El adulto abraza SU dibujo y casi se cae de la silla. Vuelve a tirar ahora la piedra de afilar y la daga, poniéndose de pie y haciendo cara de muy culpable. Prusia le mira y le sonríe.
—Vati, ¿vamos a entrenar?
—¿A-Ahora? Nein... yo... estoy... —toma el dibujo de los niños y el sobre con la carta de la mesa, ante la atenta mirada de Suiza a quien le ha parecido muy extraño que diga que no van a entrenar, sea cual fuere la situación. Se agacha a recoger su piedra y su daga, y como buen germano, tiene la suficiente mala suerte como para tirar el dibujo de los niños (gracias a dios) al suelo, cayendo a la vista de todos.
—Oh! —Prusia se acerca con curiosidad a mirarlo—. ¿Estás dibujando? —pregunta pensando que lo ha hecho su padre mientras trata de ver que hay en él.
—N-Nein! Nein es... —lo levanta del suelo con el pergamino con SU dibujo apretado en la mano.
Prusia trata aun ver qué es lo que hay dibujado, protestando un poco cuando se lo lleva.
—¡Ese soy yo! —señala uno de los niños peinado como él con el pelo sin colorear
—Le has escrito a los niños de Rom —le acusa Germania levantando más el dibujo, empezando a perder el control, para variar, mira que poquito necesitan estos niños. Prusia levanta las cejas y deja de sonreír con cara de culpable.
—Nein, nein —miente. Germania frunce el ceño.
—No digas mentiras —advierte.
—Habrá sido Österreich, yo le vi llevarse tus pergaminos —acusa. Germania mira a Austria de reojo y luego mira a Prusia otra vez, cruzándose de brazos. Austria parpadea y les mira.
—Preussen —advierte una vez más Germania.
—¡Es verdad! ¡Siempre los coge!
—Ya le pediré cuentas a Österreich sobre lo que coge o no, por ahora admite que has estado escribiendo a los hijos de Rom sabiendo que dije explícitamente que cortábamos TODA relación con esas personas.
—Es que... yo... solo les mandé dibujos de los patitos porque quería que los vieran —le mira desconsolado, de hecho no escribió nada porque no sabe escribir, así que puedes estar tranquilo, Germania, sobre lo que ha contado... ya que tampoco es tan bueno dibujando. El mayor parpadea y vacila.
—Les... les... —carraspea un poco pensando que a Prusia además le hacen un montón de ilusión sus patos, tanta como a Suiza las cabras. Traga saliva—. No me gusta que hagas cosas a mis espaldas.
—Es que tu no me dejabas —susurra mirándose los pies.
Germania suspira porque esto siempre es un desastre. Prusia frunce el ceño y le mira con los ojos entrecerrados.
—¿Cómo lo sabes? —levanta las cejas—. ¡Han contestado!
—Hablaremos de esto en la cena —concluye el germano apretando los pergaminos en sus manos.
—¿Qué ha dicho? ¿Qué dicen? ¿ese dibujo era suyo y me lo han mandado a mí? ¿Puedo verlo? ¡Yo salía! ¡Déjame verlo, bitte!
—Nein... en la cena hablaremos de eso —murmura un poquito en pánico, dándo un pasito atrás.
—¡Pero yo salía! —protesta y da saltos intentando quitarle los que tiene en las manos.
—Ja. Ja... sales tú. Salgo yo, salen tus bruders. ¡Basta! Deja de brincar —otro pasito atrás.
El pequeño se queda quieto y le mira con carita de corderito degollado. Germania vacila, porque esa cara...
—Yo también quiero verlo —pide Austria.
—Y yo —pide extrañamente Suiza, porque las novedades son novedades y... bueno, no todos los días alguien les dibuja.
—¿Es por eso que estabas todo rojo? —pregunta Austria que después de todo estaba comiendo y no hay tele ni periódicos, así que se entretenía mirando a su padre.
—¡N-No... no estaba todo rojo! —se defiende hacia Austria mirándole a él y luego a Suiza y luego a Prusia. Suspira—. Por Odín, con ustedes tres.
Austria y Prusia le miran parpadeando sin entender del todo dónde está el problema. Germania aprieta los ojos derrotado, pensando que esta es una manera sumamente vil y artera de Roma de... lo que sea que intenta hacer. ¿Por qué insistía en atacarle USANDO a sus niños?. (Roma diría: "Porque funciona" y sonreiría cínicamente). El germano toma aire y camina hasta la mesa del comedor sentándose en su silla.
—Tráeme un poco de cerveza, Preussen —ordena haciendo un gesto con la mano.
Austria toma la mano de Suiza y se le acerca, mientras Prusia corre a la cocina.
