Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D
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Durante una visita diplomática a Arendelle para tratar sobre su compromiso con la futura reina, Hans no puede evitar sentirse miserable. Hasta que un misterioso encuentro lo cambia todo…
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Día 28
Prompt: Adolescencia
Género: Romance
Palabras: 1000
Rating: K
Propuesta de: Rosalind Marie
Primer encuentro
Nadie había visto a la primogénita de los reyes de Arendelle en mucho tiempo. Las causas de su inesperada reclusión permanecían como un secreto absoluto incluso para sus propios súbditos, así como el motivo de que las puertas del palacio se hubieran cerrado de un día para otro. Cierto era que de tanto en tanto Sus Majestades se dejaban ver en algún que otro acto oficial, acompañados por la menor de sus hijas.
Pero de la futura reina no había ni rastro.
Tan insólita situación había originado los más espantosos rumores dentro del reino y más allá de sus fronteras, historias escabrosas que afirmaban que los soberanos estaban encubriendo la muerte de su hija, o algo mucho peor. A veces se decía que la niña padecía alguna enfermedad que le impedía salir a la luz del sol o la había deformado de manera irreversible. Otras, se aseguraba que sus huesos eran tan frágiles que el simple hecho de salir de la cama podría haberla matado.
Fuera cual fuera la naturaleza de la criatura, ninguna persona razonable estaba dispuesta a averiguarlo.
—Siéntate derecho, Hans —el príncipe reaccionó ante la severa orden de su padre y suspiró, recuperando la compostura.
Estaban aguardando a ser presentados en el Salón del Trono, delante del rey Adgar y la reina Idun. Arendelle y las Islas del Sur habían mantenido un estrecho lazo desde hacía años, mismo que se vería reforzado por el futuro matrimonio entre el menor de la estirpe sureña y la futura regente de su reino anfitrión.
Casi a lo largo de sus diecisiete años de vida, Hans había odiado su compromiso con aquella princesa a la que nunca había visto. Sus hermanos se burlaban de él y lo hostigaban sacando a relucir las patrañas que se decían acerca de ella, afirmando que dentro de nada estaría casado con un monstruo. Era de esperarse para el último de los trece, el "desafortunado".
Por un instante, el joven abrigó la esperanza de que aquella visita tratara la manera de romper el compromiso, pues últimamente había visto a su padre sumamente meditabundo. Sin embargo se decepcionó, tan pronto como hubo estrechado la mano del rey Adgar, y ambos hombres comenzaran a hablar de las ventajas que supondría acelerar el casamiento.
Después de todo, a él le quedaban pocos años para cumplir la mayoría de edad y la princesa estaría más que en condiciones de ser desposada.
Los tres días que habían transcurrido de su estancia habían sido insufribles. Todo se había tratado acerca de la dichosa boda, pero ni por equivocación habían visto a la hija mayor de Su Majestad. Ni siquiera su padre parecía demasiado sorprendido por dicha irregularidad.
Y luego estaba Anna, la odiosa hija menor, una niña insoportable y curiosa que no había parado de hacerle preguntas ni tratar de llamar su atención.
El adolescente entró en la biblioteca a toda prisa, tratando de despistarla y obtener un respiro. Sí así era la pequeña, no quería ni imaginar como sería su prometida, a quien por lo visto solo vería en el altar.
La vida era injusta.
De pronto, un ruido casi imperceptible lo sobresaltó. Hans se sintió observado.
—¿Quién anda ahí? —inquirió, de mal humor.
Por el rabillo del ojo, vio como una silueta trataba de ocultarse tras un anaquel.
—Sal de ahí, te he visto. ¿No tienes nada mejor que hacer que espiar por los rincones?
—¿Tú no tienes nada mejor que hacer que esconderte?
La voz que pronunció aquellas palabras era delicada y melodiosa. El muchacho avanzó hacia un lado de la estantería para descubrir a su dueña, una chica delgada que no tendría más de quince años y estaba arrodillada en el piso, con un par de libros en su regazo. Su piel era de una palidez extrema, blanca como el alabastro, lo que hacía resaltar aún más sus enormes ojos azules como el hielo y su cabello platinado.
Por un instante, Hans contuvo el aliento. Había visto jovencitas bonitas en su reino, pero aquella sin duda era la más hermosa de todas.
—¿Quién eres?
La niña no respondió, rehuyendo su mirada como si la hubiera atrapado haciendo algo indebido. Él reparó en su porte y sus ropas finas, no tardando en atar los cabos de lo que a esas alturas, parecía algo improbable.
—¿Princesa Elsa?
La aludida se ruborizó violentamente y trató de ponerse de pie, sosteniendo sus pesados libros. Él se adelantó para tomar su mano enguantada y ayudarla, en un intento de caballerosidad, más ella se apartó bruscamente.
—¡No! ¡No me toques!
—¿Qué…?
—¡No te acerques a mí! —ahora la adolescente parecía asustada, como si su mero contacto significara algo peligroso.
—Pero…
Elsa trató de girar a toda prisa para salir de la biblioteca, chocando contra la estantería y precipitándose hacia el suelo. Unos fuertes brazos la aferraron por la cintura para impedir su caída.
Hans permaneció quieto, sintiendo como la espalda de la rubia se apretaba contra su pecho y lo bien que parecía encajar entre sus brazos. Era pequeña y delicada, aunque estaba exageradamente fría, aun para llevar encima aquel grueso vestido de lana.
Supo que si sus hermanos vieran a esa chiquilla, se morirían de envidia. La primogénita de Arendelle era misteriosa, pero también muy bella.
A lo lejos, alguien lo llamó, distracción que la niña aprovechó para librarse de su abrazo bruscamente y correr desesperada hacia la puerta.
Aún podía sentir su aroma a lilas en el aire.
Durante el resto de su visita y al volver a las Islas del Sur, Hans no pudo dejar de pensar en la princesa. Había tratado de volver a buscarla sin éxito, pues todo en su persona le intrigaba. Quería saber porque nunca salía, cual era su color favorito, lo que hacía en los largos días de invierno. Quería… quería conocerla con tantas ganas, aceptar que ese compromiso quizá no fuera algo tan malo.
Era una lástima que aun faltara tanto para la boda. Pues por primera vez en su vida, se consideraba realmente afortunado.
Nota de autor:
Ah el amor, el amor, es tan bello cuando son jóvenes. La verdad es que este prompt fue un poco difícil para mí, me considero buena imaginando universos alternativos de otras épocas, pero cuando se trata del universo canon, como que las musas no quieren susurrarme mucho. xD Aquí quise jugar con la idea de ellos dos encontrándose en su adolescencia; a diferencia de la viñeta donde eran niños, la cosa sería más complicada. Y es que a estas alturas ya la parejita habría visto lo negativo del mundo, Hans por la convivencia con sus hermanos y Elsa por lo que ocurrió con sus poderes. D:
Sin duda alguna se encuentran en una época difícil, justo antes de perder el control por sus respectivas circunstancias. Mis pajaritos son muy frágiles. u.u
Guest: I know, Victorian Helsa is so precious! * o * Of course Hans had feelings for our little queen, and would do anything to protect her (especially from another man). It's so cruel that Elsa sees him only as a brother; but I must admit that I love when romance is impossible for him. x3
Las dejo pequeñuelas, nos leemos mañana por aquí con algo suculento. Muy suculento. 7u7
