CUESTIÓN DE CONFIANZA

—Capítulo 28—

Zoro alzó la vista nervioso, se encontraba al otro lado del enorme escritorio de Mihawk revisando estados de cuenta y transacciones sobre las que no entendía una sola palabra. Perona, que le dictaba lo que tenía que hacer, trabajaba cerca de su oído en total concentración. Ahora que el espíritu tenía su enorme libreta a la mano le resultaba más sencillo llevar a cabo sus labores.

—¿En verdad puedes trabajar con las anotaciones de Perona? —le había preguntado el hombre de los ojos amarillos sin poder disimular cierta sorpresa, a él mismo se le dificultaba hacerlo. Esta vez Zoro sólo había atinado a decir que sí y agachar la cabeza, cada vez le parecía más difícil inventarse algo.

—¡Anda Zoro, díselo de una buena vez! —lo apremió la chica gótica—, no vas a poder esconderle la visita de Basil por más tiempo.

El peli verde tragó saliva, no tenía idea de cómo decírselo. «Oye Mihawk, por cierto, mañana vendrá un amigo», es lo único en lo que había pensado, pero ¿cómo demonios iba a justificar que entraría hasta el cuarto de Perona? «Entonces... viene un amigo de Perona», eso sonaba más estúpido todavía, todos sabían que la chica no tenía amigos fuera del trabajo.

Soltó un fuerte suspiro, si fuera por él no le diría nada.

—¡Zoro! —Perona comenzaba a impacientarse, pues el peli verde llevaba más de cuatro horas sentado frente a su jefe y no se había atrevido a tocar el tema. Miró el reloj, ya pasaban de las diez—. ¡Si no lo haces seguiré pegada a ti el resto de tus días, puedes estar seguro de eso! —Amenazó. Al menos sus últimas palabras parecieron darle ánimos al peli verde quien finalmente hizo a un lado la libreta con determinación,

—Mihawk, mañana recibiré una visita, es un viejo amigo y quiere darle un vistazo a Perona —soltó sin pensárselo mucho,

—ah, sí... está bien —contestó el mayor sin levantar la mirada, Zoro entrecerró el ojo al darse cuenta de que no le estaba prestando atención,

—supongo que no tienes ningún inconveniente... —esta vez Mihawk alzó levemente la vista hacia él,

—¿es algún colega de Trafalgar? —preguntó,

—¡sí!, así es, sólo que Basil usa métodos más "alternativos"... de hecho ha tratado varios casos como el de Perona con éxito —Zoro se frotó el cabello y soltó una risilla leve sin poder ocultar del todo sus nervios, para su buena suerte Mihawk parecía más enfrascado en sus asuntos que en la plática que estaban sosteniendo,

—está bien, sólo notifícale a Hina para que le permitan el acceso —agregó el mayor dando por terminada su conversación.

Zoro parpadeó un par de veces sorprendido, «¿eso es todo?, ¿así de fácil?», sintió un gran alivio en su interior, en momentos como éste era genial que Mihawk no fuera de esas personas que necesitan enterarse de todo a detalle, aunque debía aceptar que hasta cierto punto se sentía molesto por ser ignorado de aquella manera.

—Zoro, ¿no se te pudo ocurrir una mejor historia? —lo reprendió Perona—, basta con darle un vistazo a Basil y a sus ayudantes para saber que no se trata de ningún médico —soltó un fuerte suspiro de resignación y se colocó los puños sobre la cadera—sólo espero que mañana el jefe se quede encerrado en su oficina como lo ha hecho estos últimos días.

El peli verde le dedicó una fea mirada, volvió a tomar la libreta de la chica entre sus manos y continuó con lo que estaba revisando. No volvió a separar la vista del trabajo hasta que el reloj de la estancia anunció la media noche.

