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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL SENTIDO DE MI VIDA
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Capítulo XXVII
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-Edward… - El murmullo de Bella acompañado por el tacto de la palma de su mano sobre mi mejilla y sus ojos interrogantes y preocupados, pidiendo a gritos una explicación, consiguieron que volviera a la realidad. Parecía que no todo iba a ser alegrías el día de hoy…
-Escuche, es importante, necesito hablar con ella. - Habló su padre al otro lado. Cielos… ¡Su padre!
En seguida reaccioné y me erguí en el sofá quedando sentado y provocando que Bella imitase mi acción. Podía sentir su intensa mirada sobre mi rostro, estudiando cada uno de mis gestos y reacciones para intentar descifrar qué estaba pasando.
-¿Qu-quien dice que es? - Pregunté aun sin poder asimilarlo.
-Mire, entiendo que esté preocupado por mi hija. Ni su madre ni yo nos merecemos su perdón ni mucho menos que nos dirija la palabra, ni deje que le demos una explicación de lo que ocurrió, pero necesito hablar con ella urgentemente. - Mientras Charlie hablaba en tono desesperado y algo avergonzado, Bella no dejaba de gesticular a mi lado.
-¡Edward! ¿Qué pasa? - Susurró desesperada.
-Sé que está ahí, por favor. - Miré a Bella de reojo, no sabía qué hacer. ¿Cómo iba a pasarle el teléfono sin haberla preparado antes? No podía permitir que su padre, con quien jamás había hablado y mucho menos visto, llamase después de tantos años y pretendiese hablar con ella como si nada. Ella seguía mirándome, esta vez un poco enfadada y con el ceño ligeramente fruncido.
-Tengo su número registrado en este teléfono, volveré a llamarlo más tarde. - Respondí retirando la vista de Bella.
-No lo entiende, es algo importante. Mi madre, la abuela de Isabella ha fallecido, páseme con ella. - Aquello último fue pronunciado con un tono duro, una rotunda orden que casi no me afectó, porque lo único de lo que podía ser consciente en ese momento era de la información que me había dado. Me agarroté sin poder evitarlo. Marie había muerto. Aquella persona que se había encargado de mi princesa desde que era una recién nacida había muerto… ¿Cómo iba a decírselo a Bella?
-Creo que lo mejor va a ser que se lo diga yo mismo, va a ser demasiado para ella. Le prometo que luego volveré a llamarlo, confíe en mí. - Contesté en mi tono más serio, dándole a entender que iba a cumplir mi palabra y que no iba a cambiar de opinión. Un suspiro se escuchó al otro lado.
-Bien, Edward… En el fondo puedo comprenderlo, me alegra que alguien se esté ocupando de mi pequeña y se preocupe tanto por ella. - Cerré los ojos con fuerza. ¿Cómo podía decirme aquello? ¿Se alegraba? ¿Acaso Bella le importaba? ¿Por qué entonces no se quedó junto a ella para educarla, para verla crecer, para amarla…?
-Adiós. - Dije simplemente, y colgué.
Respiré profundamente y mordí mi labio superior efímeramente mirando a Bella.
-¡Dime de una vez quien era! ¿Por qué estás así? ¿Qué ha pasado? - Sus preguntas eran claras exigencias y mi cabeza aún se negaba a asimilar todo lo que había pasado. Cogí mi jersey, que había aterrizado en las baldosas, y se lo puse yo mismo, para después ponerme mis boxers.
Un pequeño gruñido de rabia salió desde lo más profundo de su pecho. Abrí mis brazos, y aun sentados en el sofá, la abracé con fuerza; de algún modo quería hacerle entender con aquel gesto, antes de decirle lo que había pasado, que jamás iba a estar sola, que yo era su apoyo incondicional y que siempre estaría para ella, pasase lo que pasase.
-Edward… por favor… - Murmuró con la voz estrangulada, separándose de mí y acunando mi rostro con sus manos. - ¿Qué pasa?
-Amor, quiero que sepas que siempre voy a estar contigo, no importa los obstáculos que se presenten, tampoco los acontecimientos que nos marquen para bien o mal. Me tienes para siempre. - Las lágrimas empezaron reunirse en sus ojos chocolates enrojeciéndolos.
