CEDER O CAER—

Por Zury Himura

Corrección Por Menelwen


Disclaimer: los personajes no son míos, la historia lo es.


ALBA

FROZEN FEATHERS

Capítulo 28

Después de algunas semanas, caminó con rectitud por el pasillo y se dio cuenta de que ya se encontraba en buenas condiciones. Sus heridas sanaron con rapidez gracias a los conocimientos de Megumi y al entrenamiento que Gentatsu y Hiko le habían entregado, según sus habilidades, esto último le había brindado una mejor movilidad.

Alzó sus pantalones y saltó poco a poco deteniéndose varias veces para tomar aire, y luego prosiguió con los demás ejercicios. Cuando terminó, miró hacia el cielo azulado y claro, meditando en aquellas cosas que había estado pensando desde que había arribado al reino Celeste. Hacia algunas semanas llegó inundada en dudas y sufrimiento, y, aunque ahora lucía más tranquila seguía con los mismos problemas.

De su bolsillo posterior sacó una nota con un nombre apuntado, éste señalaba quiénes eran las personas que sabían la verdad sobre ella. Esa señal había sido mandada por el hombre encapuchado, que desde su llegada al castillo había estado mandado palomas mensajeras hacia su ventana. Quien la ayudó con algunas dudas y que la había guiado hacia otra persona más: Hiko.

Guardó nuevamente su nota y llegó hasta donde estaba Megumi alistando algunos preparativos para la celebración. Una en la que Hiko anunciaría su representación y ayuda en el reino Celeste. Pues ella aún no se sentía preparada para asumir nuevamente el poder y si no lo hacía las posibilidades de más revueltas o planes de conquista crecerían. Inclusive se hablaba de cruzar los límites con el reino Oscuro solo para encontrar a ese rey que el pueblo tanto había deseado. Para causar una guerra que el monarca había anunciado.

—Megumi —susurró ella, limpiando el sudor de su frente—. Terminé con mis ejercicios y me siento mejor, así que iré a la oficina de Hiko.

La otra mujer la miró extrañada. Quizá Kaoru había cambiado sin que se diese cuenta. No solo parecía distraída de vez en cuando, sino que también más fría e inclusive distante que en los primeros días que pasó con ella.

—Está bien, mi reina, yo seguiré aquí haciendo estas medicinas.

—Ya dije que no me llames 'mi reina' —soltó con un dolor en el pecho—. Solo llámame Kaoru. —Caminó dándole espalda—. Ah, y… Megumi, ¿qué pasó con la libreta que tenía esa vez en el carruaje?

Sin prestarle atención del todo, Takani mezcló algunos otros elementos en la piedra donde molía con precisión—. No sé, como comprenderás no era mi prioridad en ese entonces.

Conformada con su versión de la historia, asintió, marchándose hasta la oficina de Hiko, su representante en el reino donde se ocultaba… al menos hasta que estuviera lista.

II

El hombre que se proclama el protector de las espadas, balanceó el arma que había recuperado del carruaje, en el que la reina y Megumi se habían volcado. Su mirada estaba fija en el agarre de la katana que estaba manchada con las gotas de sangre que con una alta probabilidad pertenecían a la mujer que tanto deseaba.

—¿Cómo sabe que vendrá, mi señor? —Preguntó Akira haciendo sus maletas para regresar a las tierras de su amo. Pues solo había llegado ahí para dejar informes sobre el avance en las búsquedas de ese otro tesoro antiguo del que se había hablado.

—Lo sé, ella no confía en nadie. Además, con lo que ha hecho el rey Oscuro con esa desleal de Tokio será motivo suficiente como para tenerla en mis manos. Prácticamente… mi querido rey me la acaba de dar en bandeja de plata.

Su súbdito sonrió, sintiéndose culpable de que fuera solo por él que la reina tuviera que sufrir. Pues sin su palabra jamás hubieran ido tras ella. Sin duda, en ese momento no había otra persona más con la que le gustaría hablar para desahogarse que con la señorita Tomoe.

—Probablemente, pasaré al reino Oscuro antes de ir a mi hogar —le avisó cogiendo su morral y capa—. Tengo un asunto pendiente.

—Oh. —El de identidad oculta saltó de su lugar animado por la idea que se le vino a la mente—. Buena idea, iré contigo…

Akira se hizo a un lado y preguntó qué era lo que planeaba ya que había cogido su katana y también su capa para unírsele al viaje.

—Se supone que estoy de viaje —rio ese hombre de negro acomodando algunos frascos en la caja que preparaba—. Pero, también, tengo asuntos que atender antes de que Kaoru venga a buscarme a este maldito bosque.

—¿Qué hará, señor?

—No sé si recuerdas, pero con Enishi de agente en cubierto, Aoshi jugando al detenido, tu jefe de busca tesoros, Saito de soldadito, Katzura dado a la fuga y Takeda como comida para perros, me he quedado sin algunas de mis piezas más importantes —rio dándole algunas palmaditas en la espalda—. Pero, el rey osó robar algunas de mis piezas… es momento de que le quite una de las suyas.

—¿Matará a la niña Tsubame? —Temió el joven, dando un salto para detenerlo. Pues esa chica era muy joven para terminar muerta.

—Claro que no, listito —suspiró y elevó las manos al aire—. Esa niña me sirve también a mí, además no es tan interesante como lo son otras piezas. Tal vez, pueda quitarle a Misao o quitarle otra para estar parejos en el tablero.

¿Así que solo se trataba de un juego para él? ¿Y las vidas de sus compañeros eran solo eso? ¡¿Piezas en un tablero?! No participaría en eso… ¡jamás!

—La reina, es decir, Kaoru… —titubeó el chico cambiando la conversación para hacerlo desistir. ¿Era culpable de haberle dado una idea?

—Vendrá. Mas cuando se entere de quién es la nueva pareja sentimental del rey. Ese rey, Akira, es el talón de Aquiles de ella y lo mismo sucede con él cuándo se toca a su reina… ¿por qué no nos aprovechamos de eso y los terminamos por separar de una vez?

—Si se olvida del asesinato sin precedente, ayudaré en lo que se pueda. Después de todo no estamos solo separando a dos personas, porque no tenemos que hacerlo….

—Exacto —asintió el hombre enorgulleciéndose de tener a una persona tan lista como Akira entre sus aliados—. Kaoru, al ser la persona más importante para el rey… se ha convertido en su llave para abrir las puertas de las espadas. Nuestra profecía.

Era la primera vez que lo decía en voz alta y con otra persona. Pues ante los demás Kaoru solo simbolizaba la debilidad del rey Oscuro, pero entre ellos, entre las tres personas que entendían la profecía tal cual era, ella simbolizaba algo más importante. Incluso el maldito mocoso de Seta lo sabía y nunca había dicho nada. Por eso su apoyo a la pareja.

—Y ya que él es correspondido y su maldad fue perturbada con el balance de su alma, ella se convirtió en su dualidad. —Arrojó algunos pergaminos en la mesa y desenrolló otro para mostrárselo a Akira—. Lo que la otra parte necesita, lo que la profecía necesita para que no se abran las puertas del poder absoluto y destrucción. Del poder que Shaku me negó.

El joven estiró el papel y leyó claramente. Esa letra no la reconocía, era diferente a las demás que había tenido la oportunidad de leer en los pergaminos que Shishio había obtenido e inclusive las de ese sujeto misterioso que jugaba con la vida de todos.

—Eso quiere decir que Kaoru lo sustituye a usted, en la profecía —susurró con mirada incrédula y desconcertada—. Ya que el rey y usted son un poco parecidos ustedes no podrían trabajar juntos, ambos son oscuridad. Pero ellos dos…

—También lo son. —Desdobló otra hoja con los informes que había guardado durante algún tiempo—. Es difícil de explicar. Pero digamos que, por el solo hecho de ser humanos, todos tenemos una parte oscura. Y todos atravesamos esas sombras de manera distinta. Sin embargo…

Pausó señalando una línea entre las hojas.