—Bueno, creo que he terminado con esto —comentó el peli verde mientras se desperezaba, cerró la libreta y se puso de pie estirando la espalda, le dio un vistazo a su acompañante que seguía enfrascado en lo suyo. —¿Todavía te falta mucho? —Preguntó mientras se acercaba a él y tomaba asiento en la orilla del escritorio,

—quiero terminar con esto hoy mismo, adelántate a la alcoba y te alcanzaré en un rato —Zoro lo miró con cara de pocos amigos, eso significaba que se iría a dormir solo y que, seguramente para cuando despertara, Mihawk ya estaría en la oficina nuevamente.

Miró a Perona quien sólo alzó los hombros—cuando el jefe se enfrasca en el trabajo todo lo demás pasa a segundo plano, siempre ha sido así —, Zoro frunció el ceño, aquella respuesta le molestaba bastante.

Estaba por irse cuando una idea malévola se le cruzó por la cabeza, «eso está por verse»

—de acuerdo Mihawk, concéntrate en terminar tus pendientes... —el hombre lo miró de reojo sospechando que había algo oculto en sus palabras. Zoro le regaló una sensual sonrisa y se humedeció los labios de manera insinuante, se acercó a su rostro y colocó las manos sobre las rodillas del mayor—sólo olvídate de que estoy aquí.

Se hincó frente a él y se metió debajo del escritorio mientras sus manos comenzaban a acariciarle las piernas y a separarlas lentamente—sal de ahí —le susurró el mayor con un tono de voz que no sonaba del todo convencido, como respuesta recibió una leve mordida en la parte interior del muslo derecho.

—¡Zoro, eres un maldito pervertido! ¡No puedes esperar al menos a hacer ese tipo de cosas cuando yo no esté presente! —se quejó Perona a todo pulmón, sin embargo el peli verde la ignoró por completo y comenzó a subir sus manos hasta el cinturón del mayor para desabrocharlo—. ¡Me... me largo! —exclamó el espíritu que salió disparado hacia una de las paredes sin poder evitar darles un último vistazo con el rostro completamente enrojecido.

Mihawk soltó un suspiro leve y echó la cabeza hacia atrás cuando los dientes del peli verde comenzaron a bajarle la cremallera y su aliento se posó sobre su miembro que comenzaba a ponerse duro —tú ganas... —susurró mientras pasaba sus dedos entre la verde cabellera y tiraba de ellos con suavidad—, terminaré los pendientes mañana.

Zoro lo miró con una sonrisa triunfal, estaba por ponerse en pie cuando llamaron a la puerta haciendo que ambos pegaran un brinco,

—señor Dracule, perdone la hora, pero hay algo que quiero discutir con usted —Hina esperaba pacientemente a que la dejara entrar,

Zoro, en vez de incorporarse, volvió a meter el cuerpo debajo del escritorio y con un golpe de adrenalina, exclamó en voz alta;

—¡adelante!

Mihawk lo miró atónito, lo único que alcanzó a hacer antes de que Hina entrara fue pegar su silla al escritorio ocultando completamente a su acompañante. Zoro casi se muere de la risa al mirar aquella expresión de terror en su rostro que alcanzó a recomponer justo a tiempo,

—¿se encuentra solo? Pensé que había alguien más —comentó la jefa de seguridad, quien estaba segura de haber escuchado la voz de Roronoa,

—por favor, vaya al grano —exclamó Mihawk evadiendo el tema. Hina comenzó a hablar sobre los cambios en la guardia y las escoltas ahora que la identidad de sus hombres estaba al descubierto. Sin embargo su jefe dejó de prestarle atención en cuanto sintió que las manos de Zoro liberaban su miembro y comenzaban a masajearlo deliciosamente.

«Calma» se dijo a sí mismo intentando que su rostro no reflejara nada de lo que estaba sintiendo,

—... sé que no está de acuerdo, pero es necesario que algunos hombres vigilen la mansión desde adentro... —la jefa de seguridad continuaba con sus explicaciones a la par de que Zoro se metía el miembro a la boca comenzando a succionarlo con fuerza. Mihawk cerró los ojos un instante intentando que su respiración no se acelerara, Hina interpretó ese gesto como molestia—. ¡Está bien!, no insistiré con ese punto... —continuó sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo debajo del escritorio.

