Capítulo 28
-¿Qué te pasa?-le preguntó Katrina mirándolo con el ceño fruncido-. Me asustaste.
Ian también se removió en la cama y Ted se apresuró a calmarlo.
-Shhh-le sobó la espalda-. No te espantes. Estás a salvo.
-¿Por qué gritaste así, Ted?-insistió Katrina.
-Porque ya recordé donde escuché ese nombre-dijo mirándola con los ojos muy abiertos.
-¿En dónde?-se interesó más en el asuntó.
-Mi abuelo contacto a un abogado para que me ayudara con lo de la adopción de Ian-le contó Ted-. Se han presentado dificultades y parece que la persona que lo está patrocinando no quiere que lo adopte entonces tuve que recurrir a un abogado para agilizar el proceso. Lo curioso es que el hombre no es un desconocido que solo quiso ayudar al niño.
-¿Quién es entonces?
-Es el abuelo de Ian.
-¿Qué?
-Ian tiene familia y lo abandonaron en un orfanato-explicó Ted-. Timothy Holmes no quería que se enteraran de la existencia del hijo bastardo de su hija.
-De acuerdo, Ted-tomó aire-. Eso es terrible y espero que puedas adoptar al niño para darle una lección a ese hombre. Sin embargo, no sé porque dices que el nombre de la mujer que te follaste un día antes de tu graduación.
Ted se pasó las manos por el cabello con un poco de desespero.
-La madre de Ian se llama Angela Holmes y yo me acosté con una Angela Holmes nueve meses antes del nacimiento de Ian-dijo en voz baja.
Katrina se levantó de la cama y lo miró fijamente con la boca abierta.
-Ted no me digas que estás pensando que Ian…
Ted pasó saliva con cuidado.
-¿Qué es muy posible que Ian sea mi hijo biológico?-preguntó Ted y vio que Katrina asentía con la cabeza-. Si, preciosa. Eso estoy pensando.
Katrina se arrodilló frente a él y le cogió las manos.
-Ted, las coincidencias existen-le dijo-. Tal vez ambas chicas tienen el mismo nombre.
-Ángela era una de mis compañeras de salón y todos sabían que estaba medio obsesionada conmigo-le confesó Ted-. La noche anterior al grado, salimos todos a un bar a beber un rato. Yo no quería quedarme tanto tiempo con ellos porque sabía que mis padres y mis hermanos iban a llegar esa noche para mi grado y quería estar con ellos pero ella se apareció en el bar y la cerveza corría como agua por nuestras gargantas-meneó la cabeza-. Estaba demasiado ebrio para recordar en que momento, ella me metió a un taxi y terminamos en una especie de motel de cuarta en Brooklyn.
-¿Te gusta beber mucho?-preguntó ella.
-No bebo mucho-respondió-. Esa noche perdí el control y ahora me arrepiento de ello. Siempre fui muy cuidadoso. Me protegía cada vez que tenía la oportunidad de llevarme a una chica a la cama pero esa noche… todo salió mal.
-¿Tus papás lo saben?
-No-se cogió la cabeza con las manos-. Ni siquiera sé cómo llegue al apartamento. Según lo que me contó Phoebe, papá recibió una llamada de uno de mis compañeros de estudio y le dijo que yo estaba en su casa muy ebrio y que no podía volver por mis pies a casa. Christian y Taylor me recogieron. Desperté al otro día con una migraña terrible y sin recuerdo alguno de lo que pasó la noche anterior.
-Eso es terrible, Ted-se encogió de hombros y se sentó junto a él-. ¿Ahora qué piensas hacer?
-Me haré una prueba de paternidad-afirmó con mucha seguridad-. Si Ian es mi hijo biológico, lucharé por él. Nadie va a quitármelo. Ya me perdí cuatro años de su vida-se le quebró la voz y un par de lágrimas rodaron por su mejilla-. No voy a perderme más.
-Quiero que seas consciente de algo-le recomendó Katrina-. Son muchas coincidencias, lo admito pero no quiero que te desilusiones, si las cosas no son como piensas.
