Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.

Capítulo 28


El olor a antiséptico me da de lleno en las fosas nasales, la doctora Coin me permitió ver a Peeta después de mucha insistencia, accedió con la condición de verlo solo cinco minutos y después vendría a buscarme. Peeta está sobre una cama con el cuerpo cubierto por una sabana de hospital. Esta dormido, pacifico, limpio y sin señales de golpes. Verlo de provoca sentimientos encontrados, por un momento me alivio de poder verlo, pero por otro lado no sé por qué no despierta. Sus largas pestañas le cubren las mejillas, el cabello revuelto y su boca entreabierta de dan la impresión de un niño, un niño durmiendo plácidamente.

— Katniss. — Escucho susurrar mi nombre detrás de mí y volteo a ver a Finick. Viene hacia mí y me abraza.

— ¿Por qué no despierta Finick? — Pregunto mientras Finick toma la sabana que cubre a Peeta y lo destapa.

— Vengo por ti Katniss. Nos vamos. — Dice preocupado.

Peeta tiene el torso desnudo y pálido.

— No quiero irme, quiero estar con Peeta, yo me quedare a cuidarlo. — Digo llorosa.

— ¿No te lo han dicho? — Pregunta atónito.

— ¿Decirme que?

— La doctora Coin te permitió ver a Peeta para despedirte. — Frunzo el ceño y Finick se muerde el labio. — Mi amigo no sobrevivió. Esta muerto.

No puedo respirar, tomo a Peeta de los hombros y lo sacudo, le grito que despierte, que prometió no abandonarme. Lloro y grito mientras Finick me carga y me aleja de Peeta.

— Katniss reacciona. — Grita Finick mientras me sacude. — La vida sigue.

— Peetaaa…. — Grito desesperadamente.

— Katniss. — Vuelve a sacudirme. Y de repente todo se vuelve negro…

— Katniss. — Vuelven a sacudirme y me despierto sobre saltada y sudando.

Mi respiración es errática y me da una punzada de dolor en mi brazo. No veo nada pero el dolor en el brazo me hace saber que estoy sobre una cama conectada a varios aparatos que emiten un sonido constante.

— Katniss. — escucho de nuevo y voltea a ver al dueño de la voz.

Encienden una luz cegadora y cierro los ojos.

— Tranquila. — Escucho de nuevo. — Todo estará bien.

No veo nada, poco a poco abro los ojos y veo a una figura a un lado de mí.

— ¿Peeta? — Digo con la voz entrecortada.

— Katniss. — Escucho con más claridad. Abro los ojos como plato y veo a Gale a un lado de mi cama.

— ¿Gale? — Pregunto asustada.

— ¿Estas bien? — Me pregunta tomándome una mano. Me doy cuenta que tengo una intravenosa en el brazo. Voltea a todas partes y no reconozco nada de lo que está a mí alrededor.

— ¿Dónde estoy? — Pregunto asustada.

— En un hospital. — Contesta cabizbajo. — ¿Cómo te sientes?

— Quiero a Peeta. — Lloriqueo. — ¿Dónde está?

— Esta vivo, es lo que sé. Yo desde que llegue he estado aquí. — Responde tocándome un hombro.

— Gale, ¿Qué me paso?

— Cinna me llamo hace unas diez horas, eran las cinco de la tarde cuando me llamó. Me dijo que te tuvieron que hospitalizar porque tenías una crisis nerviosa. Te desmayaste después de que supieras lo del accidente de Peeta. No despertabas y te revisaron la presión arterial; estaba por las nubes. La doctora Coin dijo que tenían que darte un medicamento vía intravenosa y un calmante. Pero que al parecer no podían hacerlo tan rápido como quisieran por… el — Hace una pausa y me mira a los ojos. — Por el bebé, Katniss

Mi semillita, por instinto me llevo las manos al vientre y siento un cinturón alrededor de mi vientre. Gale me observa y me lee el pensamiento.

— Están monitorizando el feto. — Dice tranquilo. Busco su mirada y me aferro a mi semillita. Lagrimas corren por mis mejillas y Gale me abraza.

Lloro en su hombro mientras me dejo abrazar por Gale.

— Gale te juro que no lo busque. — Lloriqueó mientras comienzo a temblar. Gale me aleja de él y me observa, me toma una mejilla y limpia las lágrimas de esta.

— Lo sé. Coin me lo conto todo. — Me mira con ternura. — Katniss, no sabía que tanto peligro corrías. Te juro que Peeta no se va a quedar tan tranquilo.

