Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
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28. Libertad.
Luego de confirmar que en la mansión no estaba Renkotsu, fue al siguiente sitio, un buque de carga que Naraku tenía para sus negocios con el mercado negro. No hizo falta de mucho tiempo para encontrar a Renkotsu, por un momento había pensado que el cobarde no se encontraba en ese lugar y ya estaba en otro país.
—Hola de nuevo Renkotsu— saludó Bankotsu al encontrarlo en la cabina del capitán.
—¿Cómo escapaste?— estaba sorprendido, se suponía que Bankotsu debía estar tras las rejas en la agencia.
—Siempre subestimando a tu oponente, ¿Tienes miedo?— le preguntó al verlo retroceder e intentar coger su arma—. ¿Dónde ibas?— se sentó en la silla del capitán, no le tenía miedo a Renkotsu.
—¿Te uniste a Inuyasha?
—Hice un trato, lo que sea para matarte— le sonrió perversamente y llevó su mano a la empuñadura de su espada.
—Escucha, ahora que acabaron con Naraku, podemos irnos, es nuestra oportunidad, tenemos este buque lleno de artículos que podemos vender— intentaba tentar a Bankotsu, algo que no sería fácil.
—Es cierto, pero dejarte sin tu castigo acabaría con mi honor, debes pagar por tu deshonra.
—¿Y crees que una espada va a superar un arma de fuego?— dijo cuando finalmente tomó el arma y la apuntó a Bankotsu.
—Hay que comprobarlo.
Renkotsu disparó cinco veces antes de tener el filo de la espada en su cuello, Bankotsu solo tenía un rasguño en su mejilla derecha y sonreía con aire de victoria.
—¿Cómo es posible?— preguntó al sentir la hoja atravesarle el abdomen.
—El miedo, tienes miedo a morir y te impidió atacar con todo, yo no tengo miedo y si debía morir para matarte, que así fuese— limpió su espada antes de envainarla.
Bankotsu esperó a que Renkotsu muriera antes de abandonar el buque, la pregunta ahora era: ¿Qué haría a partir de ese momento?, no tenía un equipo con quien hacer negocios, no tenía a quien servir.
Unos pequeños pasos se escucharon deprisa por la casa, un niño corría emocionado para ver a su madre, cuando escuchó su voz dejó de ver la televisión y fue a su encuentro. Entró al recibidor y la vio, no solo ella había vuelto, Kouga también.
—¡Mamá!— gritó el pequeño al momento que saltaba a los brazos de su madre.
—Te dije que volvería— había extrañado tanto a Tadashi, tenerlo de nuevo con ella le llenaba de una gran dicha, lo abrazó con fuerza y respiró su dulce aroma.
El viaje le pareció eterno a Kagome, durante el vuelo veía la hora y solo habían pasado unos minutos. Para cuando finalmente el avión aterrizó, al llegar a la sala de espera, se toparon con Sesshoumaru. Kagome no esperaba encontrarlo tan pronto, vio a Kouga y supo que él si sabía.
—No te voy a dejar ir de nuevo— sentenció Tadashi con determinación.
A Kagome aquello le pareció tan similar a Inuyasha. Observó a su pequeño, había crecido mucho, ya hablaba mejor y se le notaba más despierto.
—No volveré a dejarte.
—¡Kouga! Hola— llamó el pequeño, también lo había extrañado.
—Mira que grande estás.
—Es lo que dijeron los abuelos y tío Souta, ¡Ellos vinieron!, pero tuvieron que irse, ya voy a la escuela, el tío Maru me lleva a su trabajo y me ponen muchos juegos— explicaba con rapidez por la emoción.
—¿Te lleva con él?— le extrañó que Sesshoumaru lo llevase consigo.
—Sí, ven— no le dio importancia a la pregunta de su madre, para él, era normal, la jaló de la mano y la llevó a su habitación, le mostraría lo que hacía en la escuela.
—¿Y su padre?— preguntó Sesshoumaru a Kouga cuando estuvieron solos.
—Miroku dijo que cayó por un acantilado, vivirá pero tiene muchas fracturas, el pronóstico es bueno.
—Con lo que se inyectó debe reponerse.
—¿Cómo sabes de eso?— que Sesshoumaru supiese ese dato, le sorprendió.
