28
Mentiras
—Bebe, levantarás sospechas si no lo haces—le dije mientras miraba por sobre mi hombro y sostenía mi trago debajo de mi nariz. Di un sorbo largo que acabó con el licor que tenía en la mano y la princesa se suspiró, alejada lo más posible de la barra, mirando su vaso como si la fuera a atacar. —¿Debo repetirte las cosas dos veces?
—No—se apresuró a decir y me miró suplicante, sólo yo podía verle los ojos debido a nuestra proximidad y la capucha que le cubría hasta el nacimiento de la nariz entre sus cejas. —Es sólo que Trun…
—¡Eh! ¿Qué dijimos sobre usar los nombres?—le recordé lo más alto que el susurro me permitió y Bra sostuvo mi mirada por unos segundos antes de volver a pelear visualmente con el licor. Tardó otros segundos más en hacerse la valiente y de un manotazo se llevó el licor a los labios. Al instante sintió las culebras calentarle la garganta y el pecho, y una mueca de repugnancia le deformó su rostro, sacudiendo la cabeza unas veces hasta que el calor desagradable se le pasó. El rey no le permitía beber ningún tipo de licor.—¡Otro más!—le grite al cantinero y la princesa me miró con angustia, le sonreí como malicia. —Éste lo tomarás más despacio, ¿o quieres llegar borracha a tus aposentos?
—Pensé que íbamos a hablar, no venir a una taberna…—demandó como si la hubiese llevado al matadero, quiso mirar hacia atrás en donde todos los guerreros saiyan se mimetizaban con los libertos y la tomé fuertemente del hombro para impedírselo.
—No mires a nadie, si alguien llega a ver tus ojos…—no tuve que terminar mi frase para que obedeciera y yo mismo me di la libertad de ver el panorama a nuestras espaldas. Una gota de sudor me cayó desde la frente y se perdió en mi ceja derecha.
—¿Entonces por qué me trajiste aquí en primer lugar? Es peligroso, si alguien llega a reconocerme…—Fruncí el ceño con enojo y no la dejé terminar, empecé a hablar por encima de sus palabras para obligarla a que se callara.
—Nadie la reconocerá si me obedece, ¿escuchaste?—ella asintió un tanto cohibida.—Tu padre no era ningún tonto, incluso él sabía que nadie buscaría en el sitio más obvio y yo dejé a la joya del planeta Vegeta a la vista, ¿acaso alguien te ha mirado en todo este tiempo?
—¿A qué te refieres con eso?—su voz salió como un susurro involuntario y yo entrecerré los ojos, evitando mirarla. Tomé un trago corto y la miré al fin. Sus ojos destilaban miedo pero no el miedo a morir, sino que era el miedo a saber la verdad y que le rompiera el corazón.
—Tu padre siempre fue muy astuto, niña. El señor lagarto le encargó un amuleto, una baratija de magia antigua, que se encontraba en un planeta bastante primitivo. Los lugareños decían que prometía alargar la vida con sólo tenerla cerca y mandó a tu padre a buscarla por él—tomé un sorbo y ella se remojó los labios con ansiedad. Las risas de los hombres a nuestras espaldas estallaron súbitamente y di una mirada de soslayo.—Él se la robó y le entregó un cristal inútil a cambio. ¿Te has preguntado de qué es el material que decora tu precioso collar?
Instintivamente la princesa se cubrió el cuello con una mano, a donde estaría su collar dejado de la manta que la cubría de pies a cabeza. Me frunció el ceño con furia.
—Mi padre no era ningún ladrón—me dijo con fiereza y yo me reí suavemente, Bra se enfadó más. —Él era un rey. Los reyes no son…
—Oh pero sí lo era. Y un asesino también, ¿o me dirás que él sólo conquistaba los planetas malos?—le repuse con un tono burlón, ella no supo qué decirme y se quedó con las ganas de insultarme. —Eso era lo que era, niña, un asesino, un ladrón y un mentiroso. Tu madre era una esclava antes de ser reina, ¿sabías eso? La secuestró y la encerró en una habitación hasta que ella le abrió las piernas…
—¡Basta!—se levantó de golpe de su asiento y me miró con furia, conmigo sentado teníamos casi la misma altura. —Deja de decir mentiras o me iré en este momento.
—¿No lo entiendes, verdad?—le dije con seriedad y toda su rabia se disolvió, había recordado que en el lugar en donde nos encontrábamos ella no tenía poder alguno. —Para conocer la verdad debes saber que no todo de ella te gustará—sus cejas se alzaron con tristeza y miré al frente. —¿Empezamos?
La chica me miró la espalda por largos momentos sin entender el arrepentimiento que estaba sintiendo y cuando comencé a cansarme de esperar a que se sentara otra vez, ella tomó el vaso con el licor que le correspondía y de un sorbo, se tomó hasta la última gota. Dio un quejido de malestar que la hizo toser suavemente y se sentó pesadamente cuando un mareo fugaz la tumbó sin querer.
—¿Qué es lo primero que debo saber?—preguntó sin siquiera mirarme y yo reí suavemente, percibí que el licor le estaba nublando la vista y decidí no ser tan cruel con ella esta vez.
—Desde el comienzo—dije al borde de ignorarla y ella forzó una sonrisa vaga. Aparté el vaso que tenía y lo dejé cerca del vacío de la princesa y comencé a pensar en la unión imaginaria entre ellos. Recordé Calade sin mucho cariño.—Generalmente, hay dos caminos, está el difícil y el fácil. Siempre recuerde eso, princesa. —La chica analizó la distancia entre los vasos y la distancia más corta entre ellos era la línea recta. —Cuando tu abuelo quiso conquistar las galaxias del norte, comprendió que debía pasar por Calade, el camino fácil puesto que no habían turbulencias pasando por ahí. Bueno… el camino aparentemente fácil—expresé con una mueca de desprecio. —Por supuesto que Freezer estaba ahí, esperando nuestro arribo y cuando el rey Vegeta de ese entonces mandó el primer escuadrón, todos murieron.
—Ya me sé esa historia—objetó la chica casi con aburrición.—Freezer y mi abuelo pelearon hasta que el rey quedó mal herido y Freezer le ofreció una tregua. Mi abuelo le entregó a mi padre como pupilo y se fundó la federación.
