Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 28

El virus de Will se había expandido a Dominique, Ian y Jack; Will había vuelto a ser el bebé risueño y cariñoso, que adoraba que lo llenaran de besos y arrumacos, pero, así como uno de los niños Cullen era feliz, los otros tres estaban malhumorados.

Ian se había recuperado con mayor rapidez, tomando sus medicinas sin hacer tanto berrinche y permanecer en cama durmiendo, era un ángel que solo quería que lo mimaran y consintieran, Jack y Dominique por otro lado eran un completo caos, a ninguno le apetecía tomarse la medicina, dormir las siestas y abrigarse más de lo normal, eran un par de niños caprichosos que detestaban tener la nariz constipada.

—No quiero, Bella, sabe muy feo, peor que el vómito de rana —protestó Dominique recostada en su cama.

—Te he traído jugo para después de la medicina.

—Aun así, no quiero.

—Debes tomarla para que te mejores.

—No quiero mejorar —contestó y se encogió de hombros.

—Si no mejoras, no podrás ir al desfile de Navidad.

—¿Desfile?

—Sí, el desfile en donde verás a Santa, los duendes y los renos.

—Yo quiero ir, Bella, quiero ir, quiero ir.

—Iremos si te tomas la medicina.

Dominique refunfuñó, y protestó por lo horrible del sabor de la medicina, incluso se excusó en que el olor era simplemente asqueroso. Bella esperó pacientemente, escuchando las excusas que su hija inventaba, pero incluso aunque Dominique intentó usar el viejo truco de "te quiero mucho, Bella, mucho, mucho, mucho", Bella se negó a desistir y no dejó la habitación hasta que Dominique se tomó la medicina, aunque causara su llanto.

Prefería mil veces escuchar lo mucho que le desagradaba en ese momento que pasar otro día en vela por temor a que la temperatura regresara.

Esme aseguraba que Edward era igual que Dominique cuando se trataba de medicinas, recordando que incluso siendo un adolescente se negaba a tomar la medicina o siquiera ir al médico por temor a que le recetaran inyecciones, su odio al medicamento parecía que se había extendido a su hija.

Pero por fin Dominique se recuperó lo suficiente como para acompañar a Emmett, Ian y Jack al desfile navideño, Edward la llevaría mientras Bella se quedaría en casa cuidando de Will, todavía era muy pequeño y no querían que terminara de mal humor por toda la gente y el ruido a su alrededor, además Rosalie había prometido acompañarla y ponerse al corriente con los chismes y novedades, al ser madres de dos, era complicado hablar sin tener interrupciones de niños demandando su atención cada dos minutos.

—No tienes permitido quitarte la bufanda, tampoco el gorro ni los guantes.

—¿Ni en el auto?

—Ni en el auto —respondió Bella subiendo el cierre de la chamarra—. No sueltes la mano de Edward o de Emmett, y si a Ian le parece buena idea alejarse, lo tomas de la mano y lo obligas a no moverse

—Lo sé, Bella, tía Dosie me dijo lo mismo ayer —respondió rodando los ojos—. ¿Puedo tener una manzana acadamelada?

—Puedes tener dos —murmuró Edward poniéndose los guantes—. Es hora de irnos o se nos hará tarde.

Besando a Bella en la mejilla y labios respectivamente, abandonaron el departamento dejando a madre e hijo completamente solos.

—Tú y yo tenemos cosas que hacer antes de que Rose llegue.

Will se rio desde la alfombra, su atención centrada en llevarse los cubos de plástico a la boca.

Rose llegó dos horas después con dos mocas y panecillos recién horneados de la pastelería del centro.

—¿Sabes lo difícil que es conseguir estos muffins en estas fechas? —preguntó dándole pequeños trozos a Will—. Creo que perdí extensiones de mi cabello, pero vale la pena si este precioso niño está en mis brazos, tiene el mismo estómago sin fondo de los Cullen.

—Dominique es igual —respondió Bella bebiendo de su café—, el pediatra dice que ha alcanzado su peso ideal, cualquier rastro de desnutrición ha desaparecido.

—Puedo verlo, sus mejillas ahora tienen ese bonito color rosado, es tan preciosa.

—Lo es —suspiró Bella viendo la fotografía con Santa que se encontraba pegada en el frigorífico.

—¿Es más fácil ahora? —preguntó Rose dejando que Will comiera todo el muffin que quisiera—. Hace tan solo cinco meses que la han recuperado, ¿las cosas son más fáciles ahora?

