Capítulo XXVIII: Memorias dolorosas

Haibara le dio un sorbo al té verde que se había preparado y luego dio un largo suspiro. Tonto Daichi. ¿Por qué tuvo que ir a preguntarle a Kudo por ella? ¿Por qué? No bastaba con ponerse en peligro rebelándose contra la Organización, tenía que causarle siempre más disgustos.

Sin embargo, no podía ocultar una felicidad interna, muy profunda, que se había instalado en su corazón por haberlo recuperado. Después de todo, él había sido su primer amor, el chico a quien le había dado su primer beso, del primero que se había enamorado… La amargó pensar que en su caso el amor nunca había sido suficiente, porque algo siempre les impedía estar juntos. La distancia, terceros o la estupidez de él, que tenía serios problemas para abrir su corazón y eso la había obligado a ella a armarse de paciencia.

Paradójicamente, nunca dejaron de amarse. Tampoco podía enojarse con Daichi. El muy idiota siempre, en el momento crucial, le demostraba cuánto la quería con alguna acción que la reconquistaba y le daba la esperanza de que, si eran pacientes, podrían volverse formalmente una pareja. Además, a pesar de todo, Daichi jamás le había hecho daño, ni tampoco la había tratado mal. Sólo era eso, un idiota.


Caminaba nerviosamente por los pasillos del laboratorio. Era su primer día trabajando para la Organización y no dejaba de sentirse temerosa. Akemi le había dado algunos consejos, pero aun así el clima no era muy bueno. Sus compañeros de trabajo eran gente mayor, seria y aburrida. Todos llevaban anteojos enormes en su rubicundas y arrugadas caras. Hablaban de todos los efectos que los distintos venenos con los que experimentaban podían tener en sus conejillos de indias, como si fuera lo más fascinante del mundo. Simplemente le daban nauseas. La mayoría le caía mal e inclusive un compañero suyo la había mirado de una forma tan fija que ella supo de inmediato que se trataba de un pervertido.

Ingresó a la cafetería tímidamente y observó todo a su alrededor. La mayoría comía en grupos y ninguno pareció interesarse en incorporarla a su mesa. No tuvo otra opción entonces que sentare sola y dar inicio al almuerzo, apartada del resto. A ella no le importaba la soledad ya que en Estados Unidos venía de vivir lo mismo con la partida de Daichi. De hecho, en América el panorama era mucho peor por las abusivas que la molestaban, aprovechando que ya no tenía más "a su novio protector".

- Sos muy solitaria.

Gin se tomó el atrevimiento de sentarse con ella.

- Tenés que trabajar duro, entonces todos esos intelectuales te respetarán y van a querer sentarse con vos – le aconsejó.

La científica permaneció callada.

- Aunque todos son mucho mayores que vos…

Ella lo miró expectante.

- La mayoría de los miembros jóvenes son de bajo rango – comentó Vodka, quien se sumó a la conversación, aunque no tomó asiento. – No deberías juntarte con ellos, aunque… también está Merlot, ¿verdad, Gin?

- Esa basura sería sólo una mala influencia para ella – aseguró la mano derecha del Jefe.

- ¡Ey, pero qué atevido!

Merlot apareció repentinamente detrás de Gin, causándoles a todos un susto de muerte.

- ¿De dónde mierda saliste? – Dijo el más delgado, ofuscado.

- Vermouth me enseñó algunos trucos, ¿sabés? – Contestó divertido.

El rubio se puso de pie y le dio un empujón a Merlot, que cayó al suelo.

- Dejá de estar jugando, mocoso. Sólo sos basura, algún día tendré el placer de liquidarte.

Vodka se rió del muchacho, que fácilmente había sido derribado por Gin, y se marchó detrás de los pasos de su superior. Merlot los siguió con la mirada.

- Que no te preocupe si Gin te amenaza, es su forma de…

Él se quedó paralizado al hacer contacto visual con la nueva chica. Lo mismo le sucedió a ella en el instante en que hizo su repentina aparición.

- ¿Daichi?

El muchacho de ojos marrones miró a la científica sorprendido.

- ¿No te acordás? – Inquirió Shiho.

- Perdón, debe haberme confundido con alguien más. De cualquier forma, mi nombre es Merlot – extendió cordialmente su mano para saludarla. – Tengo que irme, ha sido un placer.