-Edward… - Se llevó una mano a los labios cuando comenzaron a temblarle. - ¿Quién ha llamado? ¿Era Jessica…? ¿Era ella?
-No… no era Jessica. - Su gesto se relajó levemente, aunque bien sabía yo que solo iba a ser temporalmente. Podía notar como los latidos de mi corazón cada vez aumentaban de velocidad.
-¿Entonces? - Me la quedé mirando. Me daba miedo decírselo, mucho miedo.
-Dios, Bella… Me siento con una responsabilidad enorme, pero tienes que saberlo, preciosa. - Contesté entrelazando una de sus manos con la mía.
-Dímelo… - Pidió suplicando.
-Era… tu padre.
De un momento a otro sus ojos se abrieron de par en par y sus labios dibujaron una perfecta "O", opacada por el gesto de sus manos, que se habían reunido en aquella zona también. Una lágrima acarició su mejilla al mismo tiempo que cerraba sus ojos con fuerza y cerraba sus manos en puños para ponerlas sobre sus rodillas.
-Mi padre… mi padre… Edward, no puede ser mi padre. No. - Rodeé con mis manos sus puños y esperé a que ella abriese los ojos para mirarme.
Estaban rojos y llenos de lágrimas retenidas.
-Cielo… Sí lo era, pero no te pongas así, por favor, tienes que ser fuerte.
-¿Por qué? ¿Por qué aparece ahora? ¿Qué demonios quiere? ¡Ya me hizo mucho daño! ¡Me lo ha estado haciendo todos estos años! ¿Qué quiere? - Su llanto se materializó y los hipidos le dificultaban el poder hablar con claridad.
Me sentía inútil por no saber qué hacer, solo podía abrazarla, escuchar sus reclamos e imaginar qué pasaría cuando le diese la noticia que sí le iba a afectar de verdad. Sabía que tenía que hacerlo ya, no podíamos perder más tiempo.
-Ha llamado para darte una noticia, amor, y no es buena. - Murmuré acunando su rostro con las manos y apoyando mi frente en la suya.
-¡ ¿Y qué me importa lo que le pase? ! ¡ ¿Acaso le importé yo en algún momento? - Vociferó llena de rabia, levantándose del sofá y llevándose una mano a la frente. Al mismo tiempo me levanté yo y la volví a abrazar.
-Estás hablando desde el rencor, Bella, tienes que tranquilizarte, sino no voy a poder decirte qué es lo que pasa.
-Dímelo de una maldita vez. - Pidió forcejeando conmigo para que la dejara libre.
-Bella, Bella, por favor, tranquila. Tienes que estar tranquila. - Supliqué desesperado, consiguiendo rodear su cintura con uno de mis brazos, ciñéndola a mí y obligando a que me mirara a los ojos con mi mano en su rostro; fui brusco en mis movimientos, pero tenía que ver su mirada. Sus ojos se suavizaron cuando conectaron con los míos y profirió un pequeño suspiro.
-Lo siento, amor. - Se disculpó pasando sus brazos por mi cuello para abrazarme. -Tú preocupado por mí y yo comportándome como una loca, perdóname. - Dejó un beso sobre mi clavícula. -No sé qué haría sin ti, te has convertido en alguien esencial en mi vida.
-Mi pequeña… tranquila, voy a estar siempre contigo, ya te lo he dicho.
-Lo sé… - Respondió arrepentida.
-¿Estás algo más tranquila? - Pregunté después de unos segundos, mirándola a los ojos.
Ella solo asintió, aunque en sus ojos podía leer los innumerables interrogantes que transmitían. Desafortunadamente tendrían que esperar, porque ahora había algo mucho más importante que debía saber.
Y yo estaba muerto de miedo.
-Tienes que ser fuerte cuando te diga para qué llamó Charlie, Bella. -Su ceño se volvió a fruncir ligeramente. - Es un golpe muy duro, pero tienes que superarlo. Sabías que tarde o temprano iba a pasar, cariño… - A medida que iba hablando podía darme cuenta a través de su mirada, como ella misma iba encajando mis palabras, una a una. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y supe que iba bien encaminada.