—Así es, princesa—respondí y Bra me miró con una sonrisa, pensando que era una ganadora pero pasaría mucho tiempo antes de que la princesa ganara una batalla. —Y por supuesto que sabes que tu padre traicionó a tu abuelo y Freezer lo asesinó a cambio de que Vegeta gobernara a favor del Imperio—le dije con sarcasmo y de inmediato supe que se había quedado paralizada de la impresión. —¿Cuáles eran las razones que daban los traidores que mataron a tu padre? Ah, ya lo recuerdo…—sonreí con ligereza. —Porque él no hacía nada con respecto a Freezer, él sabía que le debía su trono y que bien podían quitárselo…
—¡Mentiroso!—por un momento pensé que ella lo había creído pero su obstinación al querer pensar en Vegeta como un buen rey le nubló la mente, sus miles de cuentos suavizados lo retrataban así. Negué con burla mi cabeza mientras pedía que me rellenaran una vez el vaso y el cantinero no tardó en acudir a mi llamado. —¿Qué quieres ganar? ¿Por qué me dices esas mentiras?—me espetó ahora completamente convencida de que yo sólo quería ensuciar la imagen de Vegeta.
—Para que dejes de creer que sólo hay buenos y malos—fui un poco duro al responder, la chica habría retrocedido si estuviera parada. —Vegeta era bastante malo pero no era distinto a Freezer.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Él era tu rey!—aunque estaba enfadada, no era del todo tonta y supo moderar el tono de su voz para que se mimetizara con el bullicio del ambiente pero el cantinero se había percatado de nuestra pequeña discusión y nos miraba con insistencia. Lo miré serio, esperando a que hiciera su movimiento pero él no hizo nada.
—Por supuesto que fue mi rey—le respondí con un asentimiento de cabeza. —Pero no he dicho ninguna mentira. Antes de tu madre, Vegeta destruía planetas enteros. Hombres, mujeres o niños, a él no le importaba mientras consiguiera un buen trato por su planeta. ¿O crees que el planeta Vegeta siempre tuvo vasallos? Los arrodillados vinieron cuando nació Trunks, antes de eso…—no quise continuar, terminaría repitiendo lo mismo que ya había dejado en claro antes.
—Basta…—sollozó sin lágrimas la chica y formulé una mueca de desprecio. La princesa se sacudió en su asiento un poco y en una torpeza, se meció hacia atrás con un ángulo peligroso. Recobró el equilibrio el instante anterior al que su caída fuera definitiva y en un movimiento certero logró sostener la capucha que se deslizó suavemente por su pelo hasta descubrir unas cuantas hebras lilas. Bra se estremeció después de ocultar su pelo extravagante y se giró a ambos lados buscando testigos. Sólo el cantinero la había visto y bajó la mirada cuando ella lo miró de vuelta. Mascullé una maldición al verla cometer tal imprudencia y la tomé por un brazo para dirigirla a la salida.
Tratando de soltarse, Bra camino arrastrando los pies y dando tropezones a donde yo la dirigía, y me pedía que la soltara con las palabras más suaves que le salían pero yo jamás le hice caso. El camino era truculento y cada tantos pasos un soldado se nos colaba en el frente y debía empujarlo para que se saliera. No todos tomaron mi necesidad de salir con buenos ojos y recibimos insultos dos veces de guerreros ebrios pero yo seguía sin hacer caso, y la princesa seguía retorciéndose para liberarse de mi agarre.
—Suéltame, ¡para!—ordenó con su voz de niña y se giró con su brazo como eje hasta el punto que tuve que soltarla para que no se lastimara. —¡Él me vio!—levantó la voz lo más que pudo mientras apuntaba al cantinero y se arregló la capucha, rauda. Seguí la línea imaginaria que trazaba su dedo y di con el tabernero, fingiendo que no nos miraba. Arrugué la nariz y mostré la encía en un gruñido, mientras me dirigía al susodicho y dejaba a la princesa sola.
El tabernero no supo cómo ocultar su miedo cuando me vio acercándome con rapidez y se cubrió la cara con las manos cuando le puse una mano constrictora sobre su cuello, despegándole los pies del suelo.
—No me mate, por favor. Yo no vi nada—suplicó entre sollozos secos y se estremeció cuando le apreté el cuello con desconfianza.
—¿Y cómo sabes que no debiste ver algo? Debería sacarte los ojos…—Un quejido de miedo hizo vibrar su pescuezo y un grito femenino hizo temblar el mío. La ansia de sangre que sentía se disolvieron y se hicieron sentir miedo cuando vi a un grupo de soldados rodear a la princesa, sin siquiera notar que era la princesa. La habían tomado por una sirviente liberta y comenzaron a acosarla en cuanto la vieron sola.
Un golpe sordo se escuchó cuando el tabernero aterrizó en su suelo mugriento cuando yo cambié de prioridades. La niña no tenía ninguna culpa, había permitido que se separara de mí y ninguna sirvienta sobrevivía sin compañía.
—Eh, tú. No sabes con lo que te estás metiendo—traté de sonar sereno y Bra sólo miró al suelo, con el intento de no revelar el color de sus ojos, no supe si había percibido mi llegada.
—¿Acaso la reina está aquí para decirme que no debo tocar a las arrodilladas? —expresó con una cara alcoholizada y sarcástica, y se atrevió a pasar un brazo por sobre los hombros de Bra. La vi estremecer de miedo. —Estas arrodilladas no saben cómo es la vida aquí, alguien debe enseñarles su lugar. ¿No es así, arrodillada?—Bra quitó la cabeza de golpe cuando el soldado le habló echándole encima todo el tufo de ebrio en la cara y el agresor no hizo más que reír.
—La chica no te quiere cerca, déjala ir—de nuevo quise parecer calmo pero la paciencia se me iría luego. Sentí a la chica quejarse cuando el soldado la zamarreó un poco al moverse vacilante. Apreté la mandíbula y fruncí el ceño sin saber qué hacer. Si llegaba a luchar, Bra podía salir descubierta o incluso lastimada. —Niña, ven aquí—sugerí y la princesa levantó un poco el mentón hasta que un brillo lila me sugirió la posición de sus ojos bajo la oscuridad que le proporcionaba la capucha. Sólo se le podía ver la boca y me recordó a Desconocido. Fruncí la boca y estiré una mano hacia ella. —Ven.
Bra se me acercó con sigilo, primero a pasos cortos para no provocar a sus acosadores, luego más confianza cuando iba entrando en mi zona de seguridad. Ella tuvo la intención de protegerse bajo mi axila pero los soldados quisieron tomarla por la cintura en un ademán para acercarla de nuevo a su grupo pero su constante mareo los hizo fallar y apenas le rozaron el trasero. La princesa enrojeció de vergüenza y molestia, se volteó para abofetearlos pero le pegué su brazo contra el costado cuando la guié fuera del lugar.
—¿Viste lo que me hizo?—me preguntó entre avergonzada y furiosa, atónita porque yo no había hecho nada. Al salir a la calle, un escalofrío la hizo estremecer y supe que tenía frío. —¡Y tú no hiciste nada!
—Recuerda que eres una sirvienta, princesa, a las sirvientas le sucede eso y peor—le dije sin mucha importancia y ella aprovechando que no la consideraba violenta, me intentó golpear en la mejilla pero apenas me rozó con la punta de sus dedos cuando me eché para atrás con sorpresa. Su frustración al no poderme pegar la sulfuró y gritó con la boca cerrada.