-Da igual-sonrió y se limpió las lágrimas-. Aunque no sea sangre de mi sangre quiero que sea mi hijo.
Katrina sonrió y se acercó para besarlo. Ted respondió al beso. Mientras se besaban, alguien tocó la puerta.
-¿Quién?-preguntó Ted levantándose. Miró a Katrina-. Guarda el cuaderno en tu bolso. Quiero que lo leas.
-No tengo mi bolso acá-replicó ella-. Se quedó en tu apartamento.
-Iré a abrir. Ponlo en el cajón. Creo que esta noche nos quedaremos aquí.
-¿Me harás el amor en tu cama?-ronroneó seductora.
Ted se echó a reír pero no respondió la pregunta y abrió la puerta. Phoebe estaba frente a él con una expresión algo preocupada.
-¿Qué pasa, pequeña?-preguntó su hermano, alarmado.
-Tenemos un problema, Ted-dijo la chica retorciéndose las manos.
-Me estás asustando-la cogió por los hombros-. ¿Qué está pasando, Phoebe?
La chica tomó un poco de aire antes de responder.
-Elena Lincoln está en la sala teniendo una acalorada conversación con nuestros padres y el señor Romanov-dijo la chica.
Ted frunció el ceño y entró a la habitación, seguido de su hermana.
-¿Qué te pasa?-Katrina se le acercó y le cogió el rostro-. ¿Por qué ese ceño fruncido?-pasó la mano por el ceño de Ted para deshacerlo pero no lo consiguió.
-Tu abuela vino a visitarnos-repuso enojado.
-¡SERÁ MEJOR QUE TE VAYAS, ZORRA!
Christian sostenía con toda su fuerza a su esposa mientras ella miraba con fuego en los ojos a Elena. Sergei sostenía a la rubia que parecía decidida a irse a las manos con Anastasia.
-No me iré sin mi nieta-replicó Elena.
-Está con mi hijo-gruño Anastasia tratando de soltarse-. ¡Suéltame, Christian!-exigió a su marido-. Voy a darle su merecido a esta perra.
-Ya basta, Ana-la cogió por los hombros para que lo mirara.
Anastasia sintió que sus ojos le picaban y se llenaban de lágrimas. En ese momento, Ted, Katrina y Phoebe aparecieron. Los dos primeros, cogidos de la mano.
-¿Qué está pasando?-pregunto el muchacho al ver a su llorosa madre ser sostenida por su padre-. ¿Qué tienes, mamá?-se acercó a ella y la abrazo-. ¿Qué le hiciste?-miró a su padre furioso.
-Esto no es mi culpa, Ted-replico desviando su mirada hacia Elena.
Ted volteo a ver hacia donde su padre miraba y su mirada choco con la de Elena Lincoln. Aun la recordaba, con aquella pistola en medio de la reunión en el club de su padre donde celebraban su aniversario de bodas con toda la familia y amigos cercanos de la pareja. Recordó el odio que brillaba en los ojos de aquella mujer y recordó su propio miedo al ver como la mujer le apuntaba a su madre.
-¿Qué le hizo a mi madre?-preguntó con cuidado caminando hacia ella.
-Ted-Katrina lo llamó pero él la ignoró.
-Aléjate de mi nieta, infeliz-exigió la mujer.
-No-replico Ted-. La amo.
Elena se echó a reír.
-Eres igual que tu padre-le dijo-. Te dejaste dominar por el amor.
-Esto no es cuestión de dominación, señora-repuso el muchacho con seguridad-. Enamorarme de su nieta es lo mejor que me ha pasado.
-Puedes enamorarte-replicó Elena-. Pero no de mi nieta. Jamás dejaré que esté con un Grey.
-¡Esa no es tu decisión, abuela!-exclamó Katrina y todos se volvieron para mirarla.
Elena se liberó del agarre de su yerno y se acercó a la chica.