Mihawk estaba al límite, ya no podía seguir escondiendo sus reacciones —Hina, haga las cosas como mejor le parezcan —la interrumpió—, confío en su criterio, ahora, por favor, váyase.

—pero, ¿está seguro de que no quiere terminar de discutir los puntos?

Los ojos de Mihawk la miraron con un gesto intimidante, Hina tragó saliva sin comprender por qué se había molestado tanto con ella —de acuerdo y disculpe la intromisión —exclamó mientras se acercaba al escritorio para dejar los papeles encima,

—¡no hace falta!, ¡déjelos en el escritorio de Perona y váyase! —exclamó su jefe con un tono de voz más fuerte de lo normal. Hina asintió con la cabeza y salió rápidamente de la oficina sin comprender qué demonios había pasado.

En cuanto la puerta se cerró, Mihawk echó para atrás la silla, tomó al peli verde de los hombros y de un movimiento violento lo sacó de abajo del escritorio para recostarlo sobre los papeles sin importarle siquiera que varios cayeran al piso, apresó su boca en un intenso beso y comenzó a retirarle la ropa a tirones, estaba demasiado excitado,

—vaya juego el tuyo —le susurró lleno de deseo mientras recorría su cuello con los labios—, ¿acaso quieres volverme loco?

Zoro se incorporó como pudo y lo empujó hasta sentarlo sobre la silla colocándose sobre él, tomó ambas manos del mayor y las colocó sobre los apoyabrazos sonriendo de lado —es justo lo que deseo —susurró el joven con la voz deseosa. Colocó sus manos sobre los pectorales del mayor y de un tirón le abrió la camisa sin importarle que algunos botones salieran disparados —quiero verte perder el control.

El mayor aceptó dejar las manos quietas, expectante. Zoro tomó su propio miembro y el de su acompañante y comenzó a estimularlos al mismo tiempo. Apresó el labio inferior del mayor dejándole sentir ese instinto salvaje que le había mostrado en sus enfrentamientos de kendo. Mihawk clavó los dedos en los apoyabrazos luchando por no tomar el control en ese mismo momento.

Zoro lamió su propia mano y humedeció el miembro duro de Mihawk; con algo de torpeza se colocó sobre él, respiró profundo y se empaló de un sólo movimiento dejando que se deslizara hasta lo más profundo de su cuerpo, soltando un jadeo de placer mezclado con dolor. Mihawk no pudo disimular el intenso placer que experimentó al sentirse completamente dentro, arqueó la cabeza hacia atrás y entrecerró los ojos. El peli verde comenzó a moverse a un ritmo medio mientras estimulaba su propio miembro extasiado al ver el atractivo rostro de su acompañante lleno de placer.

—¿Lo estás disfrutando? —preguntó cerca del oído del mayor, quien bajó la vista para apreciar como su miembro aparecía y desaparecía por completo dentro de aquel delicioso cuerpo que lo succionaba duro. Comenzó a mover su propia cadera siguiendo el ritmo para profundizar la estocada. Sin poder contenerse más tiempo movió sus manos hacia la cadera de aquel joven que deseaba estrujar, pero Zoro volvió a detenérselas impidiendo así que lo tocara.

—¿Qué harás si no te lo permito? —susurró lleno de deseo esbozando una traviesa sonrisa. Mihawk le regresó aquel gesto con autosuficiencia,

—¿crees que tienes la suficiente fuerza para impedirme hacer lo que quiera contigo? —soltó el mayor quien se acercaba a su límite. Sin mucho esfuerzo se soltó, tomó al joven del trasero, se puso de pie y lo dejó caer sobre el escritorio marcando así un ritmo más profundo y rápido. Sus manos comenzaron a recorrerlo a placer al igual que su boca. Zoro comenzó a recorrerlo también, concentrándose en sentir al máximo. Mihawk no tardó en entregarse intensamente, el peli verde se vino también casi al mismo tiempo.