—Ahora tenemos más días buenos, ya no llora por las noches, ni pide a Lauren continuamente, creemos incluso que ya no ve a Lauren como la persona que la cuidará y mantendrá a salvo.

—Ese papel lo tienen ustedes, Bella, puede ser pequeña, pero sabe que ustedes darían su vida por ella, así como lo harían por Will.

—Lo sabe —sonrió sintiendo sus ojos humedecerse—. Ese día… el día en que se perdió en el centro comercial, ella les dijo a Angela y la señorita de atención a clientes que éramos sus padres.

—¿Qué? ¿Por qué no me lo habías dicho?

—No dijo exactamente esas palabras —aclaró para tranquilizar a su rubia cuñada—, pero después de que Edward literalmente ignorara a la mujer que amablemente ayudó a Dominique, me acerqué a ella y le agradecí por ayudarla e intentar que se tranquilizara para que recordara que debía decir nuestros nombres, no el de Lauren, Angela no entendió a qué me refería…

—Yo no entiendo a qué te refieres, Bella.

—Angela le preguntó el nombre de su madre para poder localizarla, se esperaría que Dominique pidiera por Lauren, yo entendería que lo hiciera, sería lo más normal.

—Lo sería.

—Pero no lo hizo, inmediatamente dijo mi nombre y el de Edward —se limpió la lágrima que cruzaba su mejilla—; ese día, Edward y yo entendimos que para Dominique somos sus padres, aún no se atreve a decirlo en voz alta y Sandy cree que es por temor a ver que toda su vida fue engañada…

—Espera, espera, espera —intervino Rosalie—, ¿estás intentando decirme que solo es cuestión de tiempo antes de que podamos escuchar a la princesa Cullen llamarte mami y a Edward papi?

—Si las terapias con Sandy siguen igual, creo que lo escucharemos muy pronto.

Will se unió al festejo que su madre y tía hacían en medio de la cocina, dando saltitos y gritos de felicidad.

La Navidad se acercaba a pasos agigantados, las tiendas departamentales estaban a reventar; Dominique no había vuelto a soltar la mano de Bella ni la de Edward en ningún momento, ahora solo tiraba de alguno de ellos cuando algún juguete o adorno musical de las estanterías llamaba su atención, normalmente era Edward quien iba detrás de ella y disfrutaba de su emoción ante los mini Santa bailarines en los escaparates de las tiendas comerciales.

Los mismos que ahora adornaban la mesita de la sala y los cuales pasaban la mayor parte del día cantando y entreteniendo a Dominique y a Will. Y así como esos muñequitos llegaron a casa, las decoraciones, el árbol y las luces de colores fueron adornando lentamente el hogar.

El árbol lo habían conseguido días atrás, lo suficientemente grande para adornarlo con cientos de esferas y colgantes navideños de Disney, Dominique había disfrutado adornarlo junto con Bella mientras Edward se hacía cargo de Will, se había divertido colgándose la escarcha en los hombros, jugar con las esferas, encender y apagar las luces de colores sin parar, colgar los calcetines con los nombres de todos, incluso sus hermanas tenían calcetines colgados.

Pero lo que sin duda fue su momento favorito, fue cuando Edward dejó a Will en su columpio y alzándola en brazos la levantó hasta que pusiera la estrella en la punta, ella había puesto la última pieza del árbol para que fuera perfecto.

Su carta para Santa había sido enviada por correo, ella misma la había metido al buzón, incluso vio como el cartero abría el buzón y guardaba todas las cartas para enviarla al Polo Norte en donde Santa la recibiría y se aseguraría de que estuviera en la lista de niños buenos.

Ella era una niña muy buena, quería a Bella, a Edward, a Will, a los abuelitos, a los tíos, a sus hermanitas… y también quería a su mami, aunque llevaba mucho tiempo sin verla.

Había vuelto a hablar con Ashley, ninguna había mencionado a su mami de nuevo, preferían evitar el tema para no pelear, suficiente tenían con estar separadas para que también agregaran estar enojadas y no hablarse. Ahora Ashley y Dominique hablaban dos veces a la semana.

Una de esas veces Dominique le mostró las calcetas con sus nombres y Ashley hizo lo mismo.

—¿Y si Santa se equivoca y deja mis obsequios contigo?

—No lo hará —respondió Ashley rodando los ojos—, Santa nunca se equivoca, tiene a los duendes que le ayudan con todos los obsequios del mundo.

—Espero que tengas dazón. ¿Crees que Nikki también tenga calcetas con nuestos nombres?