-Mi abuela… No, mi abuela, no. - Contuve mis ganas de llorar, tenía que ser fuerte, no podía derrumbarme. - ¡No! ¡Dime que no es lo que me estoy imaginando! Por favor, mi amor, dime que no… - Pidió casi suplicando en un hilo de voz.
Yo no podía dejar salir ni una palabra más, sentía que iba a derrumbarme frente a ella en cualquier momento y no podía permitirlo, por ello la abracé, la abracé con fuerza, ofreciéndole de nuevo todo lo que podía darle: mi amor, mi apoyo, todo lo que ella necesitase.
-Sí, mi amor… Tu abuela ha fallecido. - Luché por mantener las ganas de llorar, ahora era ella quien necesitaba alguien fuerte a su lado para que pudiese salir adelante. Alguien con la mente fría, que pudiese pensar con claridad.
-Tenemos que irnos. - Murmuró deshaciéndose de mi abrazo fugazmente para subir por las escaleras aun hipando.
Suspiré y mantuve la compostura hasta que ella desapareció por las escaleras. Caminé hasta el sofá para recoger las prendas que aún permanecían en ese lugar sintiendo un peso insoportable en mi pecho y una presión enorme en la cabeza. Me dirigí hacia las escaleras, tratando de ser fuerte, de mantener la compostura para no caer frente a Bella, pero en el momento en el que sentí el agua de la ducha de la habitación me detuve antes de subir el primer escalón para dejar que las lágrimas que había obligado a reprimirme saliesen sin ningún impedimento.
Sabía que esto iba a ser difícil para Bella y que la iba a marcar muchísimo. Tampoco entendía muy bien qué hacía su padre con su abuela en esos momentos, ni qué pretendía conseguir apareciendo después de tantos años.
El rostro inmóvil de Marie vino a mi mente en ese momento, junto con su viva mirada: había sido lo mejor para ella desde luego, ella ya tenía que descansar, después de tanto dolor se lo merecía.
Llené mis pulmones de aire y sequé con mis puños las lágrimas antes de subir los escalones y reunirme con la mujer que más me necesitaba en estos momentos.
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-Amiga… - Murmuró Jessica al ver a Bella, quien se derrumbó una vez más abrazándose a ella. -Tienes que ser fuerte, tu abuela estaba muy mal, ya lo sabías, Bella. - Podía ver como Bella negaba con la cabeza aferrada a ella. Jessica me miró y me lanzó una mirada llena de angustia y pena. -Está en un lugar mejor, cariño.
-Llévame con ella, hazlo. - Ordenó apoyándose en ella y siguiendo los pasos de Jessica. Yo las seguía a su lado, con mi mano entrelazada con una de las suyas.
Habíamos llegado a media mañana, no habíamos podido llegar antes y era evidente que Bella se sentía muy apenada porque no había podido estar con su abuela en el momento de su muerte.
Antes de salir de casa y de informar a Alice y a mi padre de lo que había pasado, llamé al padre de Bella también como le había prometido, y le pedí que no intentara nada con ella, porque lo que menos necesitaba en esos momentos era que su padre desaparecido, quien la abandonó al nacer, apareciera ofreciéndole sus condolencias como si realmente le doliera.
Él lo había entendido, pero había negado rotundamente su evidente rechazo hacia Bella, provocando que me hirviera la sangre y me despidiera de él de manera descortés, sin darle tiempo a que me dijera un adiós, pero ¿qué podía hacer? Me había dado muchísima rabia que él, después de tantos años, apareciera en un momento tan difícil para querer hacer las paces con su hija.
Jessica llamó a casa unos minutos más tarde que Charlie, disculpándose por no haber sido ella quien llamase a su amiga. De camino al aeropuerto nos estuvo explicando que en ese momento ella no estaba en la clínica y al ser Charlie el hijo de Marie nadie del personal encargado, supuso que tuvieran que avisar a nadie más.
Nos llevó a la clínica de su abuela, quien ya estaba preparada para el traslado al cementerio. La amiga de Bella se había portado excelentemente y lo había preparado todo.
El momento del reencuentro con su cuerpo fue desgarrador. Hubiese deseado salir de allí y no presenciar tal grado de angustia, tanta tristeza, porque yo mismo estaba volviendo a sentir la pérdida de mi madre.
