*Inserte disculpa por el retraso que todos se saben de memoria aquí*
Bueno, ya estamos en los últimos capítulos, pero me guardaré mi discurcillo cursi para el último capítulo.
DeirdreMonaghan: Pueees suena mal pero tiene razón. Leafe podríamos decir que ha sido un logro sobrevivir en las condiciones en las que vive así que... XD. No llores por Muerte, el no lloraría por ti, te lo aseguro.
Erick Kingdom:
Es ese sexto sentido de escritora el que me llevó a actualizar XD. No, ya en serio, gracias, se siente muy bonito saber que te guste la historia así.
DecepticonQueen:
At least she's honest about what is she really thinking.
Gracias a todos, ¡un abrazo!
XXVIII. Samael
El tiempo transcurría entre comentarios ácidos, miradas furtivas, algún roce disfrazado de distracción y unos pocos encuentros más con algunos demonios menores en el camino que siguieron hasta llegar al portal que les conduciría hasta el Trono de Samael en el pasado. Leafe se encontraba más animosa que los anteriores meses y hablaba con un poco más de energía en la voz, aunque limitándose a responder sin muchas más palabras de las necesarias los comentarios ocasionales de Muerte. A pesar del mal rato que había pasado con Lilith, se sentía un poco mejor. El Jinete sonreía internamente al verla al menos un poco envalentonada, aunque sabía que no se encontraba del todo bien.
-Esto debe ser.- señaló Leafe al pararse frente a lo que parecía una incrustación de jade decorativa, justo encima de lo que anteriormente debió ser el asiento de aquél demonio.
-Sí.- se colocó junto a ella.- ¿Lista?
La chica asintió y Muerte tocó aquella piedra que absorbió el poder que llevaba adherido al brazo y el portal se abrió. La tomó del brazo y cruzaron juntos.
El Trono se veía mucho más imponente en el pasado, las columnas se alzaban altas y gruesas y el piso brillaba reflejando la lava en su pulido color ébano. Al frente y abajo del portal se encontraba Samael en persona. Leafe tragó saliva y la piel se le erizó. Podía sentir instintivamente peligro, repugnancia y se puso en alerta. Hacía tiempo que no se sentía así de intimidada. Muerte se dio cuenta de su tensión, le colocó la mano en el hombro y se adelantó para descender por las escaleras laterales seguido por Leafe.
-Así que el Consejo Abrasado envía a sólo un Jinete, incluso al pasado.- el demonio apenas y se movió, hablaba con la barbilla recargada en el puño.- No. Esta visita es… extraoficial.- el Jinete se detuvo justo frente a él.- De hecho, nadie sabe que estás aquí.
-Ni un alma, ahora dame la Llave del Demonio, será nuestro secreto.- la burla se dejó entrever en la voz del Jinete.
Leafe se mantenía un par de metros detrás de él. Observaba atentamente a Samael y la hizo dar un respingo cuando desapareció del Trono para aparecer detrás de Muerte. Con un solo movimiento de su mano alzó al Jinete en el aire arrancándole algún leve gruñido de dolor. Leafe reaccionó por mero instinto y le disparó una flecha al demonio, misma que se partió apenas le tocó la piel. Se giró y clavó sus ojos en los de Leafe, ella se estremeció fuertemente y sus pupilas se dilataron en terror. Samael sonrió.
-Patético.- y lanzó a Muerte al suelo, al centro de la sala.
-¡Muerte!
-¡Quédate allí!- le ordenó Muerte a la chica antes de que corriera hacia él y se puso en pie, manteniendo las guadañas en punto.
Samael se paseaba a su alrededor.
-Copias fallidas de un molde perfecto. Absalom fue siempre más fuerte que ustedes.- y se transportó detrás del Jinete, quien detuvo su ataque con las guadañas teniendo algo de dificultad.
-Verás que tengo fuerzas de sobra.- replicó y lo hizo retroceder.
-Ah… Sí. Has superado muchos obstáculos para plantarte ante mí.- se transportó de vuelta a su trono.- Pero a veces el héroe muere al final. Pregunta a tu hermano. Y más aún cuando dejas que un ser tan irrelevante permita vislumbrar tu debilidad…
-No es ningún signo de debilidad…- murmuró Leafe. Samael la miró con una ceja alzada y Muerte se giró hacia ella con incredulidad.- Hemos llegado hasta aquí, con todo en contra- su voz se alzó con mayor fuerza y coraje.- y no nos detendremos. No es debilidad, es valentía. Valentía de arriesgar todo por un lazo más allá de la comprensión de un demonio. Me han insultado, acallado, herido y llevado hasta el borde de la muerte, me arrebataron todo aquello que tenía y me hicieron dudar, pero ya no, ahora sé que siempre hay algo porqué luchar y no voy a permitir que demerites así todo lo que esto significa.
