Aquellos que ocultan:
A pesar de que no comprendía con claridad lo que estaba ocurriendo a su alrededor, Yuki intuía que algo iba mal. Y estaba asustada por eso.
Oía de vez en cuando las voces de sus padres, sobre todo la de su padre discutiendo con alguien que parecía estar cada vez más furioso. ¿Qué era lo que tenía a todos tan tristes? Había intentado ir junto a su madre para consolarla, y porque no quería estar sola, pero ella la había llevado de vuelta a su habitación para acostarla, ordenándole que se quedara allí hasta que fuera a recogerla. Pero había pasado mucho, mucho tiempo esperando y no había ido, así que decidió salir un ratito, solo para no aburrirse. No era que quisiera oír a hurtadillas lo que decían. No, eso no.
Sentada en el primer peldaño de la escalera y vestida aún con el pijama esperaba acurrucada que su madre saliera de la habitación, le sonriera como siempre y le dijera que todo estaba bien. Que era tontita por haberse preocupado de esa manera; pero en cambio, el sonido de las voces tras la puerta de la biblioteca subió de repente, y aunque no podía entender realmente lo que estaban diciendo sabía que las cosas iban a ponerse peor.
El gritó de su madre la hiso pegar un bote y notó el miedo gélido que se le metía dentro del pecho. Dubitativa, se puso de pie para ir a buscarla aunque tuviera que entrar en la biblioteca donde estaban en ese momento, pero el silencio absoluto en el que todo había quedado sumido, le daba más miedo aún. Pero sus padres…
El ruido furioso de cristales al romperse logró que las lágrimas se le saltaran finalmente, y sin poder contenerse más, comenzó a llamar a su madre a gritos:
—¡Mamá, mamá! —lloriqueó de forma lastimera justo en el instante en que la puerta de la biblioteca se abría de golpe y su madre salía directo a su encuentro—. ¿Qué le pasa a papá? —preguntó al oír los gritos que provenían de la otra habitación. Intentó mirar para ver que ocurría dentro, pero su madre fue mucho más rápida y envolviéndola en un abrazo la sacó de allí, saliendo a toda prisa de la casa y refugiándose en una zona oscura del jardín.
—Shhh, no Yuki. No mires. Shhh —le dijo mientras le daba palmaditas en la espalda como hacía siempre que intentaba calmarla, pero ella se dio cuenta de que estaba llorando—. ¿Dónde esta tu hermano?
—No lo sé, yo…
—¿Mamá? ¿Qué pasa, mamá?
Aún acurrucada en los brazos de su madre, giró la cabeza lo suficiente para ver al chico que apareció junto a ellas. Yuki pensó que también parecía asustado y pálido bajo la tenue luz nocturna, así que cuando lo tuvo más cerca, ella estiró su manito pequeña que él sujeto con la suya más grande.
—No hay tiempo para explicártelo todo, así que escúchame con atención —su madre la dejó nuevamente en el suelo y se arrodilló frente al chico para quedar a su altura, sujetándolo de los hombros para mirarlo a los ojos—. Tienes que sacar a tu hermana de aquí, ¿me has entendido? Los dos tienen que salir de aquí ahora mismo.
—¡No! —protestó él—. ¡Papá y tú…!
—Tu padre está ganando algo de tiempo para ustedes, así que solo has lo que te digo y sal de aquí con Yuki —con el rostro lleno de lágrimas, su madre abrazó a su hermano durante un largo momento y le dijo algo al oído que ella no pudo comprender—. Ve donde Kaien. Él sabrá lo que hay que hacer con ustedes hasta que vayamos a buscarlos. ¿Me has comprendido?
El chico asintió, rodeando también con sus brazos la espalda de su madre. Cuando se separaron, Yuki corrió a los brazos de ella y se aferró a su cuello con ferocidad.
—¡No quiero irme! —le dijo asustada—. Mami…
Un hombre, que no era su padre, llamaba a su madre a gritos. Yuki la vio palidecer notablemente, incluso parecía estar temblando, pero en cambio cuando se giró a mirarla respiró hondo y le sonrió ligeramente.
—Mi pequeña Yuki —le besó en la frente y tras un último abrazo, se la entregó a su hermano que la tomó de la mano. También lo besó a él antes de mirarlos a ambos con ojos tristes—. Tienen que irse de aquí ya mismo. Cuando todo esto pase, les iré a buscar a casa de Kaien.
—¿Estarás bien? ¿Lo prometes? —le preguntó con su infantil vocecita cargada de inseguridad y pena.
Su madre los miró una vez más y un asomo de triste sonrisa asomó a sus labios.
—Los quiero. No lo olviden.
Yuki fue a gritar cuando la vio ponerse de pie y marcharse otra vez rumbo a la casa, dispuesta a ir tras ella porque sabía que algo no iba bien, pero su hermano le cubrió la boca con una mano.