Pero no podía huir, ya no más. Me negué a esquivar el dolor que me producía el ver a Bella tan desolada; ya no más. Rodeé la cintura de ella con mis brazos y escondí mi rostro en su nuca al mismo tiempo que ella abrazaba a su abuela sacando todo su dolor en forma de lágrimas.
-Mi amor… tienes que ser fuerte. - Murmuraba ejerciendo más fuerza en mi abrazo, deseando que ella sintiera que iba a estar con ella siempre, para siempre.
Pero en esos momentos entendía que ni me escuchara. Era normal que quisiese pasar unos segundos a solas con la que había sido, más que su abuela, su padre y su madre. Reuniendo fuerzas la solté, no sin antes dejar un beso en su cuello y me dirigí hacia la salida, reuniéndome con Jessica quien permanecía sentada en el pasillo intentando retener las lágrimas.
-Hubiese deseado que esto no pasara nunca… - Dije rompiéndome en el acto.
-Edward… - Dijo Jessica levantándose y poniendo una mano en mi hombro. -Era algo inevitable, yo hacía tiempo que lo estaba viendo venir, aunque realmente parece ser que lo que finalmente le cobró su vida… fue… fue la visita de su hijo. - Fruncí el ceño extrañado.
-¿Qué? - Pregunté. Ella miró hacia la puerta comprobando que Bella aun no salía.
-Por lo que Mel, la enfermera de Marie, me contó, ella sufrió un infarto al ver a Charlie… - Susurró.
-Dios.. - Dije molesto. - ¿Es que ese hombre cree que no ha hecho suficiente daño ya? Por Dios, es increíble. Abandonó a su propia hija, se desentendió de ella y ahora le arrebata lo que más quie…
-No era mi intención. - La voz grave de Charlie hizo que me tensara aún más de lo que ya estaba.
Me pareció que el tiempo se detenía y se me escapaba a partes iguales a medida que me giraba para darle la cara y conocer por fin el rostro del hombre que tanto daño había causado a Bella. Podía sentir las uñas de mis dedos clavarse en las palmas de mis manos a causa de la fuerza con la que cerraba mis puños.
Quedar frente a él me llenó de ira y de odio el alma. ¿Cómo un padre podía abandonar a su hija recién nacida y esfumarse sin más, sin dar ninguna explicación, y volver como si nada hubiese pasado?
Los ojos se me estaban llenando de lágrimas a causa de la rabia que sentía en aquellos momentos, porque no iba a permitir que él entrase en aquella habitación y tampoco que le hiciese más daño a Bella.
-Charlie… - Una suave voz femenina, parecida a la de mi niña, me obligó a desviar la mirada de aquel hombre, ofreciéndome la visión de dos orbes grandes y azules mirarme con cierto temor y culpa.
Era cierto que el rostro de Bella era muy parecido al de su padre como me había dicho ella misma, pero la forma de aquellos ojos, aquella mirada, a pesar de ser de un color diferente, y aquella mueca en la boca precavida, también me eran muy familiares.
Tanto como para pensar que podía ser la madre de Bella.
Su madre…
-Déjame, Renee. No hemos venido a empeorar las cosas y no pienso darme por vencido. - Le habló él a ella.
-Bella no quiere verle. - Afirmé rotundamente. Ella misma me lo había confesado unas horas antes en el avión.
-Pero tengo… tenemos que hablar con ella, las cosas no pueden quedarse así. - Contestó él.
-¿Cree que es el momento más adecuado? Sinceramente. ¿Piensa usted que ahora Bella puede ocuparse de todo lo que tenga que decirle, cuando casi se acaba de enterar que su abuela, por no decir su propia madre,… - Pronuncié en tono más alto mirando a la mujer, quien cada vez estaba más seguro que era la madre de Bella- … ha muerto? Piense un poco y tenga un poco de tacto con todo este asunto. No ha sido fácil para ella enterarse el mismo día que su abuela había muerto y que su padre había aparecido. -Expliqué sacando todo el enfado que tenía dentro, atacándole en susurros para que Bella no se enterara.
