CAPITULO 27
- James Whiterdale? – preguntó Emmett con sorpresa – Te estás tirando a James Whiterdale? – puso en palabras los peores temores de su hermana.
Renée lo miró con expresión furibunda.
- De la forma que lo dices, Emmett, haces que suene como algo enfermizo.
- ES enfermizo – espetó Emmett – Es el mejor amigo de tu marido, también es quince años menor que tú y encima está casado!
Bella se aferró al pecho de su marido temblando con la respiración agitada.
- Edward – susurró – Sácame de aquí, por favor – rogó
- Vamos, cariño – dijo él poniéndose de pie y llevándola con él
- Isabella, espera – le llamó su madre al verla disponerse a salir del salón
- Vete, Renée – le respondió Bella sin siquiera voltearse a mirarla – No me importa lo que hagas con tu enferma vida, pero no quiero volver a verte.
- Pero, Isabella...
- Déjala en paz, Renée
Edward se volvió hacia ellos un momento.
- Espere aquí, Renée – le pidió y se fue con Bella hacia las escaleras
Bella temblaba en estado de shock cuando Edward acabó de desvestirla y meterla en la cama cubriéndola con las mantas.
Se recostó a su lado abrazándola contra su pecho.
- Es una pesadilla – susurró contra el pecho del hombre – Mi madre se acuesta con el padre de mi hija. Es tan enfermizo y desagradable.
- Shh – dijo acariciando su espalda – Olvídate de ese hombre, cariño. Y, ya puestos, olvídate también de esa mujer. Ninguno de los dos se merecen que les dediques ni un solo pensamiento, cielo.
- Dios, Edward. No puedo siquiera imaginarlo.
- Ahora quiero que dejes de pensar en ellos. Sólo piensa en Anthony y por él debes calmarte. Descansa.
- Por qué le pediste que te esperase?
- Voy a llevármela de aquí.
- A dónde?
- No sé qué planes tiene. Supongo que a la Terminal de autobuses, o al aeropuerto o a dónde sea necesario para que se largue de aquí. Pero primero quiero que tú descanses – dijo besándola con suavidad
Estuvo con ella, simplemente acariciándola con dulzura, hasta que la chica se durmió y él pudo bajar.
- Dónde está Isabella? – le preguntó Renée al verlo volver al salón
- Está descansando. Todo esto la ha alterado un poco.
- Pobrecita mi niña – dijo arrancando a Emmett una mueca de desagrado
- Tiene alguna reserva para el día de hoy, Renée? – indagó Edward con frialdad
Renée le miró interrogante.
- Una reserva?
- Sí. Para viajar a Phoenix.
- Oh. No pensaba volver a Phoenix.
- Ah, no? Y cuáles eran sus planes?
- Quedarme con Isabella – dijo mirando dudosa de uno a otro de los hombres
- Lo siento, pero no va a ser posible – le respondió el joven con dureza
- Qué quieres decir?
- En principio permítame llevarla al centro – dijo cogiendo las llaves del coche que había dejado sobre el despojador de la entrada.
La miró fijamente obligándola a levantarse de su asiento y coger su bolso y su abrigo.
- Emmett, podrías quedarte hasta que yo regrese? Por si Bella necesita algo – pidió
- Desde luego, yo me quedaré con ella – le aseguró su cuñado antes de voltearse para mirar a Renée – Adiós, Renée. Espero no volver a verte.
La mujer lo miró con una mueca despectiva y salió detrás del marido de su hija.
Subieron al coche y viajaron un largo rato en silencio hasta que la mujer se decidió a hablar.
- A dónde vamos?
- Voy a llevarla a un hotel – explicó dirigiéndose al centro de la ciudad – y allí pediré que le reserven un billete para Phoenix para mañana. Yo correré con los gastos así que no tiene nada de qué preocuparse.
- Que no tengo nada de qué preocuparme? – gritó la mujer – Me estás queriendo decir que debo irme sin ver a mi hija? Pero tú quién te crees que eres?
- Soy el marido de Bella. Quien la ama por sobre todas las cosas y no piensa permitir que ni usted ni nadie vengan a alterarla o mortificarla. La salud de mi mujer y de mi hijo están por encima de cualquier cosa para mí y no voy a permitir que nadie pueda dañarles – explicó con una frialdad atemorizante
- Desde luego que no tengo la menor intención de hacerle daño a Isabella. Es mi hija!
- Pues hubiera sido importante que lo recordara hace siete años cuando la echó de su casa.
- Tú no entiendes nada...
