Capitulo 28: Cuarta Prueba.

Era tiempo de volver a la competencia, las pruebas aún no habían terminado.

Por el momento, los equipos iban en empate: cada uno llevaba un punto a su favor, lo que significaba que quien ganara esta prueba tendría una ventaja significativa de allí en adelante.

Ningún mortal estaba dispuesto a ser vencido y eso los dioses lo disfrutaban considerablemente desde sus cómodos tronos en el Olimpo.

Por extraño que pareciese, a pesar de ser el dios patrono de los ladrones, Hermes sentía culpa, como pocas veces en su prolongada existencia.

Aunque los jóvenes mestizos de ambos campamentos habían tenido sus momentos de diversión y habían disfrutado las victorias obtenidas, todo había sido por el mero capricho de un dios para aumentar el rating de su canal televisivo y entretener a un grupo de caprichosos dioses que no tenían verdadera consideración con los demás. Y se incluía entre ellos sin dudarlo.

Temía el momento en que sus hijos se enteraran que habían pasado diferentes tipos y cantidades de problemas por unas supuestas actividades para el mejoramiento de la relación entre los grupos cuando en realidad eran un show más en un canal privado de televisión.

Todos podían irse olvidando de las buenas ofrendas que se quemaban en las comidas del campamento; era verdad que los humanos los necesitaban, pero hubo un tiempo en el que se hicieron los de oídos sordos a los dioses y aun asi prosperaron en la tierra. Tampoco dudaba en que lo hicieran de nuevo.

Había visto a la hija de Atenea, la rubia aterradora que estaba como representante de su madre en la competencia, mirando fijamente las cámaras que Hefestos había colocado estratégicamente en ciertos lugares del Campamento Mestizo.

Al igual que su hijo, Luke. Ese muchachito era listo, si se le ocurría compartir opiniones con su amiguita de ojos grises, bien podían prepararse para una revuelta. Los griegos no tardarían en influenciar a los romanos y así tendrían a un montón de niños semidioses armados de bronce celestial, esperando respuestas.

Eso definitivamente no tendría nada genial, como diría su compadre Apolo.

Esperaba que tardaran un poco más en unir punto y confirmar sospechas.

También esperaba que esa prueba terminara pronto y sin muchos inconvenientes, ya que a Hefestos se le había ocurrido algo muy cruel para esta ocasión.

Lo peor del caso, al ser un dios no tenía a quien pedirle ayuda…

OTRA BUSQUEDA EFECTUARAN, PERO CON VELOCIDAD.

SUS COMPAÑEROS ATRAPADOS VIVIENDO MIEDOS ESTAN.

AL ENCONTRAR A DOS DE ELLOS GRITARAS "YA ESTA".

TODO EL EQUIPO A LA LINEA DE SALIDA DEBE LLEGAR.

Dionisio contaba con que todos entendieran lo que debían hacer, y si no lo entendieron tampoco le dio importancia. Sin más palabras que mediar, los mando a la siguiente prueba.

Por los griegos en esta ocasión irían Percy, Piper, Polux y Katie. Jason y Frank estarían entre los cuatro que realizarían la búsqueda de sus compañeros. Todos los semidioses estaban en las diferentes líneas de partida en las que debían comenzar esa prueba.

Se trataba de un laberinto.

Ninguno estaba seguro como habían creado esa estructura tan monstruosa, pero estaba claro que se trataba de una obra de los dioses: edificadas sobre el lago y extendiéndose hacia el bosque, desde afuera se veían cuatro enormes paredes formando un cuadrado, con al menos diez metros de altura. Los muros hechos de enormes enredos de algas en algunas zonas y de agua en otras, partes de oro, plata y bronce delimitando el perímetro dentro del bosque, cambiando por momentos a matorrales tan espesos y resistentes como el cemento.

Una entrada ubicada en medio de cada pared parecía llamar a cada participante a comenzar su misión. Percy estaba en la puerta norte, en el bosque, esperando la señal junto a la hija de Ceres, Leyla, y a la Cazadora Febe. El lado derecho del muro era plata pura, como las flechas de la Cazadora que lo acompañaba, mientras el lado izquierdo estaba hecho de vegetación, anormalmente grande. Incluso Leyla estaba impresionada con esto. Por la puerta solo podía ver un gran pasillo hecho de árboles estrechamente juntos, tan altos como los muros, que tapaban el sol y provocaban un ambiente muy tétrico. No podía ver ninguna bifurcación desde donde se encontraba.