Samael se echó a reír.
-¿Lo que esto significa? No irás a referirte a esa convivencia que llevan el Jinete y tú ¿Te das cuenta de la ingenuidad de tus palabras? Tú no has logrado nada. El Jinete te ha mantenido con vida por su propia conveniencia, para su propia satisfacción. Egoístamente te ata a una existencia que ya no te pertenece y tú le sigues como un perro fiel, te engañas a ti misma asiéndote de un propósito que no existe, quieres creer que hay un trasfondo detrás de todo esto pero no. No hay nada más allá del simple deseo carnal y la esperanza de utilizarte para redimir a su hermano, de otro modo ni siquiera te hubiera permitido que lo acompañaras. Todo ha sido una ilusión… Y te das cuenta de ello, ¿cierto?
Leafe respiraba agitadamente y permaneció callada, agachó la cabeza.
-Lo imaginaba…- y sonrió nuevamente.
-Leafe…- la chica alzó la cabeza, era la primera vez que escuchaba a Muerte llamarle por su nombre.- Sabes lo que tienes que hacer.
Leafe se quedó inmóvil un segundo, después sonrió casi imperceptiblemente y se echó el arco a la espalda.
-¿Me das la Llave o tendré que quitártela?- dijo Muerte con hastío.
-Jinete… Ya sabes la respuesta.
Samael era tremendamente poderoso, sus ataques abarcaban grandes áreas y a Muerte le estaba dando bastantes problemas el dar con su punto débil. Leafe había regresado a los escalones para ponerse a salvo, era mejor no estorbarle. Un ataque tras otro, estaban casi a la par en poder, salían volando pedazos de la estancia y los gruñidos de ambos seres se alcanzaban a escuchar acompañados por el sonido metálico que producían las guadañas de Muerte. Un solo segundo de retraso en la reacción de Samael le dio la ventaja suficiente a Muerte para darle un tajo en medio del pecho. Samael apenas y se inmutó y se teletransportó a su trono.
-Interesante… Quizá incluso lo consigas.- le dijo con misterio en la voz. Miró a Leafe con intensidad, pero ella le sostuvo la mirada. Samael sonrió.- En cualquier caso, será un espectáculo.- y desapareció dejando la Llave del Demonio tras de sí.
Muerte la recogió del piso y se encaminó hacia Leafe. Le sostuvo la mirada por unos instantes.
-Vámonos ya.- y partieron de vuelta al presente.
La negrura más intensa de la noche de los abismos cayó sobre ellos y una torre semi destruida y a medio camino entre Rocanegra y el Árbol les sirvió de refugio. Leafe estaba sentada en una de las ventanas, observaba el exterior con mirada perdida en algún punto en el horizonte. Ella sabía todo lo que le había dicho Samael desde un inicio, pero le costaba mantenerse firme en su creencia de que aquello iba más allá de los intereses personales de cada uno. Había un motivo más fuerte… Debía haber un motivo más fuerte, de otro modo todo lo que había sucedido no tendría significado alguno. Incluso si existía dicho motivo estaba segura de que no era permanente y la sensación de acercarse al final le oprimía dolorosamente el pecho. Rodeó con los brazos sus propias piernas y suspiró largamente, intentando encontrar una válvula de escape, algo que le impidiera volverse a desmoronar por dentro. El súbito calor del calor de Muerte abrazándola desde detrás le reconfortó y la hizo temblar enormemente. Sería tan difícil… Y el Jinete la apretó un poco más contra sí y dejó descansar su frente en la nuca de ella. Leafe se giró de pronto y estrelló sus labios contra los del Jinete como si le rogara algo que no podía expresar en palabras y sus lágrimas comenzaron a rodar. Muerte hundió sus dedos en la larga cabellera de ella sosteniéndola por el cuello y con el otro brazo la rodeó apegándose a ella lo más que le era posible y le siguió el beso. No había deseo ni perversión, pero era profundo, tan profundo que casi podían sentir cómo compartían el mismo aliento, tan profundo que les dejaba experimentar una intimidad largo tiempo oculta. Estaban en sintonía y por esa noche nada más importó que mantenerse así, unidos y reposando uno en el alma del otro.
