El día estaba nublado cuando Rose y Lily salieron de la boca del metro. Habían ido a desayunar juntas antes para ver si el día cambiaba pero no había habido suerte. Debido al tono plomizo del ambiente, tan distinto al del fin de semana, no parecía el mejor día para ir a probarse vestidos de novia pero era el único hueco que Pansy tenía en la lista de clientes. Algo en su interior le decía que tanta rapidez para atender a su prima tenía otros motivos pero tampoco quería pensar mal de la mujer. Pansy Parkinson tenía una sensibilidad especial y Rose no quería que su preocupación se notara demasiado.
Por suerte para la pelirroja, deseaba que Lily fuera la gran protagonista del día de hoy.
Rose volvió a la realidad cuando escuchó a su primar hablar, se giró hacia ella, prestando atención.
—No puedo creer que me case dentro de ocho meses. ¿Te das cuenta de lo rápido que pasa el tiempo?
Rose hizo una mueca. Era algo en lo que desde el fin de semana pasado prefería no pensar pero comprendía totalmente la ilusión de su prima. La pasión que recorría a Lily ayudaba a no pensar en sus problemas. Quería que ese día fuera especial para su prima, sus problemas podían esperar.
—También me doy cuenta de lo ilusionada que estás. Me alegra mucho verte así.¡Quién lo diría, eh!
Lily se sonrojó levemente mientras colocaba un mechón de su melena detrás de la oreja. Sabía que después de llevar tantos años quejándose cada vez que algún familiar, amigo o conocido decidía casarse, se merecía que le tomasen el pelo de esa manera.
—Sí, lo sé. Me lo tengo merecido. ¡Pero es que nunca pensé que fuera a encontrar al hombre de mi vida!
—Eso ya son palabras mayores, prima. Y además, resulta demasiado sorprendente escucharlas saliendo de tu boca.
Rose guiñó un ojo, la única respuesta de Lily fue poner los ojos en blanco.
—Bueno, no sé si Theo es el hombre de mi vida pero desde luego, el que se ha atrevido a querer pasar el resto de ella a mi lado, lo cual dice mucho de él.
—Que está loco.
—O que me quiere demasiado.
—Tratándose de Theo, probablemente lo segundo. ¡Ay, no sabes lo bien que me viene que pasemos un rato así juntas!
—Es por lo de Scorpius, ¿verdad?
Rose asintió sin decir nada más. La realidad les había golpeado demasiado duro después del día tan romántico que habían pasado juntos y se había abierto entre ambos una brecha que Rose aún no entendía muy bien.
En el momento en el que Draco había salido por la puerta, habían estado hablando sobre el tema un rato, dándose apoyo mutuo. Sin embargo, cuando había llegado el momento de irse a dormir, el rubio la había apartado de mala manera.
—Aún sigo sin entender por qué reaccionó así pero tampoco he querido agobiarle. Cuando esta mañana he salido de casa para encontrarme contigo, él ya no estaba en casa.
—Es que, y esto te lo digo con todo el cariño que tengo por Scorpius, ¡no pudiste buscarte a un hombre más raro!
—¡Lily, no seas mala!
—No soy mala, soy realista. Aunque en realidad, tú también eres bastante rara.
—¿De verdad pretendes que cuando te estés probando vestidos de novia te diga lo guapa que estás después de como me estás tratando?
Lily sonrió, arrimándose a su prima para darle un abrazo sin dejar de seguir caminando.
—Por supuesto. Sé que no podría ser de otro modo.
—¡Anda, vamos! Que en un par de manzanas ya estamos en el atelier de Pansy.
Rose estaba disfrutando del sabor del champán en sus labios mientras Lily estaba dentro del probador. Como había dicho Pansy, eran las doce de la noche en algún lugar del mundo.
Su mirada vagó por todos los vestidos que estaban expuestos. Había sido gracioso el momento en el que después de casi más de hora y media Lily no había encontrado ninguno que le llamara la atención.
Rose había estado en el mismo lugar que su prima. Sabía lo que era sentir ese nerviosismo en el estómago al intentar encontrar el vestido perfecto. Sonrió pensando en lo que habían cambiado las cosas.
Mirando todo lo que había evolucionado, se sentía agradecida de que Wood la hubiera abandonado. Había sido humillante, pero peor hubiera sido haberse quedado plantada en el altar.
Se preguntó si su madre seguiría guardando su vestido en el desván de la casa o si se había deshecho de él como ella le había pedido. Podría llamarla esta noche, estaba segura de que Hermione también podría darle un poco más de luz sobre el tema de Scorpius.
