Nota del autor: ¡Muy buenas a todos y todas! ¿Cómo os están yendo las festividades? Espero que os encontréis a gusto como yo. Ya os conté que, dado que tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, también he tenido que estudiar un tanto. Incluso hoy, a las vísperas de Año Nuevo, estoy con los apuntes casi como un desquiciado...

¡Pero como os prometí, aquí vengo con otro capítulo más! Podréis considerarlo mi regalo por adelantado en vistas a este nuevo año.

Sin más dilación, vamos con la historia. *Se frota las manos* Mientras tanto voy a vestirme para esta gran noche...


- CAPÍTULO 22: ANAGRAMA -

Aquello tenía que ser una broma.

Por un momento pensaba que todo era una ilusión si no fuera por los continuos codazos que recibía por todos lados. La gente a su alrededor, en su mayoría hombres que sufrían la crisis de los cuarenta, levantaban los brazos en un gesto de ovación. Si elevaban aquel vocerío unos cuantos decibelios más sus tímpanos acabarían siendo destrozados. A Emil le incomodaba la oscuridad en la que se encontraba, ya que todos los focos de la gran estancia se centraban en el cuadrilátero de suelo color rojo furioso. En él, dos hombres vestidos de lucha libre se encontraban en un abrazo del que solamente uno saldría victorioso. El que parecía ser más pequeño iba con una máscara plateada, del mismo color que su malla de tirantes. Podía ver cómo apretaba los dientes en un gesto de impotencia y extenuación. El otro, sin embargo, sonreía de oreja a oreja. Parecía demostrar al público lo imbatible que era con aquellos ojos azules tan intensos. A fin de cuentas, él era el actual campeón en aquellos torneos de lucha libre clandestinos que tenían lugar en el "Hit Pit Gym"

—Te lo digo yo —Le gritaba un hombre a otro por encima de la multitud— Cien pavos a que "Sir Nor" le derrota con una de sus técnicas en dos minutos.

—Hecho —Respondió tras un fugaz pero efusivo apretón de manos.

Se sentía fuertemente incómodo, y no sólo por la multitud: en aquel lugar no pegaba ni con cola.

—¿Te incomoda este lugar? Siempre puedes volver a casa y olvidarte de todo esto…

El joven volvió la vista a la chica. Por un lado quería responder que no. Por otro quería irse de allí y olvidarse de todo aquello. Cada vez se sentía más agobiado, y el olor a humanidad, tabaco y alcohol era realmente exasperante. Hubo un momento en el que sintió náuseas.

—No. No puedo echarme atrás. Ya no.

"Si no fuera porque estás aquí me habría ido corriendo" le habría confesado, pero L tampoco le inspiraba confianza. Representaba la única opción que le quedaba para poder averiguar la relación de su padre con aquel atentado terrorista. Le daba la impresión de que podría inmiscuirse dentro de su mente si quisiera: esos ojos tan profundos, y aquel colgante que parecía absorber la luz que le rodeaba...


Miraba el gran gimnasio que se erigía frente a su figura. La calle estaba prácticamente desierta, salvo algún coche solitario, de cristales pintados, que se paraba delante de alguna prostituta que se apoyaba de manera provocativa en la primera esquina que encontraba. Se bajó un poco más la capucha de su sudadera, intentando ocultar lo mayormente posible sus facciones.

"Ni se te ocurra ir mostrando la cara. Con tan sólo verte un skinhead te rajaría de arriba abajo" Le aconsejó la chica misteriosa, antes de despedirse en aquel encuentro en Battery Park.

—¡Eh! —Le saludó alguien a su lado.

Volvió a la realidad y dirigió su atención a la persona que le dirigía una mirada neutra. Llevaba el pelo recogido en una gorra azul marino. Las curvas que delataban su feminidad estaban embutidas en unos pantalones negros y cortos, de los que salían unos tirantes que rodeaban sus hombros. En aquellos momentos llevaba una camiseta blanca y unas medias color carne. Unas botas militares completaban el cuadro.

—Sigues sorprendiéndome. Pensé que después de estos tres días cambiarías de opinión.

