Capítulo 28

-Sección Prohibida

No podía. En verdad, no podía hacerlo. Había pasado todo el fin de semana escondida entre sus sábanas, recibiendo miradas hostiles de parte de Ginny, y miradas nerviosas de Neville en las escasas ocasiones que salió a la sala común. Y ahora, después de ignorar al mundo durante dos días, ahora debía regresar al usual barullo de la escuela. Y lo peor, es que en ese momento debía entrar por la puerta del salón de Defensa, donde la esperaba la horrible tortura de pasar dos horas encerrada en aquella aula con Ginny Weasley, y Draco Malfoy.

Apenas entró al entrar al salón, Ginny le dio la espalda, y se alejó a sentarse con Eleonor Quirke. Draco, por su parte, no la miró ni una sola vez. Hermione no tuvo de otra más que suspirar, y sentarse al final de la clase.

-Ahora que empezamos el segundo trimestre –aquel fue el saludo del profesor Karstoy-, tengo el agrado de comunicarles que hemos terminado con los proyectos en equipo. Slytherins y Gryffindors, nuevamente dependerán únicamente de su inteligencia e ingenio para poder aprobar este trimestre. Y debo advertirles que ahora que sus mentes están vacías y sus estómagos llenos de pavo, los esperan varios meses de arduo trabajo. ¡Éxtasis! Eso es lo que nos espera al final de éste no tan largo túnel…

Pero Hermione ya no lo escuchaba. Su mirada se había posado rápidamente en Draco. ¿Ya no trabajarían en equipos? ¿Ya no tendría la oportunidad de verse a solas con él, en alguna olvidada aula, en algún rincón de la biblioteca?

Hermione no fue la única que miró al rubio, Ginny se encontraba observándolo también. Pero en el rostro de la pelirroja se distinguía una expresión de triunfo. Draco miró a la pelirroja. Le dirigió una rápida mirada de desprecio, y volvió a posar su mirada en el profesor Karstoy. No se dignó a mirar a Hermione.

El miércoles, Slughorn les repitió la noticia que Karstoy había dado en su clase. Ahora las pociones que debían de realizar los alumnos eran aun más complicadas, y debían de elaborarlas en solitario. Se pasó el resto de las dos horas, dando un sermón sobre el poco tiempo que les quedaba para estudiar para los Éxtasis, mientras no dejaba de repetirles que el resultado de sus exámenes era algo demasiado importante, puesto que definiría sus opciones finales para poder obtener un trabajo en la comunidad mágica.

Hermione, al igual que en clase de Defensa, lo ignoró completamente, y se pasó las dos horas mirando sus pulgares, negándose a mirar a Draco, mientras que el Slytherin evitaba el mirarla igualmente. En su cabeza, se sentía tan culpable por ser tan débil, que temía sobre la seguridad de la Gryffindor si él perdía los estribos y decidía mandarlo todo por la borda.

El resto de la semana transcurrió de igual manera. Hermione trataba de convencerse a sí misma que estaría bien, que todo pasaría. Aunque seguía sintiendo que amaba a Draco con todo el corazón, no estaba dispuesta a dejarse vencer por ello.

"Fui feliz antes de tener esta idiota relación con él" se decía, "podré ser feliz nuevamente."

Pero cada noche, apenas su cabeza tocaba la almohada, sentía como la soledad y la tristeza la invadían de nuevo, y como las lágrimas amenazaban con recorrer su rostro.

Trataba siempre de no mirarlo en clase, aunque al final no podía evitarlo. Draco también la miraba, aunque de manera despistada, para que la castaña no se enterara. Cuando se topaban en los pasillos, fingía que no la veía, aunque siempre se quedaba al final del corredor, para poder mirarla de lejos, suspirando por no poder abrazarla de nuevo, besarla como antes, ni siquiera podía atreverse a dirigirle la palabra, por temor a perder los estribos, y volver a caer en sus brazos…

Esa mañana, mientras desayunaba en el Gran Comedor, apenas acompañada por Luna, una blanca lechuza llegó empujando el tarro de mermelada, y le puso una carta sobre el plato.

Al ver el nombre del remitente, le pidió a Luna que la abriera.