-Charlie, el chico tiene razón. - Le dijo la mujer. - Es normal que Bella quiera estar con Marie, ha sido quien ha dado su vida por ella, tendremos tiempo de explicárselo todo cuando ésto haya pasado. - Fruncí el ceño tragándome los reclamos para otro momento "¿explicárselo todo?" ¡Já! ¿Qué pensaban contarle?
Renee se quedó mirándome, pero a diferencia de Charlie, en su mirada no encontraba la desesperación de la de él, sino una inmensa paz. Sus ojos se clavaban en los míos con tal intensidad, que no pude evitar sentirme a gusto, a pesar de que mi mente y mi corazón me gritaban que aquellas dos personas no se merecían ni una pizca del cariño que Bella pudiese brindarles.
Era como si a ella le gustase lo que veía en mí, como si se sintiese tranquila después de todo, y yo sin poder impedirlo tuve que agarrarme de repente a aquella pequeña situación esperanzadora, comenzando a pensar que quizás no todo era lo que parecía…
-Edward… - Murmuró Bella sollozando, saliendo de la habitación y abrazándose a mí, sin fijarse en las dos personas que teníamos a tan solo unos pasos de nosotros. -Edward, ya no me queda nada.
-Shh, mi amor, yo estoy contigo. Me tienes a mí, siempre vas a tenerme, jamás te dejaré.
Respondí abrazándola con fuerza, mirando de soslayo, en algunas ocasiones, la expresión de Charlie y Renee.
Él se había quedado paralizado. Su rostro daba la clara impresión de querer extender su mano para ofrecerle su apoyo a Bella, pero permanecía inmóvil al lado de Renee, quien parecía agradecida por algo a pesar de la clara tristeza que expresaba su rostro. Los dos tenían los ojos aguados en lágrimas a punto de desbordarse.
Renee pasó uno de sus brazos por el pecho de Charlie y se lo quedó mirando esperando algo por la parte de él.
Todo esto era tan difícil… Tenía a Bella entre mis brazos, llorando sin control, ajena a la presencia de aquellas dos personas…
-Bella, cielo… Tenemos que ir al cementerio. - Susurré en su oído dejando un suave beso detrás de su oreja.
-Sí… lo sé, lo sé… pero me cuesta tanto asimilar todo esto, es como si quisiese alargar el proceso…- Se separó de mí para mirarme con la respiración algo más ligera. - Lo siento, Edward. - Fruncí el ceño.
-Bella, ¿Qué es lo que sientes, cariño? - Pregunté volviéndola a abrazar y sintiendo como su llanto retomaba el ritmo anterior. -No podías controlarlo y ha pasado, y yo estoy aquí contigo y jamás… Escúchame bien. - Dije acunando su rostro para que me mirara, pasando mis pulgares por sus mejillas para secar un poco sus lágrimas en el acto. - Jamás vas a estar sola. - Sus ojos se clavaron en los míos acallando sus hipidos y me sonrió en agradecimiento levemente. Yo acerqué mis labios a su frente para besarla y acaricié sus brazos desde sus hombros hasta llegar a sus manos. -Ahora nos vamos a ir con Jessica al cementerio. - Ella asintió, rodeó con uno de sus brazos mi cintura y con la cabeza gacha, apoyada en mi hombro, caminó conmigo por el pasillo hasta el ascensor sin percatarse si quiera del hombre que la miraba con el arrepentimiento plasmado en la mirada.
Después de las palabras del sacerdote y de enterrar el féretro, Bella volvió a derrumbarse. Éramos pocas personas, a penas siete, quizás ocho y no conocía a nadie a excepción de Jessica, pero eso era lo que menos me importaba, todas ellas lloraban.
No vi ni a Charlie ni a Renee. Quizás por fin habían entendido que no era el mejor momento para hacer acto de presencia frente a Bella quien seguía derrumbada.
Bella recibió las condolencias y después nos dirigimos a casa de su abuela, la que siempre había sido su casa. Parecía algo más tranquila después de beberse la tila que Jessica le había preparado, pero se notaba a leguas el cansancio que arrastraba.
-Bella, deberías descansar. - Le dije dando un apretón a su mano, la cual no había soltado en ningún momento.
-Sí… lo necesito, aunque no sé si podré. - Respondió ella.