Habían tenido que esperar el momento oportuno, en el que el siguiente gran combate iba a acontecer en un lugar alejado de la mano de Dios como lo era el "Hit Pit Gym". Tuvo que comprobar su dirección en internet, en la habitación de su casa. Convencer a sus padres de salir otra noche le pareció aún más difícil. Aquella tarde habían salido las calificaciones del examen de Anatomía, y había aprobado con un cinco raspado.

—Deberías de estudiar más, hijo. —Le reprendió Harold— Ya no estamos en secundaria, y precisamente uno no se mantiene en una universidad prestigiosa con estas notas.

Normalmente escuchaba a su padre, pero en aquella ocasión las palabras entraron por un oído y salieron por el otro. Intentaba con todas sus fuerzas no mirarle con aquellos ojos que llevaban impresos la palabra "mentiroso".

Charlotte fue más concesiva. Cuando su padre fue a atender unos asuntos ("La señora Foxway, la secretaria de Stockman, me tiene un tanto atareado con cierto papeleo"), fue a visitarle a su habitación mientras se vestía para salir a la calle.

—Tienes que perdonar el enfado Harold, Emil.— Le susurró en un tono bajo. Se aceró a él y le puso una mano en el hombro. Su hijo miró hacia otro lado, mordiéndose el labio inferior. La mujer captó aquel gesto y añadió— Simplemente quiere lo mejor para ti, para todos nosotros. Siempre lo ha hecho —En circunstancias normales se habría fijado en que volvía a tener aquel humor melancólico.

"¿A qué precio?" Quiso preguntarle, pero se calló. Su padre había tratado con un delincuente ¡Con "Dogpound", ni más ni menos! Y lo peor de todo era aquel atentado de por medio…

—¿En serio crees que está aquí? —Preguntó a la chica misteriosa. No podía distraerse con detalles nimios. Aquella noche iba a obtener las respuestas que buscaba, sí o sí.

La chica rió de manera sarcástica, considerando que aquello era suficiente respuesta. Fue en aquel momento cuando se fijó en un hombre de pelo negro y largo que lo miraba en la lejanía, apoyado en la pared mientras fumaba un cigarro. A su memoria le vino cierto guardia de seguridad de la Universidad de Columbia. Tomó nota de su nombre, pero en aquellos momentos lo había olvidado.

La chica comenzó a andar a paso firme hacia los porteros de la entrada. Uno de ellos se interpuso entre ella y la puerta, impidiendo el paso.

—Este no es lugar para niñitas como tú. —Le espetó en un inglés de acento extranjero.

Soltó un resoplido, como si el portero fuera el verdadero ignorante de la situación.

—Soy una niñita, pero una niñita con amigos. Unos amigos que no les haría gracia que no me dejarais entrar. Puedes decirme que no, puedes pegarme, incluso violarme, aunque no creo que seas lo suficientemente hombre. De hecho, no creo que seas ni la mitad de hombre que tu madre. —Replicó con aquel tono frío y críptico, que ya la hacían tan suya.

Por un momento el portero se quedó sorprendido. Bajó los brazos y dio un paso atrás, apartándose del camino.

—Espera, yo a ti te conozco. Eres L ¿No?— La chica asintió, con la cabeza bien alta —¿No pertenecías a ese grupo…?— Empezó a murmurar, pero antes de que Emil pudiera saber a lo que se refería le cogió de la mano y se lo llevó al pasillo de la entrada, que contrastaba inmediatamente por la oscuridad que los envolvieron.

—Ni se te ocurra preguntarme nada de esto. Si lo haces, juro que te destripo aquí mismo. —Respondió, sin mirar, mientras seguía tirando de él.

"¿En qué me estoy metiendo?" Se preguntó, sintiendo que respiraba más rápido y su corazón parecía querer salir de su caja torácica. Por primera vez desde aquel encuentro con aquel hombre llamado Xever y su banda, sintió en su piel perlada de sudor frío la certeza implícita del miedo.