-Harry dice que está preocupado por ti –dijo Luna, sujetando el pergamino como si se tratara de una araña venenosa-. Está triste porque no le has respondido sus últimas cartas. Sabe que has cortado toda comunicación con Ron, aunque no lo entiende. Y vaya… También habla de Draco Malfoy…

Hermione le arrebató el pergamino de las manos, y leyó a toda velocidad. Conforme avanzaba la carta, sus ojos se iban abriendo más y más. Con sorpresa, con temor. Terminó de leer la carta, y su mirada se posó rápidamente en la mesa de Slytherin, donde buscó a Draco desesperadamente. El chico se encontraba tan tranquilo desayunando entre Nigel y Zack, que Hermione no pudo evitar preocuparse, aunque al mismo tiempo se molestó: ¿Cómo era posible que Harry lo hubiera manipulado así?

Si bien, se había prometido a sí misma que no volvería a buscar a Draco Malfoy para hablar sobre nada, porque entre ellos ya no existía ningún tipo de contacto (porque el Slytherin lo había dispuesto así), Hermione era consciente de que necesitaba saber aquello a lo que Harry apenas hacía mención en su carta.

Su oportunidad ocurrió una semana después, un frío sábado de febrero, en la biblioteca.

Tenían tarea de Pociones. Una extensa investigación sobre la elaboración del Veritaserum. Hermione había pasado toda la semana buscando en todos los libros de pociones a los que le había podido echar mano. Estaba comenzando a desesperarse, puesto que la información que poseía, no servía para satisfacer a su curiosidad, y era tan vaga que apenas y había podido llenar un pergamino de quince centímetros.

Había llegado esa mañana a la biblioteca, poco después de desayunar acompañada por Luna. Ahora, mientras la Ravenclaw se encontraba sentada leyendo un libro sobre Adivinación, Hermione estaba buscando más libros en la sección de Pociones, convencida de que ya no encontraría nada que le funcionase.

Algo nerviosa, esperando que la señora Pince no la descubriera, se acercó lentamente a la soga que dividía el resto de la biblioteca, de la sección prohibida.

Suspiró. No tenía el valor de pedirle a Slughorn una firma para poder entrar a revisar aquellos libros. Inclusive no podía el plantearse el pedirle la firma a Flitwick, por lo que algo decepcionada de sí misma, procedió a alejarse del lugar.

No había terminado de dar media vuelta, cuando chocó contra alguien. Se apuró a separarse, disculpándose por ser tan poco cuidadosa, cuando pudo ver a la persona con la que había chocado. Sus ojos se abrieron como platos, y le tembló el labio inferior.

-Lo siento –dijo Draco, algo nervioso, apurándose a esconder sus manos en el interior de sus bolsillos.

-No, no importa –replicó ella, y algo nerviosa, se apuró a preguntar-. ¿Vienes a hacer la redacción de Pociones?

El chico respondió con un simple sí.

-¿Pensabas revisar la sección prohibida? –preguntó él. Hermione negó lentamente con la cabeza-. Pues deberías. Estoy seguro de que allí encontrarás todo lo que necesitas.

Hermione se quedó callada, y simplemente asintió con la cabeza. Draco se quedó en silencio también; su boca adoptó una expresión nerviosa. Estaba por marcharse, cuando Hermione lo detuvo.

-¿Ves? –le dijo muy nerviosamente, retorciéndose las manos-. Podemos tener una conversación normal. Actuamos como adultos. No somos unos simples colegiales…

Draco sonrió a medias. Esta vez fue él el que dio media vuelta. Hermione lo detuvo de nuevo, consciente de que esa era su única oportunidad. Habló atropelladamente.

-Harry me ha dicho que ha ido a visitarte a San Mungo.

Draco se detuvo en seco. ¿Potter había contando a Hermione aquello? ¿Habría comentado el contenido de tan tensa entrevista?

Se volvió para mirar a Hermione a los ojos.