—¿Con quién crees que hablas?
—¿Acaso el general se preocupa por su hermanito?
—Debo estar al tanto de las estupideces que hace— contestó con simpleza.
—Entonces sabías de su accidente.
—No, jamás preguntó algo que ya sé.
—¿Qué es todo eso de que llevas a Tadashi a tu trabajo?
—Dashi recuerda todo, es divertido— interrumpió Sakura al asomarse desde la sala.
—Sakura, no debes espiar— reprendió Sesshoumaru a su hija.
—No espiaba, escuché por accidente, yo ya estaba aquí— se defendió—. Si no querías que los oyera, debiste ir a tu oficina—. Sesshoumaru le dio una mirada severa—. Lo siento, te quiero— corrió a abrazarlo, sabía cómo calmar a su padre.
—¿Por qué dice que recuerda todo?
—Tengo que platicar con Kouga, ve a saludar a la madre de Tadashi.
—Como digas, bienvenido de nuevo Kouga.
Inuyasha no dejaba de ver el techo de la habitación, estando en esa cama, era lo que podía ver. De momentos cerraba los ojos y en su mente seguía repitiéndose aquella noche, intentaba recordar cada detalle de su lucha, pero tenía algunas lagunas, se lo adjudicaba a la anestesia.
—¿Cómo estás?— preguntó Miroku al llevarle la comida—. Te traje esta deliciosa avena.
—Aburrido, ¿Ya pudieron dar por muerto a Naraku?
—Primero come y luego hablamos de eso— decía Miroku al levantar el respaldo de la cama.
—Miroku, dime de Naraku.
—Verás... Es complicado.
—¿Cómo que complicado?— eso no le gustaba.
Miroku había quedado a cargo temporalmente, en lo que Inuyasha se recuperaba o mandaban un suplente. Decidió dejar en manos de Sango identificar los restos de Naraku, no confiaba en nadie más que en ella y estaba seguro que Inuyasha también lo aprobaría.
—Sango, sonabas preocupada ¿Qué pasó?
—No son del todo buenas noticias.
—Explícate.
—El pie no es de Naraku, pero la mano si— señaló los restos que estaban en su mesa de autopsias.
—¿Puedes confirmar que él murió?
—No hay suficiente evidencia para decir que murió.
—Inuyasha dijo que la bomba la puso dentro de la ropa de Naraku.
—Si, lo sé, pero ¿Ves todos esos restos que recolectaron? Son de los cadáveres que Inuyasha vio, solo esta mano es de Naraku y no la perdió por la explosión, fue cortada.
—¿Me estás diciendo que puede seguir vivo?
—Te digo que no lo puedo declarar muerto, aún falta por analizar tejido, pero honestamente no creo que sea de Naraku.
Inuyasha vio a su amigo con escepticismo, ¿Cómo era posible? ¿Y si la explosión desintegró por completo a Naraku? Era una buena posibilidad.
—Debes estar bromeando.
—No, quien se encarga de todo es Sango y confío en ella.
—¡Le puse una maldita bomba! ¡No tenía tiempo para escapar!
—Ya lo sé, faltan muchos restos que examinar y hay un equipo levantando cada roca en la mansión.
—Después de todo lo que pasamos, ¿Bankotsu y Byakuya?— esperaba tener buenas noticias de ellos.
—Byakuya no volverá a molestar, lo encontré intentando ir a Londres.
Miroku fue a interceptar a Byakuya a Corea del Sur, donde un jet le esperaba para llevarlo a Londres. Agradecía que un contacto en aquel país, le informara de un extraño tipo que le pagó a un mafioso para que lo llevase a Londres. Con ayuda, había llegado a tiempo, sacó al piloto y reemplazó a los empleados de la pista con agentes.
—¿Se te perdió algo?— preguntó Miroku cuando Byakuya subió al jet.
—El amigo de Inuyasha— la puerta del jet se cerró y vio que solo eran ellos dos.
—No solo eso, soy el padre de las pequeñas a las que osaste acercarte y amenazar.
—No las lastimé, no iba a hacerlo.
—No te creo, ¿Por qué Londres? ¿Qué hay allá?
—Tengo un asunto que atender.
