Capítulo 28: La Batalla Final

La tropa de mortífagos liderados por Lucius Malfoy ingresó rápidamente al castillo. Sin ningún sigilo, sin ir por las sombras, esperaban llamar la atención. Sus pisadas hacían eco por los pasadizos, sus sombras se volvían temblorosas a la luz de las antorchas cuyas llamas se agitaban al veloz paso del grupo.

Se dividieron en 5 grandes subgrupos, uno para cada casa y otro… directo al despacho donde los profesores estaban reunidos en este preciso instante. El último grupo en partir desde el centro fue el de Lucius y Bellatrix, quienes vieron perderse entre las escaleras a sus compañeros. Esperaron un segundo.

Un espeluznante grito les dio el punto de partida. El primero grupo había llegado a Hufflepuff, el grito sería seguramente de la prefecta, luego de haberles dado la contraseña, claramente.

-Vamos –ordenó Malfoy para cuando todos desaparecieron sólo seguidos por el eco de sus pisadas.

Bellatrix se quedó hasta atrás del grupo de experimentados mortífagos, todos bien preparados para lograr su cometido. Mientras avanzaban, la mujer se preocupaba de vigilar que nadie les siguiera los pasos ni quisiera seguirlos. Justo antes de doblar hacia la escalera que los llevaría al despacho del director, Lenstrange distinguió unos ojos rojos a ras de piso. La mujer sonrió malévolamente, sus compañeros se alejaban.

-Gata sarnosa… -murmuró alzando su varita –¡Avada Kedabra!

La señora Norris se escondió tras la esquina logrando evadir el rayo verde. Bellatrix se pateó internamente por ser vencida por un animalejo.

-¡Bellatrix! –exclamó Crabbe desde junto a la puerta.

La bruja corrió hacia sus compañeros y pronto estuvieron escaleras arriba. Ya vería esa maldita gata lo que era bueno, ya la cogería desprevenida y la haría papilla. La detestaba con toda su alma, la verdad, detestaba a los gatos. Era lo único que podía ponerle los pelos de punta. Se detuvo en medio de las escaleras y miró hacia arriba, Lucius ya había encontrado a alguien en el camino, la batalla comenzaba. No la necesitaban… Ella quería aniquilar a la gata. Bajó las escaleras.

-¡Bella! –gritó Narcissa desde los últimos lugares de la escalera. -¡Bella, vuelve aquí!

-¡Apártense! –exclamó uno de los hombres al tiempo que el cuerpo sin vida de Sprout rodaba por las escaleras. Varios casi tropezaron con la profesora de Herbología, quien siguió su paso hasta el final de los escalones quedando tendida boca arriba. –¡Al ataque!

La profesora Sprout tuvo la mala suerte de ser quien estaba más cerca de la salida del despacho, justamente cuando todos iban saliendo del lugar. Lo que nadie imaginaba era que esa noche nadie saldría vivo de ese despacho… A no ser que…

-¡Lucius Malfoy, qué sorpresita más linda! –Severus Snape batió su varita en el aire antes de apuntarla directo al pecho del mortífago –Yo que te hacía muerto, casi lloré por ti… Más bien por tu viuda, que la veo más viva que nunca –sonrió malicioso –Manera de jugar con la mente de todos, ¿no?

-Severus… -gruñó el rubio mientras la tropa de mortífagos se abalanzaba sobre los profesores de la escuela. -¿Qué bando vas a tomar el día de hoy?

-El que lleve la ventaja… Soy Slytherin… -se formó una mueca en sus labios –Y veo que tú eres el que tiene todas las de perder…

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Ronald Weasley logró ingresar a la sala común antes de ser atrapado por la manada de mortífagos que ahora se agolpaba contra el cuadro de la Señora Gorda. Las chicas chillaban de pavor, algunas se había desmayado en la impotencia y el miedo. Algunos muchachos se había acercado a la entrada con sus varitas apuntando hacia la puerta, uno de ellos tenía los pantalones completamente mojados.

-No perdamos la calma, no podrán ingresar –exclamó Ron viendo como la mujer del cuadro se debatía para no dejarles chance a los mortífagos. –Estamos protegidos.

-No, no lo estamos –respondió Harry volviéndose al grupo de estudiantes alejados de la puerta. –¡Tú! –indicó a una muchacha de 6º año –Reúne a todos los hijos de muggles y llévalos a lo más alto de la torre por el sector de chicos, ya conoces la traba del sector de chicas –la muchacha asintió –Neville… -el chico lo miró desde su lugar junto a la entrada. –Ve con ellos y procura que estén protegidos, que nadie los encuentre.

Neville asintió y junto con la chica se dirigieron al final de la sala, junto a las escaleras.

-¿Quién es hijo de muggles? –preguntó la muchacha de nombre Samira –Todos los hijos de muggles acá.