¿Qué es lo que tienes, Roronoa Zoro, que me gustas tanto? —le susurró con la voz encendida sin salirse de su cuerpo, moviéndose un poco más, acariciándole las piernas y el trasero, recuperando el ritmo de su respiración que se había desbocado por completo. Zoro comenzó a reír, pronto su risa pasó a convertirse en una carcajada —¿acaso soy tu burla? —preguntó el mayor sin poder ocultar una sonrisa,

—es que no puedo olvidar la expresión que pusiste cuando entró Hina —Zoro no paraba de reír. Mihawk ocultó su rostro en el cuello del menor y le colocó una mordida,

—te haré pagar por lo que me hiciste, ya lo verás —soltó como amenaza y apresó sus labios en un delicioso beso—. Por ahora, ¿qué te parece si terminamos esto en la alcoba? —se separó del menor y comenzó a acomodarse la ropa, Zoro lo imitó complacido con la idea,

—creí que tenías mucho trabajo todavía —soltó Zoro en tono burlón,

—así es, por eso tendrás que pararte mañana temprano para ayudarme a terminar —Zoro quiso recriminarle eso, pero finalmente cerró la boca y aceptó, él solo se lo había buscado. Además, no podía negar lo bien que se sentía saber que Mihawk lo deseaba con tanta intensidad.

• • •

Un cubetazo de agua helada le devolvió la conciencia. Kuro estaba tan aturdido que tardó en darse cuenta de lo que estaba pasando. Sus brazos le dolían horrores, intentó llevarlos a una posición más cómoda pero le resultó imposible, estaban fuertemente sujetados por una cuerda... y todo su cuerpo pendía de ellos.

«¿¡Qué está pasando!?»

Todo a su alrededor se veía borroso, era un hecho que no tenía los lentes puestos. Comenzó a balancearse en un intento de tocar el piso o cualquier cosa sobre la que pudiera apoyarse, todo resultaba en vano.

Una funesta risa lo hizo girar hacia su derecha donde pudo divisar la enorme silueta de un individuo, no tenía que verlo a la perfección para saber de quién se trataba,

—¡no, esto no puede estar pasando!, ¡yo no puedo estar aquí! —intentó aclarar sus pensamientos, lo último que recordaba era haber subido en la camioneta del veterinario... y nada más.

—ya era hora de que despertaras… —le habló el siniestro hombre,

—¡déjame ir, no fue mi culpa, hice todo bien!...

—y aun así la asistente de Dracule sigue con vida —Doflamingo se acercó hasta él y le colocó los anteojos, Kuro se estremeció al mirar su sádica sonrisa,

—¡fue culpa de ese maldito tipo de cabello verde! ¡No sé cómo mierda se dio cuenta de que yo estaba en la habitación de Perona! ¡Juro que no hice ni el menor sonido! —Joker borró por unos instantes su sonrisa, pensativo. No era la primera vez que ese chiquillo se entrometía en lo que no le importaba,

—como sea, creo que tú y yo teníamos un acuerdo, ¿no es así? —se acercó a una mesita donde tenía varios objetos, entre ellos Kuro pudo reconocer la caja con los cuchillos que había usado para matar al pobre desdichado de la última vez. Comenzó a revolverse con violencia sin lograr siquiera aflojar sus ataduras.

«¡Piensa, tengo que salir de aquí, piensa!»

Joker abrió la caja y admiró sus armas llenándolo de terror.

«¡LA CARTA, ¿DÓNDE QUEDÓ LA CARTA?!»

Recordó que la había metido en la guantera del auto antes de que lo capturaran, era casi seguro que la habían pasado por alto. Alzó la vista hacia el sádico rubio, era la única oportunidad que tenía para salir con vida,

—escúchame bien, Joker... mejor dicho, Donquixote. Sabía que tarde o temprano vendrías por mí, así que toda la información que poseía sobre ti, sobre tus asuntos turbios y la localización de tu casa de seguridad está a salvo en manos de un viejo amigo. Si no me comunico con él cuanto antes, se encargará de divulgarlo todo.