—¡Todos merecen ser protegidos!—me sostuvo la mirada con fiereza y vi un atisbo del rey Trunks en ella. No pude evitar sorprenderme, hasta ese entonces la creía un ente frágil y de poca profundidad, envuelta en un manto de niebla que no la dejaba ver más allá de su propio espacio. Me erguí ligeramente por la impresión. —Hombre, mujer o niño. Todos, incluso una sirvienta. —Sus ojos estaban bien abiertos y la voz le salió ronca pero temblorosa, las pupilas lilas brillando bajo las estrellas.
—¿Quieres que vuelva ahí y le dé su merecido a un par de borrachos?—no quise sonar tan sorprendido, su idea era de esas que a los híbridos terrícolas solían tener pero eso no significaba que era precisamente buena para esa circunstancia. —No, princesa, no volveré adentro. Es una mala idea, ¿quieres que se pregunten porqué protejo a una sirvienta? ¿Quieres darles la oportunidad de dudar de una simple sirvienta como tú? —ella negó sin estar completamente convencida. —Entonces no me vengas con tonterías, princesa, actúa como una sirvienta y evita meterte en problemas.
—No estoy segura de querer seguir haciendo esto. No me están gustando tus verdades—me dijo con un dejo de desprecio. —Debería volver al palacio y susurrarle tu nombre a Trunks.
—No harías eso—le dije con cierta burla y me crucé de brazos. —El rey Trunks se preguntaría porqué le susurras mi nombre y qué tiene que ver contigo, princesa. No harás eso porque no te conviene, tu hermano sabría que desobedeciste sus órdenes y que te fugaste con un bajaclase a una taberna, seguro que le encantará saberlo—me reí con la boca cerrada y ella frunció el ceño con rabia, me acerqué a su rostro con rapidez y la princesa empalideció con sorpresa. Bra pensó que iría a besarla.—No sabes mentir.
—¡Por supuesto que sé! El único aquí que no sabe hacerlo eres tú, nunca creeré las mentiras que me has dicho esta noche. Eres un mentiroso.—Bra se cruzó de brazos y comenzó a caminar de vuelta al palacio. Un viento le corrió la capucha y un par de hebras fueron descubiertas mientras que la princesa trataba de fijarse la capucha de vuelta sobre la frente.
—Los únicos mentirosos aquí son el rey y su reina madre—Bra se paralizó al ofenderse con mis palabras y me miró furiosa, no la dejé insultarme de vuelta porque le hablé sobre sus verbalizaciones torpes. —El lado ganador siempre cuenta su propia versión de la historia, princesa, no se olvide de eso.
Estaba oscuro en Kanatyr y el segundo sol les alargaba las sombras mientras caminaban a media luz, con el verde a sus espaldas. Trunks lideraba la marcha con su espada envainada amarrada en su armadura y el sol verde le arrancaba destellos azulinos del mango; Bardock iba dos pasos más rezagado a su lado, recibiendo lecturas de las explosiones más cercanas e imaginando cuáles eran las posiciones de Leek y Paes, los dos colonos que estaban haciendo guardia en Kanatyr al momento de su ataque confuso. Cerrando la marcha iba Tomma, más rígido que de costumbre al nunca estar de misión con el mismísimo rey. El compañero de escuadrón de Seripa iba mirando a su alrededor con el ceño fruncido, esperando a que el alboroto surgiera de los lados, buscando un momento de distracción.
Trunks había encomendado a su madre de reunir un puñado de soldados menores para que los ayudaran una vez que la guerra civil en Kanatyr se fuera mermando a su llegada y buscaba en el cielo las estrellas erráticas que les darían la señal de que estaban cerca. Al terminar de subir un cerro, la destrucción de la ciudad principal del planeta arrodillado se vio con claridad y Trunks frunció el ceño.
—Sean cuidadosos, no quiero que los traidores sepan que llegamos—el rey estiró una mano y desenvainó la espada con suavidad, de la funda salió el sonido de un arañazo. —Quiero atraparlos en acción.
—Sí, mi señor—dijo Tomma al tiempo que daba un asentimiento con la cabeza. Bardock simplemente los miró con los ojos contraídos, había tenido una visión alguna vez y no le gustaba cómo estaba viéndose el panorama para su rey.
—¿Pasa algo, Bardock?—la concentración del rey se vio un tanto dispersa y es que confiaba mucho en su capitán que las hacía fielmente de consejero. Mi padre lo observó simplemente con un movimiento de pupilas y tardó en contestar, por lo que el rey frunció el ceño con desconfianza.
—Esto es una trampa—consiguió decir con firmeza y Tomma abrió los ojos con sorpresa. —No estaba seguro hasta que llegamos hasta acá. Freezer ha hecho esto, hay muchos kanatyreanos en la federación, no es sorpresa que haya sido en Kanatyr la revuelta. Trunks…—hizo una pausa sin saber como continuar. —Debes tener cuidado, esto sólo busca que las colonias te den la espalda, debemos ser fuertes.
—¿Qué es lo que sugieres?—la voz del rey era grave y nuevamente mi padre tardó en contestar.
—Es hora de que sea más como Vegeta que como Trunks, el híbrido. Aplaste esta rebelión. Hágales saber que con usted no se juega, que no vendrá pidiendo perdón. Hágale saber a Freezer que usted también puede jugar como él.
—¿Destruir a los kanatyreanos? ¿Es eso lo que me pides? —el rey estaba a punto de ponerse furioso y desvió la mirada hacia la destrucción de la ciudad principal de Kanatyr. Para Trunks, ese pueblo ya había sufrido bastante, él les había prometido protegerlos y ahora estaban siendo aniquilados. El rey apretó los puños con frustración. —No mataré inocentes.
—No necesita hacerlo, sólo a los federados—aseguró el capitán de la cicatriz.
—¿Y cómo sabremos cuáles son los federados y cuáles los inocentes?—preguntó Tomma, robándole las palabras al rey, quien no quiso formularlas con antelación.
—Eso déjenmelo a mí—sugirió llevando la mirada al frente, a donde la destrucción subía como una columna de humo hacia el cielo y el rugido de los gritos lejanos se escuchaban de fondo. El rey Trunks asintió una vez y se encaminaron hacia el centro de la ciudad con un trote ligero para no alertar a los rastreadores de sus adversarios.
El rey Trunks recorrió las calles con la espada desenvainada, pegada a su mano como una extensión de su brazo derecho y se movía con un baile grácil cada vez que veía a los atacantes tomar a sus víctimas. No vio en ningún momento a los soldados saiyan entre la multitud alborotada y sólo los kanatyreanos protagonizaban actos vandálicos.