— Lo sé. — Digo con miedo.

— Siento mucho haber desconfiado de ti. Ayer te dije que ese tipo era inofensivo, pero creo que me equivoque. — Bajo la mirada y de repente no veo mi llamador de ángeles.

— ¿Mi llamador de ángeles? — Gale busca en su bolsillo del saco y me lo entrega. Me lo pongo y miro a Gale. — Quiero ver a Peeta. — Sentencio.

— Son las tres de la mañana Katnip, no creo que te permitan verlo. Están esperando que despertaras para revisar tus signos.

— Que lo hagan ahora.

— No creo que lo hagan Katnip. — Se baja de la cama y se sienta en una silla. — Descansa un poco, mañana te informaran como esta.

— Haymitch me dijo que era muy probable que no sobreviviera la noche.

— No sabría decirte como esta. Pero lo último que supe es que sobrevivió a la operación. — Gale me acuesta y me arropa cual niña pequeña.

— Gale lo necesito, soñé que estaba muerto. — Lloro de nuevo y Gale limpia mis lágrimas.

— No lo está Katnip. Trata de descansar. Lo necesitas.

— No puedo. Solo con Peeta no tenía pesadillas. Si me vuelvo a dormir estoy segura que lo veré morir de otra forma. — Digo lastimera.

— Inténtalo. — Dice arropándome. — Yo estaré aquí.

Cierro los ojos y trato de tranquilizarme. ¿Cómo puede pasar todo esto? Quiero saber cómo esta Peeta, siempre nos hemos necesitado el uno al otro y estoy segura que él está teniendo pesadillas igual que yo.

Por instinto con una de mis manos aprieto mi llamador de ángeles, y la otra va a mi semillita. La semillita de Peeta, nuestra semillita. No sé qué voy a hacer, quiero pensar que esto es un mal sueño, pero no lo es. Snow intentó matarme, Peeta tuvo un accidente en el que su vida corre peligro, y lo último que me esperaba; estoy embarazada. Mi semillita, era ella la que me provocaba los mareos y los vómitos todo el tiempo, era más que evidente, pero no quería aceptarlo, mejor dicho; nunca lo hubiera imaginado.

Los aparatos emiten dos sonidos, uno es el de mi ritmo cardiaco, mientras que el otro es como un zumbido, es el corazón de mi semillita. Abro los ojos y volteo a ver al aparato con el zumbido. Los latidos del corazón de mi semillita van muy rápidos, no sé si es normal y por instinto acaricio mi vientre.

Al final de todo el sueño de Peeta se va a cumplir, va a ser papá. Pero no sé si yo estoy preparada para ser mamá. Quiero verlo, sentirlo cerca, sentirlo mío. Aunque sea por una sola vez.

Gale está durmiendo en una silla, se nota la incomodidad desde mi cama. Contemplo a mi amigo y le agradezco que este conmigo. Siempre hemos estado juntos en situaciones difíciles, pero jamás una como esta.

La puerta se abre y entra una enfermera. En seguida me pongo a la defensiva, la enfermera me sonríe y se acerca a mí.

— Tranquila señorita Everdeen. Me llamo Clara. Soy su enfermera por las noches. La doctora Coin me dejo encargada de usted. Solo yo y mi compañera Marisa podemos entrar a atenderla.

La observo con desconfianza y ella me enseña una llave.

— La puerta está cerrada, solo tres personas podemos entrar a atenderla. El señor Gale ya me conoce.

— ¿Qué me va a hacer? — Pregunto con desconfianza.

— Tomare sus signos y los de su bebé.

De repente observa los aparatos y monitores, anota algo en una carpeta de aluminio y me toma los signos vitales. Revisa mis pulmones y mis reflejos.

— Al parecer todo está perfecto. El bebé ya no ha tenido altibajos.

— ¿Ha estado mal? — Me asusto, ¿le hice daño a mi semillita?

— Cuando su presión se subió, la del bebé también lo hizo. De inmediato la intervenimos y los normalizamos poco a poco. Depende de cómo estén en la mañana les darán el alta.

Me sonríe mientras cambia la bolsa de mi suero por otra.

— ¿Le puedo hacer una pregunta? — Pregunto a la enfermera mientras asiente con la cabeza. — ¿Usted me puede decir cómo está un paciente?

— ¿El señor Mellark? — Pregunta curiosa.

— Sí. ¿Me podría informar como esta?