—Ese asunto se cancela y ahora tienes uno conmigo— se levantó y fue directo a Byakuya.
Inuyasha comprendió el plan de Byakuya, quería tomar a Tadashi como rehén y si podía, también a Kagome.
—Quería ir por mi hijo.
—Ya sabes dónde está— no esperaba que lo supiese.
—Naraku me lo confirmó, ¿Qué le hiciste a Byakuya?
—Solo digamos que nuestra charla se alargó un par de horas, me confesó la lista de empleados de Naraku, sus propiedades y al final del día, abandonó el avión en una bolsa negra.
Inuyasha no preguntó más, le había torturado, sabía que aunque Miroku siempre fuese la voz de la razón, quien pensaba mejor las cosas y actuaba con cautela, tenía un lado oscuro, lado que dejaba salir solo en casos extremos.
—Y para tu suerte, Bankotsu regresó, los de asuntos internos le han interrogado por tres días y no dice nada además de: "Por mi honor de mercenario no diré una palabra a ustedes".
—¿Kagome y Kouga llegaron bien a Londres?
—Sí, te están esperando. Hijiri y yo estábamos buscándote un acuerdo con los jefes. Esperamos que aún sin confirmar la muerte de Naraku, te dejen libre. ¿Qué sucede?— su amigo no parecía muy feliz.
—Jinenji no te dijo.
—¿Decirme qué?— el tono y expresión de Inuyasha lo preocuparon.
—Tengo esquirlas en la espalda, me van a hacer varias cirugías y luego a rehabilitación, pero nada garantiza que pueda volver a andar, por ahora estoy confinado a esta cama y a una silla de ruedas.
—Tienes ese suero en tu sangre, te debe ayudar en algo, por ejemplo, tus quemaduras y huesos rotos van sanando rápido.
—Es diferente, si no pueden sacar gran parte de la metralla, mi cuerpo sanara con ellas en el, no volveré a caminar, quedará alojada en mi para siempre.
—Si te preocupa que Kagome no te quiera por eso, estas muy equivocado.
—¡Sé que ella no me dejaría! Soy yo, no quiero serle una carga— gran ayuda iba a ser si no podía levantarse, pensó con ironía.
—Todo va a salir bien, en poco tiempo volverás a caminar.
—Sí Naraku sigue con vida y yo quedo recluido a una silla ¿Cómo podré enfrentarlo de nuevo?
—Todo saldrá bien, no pierdas la fe.
Inuyasha estaba en aquellas barras intentando andar, pero sus piernas apenas si se movían. Estaba agotado, era más cansado que hacer ejercicio por horas. Cuando finalmente sintió que su pierna izquierda avanzaba, un pinchazo en la columna lo detuvo, cayó de rodillas y golpeó en suelo. Jinenji le había dicho que ya no había más esquirlas en su cuerpo, ¡No entendía por qué su cuerpo no se reponía! ¿Por qué el suero no funcionaba?
—Cálmate o harás un boquete— dijo Miroku al ayudarlo a levantarse y sentarse en la silla de ruedas.
—Mis piernas siguen sin responder.
—No desesperes, poco a poco.
—¡Llevo casi dos meses en esto y no hay avance!— gritó desesperado.
—Las recuperaciones toman tiempo.
—¿Qué han encontrado?— preguntó al intentar pensar en otra cosa.
—Había un falso librero, era un pasillo que llevaba a los jardines traseros. La teoría es que Naraku logró quitarse la bomba y se cortó la mano para fingir su muerte y escapó.
—No Miroku, no había tiempo.
—La adrenalina te pudo jugar una broma, en lugar de segundos pudieron ser un par de minutos. Hicimos algunas pruebas y de haber tenido solo 5 o 10 segundos, no hubieses llegado a la ventana, romperla y saltar.
—¿Cuánto tiempo?
—Yo tardé minuto y medio, Ginta y Hakaku dos en hacer lo que dices, considerando que tienes más agilidad y la adrenalina, puede que necesitaras un minuto.
—No lo recuerdo, fue tan rápido, parecieron segundos.
—Tu hora aquí terminó, te llevo a las duchas y luego a comer.
Inuyasha no tuvo más opción que dejarse llevar por Miroku, en el camino intentaba recordar más detalles de aquella noche en la Mansión Akashi.
