de reaccionar

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— Lo siento, pero ya es hora, tienen que marcharse. Por favor, no hagan más penoso esto. Tiene 24 horas para decidir lo del divorcio, yo la visitaré mañana en su suite para saber su decisión —, comentó sin ninguna emoción.

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Ella abrió los ojos desesperada, apenas unas horas atrás, ella estaba gozando las mieles de su amor con su amante y ahora… ¿había perdido todo? No, no lo permitiría.

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Furiosa lo encaró.

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— ¿Dónde está mi esposo? Exijo hablar con él antes de tomar una decisión final.

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— El señor Andrew no esta este momento en la mansión, además él no la quiere ver, así que pierde su tiempo, él me…

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— ¿Qué acaso esta sordo? Exijo ver a William Albert Andrew, en este momento —, lo interrumpió histérica mientras se llevaba sus manos a la cabeza.

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— Usted no lo puede ver a él, su divorcio será tratado solamente conmigo, cualquier pregunta que tenga será discutida conmigo —, le contestó molesto

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Ella lo fulminó con la mirada, y furiosa lo cacheteó con todas sus fuerzas, el elegante hombre sorprendido se llevó su mano a la mejilla. Sin que George y su amante pudieran hacer nada, ella salió histérica de la habitación gritando por Albert. Ambos salieron tras de ella.

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— Albert, ¿Dónde estás? Necesito hablar contigo, no te escondas —, gritaba mientras abría cada una de las habitaciones buscándolo completamente fuera de sí, caminaba descalza con dificultad de un lado a otro. Su abultado vientre le impedía hacerlo con más rapidez. Ellos la siguieron en silencio, al darse cuenta de que no estaba en ninguna de las recámaras, decidió buscarlo en la biblioteca. Tuvo un leve mareo y se detuvo un momento en la pared, John se acercó, pero ella lo hizo a un lado. En ese momento a la última persona que quería a su lado era a su amante. Con mucha dificultad llegó a las escaleras y comenzó a bajarlas completamente exaltada, John trató de detenerla, temía por ella y su hijo.

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Un agudo dolor la ataco, él la seguía de cerca

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— Diane, por favor detente, estas muy alterada, déjame ayudarte.

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Ella en ese momento no escuchaba a nadie, lo único que tenía en la mente era convencer a su marido y para eso tenía que encontrarlo, ignorándolo, siguió bajando cada escalón con muchísima dificultad sujetando el barandal de la elegante escalera de madera. Ante su aparente negativa, él decidió seguirla en silencio para auxiliarla en caso de que lo necesitara. Su mirada estaba cargada de preocupación, ella estaba como poseída no entendía razones y él ya no quería seguir molestándola, lo único que quería era prevenir una tragedia.

La escena era observada atentamente por George desde arriba de las escaleras y por los detectives y abogados que esperaban su descenso disimuladamente cerca de la escalera. Ella se detuvo a mitad del camino, se apoyó sobre el barandal de las escaleras, sentía que le faltaba el aire, sudaba copiosamente, su respiración era muy agitada. El joven abogado ya no sabía que decirle para tratar de calmarla, el color de la cara de la joven iba desapareciendo.

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— Por amor de Dios, Diane hazme caso, necesitas calmarte. Le puede hacer daño al niño —, musitó cariñosamente a su lado mientras tocaba su hombro, iracunda lo rechazó por enésima vez y mirándolo con resentimiento, le gritó a los cuatro vientos.

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— Quítate, no te necesito, no necesito a nadie —, de pronto un dolor agudo la dobló de dolor haciéndola apoyarse en uno de los barandales. —¡Ay! —, se quejó gravemente. Por enésima vez, su amante trató de auxiliarla, George preocupado ante el escándalo, con cautela trató de acercarse a la pareja.

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— ¿Qué te pasa? —, preguntó espantado.

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— Me duele mucho…creo, creo que ya va a nacer.

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— Pero…todavía faltan dos semanas —, gritó espantado. George abrió los ojos por la sorpresa al escucharlos, eso si no se lo esperaba, William tenía que saberlo.

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— ¡Ay! —, gritó con más fuerza.

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— Ven amor, déjame ayudarte para llevarte al doc…

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— No, tú tienes toda la culpa de lo que me pasa, no te necesito —, gritó desgarradoramente mientras lloraba desconsolada.

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— Diane.