—No, Yuki, si gritas será peor —le dijo él mientras la soltaba y entrelazaba sus dedos con los suyos—. Tenemos que ir a casa de Kaien ahora. Mamá nos ha dicho que debemos hacerlo, y tú confías en ella y en mí, ¿verdad?
Asintió despacio, con las cálidas lágrimas cayendo por sus mejillas y en esa ocasión no protestó ni se resistió cuando su hermano la jaló suavemente para que se pusieran en marcha hacia la parte trasera del jardín, donde había una pequeña entrada que casi nadie conocía. Una vez fuera de la propiedad, ambos pusieron rumbo a casa de Kaien, rodeados de aquel opresivo silencio y de las sombras que los envolvían en la noche. No tenía que tener miedo, se dijo, porque Kaname estaba con ella.
Yuki abrió los ojos de golpe, como si de repente un interruptor dentro de ella hubiera desconectado y la realidad cambiado en un instante.
Inhaló profundamente y cerró otra vez los ojos, intentando refrenar de aquel modo los ensordecedores latidos de su desbocado corazón, que en el silencio de la noche parecían atronar en sus oídos. Solo era un sueño, se dijo. Un sueño como tantos otros que había tenido los últimos días… Pero en esa ocasión algo era diferente, porque parecía haber llegado a comprender algo de lo que había ocurrido en verdad. No eran meras suposiciones que podía sacar a base de sus pesadillas, sino que esta vez sí parecía tener un hecho real entre sus manos. Habían asesinado a sus padres… y por algún motivo desconocido terminó viviendo con Kaien.
Estiró la mano y buscó a tientas su móvil, suspirando frustrada al ver que solo eran pasadas las cuatro de la madrugada ya que era consciente de que no podría volver a dormirse. Intentando no hacer ruido, se levantó de la cama y tuvo que contener una exclamación de sorpresa cuando sus pies desnudos tocaron el frío suelo de madera. Caminó hacia la única ventana que había en el pequeño cuarto que compartía con Zero y descorrió ligeramente la cortina para mirar fuera, hacia la playa desierta, donde el mar embravecido consumía con su sonido profundo y constante toda la noche, pareciendo sumirlos en un mundo fuera de su propia realidad.
Dios, si lo que había soñado era verdad, ¿qué significaba todo aquello? ¿Qué se suponía que iba a hacer? Estaba aterrada.
Dejó que su frente descansara sobre el cristal de la ventana, agradeciendo el frío contacto que la fue tranquilizando poco a poco. Aún podía ver las imágenes danzando de forma aleatoria en su cabeza: la expresión triste y resignada de su madre, como si aquello fuera algo que ya esperaba. La desesperación de su propia voz al llamarla, los gritos de su padre mientras discutía con alguien, su hermano… ¡Dios, su hermano!
Se dejó caer de rodillas al suelo y se cubrió el rostro con las manos. No comprendía nada de lo que aquello significaba. Si el sueño era real, si en verdad todo eso eran partes de sus recuerdos, entonces, ¿que macabro juego había estado jugando Kaname con ella? Quizas se equivocaba, lo sabía, pero algo dentro suyo la instaba a enfrentar la verdad, por mucho que doliera, y sin embargo la sola idea de todo lo que había pasado entre ellos dos la ponía enferma. ¿Qué había hecho? ¿Cómo demonios él la había dejado llegar hasta ese punto si sabía lo que eran el uno del otro? ¡Por Dios, si le había propuesto matrimonio!
Al levantar la mirada, sus ojos se posaron sobre Zero que seguía profundamente dormido en la cama. Estaba de espaldas y a pesar de que la noche era helada, tenía las mantas bajadas hasta la cintura. Un mechón de claro cabello le caía de forma descuidada sobre el rostro, que al haber perdido la tensión y seriedad que siempre parecía dominarlo, lucía más joven, recordándole al chico que era años atrás. Tenía el pelo demasiado largo, pensó distraídamente Yuki mientras intentaba recordar donde había dejado las tijeras, que estaba segura había llevado, para cortárselo a la mañana siguiente. Porque siempre habían sido así las cosas entre los dos, sino era ella quien le recordaba a Zero esas cosas…
Se detuvo de inmediato al comprender lo que estaba haciendo. Durante once años, ella había sido la hermana de Zero sin serlo realmente. Los dos se habían volcado por completo en una relación fraternal y de amistad que los había terminado llevando de forma involuntaria a enamorarse, por lo que ahora estaban juntos como pareja; y sin embargo con Kaname, que sí era su hermano verdadero, ella había estado enamorada, hasta el punto de haber pensado que era correcto casarse con él y en ese momento no eran nada…
¿Cómo se lo iba a decir a Zero?