El híbrido sintió su sangre hervir cuando vio que un nativo zamarreaba a una mujer que sólo atinaba a recoger los bultos que se le había caído al momento de ser apresada. Trunks caminó hacia ellos con zancadas grandes, sin ser percibido por el atacante mientras mordisqueaba la piel de la nativa. Con un movimiento ágil, el rey azotó la extensión de su brazo contra una de las manos que mantenían cautiva a la mujer y de pronto, el kanatyreano perdió una mano. Una sangre espesa y verdosa salió disparada hacia la mujer y el atacante se tomó el muñón con insistencia, Trunks no esperó más para asestarle una patada en el torso para finalmente alejarlo de su víctima que cayó al suelo cuando el hombre salió disparado para atrás, regando sangre verde por todo su trayecto.
Trunks dio unos pasos hacia él y el kanatyreano lo observó con los ojos desorbitados cuando un chorro de sangre le arrancó un quejido. «Más como Vegeta y menos como Trunks, el híbrido» Se repitió cuando dio un paso más hacia el traidor y sus botas se mancharon con la sangre verde del arrodillado.
—Piedad—suplicó el arrodillado, apretándose el muñón con fuerza y entre sus dedos se formaron ríos de sangre. —Piedad…
«Más como Vegeta y menos como Trunks, el híbrido»
—No le habrías concedido piedad a tu hermana de tierra—expresó el rey con desprecio. Los hermanos de tierra se refería a los hijos del mismo planeta, compatriotas.
Trunks frunció los labios antes de levantar la espada en el aire para asestarle un golpe fatal en las costillas. El kanatyreano se quejaba cuando la espada iba enterrándose conforme Trunks iba concentrando su peso sobre el mango azul y los lloriqueos de la mujer a sus espaldas lo hicieron detenerse para comprobar cómo estaba. Para cuando miró de nuevo a su primera víctima, él ya se encontraba muerto, desfigurado por la última mueca de dolor que daba. De pronto se sintió terriblemente culpable y desenterró su espada con rapidez. Trunks tuvo nauseas pero se las supo aguantar para dirigirse a la arrodillada.
—Vete y escóndete en un lugar seguro—le ordeno a la mujer kanatyreana mientras recogía sus bultos, Trunks imaginó que estaba intentando escapar de la ciudad con provisiones bajo el brazo, al momento que la atraparon. —Cuando terminemos, podrás salir nuevamente.
—Gracias, muchas gracias, rey de reyes—sin duda lo conocían pero Trunks no tenía idea de que aquello pasara aún para ciudadanos comunes y corrientes. Le sonrió con amabilidad y le ofreció una mano para ayudarla a levantarse, los ojos de la mujer eran como el primer sol de Kanatyr, dos brillantes perlas doradas, y su piel tan oscura como una noche sin luna. La arrodillada estrujó su mano con mucha ansiedad y sólo se la soltó cuando la condujo a una casa para encerrarla ahí mientras controlaban la turba.
Aplastar la rebelión sólo duro unas horas y habían terminado para cuando el primer sol de Kanatyr anunciaba la llegada de un nuevo día. Las sombras se arrastraron en el suelo, devolviéndole el color a la tierra mientras huían de las caricias del sol dorado. Trunks caminó por las calles de arena gruesa y sus botas hacían sonar el suelo bajo sus pies, cuando los granos de mineral eran apretados entre sí. Los kanatyreanos le habían preparado un trono en la sombra pero Trunks siguió caminando hasta encontrarse con sus soldados. Los tres estaban sucios y sudados pero no pararon para descansar y todos los kanatyreanos doblaron la rodilla ante él. Hordas de nativos se desplegaron sobre sus arenas con obediencia.
—Anda—ordenó con voz queda el rey de reyes y Bardock se acercó a los arrodillados con un paso lento. Tomma frunció el ceño sin saber qué iría a hacer mi padre y miró a la comitiva que había enviado la reina, eran veinte ejemplares, los suficientes para ejecutar a los traidores.
Trunks se quedó mirando desde atrás mientras Bardock se paseaba entre los espacio vacíos, analizando las caras de los arrodillados con los ojos entrecerrados. Las ánimas le susurraban las facciones de los traidores al verdugo del rey y cuando alguno de los kanatyreanos resultaba ser un alborotador, Bardock levantaba una mano para señalar al elegido, susurrando un "tú" cada vez que el traidor se negaba a levantar la vista.
Los soldados que había enviado la terrícola se llevaban al acusado por el verdugo del rey a un lugar apartado y le partían el cuello sin juicio. Muchos arrodillados sollozaban ante tal acto de crueldad pero Trunks no iba a perder el tiempo con los traidores, confiando ciegamente en su capitán adivino.
Llegando a la última fila de arrodillados, Bardock apuntó a los tres últimos traidores y a un cuarto le dedicó una atención especial. Cerró los ojos y le puso una mano en la cabeza, las ánimas le dieron imágenes borrosas de una chica saiyan riendo, besándolo, abrazándolo y muriendo por él. La última escena se fue al negro cuando Leryce cayó al suelo con el cuello tan blando como la piel sin hueso, y apartó la mano de la cabeza con lentitud. Los soles verdes de él lo miraron con insolencia y Bardock apretó los puños con furia.
—Tú mataste a Leryce—le susurró cuando se inclinó a él y el kanatyreano sonrió con malicia, percibiendo que lo iría a atacar.
—Yo amaba a Leryce…—corrigió el kanateryano como si Bardock pudiera ser engañado y el capitán frunció el ceño debido a su insolencia. Los soles verdes de él sonrieron al tiempo que se levantaba con rapidez para atacar al verdugo del rey, el puño rozó la mejilla con la cicatriz cuando Bardock logró esquivarlo a duras penas.—Estás haciéndote viejo, Bardock—siseó el federado con un fuerte acento kanatyreano.
Bardock se dobló para atrás para asestarle un golpe de lleno en la cara pero el kanatyreano saltó hacia atrás describiendo un arco muy amplio, el verdugo del rey gruñó mientras lo veía aterrizar en el suelo. Bardock dobló las piernas para darse el impulso para seguirlo y de un momento a otro estuvo frente de él, el de los soles verdes rió con gracia y le asestó unos golpes que Bardock a duras penas pudo esquivar o parar. Por primera vez, el verdugo del rey pensó en la posibilidad de que estuviera envejeciendo.
Pelearon en el aire y el kanatyreano, más ágil y joven, parecía que tenía el control de la situación pero aquello no preocupó más a Trunks de lo que estaba Tomma. Vieron la pelea con las cabezas casi tocando el nacimiento de las espaldas y los nativos dejaron su posición arrodillada para mirar el acontecer en el aire, eran los golpes entre el reino saiyan y el traidor de Kanatyr, el guerrero federado.
Bardock lanzó tres bolas de energía que azotaron al federado con tal fuerza, que tuvo que protegerse con los antebrazos. El capitán aprovechó esos momentos defensivos para respirar y sintió un nuevo sudor que le mojaba la piel, aunque su respiración era profunda para recuperarse, no pudo evitar sonreírse.