- Si hay algo que no entiendo es que una madre pueda ser tan desalmada.
- No vas a alejarme de mi hija! – gritó cuando Edward detuvo el coche en el aparcamiento del hotel
- Oh, sí. Sí que lo haré. – dijo contundente entrando al hotel y acercándose a la recepción.
La mujer se mantuvo a su lado refunfuñando mientras Edward hacía los arreglos pertinentes para su estadía y su viaje de regreso a Phoenix.
Se giró hacia la mujer antes de marcharse mientras le entregaba la llave de la habitación.
- Una sola cosa voy a decirle, Renée. Manténgase alejada de Bella.
- No puedes obligarme
- Voy a interponerle una denuncia y una orden de alejamiento. Iré a la justicia si se acerca a mi familia. Soy abogado – le informó petulante – y de los buenos, y puede estar segura de que haré lo que sea necesario para mantener a mi mujer tranquila.
- No lo entiendes – rogó dejando correr las lágrimas por su rostro – Estoy muy arrepentida de todo lo que Isabella sufrió por mi culpa. Necesito que me perdone, necesito recuperarla.
- No me importa lo que usted necesite. Tuvo mucho tiempo para arrepentirse. Y el hecho de que lo haga justamente cuando su marido la echó de su casa, no hace que ninguno podamos creer en la sinceridad de su arrepentimiento.
Sin decir más se alejó dejando a la mujer de pie en el vestíbulo del hotel.
Bella se despertó encontrándose a su hermano sentado al lado de la cama.
- Bells, cariño – susurró acercándose a ella – Cómo te sientes?
- Mejor. – murmuró – Y Edward?
- Se ha llevado a Renée. – le explicó – No debes preocuparte por ella, Bella. Ya no es nadie. Ninguno de nosotros permitirá que te haga daño. Esa mujer está enferma – dijo con asco – Mira que tirarse a James Witherdale, el mejor amigo de Phil. Sabía que era una zorra, pero esto me ha dejado anonadado.
Bella se sentó en la cama escondiendo la mirada vergonzosa en su regazo.
- Emmett, hay algo que debes saber – dijo temerosa
- Qué cosa? – indagó curioso su hermano
- James Whiterdale...
- Qué pasa con él?
- Es el padre de Heidi – explicó haciéndole palidecer
Ante la mirada atenta, curiosa, incrédula y por momentos furiosa de su hermano, Bella volvió a relatar por tercera vez en el último año, su historia con James.
Edward se encontró a Emmett en el salón, con la mirada fija en el vaso con whisky que sostenía entre sus manos.
- Emmett? – le llamó preocupado
Emmett levantó la mirada y lo observó sin hablar.
- Y Bella?
- Bien, acaba de dormirse. Qué has hecho con esa mujer?
Edward suspiró hastiado sirviéndose un whisky para él mismo.
- La dejé en el Sheraton. Mañana cogerá un vuelo a Phoenix. – explicó sentándose frente a su cuñado.
- Esa mujer es un ser despreciable.
- Me pone furioso que aún sea capaz de lastimar a Bella.
- Y a mí – confesó Emmett
Tras un corto silencio, Emmett volvió a hablar.
- Bella me contó lo de Whiterdale – le informó y Edward lo observó con silencio expectante – Aún no puedo creerlo.
- Estaba bastante preocupada por explicártelo. Decía que te defraudaría.
- Eso son tonterías.
- Lo sé.
- Pero me ha puesto furioso. Con Renée, con Phil. Cómo pudieron exponer a una niña a esa situación?
- Lo sé. Yo tampoco logro concebirlo.
- Y me siento culpable también.
- Tú? – dijo incrédulo Edward – Tú por qué?
- Por no haber insistido con Charlie. Debí insistir en que se trajera a Bella con nosotros. Que no la dejara con esa mujer. Cuando Renée se llevó a Bella, todos sabíamos que lo hacía para herir a mi padre, pero siempre creímos que tal vez sería lo mejor para Bella. Al fin y al cabo nosotros éramos dos hombres y ella una niña. Siempre pensamos que sería mejor tener una madre, una figura femenina, y no dos hombres que no tenían ni idea de cómo educar a una chica. Qué equivocados estábamos! – se lamentó bebiéndose su whisky de un trago
- No, Emmett, no te castigues. No es tu culpa. Todos hubiéramos actuado de la misma forma. Creo que todos hubiéramos pensado que lo mejor para una chica es estar con su madre. Aunque claro, la naturaleza maternal de Renée es claramente discutible.
Emmett asintió comprensivo antes de levantarse de su asiento.