El comedor en casa de Sesshoumaru estaba adornado con globos y un letrero de "Felices tres años, Dashi". Le habían organizado una pequeña fiesta solo la familia, Tadashi seguía renuente a aceptar una fiesta más grande.
—¡Hora de apagar las velas!— gritó Ryusei al ver el pastel.
—Recuerda tomar mucho aire, ahora debes apagar tres— dijo Kagome al tenerlo en sus piernas y ver que Rin prendía las velas.
Tadashi veía su pastel, tenía la forma de un dinosaurio, las velas fueron prendidas y comenzó la canción de los cumpleaños. Su tía tomaba fotos, Kouga estaba grabando y su tío Sessho estaba sentando al otro lado de la mesa.
—¿Quieres que te ayude?— preguntó Kagome al ver que su niño no soplaba para apagar las velas—. A las tres, una, dos, tres— madre e hijo soplaron—. Ahora muérdele— pidió, pero Tadashi se negó—. ¿Quieres partirlo? No traje el cuchillo.
—Yo voy— se ofreció Rin.
—¿Tengo que morderlo para que mi deseo se cumpla?— preguntó con timidez Tadashi.
—No.
—Kagome ¿Puedes venir?— llamó Rin.
—Espérame aquí.
Tadashi se sentó en la silla y miraba el pastel, sus primos se acercaron y le decían que no debía tener miedo, que solo se inclinará, abriera la boca y diera un gran mordisco.
Kagome iba a la cocina, pero al ver a Rin en la sala cambió de rumbo, ella creyó que la chica había ido a la cocina.
—Llegó un paquete para ti, debes firmar tú.
—Claro, ya voy, gracias— abrió la puerta y quedó pasmada—. Inuyasha— lo abrazó de inmediato.
El chico debió sujetarse del marco de la puerta para no caer, fue mala idea dejar las muletas, pero no quería alterar a Kagome.
—Perdón, me demoraron en el aeropuerto.
—No importa, ya estás aquí.
—Te lo dije, era mejor la sorpresa— dijo Miroku al aparecer con una maleta y una caja de plástico.
—Hola Miroku, que bueno verte de nuevo.
—También es un gusto, pero creo que hay alguien que tiene curiosidad por saber quien llegó— Miroku notó a Tadashi que les veía desde atrás de Kouga, Sesshoumaru estaba a su lado y un poco más lejos, Rin estaba con sus hijos.
—Tadashi, ven— Kagome le tendió la mano a su hijo, quien se acercó con desconfianza.
—Hola Tadashi— saludó Inuyasha con nervios, finalmente lo tenía frente a él luego de tres años—. Feliz cumpleaños— no sabía que más decirle.
—Dale lo que le trajiste— sugirió Miroku.
—Cierto, tengo algo para ti— tomó la caja que llevaba Miroku, se arrodilló con gran dolor y abrió la caja—. Supe que te gustan los perros.
—¡Perrito!— se acercó al cachorro que agitaba su cola, le encantaba, era peludo y blanco.
—¿Puedo quedarme a tu cumpleaños?— preguntó al no querer invadir el espacio de su hijo, Hitomiko le advirtió que podía ser difícil para el niño aceptarlo a la primera.
Tadashi lo miró, luego volteó a donde estaban Kouga y Sesshoumaru. A Inuyasha un dolor en su corazón le invadió, ¿Por qué miraba a Kouga? ¿Por qué miraba a Sesshoumaru?
—No te voy a molestar, me quedaré donde digas.
—¡Tadashi!— le llamó Kagome al verlo correr al comedor.
—Déjalo, soy un extraño para él— le dolía aceptar esa posibilidad, pero confiaba que poco a poco su hijo lo aceptara.
—No, él quería verte, solo es tímido— no entendía a su hijo, no paraba de preguntar por su padre y cuando finalmente lo tenía frente a él, le huía.
—Kag, está bien, debe acostumbrarse— se levantó con ayuda de Miroku.
—¿Estás bien?— preguntó Kagome, había notado que a Inuyasha le costaba mantenerse de pie.
—Nada de lo que debas preocuparte.
—¡Papá! ¡Ven!— gritó Tadashi al jalar a Inuyasha de la mano.