—En el caso de ellos fue su sufrimiento y de ahí las consecuencias de esto. En el mío solo son los malos sentimientos que se han albergado durante tanto tiempo… por eso se podría decir que ellos son parte de una sola oscuridad. Están en resonancia, en balance por sus estúpidos sentimientos ridículos y por eso son la mejor combinación. No obstante, si hablamos del rey y yo… debemos decir que nuestra intensidad es distinta. Yo soy más malvado que él y, por ende, soy su parte más oscura, lo que me convierte en un portador más capaz que el mismísimo rey. Mientras que él viene siendo la parte más oscura de Kaoru.

Akira caminó alrededor de la habitación asintiendo—. Y por eso… Kaoru se vuelve la luz. —Estaba sorprendido por todas las vueltas que tenía que darle a la profecía para que tuviera sentido.

Al menos, cuando se le explicaba con claridad los terrenos de lo prohibido que jamás debió pisar, se daba cuenta de lo difícil que era renunciar a un destino sumiso a una historia. De un rey y de su sombra.

—Sí hace lo que Nori Arai, la reina de Luz, solamente pudo —resopló el protector recordando el fastidioso nombre de esa mujer—. Se vuelve la protectora de las espadas doradas sin tener la responsabilidad de nacimiento y la portadora de las espadas blancas. Ella es la llave que necesitamos, tanto el rey portador, como yo, el que desea el poder de las espadas. Solo quedan un par de pistas más que debemos descifrar.

—Pero aquí… —titubeó Akira leyendo las últimas líneas de la copia de los papeles que le había extendido, sintiéndose verdaderamente mal por lo que había dicho sobre Kaoru—. Aquí dice lo que pasará si ella se involucra, si el rey la elige a ella… es decir, sé que aún tiene que esperar a eso... A que sea oficial, pero, pero…

—¿Tienes miedo? —intuyó burlándose el hombre cubierto.

—No. Solo que me acabo de dar cuenta que no se trata de proteger a Kaoru de un reino, como pensé que el rey lo hacía. No se trata de alejarla de él solo para que sus enemigos no la toquen, subestimen su corona o ni siquiera porque ella lo hace débil, sino…

El encapuchado sonrió, divirtiéndose cuando el joven por fin pudo vincular la información que le había dado. Pero el chico prosiguió acortando su oración.

—…Admitámoslo, fue una muy buena jugada del rey—asintió con su halago el sirviente de Shishio. Aunque sabía que era un poco tarde, el vínculo entre ellos era muy poderoso para no verlo, pero no inquebrantable—. Porque nunca se trató de guerras, pobreza, conquistas o enemigos. La alejó… —Akira miró al hombre cubierto de pies a cabeza—… por lo que le espera. En este maldito mundo del rey Oscuro lo único de importancia es esa maldita profecía.

—Sí, es exactamente eso. —El hombre clamó saliendo del lugar—. Ahora vayamos a pasear por un rato.

III

—¿Y qué es lo que se te ofrece? Tenemos preparativos todavía y aún no me has dicho si quieres hacer acto de presencia en público o no —La presionó Hiko para que hablara.

—Alguien me dijo… —No, la verdad era que había recibido el mensaje de esa persona desconocida que había estado contactando. Sabía tantas cosas del reino que creía que podía ser de ayuda. Aunque no era tan idiota como los demás creían y sabía muy bien qué era lo que quería—. Que tú solucionarías todas mis dudas.

El hombre de cabellera negra dejó la pluma a un lado y subió los pies al escritorio cruzándose de brazos en el transcurso. Sabía que después de los avisos del rey, Kaoru estaría impaciente por averiguar sobre la verdad. Lo único que se preguntaba era quién le había dicho que él era la persona a la que tenía que asistir.

—Dime…

—Sé que usted fue parte de la guardia del rey Celeste en un tiempo, junto al padre de Aoshi —musitó cogiendo coraje para mirarlo a la cara. Ese hombre era tan intimidante que le ponía los pelos de punta—. Quisiera saber, la razón por la que desertó del reino y fue exiliado. ¿Qué es lo que sabe de mi familia?

Eran tantas preguntas con tantas respuestas que no estaba seguro de poder digerirlas fácilmente. Por eso…

—No contestaré a ninguna, porque mi exilio no es algo que te importe, muchacha. Fin de la discusión.

Molesta apretó la quijada y empuñó sus manos, alzando la voz solo lo suficiente.

—Hice un trato contigo…con usted. Le dejaría estar en el poder con tal de que se hiciera lo que yo creyera era correcto. Acepté su ayuda si era leal conmigo. Le cedí mi puesto temporalmente con tal de trabajar en mi misma. Así que, por favor, no se haga el tonto solo cuando le conviene.

Esas eran las consecuencias que rey le advirtió que tendría si la trataba como una niña. Era una joven muy fuerte y determinada, exactamente como idealizó a la que terminaría siendo la mujer de un rey como lo era su estudiante. Como un miembro de su familia.

—¿Sabes que haces muy buena pareja con el rey? Digo, los dos son igual de tercos y molestos. Me pregunto qué pasaría si terminaran juntos… seguro harían volar el continente entero. —Dijo bromeando, aunque internamente se lo preguntaba en serio—. Son tan fuertes e imponentes juntos… tanto que me interesa saber cómo será ahora que están separados.

Ya que no tuvo la oportunidad de verlos interactuar como pareja ni siquiera como colegas, creía que, si Kaoru seguía así tal como ahora, se atrevía a afirmar que a lado de un rey como lo era Battousai, ya fuera como aliada o pareja, amiga o su reina, serían un dúo bastante difícil de derribar. Aunque era muy temprano para hablar, era consciente de que Battousai estaba a años luz de Kaoru. No solo en lo material, sino en fama y respeto.

Sus logros, la fidelidad de su pueblo, la unión voluntaria de otras tierras y su personalidad seria frente al deber, ya fuera en asuntos bélicos o la forma en la que analizaba las cosas, lo abalaban. Ni siquiera necesitaba tocar el asunto de sus padres para identificar una debilidad, porque aquello no lo era. Con su apariencia bastaba para temerle, para respetarle y admirarle.

Por eso, cuando para Kaoru llegó aquel día, después del incidente en el bosque de las sombras, y le pidió tiempo para sanar internamente, quiso ayudarla de esa manera. Permaneciendo en el poder hasta que ella solucionara sus crisis y dolores. Pues no solo entendía el dolor que había vivido por la traición de su pueblo, captura de un rey 'sin escrúpulos' y la ruptura de lo que se le parecería a su única relación verdadera que tenía. Sino que estaba el hijo del protector, el primo del rey, y lo que le había dicho.

—Si volamos el continente entero es porque de seguro entramos en guerra y me han dado ganas de matarlo. —Alzó una ceja junto con sus hombros, dándole la explicación más lógica que encontró en su cabeza, ya que no quería involucrar más sentimientos frente a las demás personas.

No sabía si se trataba de una broma o la chica en serio estaba despechada, pero lo tomó como vino, una frase llena de sarcasmo que le alegró el día.

—Sabes que no quise decir eso. En realidad, pienso que hacen buena pareja. Claro, si quitamos los obstáculos que hacen de su relación una imposible y la que siempre ha estado destinada al fracaso.

Ella entrecerró los ojos mostrándose más interesada, y se acercó. Nunca tuvo la oportunidad de hablar de su 'relación' con el rey con otra persona y algo en su interior estaba claramente dudosa de saber lo que ese hombre, en específico, pensaba de ella. Aún más cuando habló de su futuro como si fuese claro algo que ella no veía.

—¿En serio me cree tan poca cosa como para 'no llenar las expectativas' de él? —Así fue como decidió provocarlo. Obviamente no se sentía indigna, pero presentía que Hiko era todo un caballero y que trataría de sobre guardar su honor y, entonces terminaría hablando.

Resopló y se inclinó para mirarla más de cerca—. Eres muy astuta y te diré lo que pienso sin necesidad de juegos mentales —la evidenció solo sacándole una sonrisa—. Extrañamente, ambos son tal para cual, aunque se parezcan; ya que normalmente, al ser los dos activos, habría un choque de carácteres. Pero con ustedes eso no pasa, se llevan relativamente bien a pesar de que les falta conocerse, y, tienes que preguntarte por qué.