Joker soltó una suave risa —¿acaso piensas mandar esa información a la policía? —ladeó la cabeza en forma condescendiente, Kuro le devolvió el gesto,

—irá directo a Dracule Mihawk, quien seguramente sabrá darle un mejor uso.

La vena en la frente de Doflamingo se hizo visible, se acercó al cautivo y le colocó un duro puñetazo en el estómago que casi logra dejarlo inconsciente, Kuro vomitó saliva y tardó en recuperar la respiración.

—No quieras verme la cara, no tienes a nadie que pudieras considerar "amigo" —sacó un móvil de su bolsillo y se lo acercó de manera burlona—. Anda, llámalo, si responde te dejaré libre.

Al saber que no había sido capaz de engañarlo, Kuro bajó la mirada y sus lentes resbalaron hasta el piso, Joker se agachó y los tomó entre sus dedos.

—Vaya, esos anteojos son un verdadero problema, deberías hacer algo para evitar que se sigan resbalando... ah, tengo aquí justo lo necesario —El rubio se alejó unos instantes y tomó algunas cosas de la mesa que Kuro no pudo ver, se acercó hasta él y le tomó la mandíbula con fuerza acomodándole los lentes en su sitio.

El cautivo pegó un grito de terror cuando pudo reconocer lo que el sádico rubio tenía entre las manos,

—¡DÉJAME! ¡YA TE LO DIJE! ¡TE VA A PESAR! —de nada le sirvieron sus amenazas, no había nada que pudiera hacer.

Joker le atravesó la piel con una aguja y comenzó a coserle los lentes sobre la sien, los gritos de Kuro sonaban desgarradores no sólo por el dolor, sino por el estado de pánico en el que comenzaba a entrar,

—¡shhh! Quédate quieto, no quiero picarte demasiado profundo —exclamó Joker concentrado en su tarea, cuando los lentes estuvieron fijos al rostro sonrió de oreja a oreja—, listo, así ya no te perderás detalle de lo que vendrá más adelante —lamió una de las gotas de sangre que bajaban por la mejilla del antiguo mayordomo. Retrocedió hasta la mesita y tomó un objeto de metal entre sus manos.

—sabes, hace mucho compré este estúpido cascanueces, pero descubrí muy tarde que no me gustan las nueces... —lo apretó varias veces en modo de prueba—, quiero ver qué tan bueno resulta aplastando huesos...

El zapato de Kuro salió disparado y Joker tomó el dedo gordo de su pie —primera prueba —soltó entusiasmado.

Los gritos de Kuro podían escucharse hasta el pasillo de aquel fúnebre sitio. Pero nadie le prestó atención, estaban acostumbrados a escuchar sonidos como esos.

Cuando Joker terminó con su "sesión del día", entró a la sala de estar donde su gente de mayor confianza descansaba. Tomó asiento en un confortable sillón y clavó su entera atención en el fino ajedrez que tenía a la mano. Tomó la figura del rey blanco y comenzó a observarlo a detalle,

—gracias a Kuro me temo que tendremos que adelantar nuestros planes, ¿está todo listo? —preguntó,

—sí —asintió uno de sus ejecutivos—, mañana mismo iremos por "él".

Joker soltó una risa y colocó la pieza en su sitio.

—Es hora de que el juego comience.

• • •

Zoro se encontraba en la puerta principal de la mansión moviéndose de un lado a otro cual fiera enjaulada —calma, me pones más nerviosa —le pidió Perona que seguía mordisqueándose las uñas.

Basil estaba por llegar.

—Zoro, ¿por qué estás tan tenso? —le preguntó Conis quien pasaba por ahí de casualidad. El peli verde, que ya no podía más con la tensión, soltó un pesado suspiro y la tomó de ambos hombros,

—estoy esperando a un amigo que vendrá a ver a Perona, pero no se trata de un hombre común, es un médium, y me temo que no será del agrado de Mihawk si llega a verlo —la chica parpadeó un par de veces, no esperaba tanta sinceridad de golpe,

—¿crees realmente que pueda ayudar a Perona? —preguntó con sinceridad,

—es el único que puede —respondió el nervioso peli verde.