- Me marcho, Edward – dijo dirigiéndose a la puerta de la cocina que llevaba al patio trasero que se comunicaba con el de su propia casa.
- Gracias por todo, Emmett
- Gracias a ti por cuidar de mi hermana, y por hacer felices a mi hermana y mi sobrina. Sin dudas se merecen la familia que tú les estás brindando.
- Ellas son quiénes lo han hecho por mí. No sé si me las merezco.
- Claro que sí, hermano – aseguró el moreno palmeándole el hombro antes de salir.
Bella estaba en el taller esa mañana eligiendo algunas telas para los diseños que tenía acabados.
Había pasado una noche inquieta y por la mañana decidió que pasar la mañana en la boutique la distraería, así que convenció a Edward para que la dejara allí antes de irse al despacho para acabar unos informes.
No habían hablado sobre Renée, aunque ambos dudaban de que el tema acabara allí.
- Bella – le llamó Angela abriendo la puerta de su despacho – Te buscan – le informó cuando Bella se volteó hacia ella
- Quién es? – preguntó con una sonrisa
- Tu madre? – respondió su amiga interrogante
Palideció por un instante al ver a la mujer de pie detrás de Angela.
- Está bien. Hazla pasar. – aceptó – Qué haces aquí? – preguntó cuando Angela se hubo marchado
- Tenemos que hablar, Isabella.
- No creo que tengamos nada más que decirnos – espetó molesta
- Por Dios, Isabella, cómo puedes ser tan fría?
- Cómo puedes tú ser tan cínica? Qué creías? Que estaría feliz de verte después de que me dieras la patada cuando más necesitaba tu apoyo?
- No entiendo cómo pudiste dejarte embarazar. Es que no habías tenido clases de educación sexual en el colegio? – espetó sarcástica
- Tú me lo dices? Una mujer adulta que se dejó pillar dos veces siendo infiel a su marido.
- Nunca lo entenderías. James y yo nos amamos.
- Por Dios – exclamó Bella dejándose caer en su asiento detrás del escritorio
- Qué tenía que hacer? Dime tú qué tenía que hacer.
- En primer lugar no creer las mentiras de un tipo como James. De verdad creíste que dejaría a Victoria por ti?
- Me ama.
- Sí, claro. Cuánto tiempo llevas liada con él?
- Bastante
- Cuánto? – repitió
- Él fue quien estuvo conmigo cuando nos cayó encima todo el lío de tu embarazo. Gracias a James todo pasó desapercibido para los Whiterdale y no afectó a Phil en su trabajo.
Bella tembló presa de las emociones al escuchar las artimañas que James ideó para salvarse.
- Estáis juntos desde entonces? – preguntó en un susurró
- Él me dio consuelo cuando tú apareciste embarazada en casa. Phil se volvió loco y James fue quien me apoyó y me ayudó.
- Dios mío! Es un psicópata. – dijo Bella sintiendo su pulso acelerarse y su respiración volverse dificultosa
- Claro que no. Estuvo allí para mí, para apoyarme y aconsejarme. Lo hizo por mí.
- Eres idiota. – le espetó molesta – James no lo hizo por ti. El quería que yo desapareciera porque no quería que su familia supiera que estaba embarazada.
- Eso hubiese sido muy malo para Phil. James sabía que nos afectaría y quiso hacer lo mejor para mí.
- Idiota! James temía que yo hablase con Victoria.
- Y por qué tú hablarías con Victoria? – preguntó la mujer incrédula.
- PORQUE FUE JAMES QUIEN ME DEJÓ EMBARAZADA! – gritó poniéndose de pie
Tuvo que apoyarse en la mesa al sentir su vientre endurecerse por una contracción. Renée se levantó de su asiento con el semblante desencajado.
- Qué dices? – dijo en un susurro estupefacta
Angela y Kate entraron corriendo al despacho al escuchar los gritos de su amiga.
- Bella, estás bien? – preguntó Angela acercándose a ella mientras esquivaba a Renée quien retrocedía de espaldas a la puerta
- Por favor... – jadeó Bella sosteniendo su enorme vientre con las manos encogiéndose con una nueva contracción
- Cálmate, Bella, siéntate – Kate la instó a recostarse nuevamente en su asiento
- Kate, llama a Edward, por favor – pidió apretando con fuerza la mano de su amiga
- En seguida, cariño, respira, intenta respirar profundamente
- Me duele – susurró con las lágrimas fluyendo por su rostro, sin ver cómo su madre desaparecía por la puerta.
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