Y para todos aquellos que habías echado de menos a Belly-Boo, este capítulo vuelve a narrarlo ella.

Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis me pertenece.

Capítulo 28: Casa

— ¡Oh, venga! Te aseguro que ya no puedo más —miré a mi mejor amiga con expresión suplicante.

Maya se cruzó de brazos y no se dejó convencer— Los médicos dicen que te has de comer toda la sopa y eso significa toda, no solo la mitad.

— Pero es que está asquerosa —protesté mirando con disgusto el líquido verde.

— Es solo sopa —dijo ella con un suspiro.

— Pero bien que tú no te la comes —refunfuñé removiendo la cuchara en el plato.

Tobías, desde los pies de mi cama, me sonrió— A Tobías no le gusta sopa.

— ¿Ves? —le dije a Maya— Él está de acuerdo conmigo.

Maya puso los ojos en blanco— Simplemente acábate la maldita sopa, Bella. Si lo haces quizás te dejarán salir de aquí en poco tiempo.

Miré a Maya esperanzada, luego a la sopa y de nuevo a Maya. No debería dejarme llevar por el chantaje, pero la idea de poder marcharme de esas cuatro opresivas paredes era demasiado tentadora.

— Yo de ti me comía la sopa, Izzy —me aconsejó Johanna, que estaba en el otro lado de una de esas cortinas de hospital.

Maya descorrió las cortinas para que pudiese hablar con mi amiga. Me lanzó una mirada de advertencia y dejó el asqueroso plato en mi mesilla de noche. Era evidente que esperara que me lo comiese cuando estaba fuera.

— ¿Cuántas ha sido esta vez? —le pregunté.

— Quince —contestó ella— ¿Tú?

Sonreí orgullosa— Dieciocho.

Johanna hizo una mueca de decepción. En realidad no deberíamos estar jugando a este estúpido juego, que consistía en contar cuantas veces nuestro psicólogo (que nos visitaba a cada una cuatro veces por semana) nos decía en una sesión que "estábamos a salvo" o una de sus variables.

— Toma —le pasé el bol con sopa.

— Ya estabas tardando —sonrió ella.

Me encogí de hombros— Maya aún estaba mirando —luego miré a mi sobrino—. ¡Psst! Tobías.

Tobías se llevó un dedo a los labios como hacíamos cada vez, enseñándome que no le iba a decir nada a Maya.

— Buen chico —le revolví el pelo.

Tobías entonces me enseñó lo que había estado dibujando durante su visita, que simplemente era un conjunto de garabatos y líneas sin sentido, y yo me dediqué a alabar los talentos de mi pequeño ahijado.

Y después Tobías y yo colgamos el dibujo en la pared junto a los demás. Estaba consiguiendo un gran mural que al parecer no les gustaba para nada a los ciudadanos del Distrito 13, pues cada vez que pasaban por delante mascullaban cosas sobre desperdicio de papel.

— ¡Bella, Bella, Bella, Bella! —gritó Luke mientras irrumpía corriendo en la sala.

— Luke, Luke, Luke, Luke —contesté con diversión.

— Luke, Luke, Luke, Luke, Luke, Luke, Lu… —me imitó Tobías hasta que le puse una mano en la boca para que parara.

— A ver si adivináis quién ha conseguido pasar el examen —dijo Luke sacando pecho orgullosamente.

— ¿Charlotte? —pregunté bromeando— Ha sido Charlotte, ¿verdad? Felicítala de mi parte.

Luke frunció el ceño y me sacó la lengua— No, no ha sido Charlotte. A ella le toca la semana que viene. ¡Pero eso no importa ahora mismo! ¡Os presento al Cabo Swan!

Levanté una ceja— ¿Cabo? Pero si justo acabas de aprobar.

— Y ni siquiera recibo un "felicidades" —dijo Luke falsamente ofendido—. Me han nombrado Cabo directamente por mis importantes misiones antes de graduarme, porque ya he demostrado que pueden confiar en mí y bla bla bla —puso los ojos en blanco.

— Bueno, pues —sonreí—. Mis felicitaciones Cabo.