La chica pareció pensárselo un poco y finalmente le regaló una linda sonrisa —si es así, permíteme estar presente —Zoro ladeó la cabeza un poco sorprendido por su reacción,

—Conis siempre ha tenido una mente abierta —comentó el espíritu de Perona—, déjala que nos acompañe.

Zoro movió la cabeza en forma afirmativa y soltó un fuerte suspiro —está bien, puedes esperar en la recámara de Perona, subiremos en un momento —Conis asintió y se retiró con rapidez, Zoro volvió a volcar su entera atención en el jardín esperando la llegada de su amigo.

Cuando lo reconoció a lo lejos corrió a recibirlo, Basil venía acompañado de uno de sus asistentes, Zoro agradeció que al menos vistiera de manera casual y no con las clásicas capuchas que acostumbraban. Perona voló hasta él con una enorme sonrisa, jamás le había dado tanto gusto recibir una visita.

—Vamos, es en el segundo piso —atravesaron la estancia a paso veloz. Zoro aguantó la respiración cuando pasaron frente al despacho de Mihawk, quien estaba enfrascado en sus asuntos desde la mañana. Le había dicho que su amigo vendría hasta la tarde, pero había sido una mentira. «Si no nos escucha entrar al cuarto dudo que se de cuenta de que adelantamos la visita».

Al entrar a la habitación se llevó una sorpresa. Conis no estaba sola, a su lado estaba Tashigi y el cocinero, quienes al parecer ya estaban al tanto de la situación,

—Zoro, no quiero que te enojes conmigo, pero ellos también deseaban estar presentes, siento mucho haberme tomado la libertad de invitarlos, si lo deseas podemos retirarnos en este mismo instante —comentó la joven con una voz tan inocente que Zoro no pudo evitar pensar en Pagaya y su manía de pedir perdón por todo.

Soltó un pesado suspiro, no podía molestarse con ella.

—No te disculpes Conis-chan, no íbamos a dejar que un perfecto desconocido se acercara a Perona-chan así como así —agregó Sanji. El peli verde le soltó una fea mirada, pero sabía bien que no era el momento de empezar una de sus estúpidas discusiones,

—por mí está bien, es bueno que la gente cercana a Perona esté presente —agregó Basil, a quien le tenía sin cuidado el número de personas que pudieran acompañarlos.

Zoro se rascó la cabeza como siempre que se sentía nervioso —está bien, pueden permanecer aquí, pero por favor, no hagan ruido ni cuestionen de más, ya habrá tiempo para explicarlo todo —las chicas asintieron mientras que Sanji sólo permaneció en silencio.

Basil se acercó al cuerpo de Perona y la tomó de la muñeca unos instantes cerrando los ojos. El espíritu se sorprendió al sentir aquel sutil contacto, en definitiva ese hombre tenía algo especial. —Descúbrele el vientre —le pidió a su asistente quien comenzó a desabotonarle el camisón. Sanji estuvo a punto de recriminarle algo, pero Conis le tomó la mano y le hizo un gesto con la cabeza para que se detuviera.

El médium sacó un pequeño frasco y de él extrajo una especie de "tinta", sumergió su dedo índice y con él dibujó un círculo perfecto alrededor del ombligo de la chica, —¡me haces cosquillas! —exclamó el espíritu y se tapó la boca para no volver a interrumpirlo,

—lo siento, será sólo un momento —contestó Basil mientras continuaba con el dibujo sobre su piel. Zoro recorrió nervioso a todos los presentes quienes miraban fijamente aquel ritual sin atreverse a decir palabra, incluso el cejas de sushi permanecía estático.

«Ya Perona se encargará de explicarles todo», pensó con cierto alivio.