No era tan fácil como plantarse ante él y decirle que a pesar de que ella y Kaname habían sido novios y estuvieron comprometidos, resultaba que ahora había descubierto que también eran hermanos, pero que no debía preocuparse, porque ella seguía siendo la misma Yuki de siempre a pesar de ser ahora una Kuran…
Un gemido estrangulado escapó de su garganta al comprender la verdad que yacía tras esa revelación. Si Kaname era su hermano, ella también era una Kuran y por lo tanto, su propia familia… había sido la causante de la muerte de la familia de Zero.
Aquel descubrimiento fue el peor golpe que se había llevado esa noche. Zero podía ser capaz de entender muchas cosas, incluso Yuki sabía que podría perdonarle casi todo, pero la muerte de sus padres seguía siendo un tema escabroso. De solo imaginarse su reacción al saber quien era en verdad ella la desgarraba por dentro. Porque si él llegara a odiarla… no podría soportarlo.
No, no podía decírselo. De hecho, no iba a hacerlo. Mientras pudiera guardar aquel secreto lo haría porque simplemente no se iba a arriesgar a perderlo de aquella manera. Tal vez, si en algún momento podían encontrar al verdadero responsable de la muerte de los padres de él y fuera necesario sincerarse, lo haría; pero de momento se negaba a esa posibilidad, aunque fuera una decisión egoísta.
Por primera vez desde que se había despertado, notó los aguijonazos del frío que impregnaba aquel pequeño cuarto. Sabía que si seguía sentada allí, podría enfermar así que con algo de dificultad se puso en pie, dirigiéndose hacía la cama donde Zero descansaba. Donde ella se sentía siempre segura mientras él estuviera a su lado.
Que ironía, pensó. Siempre había deseado tener un pesado, y ahora para al parecer lo había conseguido, hubiera vendido su alma con tal de borrarlo para siempre.
Dejándose llevar por un impulso, se quitó el camisón y la ropa interior antes de meterse nuevamente en la cama. Un escalofrío la recorrió al sentir el frescor de las sábanas heladas contra la piel desnuda, pero de inmediato la embargó el agradable calor que desprendía el cuerpo de Zero al entrar en contacto con el suyo cuando se sentó a horcajadas sobre él y se inclinó para besarlo en los labios.
Casi pudo percibir con exactitud el momento preciso en que él cobraba consciencia de lo que ella estaba haciendo, saliendo por fin del sueño profundo a la vigilia. Sintió como sus dedos aferraban suavemente sus caderas al tiempo que sus bocas se separaban a pesar de su gemido de protesta.
—¿Yuki? ¿Qué pasa? —le preguntó.
Notó que Zero sonaba adormilado; un poco aturdido y con los ojos aún pesados por el sueño. Ella volvió a besarlo y esta vez sus labios si le devolvieron el beso, mientras sus manos acariciaban suavemente la piel desnuda de su espalda, acercándola más a él.
—Yuki… —Zero se apartó un par de centímetros para que sus ojos pudieran encontrarse. Podía distinguir las mil preguntas que seguro él se moría por hacerle, pero que sin embargo ella sabía no le podría contestar. No aún, y quizás nunca.
—Shhh, no —lo acalló con otro beso—. No ahora. Solo te quiero a ti. Solo te necesito a ti, ¿puedes darme eso? Por favor…
Durante un breve momento, un leve destello de duda se reflejó en sus ojos violeta, haciendo que Yuki temiera y esperara su rechazo como si él ya supiera el oscuro secreto que guardaba; pero esta desapareció casi de inmediato, tan rápido como había aparecido, desterrando sus dudas con un beso fiero y desesperado que le sirvió como respuesta y pareció consumirlos a ambos por completo.
Olvidó sus miedos, perdiéndose sin remedio en aquel torbellino de sensaciones. Podía oír el fragor salvaje del mar y el viento que parecían dominar la noche mientras el silencio del cuarto solo era roto por sus respiraciones agitadas, los quedos gemidos y el atronador latido de sus corazones. Sí, ansiaba aquel dulce olvido, donde sus cuerpos parecían fundirse en uno solo y no podía pensar en nada más que en Zero, el tacto de sus manos y sus besos sobre la piel y la desesperada necesidad de tenerlo más y más cerca, hasta que nada más en el mundo importara a parte de ellos dos.
—Aquí tienes. Un poco de té.
Ichiru levantó la vista de los papeles que estaba leyendo y se sorprendió un poco al encontrarse frente a frente con la chica que lo miraba atentamente, con una evidente mescla de curiosidad y asombro. No pudo evitar sonrojarse un poco, pero al apartar la mirada se encontró con los ojos de Kaito que lo observaban atentos y enfadados.