En la puerta este, donde se encontraban directamente el lago y el bosque, se hallaban la Cazadora Lizza, la romana Eliza y el representante de Dionisio, Polux. Los tres chicos, en completo silencio, contemplaban el gran muro frente a ellos, que se alzaba de ondulante agua a un lado y gruesos troncos, enredaderas y helechos al otro. Un muro a tres metros de la entrada indicaba la existencia de un pasillo que llevaba a ambos lados del laberinto, dividido junto en medio entre lago y bosque. Ninguno estaba seguro que lado podría ser bueno, si deberían nadar o internarse entre la oscuridad donde seguramente habría bestias esperando.

Jason, Katie y Hearther estaban en la puerta oeste, aquí había una pequeña división entre el bosque y el lago, de esta forma el muro existente en esta zona era de oro, el del bosque era de bronce y sobre el lago se alzaba una gran pared de algas. Por la puerta vieron un gran pasillo con sombras que dejaban ver la existencia de entradas a otras áreas. Mientras la puerta sur, directamente sobre el lago, estaba ubicada en un muro completamente hecho de algas que escurrían agua y tenían un olor poco agradable gracias al sol que les daba de lleno a esa hora de la mañana. Una sola bifurcación hacia la izquierda era lo que Piper, Michael y Janet podían ver desde allí.

Lo encomendado era sencillo: entren allí y busquen a sus amigos. De allí, podían sacar mucho más que decir. No tenían ningún mapa, de día las Cazadoras de Artemisa no podían guiarse con el cielo de la misma manera que lo hacían de noche, no sabían cómo funcionaba el terreno ni si había algo allí diferente a sus camaradas de equipo. Tampoco entendieron muy bien la parte de "Viviendo miedos están" ¿Cómo funcionaba eso? ¿estarían dormidos y teniendo pesadillas? ¿o había alguna creatura increíblemente aterradora en el interior del laberinto para causar eso en semidioses poderosos y experimentados como lo eran los otros 24 participantes?

La señal de partida sonó, corrieron al interior del laberinto

Polux escucho la señal y corrió al interior del laberinto, tan rápido como sus contrincantes; aún no había decidido porque lado ir, sabía que lo mejor sería tomar el contrario que tomaran ellas, o por lo menos la Cazadora de Artemisa, pues hasta donde sabia no habían prohibido los combates entre ellos y esas chicas aún se veían molestas por la humillante derrota en Captura la Bandera. Se quedó un poco por detrás.

Romana y Cazadora giraron hacia el bosque, bajo las largas y frias sombras de los enormes árboles, la tierra a sus pies cediendo bajo el peso de sus pisadas, ablandada por el agua tan cercana.

El chico se dirigió al lago, por descarte.

Tomo una bocanada de aire y estuvo a punto de lanzarse de clavado en el agua, cuando su pie piso el líquido y continuo allí. Sin hundirse.

Impresionado, no fue capaz de detener sus movimientos y perdió el equilibrio, quedando del todo pegado al suelo-agua, bajo el.

-Esto debe ser trabajo del padre de Percy- murmuro para sí, viendo de cerca el agua traslucida y firme como el cristal, brillando de azul bajo sus manos.

No quiso perder más el tiempo con esto y rogo que su elección fuera sido buena, y tener algún tipo de ventaja sobre las chicas que habían tomado el camino contrario.

Era tiempo de correr en serio.

En la Arena de Combates se habían instalado, por ninguno-estaba-seguro-quien, unas enormes pantallas donde se mostraría la prueba desde el interior del laberinto. Los dos campamentos estaban distribuidos en las gradas, divididos morado y naranja, en apoyo a sus compañeros.

El laberinto era, sin lugar a dudas, un lugar impresionante, donde se mesclaban los diferentes lugares. Estaban las creaturas del bosque, impidiendo el paso de los campistas, algunos no se habían dado cuenta que podían correr sobre el agua. Otros habían intentado tomar atajos entre los matorrales, consiguiendo únicamente que estos se volvieran contra ellos y los atraparan, necesitando ayuda de sus camaradas para ser libres de nuevo.

Ya llevaban cerca de cuarenta minutos y no había habido progreso alguno, nadie había logrado encontrar a sus compañeros de equipo. Los doce buscadores comenzaban a desesperarse, y los demás 24 no se veían mucho mejor en la ilusión en la que se encontraban.