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— Quítate —, sin medir las consecuencias lo empujó con todas sus fuerzas, haciéndolo casi trastabillar ante la mirada sorprendida de todos los presentes. Espantada ante lo hecho, quiso bajar rápidamente las escaleras, pero en su carrera se enredó con lo largo de su bata y ante los aterrados ojos de George, los abogados, los detectives y el padre de sus hijos, Diane cayó aparatosamente el resto de los escalones. Su cuerpo se estrelló fuertemente contra el duro piso de mármol. Nada pudieron hacer para evitarlo.

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— Noooo, Dianeeee —, un alarido desgarrador se escuchó en toda la mansión.

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Un charco de sangre comenzó a agrandarse bajo el cuerpo de joven embarazada quien yacía inerte sobre la dura superficie, un hilo de sangre escurría de su boca. El joven padre llegó de inmediato a su lado, llorando abrazó desesperado el cuerpo lleno de sangre. Desgarrado por el dolor y la angustia pedía ayuda, no quería perderlos. Llamadas de auxilio se hicieron de inmediato, la vida de dos personas corría peligro.

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Continuará.

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Les invito a leer mis otras historias:

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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en FanFiction, un Anthonyfic.

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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos escrita para celebrar su cumpleaños.

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"La Carta." En un Archiefic escrita para celebrar su cumpleaños.

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"Cuando te Conocí" – Mini Shot – Albertfic

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"Cabalgata a Medianoche" – Mini Shot – Anthonyfic

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"Siempre A Tu Lado" – Mini Shot – Archiefic

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"Reencuentro Accidentado" – Mini Shot – Terryfic

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Agradecimientos

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Gracias a todas las personas por su apoyo, mensajes y tiempo.

Primeramente, les pido disculpas por el largo atraso que he tenido esta vez, que puedo decir. La verdad es que, sí yo sé, no tengo ninguna disculpa, pero espero comprendan a una servidora y continúen apoyándome. No sé ni cómo empezar, pero la verdad es que me pasaron muchas cosas estas semanas. Principalmente, no estaba inspirada y lo que escribía no me convencía. Lo que escribía lo borraba y volvía hacerlo una y otra vez, es más espero que lo que les he presentado en este capítulo les haya gustado. Además, tengo una familia adorada que necesita mi apoyo y toda mi atención. Saben las escuelas hoy en día dejan mucha tarea, y pues hay que apoyar a los hijos y eso trato de hacer con mi nena, apoyarla en lo que más puedo, ella acaba de salir de vacaciones y pues sus finales la traían asoleada. Para rematar con broche de oro, tengo problemas de salud que también me hacen la vida imposible, así que la vida de esta servidora no es de color de rosa, es de un color tirando a morado y en ocasiones a negro cuando todo está mal. ¡Ah!, se me olvidaba mencionarles otra cosa muy importante, soy lenta para escribir. Cuando escribo, yo trato de proyectar las escenas y nada, me cuesta transmitir emociones. Hay personas muy brillantes que lo hacen rapidísimo, esta servidora pues no, yo no tengo ese talento. Yo soy lenta y nada mis musas son lentas como una tortuga y aparte son de las que les gusta escribir, borrar y reescribir. Luego editar es toma mucho tiempo.

Espero que disfruten el capítulo. Por favor no se enojen por lo que pasa en el capítulo por favor es solo una historia, una simple historia. Todo es parte del argumento y todo tiene un propósito para lo que sucederá en la historia. Un saludo y abraso a todas. Nuevamente disculpas por el atraso, espero que lo largo del capítulo disculpe mi tardanza 😊😊😊😊

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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Mil disculpas a todas las que me dejaron mensajes y no pude contestarles esta vez, fue por falta de tiempo, pero ya saben que las estimo y les agradezco todo ese apoyo que me regalan. Muchas gracias Maravilla 121 por leer mi borrador, como siempre amiga mía tu ayuda es invaluable, Serenitymoon20, amiga espero que sigas recuperándote de tu accidente, Val amiga mía felicidades por tu logro académico y mi querida Luz como siempre gracias por ayudarme a corregir mis errores gramaticales, me ayudas muchísimo, te lo agradezco, Malinalli Coy tus palabras me animaron muchísimo, gracias por todo querida amiga. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa.

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Quiero también mandar un saludo especial a todas las chicas de Guatemala, siento mucho lo que están pasando en su país, animo. También quiero mandar mis más sinceras felicitaciones a todas las chicas por los triunfos de sus países en la Copa Mundial.

Un abrazo a todas y gracias por su paciencia. 😊😊😊😊

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Maravilla121

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Gracias por su atención

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