—Eh, gracias, Sayori —balbuceó antes de darle un rápido sorbo al té y quemarse la lengua de paso—. En verdad lamento que hayamos irrumpido en tu casa de este modo…
—Ya, ya, no hay problema —le dijo ella mientras depositaba con más fuerza de la necesaria una taza frente a Kaito a quien ignoraba deliberadamente a pesar de que este no le quitaba los ojos de encima y luego volvió a sentarse a su lado—. Yuki y Zero son mis amigos también, además le debía un favor a Takamiya y quería quitármelo de encima lo más pronto posible —se volvió a inclinarse para mirarlo más de cerca—. ¡Es asombroso! En verdad te pareces mucho a tu hermano.
—Son gemelos, Sayori. Es obvio que se parecen, ¿qué demonios esperabas? —dijo Kaito sarcástico, tecleando furiosamente en su portátil—. Pero gracias de todos modos por permitir que nos quedemos aquí. No podíamos trabajar tranquilos en casa con Kaien vigilándonos como un halcón estos dos últimos días. Hemos tenido que fingir que salíamos a comprar comida para venir hasta aquí.
—Y no ha sido fácil —corroboró Ichiru—. Le cabo de enviar un mensaje diciéndole que nos hemos encontrado con unos amigos de Kaito y que tardaremos un poco más de lo previsto en llegar.
Sayori se rió.
—Esa sí que es una mala mentira, Ichiru. Kaito no tiene amigos aparte de Zero, claro. Él es… —hiso un gesto displicente con la mano antes de ponerse de pie nuevamente y dirigirse hacia la puerta— complicado. Sí, Kaito Takamiya es muy complicado. Más te vale andarte con ojo con él. Si ya no le sirves, no dudará en deshacerte de ti sin el más mínimo remordimiento. Te lo aseguro.
Ichiru la vio salir de la habitación y se sintió culpable al notar una leve punzada de alivio. No era que Sayori le disgustara, por el contrario, pero con ella y Kaito en la misma habitación, se sentía como si estuviera continuamente en medio de un enfrentamiento. Y eso no era para nada agradable.
—Deja de fruncir tanto el ceño, chico idiota. Puedo ver como tu cerebro intenta encontrar respuestas que no son importantes ni de tu incumbencia cuando lo que deberías estar haciendo el revisar los documentos que te entregué. Vamos contrarreloj, y lo sabes.
Era verdad, tuvo que reconocer Ichiru, aunque a regañadientes. Habían pasado dos días desde que se mudaran con Kaien al apartamento que ahora todos compartían y básicamente habían avanzado muy poco con la investigación porque este no dejaba de vigilarlos para que no se metieran en problemas. Era ese el motivo por el que había terminado pidiéndole ayuda a Sayori Wakaba para que les dejara quedarse en su casa unas cuantas horas y así poder trabajar en paz, porque Kaito le había asegurado que ese sería el último lugar en el que pensarían en buscarlos. Y bien lo mal que esos dos se llevaban, creía que ya comprendía el por qué.
Aunque le doliera admitirlo, ahora comprendía que Kaito había tenido razón en decirle que los registros de matrimonio serian inefectivos y sobre todo liosos y problemáticos. Llevaba cerca de dos horas mirando unos tras otro sin obtener nada, pero como él había sido el responsable de la brillante idea, ahora le tocaba estar allí ayudando. Era un idiota.
Iba a protestar por aquella perdida de tiempo, sin embargo cuando levantó la vista y vio la concentración que el otro chico ponía en lo que estaba haciendo, se sintió mal por su auténtica falta de compromiso, decidido a esforzarse aún más.
—¿Por qué ella te odia? —le preguntó a Kaito, casi sin pensar, al cabo de unos minutos de silencio. Se sonrojó un poco al ver la molestia en los ojos de otro cuando se dignó a mirarlo—. Es decir, es obvio que algo pasa entre ustedes, pero…
—Éramos novios. Rompí con ella y no se lo tomó muy bien. Ya sabes, la historia de siempre. ¿Satisfecho?
La verdad era que no lo estaba. La imagen que él tenía de Kaito Takamiya no calzaba con la del chico que tuviera una novia como Sayori porque eran… demasiado diferentes. Pero tampoco parecía ser la que su hermano tenía de él, y eran amigos. Sin duda Kaito era un hombre complicado, y eso a Ichiru lo preocupaba e intrigaba a partes iguales porque nunca sabía lo que podía esperar de él: si el chico simpático que hacia bromas a su costa o el que lo desdeñaba completamente y pasaba de él.
—¿En verdad mi hermano es tu único amigo?
El sordo golpe de la taza al chocar contra el piso de madera lo hiso dar un respingo. Kaito lo observaba con los ojos entrecerrados, un gesto que durante los dos últimos días Ichiru había aprendido a temer un poco porque solían terminar en un súbito ataque de mal humor.
—¿Alguna pregunta más? —le preguntó Kaito con voz tranquila a pesar del trasfondo acerado que se advertía en ella—. Porque si las incógnitas sobre mi vida te impiden trabajar, hemos llegado a un punto muy malo.