— Su novio sobrevivió a la cirugía. Llego al hospital con una fractura de pierna y un fuerte golpe en la cabeza. Su presión arterial era muy alta cuando llego al hospital y perdió mucha sangre por el golpe en la cabeza.

Me estremezco de solo imaginar a mi fuerte hombre. Las lágrimas hacen de nuevo su aparición y la enfermera me ayuda a limpiarlas.

— Trate de tranquilizarse señorita. — Me dice comprensiva.

— No puedo. — Volteo a verla suplicante. — Quiero verlo. Por favor.

— No puede salir de esta habitación señorita. Necesito que se tranquilice.

— Lo necesito a él. — Gimoteo.

— Hagamos una cosa. — La enfermera se sienta y me toma de las manos. — Si me promete tranquilizarse, yo misma la llevare a verlo mañana en cuanto le den el alta. ¿Le parece bien?

— Sí. — Hare lo que sea para verlo lo antes posible.

— Pero tranquilícese. Por usted y por este bebé que lleva ahora en el vientre. — Por instinto acaricio a mi semillita.

— Lo prometo. — Le aseguro.

— Bien. Si no se tranquiliza lo que resta de mi turno no podré llevarla a ver al señor Mellark. — Me dice cual niña pequeña.

— Hare lo que sea. Lo prometo.

— Este bien. Me retiro, cualquier cosa o molestia no dude en llamarme. — Se pone de pie y toma la carpeta metálica.

En seguida de va y me deja encerrada con Gale. En las siguientes horas no duermo, cierro los ojos y es tener miedo a estar sola. Gale se da cuenta y le pido que me abrace, pero no es suficiente. Sigo teniendo miedo a Snow. Lo que necesito está en alguna habitación de este hospital y no me dejan verlo.

Cuando logro dormir más de media hora la puerta se abre, entra la enfermera Clara y la Doctora Coin.

— Buenos días Katniss. — Saluda la doctora Coin mientras la enfermera revisa mis signos vitales y los de mi semillita. — No descansaste mucho, ¿cierto?

— No, casi no durmió. — Responde Gale por mí.

— Lo veo. — La doctora revisa la carpeta metálica en la que la enfermera hizo anotaciones y sonríe. — Bien, parece que tú y tu bebé han pasado la crisis. Sus signos son normales. En cuanto comas algo te daré el alta.

— Quiero ver a Peeta. — Ruego.

— Lo harás, pero primero desayunaras. — Dice la doctora Coin. — Por cierto, la familia Mellark está aquí.

¿Qué?, La familia Mellark aquí complica todo. Un momento…

— Saben que estoy… — Dejo la frase en el aire y la doctora sonríe.

— No me corresponde a mí decirles eso a ellos. — Dice la doctora. — Te prometo que todo estará bien.

— Gracias.

— Enseguida traerán el desayuno. — Dice la enfermera. — Ordenamos algo para usted también. — Voltea a ver a Gale, mientras mi amigo le dedica una sonrisa de infarto a la pobre enfermera.

Me rio, Si la enfermera supiera que Gale es gay no le coquetearía. Salen ambas mujeres de la habitación y ya no ponen cerrojo.

— Eso que haces está mal, Gale. — Digo burlona.

— Deja que se emocione un rato. — Se sienta en la cama y sonríe de igual manera. — Jamás volverá a ver a un hombre como yo.

Gale me guiña un ojo y yo me rio. De repente el desayuno entra y nos acomodan la comida para atacarla. Pruebo un poco mis huevos revueltos con panecillos, no tengo hambre. Mi amigo me mira con desaprobación y yo me limito a encogerme de hombros.

— Tienes que comer Katnip. — Señala mi vientre y se pone serio. — Ahora ya no eres solo tú.

Mi semillita, estuve a punto de perderla sin siquiera saber de su existencia. Obedezco a Gale mientras trato de comer un poco más. Al poco tiempo ya no quiero nada y alejo el plato con la mitad de mi desayuno.

— ¿Es todo lo que vas a comer? — Pregunta Gale con una ceja levantada. Asiento y suelta un suspiro largo. — Bien, de eso a nada.

— Ya quiero ver a Peeta.

— Hablare con Coin. — Gale se pone de pie y sale de la habitación.

Diez minutos después viene con la enfermera Clara y me quita todos los aparatos, desconecta mi vientre del monitor y el corazón de mi semillita deja de escucharse, hace todo lo necesario para que quede libre de conexiones y me ayuda a vestirme.