Varios estudiantes se congregaron junto a ellos, muchos de ellos no sólo eran hijos de muggles, sino que también hijos de perseguidos por mortífagos, o gente del ministerio. Pronto más de la mitad de la casa Gryffindor estaba escaleras arriba. Harry sólo esperaba que Neville pudiera esconderlos.

Un grito final se escuchó tras el cuadro y Harry pudo ver como éste se descorría lentamente, pudo divisar varias personas tras el cuadro, internamente rogaba porque fueran de los buenos, pero algo le decía que las cosas comenzaban a complicarse.

Un golpe seco logró asustar a los chicos quienes pegaron un respingo para mirar al suelo desde donde provino el sonido. El cadáver de un animal peludo había sido lanzado desde el exterior.

-¡Es la señora Norris! –exclamó Parvati junto a la puerta.

-Buena noches, pequeños –Bellatrix se escurrió hacia el interior mirando al frente justo para clavarle la vista a Harry –Buenas noches, enano… -alzó la varita, Harry fue más rápido y le lanzó un hechizo desarmante, la mujer lo esquivó hábilmente –Demasius…

El cuerpo del chico cayó pesadamente al suelo. Bellatrix sonrió ante las miradas atónitas del resto de los chicos.

-Elimínenlos… -gruñó la mujer mientras un hombre se acercaba al cuerpo de Potter – A todos…

-¡No! –Ron se lanzó hacia el hombre para tratar de impedirle que se llevara a Harry –¡Déjalo en paz, suéltalo! –el hombre lo desmayó también.

-Sí, llévate a Zanahorio, también… -asintió la mujer. –¡Vamos, por los niños!

Bellatrix dejó el lugar seguida de dos hombres, uno cargando a cada uno de los muchachos, mientras el resto trataba inútilmente de detenerlos. Poco a poco los chicos fueron cayendo al suelo, de mano de los hombres encapuchados.

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El avada de Bellatrix retumbó por todo el castillo, y aunque entonces la gata se salvó, el sonido no pasó indiferente para la prefecta de Gryffindor. Olvidó su affaire previo con el rubio para mover la cara en dirección de donde provenía el sonido, sin embargo no se apartó de sus brazos.

-¿Qué fue eso? –preguntó la chica en un susurro y Draco la soltó suavemente. Hermione caminó hacia el final del pasillo justo donde podría ver hacia abajo, junto a la baranda. Escuchó un grito. –Es un ataque… -se volteó hacia Malfoy –Nos están atacando…

Draco sólo guardó silencio, no podía decirle nada. ¿Qué iba a decirle? Que efectivamente era un ataque, que todo estaba planeado, que él simplemente había intervenido para que nadie la aniquilara en su camino hacia Potter… No, no podía confesarle eso, no cuando sabía que ella acudiría en la ayuda de sus amigos.

-Huyamos de aquí, Granger –le dijo con voz suave, casi suplicante –No pertenecemos a esta batalla… -la tomó del antebrazo –Anda, Hermione… Sabes que no puedes hacer nada por detenerlos…

-¿Ah no? –preguntó ella, se soltó bruscamente del agarre de Malfoy. –Pues mírame como lo hago.

Malfoy chasqueó la lengua y sacó la varita, la apuntó directo a la frente de Hermione.

-No intentes moverte siquiera bonita… -susurró –No quise llegar a esto, pero no me dejas más alternativa. Imperius… -el rayo impactó de lleno la cabeza de la chica, quien dejó caer los hombros hacia delante y su mirada pareció de pronto muy vacía – Vamos, Hermione, mi Señor nos espera.

Draco comenzó a caminar por la escuela, mientras de fondo podía escuchar los ataques por los cuatro vientos. Algunos rayos iluminaban de tanto en tanto el camino, podía ver claramente que se sabían defender todos esos buenos para nada, había hecho un buen trabajo ese Severus. Aunque no supiera que estaba preparando a sus alumnos para la gran batalla del siglo. Luego de esto el mundo mágico ya no sería lo mismo.

A lo lejos, un grupo de jóvenes se deslizaba con sigilo por el pasillo, Draco procuro interponer su cuerpo entre ellos y Granger. Apuntó al más grande del grupo con la varita y observó en silencio. Un par de chicas venían con ellos: Millicent y Elloise.

Se escondió, no quería ser visto. Tenía otro planes.

Luego de perder a varios de los suyos, pero habiendo destruido completamente a la planta de la escuela, los mortífagos que se hallaban en el despacho de Dumbledore bajaron las escaleras. Habían tenido demasiada suerte… Nunca nadie estuvo tan descuidado ante un ataque de los Mortífagos, nunca nadie había sido tan poco asegurado como para no hacerse de aurores dentro de la escuela.