—¿Por qué? —Se aventuró Kaoru. Y así como había pasado con ella Hiko también sonrió.

—La respuesta es sencilla —dijo el de capa blanca recostándose de nuevo en el respaldo de la silla—. Los dos, por si solos, están heridos y esas heridas son de esas que jamás sanan. No importa que tan maduro seas siempre estarán abiertas en tu interior, aunque trates de sellarlas. Juntos, bueno… son una combinación, producto del bien y el mal. Una dualidad. Mientras él te empuja tú también lo haces. Hasta que posiblemente uno de los dos caiga al abismo de…

—¡¿En serio?! —¡Se sentía defraudada! No necesitaba que le dijeran lo que quería oír, simplemente algo lleno de seriedad.

—Ya, lo del abismo… solo bromeaba —se retractó él al ver que la había hecho enfurecer. Hablar del rey, seguía siendo un asunto serio para ella, lo que la hacía dudar si había hecho lo correcto al rechazarlo—. Lo que quiero decir es que mientras tú lo empujas fuera de su odio y dolor, él… —El gesto de su cara estuvo lleno de incredulidad por lo que diría a continuación— creo que te empuja hacia la luz...Algo así.

Bueno, eso sí que había sido nuevo y algo inesperado. Era una idea que una tercera persona pensaba de ellos, casi parecida a la de Megumi aunque un poco más confusa.

—Con esto, digo que él te obliga a esforzarte, tal vez a través de sus palabras o actos, saca a flote lo mejor que hay de ti. Probablemente, lo que es tu verdadera esencia, lo que él ve y por lo que hace que le intereses, y no lo que todos los demás creemos que eres. Es decir… te acepta como eres, y, ahora que lo pienso, siempre lo hizo desde el principio. A menos de que te haya querido cambiar en algún punto o te haya reprochado algo.

Y no. Si también pensaba en eso, podía darse cuenta que jamás le pidió nada a cambio o le reclamó para que cambiara. Era cierto de que le daba consejos, lo que él pensaba y esas cosas, mas nunca le impuso sus ideas. Cruelmente, bromeó con ella muchas ocasiones, y a cambio recibió insultos como consecuencia… pero, nunca se quejó. ¿Acaso eso significaba que la había aceptado? O sea, ¿eran reacciones que se esperaba de ella, pensando que podría conocerla más así?

—Además, aparte de las espadas y de ti, hay algo que es sagrado para él. ¿Te tomaste el tiempo para saber qué era eso? Porque él sabe lo que es importante para ti, pero… ¿Y qué hay de ti? —preguntó Hiko comiendo un par de uvas—. ¿Lo aceptaste tal como es? ¿Sabes, aunque sea lo básico?

No sabía mucha de la información que se le estaba preguntando y no era como que nunca le había interesado, sino que nunca había podido preguntárselo. Sin quererlo, había estado ocupada y enfrascada en sus propios problemas—Lo amo, ¿qué más puedo decir para probarlo? —respondió contundente puesto que era lo más elemental para ella, los cimientos de lo futuro. Sus sentimientos eran claros, siempre lo habían sido.

—¿Entonces, puedes decirme qué es lo que amas de él?

¡¿Acaso se trataba de un juego?! El amor no se explicaba, solo se sentía, no importaba si la persona a la que amaras terminaba siendo basura, pues a tus ojos terminaba siendo una maravilla.

—No lo sé… no tengo una respuesta precisa.

—Qué respuesta tan vaga —declaró Hiko removiendo los pies de su escritorio, poniéndose de pie—. Una respuesta como esa es porquería ante los ojos del rey Oscuro. ¿Ahora entiendes por qué no puedes estar a su lado?

Furiosa se puso de pie golpeando la mesa.

—Pues mi respuesta porquería es lo único que me hace sentir feliz la mayoría de las veces. Él nunca preguntó qué amaba de él como usted lo está haciendo. Así que no, no acepto que sea desechada. No lo haría.

—Él no te preguntó… simplemente porque aceptaba esa forma de amor; aunque este sentimiento no era suficientemente maduro para aceptarlo con sus virtudes y defectos, y, por ende, para proyectarse a futuro. Sabía que debía dejarte ir, así que no indagaba más en el tema. Me imagino que nunca te lo dijo tampoco.

¡¿Cómo diablos sabía eso?! ¡¿Acaso el rey le había dicho esas cosas?! Más bien, si supiera que nunca le dijo que la amaba, sino que no estaba seguro de lo que era el amor.

—El amor es un concepto, Kaoru. Uno diferente ante los ojos de cada quien. Sin embargo, tú amas lo que no conoces. Para ser más claros, amas su misterio, a él sin saber por qué, queriendo cambiar cosas que no te agradan, criticando cada uno de sus pasos y planes. «No lo aceptas», contradiciendo lo que es el sentimiento, pero repudias que tu amor sea llamado una hipocresía. Eso… es bastante inestable, ¿no lo crees?

Rodeó la mesa solo para cogerla de la barbilla mientras ella lo estudiaba en silencio.

—Tampoco estoy aquí para defenderlo, solo siento curiosidad acerca del concepto que tienes de ese sentimiento —resumió con seriedad. Quería ayudarla a crecer y de verdad deseaba dejar de verla como una niña—. El amor no puede ser tan perfecto como un retrato, por ende, tampoco puedes pretender amarlo queriendo cambiar detalles de él. Ya que si le tomaste aprecio fue porque era lo que era y no por lo que podía ser, solo es cuestión de aceptar tus retorcidos gustos. Así que ama a un individuo independiente, que piense, actué y ría como tal, no como una arcilla que puedes moldear y manejar, para que al último te aburras y no te sirva de nada. Esa… es mera egolatría.

—No es eso…

—Sí lo es —resopló acariciando su mejilla suave y delicada, sintiendo pena por la tristeza que podía encontrar en sus ojos—. Si lo amas, entonces conoce todo de él, sus miedos, y rencores y no solo sus estados más atractivos. Entra a su habitación más oscura y no te marches solo porque no aceptas lo que hay ahí dentro, o por temor a lo que piense la sociedad y tengan categorizado como justo, perfecto, bueno o limpio. Entrégate. Deja tu orgullo de lado y acepta la realidad y tu verdadero yo, que no se apena de decir que ama hasta sus fallas. Nadie tiene derecho a juzgarte, ni tu a hacerlo. Amas todo de él, o amas cosas de ti que quieres ver en él. Tu reflejo. Amas todo o no amas nada. A él. Pero, siento decirte que no puedes doblegar a un rey como ese a tu voluntad. Jamás.

Se quedó en silencio observando los dedos que la acariciaban, los ojos que la estudian y los labios que se habían dejado de mover para cederle la palabra. Quiso protestar como siempre, pero no pudo, no porque no pudiera sino porque algo que había dicho ese hombre era verdad.

Su orgullo era lo que la había detenido de decir lo que en verdad amaba de él. La timidez al pensar que lo que le atraía era lo peor… olvidando la idea de que para ella era lo mejor. Aunque ya no tenía nada que ver, en esa libreta lo había anotado, la que se quedó en el olvido en alguna parte del bosque. Al igual que pasaría con Hiko, el que quería saber sus sentimientos tan más íntimos sin darle nada a cambio.

Kaoru tomó aire y dejó caer los hombros deshaciéndose de su porte ofensivo—. ¿Quién es la verdadera reina Celeste?

IV

—¿Me recuerdas? —La mujer de cabello largo y ondulado le preguntó a la de ojos verdes, la chica que había sido cambiada de puesto después de entrar en disputa con Aoshi Shinomori en el otro nivel.

Misao cerró los ojos y se posó en la pared de los calabozos, cruzándose de brazos y flexionando su pierna para mayor comodidad.

—Claro que lo hago, mi puntería es tan buena que ni siquiera sé cómo sigues aquí —resopló fingiendo burla. No podía mostrar su arrepentimiento, ni siquiera su titubeo ante los ojos de lo que en el pasado había sido un simple obstáculo para ella.