-¿Por qué él, Katrina?-preguntó la mujer, señalando a Ted que había vuelto junto a sus padres.
-Porque es un gran chico-dijo sonrojándose y se volteó para mirar a Ted por un momento y vio que él sonreía. Volvió a mirar a su abuela-. Porque a pesar de que me dijiste que cuando me tropezara con un Grey me alejara de él, no pude hacerlo-se llevó las manos a la cabeza con exasperación-. Tus problemas con ellos son tus problemas. A mí no me metas. Tengo veinticuatro años y debo construir mi propia vida. Ted es el hombre que elegí para que la construyamos juntos.
-No puedo permitirlo-refunfuñó su abuela-. No vas a tener ninguna relación con el hijo de Christian Grey y es mi última palabra.
-Estás siendo injusta con ella, Elena-intervino Christian.
-Un día rompiste toda relación conmigo, Grey-replico la mujer acercándose a él-. Finjamos que esto nunca pasó y alejemos a mi nieta y a tu hijo antes de que las cosas se salgan de control.
-Ya se salieron de control, Elena-susurró Christian-. Mi hijo está decidido a hacer de esta chica parte de nuestra familia y no voy a impedirlo. Aunque en el fondo, me moleste un poco que ella esté relacionada contigo.
-Has cambiado, Christian-lo acusó la mujer-. Si no te hubieras casado con esta mujer, nada de esto estaría pasando.
-Gracias por el halago-susurró el hombre-. Casarme fue la mejor decisión que he podido tomar en mi vida. Tengo una familia maravillosa y cada día que paso junto a Anastasia es lo mejor.
-De acuerdo-se irguió prepotente-. Esta relación tan ridícula entre Theodore y Katrina no es de mi agrado como tampoco lo es la tuya con Anastasia pero eso no te impidió llevarme la contraria y casarte con ella. Cuando las cosas empeoren, no digas que no te lo advertí.
-¿Estás amenazándonos?-preguntó Christian con cuidado.
-Tómalo como quieras, Christian-replicó ofendida-. Solo digo que detrás de mi nieta hay un psicópata dispuesto a cualquier cosa por recuperarla. Cuida a tu hijo, Christian-miró a Ted-. En cuanto a ti, muchacho, hubieras sido aceptable para mí si hubieras tenido las deliciosas costumbres de tu padre.
Christian se crispó.
-Basta, Elena-le advirtió-. Todos mis hijos saben la verdad de lo que fui antes de conocer a Anastasia pero eso es pasado y no va afectar el presente de mi familia.
-¿Qué era en el pasado, Señor Grey?-preguntó Sergei poniéndose alerta.
-Un practicante del BSDM, Sergei-gruño Elena fingiendo perturbación-. Azotaba a chicas castañas y pequeñas para desahogar el odio que tenía hacía su madre. No se extrañe que su retoño haya heredado las mismas costumbres.
-¿Es esto cierto, Grey?-preguntó Romanov, enojado.
-Lo es-gruñó-. Sin embargo, mi hijo repugna ese comportamiento y estoy seguro de que no jamás ha intentado cosa semejante-miró al muchacho que se mantenía estático con los brazos tensos a los lados y los puños apretados-. Aunque sea un poco parecido a mí.
-Pues la verdad-replicó Elena-, será cuestión de tiempo para que tu hijo sienta atracción por las mismas costumbres y no quiero que mi nieta sea su conejillo de indias.
Y todos escucharon el claro gemido que dejó escapar Ted cuando Elena hizo aquella afirmación. Ana intentó abrazarlo pero él la miró con el ceño fruncido.
-No me toques-gruñó y camino hacia Elena-. No necesito esa clase cosas para ser feliz. Mi padre no era feliz golpeando a esas chicas. Nunca le haría daño a Katrina. Ni a ella ni a ninguna chica-intentó controlar las lágrimas de rabia que brotaban por sus ojos-. Me lleve muchas chicas a la cama. Probé lo que es el sexo sin amor y aunque es muy gratificante para el cuerpo, el corazón se enfría y lo único que deseaba era morirme.