—Solo siento curiosidad —se defendió Ichiru mientras volvía a bajar la vista hacia los papeles que tenía frente a él. Se maldijo por se tan estúpido—. Vives con Yagari y no pareces tener más familia. Me dices que Sayori era tu novia pero pareces odiarla y tu relación con mi hermano…
—Exactamente. Tu hermano es el único motivo por el que estamos los dos aquí y por el que te aguanto, chico idiota —lo cortó él, con un siseo tajante—. Sigue con lo que estabas haciendo, porque como mucho nos queda una hora antes que tengamos que regresar para no preocupar a Kaien.
A pesar de que deseaba protestar airadamente por aquel trato y que el hecho de ser regañado de esa forma por un chico que solo era unos cuantos años mayor que él lo molestaba, Ichiru guardó silencio y se concentró en lo que tenía que hacer. No importaba el tiempo que se vieran obligados a pasar juntos, ellos no eran amigos ni lo serían. Zero era el único lazo en común que los unía de momento, y era clarísimo que aquella especie de tregua no iba a durar.
—Mis padres están vivos, pero son detestables y poco les importa lo que me ocurra. No los he visto desde hace siete años y créeme cuando te digo que es mucho mejor seguir así —dijo de repente Kaito. Ichiru lo miró asombrado—. Por eso he vivido con Yagari de forma intermitente desde que tenía unos once años, aunque a los quince me fui a su casa de forma definitiva. Para mí, mi familia es él.
—¿Tienes hermanos?
—Tenía. Un hermano mayor.
Algo en la forma en que dijo aquello lo inquieto. Kaito parecía seguir siendo el mismo de siempre, pero a la vez era como si una pequeña grieta se hubiera abierto en su impenetrable armadura de indiferencia y mordacidad.
—¿Qué pasó con él? —se oyó preguntar a pesar de que se había prometido no hacerlo. Oyó como el otro chico tomaba aire de forma audible y la culpabilidad lo invadió de golpe al comprender que aquel era un tema difícil. Él mejor que nadie sabía lo necesario que era a veces guardar secretos—. Disculpa, no tienes por qué resp…
—Está muerto —dijo Kaito como sino hubiera escuchado sus palabras—. Yo tenía quince años cuando le pegué un tiro y lo maté —una sonrisa sarcástica, más parecida a una mueca, asomó a los labios de él, seguramente debido al gesto de horror que debía de reflejar su rostro—. Fue en defensa propia, ¿en verdad te sorprende tanto, Ichiru?
No sabía que más decir ni como sentirse frente a aquella confesión. ¿Qué lo sentía? ¿Qué seguramente el chico merecía haber muerto? Abrió la boca un par de veces antes de cerrarla de forma definitiva. Recordó repentinamente a Shizuka diciéndole cuando era todavía un niño que no hiciera preguntas innecesarias, porque corría el riesgo de oír las respuestas, y estas no siempre eran tan bonitas. Cuanta razón tenía.
—¡Dios! —exclamó Kaito unos minutos después mientras miraba con ojos asombrados la pantalla del portátil—. Ichiru, ven aquí. Tienes que ver esto. ¡Maldición, maldición, maldición! Esto no es bueno.
Llegó a su lado en un par de zancadas y miró preocupado la información que tanto había alterado al amigo de su hermano. Kaito había estado cotejando información en internet sobre fallecimientos por accidentes ocurridos hacia dieciocho años, y al parecer había tenido más suerte que él porque en ese momento tenía ante sus ojos una foto de la misma pareja que ellos estaban buscando.
—Los padres de Yuki murieron en un accidente de coche, ¿verdad? —le preguntó Kaito, aunque era evidente que no esperaba una respuesta de su parte—. Pensé que eso era una mentira, pero es verdad. Se desbarrancaron con el coche hace dieciocho años y sus cuerpos se calcinaron. Se suponía que su hija de cinco años iba con ellos, pero no se encontró el cuerpo aunque entre tanto desastre era difícil corroborarlo. Solo sobrevivió su hijo mayor, de once y que no iba con ellos esa noche. ¡Maldición, esto a Zero no le va a gustar!
—Pero son buenas noticias, ¿no? Quiero decir que ya tenemos una idea de quienes eran y… —Ichiru se inclinó un poco más para leer el encabezado del artículo—. Haruka y Juri K… —se quedó boquiabierto y lo miró pasmado—. ¡Demonios!
—No, demonios no, aunque se les parecen bastante; sino la siempre problemática familia Kuran —soltó una risita tensa y se frotó los ojos, cansado—. Vaya, perece que nuestra pequeña Yuki tiene un pasado más escabroso de lo que pensábamos. Ahora, querido chico idiota, la pregunta del millón, ¿quien de nosotros le dará la noticia a tu hermano? ¿Qué has dicho? ¿Te ofreces de voluntario?