—Vaya, no escucho arrepentimiento en tu voz, ni siquiera una disculpa como pensé que lo harías —se lamentó Tokio sosteniéndose de las barras de acero de su cárcel—. Sé que el rey me ha liberado, aunque no entiendo por qué sigo aquí.

—Es fácil —admitió alzando los hombros—. Yo no confió en ti, sobre todo con esa cara de inocencia que tienes ahora, amiga.

No tenía una opinión concreta de Misao, simplemente la información que otros habían recaudado para ella, y, solo con eso tenía para basar su juicio en su contra.

—Tú fuiste la que clavó esa daga en mi cuerpo —le recordó Tokio con lamento en su voz—. Cambiaste mi mundo y me llevaste a hacer cosas no quería con tal de sobrevivir, porque tenía miedo, porque…

—Porque esa persona, en su ingenuidad, se dio cuenta de otras cosas que nunca pude comprobarle a mi rey. —La miró con odio—. Y, aunque ese crimen quedó calificado por uno basado a mis celos, tú y yo sabemos que no solo fue eso. Pero, cuando no pude comprobar qué clase de mujer eras… me sentí mal por matarte. En cambio, ahora…. Estás aquí, confirmando todas las sospechas que tenía de ti. —Y, también le había ayudado a confirmar las de su rey.

Ah, esa mujer era muy lista. No imaginó que inclusive a su corta edad había sido brillante deduciendo su personalidad. Inclusive cuando ella le ayudó, cuando le tendió la mano y la cuidó como si fuera de su familia… nunca había contado con su confianza, ni con una mirada de respeto sincero.

—¡Te abrí las puertas de mi casa, las de mi corazón al aceptarte como si fueras mi hermana! —Le reprochó apretando sus puños contra el acero—. Te di mi confianza e inclusive te dejé ver cosas de mí que nadie más sabía. Mi verdadera personalidad, con la cual tú misma me aceptabas. ¡Sabías que no era la estúpida mosca muerta que todos creían y por eso te acercaste a mí! ¡Pensé que eras mi única amiga! En cambio, me traicionaste. Lo elegiste a él y no a mí…

—¿Y después de todos estos años desaparecida y haciéndote la muerta no te has preguntado por qué? —Se acercó Misao molesta por las cosas que se le sacaban en cara—. Te veía de lejos admirando tu coraje, tu audacia para hacer cosas que todos creían que no eras capaz. Eras como yo y eso me agradó. Pero luego cambiaste, tu rebeldía paso de eso a algo que transformó tus sueños en ambiciones. Dejaste de ser la Tokio que pensé era la verdadera.

La mujer se separó de la puerta.

—¡¿Y eso qué demonios significa?! Nunca te hice nada a ti.

—Yo… siempre viví fuera de tu casa, a costillas de tu afecto —Levantó el rostro mirándola con superioridad—. Pero también conocí al rey y escuché las tantas veces que hablaste sobre sus secretos con otra persona. Traicionando su confianza, solo por una pizca de lo que tú creías era diversión.

¡Entonces estaba celosa! Era lógico, ¡debía dejar de estar mintiendo! Tokio golpeó la pared con la palma de la mano acelerando los verdaderos motivos para que Misao quisiera asesinarla.

—Mis pláticas no te incumbían.

—Lo hacían, porque en el rey encontré algo que no estaba en ti …

—¡Claro, un hombre! —Se burló—. Seguramente te hizo suya y por eso caíste y cediste antes de ser mi amiga.

No. No era eso. En ese tiempo apenas había conocido al rey Oscuro, entendiendo el porqué de su soledad y su frialdad. No solo lo admiró por su fortaleza y delicadeza, sino por su carácter, siempre prudente y disfrazado de rudeza. Mientras que solo detestaba su dolor, se montaba en los sentimientos de venganza y rencor hacia ciertos personajes con los que concordaron.

Después de tiempo de interactuar con él, se convirtió en una persona ejemplar. Alguien a quien respetaba por su franqueza y habilidades. No solo se ganó eso de ella en tan poco tiempo, sino que hubo algo más… sus heridas fueron acompañadas por su solidaridad. Ganándose su admiración y servicio, aunque mucha gente jamás entendió como una pordiosera media muerta pudo servirle a un rey como él.

Entonces, cuando por fin le rindió la vida hizo una promesa. Hasta ese día, muy bien recordaba las palabras de Battousai: "Aborrezco a los mentirosos y a los traidores, tu trabajo es acabar con todo lo que se le parezca a mí alrededor. Serás una tercera mano, oído y ojo. Solo sírveme. "

Pero nadie entendería. En ese período Tokio creía jugar con la vida de tres hombres, Saitou, el rey Oscuro y el hombre con el que se encontraba en las noches en los arbustos de su jardín. Mientras nadie la viera y notara la verdadera esencia de la santa por la que todos le creían. Ocultándose, averiguando, arriesgándose a situaciones que la pusieran en riesgo solo para disfrutar de las sensaciones de peligrosidad.

Jugaba con fuego y nadie más que ella lo notaba, una forastera que servía para observar. Una joven que por primera vez en su vida supo el valor de una promesa, de dar su palabra y entregarle la vida a alguien a pesar de ser quién era. Por eso, ese día, fue en el que renunció a cualquier vínculo con su pasado y tomó la oportunidad de centrarse en el futuro buscando gloria o devastación. Pues deseaba servir a un rey.

—Esa noche te escuché hablando de las espadas, de la noche en la que murieron sus padres, sobre Le'Seleore y las espadas —confesó Misao sacando una kunai debajo de su protector de muñecas—. También, escuché que planeabas algo en su contra mientras jurabas amarlo de verdad y convertirte en su otra mitad. Lo que él, ese sujeto, te dijo que hicieras… fue lo que me hizo desear tu muerte.

—Tonta… ¡nunca nadie te creerá!

—Y no lo hicieron. —Alzó una ceja sin interés mientras reía—. Por eso te maté y te mataré una segunda vez… aunque me haya sentido mal todo este tiempo. Como dije, tu regreso solo ha confirmado que hay algo en lo que estás involucrada y como te dije… ahora, el rey también sospecha.

—Puedes decir lo que quieras… ninguno de mis secretos es más grande que los tuyos —la provocó pegando su rostro a la puerta—. ¿O sí Misao? La razón por la que odias a todos en el reino Celeste, cómo murió el rey y por qué. Inclusive porque terminaste sirviéndole al rey Oscuro…

La figura de la soldado se tensó al dar un paso al frente desafiándola a hablar. Desconocía cómo sabia tantas cosas de ella, tan importantes y vitales que solo un par de personas conocían. Y, si se ponía a comparar la gravedad de los secretos, simplemente era ella la que salía perdiendo. Estaba en sus manos.

—No es verdad... Ni siquiera sé de lo que me estás hablando —gruñó empuñando la mano.

—Es gracioso saber cuánto conozco de ti, cuando tú ni siquiera puedes deducir cómo es que sigo viva —se burló acariciando los barrotes para provocarla—. Pero me pregunto qué dirán ciertas personas de esto. Es decir… alguien de tu calibre siendo humillada como una simple vasalla. La perra de Battousai…

—¿Qué quieres? —cedió por fin.

La chica sonrió. Al fin comenzaban las negociaciones y la razón por la que había tardado en volver. El motivo por el que había esperado y con el que ganaría la partida.

—Quiero ser tú… al menos solo enfrente de Kaoru Kamiya.

V

Caminando por el bosque hacia el reino de las sombras un par muy conocido andaba callado, Akira no atinaba cómo sacarse de encima al hombre que lo seguía y que vivía en el anonimato. Tal vez ese sería el último encuentro entre él y Tomoe, así que el tiempo apremiaba para alejarlo.

—Mi señor —dijo con voz pausada y tratando de que no se leyeran sus intenciones—, creo que desde este punto del bosque puedo llegar solo, ¿le importa si me deja?