"Papá", le había llamado papá, Inuyasha no podía creerlo, se sentía tan bien escucharlo y cuando unas pequeñas manos tomaron la suya, sintió su corazón estallar de felicidad. Le invadieron los recuerdos del día de su nacimiento, donde él le tomó su pequeña mano y la beso, de los pocos días que pasaron en la agencia y su hijo se aferraba a sus dedos, y finalmente el día que los llevó al helicóptero.
—¡Rápido!— volvió a jalarlo e Inuyasha se dejó guiar, le costaba andar sin tambalearse, pero por su hijo hacia el mayor esfuerzo—. Es tu silla— dijo con emoción e Inuyasha tomó asiento, Tadashi subió a la que estaba a su lado y se paró en ella—. Eres más grande de lo que pensé— señaló con admiración.
—Corrió a limpiarla, dijo que era para su papá— explicó Rin a Kagome que no podía contener sus lágrimas.
Tadashi no había volteado a ver a Kouga o Sesshoumaru, volteó en dirección a la sala, su deseo se había cumplido, "Quiero a mi papá de cumpleaños". Ahora debía ir a poner una silla junto a la suya, su papá debía tener un lugar junto a él.
—Hay pastel de durazno y pasas, gelatina de mango y mamá hizo ramen— explicaba rápidamente.
—Me gusta el ramen— la sonrisa en la cara de Inuyasha no desaparecía, su niño era un amor, ahora que le tenía con él, supo que hizo bien en mantenerse lejos, porque si hubiese tenido ese contacto antes, no lo iba a dejar de nuevo, ahora, nada ni nadie lo alejaría de su familia.
—¡Igual a mí!
—Ya apagaste las velas— dijo al verlas ya usadas.
—Sí, con mamá.
—No le has mordido— de inmediato notó en cambió en su hijo.
—No le gusta, creo que le da miedo— explicó Kagome.
—Pero ya estoy aquí, ¿Quieres que lo hagamos juntos? O, puedo morderlo por ti.
—¡Mamá, las velitas!— la idea de su papá le gustaba, pero si lo iba a morder, tenía que prender las velas otra vez—. ¡Rápido!
—Ya las prendí.
—¡Soplen fuerte como un lobo!— Kouga rio, Sesshoumaru e Inuyasha le fulminaron con la mirada.
Jamás se imaginó que Sesshoumaru también se molestase, entendía que a Inuyasha no le agradase por obvias razones, pero a Sesshoumaru, no había razón. ¿Sería algo de familia?
—Ahora lo muerdo por ti— se inclinó, y fue hundido por su hijo en el pastel—. Eso no es justo pequeño— Tadashi rio e Inuyasha sonrió, era una hermosa risa.
—Ese cacho te lo comes tú, le dejaste tu carota— dijo Kouga.
—Por quejarte, ahora te toca.
Sakura y Ryusei se mantenían alejados, solo observaban a Tadashi que estaba con su papá, mamá y un perrito.
—Papá, ¿Él es tu hermano?— preguntó Sakura.
—Es el padre de Tadashi.
—Sí, es su hermano— dijo Rin.
—¿Te vas a llevar a Tadashi?— escucharon que Ryusei le preguntaba a Inuyasha.
—Ella es Sakura y Ryusei, tus sobrinos— les presentó Kagome—. Y ella es Rin, tu cuñada.
—Lo siento, no me presente— se disculpó Inuyasha.
—Tranquilo, es normal, querías ver a tu familia.
—¿Te vas a llevar a Tadashi?— repitió Ryusei.
—Cariño, tu primo debe estar con su papá y mamá.
—¿Te lo vas a llevar lejos? ¿Lo vas a traer de nuevo?— preguntó Sakura.
—Creo que regresaremos a Japón y sí, les visitaremos.
—O nosotros les visitamos, para que conozcan el país de donde somos su papá y yo.
Inuyasha buscó con la mirada a Sesshoumaru, ya no estaba en la silla, tal vez debería ir a hablar con él, darle las gracias por todos los problemas.
—Cachorro ¿Por qué no juegas con tus primos y el perrito?
—Quiero estar contigo.
—Tengo que hablar con Sesshoumaru, voy a volver— intuía que su hijo tenía miedo.
—Bien, pero no te tardes.