— ¡Oh Dios Mío! ¿Cabo? ¿Te han hecho cabo? —Maya se lanzó a abrazar a Luke.

Tuve un pequeño momento de pánico donde me pregunté de dónde había salido Maya y Johanna me lanzaba el, afortunadamente vacío, plato de sopa como si fuera un frisbee. Le lancé una mirada angelical a mi mejor amiga cuando fue a recogerme el plato y respiré aliviada al ver que había colado.

— Johanna —dijo Maya—, ¿me podrías dar la cuchara?

Johanna sacó la cuchara de entre las mantas y me lanzó una mirada que no parecía demasiado arrepentida. Mientras tanto Luke y Tobías intentaban contener las risas y Maya me miraba con una ceja levantada.

— Sabes que has de hacerlo mejor que eso —me dijo antes de girarse dramáticamente.

— De verdad que me alegro por ti —le dije a Luke—. ¿Ahora qué vas a hacer?

Luke se sentó a los pies de mi cama— Dentro de un par de días viene un regimiento del Distrito 1, me iré con ellos cuando se vuelvan a ir.

Asentí con la cabeza— ¿Crees que, ahora que eres Cabo, puedes conseguir que me saquen de aquí cuanto antes? De verdad que estoy perfectamente.

— Bella —Luke me miró con una ceja levantada—. Tienes tres costillas rotas, una muñeca dislocada, la herida de tu barriga está infectada, tenías una hemorragia interna y has estado a punto de sufrir una pulmonía severa. Por no hablar de la de moratones y contusiones que tienes por todo el cuerpo.

Arrugué el ceño— No es como si fuera mi culpa, ¿no? —murmuré enfadada.

Luke me miró con compasión— Lo siento, Bella. Es solo que te quiero y me preocupo por ti, y sé que aquí dentro estás segura y no te pueden hacer daño.

Aparté la mirada para no mirarle a los ojos. Me quedé observando fijamente la sábana blanca de mi cama y parpadeé constantemente para intentar no llorar.

Le oí suspirar— Sé que lo que te han hecho ha roto algo dentro de ti, Bells. Y eso es en parte otra razón por la que me siento más feliz dejándote aquí dentro.

Fruncí el ceño, ahora mi hermano se creía que estaba loca. Ya tenía bastante con las visitas del Doctor Philips y las miradas de pena de casi todas las enfermeras, no necesitaba que mi familia también empezara a preguntarse si se me había ido la olla del todo.

Una parte de mí quería saltar y responderle mal, soltar parte de la frustración que sentía y desahogar parte de mis sufrimientos. Pero sabía que Luke tan solo se estaba preocupando por mí y no se merecía nada de esto. Desde mi llegada al Capitolio había estado de muy mal humor al sentirme tan débil, frágil e inútil, y ya había desatado mi furia con varios inocentes.

De modo que me limité a levantar la cabeza y lanzarle una sonrisa triste. Luke me dio un corto abrazo y volvió a su posición a los pies de mi cama.

— Además, no quieres tener que enfrentarte a la terrible tortura que es conseguir un nuevo apartamento —dijo.

Levanté una ceja. Luke luchó contra una sonrisa y supe que había una historia divertida que contar. Y era evidente que Luke iba a explicármela.

— Tienes que rellenar cientos de papeles —empezó Luke—, y además te hacen unas preguntas de los más personales.

— ¿Cómo por ejemplo?

— ¿Con cuánta frecuencia tiene usted relaciones sexuales? —citó Luke poniendo una extraña voz de falsete.

Reí— Es evidente que pusiste un número disparatado.

— Por supuesto —contestó—, y luego la siguiente pregunta era: ¿Con cuánta frecuencia tiene usted de verdad relaciones sexuales?

— ¿Lo dices en serio? —reí.

— Mortalmente —sacudió la cabeza con una sonrisa—. Estoy seguro de que Astrid flipó con el número que le puse.

Moví las cejas insinuantemente— Astrid, ¿eh?

— ¡Oh, no! ¡Euuugh! Tiene como… cincuenta años. ¿Por qué clase de pervertido me tomas?

— Sí, claro, será por eso —nos llegó la voz de Maya desde alguna parte de la enfermería.