—Akira, pequeño granuja, ¿pensabas que no me enteré de tus platicas con la 'dama de hielo', la hermana del cabello de abuelita? —comenzó a reír mientras mostraba las verdaderas y oscuras intenciones del por qué acompañaba al muchacho—. Verás, mi querido Akira, lo que hacen mis fichas en este maldito juego con el huerfanito Oscuro es responsabilidad y planeación mía, que tú te hayas acercado a ella no fue casualidad, más bien yo lo esperaba y me enorgullece que seas un gran «alfil» para mí, pero necesito algo.

Akira comenzó a sudar frío, si era algo que le pediría… y conociendo como actuaba ese tipo, no era nada bueno.

—¿En qué le puedo ayudar, mi Señor? —Por más indignante que esto sonara, él debía seguir sus órdenes, sabía que no era capaz de hacerle frente y tampoco era el momento.

Entre risas el tipo cubierto le extendió un pañuelo con una aguja de mediano tamaño—. Bien, mi querido Akira, tráeme a Tomoe Yukishiro, ya es hora de que se la devuelva al cabeza de algodón. Solo clávale esta aguja y ella se dormirá, estaré aquí esperando hasta que la traigas, el resto es responsabilidad mía. Además, debes ir donde Shishio para no levantar sospechas.

Tomó entre sus manos aquel objeto, aunque era muy pequeño sentía un gran peso. Sabía perfectamente que ese peso no se debía a la aguja sino a lo que significaba, pesaba porque dentro de unos instantes con esa aguja probablemente, así como con Misao, entregaría una vida a un psicópata a cambio de salvar su pellejo y vivir un poco más.

VI

Las pláticas entre esos dos se habían vuelto más frecuentes y a escondidas. En el ambiente se mostraba una cordialidad que nunca se esperó; caminaron a lo largo del jardín del palacio, mientras su diálogo se tornaba muy interesante. Eran libres, pues no había de qué preocuparse, nadie vigilaba el jardín ya que el rey tenía algunas prioridades más importantes que mandarlo a custodiar.

—¿Qué pasará de hoy en adelante, señorita Tomoe? Ya sabe, con eso de la guerra y la movilización de las tropas que el niño Yahiko anunció esta mañana.

Ella por un momento se quedó pensando, mientras tomaba un poco de pasto entre sus manos y la brisa se encargaba que se saliera de sus dedos con suavidad.

—Pues, Akira, el período que se nos avecina será uno muy oscuro, muerte, desolación y muchas pérdidas para cada lado. Nos tomará meses o años reconstruir e intentar cicatrizar las heridas, pero es mi deseo que el ganador, se encargue del bienestar de todos los que sobrevivan. Para que nuestro futuro sea prometedor y los que vengan después de esto miren hacia el pasado y solo lo vean como un ejemplo de lo que no se debe hacer.

Con gracia, avanzó un poco más, antes de llegar al final de los jardines; para Akira cada conversación con ella era descubrir sabiduría tras esa fachada fría que aquella mujer tenía. Hubiera deseado conocerla en otro tiempo, hubiera deseado que ellos no estuvieran en ese espacio y en las manos de diferentes reyes, porque jamás sus caminos se cruzarían. Ella, a pesar de todo, nunca sacaría de su mente o cuerpo al Rey Oscuro, y él siendo solo un sirviente no pintaba nada en ese entorno.

Tragó en seco al llegar al final del jardín. Desde allí todo tomaría otro rumbo según decidiera el protector, y, debía confiar en su palabra. Así que presurosamente Akira tomó a Tomoe con fuerza y la besó, con una mano la tenía sostenida por su nuca mientras la atraía para profundizar el beso, y con la otra clavaba la aguja a un costado de la chica, mientras ella se desvanecía en sus brazos.

Conociendo el beso de su segundo amor que guardó en secreto durante las últimas semanas… aquel que la liberó del recuerdo de un rey que era ajeno. Viéndolo en la oscuridad mientras sus labios guardaban su esencia mientras él solo pudo decir: «discúlpame».

VII

El olor fuerte de hierbas quemadas la despertó; al intentar incorporase, sus extremidades se encontraban atadas a lo que parecía ser una mesa hecha de metal, las paredes tenían antorchas y no pudo divisar ninguna salida a su alrededor en ese cuarto parecido a un calabozo. Sabía que toda esa escena no era muy favorable al sentir más frío de lo normal gracias a su desnudez.

—Oh, qué bien, mi dulce dama de hielo ha despertado. —Surgió de entre las sombras la famosa contraparte del rey Oscuro, con su cara cubierta con vendas usando un pantalón color carmín y guantes de cuero negro—. Es un gusto conocerte, disculpa tenerte en esa posición, pero sabes, no quiero que huyas de este recibimiento.

La mujer amarrada solo atinó a verlo con desprecio—. Bien, dime qué quieres de mí, no tengo nada que ofrecer que te pueda ayudar contra el rey; has utilizado recursos en vano para secuestrarme. —Incluso si su nuevo amor la había traicionado.

El sujeto de vendajes se acercó a la chica mientras la veía fijamente—. Por favor, mujer, no te menosprecies tanto, tienes mucho que ofrecer, pero no de la manera que tú piensas. Es una forma más allá de lo convencional, que ni el idiota Oscuro y el estúpido de tu hermano entenderán. Hoy, mi dulce dama de hielo, te convertirás en arte, y serás digna de saber quién soy —Descubrió su rostro y su cabellera, ocasionando sorpresa y horror en su mirada.

Toda su vida ella fue criada como una dama. Nunca tuvo demasiadas libertades y su opinión no era tomada en consideración. Por eso, el tiempo que pasó con el rey Oscuro por muy turbio que le pareciera a los demás, le ayudó a desahogar varias frustraciones. Pero nada de lo anterior la preparaba para lo que pasaría en esa noche, pues la sed de sangre dentro de los ojos de su anfitrión, eran cuchillos atravesando su alma.

Una lágrima rodó por su mejilla antes de hablar de nuevo—. ¿Me vas a ma….

Con sutileza el sujeto colocó sus dedos enguantados sobre los labios de ella—. Verás, por lo de la profecía yo no puedo matarte directamente, pero no pienses en eso en este momento, será mejor que guardes silencio.

Ella se quedó callada, contemplando la apariencia por la que varios habían pagado por descubrir. Mientras, el ahora conocido personaje se sacaba el guante de cuero de su mano derecha con una mordida. Con sutileza, comenzó a pasar sus dedos por el perfil de la cara de Tomoe, bajando por su cuello y así por todo su cuerpo. Luego aspiró profundamente y lamió sus dedos, apreciando lo que había disfrutado en ese cuerpo.

—Mi dama, me llevaré el olor de tu esencia a la tumba, esencia que tendré en mente por siempre.

Acto seguido, clavó una aguja en el brazo de Tomoe. Ella comenzó a perder el conocimiento. Poco a poco todo se nublaba, pensaba que pasaría eso que la gente le había comentado alguna vez en esas charlas triviales, cuando estás a punto de morir toda tu vida pasa frente a tus ojos. Pues para ese momento lo único que pudo visualizar fue el beso traicionero de Akira. Aquel beso que la estaba conduciendo hacia la muerte.

VIII

No puedes renunciar a la profecía solo por esa mujer y lo sabes —comentó la figura que se movía libremente no solo en su cabeza, sino que se había materializado desde el día en el que Kaoru se fue. Por eso había pedido a Megumi algunas medicinas para guardar consigo, para restringirse de esas ilusiones. Sin embargo, era evidente que eso no tenía nada que ver con su salud, sino con las espadas.

Al principio pensó que solo se trataban de sueños tontos que debía ignorar, pero no era así. Esa fuerza que tomaba forma, era el espíritu de las armas. Uno que, aunque al comienzo creyó irrelevante, con el tiempo, conforme le iba mostrando su verdadera identidad, supo apreciar al menos por su apariencia hasta descubrir qué era y qué quería de él.