-No ha querido contarme sobre qué han hablado, pero algo me dice que es importante…


-¿Por qué estás pasando la tarde del sábado conmigo? No es que me queje, pero tienes novia, y creo que sería mejor que invirtieras tu tiempo con ella en vez de conmigo…

Ginny y Neville caminaban por los pasillos de la escuela, solitaria como todas las tardes del fin de semana. Neville se limitó a encogerse de hombros, contestó:

-Dijo que pasaría toda la tarde con Hermione, dice que necesita nuestro apoyo…

-Los problemas que tenga son porque se los ha buscado –determinó la pelirroja.

Neville intentó replicar, pero la fría mirada de la Gryffindor le frenó todo comentario.

Habían llegado a la biblioteca. Ginny y Neville se dirigieron a la sección de Animales Fantásticos, buscando algo que los ayudara con su tarea sobre las Sirenas. Ginny buscaba algún título que le sirviera, mientras que Neville tomaba algún libro que le llamara la atención, y lo examinaba, antes de volver a ponerlo en su lugar.

-¿Ya viste eso? –susurró Neville, dejando Crianza de Dragones para Placer y Provecho en su lugar, y apuntó hacia el final del pasillo, con la cabeza. Ginny se apuró a voltear.

Allí donde Neville había señalado, se encontraban Hermione Granger y Draco Malfoy, conversando en susurros.

-Quédate aquí –susurró Ginny, y dejando un libro que había tomado, en su estante, caminó lentamente hacia donde Hermione y Draco se encontraban. Tuvo la suerte de que ninguno de los dos la viera, y se apuró a ocultarse detrás de un librero, que impedía que ellos la vieran, pero que a ella le daba una visibilidad completa de sus rostros, y le permitía escuchar todo.

-¿Vas a contármelo tú? –preguntó Hermione, en un susurro que Ginny pudo escuchar a la perfección-. Harry se ha negado en rotundo a decirme nada sobre aquella inesperada visita, pero tengo mis sospechas. Algo me dice que el nombre de Ron Weasley, asesino, figura en el tema.

-Si él se ha negado a decir nada, yo no puedo romper aquel voto de silencio –replicó Draco, volviendo a meter sus manos en sus bolsillos-. Y creí que sabías que Potter se niega rotundamente a creer que su lame botas es un asesino.

-¿Aunque él mismo te haya visitado en San Mungo? ¿Aunque él mismo haya visto todos tus cortes y heridas? Solo tiene que preguntar a Ron para saber que es verdad. Draco…

-Soy Malfoy para ti.

-Y yo soy Hermione para ti, así que déjate de juegos. Harry sabía sobre lo nuestro, yo misma se lo conté en vacaciones.

-Pensé que habías ido con tus padres a Australia.

-Hubo un cambio de planes. Terminé pasando el invierno en casa de los Weasley… ¡Pero eso no es lo importante! –el susurro se había vuelto aún más bajo, y apretó los puños con fuerza, mientras miraba a Draco directamente a los ojos. Él le regresó la penetrante mirada-. Mientras estaba ahí, hablé con Harry. Le conté toda la verdad, le mostré nuestras fotografías juntos. Obviamente Harry está lleno de prejuicios, como tú y yo antes de Halloween. Creo que inclusive los prejuicios de Harry son peores que los nuestros.

-¿Y el caso es…?

-El caso es que se perfectamente que Harry ha ido a hablar contigo, debido a lo que yo le he contado. ¿Te ha amenazado? ¿Te ha prohibido que te veas conmigo? ¿Es por eso que finges que ya no me quieres, que todo terminó?

Draco dio un par de pasos hacia atrás, tratando de imponer distancia. Miró a Hermione a los ojos, casi sin parpadear.

-El no ha tenido que…

-Quiero que me digas la verdad –interrumpió ella, furiosa.

Draco se mordió el labio inferior.

-Está bien –cedió al fin-. Pero no te lo diré aquí, no ahora. Tiene que ser en privado…

-El próximo domingo, a la orilla del Lago Negro –le susurró ella-. A las nueve.

La chica le dirigió una última mirada, aún un poco enojada. Se alejó con paso rápido del lugar.

Llegó prácticamente corriendo a su mesa.

-¡Luna! –le dijo en un susurro, para que la señora Pince no las mandara callar-. ¡Creo que finalmente podré saber que fue lo que pasó entre Draco y Harry, en San Mungo!

-¿Es que acaso se le ha llenado la cabeza de Tortosoplos? –preguntó la rubia, mientras cerraba con cuidado su libro.