Germania odia a Roma con todo su corazón mientras sube a Austria en una de sus piernas y a Suiza en la otra, esperando a que vuelva Prusia y se encarame en el respaldo de la silla
El albino vuelve con la jarra de cerveza (ha tomado un sorbito fuera, no se lo digáis a nadie) sonriendo. El germano le da un sorbo grande a la cerveza mirándoles a los tres.
—No olviden que sea como sea, todos ellos son nuestros enemigos, no nuestros aliados —hace notar.
Prusia pone los ojos en blanco porque creo que a estas alturas ya no se lo cree del todo.
—Bueno, pero ¿¡qué han dicho?!
Germania suspira abriendo el sobre y, como buen germano que es, leyendo TODO lo que dice, incluidas todas las insinuaciones de que van a ir. Prusia le escucha sonriendo y con la boca abierta, Austria le mira atentamente y Suiza frunce el ceño un poco sin olvidar el asunto de que Roma se los quería robar.
—AAh! ¡yo estoy seguro de que Deustchland puede hacer una caca más grande que ninguno de esos dos bebés! —suelta Prusia emocionado—. ¿Cuándo nos marchamos? ¿Mañana? ¿Esta tarde?
—Neinneinnein... ehh... espera —Germania había temido un poquito ese factor, pero no de manera tan clara—. No vamos a ir.
—Ah! ¿Por qué no? ¡Si dicen que van a llevarnos a los Gladiadores! —Prusia hace presión mirando a Suiza sonriendo.
—Yo quiero ver a los gladiadores, dicen que son enormes e invencibles y pueden matar a alguien que esté muymuymuy lejos con solo una flecha.
Germania mira a Suiza porque definitivamente NO esperaba que ÉL quisiera ir.
—Y nos han hecho mermelada, es feo no ir —suelta Austria suavemente.
—Pero está Rom... y ni siquiera me ha escrito nada a mi, y... —frunce el ceño porque no pretendía decir eso en voz alta.
—Ah, pero la carta era de Frans y Hispanien... ¡seguro si vamos te escribirá una cosa! —insiste Prusia.
—No vamos a ir a Rom, es un hecho —baja a Austria y a Suiza de su regazo y pone el dibujo de ellos en la mesa, se levanta.
—Pero vatiiiii... —protesta Prusia.
—Ningún pero Vati. Esa es mi última palabra, no vamos a ir a ningún lado ni a ver a nadie —insiste—. Anden a hacer algo de provecho los tres.
—¿Qué era el otro pergamino? —pregunta Austria mirándole.
—O-Otro pergamino —lo aprieta en su mano y se sonroja.
—Había un otro pergamino, el de la carta, el del dibujo y un otro... —explica Austria que los ha visto cuando los abría.
—Ha-Había... es... —carraspea—, es... algo solo para mí, es...
—Pero has dicho que no te ha escrito Rom... ¿Hispanien y Frans te han escrito? —pregunta Prusia.
—¿Por qué es solo para ti? ¿Es un secreto? —pregunta Austria.
—Nein, Nein —murmura —, esto. Es algo de sobre... Es... Ja. ¡Un secreto!
—¿Un secreto? ¿Un secreto de qué? ¿Qué es? —Prusia vuelve a saltar otra vez.
—Una cosa mía que ustedes no pueden ver.
—¿Por qué no? ¿Qué es? ¡Es una cosa de Rom! —sigue Prusia.
—No es ninguna cosa de nadie.
—¡Pero ha venido en la carta de Hispanien y Frans!
—¿Por qué tienes un secreto, vater? —pregunta Austria mucho más calmadamente.
—Porque son cosas de adultos —insiste abrazando su dibujo.
—¿Otra vez? —preguntan Prusia y Austria a la vez, sorprendentemente coordinados.
—Ja, otra vez —replica.
—¿Es algo vergonzoso? —pregunta Suiza mirándole con la cabeza inclinada. Prusia bufa porque está empezando a cansarse de los besos y todo eso que son cosas aburridas y asquerosas.
—E-Es... Una cuestión de... Invasiones. Basta ya con el cuestionario.
—Pues vamos a Rom y le invades —propone Prusia otra vez, que sutil... sin notar el doble sentido, claro, pobrecito mío. Germania mira a Prusia con la boca muy abierta y se sonroja hasta las orejas. El pequeño mira a su padre sin entender por qué hace esa cara, parpadea y se sonroja un poco por contagio.
—¿Q-Quien les enseñó a ustedes a...? ¿Cómo es que aprendieron este tipo de... actitudes? ¡Parecen los hijos de Rom!