Miré a Luke con expresión inquisitiva. Luke se sonrojó y me entraron aún más ganas de saber de qué estaba hablando Maya.

— ¿Luke?

— No es nada —mintió Luke—. Maya solo intenta picarme.

— Estoy segura de que si a Tyra le dices eso se enfada —contestó Maya.

— Uuuuhh, ¿Quién es Tyra?

Luke se puso aún más colorado, lo que era toda una sorpresa porque mi hermano era de las personas que menos había visto sonrojarse— Nadie.

— Luke tiene novia —canturreó Tobías.

Las orejas de Luke enrojecieron— ¡Cállate!

Tobías rio y le dio un sonoro sorbo a su zumo de manzana. ¡Ah! Ya sabía yo que había una razón por la que me encantaba tanto mi sobrino.

— ¡Maya! —llamé— ¿Quién es Tyra?

Maya apareció limpiándose las manos con una toalla— Es la Comandante del escuadrón al que se unirá Luke en unas semanas —contestó—. Y también la razón por la que no se ha liado con nadie desde que nos sacó del Distrito 9.

Miré a mi hermano con la boca abierta— ¿Me lo dices en serio?

— ¿Es solo una amiga? —sugirió Luke.

Reí y sacudí la cabeza— ¡Eso no cuela! Venga, vamos, ¡cuéntame todo sobre ella!

Y, a pesar de sentirme enormemente feliz al ver cómo los ojos de mi hermano mayor se encendían al hablar de Tyra, no pude evitar sentir una punzada de celos al tener él el amor al alcance de su mano mientras que el mío a saber dónde estaba.

Pero puse buena cara y oculté esas sensaciones amargas mientras interrogaba a Luke sobre cualquier pequeño detalle de esa Comandante que le había arrebatado el corazón.

Y cuando Luke supo contestarme hasta los más mínimos conceptos de Tyra, supe que estaba perdido.

Pero estaba segura de que si le anunciaba mis descubrimientos tan solo iba a conseguir que saliera por piernas.

Así que Maya, Oliver y yo debíamos idear un plan para abrirle los ojos a mi hermano sin causarle una reacción de huida.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

— Bien, ahora expira, inspira y vuelve a la posición inicial. Expira, y de nuevo lo mismo con el otro pie. Bien, que este tenso. Cuatro, cinco, seis. Sube más el culo, Bella. Ocho, nueve y diez. Expira y vuelve a la posición inicial. ¡Perfecto! Ya hemos terminado por hoy.

Con un jadeó me dejé caer en la esterilla azul. Había decidido que odiaba el yoga con toda mi alma, pero los médicos creían que era una buena manera de ayudar en mi recuperación y a devolverme a una forma física adecuada.

Yo siempre protestaba que no veían a Johanna haciendo posiciones estúpidas e intentando mantener el equilibrio con bastantes dificultades.

— Estás mejorando mucho, Isabella —me felicitó Valentina Jones.

Decidí que era mejor si no le contestaba.

— ¡Izzy! —llamó Finnick con alegría desde la puerta de la habitación del hospital.

— ¡Hey, Fin! —contesté a la vez que enrollaba la esterilla.

— ¿Qué tal lo llevas? —preguntó preocupado.

Me encogí de hombros— Bueno, ya puedo tocarme los dedos de los pies sin sentir como si me estuvieran apuñalando en todo el tórax.

Finnick sonrió— Eso es bueno.

Bufé— Pues díselo a mis carceleros, que no me dejan que me marche. Y eso que hasta están empezando a meditar dejarme ir a los entrenamientos, ¿pero compartir compartimento con mi hermano? ¡Noooo!

— ¿Vivir con tu hermano y Gale? —Finnick resopló— Yo antes preferiría quedarme en la enfermería.

— Odio los hospitales —refunfuñé.

— Bueno, a mí en realidad me han enviado aquí para que te diga un par de cosas —dijo Finnick.

Hice un puchero— Y yo que creía que venías porque me echabas de menos y querías disfrutar de mi compañía.

Finnick sacudió la cabeza— Lo siento —dijo con alegría—, eras una sustitución de Annie, para que no me sintiera tan solo. Pero ahora la he vuelto a encontrar así que… te jodes.