—Esta en aquella habitación, es su oficina— indicó Rin.
...
Inuyasha entró a la oficina, Sesshoumaru no le miró, siguió trabajando en la laptop, se acercó un poco más, ¿Por dónde comenzar? ¿Primero debía agradecerle por cuidar de Kagome y Tadashi?
—Ese tipo te dio una buena paliza— fue Sesshoumaru quien habló primero.
—Me sigo recuperando.
—Si tú eres el mejor agente que tenían, no quiero saber cómo son los otros, con razón Naraku se les fue en varias ocasiones.
—Gracias por cuidar a Tadashi y Kagome— dijo al ignorar el comentario de Sesshoumaru.
—Tu hijo es especial, todo lo contrario a ti, no es una molestia— bajó la pantalla de la laptop y le indicó a Inuyasha que tomase asiento.
—Es un niño muy listo, me di cuenta.
—No tienes idea, tu hijo, recuerda cada cosa.
—¿Cómo dices?
—Que recuerda todo, ahora, te dieron algo para mi ¿Verdad?
—Sí, pero primero explícame eso de que Tadashi recuerda todo— le decía algo importante sobre su hijo ¿Y luego quería pasar a otra cosa?
—Es increíble que engendrases un niño tan listo con lo lento que eres.
—Y tus hijos son demasiado agradables, sin duda eso viene de la madre.
Los hermanos se fulminaron con la mirada, después de tanto tiempo sus riñas seguían.
—Tadashi, tiene memoria fotográfica, le puedes preguntar sobre algo que pasó hace meses y te lo dirá a detalle, dale un número largo y no lo va a olvidar. ¿Ya entendiste?
—Sí— nadie le había dicho eso de su hijo ¿Por qué?
—Dame lo que te dieron.
La rehabilitación de Inuyasha progresó para bien, fue necesario un mes más, para que pudiese andar con ayuda de muletas.
Cuando Naraku fue declarado muerto oficialmente, le informaron que habían asignado un nuevo jefe y él podía irse. Pero solo hasta la llegada de su reemplazo. Mientras tanto, debía encargarse de la supervisión de la remodelación de la agencia.
Aceptó sin oponerse, ¿Qué eran un par de semanas más? En ese tiempo seguiría esforzándose en rehabilitación, cuando viese a su hijo, quería poder jugar con él.
Y finalmente, el día tan esperado llegó. El día que iba a ser libre.
—Es todo, eres libre— dijo Hitomiko cuando Kanna terminó de borrar toda la información reciente del agente Saotome del sistema.
—Sí decides volver eres bienvenido— dijo el supervisor provisional que mandaron para verificar que todo se llevase de acuerdo a las normas.
—No lo creo.
—Harías un mejor mundo para tu hijo.
—Adiós, suerte Kanna— tomó las muletas y con ayuda de Miroku, cuando salió del cuarto, logró escuchar un "Que le vaya bien jefe", extrañaría a esa chiquilla.
—El helicóptero no tarda en estar listo— informó Miroku— Sentémonos, ¿Extrañaras todo esto?
—Un poco, tal vez en otras circunstancias me quedaría.
—Sigues aquí, creí que ya querías irte— dijo Hitomiko.
—Esperamos el transporte— respondió Miroku.
—¿Van a dejar vivir a Bankotsu?— Inuyasha sabía que el mercenario era un tipo de cuidado, pero tal vez, no era un caso perdido, decidió volver.
—Sí, aprobaron el trato que te ofreció— Bankotsu se puso a disposición de la agencia como agente, a cambio quería poder elegir sus misiones y una habitación que no fuese una celda—. Totosai le ha inyectado nano robots, si intenta alguna traición, lo matan. No te preocupes por él, será mi nuevo proyecto, tiene mucho potencial.
—¿Harás lo mismo con Hakudoshi?
—Quiero hacerlo, pero por ahora ha decidió ayudar desde una celda, siempre y cuando pueda ver a su hermana.
—Saotome Rinne— llamó un hombre alto, de cabello negro, largo y ondulado, parecía un tipo agradable—. Un gusto, soy Kagewaki Hitomi, el nuevo director.
—Bienvenido— dijo Inuyasha.
—¿Algún consejo?