Escuchó como las dos mujeres llegaban desde el fondo del que un tiempo atrás había sido un apartamento. Lo primero que vio Rose fue una falda de tul que hacía que Lily se viera pequeña en comparación a la falda.
—La verdad, ese vestido lo veo y no pienso que seas tú. Es demasiado pomposo, no sé, no te pega.
—Lo he mismo me ha dicho Lily en el probador. Quizás podría mostrarte algo de lo que tengo pensado para la nueva temporada.
—Es que con ese vestido pareces la muñeca que se coloca encima de las tartas. ¿Quieres que te busque yo algo? No tenemos el mismo estilo pero tal vez funcione.
La mirada que le dedicó Lily le sirvió a Rose para saber que su prima estaba comenzando a desesperarse. Se levantó del sillón dejando la fina copa de cristal sobre la mesa y se dedicó a pasear un rato, esta vez fijándose más en los materiales y cortes de los vestidos.
Quería que esta experiencia fuera perfecta para su prima ya que tía Ginny no iba a poder estar presente en un momento tan importante.
Pansy y Lily abandonaron la sala de nuevo. Los dedos de Rose se dedicaron a disfrutar de los ricos materiales. No dudaba por qué Pansy tenía tanto éxito como diseñadora.
Ya había sido consciente de ello en la boda de Victoire pero ahora estaba segura. Sus ojos se fijaron en un vestido de tono lavanda. ¿Cómo podía Pansy tener tanta creatividad? Sin duda era una mujer inspiradora que sabía lo que quería. Ojalá algún día poder llegar a estar la mitad de segura en sí misma que la mujer de corta melena negra.
Después de descartar casi treinta vestidos, decidió mirar en otro perchero. Se deshizo rápidamente de los encajes que sabía que a su prima no le gustaban y de aquellos en los que se adivinaba una falda de tul que tan poco favorecía a la bonita figura de su prima. De repente, justo en el momento en el que Lily llegaba envuelta en una corta bata de seda verde pálido, encontró el vestido perfecto. Rose sabía que tenía que ser ese.
—¿Qué te parece este otro vestido, Lily?
Los ojos de Lily se abrieron muchísimo. Se acercó a Rose acariciando el vestido con delicadeza. Casi parecía que se había enamorado.
—Rose, creo que has dado justo en el blanco. Pansy, ¿podría probármelo? Sé que no es de la línea de novia pero quiero verlo sobre mi cuerpo.
—Por supuesto querida. Por eso mismo os he reservado toda la mañana para vosotras dos. ¿Quieres probarte ese entonces?
Lily asintió con vehemencia pegando pequeños saltitos. La pelirroja de melena lisa se giró encaminándose hacia los probadores por enésima vez en la mañana. Pansy se quedó un momento sin moverse, como si estuviera pensando en decir algo. La mujer le sonrió y Rose pudo sentir como la miraba con complicidad.
—Estaba esperando a ver en qué momento encontrabas este vestido, Rose. Volvemos en un par de minutos.
Rose volvió a fijarse en el vestido lavanda. Quizás podía convencer a Lily de que las damas de honor en su boda fueran de ese color. Aunque pensó que probablemente Dominique se pusiera celosa y fuera mala idea. Rose sonrió para sí misma.
De nuevo escuchó los tacones de Pansy acercándose y Rose se quedó sin palabras. Detrás de Pansy, quien sonreía como una niña pequeña, estaba Lily con el vestido que ella había escogido.
El vestido abrazaba cada una de las curvas de Lily suavizando su figura. Tenía las mangas largas adornadas con botones en las muñecas. La cola del vestido rompía con la sencillez y minimalismo del resto.
—¿Qué te parece, Rose?
—Estás preciosa, Lily. Theo se va a quedar sin palabras. Le queda perfecto, Pansy.
Lily se miró en el espejo triple, observando cada uno de los detalles. La sonrisa parecía no abandonar sus labios.
—¡Rose, creo que es este!¡Mira que espalda! ¿Te gusta? A mí me encanta.
—Este es el vestido Lily. ¡Incluso se te ha iluminado la cara!
Lily rió girando sobre sí misma. El vestido se movió con ella y Rose no pudo evitar contagiarse de esa felicidad. Deseó no estar tan lejos de la familia y así poder compartir este momento con las mujeres que tanto significaban para ellas dos.
—Lo siento, tengo que sacarte una foto. Las mujeres de nuestra familia merecen verte así de feliz.
—Que salga el detalle de la espalda. Me da igual que mi boda sea en diciembre, este es el vestido.