—Puedo hacerlo, si lo hago desaparecerás —pronunció él bastante ocupado. Sus ojos y parte de su rostro estaban iluminados por las llamas de las velas, tan vibrantes y cálidas que parecían ser los mismos rayos solares. Sus mechones estaban atorados con algunos pasadores hacia atrás dejando limpia por primera vez toda su cara. Mientras sus manos trabajaban insistentemente en algunos escritos de su madre sobre la mesa, moviéndose frecuentemente sobre el mapa enorme que descansaba a su izquierda.

Su interés estaba en todas esas noticias y no en el producto de sus alucinaciones.

¿Y quieres que lo haga? —La nube negra que al fin había tomado forma se hincó ante sus pies posando la cabeza en las piernas del rey—. ¿Quieres que me esfume solo porque no entiendes lo que soy, Kenshin?

El rey se separó con desesperación. Tomando uno de los libros de su estante secreto donde guardaba algunas piezas de la profecía y lo posó a un lado de la libreta que había logrado recuperar de Kaoru, pero que por falta de tiempo no había leído. Parecía mero pretexto, pero no quería tener un contacto tan cercano solo porque ese fantasma le parecía familiar. Un rey desquiciado y lunático no tenía derecho a estar en el poder, así que su mejor solución era ignorarlo hasta que la guerra pasara.

—Sí, quiero que lo hagas. —Su mirada pajiza fue diferente a las otras veces. Se mantenía serio y la calma en sus ojos predominaba, casi como si le guardara respeto a esa sombra que muy bien conocía—. Si te necesite fue en vida no en estas condiciones.

Eres muy directo —El espíritu se puso de pie abrazándolo por la espalda—. Pero me enorgullece tu fortaleza, por eso quiero ayudarte; ya que no pude mostrarte todo en vida. Así que déjame hacerlo, solo cuando me lo permitas estaré aquí… cuando…

Respiró profundo, sintiendo como el dolor en su pecho se expandía hasta la boca de su estómago cada vez que esa sombra se le acercaba. Parecía una daga filosa que se encajaba cada vez más al fondo de su interior consumiéndolo en desesperación e impotencia porque el tiempo le recordara todo lo que había perdido y lo que haría si no se apresuraba.

—Cuando te elija a ti y tu profecía y no a Kaoru —completó seguro de que eso era lo que le quería decir, sacudiendo la portada de cuero de una libreta que su madre había escrito.

Eres un rey, tienes otro deber. No puedes simplemente dejarle todo a tu primo. Lo siento, pero ella morirá de todas formas si…

Su sonrisa se alargó cuando el libro cayó despiadadamente en la superficie de madera, mostrando solo su furia disfrazada.

—Es gracioso que me digas eso, cuando fuiste tú quien me dijo que la alejara de mi lado…

Dije eso, nunca pensé que cederías tu derecho solo por ella. Si te amara de verdad… tal vez, todo sería diferente.

Tenía suficiente hablando con el aire, además de que Soujiro ya estaba tocando la puerta para poder entregarle los otros documentos que había pedido. En sus planes no estaba que el niño presenciara su peor estado, en ese el cual hablaba con las paredes. Y con esto, sabría que ya era cuestión de tiempo para que el sello se rompiera. No sabía dónde ni cuándo se habían cumplido los requerimientos, pero no dejaría que terminara por desvanecerse. No cuando el alma de su madre había sido necesaria para ese sello.

—¿Por qué no hablas claramente? —exigió enrollando algunos pergaminos en su mesa para distraerse—. Comienzas a…

Te duele, lo sé, eso es un hecho.

—Claro que duele verte y no tocarte; saber que estás aquí pero no poder… —suspiró tallando su rostro. No podía desechar lo que más había querido en su vida. La palabra familia era tan sagrada para él, como lo que representaba. Sin embargo, eso estaba en el pasado, ahora tenía otra persona que le importaba y esa era Kaoru—. Dime, ¿qué es lo que quieres de mí?

La persona envuelta en sombras se acercó posando un beso en su mejilla, erizándole la piel y provocándole un escalofrió que llegó al punto de dejarlo paralizado.

Solo quiero que vivas y no rompas esos sellos. Puedes dar lo que quieras por ella, pero no tu vida, no tu corona.

Soujiro entró rápidamente al estudio dejando los papeles en sus manos en la base del escritorio para correr alrededor de la habitación que no había pisado desde hacía ya tiempo. Habían pasado un par de meses después de que Kaoru hubiera dejado el palacio y de que el rey hubiera regresado sin ella. Trayendo consigo solo una libreta que había guardado, pero ignorado, por lo que él creía formaba parte de su decisión de no ir a buscarla.

—Lo sentí —murmuró el pequeño sacerdote espantando con sus manos las pequeñas llamas de las velas que se consumían—. Usted, ¿también lo hizo? —Se giró interesado en su réplica, pero su expresión fue lo que más le interesó.

Su mirada estaba clavada en una de las paredes, absorbida en algo que había encontrado y que por el momento él no podía ver. Entonces, temió, su espíritu se conmovió por lo que fuera que estaba ahí. Era semejante a la tristeza que experimentabas cuando veías a alguien llorar o sufrir y simplemente empalizabas con su sufrimiento, provocando que tu corazón también sucumbiera en la misma pena.

El niño se sentó en el suelo, acariciando sus dedos mientras trataba de calmarse por la abrupta oleada de esa tensión de tristeza. Acercó su rostro y lo cubrió con sus pequeñas manos, limpiando disimuladamente las lágrimas que comenzaban a salir. Era como ver al rey sufrir sin presenciarlo. Aunque era difícil de explicar, ya que lucía totalmente normal, había algo en él que esa noche lo obligaba a sentir algo que no quería. A familiarizarse con el dolor en esa habitación.

—¿Qué hizo, mi señor? —lloró arrastrándose por el suelo para jalarlo de su camisa y hacerlo despertar—. Reaccione y deje de hacerlo.

Saliendo de su trance miró al niño, con ojos irritados y mejillas mojadas. Se inclinó, acariciando su cabeza y limpiando sus lágrimas con sus delgados dedos. Diciéndole que no había necesidad de que llorara, no existía un por qué y a su lado nunca lo habría.

—Ese —tartamudeó Seta aferrándose de la pierna del rey cuando recordó las enseñanzas de uno de los monjes en las montañas. A veces el alma del espadachín se impregnaba tanto en sus espadas que cuando su espíritu era liberado no solo afectaba a quien la poseía sino a todos a su alrededor. En el caso de él, con las de la profecía, todo se intensificaba—… es su espíritu. Es todo lo que siente por dentro.

—Seta —habló por primera vez soltándolo y sentándolo en una orilla de su escritorio—, quiero, deseo… romper mis lazos con la profecía.

No… El niño abrió los ojos con temor. No creía lo que se le pedía, no era correcto.

—No puede —exclamó sintiendo por primera vez alarma dentro—. Su espíritu ya está impregnado en esas espadas —Ya era tarde, en otras palabras—. Y, si lo hace por la reina… solo empeorará. Después de regresar de buscarla hace una semana, usted dijo que intentaron herirla y que incluso ella había cambiado con usted.

—Así es… Por eso estoy dispuesto a ceder las espadas. No importa si eres tú, o si alguien más las quiere, ya no será mi problema —Además estaba harto con la idea de cargar una responsabilidad y pasársela a alguien más.

El rey siguió hojeando la libreta que alguna vez había pertenecido a su madre, buscando alguna pizca de información que pudiera ayudarle a salir de eso. Pero era imposible sin el niño, el que posiblemente sabía lo mismo o un poco más que él.

—Ella…

—Lo sé —gruñó el rey reclinándose hacia atrás con fastidio y cruzándose de brazos—. Sé lo que ahora simboliza Kaoru, lo sabía incluso antes de dejarla ir. Sabía que ella se había vuelto en mi protector, el de la profecía, aunque no llevara la sangre de Shaku; todo fue mi culpa —Nunca debió acercársele.

Seta tomó asiento enfrente de él meditando en las opciones que había. El rey era consciente de lo que eso significaba y en realidad no estaba buscando una salida para él, sino para Kaoru. Y, si se equivocaba, realmente se sentía culpable y tenía la necesidad de liberar a ambos como mero castigo por involucrarla de forma inconsciente.