Ichiru se puso de pie rápidamente, dispuesto a negarse a hacer tal cosa. No quería ver la cara de su hermano cuando supiera aquello. ¿Yuki era parte de la familia Kuran? ¿No había sido esa familia la responsable de la muerte de sus padres y del hecho de que él y su hermano llevaran años separados? No, él no podía… ¡No!
Los padres de Zero. Sus padres. Su familia. Su familia, Su familia… Solo podía recordar los gritos… y la sangre.
—¡No! —gritó desesperado—. ¡No, yo…!
—Eh, Ichiru, si no quieres hacerlo no hay problema. Yo hablaré con Zero, así que cálmate —Kaito le posó una mano en el antebrazo atrayendo su atención e intentando tranquilizarlo. Solo en este instante cayó en la cuenta del hecho de que estaba hiperventilando. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho—. Quizas deberías sentarte un momento. No tienes buen aspecto.
No tuvo tiempo de aceptar la oferta de Kaito, antes de que comprendiera que le estaba pasando, algo pareció explotar dentro de su cabeza dejándolo aún más confuso y luego se precipitó hacia el suelo envuelto en un oscuro vacío.
Rido esbozó una sonrisa que esperaba pareciera sincera cuando la puerta de la casa de Kaien se abrió casi de inmediato después de que él llamara. Aquella visita no le venía para nada bien, ya que tenía algunos asuntos importantes de los que ocuparse, pero no podía arruinar de momento la relación que tenía con Cross. Incluso, si jugaba bien sus cartas, podría sacarle alguna información útil.
—Hola Rido. Lamento haberte hecho venir de este modo pero sabía que necesitabas estos documentos lo antes posible y no me encontraba en posición de poder ir a dejártelos personalmente como me pediste —se disculpó Kaien mientras se hacía a un lado y lo invitaba a pasar—. En verdad agradezco que hayas venido y espero no haberte causado ningún inconveniente.
Miró a su alrededor con gesto ausente. Era una cosa bonita, si a uno le gustaban las cosas simples. Muy del estilo del Cross, y supuso que de sus hijos, sin embargo a él le provocaba cierta sensación de ansiedad, como si estuviera encerrado en un sitio demasiado pequeño y asfixiante con todas aquellas tonterías familiares y domésticas que siempre lo habían hartado.
—Descuida, no tenía mucho que hacer esta mañana —mintió desenfadadamente—. ¿Estás enfermo? Como has comentado algo hacer de un pequeño inconveniente y que debías ir al hospital…
Kaien le sonrió ligeramente y negó con un gesto lleno de pesar.
—Es por un amigo que ha tenido un accidente y está muy grave. Es de suma urgencia que me ausente unos cuantos días para ir a verle por lo que no estaré en el instituto —le indicó a Rido que tomara asiento a pesar de que él mismo no lo hiso—. ¿Quieres algo? ¿Un poco de té?
—Nada, gracias —así que un amigo al borde de la muerte, se dijo Rido ahora mucho más interesado ahora en aquella conversación. No había que ser un genio para saber que solo podía ser Yagari Toga. Él lo había dado por muerto, pero para su eterna frustración había comprendido que al parecer no era así—. ¿Tu amigo se encuentra muy mal?
—Algo así —Kaien se sentó en el sofá que estaba frente al suyo y entrelazó sus largos dedos con aquella calma que parecía demostrar siempre que estaba ante un problema complejo—. No sé muy bien que ha ocurrido, pero han intentado asesinarlo. Con el trabajo de Yagari es fácil granjearse enemigos, ya sabes. Pero temo que no pueda salir de esta.
Eso era lo mismo que él esperaba, pero Rido se guardó bien de no demostrar su alegría ante aquella información. Aquel había sido un trabajo mal hecho, y que le demostraba nuevamente que confiarles a otros la responsabilidad siempre terminaba siendo un error. De hecho, el mismo estaba planeando el mejor modo de eliminar personalmente a Kaien Cross.
—Espero que no sea así. Quizas tu amigo tenga suerte y este asunto no sea más que un mal rato. Mientras siga con vida, cualquier cosa es posible. Hay que mantener las esperanzas.
En esa ocasión Kaien lo miró fijamente. Lo miró de un modo que hiso que Rido se preguntara si tras aquella fachada de hombre afable y un poco idiota no habría algo más. Cross parecía tan decidido a… a algo, que lo sorprendido. Pero tras un pestañeo aquella mirada fría y calculadora parecía haberse evaporado por completo dejando delante de sus ojos al mismo sujeto simple de siempre.
¿Una alucinación provocada por el cansancio? ¿O la verdadera cara tras una fachada? No estaba seguro, pero notó como la idea de ver que se escondía tras ese hombre era un desafío que lo llenaba de cierta expectación y júbilo.