Se marchó con una sonrisa en el rostro y las manos enfundadas en los bolsillos del delantal blanco que llevaba.

Había sido un día muy duro y la forma en que Daichi se desentendió de ella la hirió profundamente. "Él dijo que me amaba, sin embargo, ni siquiera me reconoció después de sólo dos años…", pensó con tristeza mientras un par de lágrimas recorrían sus mejillas. Observó que a menos de ciento veinte metros la aguardaba el departamento donde viviría. Sollozó un poco y después se limpió el rostro con un pequeño pañuelo. "No sirve de nada llorar… Aunque llore toda la noche mi destino seguirá siendo el mismo", reflexionó.

Las poderosas ráfagas de viento, en pleno invierno, la hacían tiritar mientras caminaba en la oscuridad de Tokio. En cuanto dobló la esquina, un hombre la arrastró de la muñeca y la envolvió en un cálido abrazo. Por su perfume, supo que se trataba de Daichi. Ella afirmó su abrazo, ya que de verdad necesitaba algún mimo.

Después de un rato, se separó de improviso. Su intención era enfadarse con Daichi y regañarlo por haberla negado, pero él no se lo permitió porque en cuanto Shiho lo apartó, tomó su rostro y la besó. La muchacha de ojos azules no supo reaccionar de otra forma que cayendo ante los encantos de su primer amor. Los labios de Daichi se sentían tan cálidos y suaves esa noche.

Cuando se separaron, él secó sus lágrimas y le sonrió. No se contuvo y volvió a abrazarla. No podía creerlo. Había estado dos años tratando de olvidarla y reapareció de la nada como un nuevo miembro de la Organización que lo apartó de su lado.

- No puedo creerlo – dijo animado. – Creí que nunca te volvería a ver.

Ella lo apartó un poco, Daichi colocó sus manos en la cintura de su enamorada mientras que Shiho las dejó sobre sus hombros. Él la miraba de una forma que la hacía sonrojarse.

- ¿Por qué me negaste hoy en la cafetería? – Inquirió fingiendo enfado.

- ¿Te fijaste para quienes trabajamos? Sabrán que sos mi debilidad y te usarán, lo sé. Tratemos de que nadie sepa lo nuestro – pidió.

- Sí, eso es verdad. Podrían extorsionarnos, mi hermana me advirtió sobre eso.

- ¿No estás contenta por verme? – Le preguntó él con una sonrisa, muy entusiasmado.

Shiho se escondió en el pecho de Merlot para ocultar su vergüenza.

- No tuve un buen día… - murmuró evasivamente.

- ¿Qué te parece si vamos juntos a cenar, eh? ¡Seguro te animo!

Ella sonrió y asintió con la cabeza. Daichi la tomó de la mano y se la llevó al restaurante más caro que encontró.


"Desde ese día Daichi cuidó mucho nuestra relación y me ayudó a ganarme el respeto de mis compañeros y superiores. Sin embargo…", cerró los puños molesta. Tomó la taza azul y echó el resto del líquido en el lavabo. Caminó lentamente hasta su cama, se acostó en ella y se cubrió con una gruesa manta.

Ella estaba trabajando tranquilamente en el laboratorio. Últimamente no había avanzado mucho en su investigación, pero no perdía la paciencia, sino que se esforzaba más para cumplir con su proyecto. Su concentración era tan poderosa que estaba aislada de todo lo que sucedía a su alrededor. Fue por eso que no advirtió cómo uno de los miembros más temibles se aproximaba lentamente hacia ella.

Gin estaba parado detrás de Sherry con el mismo sigilo con que un depredador aguarda por su presa antes efectuar su ataque. Shiho sintió un aura extraña tras de ella, y cuando se volteó para verificar dio un respingo al encontrarse con la mirada siniestra de uno de los miembros más temibles de la Organización. Quiso gritar, pero Gin le tapó la boca.

- Así que después de todo sí tenías un buen amigo entre nosotros – murmuró sobre su oído.

El corazón de Shiho empezó a latir muy rápido del temor y sus pupilas se dilataron. ¿Quién? ¿Quién fue el que se lo dijo? Estaba tan asustada por lo que Gin pudiera hacerle que comenzó a temblar. "Tranquila, voy a ser delicado", susurró maliciosamente.