Dominique estaba muy segura de que Ashley había peleado nuevamente con Nicole, siempre que ocultaba algo se rascaba la nuca y jugaba con su cabello, cuando vivían junto a su mami, Ash siempre hacía eso cuando mentía o intentaba ocultar algo malo que había hecho, como cuando salió de casa a pesar de que su mami le dijo que no podía hacerlo.

—¿Dónde está mi hedmanita Nicole, Bella? —preguntó durante la noche—. ¿Pod qué no puedo hablar con ella?

—Bueno, yo hablo mucho con Tyler y Mike, y sabes que ellos cuidan y aman mucho a Ash y Bev, pero Vivian y Tom no me responden las llamadas, por esa razón no has podido hablar con ella.

—¿Por qué no desponden?

—No lo sé, mi amor.

—Si desponden el teléfono, ¿crees que pueda hablar con ella?

—Haré todo lo posible para que puedas hacerlo.

Edward entró a la habitación con Will recién bañado, listo para escuchar el cuento e ir a la cama, recientemente se había unido a la lectura, normalmente se quedaba dormido a la mitad de la primera historia, a Dominique le encantaba acurrucarse con él en su cama, le gustaba ser la hermana mayor de Will.

Bella preparaba el desayuno pensando en la enorme lista de pendientes que tenía que hacer ese día. Tenía que preparar la tarta de manzana que Esme le había pedido, enviar a Edward a recoger a sus abuelos al aeropuerto —quienes habían confirmado su asistencia a último momento—, alistar a Dominique para que Rosalie y Emmett la llevaran a patinar junto con Ian y Jack —Edward también les acompañaría pero permanecería en las bancas con Will en brazos—, envolver los regalos que había dejado en el olvido cuando Dominique estuvo enferma, esconderlos en el armario y ponerlos bajo llave para asegurarse que Dominique no los encontrara, preparar las galletas para Santa, preparar la merienda para cuando Dominique y Edward llegaran a casa hambrientos, lo cual la llevaba a tener que ir al centro comercial y comprar los bastones de caramelo, los que había comprado con anterioridad Ian y Dominique se los habían comido después de encontrarlos detrás de la caja de avena integral.

Tenía muchas cosas por hacer antes de ir a casa de sus suegros y festejar la primera Navidad de Dominique y Will.

Edward entró a la cocina con Will en brazos y Dominique caminando detrás de él, aún rascándose los ojos, el cabello de los tres era una mata de pelos enredados e incontrolables, simplemente imposibles de manejar.

—Tengo tres preciosos ojiverdes muy flojitos —se burló Bella sirviendo la tortilla de huevo y papa en platos—. ¿Jugo o café?

—Jugo —respondió Dominique con la cabeza recostada en la mesa—, ¿puedo tener waffles?

—No es día de waffles, cielo —respondió Edward sirviéndose una enorme taza de café recién salido de la cafetera—, además Bella ha preparado tu tortilla favorita.

—Pero quiero waffles.

—Los comerás otro día —respondió Bella dejando el palto frente a ella y extendiéndole su tenedor de plástico—, y como eres una niña buena y Santa llega hoy por la noche, comerás sin hacer berrinches o puede que Santa tenga que revisar la lista una tercera vez.

Bella observó como los restos de sueño desaparecían del rostro de Dominique, haciendo que sus ojos se agrandaran; tomando el tenedor comenzó a comer obedientemente, temiendo que su nombre apareciera en la lista de niños malos, Ashley le había dicho que recibiría carbón y ella realmente quería la casa de muñecas de Barbie.

Edward dejó el plato de cereales sobre la mesita de Will, quien esperaba ansioso el comenzar a comer; habían logrado que comenzara a comer los cereales, las papillas, entre otras cosas, después de que Bella se negara a amamantarlo hasta que se terminara todo el contenido de su plato, con el tiempo Will entendió y los berrinches habían desaparecido casi por completo.

Los tres comenzaron a desayunar, Edward hablaba acerca de que debía ir a la oficina a recoger algunas carpetas antes de tener que ir al aeropuerto, se llevaría a Dominique para no dejarla con ambos niños y pudiera hacer sus recados sin problemas.

Mientras que Bella le decía los pros y contras de su plan, ya que Dominique terminaría toda agitada por el ambiente del aeropuerto y terminaría durmiendo en el auto lo cual solo provocaría llanto por no cumplir con su rutina, Will intervino dejándolos a ambos en shock.