Una parte de sí mismo no se sorprendió cuando L le explicó que Chris Bradford se encontraba ahora mismo delante de ellos, como actual campeón de lucha libre bajo el nombre de "Sir Nor". Tenía el pelo más largo, estaba más musculado y dejaba que una espesa barba castaña cubriera su rostro. Pero aquellos ojos azules eran suficiente señal delatora.

—¿Por qué "Sir Nor"? —Aquello escapaba a su comprensión.

—Un anagrama. —Explicó L, como si aquello fuera obvio —En su época de delincuencia unos fanáticos compararon su apariencia con la de Chuck Norris. Al parecer el señor Bradford era consciente de la existencia de aquel mote y decidió emplearlo a su favor. "Sir Nor" no es una mala manera para llamar a un luchador: Le da cierto toque de elegancia y misterio, aunque parezca lo contrario ¿Verdad?— Cuestionó, levantando la barbilla. Emil miró el ring, donde Chris Bradford ya era declarado una vez más como campeón del combate. El perdedor, echando sangre por la boca, fue ayudado por dos hombres a bajar del cuadrilátero y se perdió entre la multitud que lo abucheaba.

"¿Y cómo demonios te has enterado de eso?" Tenía tentación de preguntarle, pero sentía que la perdería definitivamente si lo hacía. Además, desde que le dijo que era una simple intermediaria, su verdadera preocupación era "él", el que la enviaba.

"Por un lado está "él" de esta chica, "él" del difunto amigo de mi padre y la otra tumba, y eso sin contar a "la mujer"" Era desalentador pensar en la cantidad de interrogantes que se presentaban, y aún así era lo suficientemente curioso y cabezón para continuar.

"Sir Nor" Empezó a levantar el puño hacia la multitud a tiempo que gritaba a pleno pulmón. La gente se levantó de sus asientos y vitoreó al ganador.

—¿Y ahora qué? —Preguntó Emil.

—Esperar. —Respondió escuetamente— Nuestro amigo es el dueño de este lugar. Dentro de quince minutos le dirá a la multitud que se retire al bar adjunto y él se tomará una copa en su despacho particular, allí.— Le señaló una habitación superior, de amplios ventanales. Eran accesibles por unas escaleras que se encontraban en la esquina del gran estadio.

Efectivamente, al poco rato la gente fue despejando el lugar. Todos se dirigían al mismo punto, una doble puerta que se abría por los sentidos. Emil juró entrever escuetamente un aire cargado de humo y barras de baile, todo cargado de luces rosa fosforito.

Chris subió las escaleras con paso resuelto y entró en su cabina. Al poco se encendieron las luces y unas cortinas cubrieron el ventanal de su habitación. No obstante, su silueta era visible, una silueta que se sentaba en un sillón y ahí se quedaba. Parecía como si verdaderamente le estuviera esperando.

—Ve. —Le instó la chica, empujándole— Si te quedas ahí quieto esto habrá servido para nada.

"Es cierto" Pensó "Tengo que saber qué tuvo que ver con mi padre". Él conocía a Harold, y si se atrevía a contarle todo por lo que había pasado, además de enfadarse no haría más que contarle mentiras. Siempre había sido alguien elegante, educado, de buenas maneras. Aquello no era más que un signo que bien podría significar una ocultación de verdaderas apariencias.

Miró por última vez a L, que sacudió la cabeza. Emil entendió entonces que a partir de ahí sus caminos se separaban.

—Tengo cosas que hacer. —Se despidió— Habla con él y saca las conclusiones que necesites. Cuando respondas al mensaje, otro intermediario continuará este juego de respuestas.

Y sin decir más comenzó a andar a paso ligero hacia la salida. Emil querría haberle soltado algo, pero entendió que verdaderamente no tenía motivos para desearle nada a aquella chica. Desde la primera vez que la vio nunca le inspiró algún tipo de afecto.

"¿Alguna vez nos volveremos a ver?" Pensó antes de ser consciente en la situación en la que se encontraba. Miró arriba, hacia la cabina del siguiente paso en su camino. Tragó saliva a tiempo que empezaba a caminar.

