Disclaimer: Digimon no me pertenece.

XXVIII

Retrouvailles

-La alegría de reencontrarse con alguien después de mucho tiempo-

Si Catherine se despidió de Floramon lo hizo con la mente puesta en los próximos.

Ella había visto lo inadecuadamente mal que funcionaba la imagen de los digimons en el mundo, su gran tamaño, entre otros aspectos, atemorizaba con la destrucción de ciudades aun si estos fueran amigables. Eso se decía en los medios cuando las noticias de los seres digitales no se reportaron más. ¿Qué tal si regresaban? ¿Qué harían entonces?

Para Catherine era fácil; estrecharles la mano y darles la bienvenida. Por supuesto, sabía que la paz no se formalizaba tan a la ligera en un lugar que conoce más guerras que banderas blancas. Eso lo sabía ya a sus doce años. El recorrido para llegar a vivir con los digimons no rebasaba ni su punto de partida, y aunque su mente de repente tenía retrocesos que la hacían perder todo rastro de ilusión, la imagen de Floramon llegando un día —quedándose por siempre—fortalecía sus flaquezas.

Cuando veía por la ventana ansiando el reencuentro, en su mirada no se registraban líneas de impaciencia. Sabía que mientras los días pasaran, el sueño se acercaría.