—Ma… ma… ma —balbuceó Will pataleando en su sillita, golpeando la mesita con el plato ahora vacío—. Ma… ma… ma.

Bella sintió como el tiempo se detenía mientras escuchaba a Will repetir la misma palabra una y otra vez, Edward sentado frente a ella también había dejado su comida, incluso Dominique pidiendo más kétchup en su tortilla había pasado a segundo plano mientras que Will la llamaba a gritos.

Bella se puso de pie y se acercó a Will que incrementó sus gritos y golpeó la mesita con alegría.

—¿Quieres venir con mamá, cariño?, claro que sí, mi cielo, aquí está mami para ti, siempre para ti, mi pedacito de cielo.

—Ma… ma… ma… ma… ma.

Bella lo sacó de la silla alta y tomándolo en brazos lo besó por todo el rostro.

—Dilo otra vez, mi amor, di ma-má.

—Ma-ma.

—Así es, mi amor, soy tu mamá.

Bella sintió sus ojos picar, pero ignoró las lágrimas y mantuvo su sonrisa durante todo el tiempo mientras Will repetía "mamá", notando lo feliz que la hacía, su pequeñito le estaba dando el mejor regalo de Navidad en la vida.

—Sí, sí, sí, ahora di papá, campeón —habló Edward poniéndose de pie y quitándoselo a Bella de los brazos—, vamos, di papá, pa-pá- pa-pá.

—Ma —respondió Will agitando sus brazos—, ma… ma… ma.

—No, campeón, di pa-pá, pa-pá.

—Ma… ma… ma.

—Deja en paz a mi bebé —intervino Bella recuperando a Will.

—Ma… ma… ma.

—Así es, mi amor, ahora mamá te dará tu recompensa por darme el mejor regalo de Navidad.

Will siguió parloteando hasta que Bella se subió la playera y dejó al descubierto su pecho.

Bella sonreía mientras que con alegres ojitos Will succionaban su pezón.

El mejor regalo de Navidad de su vida.

La casa Cullen estaba adornada con cientos de luces luminosas, no había ni una sola pared que no tuviera luces o adornos, era una casa digna de pertenecer a cualquier postal o de aparecer en alguna película de Navidad.

Esme les esperaba en el marco de la puerta vestida con un elegante conjunto de tres piezas color blanco con detalles en rojo.

—Pero qué bonita luces, Dominique, me gusta mucho tu vestido.

—Gracias, abuelita Esme —sonrió Dominique sintiendo sus mejillas calentarse—, Edwad también dijo que me veía muy bonita.

Dominique entró a casa y recibió el mismo cumplido por los abuelitos Elizabeth y Anthony, los mismos que había recibido en el aeropuerto y que le dijeron lo guapa que era, así como lo mucho que la amaban.

Le gustaba mucho ser amada por todos… su mami no se lo decía mucho.

Dominique se cruzó de brazos observando cómo Edward, Bella, los abuelitos y tíos, estaban alrededor de Will, todos concentrados en sus gritos y balbuceos.

Bella no lo había soltado ni un segundo desde la mañana en el que le llamó "mamá", no entendía por qué todos estaban tan emocionados por eso, incluso Bella le había dado muchos más besos a Will que a ella, y eso no era justo, ella era la princesita de Bella no Will.

—¿Estás enojada? —susurró Ian robándole una galleta del plato.

—No. ¿Pod qué todos quieren escuchad a Will decid "mamá"?

—Porque es un bebé —respondió Ian rodando los ojos como si fuera lo más obvio—, hicieron lo mismo con Jack, ¿verdad?

—Sí —respondió Jack junto a ellos, aunque solo lo dijo porque su hermano lo dijo.

—No entiendo.

—Yo tampoco —dijo y se encogió de hombros—. ¿Jugamos a los piratas?

—Sí, pero yo soy la capitana.

Ian asintió y tomando la mano de Jack corrieron en busca del bolso con los juguetes, Dominique los siguió después de ver cómo Edward intentaba que Will dijera "papá".

Ella también podía decirlo.

Una canción proveniente de la calle la hizo dejar sus celos a un lado y seguir a Ian y Jack a la ventana.

Notó como Emmett tomaba a Ian y a Jack en brazos mientras que Edward la cargaba a ella y salían a disfrutar de los villancicos.

Los celos regresaron cuando Will apuntó a las personas que cantaban y después repetía ma, ni siquiera decía la palabra completa, no entendía por qué Bella seguía sonriendo tanto y besándolo muchas veces.