—Una petición, no mande por mí, en verdad no lo haga.
—Trato hecho.
—Director venga conmigo, le presentaré a su asistente, la señorita Hijiri le será de mucha ayuda— dijo Hitomiko—. Y Jefe— se dirigió a Inuyasha—. Fue un placer conocerle.
Miroku e Inuyasha vieron al nuevo director y Hitomiko alejarse. El celular de Miroku sonó, el helicóptero había llegado y fueron al ascensor más cercano.
—¡Saotome!— Kagewaki detuvo el ascensor—. Un último favor ¿Puedes entregar esto al general Takahashi?— le mostró un chip—. Es confidencial y solo confío en ti.
Inuyasha leía los papeles legales de Tadashi que le fueron dados por Sesshoumaru, había algo que no le agradaba.
—Muy chistoso, dame el verdadero.
—Es ese. ¿Crees que soy una persona que bromea?
—Si una que le gusta molestarme.
—¿Qué pasa?— preguntó Kagome al entrar junto con Rin, escucharon que los hermanos ya iban a discutir.
—Míralo tú misma— Inuyasha le dio el acta a Kagome, y de inmediato comprendió el problema.
—Inuyasha, hay algo que debo decirte... El otro nombre de Tadashi es Rinne.
—¿Tú también?— no estaba para esas bromas.
—No te miento.
—Ni siquiera suena bien: Takahashi Rinne Tadashi.
—Déjalo en: Takahashi Rinne— sugirió Sesshoumaru.
—No te metas— atacó Inuyasha.
—Por eso te dije que juntos, además fue algo de momento, no pensaba con calma.
—Me llamo como tú— dijo Tadashi al leer uno de los papeles, recordaba que una vez escucho que el nombre de su padre como "espía" era "Rinne".
—¿Cuál te gusta más?— preguntó Inuyasha a su hijo.
—Los dos— respondió de inmediato.
—Cachorro, piénsalo bien, no son muy...
—¡Pero es como el tuyo de espía!— gritó con emoción.
—Yo no era un espía— ¿Quién le había dicho eso a su hijo?
—¿No quieres que lo use?— puso su mejor carita de cachorro.
—Cuando seas grande no quiero reclamos, lo bueno es que no lo olvidaras.
—Te quiero, papá.
Sakura tenía razón, sí encontraba la debilidad del padre más débil, podía usarlo a su favor. Y en este caso, su papá era más influenciable a sus pucheros.
Dos semanas después, estaban de regreso en Shikon. Por mucho que Inuyasha quisiera retrasar aquel regreso, no podía, primero: Aunque Rin era una dulzura y les dijo que podían quedarse el tiempo que quisieran, no podía serle de más molestia a su hermano; y segundo: Tenía que enfrentarse a los recuerdos de aquella noche en que Tadashi nació.
Viajaron con Kouga, Miroku había regresado al siguiente día de llevarlo a Londres, tenía que volver con sus hijos y Sango. Al llegar al aeropuerto en Japón, fueron recibidos por la familia de Kagome. En el viaje a Shikon, nadie preguntó algo sobre Naraku, ni mencionaron los años que se habían separado.
Inuyasha entró a su casa, era tan extraño volver, se sorprendió al no encontrarla destruida, faltaban algunos muebles, el barandal de la escalera fue sustituido por otro similar, la pintura de la pared era diferente, pero nada indicaba que en ese lugar se hubiese dado una pelea.
—Papá y Souta se encargaron de repararla, también cuidaron la tienda junto con mamá— explicó Kagome, sabía en que pensaba el chico.
—¡Este lugar es enorme!— exclamó emocionado Tadashi, ya quería conocer la casa de su papá.
—Perdón, me distraje y corrió para acá— Souta se disculpó, Kagome e Inuyasha le habían pedido mantener a Tadashi afuera hasta que ellos le dijesen.
—¿Te gusta?— preguntó Inuyasha a su hijo.
—¡Sí!— corrió a explorar el lugar, cuando terminó con la planta baja, fue a la de arriba.
—Con cuidado— advirtió Inuyasha al ver que su hijo tropezaba con un escalón.
—¡Hay un lago!— señaló por la ventana, desde esa altura podía verlo—. Papá, ¿Tengo recámara?