Me posé una mano en el corazón y le miré como si me hubiese herido— Yo te quería, Fin. Creía que lo nuestro era especial.

Finnick me guiñó un ojo— Eso dicen todas.

— ¡Oh la de mujeres desoladas que hay ahora en Panem debido a tu reunión con Annie! ¿Qué será de ellas? ¿Quién recogerá ahora sus lágrimas amargas con besos dulces?

— ¿Sus maridos? —sugirió Finnick.

Reí y acepté la mano que el vencedor me ofrecía para levantarme. Con mi esterilla en un rollo debajo del brazo reemprendimos el camino hasta mi cama en la enfermería.

— ¿Y para qué has venido, entonces?

— Me han dicho que quieren verte en Defensa Especial —dijo Finnick—, no me han dicho para qué, pero seguro que es para darte una de esas armas tan guays que hace Beetee.

— ¿Beetee hace armas?

Finnick asintió emocionado— Sí, yo tengo un tridente que saca redes por un lado, y tiene las puntas afiladísimas ¡y hasta vibra y todo! Y Katniss tiene un arco que está vivo.

Levanté una ceja con escepticismo— ¿Está vivo?

— Bueno, no está vivo de verdad, pero lo parece y mola mucho.

No pude evitar sentirme excitada ante el prospecto de una nueva arma que, si era tal y como decía Finnick, sería épica.

— Y por esas caras ahora entiendo por qué me han dicho que os acompañe —dijo Maya—, para que esté allí por si con la excitación te da algo.

Sonreí y le saqué la lengua— ¿Y dónde dices que he de ir?

Con Finnick y Maya cada uno a un lado fui hasta los ascensores. El descenso fue largo y me pregunté a cuanta profundidad llegaba a estar el Distrito 13.

— Bueno —dije—, al menos no hay músicas tontas para animar el ambiente.

Los labios de Finnick temblaron— Deberíamos sugerírselo a las Presidenta Coin.

Intenté imaginarme a los serios soldados que bajaban en el ascensor conmigo con alguna canción de Taylor Swift de fondo. Se me escapó una sonrisa y, por la expresión de Maya, sabía que ella también estaba pensando lo mismo.

You belong with me —canturreó—, you belong with me.

Cuando nos bajamos del ascensor uno de los soldados, que debió de ver nuestras miradas perdidas, nos guio por entre el laberinto de laboratorios, ordenadores, máquinas extrañas y muchos, muchos cables.

Beetee nos saludó desde una habitación llena de objetos extraños, una larga mesa de metal y varios ordenadores.

— Es estupendo verte fuera del hospital —me sonrió Beetee desde su silla de ruedas.

— Cuanto más tiempo estoy fuera, mejor —le dije alegremente.

— Supongo que Finnick ya te habrá dicho por qué estás aquí —auguró Beetee mirando a mi amigo de soslayo.

— ¿Tienes una arma para mí? —pregunté esperanzadoramente.

Beetee sonrió y asintió. A mi lado pude ver como Maya ponía los ojos en blanco y murmuraba algo para sí misma.

— Tenemos que ir a Armamento Especial —anunció Beetee.

Finnick soltó un gemido— Otra vez pasar por todo eso no.

Pronto comprendí la desesperación de Finnick. Para llegar a Armamento Especial tenían que mirar los horarios de nuestros brazos (aunque como yo no tenía ninguno lo dejaron estar), las huellas dactilares, un escáner de retina, de ADN y pasar por un detector de metales. Para pocos metros más adelante tener que volverlo a pasar.

— Es casi como quisieran evitar que la gente entrara aquí mediante desmoralizarles al saber que han de pasar todo eso —le dije a Maya en un susurro.

— Wooow —se me escapó ante las filas y filas de armas de todo tipo.

Beetee rodó hasta una de las paredes, esta llena de espadas con aspectos bastante mortíferos, y sacó de la pared un tubo negro del tamaño de mi muñeca.