El guerrero joven comenzó la ofensiva otra vez y Bardock tuvo la impresión que su ritmo había mejorado, incluso había podido combinar los golpes con patadas que hicieron retroceder a su oponente cuando trataba de defenderse. Entonces supo que su oponente era muy lento para cambiar de tácticas ofensivas a defensivas y aprovechó el beneficio de la sabiduría por sobre la juventud.
—No estás tan viejo como pensaba, anciano—comentó el federado con una sonrisa, apenas se mostraba cansado y Bardock ya se encontraba jadeando.
—Este anciano te mandará al otro mundo—dijo con burla y ambos se sonrieron. El kanatyreano volvió abrir la pelea y por un momento, Bardock retrocedió unos pasos al no poder contener la cantidad de golpes de propinaba el guerrero joven. El capitán llevó su cuerpo hacia la derecha, luego a la izquierda y nuevamente a la derecha al tratar de esquiarlo pero eventualmente el federado adivinó cuál iba a ser su próximo movimiento. Cuando se giraba hacia la izquierda, el kanatyreano lo encontró con una patada que lo llevó al suelo.
Unas nativas gritaron con sorpresa cuando el cuerpo de Bardock fue a parar a unos metros de ellas y todo el mentón de Bardock quedó manchado de sangre y arenisca del planeta arrodillado. Tomma avanzó unos pasos cuando no vio a su amigo moverse y sólo se detuvo cuando Bardock se estremeció buscando levantarse.
—Bardock no podrá vencer al traidor, es más joven y fuerte que él—razonó Tomma con voz queda y Trunks dejó de ver la batalla por un momento para levantar las cejas. —Va a matarlo…
—Apuesta por el traidor si así lo quieres—expresó con cierta burla el joven rey y Tomma lo observó sólo con un movimiento de pupilas, cuando el kanatyreano se acercaba a Bardock con lentitud. —El kanatyreano es más joven y más fuerte que nuestro viejo capitán pero es más confiado también. La victoria no es siempre para el mejor jugador, sino para el que sabe cómo jugar.
Y el rey finalmente aceptó el trono que sus vasallos habían arreglado para él en la sombra y se retiró dándole la espalda a la batalla. Tomma lo siguió con la mirada hasta que se sentó y volvió a poner ojo en su viejo camarada. El kanatyreano había reanudado la ofensiva y Bardock apenas podía seguir el movimiento. Tomma pudo ver por el rabillo del ojo cómo una nativa le servía agua al rey de reyes y él le daba las gracias con amabilidad, no entendía cómo el joven rey podía ser tan confiado, él mismo lo había dicho, confiarse era un error.
Bardock escupió un poco de sangre mientras el federado le daba un momento para respirar y comenzó a rodearlo como un león a su presa. El federado apenas se mostraba cansado y se regodeaba viendo al soldado que tenía la reputación de ser un gran soldado, que incluso habría matado a un rey; tan cansado que no podía evitar dar bocanadas profundas de aire tratando de recuperar el aliento.
—¿No era que me ibas a mandar al otro mundo?—recordó el federado con una sonrisa mientras se le acercaba trazando semicírculos cada vez más pequeños. Bardock rió con la boca cerrada mientras miraba hacia abajo. —Mándale saludos de mi parte a Leryce—replicó a modo de despedida e intentó golpear al capitán de lleno en la cara pero éste se hincó y quedó libre de lanzar un chorro de energía que partió por la mitad al joven federado. Bardock se cubrió de sangre verde y el olor a carne chamuscada lo hizo arrugar la nariz.
—Díselo tú mismo—susurró sabiendo que el kanatyreano no lo escucharía pero quizás Leryce lo hiciera.
Cuando la princesa cruzó el último tramo de su viaje a la seguridad de su habitación, ya se había desprendido de la capa de sirvienta y se había revuelto el pelo para borrar cualquier vestigio de la capucha que aplastaba su lila. Al abrir la compuerta le dio un escalofrío mientras esperaba que subiera totalmente la puerta y tuvo el impulso de mirar hacia atrás, para cerciorarse de que nadie la había seguido. Por supuesto que no había nadie y no se sintió segura hasta que estuvo completamente de adentro y cerró la compuerta con rapidez, como si de eso dependiera su vida.
Al acostumbrarse a la penumbra, tiró la capucha al suelo y vio un bulto sobre la cama. El bulto se estremeció al sentirse acompañada, Marron se incorporó de la cama de manera rauda. Se había quedado dormida esperando a la princesa.
—Bra, estaba preocupada por ti. Tu madre me envió a buscarte…—la confusa Marron se levantó de la cama en la que estaba dormitando, se alisó el pelo con una mano y trató de sonreír sin verse cansada por el sueño—Piensa que estás durmiendo, no sabía cuándo ibas a volver…
Bra frunció los labios y le pegó al panel con fuerza para que se abriera la puerta con rapidez. Se paró a un lado del umbral con los brazos cruzados y el ceño contraído.
—Afuera—su voz sonó grave y Marron se estremeció con sorpresa, el tartamudeo invadió su voz. —Afuera, he dicho.
—¿Bra? No entiendo—Marron se forzó a sonreír con las manos entrelazadas, sus ojos negros fueron de allá para acá buscando respuestas.
—¿Acaso crees que no me di cuenta? Trunks supo que la tyrriana nos contó del droslos y la echó. Tú la traicionaste y me traicionaste a mí—se apuntó a sí misma varias veces para hacerle ver que la había afectado especialmente a ella. Marron abrió los ojos por la impresión, repasando mentalmente las palabras que le había dicho al rey y llegó a la conclusión que no era verdad.
—No, yo nunca…
—¿Me negarás que le dijiste?—La rubia no pudo contestar y abrió y cerró la boca sin que la garganta permitiera escapar algún sonido inteligible de ella, sentía un nudo palpitarle en el cuello como un segundo corazón. Bra bufó con cansancio. —Vete, acúsame con Trunks si quieres, no me interesa.
La hija de Número 18 se demoró con un tanto en reaccionar y sólo lo hizo cuando la princesa bufó una queja mientras ponía los ojos en blanco. Se llevó las manos a las faldas y levantó un poco las telas para caminar con rapidez pero titubeó al llegar al umbral de la puerta. Bra no la miraba y se limitaba a concentrar su mirada lila al frente, sin flaquear ni cuando Marron se dirigió a ella.
—Yo no le dije—prácticamente no le había dicho que era la tyrriana y ciertamente no se sentía la culpable del despido de la arrodillada de Tyrr.