—No esta lista— fue lo que dijo, ni él sabía si la tendría y lo más importante, no sabía si vivirían allí.
—¿Quieres ir al lago y saquear la tienda?— preguntó Souta a su sobrino, intuía que su cuñado y hermana debían tener un momento a solas.
—Souta, que no se meta al lago y no le des papas que no a comido y… ¡Inuyasha!— gritó al ser detenida por el chico.
—¡Corran!— alentó Inuyasha—. Deja que se distraiga.
—No tenemos que volver aquí.
A Kagome le preocupaba que Inuyasha ya no se sintiese a gusto en esa casa. Había algunos malos recuerdos en ella.
—La remodelaremos, a Tadashi le gusta este lugar, viste lo emocionado que esta.
—Podemos conseguir otra.
—No, aquí está bien— tomó a la chica de las manos—. A menos, si tu no quieres lo entenderé— a su punto de vista, Kagome fue quien más sufrió y los traumas podían seguir muy presentes.
—Es nuestra casa, no dejemos que Naraku nos la quite— sonrió con felicidad.
Mientras terminaban con la remodelación de la casa. Inuyasha, Kagome y Tadashi, se quedaban con la familia de Kagome. Mientras Inuyasha trabajaba en la casa, Kagome y Tadashi atendían la tienda, pero de momentos, el niño pedía ir con su padre a ayudarle.
—Papá quiero pintar más arriba— dijo al "terminar" de pintar la parte baja de la pared.
—Hiciste un buen trabajo— Inuyasha sonrió, en la pared se veían los brochazos locos—. Te cargo en mis hombros.
—¿Se divierten?— preguntó Kagome luego de tomar una foto, Inuyasha tenía un pequeño bote de pintura en la cabeza y Tadashi en los hombros de su padre, pintaba la pared.
—¡Mamá! Papá, mamá trajo comida— se emocionó al ver los emparedados.
—Imagine que luego de tanto trabajo tendrían hambre.
—Imaginaste bien— Inuyasha bajó a su hijo—. Vamos a lavarnos las manos.
Minutos después, estaban en el suelo de la sala comiendo, como si fuese ya una costumbre entre ellos.
—¿Cuándo viviremos aquí?— preguntó Tadashi, le gustaba la casa de sus abuelos, pero le emocionaba ver su casa terminada.
—No te desesperes, pronto— contestó Kagome.
—¿Mamá debe volver a trabajar?— había escuchado que pronto volvería a dar clases a otros niños, y no sabía si la idea le gusta o no.
—En un mes más— una de las maestras se iba por maternidad y le ofrecieron volver.
—¿Puedo ir yo?
—No estarías en el grupo de tu mamá, ella dará clases a niños más pequeños— explicó Inuyasha.
—¿Quiero ir?
—Si eso quieres.
Kagome e Inuyasha estaban en un dilema, no sabían como debían educar a un niño como Tadashi, si tomaba clases en el preescolar se iba a aburrir, en la escuela primaria lo adelantarían al tercer grado, cuando el año escolar iniciara, sería un niño de cuatro años entre niños de ocho. Lo que si sabían y querían, era que se divirtiera y disfrutase su infancia, sin presiones.
Un hombre que se escondía tras los árboles, veía a Inuyasha jugar en la orilla del lago con un niño. No creyó que ese tonto le diese por muerto tan pronto y regresara a su pueblo. Perder su mano no fue tan malo, ya se la habían reemplazado por una artificial. Esperar esos diez meses también fue bueno, Inuyasha se llevaría la mayor sorpresa de su vida, no iba a poder proteger al niño que saltaba a las hojas secas. Caminó en dirección al lago, y se detuvo al sentir la presencia de alguien a su espalda.
—¿Se te perdió algo?— preguntó un hombre.
—Así que es cierto— se giró para encarar a quien osaba meterse en su camino—. El general Takahashi cuida de su hermanito— Sesshoumaru sonrió.
24/12/2017
Perdón la larga espera, sé que esperaban la continuación y yo postergando la actualización.
Dos anuncios:
Les recomiendo que vuelvan a leer el capitulo anterior, hay importantes modificaciones.
Y, solo queda uno más, para el fin. Así es, esta historia termina. Pero hay otra a la vuelta de la esquina.