—Entiendo de que con ella pasó lo que con su madre. Pero el hecho de que usted reconozca que ella es su protector significa más que una sola cosa. Con esto quiero decir, que debe decirle a ella que la alejó porque el protector debe morir para que los sellos prevalezcan. Y, que no quiso nada más que alejarla de la maldición que usted carga. Además, ella necesitará el vínculo que la une a usted para no caer.

—Te llamé aquí, no para cotillear contigo, un mocoso. —resopló con molestia. Estaba cansado de repetirle a todo mundo que:—… La quiero fuera de esto. No la protegí de la mano humana para entregarla a una fuerza desconocida que ni siquiera ella entiende. Ella… no tiene que pagar por la estupidez de mi abuelo y esa ridícula magia.

Entendía claramente. Pero hasta el rey sabía que todo esfuerzo que se hiciera sería inútil para ese punto. Kaoru ya no tenía escapatoria.

—Y, si no hay salida… si no puedo liberarla renunciando a la profecía…

¡Eso era! Soujiro lo admiró justo como nunca sabría que lo hacía. Ahora entendía lo que el rey quería hacer. Si Kaoru se había vuelto el protector porque él, como elegido, le había dado relevancia. Entonces pensaba que, si renunciaba, ayudaría a quebrar todo vínculo que se hubiese formado.

En otras palabras, si renunciaba a sus derechos como el único heredero de las espadas, creía que el lazo que se había creado entre Kaoru, él y la profecía se rompería al no tener nada más que ver. Él era el camino que conectaba a Kaoru con las espadas. Y por él, ella tendría que vivir… incluso morir para sellarlas.

Era absurdo, pero juraba que por primera vez lo que muchos calificarían como que el rey sentía 'culpa', probablemente era una mera excusa… solo para salirse con la suya y quedarse con ella.

Pero…

Seta alzó una ceja mientras el rey seguía hablándole de sus planes.

¿Acaso con esto estaba admitiendo sus sentimientos por la reina? O, ¿era más fuerte lo que fuera que ellos tenían como para cederle las espadas y provocar la perdición del mundo?

—El espíritu que reside en las espadas —continuó el niño apuntando con su dedo la parte en donde hablaba de un alma de un hombre en las espadas blancas—. Aquí dice que ese espíritu trató de advertir a la reina de Luz de algo. Una segunda puerta, o sea una vez que se rompa el sello de las espadas se abrirá una puerta… —Aunque no sabía a ciencia cierta a qué se referían con eso, ya que nunca se habían roto los tres sellos y no había forma de saber lo que ocurría más que por medio de las palabras de Shaku y Nori— pero aquí dice que hay otra.

—Podemos hablar de esto todo lo que quieras Seta, pero yo me ocuparé primero de Kaoru… —soltó el rey arrojándole las llaves sobre su escritorio—. Puedes indagar más en el corredor real, cuando era pequeño mi madre me dijo que fuera ahí si necesitaba respuestas, pero solo era en caso de emergencias. Aunque antes lo visitaba mucho, deje de hacerlo por… por fastidio.

El corredor real no se trataba de otro más que el que llevaba a la recamara real y junto a la suya, donde sus padres fueron asesinados.

—Está bien… solo recuerde que de vez en cuando tiene que verla. El vínculo…

—Lo sé —Le dio la espalda—. Me retiro, que justo antes de que llegaras vinieron a avisarme que era urgente que fuera al centro de la plaza… seguramente se trata de algún estúpido que desafía a los soldados o qué sé yo…

El niño asintió sonriéndole como una despedida, mientras su cabeza era acariciada por la calidez y gentileza de esa amable mano antes de que su dueño saliera. No solo el interés de arreglar el asunto era evidente. Sino que incluso había prevalecido su importancia convirtiéndose en una prioridad comparándolo con cualquier otra cuestión. Estaba orgulloso de servirle a un rey como él.

IX

El rey bajó de su caballo al no lograr ver nada, enfadado de la conmoción entre todos los ciudadanos que habían construido una valla para presenciar algún tipo de espectáculo en el centro. Lo que solo provocó arrepentimiento por tener que asistir a eventos que involucraban a tanta gente, personalmente.

—Dejen pasar al rey —anunció Misao, quien lo había acompañado como siempre empujando a varias personas solo para abrirle camino. Y una vez logró abrirle el paso observó con horror lo que se encontraba en frente.

El aire sopló con debilidad alterando solo un poco las pequeñas llamas de las velas que se habían puesto alrededor de una mesa de centro, cubierta con manteles largos y de tela delicada solo merecedoras para la persona por las que eran usadas. En la base de esta había miles de pétalos blancos con solo flores que la condecoraban, adornando y otorgándole fragancia al altar que se había construido.

En una de las orillas había dos dagas con el símbolo de su reino, una bañada totalmente en blanco y otra dorada y resplandeciente, justo como las espadas legendarias. Luego, en medio de esa enorme mesa estaba aquello que le hizo temer por un momento. Una mujer pálida de cabellos negros, vestida en una túnica carmín parecida como a la de una diosa antigua. Mientras sus manos descansaban en su abdomen sujetando una caja de madera con el símbolo del reino Celeste.

Frustrado por la ansiedad que se había acumulado en su pecho al verla de lejos y pensar que se trataba de su peor pesadilla, aceleró sus pasos, solo para aclarar la identidad de esa mujer. Estaba blanca, tan pálida y con labios que comenzaban a pintarse morados. La tomó de la mano y se acercó a ella para darse cuenta que no había nada más que hacer por ella. Era tarde.

No era el mejor demostrando sentimientos, ni tampoco aprobaba muchos de ellos. Pero ese día no entendía qué era lo que debía o no sentir hacia esa mujer, sobre todo por lo que ella le había brindado en el pasado. No era secreto que era una porquería con las mujeres, un egocentrista sin tacto que guardaba emociones comprimidas. Menos ahora que su ex amante había muerto. Para nada. Lo que guardaba hacia ella era respeto por tratarse de otra vida humana. Después de eso cualquier cosa podría pasarle.

No experimentaba simpatía, o sensación de pérdida, sino molestia y enojo. Una abrumadora sed de búsqueda y venganza por atentar contra la mujer en cuestión. Por la que no sentía más que lastima dentro de su arrogancia y superioridad. Ese resentimiento se aferraba más al pensar que había ocurrido en su reino. Por descuidar y tomar la vida de un invitado bajo su nombre. Solo eso. De ahí, no había nada más.

Sus ojos se enfocaron en la enorme herida que se asomaba en su escote, desde la base de sus senos hasta ocultarse bajo el vestido. Intrigado por esto, decidió cargarla en brazos y llevarla hasta un lugar menos público para desnudarla, pero, al caminar con su cuerpo, las sabanas y manteles que se habían cocido a su vestido se deslizaron junto a ella. Revelando la sorpresa que aguardaba bajo la mesa. Ahí, descansaba Enishi Yukishiro, encerrado en una jaula de madera, con moretones por todo el rostro y sin la espada que Kaoru le había regalado.

Por consideración y respeto a quien posaba muerta entre sus brazos la regresó a la superficie blanca ocultando nuevamente la vergüenza y desnudez de su hermano. Con voz alta y fuerte, casi como un rugido, ordenó a todos regresar a sus casas y no salir hasta que las trompetas fueran nuevamente tocadas. A sus soldados, las siguientes órdenes fueron dadas: traerle al asesino.

Solo así y a pesar de que algunos seguían retirándose, arrancó el vestido largo de Tomoe, descubriendo la herida que surcaba desde su cuello hasta por debajo del ombligo. La cual, fue cocida con un listón que al final estaba amarrado de su caja que había sujetado todo el tiempo. En ella había un órgano humano que, en la mitad, contenía una nota llena de sangre

Hola, mi huerfanito y primo favorito. Te dejo este obsequio como muestra de mi mala voluntad. En este juego tú matas a mis peones yo mato a los tuyos, así que sigamos porque me parece demasiado divertido. Solo quiero demostrarte que yo también puedo ser creativo y ansioso, me pregunto ahora, ¿quién seguirá?