Pero de nuevo dejó de importarle cuando Bella le sonrió y le cantó una estrofa del villancico para después besarle la mejilla y decirle que la amaba.

Todo estaba bien de nuevo.

Dominique disfrutó de los villancicos, así como decidió que la mujer que se escondía detrás de uno de los autos merecía disfrutarlos.

Dominique no era una niña muy madrugadora, Bella le decía que era como la princesa Aurora, podía pasar la mayor parte del día en cama durmiendo… además de que le encantaba el color rosa.

Pero esa mañana, no necesitó que Edward la despertara besando repetidas veces su mejilla mientras le susurraba al oído que era momento de levantarse y comenzar un nuevo día, tampoco fue necesario que Bella se acostara junto a ella y la despertara pasando sus manos por su alborotado cabello, por primera vez ella se había despertado solita, sin ayuda de nada ni nadie, todo gracias a que era Navidad y Santa había llegado durante la noche a dejarle sus obsequios por ser una niña buena y cariñosa.

Se levantó quitándose las mantas y asegurándose que no había perdido las calcetas durante la noche, Bella le decía que era toda una salvaje en la cama pues siempre perdía los calcetines y terminaba con las mantas en el suelo.

Sus calcetas aún estaban en sus pies, así que se puso de pie, dispuesta a correr a la sala en donde estaba el árbol esperándola, pero antes de dar un paso a la puerta, notó que Will aún dormía en su cuna con el gorrito que Bella le había puesto durante la noche, Will no podía estar dormido, eso estaba muy mal, así que decidió despertarlo, debía ser muy cuidadosa o terminaría haciéndolo llorar y no quería que eso pasara.

—Will, despiedta, Will, no es momento para domid —susurró tomándolo de la manita—, despiedta, es hora de ved lo que nos ha dejado Santa, vamos Will es hora de despedtad, tenemos que jugar con todos nuestos juguetes, pometo pestádtelos si tú me pestas los tuyos.

Dominique apartó la vista al escuchar como la puerta se abría dando paso a Bella y Edward que le sonreían, ambos tenían puesto sus batas y pantuflas, además de que el cabello de Edward era tan loco como el de Will y el suyo propio.

—Estoy intentando despedtad a Will, pero no lo logro.

—Will tiene el sueño muy pesado —habló Bella acercándose—, ve con Edward a ver lo que te ha dejado Santa y yo me ocuparé de llevar a Will.

—Está bien —asintió y corrió hacia Edward que la esperaba con los brazos abiertos—. Vamos, Edwad, vamos, vamos, vamos.

Dominique tiró de la mano de Edward, hasta que salieron de la habitación y se dirigieron a la sala en donde el árbol les esperaba con los obsequios debajo de él. Chilló de alegría al ver los regalos envueltos en papel de colores brillante y enormes moños con listones rizados, todos perfectamente acomodados, esperando ser abiertos.

—Son muchos juguetes, Edwad —chilló dando saltitos de alegría—, son muchos, muchos, muchos.

—Fuiste una niña muy buena, princesa. Ve, cielo, ve y revisa cuáles son tuyos y de Will.

—¿Cómo lo sabré?

—Tienen una nota con sus nombres.

—No sé leed, Edwad.

—Yo los leeré por ti, princesa.

Dominique asintió y se acercó a tomar la primera caja, de color amarillo con un llamativo listón azul.

Bella se les unió con Will aún medio dormido en sus brazos, no entendía cómo podía seguir dormido con todos los regalos debajo del árbol.

Dominique abría sus obsequios con la emoción que una niña de cinco años debía tener, preguntándose si sus hermanitas estarían pasando una Navidad tan maravillosa y mágica como la de ella, le preguntaría a Edward si podía llamarlas después de jugar con todos sus obsequios… y también con los obsequios de Will, a quien parecía gustarle más el papel de regalo y los moños.

—Es la mejod Navidad de mi vida —sonrió al descubrir el camaleón de peluche en uno de los paquetes.

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Edward pasaba al menos una hora intentando que Will dijera papá, todas las noches lo sentaba en su regazo e intentaba que hablara, incluso durante el baño y mientras le cantaba durante la noche, había inventado una canción que les cantaba a Dominique y a Will durante las noches, Bella solo reía al ver el esfuerzo de Edward para que le llamara papá.

Todo su esfuerzo rindió frutos cuando llegó a casa y Will lo llamó gritando desde la alfombra en donde jugaba con Dominique a los cubos.