—Yo espero que la próxima mujer de la familia Weasley-Potter que se case escoja una fecha más estándar. ¿A quién se le ocurre casarse el veinticinco de diciembre?
Pansy miró directamente a Rose y esta no supo cómo interpretar aquella mirada. ¿Estaba queriendo decirle algo? La duda quedó en el aire. Lily volvió a chillar de emoción lo que provocó que tanto Rose como Pansy sonrieran. Rose quería disfrutar de aquel momento sin pensar en la incertidumbre de su futuro.
El ambiente aquella mañana en el despacho estaba enrarecido. Por un lado estaba Theo, que parecía vivir en el escenario de una película romántica de Hollywood.
Baltasar se alegraba de que su amigo estuviera tan feliz pero se sentía bastante mal por no poder compartir esa alegría con él.
Después de haber hablado con las chicas, había decidido de que ya era el momento de compartir sus sentimientos con ellos.
Tanto Scorpius como Theo podrían darle otra perspectiva. La perspectiva que él necesitaba para lanzarse a la aventura o bien pensarlo antes de hacer una tontería.
Incluso después de haber hablado con las chicas había vuelto a caer en aquel laberinto que era Lorcan Scamander. Baltasar se sentía mal por ello pero no podía evitarlo.
Se fijó en Scorpius, quien parecía estar de mal humor. Sabía que su amigo tenía miedo por lo que podría pasarle a su carrera si la denuncia de aquel idiota seguí para adelante.
Baltasar se hundió en su silla. Quería sacarse eso de dentro aunque no fuera el mejor momento para compartir aquello. Por un lado, porque no quería romper la felicidad de Theo y por el otro, no quería parecer insensible ante la situación del rubio.
Respiró profundamente y sintió como el aire abandonaba sus pulmones poco a poco. Era ahora o nunca.
—Esto...chicos...creo que tengo un problema.
Baltasar jugueteó con una de sus plumas sin levantar la vista de su escritorio. Ya había empezado, no había vuelta atrás.
—¿Necesitas ayuda con alguno de los proyectos? Si lo necesitas, puedo echarle un ojo.
—No, no es eso. Es algo más importante. Quiero contaros que está ocurriendo en mi vida y por qué llevo casi dos meses sin ser yo mismo.
El rostro de Theo se puso serio y Scorpius levantó la mirada del libro que estaba leyendo. Por muy extravagante que él fuera y le gustase ser el centro de atención, en estos momento Baltasar sentía como su corazón palpitaba retumbando en sus oídos.
—Bien, lo que creo que me pasa es que...De verdad, no necesito que me juzguéis, bastante lo hago yo mismo.
—Baltasar, tranquilo. Scorpius y yo somos tus amigos, estamos aquí para estos momentos también.
—He vuelto a ver a Lorcan. Bueno, no solo a verle. Y creo que siento algo por él. Algo bastante fuerte.
—Apenas nos habíamos dado cuenta.
Theo colocó su mano sobre el hombro del moreno para darle apoyo, quería que Baltasar se abriera a ellos, que le contase todo lo que pasaba por su mente.
—Pero, ¿de verdad crees que es algo bueno lo que sientes por él? Puede que tan solo estés fascinado con la idea de que te hagan caso.
Scorpius se quedó quieto un segundo moderando lo que había dicho. Había dejado que su lengua hablase antes de pensar en las cosas. Sabía que lo había hecho mal, cuando su amigo más le necesitaba, peor reaccionaba él.
—Scorpius, modera tu tono. Baltasar ha sido valiente y nos está pidiendo ayuda. No seas así.
Scorpius cerró uno de los cajones de su escritorio con violencia mirando a los otros dos como si no estuvieran allí. Suspiró. Toda la situación, a pesar de que su padre le había asegurado de que no pasaría nada malo, le tenía sobrecogido.
—Perdonad, es que...todo el lío de Rose y la denuncia me está afectando más de lo que debería. Siento haberte hablado así, Baltasar. No estoy en mi mejor momento para ser consejero, lo siento amigo.
—No pasa nada, Scorpius. Por eso he tardado tanto en hablar con vosotros. Puede que las chicas os hayan contado algo o puede que no pero, mi problema es que...es que…
—¿Sí, Baltasar? Cuéntanoslo.
—Llevo un tiempo pensando en ir a Londres o a Berlín, donde sea que esté Lorcan.
—A ver, ni Scorpius ni yo somos los más adecuados para juzgarte ya que, bueno...ambos estuvimos en tu lugar y míranos.
—Sí, tú te vas a casar. Y Scorpius y Rose parecen la pareja perfecta pero...la situación es distinta en mi caso.
