Título: Caged bird
Personaje: Ushiromiya Beatrice, mejor conocida como Beatrice de Kuwadorian.
Notas: SPOILERS del EP7 'Requiem'. Menciones de Beatrice Castiglioni, algunos narrados bajo el punto de vista de Kinzo.
Rating: T
Género: Hurt/Comfort
Tabla de retos: Ventura
Tema: 27. Elección del autor: Llanto
Su presentimiento no resultó erróneo, o al menos no del todo. Si bien no era un príncipe el que venía a rescatarla, como en los cuentos que le contaban los sirvientes al ser una chiquilla, alguien había aparecido para librarla de ése lugar. Una pequeña niña, de cabello y ojos a juego. Tan bonita que deseó que su bebé, cuando fuera mayor, se le pareciera en todo.
Rosa, ése era su nombre. Rosa, la que parecía un milagro entre el espeso follaje, desconcertada pero animosa, introduciéndola poco a poco en un mundo que siempre había deseado pisar. Sus anécdotas llovían como agua de septiembre, trayendo maravillosos escenarios a su mente, cuyo infantilismo clamaba por conocer. Zoológicos, cines, parques de diversiones... ¡Todo aquello seguro que era mejor que ese horrible lugar! ¡Ese horrible castillo de paredes altas y miradas lastimeras!
—Llévame contigo —pidió Beatrice, haciendo a un lado la taza de café y las galletas que había tomado de la cocina en ausencia de Kumasawa, en un claro gesto que le hacía entender a Rosa que nada de aquello le importaba—. Quiero verlo todo, ¡quiero conocer un zoológico! ¡Y a los elefantes, pingüinos, camellos...!
Sus ojos azules se iluminaban con la sola idea. Aquél cuento siniestro en el que había vivido estaba por terminarse. Si no había lobos fuera de esas cuatro paredes... ¿Qué estaba esperando?
—Llévame contigo —repitió con ímpetu, levantándose rápidamente para guiarla hacia la salida, donde estuviera, fuera el fin del mundo o la esquina más alejada del jardín.
Rosa no podía negarse a ese semblante anhelante. Quería cumplir el deseo de esa mujer y muy a su pesar, por mucho que tuviera miedo, comenzó a trazar el camino hacia la salida, con un par de tacones haciendo eco justo detrás de ella, marcando un compás casi alegre, que resonaba contra los árboles como un eco.
—Es por aquí —puntualizó Rosa, señalando un pedazo de enrejado que se había roto.
Beatrice se apresuró a seguirla una vez la pequeña estuvo del otro lado, mirándola con cierta reticencia. Pero la mujer, la princesa escondida en ese cuento de hadas, apenas y notó algo. Estaba concentrada en su escape, en su libertad, en el zoológico y en una vida nueva.
Tan concentrada que no llegó a oír el llanto de un bebé. De su bebé, que a todo pulmón parecía clamarle que no le olvidara. Que no le dejara en esa jaula, de donde —como ella—, nunca podría salir.