-No, no –Hermione se sentó delante de su amiga. Tomó las manos de Luna, con gentileza-. Estoy segura de que le ha dicho algo a Draco, y por eso el ha intentado distanciarse de mí. Hemos prometido vernos la próxima semana en la noche, en el Lago Negro.

-Ten cuidado –dijo la Ravenclaw, mientras le sonreía con felicidad-, a veces los nargles gustan de salir a revolotear en el agua helada…

Luna estaba por agregar algo más, cuando su mirada se desvió del rostro de Hermione, a un par de Gryffindors que pasaron junto a su mesa, y salían de la biblioteca. Se apuró a desviar la mirada, para que la castaña no se diera cuenta de que Ginny y Neville salían de la biblioteca a toda velocidad.


-Pensé que haríamos la tarea de…

-No tenemos tiempo para eso –Ginny interrumpió a Neville, haciendo que el chico se callara.

-¿Es que acaso escuchaste algo importante? Ya sabes, Hermione y Mal…

-Si Neville, claro que escuché algo importante. Interesante, diría yo.

-Entonces, ¿a dónde vamos?

-A la lechucería. Tengo que enviar una carta a Harry.

-¿Una carta para qué? –preguntó el chico, mientras seguía a Ginny a toda velocidad, por todo el castillo.

-Hermione y Malfoy van a verse la próxima semana, en la noche, en el Lago Negro.

-Pero, ¿es que acaso eso nos importa a nosotros?

-Claro que nos importa. Harry ha visitado a Malfoy mientras estaba en San Mungo, y al parecer han tenido una conversación interesante. Es por eso que necesito enviarle una carta a Harry. Él tampoco cree que Ron haya sido el que ha lastimado a Malfoy. Pienso descubrirle el pastel a ese asqueroso hurón.

Llegaron en ese momento a la lechucería. De su mochila, que llevaba colgada al hombro, Ginny se apuró a sacar un trozo viejo de pergamino, una pluma y un tintero. Limpiando un escalón, se sentó, y empezó a escribir. Neville sentía la necesidad de hacer preguntas, pero algo dentro de sí le decía que mejor se quedara callado.

Un par de minutos después, Ginny terminó su carta; se acercó a una pequeña lechuza castaña, a la cual le amarró un pergamino en la pata, y la mandó volando por la ventana. Luego, la pelirroja se volvió hacia Neville.

-Espero que la respuesta llegue pronto –le dijo, mientras volvía a colgarse la mochila al hombro, y salían de la lechucería.

-¿Qué has escrito?

-A diferencia de Hermione, estoy completamente segura de que Harry ha llegado a un acuerdo con Malfoy, para que la dejara en paz. No creo que Harry se atreviera a amenazarlo. No dudo que Malfoy haya asegurado que Ron ha sido el que lo envió a San Mungo, pero al parecer, Harry le ha descubierto el pastel, y es por eso que no ha salido ningún tipo de noticia contra Ron. Seguramente Harry ha encontrado un modo de poder callarlo, y hacer que terminara con Hermione. Eso es lo que espero que Harry responda pronto.


Primero que nada, ¡siento mucho el retraso de la actualización! He estado horriblemente ocupada y no he tenido nada de tiempo u.u Pero ya volví =) Las cosas entre Draco y Hermione estaban 100% terminadas. No se hablaban en clase, ni se miraban. Su espontáneo encuentro en la biblioteca los ha puesto a prueba a los dos, pero han tenido que actuar con madurez y ya ven, como dice Hermione, pueden llevar una conversación como dos personas perfectamente normales (aunque en sus cabezas hayan brincado sobre el otro para besarse descontroladamente xD).

Y lo más importante del capi, ¡Harry! ¿Qué habrá ido a hacer a San Mungo? ¿Qué clase de cosas habrá dicho o hecho con Malfoy mientras el pobre Slytherin no se podía ni mover en su cama del hospital? Estoy segura de que la versión que Draco va a contarle a Hermione, será algo diferente de la que Ginny leerá. Esperemos y las cosas se arreglen un poco en aquella cita en el Lago Negro, aunque ahora que Ginny sabe...