—Lorcan no solo fue cruel contigo, sino también violento. ¿Es lo que te da miedo, verdad?
Baltasar miró a Scorpius, que había hablado con el tono suave común en él. Baltasar asintió bajando la mirada. Se lo había negado a Rose pero sí, tenía mucho miedo. Más del que creía que podía albergar una persona dentro de sí misma.
—Mi único consejo es que valores lo que pierdes y lo que puedes ganar. Dios, hoy no debería dar consejos. ¿Cómo puede ser que te diga eso dado la situación en la que me encuentro?
Scorpius acercó su silla al escritorio de Baltasar, sentándose como si fuera un peso muerto. Se pasó la mano por la melena, en un intento por peinarla sin é sonrió. Aunque la situación no era la adecuada, le hacía ilusión ver como sus amigos se encontraban en esas primeras fases de duda de cuando te estás enamorado.
—Porque te has enamorado de Rose. Y lo que ahora te da miedo perder es a ella, no esto que hemos construido juntos.
Las palabras de Theo consiguieron que se le revolviera el estómago. Scorpius pensó entonces en el tema de Egipto y en que aún no se lo había contado a nadie. Pero no quería aventurarse, no ahora que no sabía si a mitad de la semana tendría que abandonar su puesto para siempre.
—Lo único que puedo decirte desde mi experiencia es que te lances. Más vale arriesgarse y descubrir que no puede funcionar que pasar el resto de tu vida sin saber si hubiera valido la pena. A mí me sirvió con Lily. Si además, por la otra parte notas que Lorcan está también perceptivo, adelante.
Baltasar miró a sus amigos intentando buscar ese último empujoncito. Era capaz de sentir como la emoción corría por sus venas.
—Eso sí, Baltasar, la próxima vez que estés en una situación así, no esperes casi dos meses para contárnoslo.
Scorpius llegó al piso para encontrarlo totalmente a oscuras. Al encender las luces del salón, vio que Nyx estaba sentada encima de los libros de Rose. No sabía donde estaba la chica pero tanto su abrigo como sus zapatos estaban en el recibidor.
Se sentía mal consigo mismo, sentía haberse comportado con la chica como lo había hecho. Ella no se merecía eso, no después de como se había mantenido a su lado después de que su padre se hubiera ido.
Antares se acercó a su lado, lo tomó en brazos acariciando la cabeza del animal. El gato comenzó a ronronear, lo cual aligeró un poco el peso de todo lo que tenía sobre sus hombros.
Mañana se celebraría la reunión del consejo, en el que no solo estaría su padre, sino también Theo. No sabía la opinión que el resto de miembros tenía sobre la situación irregular entre Rose y él pero sabía que su padre lucharía por él.
Su padre llevaba haciendo ese papel de ser su propio héroe desde que era pequeño y Scorpius sabía que no se había mostrado tan agradecido como debería.
No tenías ganas de cenar, por lo que sacó un poco de queso de la nevera y se sentó en uno de los taburetes. Antares caminó por la encimera, tumbandose justo a su lado.
Tanto Rose como él habían intentado que los gatos no cogiera ese mal hábito pero no se podía luchar contra la fiera salvaje. Nyx se subió al lado de él, olisqueando el queso con intriga.
—No Nyx, ya sabes que no debes comerte esto. No me mires así, sabes que te hace daño.
La gata comenzó a acariciarse contra su hombro. Scorpius sonrió.
—Eres una interesada, ¿lo sabes verdad? Me quieres únicamente porque tengo queso.
La gata maulló como si estuviera contestándole y Scorpius supo en ese mismo momento que se había vuelto loco. Se levantó de nuevo, tomando de la nevera un tomate que partió en rodajas.
Quería esperar a que Rose volviera, tenía que pedirle disculpas. Si la chica decidía no aceptarlas, él se lo había buscado.
Nada parecía estar claro en su futuro y casi prefería que las cosas estuvieran en ese limbo extraño. Después de la posible pérdida de su puesto, lo que más le preocupaba es que pasaría entre Rose y él. Si el se iba a Egipto, la separación tendría lugar mucho antes de lo que ambos tenían en mente. Él nunca había tenido una relación a distancia, pero desconocía si la pelirroja querría eso. Rose tampoco daba muestras de querer hablar de futuro o de continuar con la relación después de que el curso acabase. Scorpius no estaba seguro de nada, ni siquiera de la opinión de la chica después de como la había tratado. Habían evolucionado tanto juntos que sería raro volver a la rutina sin que ella estuviera presente de un modo u otro.
Escuchó una risa proveniente del cuarto de la chica. Scorpius sonrió.Ya sabía dónde estaba entonces. Terminó de cenar y se acercó a la puerta de la chica, parecía estar hablando con alguien.