-Son solo palabras sin sentido, pequeño-replicó Elena-. Acepta mi consejo. Es mejor no enamorarse. El amor te daña cuando se acaba.
-Claramente usted nunca se ha enamorado-repuso Ted-. Gracias por el consejo aunque no vaya a tenerlo en cuenta. Lo único que le advierto es que si intenta algo para alejarme de su nieta, le juro que la buscaré y le haré la vida a cuadritos-vio miedo en los ojos de Elena-. Soy peor de controlador, obsesivo y vengativo que mi padre y no me da miedo lastimar a aquellos que quieran herir a mi familia o alejarme de los que amo. Ya no soy el mismo niño miedoso que vio esa noche en el club cuando intentó matar a mi madre. Crecí y me volví peligroso.
No salieron más palabras de su boca. Solo se dio la vuelta y salió de la habitación. Katrina intentó seguirlo pero fue detenido por Sergei.
-¡Suéltame, papá!-le rogó.
-No irás con él-replicó el hombre-. Acaba de amenazar a tu abuela. Es un hombre agresivo y no te dejaré sola con un hombre así.
-Suéltela, Sergei-le ordenó Christian. Miró a Elena-. Sal de mi casa ahora, Elena.
-No necesitas echarme-lanzó la rubia-. No es que me sienta muy a gusto en este lugar.
Y se fue. Sergei continuaba sosteniendo a Katrina.
-Ya le dije que la soltara, Romanov-exigió Christian-. Mi hijo no es agresivo ni nada que se le parezca.
-Amenazó a mi suegra-susurro enfadado.
-Usted la detesta-intervino Anastasia.
-La detestas, papá-concilió Katrina-. A ella jamás le agradó que te hubieras casado con mi madre.
Sergei soltó a su hija y se dejó caer en un sillón.
-Elena no estuvo de acuerdo con que su hija y yo nos casáramos-relató-. No fue a la boda y su relación con los muchachos no es buena.
-No la hemos visto como una verdadera abuela-comentó Katrina sobándose el brazo-. Quiere controlar cada uno de los aspectos de nuestra vida y le molesta cuando alguno toma decisiones sin consultárselo-meneó la cabeza-. Lo de Ted debió sentarle muy mal.
-¿Cómo se enteró que estabas saliendo con mi hijo?-preguntó Ana.
-Hablé con ella hace un par de días y le conté lo que sentía por Ted-sonrió con tristeza-. Creí que iba a estar contenta pero se enfurruñó y dijo que iba a solucionar esta situación.
Christian se llevó las manos a la cabeza y las pasó por su cabello desordenándolo como siempre hacía cuando estaba desesperado.
-¿Dónde encuentro a Ted?-preguntó Katrina desesperada.
-En el altillo-dijo Anastasia sonriendo-. Siempre se esconde allí cuando quiere llorar y que no lo molesten.
-Gracias-miró a Phoebe-. ¿Podrías guiarme?
-Por supuesto-repuso la chica que estuvo en shock todo el tiempo y apenas reaccionaba.
Las chicas desaparecieron y los adultos comenzaron a hablar.
-Deberíamos hablar del negocio-sugirió Christian.
-Es una buena idea, Christian-Sergei se puso en pie-. ¿Me asegura que mi hija va a estar bien?
-Se lo aseguro, Sergei-sonrió-. Ted se parece en muchas a mí pero tiene la dulzura de su madre.
-¿Y lo que le dijo a Elena?
-No hará ni la mitad. Aunque le aseguro que ya no le teme a Elena y hará cualquier cosa por mantenerse cerca de Katrina.
-Eso es un alivio-comentó el hombre tranquilizándose-. Vamos a hablar de negocios.
-Vayan a sus negocios-dijo Ana-. Yo iré a prepararle algo a Ted.
-El famoso té inglés que tanto le gusta a los dos estará bien-comentó Christian sonriendo.
Ana se fue hacia la cocina y los hombres se metieron al estudio.