Cada paso que dio hasta situarse frente a los porteros de la puerta del despacho-habitación de Chris Bradford le parecieron un sueño: Pesados, lentos, ajenos a lo que ocurría a su alrededor ¿Había alguien observándole? ¿Quizá L, en la lejanía? ¿O aquel hombre de pelo negro de cuyo nombre se había olvidado?

—Alto. —Repuso uno de los hombres fornidos que, de brazos cruzados, protegían la puerta de metal grueso.

—Quiero hablar con "Sir Nor". —Habló con el corazón en un puño. Intentó agravar algo su voz para parecer más mayor, pero no sonó muy convincente.

—No espera visitas. —Volvió a replicar, ladeando la cabeza— ¿Sabes dónde está la salida o quieres que te la muestre?-

—Quizá quiera que le muestres otra cosa. —Bromeó el otro hombre, que era de piel negra, pero más bajo y curtido— Últimamente hay mucho trave…

—Quiero hablar con Chris Bradford. —Interrumpió con un tono algo más desesperado. Recurrir a su nombre verdadero era la única carta que le restaba. No obstante, no sabía si la reacción que generaría en aquellos hombres era la deseada.

Se miraron, altamente confundidos, para volver a él su atención. Uno de ellos le miraba con el ceño fruncido mientras el otro daba dos toques a la puerta. Ésta se abrió un poco, dejándole pasar. Emil se quedó donde estaba, en silencio. El hecho de llevar la capucha le sirvió de mucho, ya que no mostraba que en vez de mirar directamente al fornido, como parecía ser, miraba al suelo totalmente nervioso.

El hombre de piel negra, que era el que había entrado, sacó su cabeza desde la puerta y le espetó.

—Dice que te vayas de aquí, que tienes suerte que esté de buen humor y no te destripe por atreverte a llamarle con ese nombre.

—Pues a mí sí me has tocado los cojones. Vamos afuera a divertirnos un rato…- Añadió el portero de piel blanca, acercándose amenazadoramente.

"No. No puede ser" Dirigió la vista fugazmente a la salida, pero allí no se encontraba L. Algunos de los hombres que asistieron al combate aún se encontraban en la sala, mirando hacia arriba, al follón que amenazaba con iniciarse. Pese a eso, ninguno parecía que fuera a ayudarle.

"Estoy totalmente sólo" Comprendió. Era un callejón sin salida. El hombre le cogió de los hombros fuertemente, amenazando con levantarle.

—¡Soy el hijo de Harold Corbett! —Gritó con todas las fuerzas que le quedaban, minadas por la compresión a la que estaban sometidos sus hombros.

Fue entonces cuando sus ojos establecieron contacto con el de su atacante. Unos ojos llorosos y otros llenos de ira. La presa y el depredador. Respiraba a duras penas, como un pajarillo herido...

Chris gritó algo desde el interior de la habitación. Emil no reconoció las palabras, pero instaron al portero negro a entrar, y a los pocos segundos volvió a salir.

—Puede pasar. Déjalo en paz, Silas.

El gorila que se hacía llamar Silas gruñó por lo bajo mientras soltaba a Emil, que cayó al suelo con los brazos doloridos. Como un animal sumiso pasó con la cabeza baja al lado de su figura, que lo miraba con ojos ávidos.

—Si te pillo… —Murmuró, aunque el joven no llegó a escuchar el final de la frase.

Intercambió una última mirada con el portero negro, que le respondió con indiferencia mientras volvía a su posición. Por dentro no pudo evitar respirar aliviado.

"Pero ha sido una pequeña batalla. La verdadera guerra por la verdad empieza ahora" No sabía nada sobre el verdadero Chris Bradford, ni si su relación con Harold había sido buena o no. A lo mejor le tenía resentimiento, a lo mejor quería vengarse por alguna otra mentira que su padre habría ocultado bajo su apariencia de señorito.

"O a lo mejor encontraré respuestas" Un rayo de esperanza iluminó su mente. Con algo más de decisión, levantó la cabeza y se dispuso a entrar en la luminosa habitación.


Al principio no dijo nada. Se encontraban sentados frente a frente, en sendos sillones grandes color verde neopreno. Una mesita de café acristalada de forma cuadrilátera los separaba. Se limitaba a observarle con aquellos ojos azul pálido. Podía ver cómo sus pupilas se movían de una manera sutil, analizando sus proporciones, su posible potencial en combate…. Una sonrisa fue dibujándose lentamente en su cara.

