Marinette pensaba que después de haber ido a la casa de Adrien, lo justo sería invitar a Adrien a su casa. No sería algo formal, simplemente jugarían juntos o harían alguna tarea, no había nada en especial planeado para ese día.
Marinette se vistió como normalmente hacia. Tikki la observaba y se sentía curiosa debido a la tranquilidad que su portadora mostraba.
—¿No estás nerviosa porque Adrien vendrá? —quiso saber Tikki.
Marinette simplemente negó con la cabeza. No había nada de malo en eso, ella ya había cambiado bastante y su relación con Adrien también.
—Antes hubiera estado nerviosa. Ahora no —respondió sonriendo y negando con la cabeza de modo divertido —. Antes me esforzaba demasiado y por eso las cosas salían mal, ahora no. Qué todo fluya.
Tikki asintió, parecía que esas palabras tenían sentido. Ella pensaba que su portadora había madurado bastante, ya no era la chica nerviosa y acosadora, era un gran avance. Pero prefirió no decir nada, solo se limitó a sonreír.
Adrien había estado muy nervioso, no sabía cómo arreglarse. Marinette simplemente lo había invitado a su casa, nada más. Pero... ¿debería utilizar un traje o algo parecido? Rayos, los libros no siempre te preparan para situaciones así.
—Si piensas que un anime definirá cómo debes vestir hoy, estás mal, muchacho.
Nunca faltaba el comentario sarcástico de Plagg. Era molesto, aunque quizás tenía algo de razón.
—¿Cómo crees que debería vestirme? —estaba tan desesperado que había optado por preguntar a Plagg.
Plagg flotó y cruzó sus patas al mismo tiempo que enarcaba una de sus apenas visibles cejas.
—¿En serio me pides consejos a mí? —preguntó escéptico —. Para mí lo más genial del mundo sería ver a alguien vestido de queso.
Adrien negó con la cabeza. Esa sería una larga tarde.
Finalmente golpeó la puerta. Después de tanto pensar, descartar y discutir con Plagg decidió ir con su típica ropa.
—Hola, Adrien —al ver a la chica vestida de ese modo tan natural se dio cuenta de que había tomado la decisión correcta. Sonrió.
—Hola, te traje esto —era una rosa de color rojo. Esperaba que ella conociera el significado de las flores.
—¡Es hermosa! ¡gracias! —Marinette le dio un abrazo demostrando su emoción —. Iré a ponerla en agua, ¡vuelvo enseguida!
Lo que Adrien no esperaba era que en cuanto Marinette se fuera, Tom haría su aparición.
Tom en su mente estaba emocionado, ¡no podía creer que finalmente estaba pasando! Su pequeña tenía novio y esta vez se permitía emocionarse como nunca. ¿Por qué? Porque con Chat Noir se había emocionado en vano, había olvidado que era un súper héroe y eso era como un amor platónico. Adrien no lo era.
—¿Te gustan los croissants?
Y bastó con esa simple pregunta para que Tom lo llevará a la cocina. Estaba emocionado y tenía una idea en mente. ¡Le enseñaría a cocinar!
Marinette también bajó, ella le explicaría de modo más amable y Sabine también se encontraba ahí, sonriente. No lo quería admitir, pero ella también se sentía dichosa al ver a su hija junto al chico del cual siempre hablaba.
—Ese es el primer paso.
Adrien había entendido todo. Pero había una gran diferencia entre entender y realizar el proceso.
Intentó rellenar los croissants, pero no le salió muy bien. Casi tiraba toda una montaña de croissants. Aunque mágicamente Sabine atrapó los croissants en el aire, con hábiles movimientos.
—¡Eso fue maravilloso!
—¡Ay, tonterías! —Sabine sonrojada era idéntica a su hija, ambas poseían un rostro muy dulce.
—Mi esposa es la mejor con las artes marciales, conoce muchos movimientos —la aduló Tom. Ella golpeó su hombro levemente.
—¡Basta Tom! —parecía algo avergonzada.
—Solo digo la verdad.
Y a pedido de Adrien, Sabine tomó la enorme cuchara con la cual batían en ocasiones e hizo movimientos con ella. Giros, saltos al aire y más.
—En ocasiones incluso una cuchara puede ser buena para defenderse, aprendan chicos —explicó ella —. También las manos pueden ser un gran aliado.
Marinette y Adrien observaban boquiabiertos. Puede que ellos tengan poderes y todo el asunto mágico, pero los movimientos de Sabine eran increíbles, parecían ser mucho mejores.
Adrien pensó que con esa habilidad al utilizar su bastón, cada villano le tendría miedo, porque no tendrían oportunidad contra él. Marinette pensó que si tuviese tanta agilidad con sus manos, podría defenderse aún mejor.
Luego continuaron con el pan. Por alguna razón, Adrien parecía alguien torpe, las cosas no le estaban saliendo del todo bien. Se ensució y a Marinette también. Se disculpó en muchas ocasiones, pero ella le decía que no había problema. Estaba avergonzado, muy apenado.
Terminaron los croissants, hicieron varios. Sabine dijo que más tarde estarían listos y podrían disfrutarlos.
Mientras tanto, Tom, Marinette y él subieron para jugar videojuegos. Adrien perdió muchas veces contra Marinette, para después perder contra Tom.
—¡Marinetástico! /¡Tomtástico! —celebraron.
A pesar de no tener muy buena suerte, Adrien se sentía feliz. Sentía que eso era pasar tiempo en familia, se sentía dichoso e incluido. Sonreía sin darse cuenta.
Después de un rato, todos se sentaron juntos para comer croissants. Los de Adrien habían quedado quemados, pero aún así los comieron gustosos. Y hablaron de distintos temas. Sabine contó anécdotas de Marinette en su infancia, algunas vergonzosas y otras no tanto.
Adrien habló de su vida y su relación con su padre, aunque prefirió no hablar tanto. Por eso después Sabine contó el motivo por el cual Marinette comenzó a interesarse por la moda: su abuela.
—Eres bienvenido cuando quieras, ya eres parte de la familia —lo felicitó Tom.
Familia.
Adrien sonrió, finalmente sentía lo que era estar en una familia, sentir amor y cariño. Él felizmente sería "Adrien Dupain-Cheng", pero prefería que Marinette fuera "Marinette Agreste."