—Ándate—la princesa sonó grave y cuando la rubia salió completamente de la habitación, Bra le pegó un manotazo al panel y cerró la puerta. Al quedarse sola, su habitación se murió. El silencio y la oscuridad le dieron un escalofrío, y tuvo la intención de llamar a su tyrriana para que prendiera el brasero por ella pero se encontró sola y sin ayuda. Se estrujó los ojos mientras se iba deslizando por la pared con la espalda y de repente se vio sentada en el suelo frío, y lloró en silencio.
Lloró porque se sintió sola, engañada y vigilada, una niña tonta que pensaba en estupideces como los reyes buenos y los soldados fieles que amaban a las princesas. Sintió por un momento que yo tenía razón y que su padre no era el rey que su madre se empecinaba en afirmar. No era más que un asesino y mentiroso, su reino estaba repleto de engaños y complots, y los soldados reales eran como yo.
—Mi dulce niña, ¿por qué llora?—la voz aterciopelada de su príncipe encantador le produjo una sorpresa de muerte y por un momento sintió miedo de su presencia en la oscuridad de su habitación. «Soy una princesa guerrera, no una simple princesa…», se dijo a sí misma para darse fuerzas y levantó la cabeza con los ojos entreabiertos y manteniendo la barbilla erguida. La visión de Zarbon tan cerca de ella la hizo contener un grito, estaba su lado, hincado sobre una rodilla para robarle un beso cuando ella lo mirara. Bra no pudo salir rápidamente de la parálisis y lo observó con los ojos bien abiertos sin poder moverse o decir algo. Zarbon sonrió vanidosamente. —¿Acaso te han cortado tu lengua, princesa mía?
—No…—sólo pudo decir con el último aliento que le quedaba y se forzó a sonreír. Bra deseaba que el brasero estuviese prendido, al menos así podría haber sabido que Zarbon estaba oculto bajo el manto de la oscuridad, quizás cuánto habría estado ahí, incluso podría haber estado vigilando a Marron antes de que ella llegara…
—¿Está asustada mi dulce niña?—le preguntó con suavidad y la princesa tuvo la impresión de que Zarbon quería escuchar un sí. Bra negó con la cabeza dos veces muy lentamente, muda por el miedo, y Zarbon le pasó un pulgar sobre sus labios tersos. Zarbon era frío al tacto y ella era cálida… Un escalofrío la hizo estremecer. —¿Mi princesa es una mentirosa?
—No.—De nuevo su voz salía débil y Bra tuvo la necesidad de irse de ese lugar, quería estar acompañada por alguien… Alguien con quien no se atreviera a aparecer Zarbon. —Los mentirosos son los que me rodean—fue la respuesta más simple que pudo formular en aquella circunstancia para que Zarbon no la creyera asustada debido a su monosilabismo.
El general de Freezer frunció los labios sin poder disimular su sorpresa y luego de unos instantes, sonrió de lado como siempre lo hacía. En el afán de hacerse la princesa guerrera, Bra se obligó a sonreír tímidamente y Zarbon le acarició el rostro indiferentemente y se incorporó del suelo. Le dio la espalda cuando se dio una media vuelta y Bra, desde su posición en el suelo, sólo veía su capa blanca y su larga trenza verde como una soga.
—Y en el grupo de estos mentirosos, ¿me encuentro yo acaso?—su voz sonó decepcionada e incluso enfadada, y la princesa se sintió extrañamente ansiosa, como si tuviera la culpa de su cambio de estado anímico.
—Por supuesto que no, sé que no me mentirías…—replicó con obediencia mientras se levantaba de un salto y se dirigía hasta él. Zarbon le siguió dando la espalda mientras alargaba un suspiro cansado.
—No eres más que una mentirosa—exclamó con enfado. Bra amansó la cabeza cuando él se volteó a verla y le vio las largas y fuertes piernas verduzcas.
—No lo soy…—su voz seguía siendo débil y ya casi no se escuchaba. Zarbon si la escuchó, no dio señales de ello y la princesa tuvo la necesidad de decirlo más fuerte. —No soy una mentirosa.
El general de Freezer negó la cabeza con testarudez, su trenza oscilaba cada vez que lo hacía, y un suspiro más cansado que el anterior se escapó por su respigada nariz. La princesa tuvo ganas de llorar, su príncipe encantador no le creía y eso le partía el corazón.
—Lo eres y lo sabes, Bra—ella no lo sabía, no tenía secretos para su Zarbon o eso era lo que ella creía. —Pensé que no habían secretos entre nosotros, mi dulce niña. No puedo seguir con esto, Bra, no me gusta que me mientan.
—Pero yo no te he mentido, siempre te he respondido todo lo que me has preguntado—aseguró la chica al borde de las lágrimas, ya había perdido a Marron por chismosa, a Trunks por no dejarla hacer nada; no podría perderlo a él también. Zarbon era el que la amaba y Trunks jamás dejaría que se desposaran porque él era un federado, pero él no sabía que Zarbon siempre estaba ahí para ella. Cuando podía…
—Omitir es lo mismo que mentir, Bra. No me vengas con cuentos—replicó el general federado con desprecio y Bra bajó la mirada una vez más para ocultar el temblor que agobiaba a su mentón. Ella no era una princesa guerrera, era sólo una princesa…—Bra, mi amor por ti es verdadero, pero debes dejar de mentir y con eso también me refiero a omitir—hizo una pausa para comprobar que la chica había entendido el mensaje. —Ahora quiero que me digas, qué es lo que está tramando tu hermano con el señor de Taas.
—No sé a qué te refieres…—exclamó la chica al borde de las lágrimas, si no sabía cuál era la respuesta, ¿cómo iba a saber si omitía?
—¡Mentirosa! Sé que sabes lo que planea Trunks, has ido a sus reuniones…—insistió él y Bra luchó con sus memorias para lograr hilar una respuesta que satisficiera a Zarbon. —Dime, qué sabes de los planes de Trunks.
Sin saber a dónde ir, Marron caminó por las estancias del palacio cabizbaja. ¿Dónde estarían Videl y Gohan? Podría acudir a ellos, pedirles que la devolvieran al planeta remoto en donde ella vivía sus días sin pena ni gloria. Marron sacudió su cabeza y sus hebras doradas azotaron el aire como un látigo. Sentía vergüenza, ¿qué iría a decir cuando la encontraran vagando a esas horas en el palacio? Estaba perdida, pensó decir, pero la escoltarían de vuelta a la habitación de la princesa y su calvario comenzaría otra vez. Bra la creía una chismosa pero ella no recordaba haberle dicho al rey quién había sido la que les había contado, aunque viniendo de ella, no había que hacer muchos cálculos mentales para saber que ella sólo interactuaba con el rey, la reina madre, la princesa y su doncella.
—Eres una maldita estúpida—se dijo a sí misma mientras estrujaba sus dedos entre sí con rabia. Su madre la reprendería de estar junto a ella, le diría lo poco cauta que había sido y que si no estuviera fríamente calculada su seguridad, seguramente terminaría muerta en algún lugar. —Estúpida, estúpida.