Tiré de su mano y sonreí a Jessica, disculpándome, antes de llevarla a su habitación. La ayudé a quitarse los zapatos y la dejé tumbada, no sin antes arroparla con una mantita que descansaba en los pies de la cama.
-Gracias, amor. - Murmuró. - Gracias por todo.- Me arrodillé a su lado y besé su frente.
-No me des las gracias. ¿Qué hubieses hecho tú en mi lugar? - Ella se me quedó mirando.
-Ha sido muy difícil para mí y tú te has portado mejor de lo que jamás hubiese imaginado.- Confesó.
-Mi princesa tonta, siempre pensando que nadie va a dar nada por ti.
-Es lo que la vida me ha enseñado… - Dijo bostezando al final. Eso me hizo pensar en sus padres de nuevo… - Y ver que tú te portas tan bien conmigo, que me haces tan feliz y que te tengo tanto para lo bueno como para lo malo también me emociona.
-También has tenido a tu abuela y a Jessica. - Afirmé besando su mejilla cuando volvió a bostezar.
-Mi abuela… - Murmuró con la voz quebrada.
-Intenta dormir, cariño, yo voy a estar abajo, si necesitas algo solo tienes que llamarme. - Ella asintió antes de cerrar los ojos.
Me dirigí al salón para reunirme con Jessica.
-No habéis comido nada los dos desde que habéis llegado. - Comentó cuando me senté en la mesa.
-Yo ahora mismo no tengo apetito y dudo que ella lo tenga, pero tranquila, ahora lo que necesita es descansar, más tarde la obligaré a comer algo… ¿Tú quieres algo de comer? Puedo llamar al…
-No, no, tranquilo. Yo tampoco tengo apetito y si lo tuviese puedo ir a casa de mi abuela, vive aquí al lado.
-Ah, sí… era aquella mujer mayor que te acompañaba junto a aquella pareja, que supuse que eran tus padres.
-Sí. Mi abuela y Marie siempre han sido muy buenas amigas y se han querido mucho. - Eso no tenía que jurarlo, había podido ver el rostro destrozado de aquella mujer cuando se acercó a Bella y las dos se abrazaron. Sonreí agradecido.
-Después de todo, ella no ha estado tan sola y eso me deja un poco más tranquilo. Gracias por eso, Jessica.
-Bella es muy fácil de querer, pero nunca se da a ello. Conoce a gente, se socializa pero sin involucrarse mucho tampoco. Si te fijas soy yo su única amiga aquí.
-Pero ¿por qué razón? - Ella arqueó las cejas.
-Cuando era pequeña se burlaban de ella porque no tenía padres. Ya sabes, algunos niños pueden llegar a ser muy crueles. - Suspiró. -Y ella se creó como una coraza, para que nadie pudiese hacerle daño. - El corazón me dio un brinco sin poder evitarlo al escucharla. -Las malas experiencias, si no sabes afrontarlas acaban pasándote factura, -qué bien sabía eso yo también, pues lo había vivido en carne propia. - y fue lo que a ella le pasó. Dio todo su cariño a su abuela y bueno… en el camino se encontró conmigo de paso. - Rió. -Aunque nuestra amistad es más de hermanas que de simples amigas. Nos conocemos de toda la vida, supongo que por eso he conseguido un hueco en su corazón.
-Vaya… Bella no me había contado eso.
-Es típico de ella. - Abrió los ojos. - Nunca desea preocupar a nadie. Pero es un sol… - Se puso seria de repente. - Así que como me entere de que le haces daño… te las vas a ver conmigo. - Murmuró amenazándome con un dedo. Después reímos ligeramente.
