Madre

Sostenerlo entre sus brazos por primera vez fue glorioso. Ambos estaban húmedos, ella por el sudor, él porque acababa de nacer.

Afuera, la luz del día calentaba la tierra y ella se sintió rodeada de felicidad, de amor.

Él tenía pulmones fuertes y un agarre firme, a pesar de ser tan pequeño.

—Es hermoso, Hunith —La partera elogió—. ¿Cómo vas a llamarlo?

—Merlín.

Como el ave que alguna vez Balinor y ella habían visto volar en lo alto, mientras él le platicaba de la maravillosa sensación de volar en el lomo de un dragón. Hunith pensó que esto bien podría compararse, la vertiginosa sensación de estar en las nubes.

Ser madre por primera vez era muy parecido a ser libre. Le daba fuerza y voluntad como nunca antes. Balinor se había ido, tal vez incluso estaba muerto. Y criar a un bebé siendo soltera no solo era mal visto, era difícil, pero ella cuidaría a Merlín y ambos, juntos, saldrían adelante.

Besó su diminuta frente, lágrimas en sus ojos.

—Su nombre es Merlín.