—¿Quién es estúpida?—le cuestionó la voz amable del rey a sus espaldas y ella pensó en decir que estaba perdida, como había sido su primera respuesta mental. Se giró sobre sus talones para verlo, Trunks estaba manchado por el viaje, tenía marcas verdes ahí donde la sangre arrodillada se había secado y un sudor seco salpicado de arena. Aun así se veía muy apuesto pero Trunks confundió la sorpresa de la rubia con lo mal que se veía. —Lamento que me tengas que ver así, acabo de volver de Kanatyr.
—Espero que haya sido un buen viaje—no supo qué otra cosa decir y se sintió estúpida otra vez, se quejó en silencio mientras llevaba la mirada al suelo.—Digo, sé que fue una revuelta… Lo lamento, no debería estar aquí—concluyó mientras el volumen de su voz disminuía cada vez que se convencía de lo tonta que era.
—Por favor, no te pongas nerviosa conmigo. No tienes por qué temerme—aseguró con una sonrisa cálida y Marron no pudo evitar sentirse hipnotizada por los ojos lilas del rey, al tiempo que un rubor espontáneo le cubría las mejillas. —Si gustas puedo acompañarte de vuelta a la habitación de mi hermana, el palacio puede ser engañoso a estas horas de la noche—sonrió una vez más.—De niño solía asustarme, en el reinado de mi padre, los soldados no gustaban de los híbridos y solían corretearme con desprecio.
Sin saber cómo, habían comenzado a caminar y la hija única de Número 18 no supo que decir, tuvo la necesidad de informarle al rey que la habían corrido de ahí y que no podía volver, antes de llegar a la puerta de la princesa. Antes de que Trunks pudiera hablar de nuevo, la rubia habló sobre sus palabras para no desviarse mucho del tema de su exilio de los aposentos de Bra.
—¡No puedo volver allá!—exclamó Marron dejando al rey de reyes con la boca abierta, formulando un nuevo comentario para salvarlos del silencio en el que se sumían. —Le dijo a la princesa que yo le había informado a usted del droslos y se ha enfadado. Bra. La princesa me sacó de su pieza…—Y Marron volvió a sentirse tonta, si Bra llegaba a saber que la había acusado de nuevo, difícilmente la princesa volvería a confiar en ella.
—Nunca le dije eso—afirmó Trunks con un ligero fruncimiento del entrecejo. —Debo ir a hablar con ella—expresó con un poco de enfado por el desatino de la princesa para con una invitada y Marron quiso frenarlo.
—¡No! Por favor… ella me odiará si hace eso—la rubia casi lloró, sintiéndose terriblemente sola, ni siquiera podía mantener la amistad que había tenido fugazmente con la princesa y Gohan y Videl no estaban ahí para acompañarla como solían hacer. —Puedo dormir donde sea, pero por favor, no le diga nada a la princesa.
Videl había empezado a peinarla con dos coletas bajas que le caían sobre sus hombros en forma análoga a su cabello negro y junto a ella, Gohan iba a visitarla con regularidad a su planeta cuando no estaban de misión. Su madre tampoco estaba con ella ahora pero sabía que la androide la había alejado de Brolly por su bien, Marron debía estar protegida en el planeta Vegeta. Junto al rey Trunks y su reina madre.
Trunks tardó un tanto en comprender la situación y al cabo de unos momentos, sonrió con un poco de cansancio.
—Bra debe aprender a no tratar así a nuestros invitados—concluyó con un atisbo de risa y Marron suspiró con alivio pero aún no sabía cómo iba a ser su vida en el palacio.
—Aprenderá—aseguró la chica con rapidez casi desesperada y Trunks asintió, su hermana todavía era una niña consentida y eso era algo que él iba a cambiar.
Se quedaron en silencio una vez más y eso era algo que Marron odiaba, su casi nula capacidad de mantener una conversación era algo que a ella la indignaba y habría murmurado lo estúpida que era una vez más de no estar al lado del rey.
—Acompáñame—le dijo él repentinamente y le extendió una mano a modo de complemento. Marron se paralizó de la sorpresa, sin saber qué era lo que tenía en mente.
Cuando la rubia tocó sus manos se sintió desvanecer, el rey de pelos lilas era encantador y la tomó con firmeza. En ningún momento pensó en la sangre seca ni el sudor, nada de eso le importaba y siguió al rey por los pasillos silenciosos y oscuros del palacio hasta que dieron con su habitación. Marron no quiso entrar hasta que el mismísimo rey de reyes le sugirió hacerlo.
La habitación de Trunks contaba con dos secciones, la más interior era donde dormía y fue ahí donde no entraron. En cambio, la sección a donde se encontraban se parecía más a una sala de un consejo que un dormitorio, tenía una mesa muy grande en donde había un sinfín de dispositivos de mensajes codificados de todas sus colonias y un mapa más grande todavía que mostraba la locación del planeta Vegeta como un punto mísero y alrededor de él, todas las bases de Freezer, las colonias más lejanas y los mundos vírgenes. Marron no pudo evitar buscar de dónde había venido ella, el planetucho inhóspito que compartían con Brolly.
—¿Estás buscando tu hogar?—adivinó el rey y deslizó un dedo por gran tramo desde el planeta Vegeta hasta un punto externo y solitario. A Marron le dio un escalofrío, había viajado demasiado pero eso no la hacía sentir más segura. Su madre debía estar con ella.
—¿Dónde está la Tierra?—preguntó con timidez cuando apartó la vista del frío lugar que llamaba hogar y el rey levantó las cejas con sorpresa, para él, Marron no tenía nada que ver con la Tierra.
—La Tierra está mucho más apartada—afirmó y su dedo viajó quizás el cuádruple de lo que había sido el tramo hasta el planetucho de Brolly.
—Está tan lejos…—sollozó sin lágrimas, muchas veces Videl le había contado sobre la Tierra pero ella había nacido durante la invasión y no le contaba las historias hermosas que su padre Krillin le había mencionado. La Tierra debía ser verde y azul, llena de vida y mares que llegaban más allá del horizonte… Videl sólo conocía la desolación y los desiertos extensos de la sequía.
—La Tierra tiene la extraña capacidad de cautivar a todo aquel que escuche sobre ella—razonó el rey con una risa melancólica, ni siquiera él se sentía medio terrícola, sólo lo decía como si lo hubiese memorizado desde pequeño. —Seguramente, Videl te ha comentado sobre eso. Ella puede ser muy… persuasiva—no quiso decir irritante pero la risa suave de Trunks no hacía más que afirmar su opinión. Cada vez que llegaba la federada al planeta, no paraba de hablar de la Tierra y de que la quería de vuelta. —En cambio, el planeta Vegeta es tu planeta de nacimiento y de sangre, pero no te veo muy contenta por ello.