Decir que la sonrisa en el rostro de Edward no lo abandonó por el resto de la noche era poco, ahora entendía por qué Bella siempre sonreía cuando Will la llamaba.

—Uno nos llama mamá y papá, nos falta otra —murmuró Bella después de salir de la habitación de los niños.

—Tengo fe que muy pronto, Dominique también lo hará.

Bella se rio cuando Charlie sacó a Dominique de la nieve, todo el jardín delantero de la casa estaba cubierto por una gruesa capa de nieve; cuando era niña pasaba horas jugando en la nieve, construyendo fuertes y haciendo peleas de bolas de nieve junto con su padre, Charlie incluso corría a salvarla cada vez que la nieve comenzaba a tragarla, lo mismo que a su hija le estaba pasando, y por lo que la nieve mostraba, Ian y Jack también habían quedado atrapados.

—Me alegra que por fin estén aquí —habló Sue en el marco de la puerta—, estaba preocupada de que llegaran cuando comenzara a nevar.

—Hubiéramos llegado antes pero cierto muchachito decidió explotar su pañal un segundo antes de que saliéramos de casa.

Para enfatizar las palabras de Bella, Will se rio en brazos de Edward, haciendo pedorretas con la boca.

Entraron a casa en donde Ian y Jack corrieron a saludarlos y demandar la atención de su amada tía Bella.

—Una mamá estaría celosa porque sus hijos adoren tanto a otra mujer —habló Rosalie desde el sofá con su copa de vino—, lo bueno es que no soy ese tipo de mujer y disfruto del tiempo libre mientras que tú tienes a dos niños y una niñita celosa en brazos del abuelo.

Bella estaba a punto de preguntar a qué se refería cuando otro cuerpecito apareció abrazando su cadera.

—Vayan a jugar a la sala —intervino Emmett tomando a la pequeña Dominique en brazos—, si estoy en lo correcto, hay películas navideñas en la televisión.

Ian y Jack corrieron escaleras arriba en donde estaba la sala de juegos que anteriormente había sido la habitación de Bella, Dominique se removió en los brazos de Emmett y siguió el camino de sus dos primos.

—Bu… bu.

Todos dejaron que los niños jugaran en el piso de arriba y le dieron toda su atención a Will que balbuceaba en brazos de Charlie intentando jalar su bigote.

Esme intentaba controlar a los niños mientras les servía judías verdes, los tres impacientes por volver al piso de arriba y seguir con sus juegos.

—Ten cuidado, Jack, cariño —habló Rosalie colocándole las servilletas en el cuello a los niños para que no mancharan sus ropas—, no queremos que te atragantes.

—¿Puedo tener postre? —peguntó Dominique apuntando el pie de fresas que estaba en medio de la mesa.

—Después de que te termines lo del plato, podrás tener una rebanada.

—Está bien —suspiró tomando su cuchara y comenzando a comer.

Observó que todos a su alrededor hablaban, bromeaban y reían, vio como Emmett se servía pavo por montón, como Rosalie seguía sirviendo ese líquido morado en la copa de Bella, como Edward abrazaba a Bella repetidas veces para después besarla y seguir con su plática, vio como Esme negaba al ver que Carlisle y Charlie peleaban por tener las últimas papas dauphinoise, incluso como Sue se servía crema de nuez en un pequeño plato.

Will que estaba sentado en su sillita alta junto a ella, tomaba los trozos de pavo con la mano y se los llevaba a la boca, la cual la tenía manchada de la salsa de ciruela, su puñalero estaba igual de sucio, iba a decirle a Bella que Will necesitaba ser limpiado cuando él habló.

—Dom… Dom... Dom… Dom.

Todos en la mesa dejaron de hablar para escuchar como Will llamaba a Dominique mientras le ofrecía un trozo de pavo bañado en la salsa, extendía su manita esperando que Dominique lo tomara y comiera.

—Dom… Dom… Dom.

—Sabe mi nombre —murmuró sonriendo—, Will puede decid mi nombre.

—Claro que puede, princesa —habló Edward—, Will te quiere mucho, eres su hermana favorita, por supuesto que sabría tu nombre.

Dominique tomó el trozo de pavo de la manita de Will, escuchando como repetía su nombre, ahora entendía por qué todos querían que Will dijera sus nombres, a ella le encantaba escuchar la voz de Will diciendo Dom.


Hola!

Sigo viva, espero disfrutarán del capitulo.

Hanina, gracias por la revisión del capítulo y por tenerme tanta paciencia

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