"No me considera una amenaza" Pensó Emil. No sabía si aquello era bueno o malo. Posiblemente eso último. Intentaba con todas sus fuerzas mantener el contacto visual, pero al minuto no pudo hacer más que bajar la mirada, en señal de sumisión. Era mucho más cómodo mirar la moqueta azul que embaldosaba la habitación.

En la mesita había una botella de cristal. Probablemente se trataría de alguna bebida alcohólica. Dos vasos la acompañaban, destinados a los dos bebedores. Un vaso estaba lleno. El otro, medio vacío.

—Francamente, no sé qué hacer contigo… —Comenzó a hablar Chris Bradford. Ahora llevaba una chaqueta azul y un gran colgante dorado. Los vaqueros ajustados marcaban sus piernas musculadas. Cogió el vaso medio vacío y tomó un trago— ¿No te gusta el vodka con caramelo? Pensé que le encantarían a maricas como a ti. A fin de cuentas, estoy hablando con el hijo de Harold —Aquellas últimas sabían a veneno para el paladar. "Le tiene resentimiento a mi padre" dedujo con facilidad. Algo de su mente tuvo que dejarse traslucir, porque el antiguo delincuente esbozó una media sonrisa— Mira, chico, no sé lo que quiere hablar Harold conmigo, pero lo pasado, pasado está. No quiero volver a tener nada que ver con él.

—No vengo en su nombre. He venido por mi propia voluntad.

Aquello sí sorprendió al señor Bradford, que echó la cabeza hacia atrás y enarcó una ceja.

—Vaya, vaya, vaya, déjame adivinar…- Se levantó y dio la vuelta al sillón, apoyándose en el respaldo. De aquella manera parecía un perro gigante que se iba a abalanzar sobre su presa— creo que tenemos aquí a cierto chiquillo malcriado que se ha enterado de cosas que no debería saber, y ha venido aquí a buscar respuestas. ¿O acaso Harold te ha contado todo desde el principio? ¿No crees que un don perfecto como él se hubiera visto envuelto en algún negocio oscuro? —Aunque se trataba de su habitación escupió a un lado, y por sus ojos cruzó una sombra de cólera— Ese hijo de puta cobarde…. Debería de haberle retorcido el pescuezo desde el principio

—En realidad nunca me habló de ti. —Respondió Emil, que presentía que si no frenaba aquel acceso de ira todo iba a ir de mal en peor.

Chris ladeó la cabeza mientras lo miraba, visiblemente pensativo. Algo no le cuadraba, por lo visto.

—¿Cómo es que me conoces entonces?— Preguntó en cierto tono cauteloso. Sus puños se crisparon en torno al respaldo. Aquello era un gesto que significaba "cuidado con lo que dices"

Si se paraba a pensarlo, no tenía ninguna razón de peso para justificar aquello. Hablarle de L le quitaría credibilidad, y contarle aquel juego de acertijos en el que se encontraba metido no era una posibilidad plausible.

"Tengo que jugar en su terreno" Reflexionó. Emil no era alguien violento, pero si explicaba las cosas con sinceridad ganaba cierta seguridad en sí mismo. Una seguridad que necesitaba.

—Me he enterado de que mi padre nos oculta cosas a la familia. —Frunció el ceño, dejando que el reproche le invadiera "En una charla de hombre a hombre pueden salir a la luz ciertas confidencias"— He investigado a sus espaldas y me encontré con dos tumbas sin nombre y un atentado de hace veinte años. La persona que ayudó al trámite del entierro me dijo que alguien con una descripción que correspondía a Harold las había hecho, pero mira por dónde, me he encontrado con que los datos personales que empleó eran los tuyos- Se inclinó hacia adelante. Continuó hablando de las conclusiones que había sacado, recapacitando sobre el caso— Poco después mi padre se fue de Nueva York, aunque ahora ha vuelto ¿Por qué iba él a conocer a alguien como tú?