- ¿Qué, tenés novia? – Cuestionó Vermouth sorprendida y horrorizada al mismo tiempo.

- ¿Es que necesito tu aprobación? – Contestó Merlot ofuscado. – Vos no sos mi mamá, Vermouth, no intentes serlo.

- Ja – ironizó. – Cada vez que estás en problemas, ¿quién te protege? Soy tu madre sólo cuando te conviene.

- No, Vermouth, nunca serás mi madre porque yo ya tengo una aunque esté muerta. Siempre te vi como mi tutora y lo sabes…

- ¿Por eso me rechazaste? – Inquirió seductoramente.

- Salir con vos sería una locura… - dijo Merlot, rechazándola.

A él le incomodaba absolutamente esa idea. Vermouth era mucho más mayor que él y además Gin parecía interesado en ella. Ya le traía bastantes problemas que la mujer lo cuidaba y lo protegía estuviera insinuándosele todo el tiempo. A Gin no le gustaba nada eso. Ni hablar de Calvados, que lo amenazaba constantemente.

- ¿Me dirás por lo menos quién es la afortunada? – Curioseó la rubia.

- Es Sherry, pero no se lo digas a nadie. Confío en vos – sonrió él.

Desde que Vermouth supo que Sherry era la novia de Merlot que comenzó a hacerle la vida imposible. Cada vez que tenía contacto con ella buscaba la forma de incordiarla, le contó a Gin sobre su relación con Merlot para que éste se vengara de su pequeño usándola a ella, puso a varios del laboratorio en su contra y a veces se inmiscuía en su relación con Merlot haciéndoles pelear. Todo se volvió un infierno y Shiho le recriminó cientos de veces a Merlot el no haber mantenido la boca cerrada.

Después de lo sucedido aquel día en el laboratorio con Gin, Shiho volvió a su casa llorando y muy asustada. Una cosa eran los maltratos de Vermouth o de sus compañeros de trabajo. Pero eso… ¿qué era eso? ¿Cómo se atrevió? Lo peor de todo era que estaba indefensa, no tenía a quien recurrir, nadie podía protegerla.

El teléfono sonó y ella se apresuró atenderlo. Quería distraerse para borrar de su cabeza ese mal momento que había pasado.

- Hola.

- ¿Qué te pasa? – Preguntó Merlot.

- Hola, ¿por qué? – Contestó tranquila. La voz de su novio le devolvió un poco de paz.

- Tu voz se escucha rara – observó él, que conocía a Shiho como a la palma de su mano.

- Estoy bien – respondió.

- Shiho…

- ¿Qué pasa?

- Gin… ¿él te hizo algo hoy? – Cuestionó seriamente.

- No… - musitó. - Sólo vino a controlar cómo iba a todo.

- ¿Lo prometés?

- Lo prometo – aseguró firmemente.

- Genial, ¿vamos a cenar juntos?

- Perdón, pero estoy cansada – contestó. Si veía a Merlot él lo sabría todo con sólo verla.

- Bueno, buenas noches. Que duermas bien. Te quiero.

- Yo también – se despidió y colgó.

Esa noche se dio una larga ducha ya que se sentía muy sucia. Se cambió la ropa y comenzó a preguntarse cómo haría para evadir a Gin y a quién podía pedirle protección. Tuvo que tomarse una pastilla para quedarse dormida ya que los recuerdos horrorosos de aquel día no la dejaban descansar. De sólo pensar en la forma enferma en que Gin la trató sentía nauseas.


- ¿A que soy más atractiva que tu novia? – Le preguntó Vermouth a Merlot mientras le enseñaba el nuevo vestido que se había comprado.

- Vermouth, pensé que querías verme por algo más serio que esto – se quejó el muchacho.

- Bien, sólo te diré que te aconsejo que no socialices mucho con Rye o tendrás problemas - advirtió.

- ¿Ah, sí? – contestó él sorprendido. - ¿Qué clase de problemas?

- Vos sólo obedece a tus mayores. Sé por qué te lo digo, si seguís siendo muy unido a él vas a tener problemas.

- Sos demasiado protectora, Vermouth. No me gusta que seas así.

- Acordate que sos mi miembro preferido – se acercó y depositó un beso sobre su mejilla. – Es por eso que debo cuidar bien de vos y alejar a cualquiera que pueda hacerte daño.