Basil se detuvo unos instantes y fijó la vista en la puerta de la recámara. El silencio aplastante de todos permitió que los pasos firmes que venían avanzando se escucharan a la perfección.

«No puede ser, seguramente Hina le comentó sobre la visita», pensó Zoro desconcertado. Mihawk, quien ya se había desocupado, había tomado la decisión de dar un vistazo al visitante de Perona.

En cuanto entró a la habitación clavó su mirada en Basil y en lo que estaba haciendo. Decidió guardar silencio, se cruzó de brazos y se recargó en el quicio de la puerta sin reparar en nadie más.

Al ver que no pensaba interrumpirlo, Basil retomó lo que estaba haciendo. Cuando terminó los trazos susurró algunas palabras en una lengua antigua y un lazo de color rojo se hizo visible entre el espíritu y su cuerpo. Perona miró aquel "cordón" con una enorme sonrisa—¡puedo verlo!, ¡Zoro ¿tú también lo ves?! —preguntó entusiasmada. El peli verde asintió discretamente con la cabeza sin dejar de mirar de reojo a Mihawk.

El médium se puso de pie —Perona, el vínculo que te conecta con tu cuerpo está en perfectas condiciones, ya sólo falta el último paso... necesitamos que tu cuerpo reaccione por sí solo.

Acercó la mano hacia el respirador artificial con la clara intención de desconectarlo...

Pero una mano firme lo detuvo para sorpresa de todos.

—Hasta este momento he tolerado sus procedimientos, pero no voy a permitir que ponga en peligro su vida.

La dura mirada de Mihawk pasó de los ojos de Basil a Zoro, quien lo miraba sin saber qué decir,

—es la única manera de regresarla a su cuerpo —comentó el médium con ese tono impasible que siempre utilizaba—, su espíritu está listo.

El hombre de los ojos amarillos soltó un suave bufido —¿acaso va a decirme que puede verla? No me haga reír —el rubio miró de reojo a Zoro, quien parecía implorarle silencio,

—yo no puedo ver a Perona, pero puedo sentirla y hablar con ella.

Conis, Tashigi y Sanji comenzaron a intercambiar miradas sin saber qué decir o qué creer. Zoro se mantenía con los puños apretados, respirando con dificultad.

Basil retiró finalmente su mano —necesito que terminemos el ciclo, de lo contrario puede que su espíritu pierda la conexión definitivamente, si no me deja continuar se quedará en ese estado hasta el día de su muerte,

Perona miró con pánico a su jefe quien no tenía la intención de ceder —¡Zoro, por favor! ¡Dile algo! —le suplicó a sabiendas de que sólo él podía convencerlo de la verdad—, ¡Zoro!, no te preocupes por lo que pueda pensar, en cuanto despierte yo misma hablaré con él, tienes que hacerlo, ¡no me dejes morir!

Zoro apretó los ojos intentando encontrar el valor suficiente. Finalmente relajó el cuerpo lo más que pudo, se acercó hasta donde estaba Mihawk y le colocó una mano sobre la muñeca que defendía el respirador,

—Mihawk... Basil no es el único que puede sentir el espíritu de Perona... de hecho… yo puedo verla. Ningún tratamiento médico logrará sacarla del estado en el que está, confía en mí, ésta es la única forma de que regrese con nosotros.

Los ojos del mayor lo miraron por primera vez con una incredulidad que le dolió hasta lo más profundo del alma. Sintió un duro nudo en la garganta, no sabía qué más decirle, no tenía idea de cómo lograr que dejara de mirarlo de esa manera.

—Les daré unos minutos a solas —comentó Basil mientras abandonaba la habitación. El resto decidió seguirlo también, atónitos por lo que Zoro acababa de confesar.

—Mihawk... ¿puedes confiar en mí? —preguntó el peli verde con la voz turbada.

El hombre de los ojos amarillos, pragmático por excelencia, guardó silencio sin saber qué responder, sin darse cuenta que el corazón de Zoro parecía estar a punto de quebrarse.