-Aunque ahora que lo pienso… - Murmuré frunciendo el ceño cuando me acordé de alguien. - Bella, al principio tenía un… - puse los ojos en blanco, incómodo. - un amigo en Ronda. El chico se llama Jacob y…
-Ah, sí. - Me cortó. - Me habló mucho de él durante un tiempo, se llevaban realmente bien y yo estaba más tranquila porque parecía que había conocido a alguien que le hiciera llevar la soledad de manera más llevadera. Pero después me dijo que él se le había declarado y que puso distancia de por medio por ti… - Sonreí un poco avergonzado acordándome de cuando ella me aclaró lo que había pasado aquel día…
-Desconfié de ella. - Comenté serio. - Me arrepiento, pero es que la amo tanto, Jessica, que me daba muchísimo miedo que ese… Jacob. - Dije escupiendo su nombre. - me la quitara. Las cosas no iban bien, en ese momento todo era complicadísimo y sentía que en cualquier momento podía perderla…
-Pero no la perdiste. - Me dijo sonriendo. - Ella te ama de la misma forma, Edward, no me cabe duda. Hazme caso, sé cómo piensa, para eso es mi mejor amiga. Está loca por ti. - Suspiré más tranquilo.
-Quizás… debería hablar con ella para que volviese a verlo. Yo no soy nadie para prohibirle nada. - Dije arrepentido. Jessica rió entre dientes.
-Ay, Edward… - Suspiró. - Bella puede ser tímida, ingenua… pero nunca hará nada que no quiera. Si decidió que lo mejor era dejar de ver a Jacob fue porque ella lo creía conveniente, y créeme que cuando de dos personas, solo siente una… lo mejor es cortar por lo sano. ¿No lo crees? - Me preguntó.
-Sí, por supuesto, viéndolo de ese modo, tienes razón. Aunque tal y como fueron las cosas, pensé que yo era el causante de ese distanciamiento. - Respondí recordando la desesperación de Bella aquel día en la cocina intentando hacerme entender que no había pasado nada con Jacob y que no iba a volver a verlo.
-Todos los hombres os pensáis el centro del universo… - Reí.
-No… para mí el centro de todo, es Bella. - Jessica se quedó mirándome conforme y yo me quedé más tranquilo sabiendo algo más de mi pequeña.
Habían pasado tres días desde que habíamos llegado a Tucson. Bella estaba en el pequeño jardín trasero de la casa de su abuela descansando, sentada en uno de los escalones del porche, después de terminar de preparar las maletas para salir al día siguiente a Málaga. Esa misma mañana yo le había dicho la verdadera razón por la que Marie había muerto, pues su cabeza ni le había dado para preguntar la razón de su muerte.
Solo frunció el ceño y negó con la cabeza llevándose una mano a la frente. Ella misma era consciente de que no podía hacer nada más, que todo estaba hecho.
-Amor, ¿vamos a cenar? - Pregunté de pie, detrás de ella, pero Bella no respondió.
Llené mis pulmones de aire y lo dejé salir poco a poco, antes de sentarme a su lado y rodear sus hombros con uno de mis brazos para acercarla más a mí.
-Si él no hubiese regresado… mi abuela aun estaría viva. - Cerré los ojos con fuerza y la estreché más contra mí.
-Cariño… tienes que entender que podía pasar en cualquier momento, de nada sirve echarle la culpa a nadie. Además… seguro que ya descansa en paz y donde quiera que esté, cuidará de ti, mi vida.
-Pero ha sido su culpa. - Dijo entre dientes con rabia.
-Estoy seguro de que la intención de tu padre no era que sucediese esto.
-No es mi padre. - Casi grito separándose de mí para mirarme a los ojos con determinación.
-Sí que lo es. Por mucho daño que te haya hecho lo es, Bella.
-Un padre no abandona a su hijo al nacer. - Había tanto dolor en su voz y tanta verdad en aquella afirmación que no pude rebatirle nada. Besé su coronilla estrechándola más junto a mí.
-Deja de pensar en eso, y vamos a cenar, últimamente no estás comiendo mucho y tienes que alimentarte. - Bella me miró y me sonrió tiernamente, dejando escapar a través de sus ojos el amor y el agradecimiento hacia mi persona. Se me erizó la piel.
-Te quiero, Edward. - Murmuró antes de besarme en los labios suavemente, saboreándolos despacio y con todo el amor que sentía.
-Y yo a ti, princesa. - Contesté entre besos.
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Poco a poco todo parecía ir volviendo a la normalidad. Las sonrisas de Bella, a medida que pasaba el tiempo, después de volver de Tucson, eran cada vez más frecuentes. Yo me encargaba de eso en gran medida, aunque Rose, mi hermana y por supuesto Clare también habían tenido algo que ver.