P.s: nieto de Shaku, té dejó la mitad de este corazón para que entiendas de una buena vez que sin él no se puede vivir como ya viste. ¿Ah? ¿Que, qué? ¿Y quién mencionó a Kaoru? Ah, sí, fui yo.

Furioso arrojó la caja a un lado derramando su contenido en todas las sabanas. Enrabiado, caminó decisivo sin siquiera voltear nuevamente atrás. Esa nota estúpida amenazándolo, y ese teatro… La toma de una vida inocente que no tenía nada que ver en sus asuntos con intenciones de enfurecerlo, era lo último que necesitaba.

Ya que era muy cierto lo que había pensado al ver a Tomoe sin vida. Nunca demostraba sus emociones y vivía sin interesarse en los demás. Era un simple bastardo egoísta. Sin embargo, la vida de esa mujer no se hubiese sacrificado si el estúpido supiera que en realidad solo necesitaba de la amenaza referente a Kaoru para estimularlo y buscar sus consecuencias.

Yahiko, quien apenas había llegado, corrió alado de Misao y el rey, encontrándose con un escenario que no se imaginó fuera de la guerra. Disgustado, miró a Misao pidiendo explicaciones, pero sus gestos intactos e inafectados con el asunto lo orillaron a dirigirse hacia el rey, quien seguía estudiando pensativo al cuerpo de la mujer.

—Mi señor, ¿qué es lo pasó?

—Esa —pronunció a regañadientes sacudiéndose la sangre que escurría aún de sus dedos—. No es la pregunta correcta.

Yahiko carraspeó y dejó atrás las noticias del ataque hacia uno de sus escuadrones por la frontera que separaba a Saito del terreno del ejército Oscuro. No insistió ni necesitó de un aviso, ni siquiera darle tantas vueltas al asunto. Ahí, en ese momento, estaba tratando con la versión más sanguinaria de su majestad.

—¿Qué es lo que hará, mi señor?

Battousai dio la media vuelta, caminando con calma y dejando incluso a su caballo atrás—. Tal vez la guerra entre naciones todavía está pendiente, pero no la que me acaban de declarar. Si ese bastardo quiere jugar pues jugaré, pero todos sus peones y piezas morirán antes de acercarse siquiera a mi reina. Este juego acaba de comenzar.

X

—Mi señora… —Una de las sirvientas entró a la habitación después de que se le fuera permitido, con un cojín en mano junto a un saco azul de terciopelo que envolvía otro objeto—. Esto llegó para usted. En la correspondencia el sello real del reino Oscuro sobresalta. Así que nadie más que usted puede abrirlo.

Megumi dejó de cepillar el largo cabello de Kaoru y se hizo a un lado para que así pudiera tener contacto visual.

—¿Qué dice, reina? ¿Lo abrimos? —Preguntó la más alta, guardando el cepillo que había utilizado para desenredarle el cabello luego de que había terminado de entrenar con Hiko. Su discreción y decisión tenía que ver con la delicadeza del asunto. Simplemente no podía abordar a Kaoru cuando era obvio que seguía interesada en el rey.

La observó ponerse de pie para agradécele a la anciana y aguardar por su retirada. Destapó un cofre bañado en oro con tallados extraños en su superficie, destacando la calidad del artefacto y su valor. Con cuidado, la otra chica alzó la tapa dejando caer en seguida la caja como si le hubieran quemado las manos, salpicando el suelo con sangre mientras el objeto que la había horrorizado, y hasta hecho saltar del susto, salía rodando lentamente del cofre. Era la mitad de un corazón humano amarrado de una placa que contenía un mensaje.

Asustada, llegó hasta Kaoru alejándola y llamando a los guardias, temiendo lo peor. Si era una broma del rey Oscuro era una muy cruel y que seguramente Kaoru nunca le perdonaría. ¡Ni siquiera ella podría verlo de la misma manera!

Pero entonces, al abrazar a la chica que pensó estaría temblando de miedo, se dio cuenta que su cuerpo solo se había tensado por la impresión y que incluso ella seguía leyendo la nota.

Pero... ¿Quién demonios eres…? —Se preguntó mentalmente recordando solo como hacia solo algunas semanas ella había estado deprimida por el rey.

—Mira —Le extendió el metal forrado con piel y marcado con letras—. No es del rey, no obstante, tiene que ver con él.

La mujer cuya presencia se había mantenido alado de la reina por todo ese tiempo, leyó en voz baja.

Mi querida, Kao, soy un romántico por excelencia, pero no sé si entenderás mí estilo abstracto para demostrarlo. Como le dije al rey, este humilde presente solo es para recordarles que sin corazón no se puede vivir… y si no crees, pues ya lo viviste con él, ¿verdad? Pero igual puedes preguntarle al dueño de éste. Por otra parte, sé que estás acostumbrada al trato del huérfano Oscuro, así que recibe este regalo de mi corazón, bueno, bueno, no del mío, pero se entiende, para ti…

P.s: Tomoe Yukishiro me ayudó con el regalo, sería una pena que lo deseches de mala manera si no te gusta, besitos. Ah, y bienvenida a mi juego de tablero, a menos de que no te me unas… es el turno de ustedes para tirar.

Sujetó con fuerza la placa observando las manos empuñadas con rabia de la reina. No podía creer lo que ese sujeto enfermo estaba haciendo y a lo que los estaba orillando a jugar. No simplemente era desquiciado y repulsivo, sino cruel. El trataba a las personas como meros objetos sin importancia y como piezas de un tablero que no existía, sabiendo que ambos reyes serían incapaces de hacer lo mismo que él.

Molesta, y sintiendo pena por la persona a la que habían tenido que matar para una bajeza como esa, Megumi se arrodilló para limpiar el suelo, sintiendo las manos de Kaoru deteniéndola.

—Sepultemos primero lo que queda… —susurró escondiendo su mirada azul bajo sus cabellos. Suponía que estaba a punto de llorar, ya fuera por coraje o impotencia—. Mejor limpiemos y enterremos los paños con la sangre y… el corazón.

Asintió concordando con la única muestra de respeto que por ahora podían darle. Pero antes de que Kaoru se levantara por más pañuelos la sujetó de la muñeca, manchando su blanca piel con el color de la sangre. Con esa nueva actitud tan fuerte que ella seguía demostrando era difícil saber lo que pensaba. Cada vez ya era difícil ver a la niña que había llorado semanas atrás. Era un misterio saber qué clase de mariposa saldría de su capullo.

—¿Qué harás, Kaoru?

—Es fácil, en ese juego en el que me han invitado a jugar todas las piezas se mueven por un motivo en común y solo de una manera, —susurró Kaoru apretando la quijada con coraje—excepto la reina.

La doctora la tomó con más fuerza—. ¿Qué quieres decir?

La reina suspiró y alzó la barbilla con seguridad—. En simples palabras, la reina se mueve solo para proteger a su rey…

Ella… sin duda había cambiado.

Continuará.


Notas de autor: Gracias a los que comentaron y a los que estuvieron en espera del fic. En este capítulo en especial quisiera dar las gracias a un gran amigo que siempre estuvo para escuchar y leer mis locuras en cuanto a este fic. Con el que pude desahogar, desarrollar ideas y trabajarlas mejor cuando alguien más escuchaba o me leía. Pienso que si algún día llego a morir (haha ¡que dramas!) y no termino esta historia y sus secuelas, él es el único que podrá continuarlas ya que se sabe de principio a fin mis ideas y trama y qué es lo que quiero, es el que más me entiende y al único que llene de spoilers hasta mas no poder. También, fue este amigo quien me dio la idea de una muerte nostálgica para Tomoe pero sin «pasarme de la línea» ya que para nada se trata odio al personaje o algo por el estilo. Es solo que a alguien le tocaba morir y para los planes de mi historia y el desenvolvimiento de más personajes le tocó a ella. Bueno, en fin, muchas gracias a Edi, esta es nuestra despedida. Gracias por siempre estar ahí. Este es un capitulo que relata algo que tenemos en común.