Gale me ha traído un conjunto cómodo para ir a ver a Peeta, como promete la enfermera Clara me ayuda a salir de mi habitación y ponemos rumbo al piso doce.

— ¿Qué les voy a decir a los Mellark cuando pregunten en donde estaba? — Digo para mí misma.

— Yo les dije que tuviste una crisis. — Dice Gale ayudándome a entrar en el ascensor.

— Me dijiste que estuviste todo el tiempo conmigo. — Le reprocho.

— En un momento de la madrugada entraron a revisarte más profundamente y subí a ver a Peeta a terapia intensiva, me informaron que hoy en la mañana lo iban a bajar a una habitación. Allí estaban todos, me preguntaron por ti y les dije que tuviste una crisis. Querían verte pero Coin lo impidió.

— Gracias.

— El doctor va a estar allí para explicarte lo que pasa con Peeta. — Dice la enfermera.

Salimos del ascensor y entramos a un pasillo blanco, al parecer son habitaciones privadas porque no se escucha un solo ruido. Caminamos y caminamos hasta que volteamos una esquina y me encuentro con todos los Mellark.

Annie, Finick, Johanna, Seneca y Glimmer están en el pasillo sentados, en cuanto me ven se ponen de pie y me acerco a ellos. En seguida y por instinto abrazo a Finick. No sé por qué viene a mi mente el sueño que tuve y lloro.

— Tranquila Katniss. — Annie acaricia mi cabello y es cuando siento que todos los Mellark me han abrazado.

— Lo siento. — No sé porque lo hago.

— Fue un accidente. — Dice Johanna.

— Quiero verlo. — Sentencio limpiando mis lágrimas.

— Lo harás. — Dice Annie. — Pero tienes que ser fuerte. — Frunzo el ceño pero Annie no me hace caso, toma mi mano y entramos a la habitación.

Lo que ven mis ojos no pueden creerlo.

Peeta está en una habitación blanca, sin ventanas. El hombre fuerte y valiente que conozco ha desaparecido, Peeta tiene una escayola en la pierna, una venda que cubre toda su cabeza, los brazos están llenos de moretones, raspones y una que otra gaza pero eso no es lo peor ya que aparte de tener una intravenosa, está conectado a un respirador artificial.

Mi hombre protector se ve débil postrado en esa cama, siento como mis piernas flaquean y Annie me sujeta más fuerte. El doctor que revisa a Peeta nos pide acercarnos.

— Señorita Everdeen, señora Odair. — Nos saluda a ambas y asentimos con la cabeza. — Soy el doctor Boggs.

— ¿Cómo está? — Pregunto sin rodeos y acercándome más a Peeta.

— Por el momento ya paso el peligro. Las transfusiones sirvieron de mucho y no tuvo problemas para aceptarlas. La operación fue un éxito, salvo que llevara la escayola por unos meses, se recuperara en seguida.

— Me alegro. — Sonrió mientras acaricio la mejilla de Peeta. — ¿Esta sedado? , ¿Cuándo va a despertar?

Annie me abraza y el doctor parpadea.

— El señor Mellark, aparte de tener tres costillas rotas, sufrió un trauma en la cabeza. El golpe provoco que se hiciera una herida algo profunda y sangrara demasiado. Al principio logramos detener la hemorragia, pero — Suspira y me hace verlo. — El cerebro se inflamó.

— ¿Se inflamó? — Frunzo el ceño. — ¿Quiere decir que ya no lo esta?

— Katniss… — Annie toma mi mano mientras el doctor hace una mueca.

— El cerebro está desinflamándose, le administramos un medicamento que nos es muy efectivo en casos como este, tenemos que hacer estudios y monitorearlo para saber que procedimiento seguir.

— Pero despertará. — Pregunto esperanzada.

— Eso esperamos todos. — Asegura el doctor. — Una vez que el señor despierte sabremos los daños que causo la inflamación.

— ¿Daños? — Pregunto atónita.

— Si, puede provocar amnesia, o lesión en algún nervio… lo sabremos hasta que salga del estado de coma.

— ¿Estado de coma? — Me llevo las manos a la boca y ahogo un grito. Annie me abraza y trata de tranquilizarme. — ¿Cuánto tiempo puede pasar hasta que despierte?

— Horas, días, meses… incluso años. — Con cada palabra me hundo más y más en un abismo del que no quiero salir. — El señor es fuerte y tengo esperanza en que salga pronto.