Y había una explicación para esto, pero solo los espectadores podían notarlo:

A diferencia de sus anteriores búsquedas, sus objetivos no estaban simplemente quietos en su lugar. Podían correr por el laberinto, despiertos, pero sin ver en realidad lo que había a su alrededor. Eran como sonámbulos, y esto complicaba la labor de hallarlos, pues generalmente, por lo que habían notado, corrían al lado opuesto cuando alguien se les acercaba.

Esto iba a demorar, en eso estaban de acuerdo todos.

Luke recordaba claramente el día que había decidido seguir a Grover al Campamento Mestizo, no era un recuerdo que pudiera dejar ir fácilmente.

Tenía catorce en ese momento, ya venían las vacaciones de verano, faltaban solo unas pocas semanas. Ese año se había esforzado por no reprobar ninguna clase para no tener que ir a la escuela de verano, todos los agradecimientos se los debía a las chicas que caían fácilmente ante su encanto.

La única pena de esas vacaciones es que no vería a Thalia Grace, la chica de sus clases de Deportes, Matemáticas y Biología que lo odiaba abiertamente. Sabía que echaría de menos las posibilidades de ser golpeado por ella, porque eso significaba que ella estaría cerca y podría hacerla enojar un rato. Había algo en ese pasatiempo que no lo aburría, aunque lo hiciera cien veces en un día.

Estaba de camino a casa, su madre lo esperaba para salir un rato al cine y dar una vuelta por allí. A diferencia de otros chicos idiotas, él no tenía vergüenza de que lo vieran con su madre. La amaba, ella era genial ¿Por qué se avergonzaría?

Esa tarde vieron una película animada en el cine y comieron hamburguesas, ya iban de vuelta a casa, cerca del anochecer. Caminaban con calma, riendo y charlando, pues el lugar en que el residían era muy tranquilo.

Y entonces un ruido horrible los hizo callar. Algo gutural, entre un aullido y un gruñido.

Luke sabía que no un pequeño coyote que paseaba por allí.

-Perros del Infierno- balbuceo May al ver las creaturas que salían detrás de un grupo de árboles que bordeaban el camino.

Las bestias eran enormes, con mandíbulas prominentes y letales. Él no las había visto nunca en su vida, esperaba que se tratara de un sueño y que al despertar lo olvidara como los demás sueños que había tenido. Pero en su interior, sabía que eso no iba a pasar.

-¿Cómo sabes qué son?- fue lo que se le ocurrió decir a su madre, mientras el pánico ante la amenaza de aquellos animales los hacia retroceder.

-No es momento, cariño- dijo ella, con la voz firme, pero el leve temblor en sus manos delataba su sentimiento interior.

Luke sabía que esas como los matarían en un abrir y cerrar de ojos y ellos no podrían hacer nada para evitarlo. No quería ni imaginar el titular de las noticias cuando hallaran sus cuerpos ¿Qué tan deshonroso seria que todo el mundo creyera que te mato un coyotito? Luke definitivamente no quería que eso fuera parte de su epitafio.

Tomo una vara del suelo, era una ramita delgada que, de golpear a esas cosas, solo las haría reír. Y no saber si esas cosas tenían sentido del humor. Pero para lo que tenía planeado estaba bien: haría ruido, distraería a esas cosas y le daría tiempo a su madre para que escapara y llamara a control de animales… o al Pentágono, el que contestara primero el celular.

-Vamos, cachorritos ¿no quieren jugar?

Sabía que su madre miraba con horror la forma en la que él se dirigía a los perros del infierno, golpeando la vara contra el suelo y agitándola en el aire, como si de verdad quisiera jugar, llevándose la atención de ambas creaturas.

Los perros gruñeron, sin despegar los ojos de Luke. Él se movió en círculos alrededor de ellos, sin alejarse y sin acercarse; incluso cuando ellos comenzaron a caminar lentamente en su dirección, el trato de mantener la misma distancia entre ellos. El punto positivo: se estaban alejando de su madre.

Cuando pensó que estaban suficientemente lejos, grito:

-¡MAMA, CORRE! ¡AHORA!

Supuso que la mirada en su cara debió de decirle algo más a May, porque la mujer, tan terca y protectora como era, obedeció y corrió lejos de allí.

Y sin ella en el camino, a salvo, él podía intentar hacer algo contra estas cosas y tal vez ver a su madre en un rato más para cenar juntos.

Sin no se lo cenaban a el primero.

Sea como fuere, al menos ella estaría bien.