Suiza levanta las cejas con esa declaración sintiéndose levemente ofendido.
—Was? —pregunta Prusia sin entender.
—Ustedes, preguntando y haciendo comentarios... —aprieta los ojos pensando que son NIÑOS INOCENTES y él es el único de mente SUCIAAA que piensa esas cosas—... voy a ver a Deutschland —decide repentinamente dándose la vuelta. Prusia mira a Austria y a Suiza de reojo.
—¿Entonces de verdad no vamos a ir, vater? —pregunta Suiza de manera sumamente extraña.
—No entiendo por qué no quieres ir —sentencia Prusia.
—No es siquiera una invitación formal, parecería... ellos si llegara... —carraspea en la puerta deteniéndose un poco, aprieta los ojos—. Nein, no vamos a ir.
—Pero ¿por qué noooooo? —Prusia se le va corriendo detrás.
—Porque no, porque... no. Nein. A saber si Roma siquiera sabe que... —recuerda su dibujo, que sólo ha podido ver unos instantes, se sonroja otra vez.
—¡Pero vati, ellos han escrito y quieren que vayamos! ¡y dicen que nos llevarán a los Gladiadores y todos queremos ir menos tú!
Germania piensa que no es que no quiera ir... aunque Roma, como ciudad, no le gusta. Hay demasiada gente y demasiados pocos árboles... pero es majestuosa y... la envidia, aunque no lo sepa. (Germania asiéndose a una ramita en mitad del huracán)
—Además ahora no quieres y luego siempre te das besos todo el rato —cara de asco—. y haces los secretos esos de adultos.
—Preussen, ¿podrías darme cinco minutos para pensar claramente en lugar de marearme?
—Pues es que está muy claro y tú... —Prusia echa los hombros y la cabeza adelante rindiéndose—. ¡Voy a preparar mis cosas! ¡Si tú no quieres venir iré yo solo! —decide y se va corriendo.
—Nein, nada de qué vas sol... Preusseeen! —grita inútilmente echando los hombros y la cabeza adelante en un gesto IDENTICO al de Prusia hace un instante. (Tranquilo Vati, está en su cuarto) Sea como sea, no puede llegar a Roma en diez minutos.
Entra al cuarto donde está la cuna de Alemania, echando de ahí a la nodriza que acaba de terminar de darle de comer y se recarga en la puerta cuando la cierra.
Respira volviendo a abrir con las manos un poquito temblorosas (nunca va a admitirlo, el insiste que fue con mano firme por completo), su dibujo. Se sonroja otra vez al notarse a sí mismo en esa posición... y aun así se muerde el labio. Al menos después de todo, Roma sí había pensado en él... el tiempo necesario en hacer el dibujo.
Parpadea acercándose más a verlo y notando el detalle de cada músculo, cada curva y cada cicatriz. Gira la hoja, a ver si tiene algo escrito, o algo que... ALGO. Él era un hombre práctico, simple, ¿qué quería decir este dibujo? ¿Mira cómo sé dibujar, mira como... me acuerdo de ti? Aprieta los ojos con esta posible interpretación.
Hay un corazoncillo junto a la firma de Roma que seguramente antes no había notado, pero no hay nada escrito.
Germania recarga la cabeza en la puerta al tiempo que Alemania suelta una ronda de Romaromaromaromaromaaaaaaaa en la cuna. Hace los ojos en blanco preguntándose qué mierda era lo que pretendía el romano... después de como se había ido, después de dejarle de hablar por días y días le enviaba... ¿esto? Qué clase de mensaje poco claro era ese.
(Hay que decir que Roma había pasado una tarde muy entretenida eligiendo a uno de los esclavos de casa, donde tenía a puñados, que se pareciera lo más posible a las formas del germano para hacer de modelo y le había obligado a posar una cantidad de tiempo inhumana mientras tomaba vino y cerezas y perdía el tiempo en general antes de ponerse a dibujar, mientras los niños dibujaban también en el suelo... Se le había hecho de noche sin darse cuenta y había vacilado al momento de mandarlo, porque estaba muy orgulloso y pensaba en quedárselo para sí mismo, pero decidió que solo porque sabía la cara de desconcierto que pondría el rubio, aunque no pudiera verla, valía la pena mandárselo)
Finalmente... Germania suspira yendo a la cuna a hacerle gracias a Alemania, con el dibujo en la mano y aun sonrojado después de verlo por bastante tiempo, impresionado de las habilidades (y de todo el detalle...) de Roma y decide TERMINANTEMENTE que NO irá a visitarle.
Si alguien es un grano en el culo cuando quiere algo, ese es... ejem. Ahora no estoy segura de si Prusia o Roma. ¿Tú que crees?