Yo también, Digo mentalmente.

— ¿Puedo quedarme aquí? — Pregunto al doctor.

— Katniss te acaban de dar el alta. — Me dice Annie tratando de convencerme de salir.

— No me importa, quiero estar con él. — Lloriqueó y dirijo una mirada suplicante al doctor. — Por favor…

— Si usted se siente bien, le permitiré estar con el paciente.

— Gracias.

Me acerco a la cama y me siento en el sillón al lado de Peeta, toma la mano con la intravenosa y la acaricio.

— Estaremos afuera si necesitas algo. — Me dice Annie cuando sale de la habitación.

Observo a Peeta, mi novio. Siempre me dije que disfrutaría mi vida, pero siempre hay algo que me impide hacerlo. Me acerco a Peeta y beso su mejilla, una de mis lágrimas cae sobre su mejilla y la limpio. Cruzo mis brazos y coloco mi cabeza sobre estos, me limito a contemplar y cuidar a Peeta. Nuestras manos están entrelazadas, acaricio sus nudillos y siento como poco a poco mis ojos se van cerrando.

Me sobresalto cuando una pesadilla me ataca y me doy cuenta que ya son más de las cinco de la tarde. Dormí demasiado, pero al menos logre descansar. Hay una bandeja de comida a mi lado. Tengo hambre, mi semillita exige comida y mi estómago también. Comienzo a comer y mi estómago deja de rugir, termino mi comida y voy de nuevo al lado de Peeta.

Deposito un beso en la sien y acaricio el raspón de su mejilla.

— Peeta, tienes que despertar. — Acaricio su mejilla mientras le hablo. — Tienes que protegerme de Snow. No sé si lo sepas ya, pero intentó matarme.

Lloro cuando recuerdo las ocasiones en las que estuve a punto de morir.

— Peeta, no puedo hacerlo sola. No solo yo te necesito, mi semillita, nuestra semillita también te va a necesitar y sin ti no tendré la fuerza suficiente para enfrentar lo que se avecina. — Acaricio las largas pestañas y mientras mi mano va directo a mi llamador de ángeles. — Te amo. No podré vivir sin ti.

— Así que es cierto. — Esa voz…

Levanto la cabeza y me encuentro frente a frente con la persona que jamás imagine encontrarme.

Beetee está de pie junto a la puerta con el ceño fruncido y los brazos tras su espalda.

— Beetee. — Digo en un susurro.

— Es cierto, ¿verdad? — Se acerca a mí y se sienta a mi lado. — Mantienes una relación con el Señor Mellark.

Bajo la cabeza, pero asiento. Después entrelazo mis manos en mi regazo y Beetee me toma de la barbilla.

— ¿Cómo está? — Pregunta Beetee mientras frunzo el ceño.

— Se fracturo la pierna y tuvieron que intervenirlo. Por los golpes que sufrió no creo que tarde en recuperarse, pero el golpe en la cabeza hizo que su cerebro se inflamara. Está en estado de coma, tienen que hacer estudios cuando despierte.

— ¿Y qué piensas que pueda pasar? — Pregunta Beetee serio mientras observa a Peeta.

— El doctor dice que puede tardar tiempo en despertar del coma.

Beetee asiente mientras me toma de las manos y las aprieta comprensivamente. Lo observo y el me dedica una mirada tierna. Me limito a dejarme consolar por Beetee, pero lo que dice me regresa a la cruel realidad.

— ¿Sabías que estaba prohibido? — Dice compasivo. No necesita explicarme a que se refiere, lo sé perfectamente. Suelto un suspiro y me preparo mentalmente para la batalla que viene a continuación.

— Sí. Pero una persona no escoge de quien se enamora. — Digo en mi defensa.

— Lo sé. — Asiente, pero después observa a Peeta. — Pero sé que hay un trato detrás de tu relación de todo esto. — Palidezco y abro los ojos. — ¿Me quisieras contar?

Suelto un suspiro y cierro los ojos, lanzo una plegaria para darme valor y mirar a los ojos a Beetee.

— Todo empezó el día que fui a la junta de requerimientos…

Le cuanto a Beetee todo; y cuando digo todo, es todo. El acoso de Peeta, mi "rapto" de la Cuba, su intención de ayudarme, las condiciones de nuestro trato, el cómo compartíamos la cama para combatir las pesadillas de ambos, como nos dimos cuenta que nos estábamos enamorando, el engaño de Snow y su intento de acabar conmigo y como terminamos manteniendo una relación sentimental en la que ya no había trato, pero existía el sentimiento más profundo del mundo, el amor.