—Tienes toda la razón —Kaien le sonrió y se puso otra vez de pie. Parecía un poco nervioso mientras se detenía a mirar por la ventana—. Rido, sé que la relación entre nosotros no es de amistad, precisamente, pero… Bueno, si las cosas con Yagari se complicaran, ¿podrías ayudarme para averiguar quien está detrás de todo esto? Tienes contactos importantes y puedes hacer mucho más que un simple director de escuela —negó con una gesto de cabeza, apesadumbrado—. No, olvídalo. No debería…
—Por supuesto que te ayudaría, Kaien —le sonrió intentando parecer comprensivo y tranquilizador—. Tú siempre has sido un buen hombre.
En esa ocasión, cuando sus ojos se encontraron, Rido estaba preparado para interpretar correctamente aquella extraña y casi imperceptible expresión que se apreciaba en los ojos ocultos tras las gafas de Kaien. No, no había sido su imaginación, se dijo. Aquel hombre era mucho más complejo de lo que aparentaba y así como él estaba intentando sacar provecho de esa visita, estaba seguro que la petición del otro para que fuera a su casa no era tan inocente como parecía que quería hacerle ver.
Casi a desgana, Rido tuvo que reconocer que era un tipo inteligente. Pero eso solo hacía aquella caza más divertida, aunque el final indudablemente sería el mismo. Kaien Cross debía morir.
—¿Y donde se encuentra ahora tu amigo? —le preguntó tentativamente, disfrutando de la tensión que embargó de inmediato a Cross ante su inocente pregunta—. Quizas podría acompañarte a visitarlo. Sino es muy lejos…
—Un minuto —le dijo Kaien al tiempo que oía el timbre de su móvil y salía a toda prisa de la habitación para contestar.
Rido soltó un gruñido de fastidio ante aquella interrupción. Parecía como si el Demonio mismo hubiera intervenido para darle a aquel idiota el tiempo suficiente para reponerse de su inoportuna pregunta. No importaba, al final terminaría averiguando donde se encontraba Toga y sino moría pronto, él mismo se encargaría de darle el empujoncito que necesitaba para hacerlo.
Mientras oía disgustado el murmullo inentendible de la conversación que Kaien estaba manteniendo, dejó caer pesadamente la cabeza un poco hacia atrás en el sofá y observó con leve curiosidad las estancia en la que se encontraba. Era tan agobiante como la anterior, con todo aquel aire hogareño que siempre le había resultado tan falso y desagradable. Esa era una vida que él no conocía y que por lo tal despreciaba en extremo.
Se puso de pie silenciosamente cuando algo llamó su atención. No era gran cosa, de hecho, solo eran unas cuantas fotografías enmarcadas que estaban esparcidas sin mucho orden por una de las repisas que había en la sala. La familia de Kaien. Los hijos que, Rido intuyó, no quería presentarle. Y ya comprendía el por qué.
Sus dedos se deslizaron casi a desgana sobre el rostro de la chica que le sonreía despreocupada desde aquella estática imagen. Los mismos ojos, la misma sonrisa. La misma mirada confiada que poco a poco fue tornándose más recelosa y pensativa, hasta que solo pudo mirarlo con odio. Con un odio tan profundo que no se extinguió ni siquiera con su último aliento. Y luego él solo se sintió vacío…
—Juri —murmuró con un susurro cargado de horror, culpa y dolor. Y anhelo. Un anhelo inmenso.
Contuvo el aliento cuando observó el resto de las fotografías que se encontraban frente a sus ojos. Distintas edades y distintos sitios, pero estaba seguro de que era ella. La hubiera reconocido en cualquier parte, así como al chico de gesto adusto y serio que muchas veces estaba a su lado.
Fantasmas, pensó Rido. Los vestigios de un pasado que hubiera deseado borrar y dejar atrás finalmente.
El sonido del cristal al romperse contra el suelo lo sobresaltó, así como el hecho de percatarse de que sus manos estaban temblando. Una risa nerviosa brotó de sus labios. Él jamás perdía los nervios. Nunca. Entonces, ¿por qué ahora?
Se inclinó a recoger la fotografía y siguiendo un impulso la sacó del marco ignorando por completo los pinchazos de dolor que le provocaron los fragmentos de vidrio roto. Se la guardó sin pensar en el bolsillo de la chaqueta, dispuesto a salir de allí cuanto antes. Necesitaba espacio, aquella casa le estaba oprimiendo hasta el punto de sentirse incapaz de respirar con normalidad.
—¿Rido…? —Kaien se asomó a verlo y frunció el ceño, intrigado, al ver el estropicio—. Enseguida…
—Me marcho. He recordado que tengo algo que hacer. Te llamo luego —le dijo a Cross mientras abría la puerta y prácticamente se lanzaba corriendo hacia su coche para ponerlo en marcha y salir de allí a toda velocidad.