El enfrentamiento contra los perros del infierno era un borrón en los recuerdos de Luke, pero sabía que los había vencido, con ayuda de Thalia, quien había salido de la nada. Poco después conoció a Grover, sin ganas de poner en más peligro a su madre, partió con el ese verano al campamento.

Trataba de no estar mucho tiempo en casa de su madre, para evitar que cualquier monstruo lo siguiera allí, para mantenerla a salvo.

Y ahora, estaba de nuevo con ella, rodeados de una cantidad incontable de monstruos. Su madre estaba herida, en el suelo, él no tenía más que una espada para defenderlos a los dos.

Ella era el objetivo y el no conseguía que hacer para mantenerlos lejos, para que no la dañaran.

Reyna estaba de nuevo con Hylla, en la casa en la que ambas habían crecido.

Se sentía desenfocada, no comprendía qué hacia allí, aunque tampoco sabía dónde más debería estar ¿esa era su casa, no? ¿Por qué no estar allí? Sentía una extraña opresión en el pecho al ver a su hermana, como si la fuera visto por última vez hacía mucho tiempo. Había felicidad en ella en ese instante, pero también la sensación de que algo malo estaba por venir.

Sabía que su padre estaba cerca.

Estaba segura que esta decisión tomo por sorpresa a todos en el campamento, pero no iba a retractarse. Tampoco tenía nada de malo, ¿o sí? Que Piper hiciera equipo con Michael no afectaba en absoluto su capacidad de ganarle ¿cierto?

Ella sabía que era así pensara lo que pensaran los demás.

Eran un par de hijos de Afrodita metidos en un peligroso laberinto, ninguno era precisamente habilidoso como para andar por su cuenta en un lugar así, entonces hicieron una pequeña tregua. Andarían juntos por el camino, si alguno conseguía a alguno de sus compañeros, pues bien. No iban a obstaculizarse entre sí. Y cuando lo creyeran conveniente, seguirían por su propia cuenta.

Piper sabía que Michael tenia habilidad, como soldado de Nueva Roma debía haber entrenado mucho, ese era un lugar con grandes exigencias y para tener un rango como el de Centurión debías hacer más que estar sentado mirando las nubes pasar.

O pasar el día preocupado de cómo te ves y cuantas chicas gustan de ti, como en el campamento Mestizo.

Tomaron esa decisión cuando ambos tomaron la bifurcación a la derecha mientras la Cazadora de Artemisa tomaba el de la izquierda; no iban precisamente muy armados y era mejor que andar solos. Piper quería confiar que esa propuesta de colaboración de Michael podía funcionar.

Que no era simplemente una táctica y que después se volvería en su contra.

Lo había visto pasar tiempo con Octavian, por ahí se decía que ambos eran amigos cercanos. Para nadie era un secreto que el augur romano era un cretino que solo buscaba el reconocimiento, el poder, ganando a toda costa ¿Quién podía asegurar que este chico no era similar, que se había dejado contagiar de la mezquindad de aquel muchacho?

-Parece que no hay nada en este lago- comento Michael, mirando al suelo de agua mientras caminaban.

-Hay una gran variedad de peces aquí- contesto ella, afable- pero no creo que los veas ahora, con todo este alboroto. También están las ninfas, pero a ellas les gustan más las orillas, desde donde los chicos y sátiros pueden observarlas.

-Eso tiene sentido.

No había nada incomodo alrededor de ese muchacho, se dio cuenta la hija de Afrodita. En silencio o charlando, la compañía era grata. Tenía algo que daba la sensación de tranquilidad y confianza… lo que podía ser peligroso, teniendo en cuenta que, en ese momento, metidos en aquel lugar, más que hermanos eran rivales.

Un rayo cayó a la distancia, hacia el oeste. Un incendio se levantó en alguna área donde se veían grandes árboles; y Piper soltó un sonoro chillido cuando un roedor, algo como una comadreja correteo por sus pies y se alejó.

-Era mi idea o… ¿era una comadreja zombie? - la voz de Michael sonó firme, pero su semblante estaba pálido.

En efecto, la piel del animal estaba pegada de hueso, con solo unos pocos parches del pelaje. No alcanzaron a notar si aún tenía ojos, pero le faltaba la cola y una de las orejas. Una imagen poco grata.

Piper frunció el ceño, mirando el incendio.

-Rayos, fuego, animales no-muertos…- miro a su medio hermano, algo ansiosa- hay algo más sobre esta prueba que no nos dijeron, debemos apresurarnos antes de que cause verdaderos problemas.