-Muy rápido cambiaste de bando, Severus –suspiró Narcissa Malfoy bajando las escaleras –No eres de confiar…

-Este hijo de puta nunca lo ha sido –exclamó Lucius divertido golpeando el hombro de su amigo –Casi me creí tu actuación, perro. –soltó una maligna carcajada. –Ahora me preguntó quién será el director de esta escuela, ahora que el vejete quedó completamente asado… Sin piedad. Me gustó tu actuación, Severus, excelente.

-Nunca me agradó este ambiente de trabajo, creo que ahora que se renovará la planta docente, será muchísimo más agradable entrar a trabajar.

Mientras todos los adultos se retiraban, también lo hacían los otros designados a otros espacios de la escuela. Luego de dormir a todos los chicos de Gryffindor William y Eulaly Parkinson podrían marchar fuera sin mayores cargos de conciencia. Sinceramente esperaban que el resto de los mortífagos hubieran sido convencidos por sus palabras llenas de culpabilidad antes de partir al ataque. Habían quedado en no tocar a los niños, no tenían culpa alguna, si era a Potter a quien querían, que se lo llevaran sin más cargas.

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Lord Voldemort descansaba tranquilo en la antigua mansión de su padre. Sin más compañía que la de su fiel siervo Colagusano degustaba una copa de brandy, esperando las noticias que le serían de su agrado. Se había encargado que las lechuzas hacia el ministerio desaparecieran misteriosamente antes de llegar a los agentes de seguridad. Controlar la mente del Ministro había sido pan comido, bastó sólo una humilde visita a su hogar y asegurarle vida para él y su familia… Claro que ahora tenía a un par de los suyos eliminando a la familia del Ministro… Nunca le agradó la política.

-Señor… -Lucius se arrodilló ante Voldemort –La misión ha sido un éxito rotundo, Dumbledore ha sido eliminado junto al resto de los profesores… Hemos traído al muchacho, junto con otros claramente.

-Excelente… -el hombre se puso de pie –Quiero a ese Potter aquí, ahora.

-A sus órdenes…

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Hermione abrió los ojos lentamente, la cabeza la dolía enormemente, era como si la hubieran golpeado en el centro de la cabeza con algún objeto contundente… quizás un bate o una roca. Se llevó una mano hacia el cabello y buscó entre sus rizos algún chichón resultado del golpe, pero nada. Sus ojos lograron vencer lo nubloso que le pareció en algún momento todo.

-Veo que despertaste –comentó una voz a la distancia, Hermione se incorporó en lo que descubrió era una cama donde estaba tendida. –Ya me estaba pareciendo que el hechizo había sido demasiado fuerte.

La mujer no se acercó y simplemente se limitaba a mirarla de reojo, como si mirarla demasiado no estuviera bien.

-¿Dónde estoy? –preguntó la muchacha tratando de pararse de la cama, pero al primer intento de bajar un pie la mujer al otro lado de la habitación sacó su varita y la inmovilizó. Hermione hizo chirrear los dientes en una contracción involuntaria. La inmovilización terminó y la chica se sintió aliviada. Miró a la mujer con desconfianza -¿Qué es este lugar?

La mujer suspiró.

-Una habitación, o acaso estás ciega –le dijo en tono burlesco. –Una sola palabra más, chiquilla y te juro que te saco los sesos –agregó molesta y salió de la habitación rápidamente.

Hermione se quedó de una pieza, bastante sorprendida de la actitud de la mujer. Se sentó en la cama y vio como en la mesita de noche había una bandeja con algunas cosas para comer y agua caliente suficiente para un par de tazas de té. Sonrió gratamente sorprendida, pero antes de tomar una galleta se detuvo, quizás no era seguro. Junto a la bandeja una nota que decía:

"Trataré de detener la masacre. Tienen a Potter y Weasley. Los otros sobrevivieron.

Estás en tu casa, ponte cómoda y descansa.

Por cierto, no le des bola a Marie, es la chica de la cocina, tiene malas pulgas…

D."

Pero lo menos que hizo fue tratar de descansar, se puso de pie inmediatamente para alcanzar las cortinas y descorrerlas. Afuera parecía haber una calma que la desesperaba, un enorme espacio sólo cubierto por prado y jardines… Era un palacio. Llevó sus manos al picaporte, pero una descarga la hizo retroceder, sus manos ardieron como si se hubieran quemado.

-Maldito Hurón… -gruñó Hermione –No soy tu presa… ¡¡¡Marie!!! ¡¡¡Sácame de aquí!!! –gritó en vano. -¡¡¡Malfoy!!!... ¡¡¡Alguien!!!... –suspiró –Seguro me quedo sin voz antes de superar la barrera del Silencius… ¡¡¡Maldito Hurón!!!

Se sentó en el canto de la cama refunfuñando.