Condujo como un loco, sin ser capaz de calamar sus destrozados nervios ni recobrar su calma habitual. Siempre había tenido la sospecha de que Kaname le ocultaba algo, pero eso superaba con creces todas sus expectativas. Y se lo iba a hacer pagar muy, muy caro. Aquel maldito mocoso iba a desear estar muerto antes de que acabara con él.
Apenas recordaba como llegó a la casa ni el trayecto hasta ella, solo pareció recobrarse un poco cuando aparcó el coche y pudo respirar, con algo parecido a la normalidad, otra vez. Se sacó la fotografía del bolsillo y la contempló con horror y fascinación a partes iguales. Ella lo seguía mirando con sus oscuros ojos confiados y aquella sonrisa perpetua, sin embargo en aquel momento la perfección de la imagen se veía enturbiada por un rastro de sangre que parecía chorrear de su rostro. Su sangre, no de ella, se dijo Rido al ver los cortes que tenía en los dejos y que dejaban huellas escarlatas donde la tocaba.
Y sin embargo, ¿no la había contemplado también cubierta de sangre años atrás? En un recuerdo muy, muy lejano.
Desterró aquel pensamiento de su cabeza y volvió a fijar sus ojos en aquel pedazo de papel que había cambiado todos sus planes de repente. ¿Qué debía hacer con ella? ¿Hasta que punto sería peligrosa para él? ¡Maldición! ¡¿Qué debía hacer con ella?!
Era consciente del inconveniente que aquella chica representaba para sus planes. Lo más adecuado sería matarla como había planeado hacer en un comienzo, cuando solo era un rostro anónimo como tantos otros. Un daño colateral como le había dicho a Kaname.
Pero ahora… solo podía pensar en una cosa que no podía dejar de repetirse:
—Te encontré, Juri. Te encontré nuevamente. Y esta vez no voy a dejarte ir.
Subido ya el capítulo 28 y espero que les haya gustado. Sé que esta vez ha habido muy poca historia (o más bien nada) desde el punto de vista de Zero, pero lamentablemente en este capítulo por todo lo que tenía que suceder, él era quien menos relación tenía. Prometo compensar en los siguientes.
Como siempre gracias a todos quienes se dan un tiempo para leer o para dejar un comentario. He caído en la cuenta de que esta historia ya ha cumplido más de un año desde que la comencé a escribir y la verdad es que jamás pensé que iba a estar tanto tiempo con ella, así que les agradezco su infinita paciencia y apoyo.
Nos leemos si Dios quiere en dos semanas más.
Mariflausino: Me alegra saber que la historia sigue siendo de tu gusto y muchas gracias a ti por seguirla a pesar de la larga espera en la que los tuve estos últimos meses. Esperó que el capítulo te haya gustado.
MagicFaerie: Me alegra saber que te gustó el capítulo anterior y espero que este también. Sobre Yuki, como he comentado ya ha llegado el punto de la historia donde ella debe tomar decisiones (buenas o malas) y no ser solo espectadora. Muchas gracias por seguir leyendo.
Daiianiitaa015: Muchas gracias por seguir con la historia y espero que este capítulo te haya gustado igual que el anterior. La idea de la conversación de Ichiru y Kaito era esa, que en parte resultara divertida, ya que la historia ha llegado a un punto tan complejo que incluso a yo, que la escribo, noto que a veces está muy densa y hace falta un poquito de humor. Y bueno, si algo he aseguro desde un comienzo es que terminará en Zeki. Puede que les toque sufrir un poquito pero sin duda habrá final feliz.
HANA NO NAMIDA: Muchas gracias por tus palabras. Alegra saber mucho que les gusta lo que escribo y anima a seguir los días que no hay muchas ganas de hacerlo. Espero que la historia siga siendo de tu agrado.
lirilara1993: Me alegra saber que te gustó el capítulo anterior y espero que este también los haya hecho. Como bien dices, poco a poco se van revelando cosas y ya no falta mucho para el final (o eso espero). Muchas gracias por seguir leyendo.
cristina swift: Muchas gracias a ti por seguir pendiente de mi historia, y espero que siga siendo de tu agrado. Sobre lo del lemon, la verdad es que no lo tengo muy claro. Personalmente creo que se me da muy mal escribirlo, pero como muchas cosas de esta historia avanzan sobre la marcha, no descarto nada.
Taormina: Muchas gracias por seguir leyendo y por tu comprensión. Me alegra saber que él capítulo anterior te gustó y espero que este también aunque ha resultado bastante más denso, aunque ya avanzando hacia el final es lógico que la historia tome este rumbo.
ShadowDancer: Me alegra saber que la historia te siga gustando y muchas gracias por seguir leyéndola. Esta semana no ha habido mucho de Zero y Yuki pero compensaré pronto.
Tania: Muchas gracias por seguir pendiente de la historia y me alegra saber que los capítulos te siguen gustando, y muchas gracias también por darte el tiempo de pasar a comentar. Espero que este semestre en el colegio no te resulte muy agobiante.