Cuando no era yo el que la llevaba al cine, a cenar, o la sacaba a pasear, eran ellas las que sin previo aviso se presentaban en casa y sin dudarlo me la robaban para llevársela de compras.
El calor cada vez era más notorio en Ronda, estabilizándose ya a mediados de junio, y a veces nos apuntábamos a la piscina de casa de mi hermana o los invitábamos a ellos, lo importante era mantenerla distraída, y aunque en ocasiones, era imposible que el recuerdo de su abuela se abriese paso, sentía que estaba muchísimo mejor.
Otra de las preocupaciones que seguramente Bella se callaba era el dichoso divorcio, el cual iba muchísimo mejor.
Tyler ya había enviado a investigar a un detective que había seguido a Tanya y el cual la había fotografiado saliendo del mismo hotel en varias ocasiones, siempre antes que Esteve. Ahora el plan estaba en que yo mismo fuese a la que alguna vez había sido mi casa con la excusa de entregarle a Tanya un documento que acreditaba su posesión de la misma. A cambio yo llevaba una cámara en el bolsillo de mi chaqueta camuflada en un bolígrafo para grabar su farsa, la cual sería retransmitida hasta el lugar donde se encontraba el inspector de policía con dos subinspectores más y por supuesto, Tyler .
-Ten cuidado, por favor. - Me pidió Bella.
Su rostro reflejaba el temor que sentía. Negué con la cabeza y la abracé antes de besarla en los labios.
-No va a pasar nada. Ayer me explicaron que todo estaba correcto, solo llevo un bolígrafo en la chaqueta, Bella, no va a sospechar nada. Recuerda que con esto ganamos y todo va a ser más fácil. Tanya va a ser acusada de robo valiéndose de engaños y tú y yo vamos a ser felices.
-Está bien… Te estaré esperando. No tardes. - Murmuró apenada, yo reí.
-Bella, tranquila. Recuerda que te amo. - Dije besándola, entrelacé una de sus manos y caminé con ella hasta la puerta.
-Hasta luego. - Se despidió.
-Hasta luego. -Respondí dejando un suave beso en sus labios al mismo tiempo que abría la puerta de entrada, pero…
Justo en frente de nosotros, en la verja, estaban a quienes menos esperábamos en estos momentos. Me quedé estático y sin saber qué decir, Bella por el contrario parecía serena. Quizás la lejanía a la que se encontraba no le permitía distinguir bien el rostro de su padre, el cual con los años había envejecido.
Charlie y Renee permanecían a la espera con cara de sorprendidos igualmente, supuse porque no habían imaginado que nuestro reencuentro fuese así.
-No puede ser… - Susurré.
Bueno, pues sí, como muchas dijisteis en los rr... Marie muere... :( Y ahora Charlie parece que viene con ideas de querer recuperar a Bella... así que a ver qué es lo que pasa...
Gracias a todas, en especial a:
saraes, Sarah-Crish-Cullen, valinight, Elyta, Iare, crismery, Cullen Vigo, Aliena Cullen, Milhoja, SsiL, Black Cullen, nany87, Paaameeelaaa, NuRySh, Jos WeasleyC, Patchmila Cullen Mellark, Denisse-Pattinson-Cullen, EdithCullen71283, joli cullen, bellaliz, Sky Lestrange, Yeya Cullen, CaroBereCullen, ludgardita, codigo twilight, cutita2, liduvina, Nurymisu, kelly hale cullen, Nishali Black Cullen, ObsessionTwilight16, BABYBOO27, Samy Cullen Black, IgotYOUunderMYloveSPELL, linda-swan, Carolina Cullen Swan, MnM9, fabi91, anita cullen, Chayley Costa, Maya Cullen Masen, Lightning Cullen, janalez, alexpattinson, indacea, MaxiPau, ISACOBO, ImPoly, jupy, Clacanward, Desi 81, lokaxtv, dioda, AnithaPattzCullenPacker, imtwilighter, Rommita Cullen, TinaCullenSwan, lady blue vampire, anyreth, madaswan, etzelita, Nayuri80, sory78, MarcelaMaciel.
Nos leemos en el siguiente..
Un besazo chicas! :)