Entonces escuchó la voz de Hermione y decidió volver en un rato. No quería estropear el momento madre e hija. Subió las escaleras y fue a su cuarto, donde se deshizo del traje dejándolo encima de la cama con cuidado. Se ató el pelo en un moño y fue al cuarto de baño.
Se metió en la ducha con el agua caliente, casi quemando su piel. Mientras estaba bajo el grifo del agua, no pudo evitar pensar en Baltasar. Después de haber estado hablando sobre el tema, había podido ver como su amigo había vuelto a ser el de siempre. Se había quitado un gran peso de encima y eso se notaba.
Esperaba que después de hablar con Rose recuperara un poco de la paz que había perdido en los días pasados. Además de que por la mañana había echado de menos despedirse de la chica como solían hacer. Ojalá la chica fuera más condescendiente de lo que él lo había sido con ella y supiera entenderle.
Cerró el grifo y apoyó su frente contra los azulejos. Había sido un capullo sin necesidad alguna de serlo. Envolvió su cintura con una toalla y salió de nuevo al cuarto. Se puso el pijama y miró el móvil. Podía mandarle un mensaje a Rose para saber si ya estaba libre pero sabía que era mucho mejor si bajaba a hablar directamente con ella.
Cuando llegó al salón de nuevo, no se oía ningún ruido procedente del cuarto de la chica. Tocó a la puerta, tal vez la chica ya se había quedado dormida.
—Rose, ¿estás despierta?
No hubo respuesta. Scorpius suspiró. Probablemente la chica no quería hablar con él en ese momento pero tampoco tendría por qué enfadarse si entraba un momento. Al fin y al cabo, ella se había colado en su cuarto más veces de las que podía recordar. Abrió lentamente la puerta para encontrarse a Rose metida dentro de la cama leyendo un libro.
—Buenas noches, Rose.
—¿Has venido aquí tan solo para decirme eso?
Scorpius miró al suelo. Obviamente la chica estaba enfadada, no era para menos. Se rascó la cabeza, nervioso.
—Vale, estás enfadada. Lo entiendo y me parece lo más normal.
Rose tenía que contenerse. En realidad no estaba tan enfadada pero quería vengarse un poco del chico. La idea se la habían dado Lily y Theo a la hora de comer y le había parecido un plan perfecto. Aunque le parecía cruel, estaba disfrutando del momento al ver tan mortificado al rubio.
—Quería pedirte disculpas por mi comportamiento. He sido un estúpido, no solo contigo sino con todos. Estoy más nervioso de lo que me permito mostrar y lo he pagado con vosotros. Especialmente contigo ignorándote de esa manera. Te pido perdón de nuevo.
Rose no pudo aguantar más, rompió a reír en una carcajada que hizo que Scorpius abriera los ojos de la sorpresa.
—¿Qué he dicho ahora?
—Ven aquí anda, siéntate. Que la puerta sabe mantenerse en pie sola.
—¿Estás segura?
—Sí, te he dicho que vengas.
Scorpius se sentó en el lado derecho de la cama, el que Rose nunca ocupaba. Rose tenía el pelo húmedo como si se hubiera duchado hacía poco.
—Has sido un estúpido, eso no te lo voy a negar. Menos aún después de que tu mismo lo hayas reconocido.
—¿Pero...?
—Aprende a confiar. Confía en mí. A estas alturas, me ha dolido más eso que cualquier otra cosa. Estamos los dos en el mismo barco, en esta caso tanto en sentido literal como figurado. Solamente me ha molestado, no estoy enfadada. Aunque podrías solucionar mi mosqueo de una manera.
—¿Qué quieres que haga?
—Podrías besarme, únicamente para compensar el que no me has dado por la mañana.
Scorpius sonrió poniendo los ojos en blanco. Una cosa que había aprendido con Rose es que las cosas podían ser realmente sencillas si una pareja así lo quería. Aunque en su caso aún no habían hablado en que términos estaban, parecían haber hecho una alianza muda.
Scorpius se inclinó para besar a Rose. Sus labios rozaron los de la chica suavemente en un beso dulce con el que pretendía pedir disculpas una vez más. Sintió como Rose se elevaba un poco para llegar a su altura e intensificar el beso. Cuando se separaron, Scorpius era capaz de jurar que la cara sonrojada de Rose era suficiente razón como para tirarlo todo por la borda del barco que ella había mencionado antes.
—¿Puedo a quedarme a dormir contigo esta noche?
—Estabas tardando demasiado en preguntármelo.