Observé el tubo con atención y le di la vuelta un par de veces. Tenía una extraña ranura en uno de los lados, que estaba pintado de azul, y estaba moldeado para acomodar mis dedos. Cerca de la base había tres botones que podía pulsar fácilmente con el pulgar si sostenía el tubo con las dos manos.

— Vale, apártate un poco, sí, ahora… dale al botón azul ¡Con la parte azul apuntado lejos de ti!

Obedecí y del tubo surgió disparada una cuchilla larga, afilada y negra como el carbón. Moví la espada experimentalmente y me sorprendí al ver que era bastante ligera, lo que haría mis movimientos mucho más rápidos.

— El botón verde encoge la hoja —explicó Beetee—, y ahora si le das al rojo…

La espada se envolvió en llamas. Estuve a punto de dejarla caer al suelo de la sorpresa, pero me resistí, y simplemente la agarré con más fuerza, sintiendo el fuego calentarme la mano.

— Es como en Cómo entrenar a tu dragón 2 —dijo Maya divertida.

Me moví por la habitación con la espada y no pude evitar hacer sonidos con la boca como si lo que tuviera en las manos fuera un sable láser.

— Izzy —llamó Beetee poco después—, ya podrás seguir jugando luego. Aún tenemos una parada más que hacer.

Seguí a Beetee de nuevo por toda la parafernalia de escáneres con Finnick y Maya detrás de mí. Beetee nos llevó, para ir con silla de ruedas se movía con sorprendente rapidez, por entre más pasillos hasta llegar a uno igual de altamente vigilado. Me entraron escalofríos al entrar a ese pasillo, pues me recordaba demasiado a las celdas donde había estado en el Capitolio.

— ¡Ah! ¡Ahí está la Presidenta! —exclamó Beete alegremente.

Coín nos esperaba con un grupo de soldados y científicos junto a otra de esas zonas de identificación. Aunque no había hablado personalmente con la Presidenta sí que la había visto, y al parecer ella también había oído hablar bastante de mí.

— Swan —saludó—, Odair, Hay. Me alegra que puedas haberlo hecho a tiempo, Beetee.

Después de pasar por todos los escáneres la Presidenta, con Beetee rodando a su lado, avanzó con paso decidido por el pasillo.

— Estas son nuestras prisiones de más máxima seguridad —explicó Coín—, absolutamente nadie puede escapar de aquí.

— ¿Y por qué estamos aquí? —pregunté con curiosidad.

— El Presidente envió unos mutos que en estos momentos están en estas celdas —señaló delante suyo con un gesto vago de mano—. Mutos que creemos que están especialmente diseñados para acabar contigo.

Tragué saliva— ¿Y qué hago yo aquí?

— Hasta que te rescataron, estos mutos han estado haciendo trabajos en el Distrito, no tenían tendencias asesinas y se comportaban con perfecta normalidad. Necesitamos todas las manos de las que podamos disponer, y estas eran muy eficientes, de modo que estamos aquí para ver si podemos neutralizar los instintos asesinos hacia ti de estos mutos (un poco como con el señor Mellark) y que vuelvan a incorporarse en la sociedad.

— ¿Qué celda abrimos primero, Presidenta? —preguntó uno de los soldados.

Coin deliberó— La 3953.

Para abrir la celda el guardia también tardó lo suyo, y en ese tiempo mi corazón se iba acelerando cada vez más y cuestionándose los instintos psicópatas de la Presidenta.

La puerta se abrió con un chasquido y cuatro soldados y un par de científicos me acompañaron dentro de la celda acolchada.

Se me escapó un jadeo de sorpresa que no pude contener. Pues, encadenado a la pared y con expresión agonizante, estaba…

— Edward —y mi susurro hizo que sus ojos negros se clavaran en los míos.

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Está bien, ¿quién se esperaba esto? ¿Nadie? Y por esto he estado evadiendo las preguntas sobre EPOV.

En su tiempo en el Distrito, Luke se ha encontrado a todos los Cullen. Quien sepa decirme cuándo y dónde recibe… ¿Una estrellita? A Carlise me da a mi que todas lo tenéis bastante controlado (yo nunca os dije que él no fuera Carlise) y para Edward os diré que estaba acompañando a Emmet. ¡Buena suerte!

Besos, CF98