— Lo amo Beetee, él me ha ayudado a no tener pesadillas.

Beetee se toma la barbilla y asiente. Piensa, piensa y yo comienzo a desesperarme.

— Así que, ¿lo amas? — Pregunta serio.

— Más que a mi vida.

— ¿A qué te refieres con "semillita"? — Pregunta extrañado y bajo la mirada.

— Estoy embarazada. — Digo con un hilo de voz. — Pensé que estaba protegida, pero Snow se preocupó más en matarme que en enterarse de mi vida y saber que estaba con alguien.

— Así que no los buscaste.

— No.

— Esto me parece irreal, pero comprenderás que incumpliste una norma estricta de Beetee Solutions.

— Entenderé si me despides en este momento…

— No lo hare. — Beetee me sonríe con cariño. — Kat, te conozco desde que eras interna en mi empresa, se lo que te has esforzado por lograr lo que hoy eres. También se de tu desgracia con ese hombre, pero lo que me molesta es que no me hayas tenido la suficiente confianza para decirme lo tuyo con Mellark. He llegado a quererte como a una hija.

— Lo siento. — Murmuro cabizbaja.

— No tienes de que preocuparte. — Me sorprende Beetee.

— Gracias.

— Ahora tienes todo mi apoyo, estaré de acuerdo si quieres quedarte con Mellark hasta que despierte del coma. — Me abraza y rompo en llanto. Beetee me separa de él y me toma la barbilla.

— Tengo miedo de que no despierte. — Confieso.

— No lo tengas, estoy seguro que despertara. Ahora no solo te tiene que proteger a ti.

Beetee me sonríe y me llevo la mano hacia mi semillita. Trato de sonreír, pero ahora la incertidumbre pesa más. Tengo optimismo en que Peeta salga de coma, pero ¿Y si no lo hace?

Beetee se queda un poco más de tiempo hasta que anuncia que se va. Lo acompaño a la puerta y me siento en el sillón al lado de Peeta. Acaricio su mejilla y le sonrió.

— No fue tan malo después de todo. — Le digo a Peeta. — No sé si me escuchas, pero te quiero agradecer por estar conmigo en estos momentos. Sé que no pudiste defenderte, pero me conformare con saber que estabas a mi lado.

Me acomodo para descansar un momento y consulto mi móvil. Veo que tengo un correo de Peeta.

De: Peeta Mellark

Asunto: Ultima petición

Fecha: 14 Abril 2015 15: 55

Para: Katniss Everdeen

Probablemente ya no podrás leerlo, pero ya no me dijiste si deseabas que te recogiera en el hospital o nos encontráramos en algún lugar. De igual manera llámame en cuanto leas este mensaje.

Probablemente tendrás que venir a trabajar a mi empresa para que estés disponible para mí todo el tiempo, necesito tanto tu contacto que me siento morir cuando no estas a mi lado. Necesito tus besos para vivir y tu sonrisa para iluminar mi día. Te amo preciosa, nunca lo olvides. Eres el oxígeno que me alimenta mi alma. Antes de ti sobrevivía, contigo vivo en plenitud, mi corazón palpita y mi sangre se calienta con tu sola presencia.

No sé porque te escribo todo esto, pero necesitaba hacerlo. Jamás olvides que te amo y que eres mi todo.

Peeta Mellark.

Loco, cursi y enamorado Presidente, Empresas Mellark.

Lloro, y me siento aterrada. El miedo a perder a Peeta se apodera de mí y no puedo más. Me siento agotada física y mentalmente y culpo a mi semillita. Si Peeta no se recupera pronto no sé qué voy a hacer con el bebé que llevo en mi vientre. De una sola cosa estoy segura; no puedo hacerlo sola. Trato de no pensar en lo que pueda pasar, pero sencillamente no puedo. No creo que yo pueda sola con un bebé, y no creo que pueda recurrir a alguien por ayuda. Trato de llegar a una conclusión, pero no quiero deshacerme de mi semillita, sencillamente no me lo perdonaría, pero ¿tengo otra opción?


Trate de actualizar lo antes posible, pero no pude. Razones sobran pero no creo que interesen.

Les hago entrega de un capitulo más. ¿Que creen que haga Katniss con su semillita?, lo podrán descubrir en unos capitulos más adelante.

Saludos!

Como siempre espero sus reviews!