El hombre que se hacía llamar "Sir Nor" empezó a reír de una manera tan socarrona que por un momento pensó que se lo había tomado de pitorreo.

—Por cómo hablas te pareces mucho a él. Se nota un huevo que te has criado bajo su mismo techo- No obstante, añadió- Has tenido los cojones de venir a mí, un antiguo terrorista retirado, buscando respuestas que a lo mejor no tengo ganas de dar ¿Verdad? —Emil palideció, apretando los puños. Chris no pareció darse cuenta de aquello, porque continuó hablando— Me caes bien, tienes agallas. Esa mirada… por un momento me has recordado a cierta persona, cierta persona que al menos tuvo un entierro digno.

El joven parpadeó, sorprendido "¿Entonces esta persona que murió era un amigo común de ambos?" Una pieza que parecía encajar en el puzzle.

—No habría permitido que hiciera aquel trámite con mis datos de no ser porque yo planeaba desaparecer después de lo que pasó. También el muy cabrón me hizo recordar la deuda que tenía con esta persona, e hicimos un trato: Él se arriesgaba a dar la cara, o lo que quedaba de ella, concederle a nuestro amigo un lugar donde descansar y yo le proporcionaba mis datos. Así, él podría huir tan contento. Nunca tuve las respuestas que quería… él era de los pocos amigos que tenía. Me rescató de la miseria, y me lo arrebataron. A lo mejor Harold era cómplice de esa zorra traidora. Apostaría mi polla a que pertenecía al Clan del Pie…

—Espera, espera— Emil sacudió la cabeza, perplejo. Era la primera vez que oía hablar de ese "Clan del Pie", y juntar "Harold" con "zorra traidora" le había confundido un tanto.

Chris le dirigió una mirada llena de indignación. Por un momento pareció que su expresión enrojecía de cólera.

—¿No te ha contado nada de nada? ¿En serio Harold ha sido tan cobarde?

Tras una pausa de dubitación, Emil volvió a asentir con gravedad. El hombre se sentó. Bebió de un trago lo que le quedaba del vodka con caramelo y se llenó otro vaso.

—Entonces empecemos por el principio. No sé todos los detalles, pero todo sea por mostrar que tu padre no es el santo que intenta dar a pensar que es— Ladeó la cabeza hacia Emil y preguntó —¿No sabes nada acerca del hombre de la tumba?

"Había dos tumbas" recordó Emil, pero en aquellos momentos no tenía más remedio que seguirle la corriente. Sacudió la cabeza.

—Si es así retomemos mi vida a cuando vine a Nueva York, la Gran Manzana. Huía de la justicia, y nadie me quería en ningún sitio. Habría acabado muerto en cualquier callejón de no ser por su misericordia. La misericordia de un hombre de honor, un hombre que seguía la filosofía de un arte llamado ninjutsu…

...de un hombre llamado Hamato Yoshi.


¡Boom!

Vaya manera de despedir el año ¿Verdad? ¡Como siempre, muchas gracias por leer! Os recuerdo que mi siguiente publicación oscilará entre el 6 y el 12 de Enero (todavía no estoy seguro, depende del tiempo que tenga para escribir). Asimismo, aviso que puede que en un tiempo empiece a editar los capítulos. Veréis, resulta ser que unos conocidos, con toda su gran labor como analistas, están proporcionándome algunas pautas de expresión y narración. Como bien podéis apreciar, no sólo tengo que retocar capítulos anteriores por estas razones, sino por el apartado técnico. Llevo mucho tiempo intentando descubrir cómo se escribía el guión largo y por fin le he pillado el truco (creo). No tengo mucha idea si la edición conllevará simplemente reemplazar los archivos de cada capítulo o directamente desplazarlos a modo de nueva publicación. Es probable que la próxima vez que os escriba tenga estas respuestas aclaradas, así que estad atentos :)

Sin nada más que añadir, tan sólo os deseo...

¡FELIZ 2014!

Pd: Dedico este capítulo a todas las amistades de la web que me han brindado sus maravillosas historias. Mejor dicho, va por ellas y por todas las personas que aún me quedan por conocer por aquí =)