La reflexión del rey le sugirió a Marron que no podía engañarlo tan fácilmente y estuvo a punto de confesarle que ella no era la hija de Brolly sino que de Krillin, que ella no era del planeta Vegeta sino que de la Tierra, que su propia madre le había ordenado que mintiera el resto de su vida si es que ella quería conservarla… Pero los labios de la rubia estaban sellados y el rey volvió a hablar, sin molestarse por el mutismo de ella.
—Supongo que tu padre ni siquiera se molestó en entrenarte, las hijas tienen esa habilidad de persuasión con los padres—comentó con una risa suave y Marron bajó la cabeza con tristeza. Aunque ella hubiese querido aprender a pelear, su madre evitaba cualquier tipo de actividad violenta para no estimular a Brolly.
—Mi padre está enfermo—confesó ella como si necesitara desahogarse y Trunks fue el que enmudeció, pensando que había cometido una desfachatez. —Él es peligroso y muy inestable, mi madre dice que en sus momentos de descontrol incluso puede llegar a matarnos.
—Lamento escuchar eso, no lo sabía—pero Trunks había escuchado algo, solían referiste a Brolly como el hijo loco de Paragus, era un demente cuando necesitaba matar. —Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, estarás segura—aseguró con gentileza. —Pero necesitarás otra habitación, no puedes quedarte todo el tiempo con Bra.
—Muchas gracias, Su Alteza—sólo atinó a decir la rubia luego de unos momentos sumida en el asombro. Trunks negó una vez con la cabeza
—Por favor, dime Trunks. Sólo Trunks—pidió con humildad el rey de reyes y se volteó hasta un rincón más alejado. —Pero era otra cosa la que te quería enseñar.—Trunks esperó a que Marron rodeara la mesa y se le acercara un tanto. —¿Crees en la magia, Marron?
Y entonces la vio, una esfera dorada tan grande que no podría ser levantada sino era con ambas manos y unas estrellas rojas estaban grabadas en un costado, Marron no supo de qué se trataba esa joya. La imagen del joven rey se vio deformada cuando se reflejó en la curvatura casi anaranjada de la esfera.
—Mi madre te diría que la magia y la ciencia son dos cosas equivalentes, solamente difiere el cuánto conocemos las peculiaridades del universo—empezó Trunks a modo de reflexión y la rubia no pudo evitar pensar en el droslos que se encontraba con su madre. —Cuando era niño, mi madre solía contarme un cuento y cuando fui más grande, jamás creí que lo que me decía era verdad. Mi padre solía decirle a mi madre que dejara de llenarme la cabeza de tonterías pero a Bra jamás se lo negó. Supongo que él nunca pensó que Bra tuviera que ser una guerrera curtida, mi padre nunca esperó morir tan joven.
—Escuché cómo murió, lo lamento mucho—su voz dulce era sincera y cargaba consigo el mismo dolor que tenía Trunks, Krillin había muerto antes que Vegeta, durante la invasión de Paragus.
—No lo lamentes—dijo con amabilidad y continuó. —El cuento dice que si reúnes las sietes esferas, aparecerá un dragón que te concederá un deseo. Cualquier deseo que quieras—aquello sonó hermoso, Marron imaginó que podría acabar con la maldad de Brolly, inclusive mandarlo al infierno, y terminar con el calvario que sufría su madre.—¿Cuál sería tu deseo, Marron?
—No lo sé—mintió con rapidez y Trunks rió con franqueza.
—Cualquiera pediría poder y riquezas sin pensarlo dos veces, Marron—afirmó con felicidad.—Pero tú no lo sabes—Marron estaba segura que eso era un halago pero ella no lo sintió como tal porque había mentido. Si pudiera pedir cualquier deseo, mataría a Brolly sin pensarlo dos veces. Ella no era como Trunks pensaba que era.
—¿Cuál sería el tuyo?—apresuró la pregunta con la esperanza de que su visión angelical se esfumara con rapidez. Trunks no respondió tan raudo como había sido ella y se permitió pensarlo un par de veces antes de contestar.
—No lo sé. Soy un rey, no debo pensar en mí sino que en mi gente. Mis vasallos y mi pueblo, por igual—expresó con voz queda. —No es para mí el deseo que cumple el dragón. No es mi decisión. Las esferas deben permanecer ocultas, las personas equivocadas no deben conocer este poder.
—Entonces deberías destruirlas—respondió con pesar y Trunks la miró sorprendido, quizás era la decisión más sabia que podía tomar y se asombró de lo mezquino que podía llegar a ser. Trunks quería tenerlas para sí, pedir el deseo correcto pero otra vez, ¿cómo sabía él que era el correcto?
—Eres sabia, Marron, mucho más de muchos de los generales que tengo en el consejo de guerra. Y también más noble—le dijo con seriedad y la rubia se sonrojó casi con violencia. —A lo mejor debieses venir a los consejos, podrías aprender muchas cosas.
Nota de la Autora: ¡Hola! Creo que me demoré dos semanas esta vez, y las escenas, salieron tremendas :)
Siento que con la escena de Trunks, Bardock y en menor medida, Tomma; me reconcilié con Bardock, concentré todo mi ki para que saliera una pelea malota y grr-ésca :D Además que me gustó jugar con su madurez (por no decir vejez), lo hizo para mí mucho más badass... jadeando pero sonriendo, el mejor! Y Marron podrá llegar a ser consejera de Trunks :D ¿qué les pareció? A mí me encantó ese detalle :3 Ya basta con ver eso para saber que su protagonismo no está al lado de Bra, sino que de Trunks. Hablando del rey, Trunks confiando el el capi Bardock también me ha gustado, quedé enamorada de él mientras escribía esa escena n.n
Bra me dio un poco de pena ella pero ya sintió miedo, está reaccionando y con esto me quiero detener para dar un mensaje a mis lectoras queridas. Jamás, pero jamás permitan que una pareja, amigo, hermano, etc, les hable de la manera que lo hizo Zarbon. Nunca permitan que las hagan creer tontas, incapaces o inferiores, ustedes no lo son. Si les llegan a hablar así, se dan media vuelta y se retiran, he dicho.
Tengo una deuda con Goten y Bulma para el próximo capítulo, quería agregarlos para éste pero ya llevaba mucho escrito, casi 9mil palabras es demasiado para mí xD Ya estaba entrando en estrés y bueno, la cuota de mentirosos y mentiras varias fue la tónica de este capítulo xD Me divertí con todo, espero que la última escena, la de Marron y Trunks, no haya sido tediosa de leer, creo que salió diferente a las demás.
Muchas gracias a los comentarios de UGGLYTRUTH, ZaDaBiA, Shanilarala, Sybilla's Song, Prla16, asaia16 y JazminM, de verdad muchas muchas gracias n.n
Muchos saludos desde mis tierras frías, RP.
