Hola!

Gracias por los mensajes que apoyo que me dieron en la explicación, es por estos pequeños detalles que quiero seguir escribiendo n.n

Ahora, en este capitulo no me centré tanto en Kise y Aomine (mátenme), se concentra más en Kuroko y en sus sentimientos. Además, me salió un poco largo, así que una parte (una muy grande de hecho) tuve que pasarla para el siguiente, les aseguro que valdrá la pena.

Y... esta semana no habrá preguntas, porque no creo que queden muchas con lo que tengo planeado ¬u¬

Solo eso quería advertir, disfruten el capítulo!


Al día siguiente, Kuroko despertó con un ligero malestar en la cabeza y su cuerpo estaba adolorido. Se sentía mareado y débil, como cuando la entrenadora lo obligaba a hacer ejercicios extra por llegar tarde además de obligarlo a guardar todo el equipo. Era extraño, el día de ayer no hizo nada fuera de lo usual, salvo ir a casa de Shigehiro. Tampoco había dormido en mala postura y su colchón era nuevo, imposible que fuera eso.

"Quizás sea por el cambio de estación" pensó, pues su cuerpo siempre le avisaba cuando estaba a punto de enfermarse, y eso ocurría cuando cambiaba la estación cálida a la fría.

Se levantó con pesar y se cambió. Un pequeño malestar mañanero no era excusa para faltar a clases, mucho menos cuando tenía que ayudar a Kagami a estudiar de última hora para el examen de literatura japonesa. En realidad, no era tan de última hora. Era viernes, y el examen estaba programado para el lunes de la semana próxima, pero como no podría reunirse con él el fin de semana, tendría que ayudarlo hoy en la tarde, después de la práctica.

Revisó su teléfono y encontró un mensaje de Shigehiro.

De: Shigehiro

Para: Kuroko

Asunto: Una promesa

No olvides tu promesa Kuroko. Si no dices nada, yo tampoco diré nada.

- No tienes que recordármelo….

Kuroko se levantó con pesar y fue a darse una ducha. Mientras, Kise entró en la habitación junto a Aomine y ambos revisaron el mensaje. El ángel se veía confundido, y el demonio solo mostraba exasperación en su rostro. Ese tipo solo quería atormentarlo para que guardara su secreto, eso no era buena señal.

- ¿Por qué hace esto? – Kise dejó el celular en el mismo lugar para que Kuroko no sospechara – Se supone que no tiene sentimientos por Kuroko, su corazón no miente. Entonces… ¿Por qué?

- Los seres humanos son así – Aomine recordó todos los seres humanos despreciables que vio en su vida, como arruinaban todo a su alrededor y las misiones que tenía que cumplir a costa de la de otro ángel como Kise – La maldad siempre habita en ellos. Hay veces en las que se quedan en el punto del acoso por rencor, y otras veces, como ahora, lo hacen por puro placer.

- ¿Crees que lo fastidia por diversión?

- ¿Qué otra razón podría haber?

Kise no quería creerlo. Sabía que Shigehiro no era tan buena persona, pero no quería pensar que lo hacía por puro ocio. Debía haber alguna explicación para esto, lo que fuera, incluso si se trataba de un simple ajuste de cuentas consigo mismo. No sabía muy bien lo que tramaba salvo por lo dicho de parte de sus superiores, y hasta no saberlo no iba a llegar a conclusiones apresuradas. Aomine, por su parte, estaba seguro de saber sus intenciones, y aunque su lindo cupido no lo entendiera así y quisiera hacerse el ciego, él no iba a quedarse de brazos cruzados para ver como su encomendado era molestado de esa forma, no cuando podía hacer algo al respecto. Lo primero que se le vino a la mente fue hacer que la entrenadora no dejara que Kuroko tuviera los fines de semana libre. Una de las condiciones claramente decía que no se verían a menos que él tuviera cosas por hacer con el club o las tareas, así que técnicamente si tenía algo que hacer en el club, aunque fuera simple papeleo, debería bastar para que esos dos no se vieran.

Hizo que Kise se quedara vigilando a Kuroko mientras iba en busca de Hyuga y Kiyoshi. Ellos eran superiores en el club, y por lo que se veía, inundaban mucho respeto. Tenía la esperanza, aunque fuera mínima, de que lo ayudaran con su plan. Si todo salía según lo planeado, podría evitar que Kuroko fuera ese fin de semana a casa de Shigehiro.

- ¡Kuroko!

Riko lo llamó en medio de la práctica. Tenía muchos papeles entre manos, además de sus cuadernos y la libreta donde anotaba los datos del equipo. Kuroko dejó caer el balón y se acercó a ella, le ayudó con algunos papeles para que pudiera tomar algo de aire.

- ¿Y todo esto? – Kagami le quitó el resto de papeles que parecía querer caerse y los puso sobre la mesa del club – Nunca vi tanta tarea junta.

- Eso es porque no es tarea del todo, al menos no para ustedes – Riko cayó pesadamente sobre una de las sillas y suspiró – Estos son algunos documentos que tengo que entregar el lunes.

- ¿Qué son?

- Lo usual. Presupuesto del club, programa de actividades, reporte de los miembros que ingresan o se retiran, aviso del uso de la cancha y todo el equipo deportivo, además de las justificaciones que los alumnos entregan cuando faltan a las actividades. Se supone que todo esto lo lleno con Hyuga y Kiyoshi, pero están tan ocupados con los exámenes de ingreso que esta vez tuvieron que dejarme por mi cuenta.

- ¿Y si le pides ayuda al profesor encargado?

- ¿Ese pobre viejo? Kagami, a simple vista se ve que apenas conoce el lugar en donde está, sería inútil pedirle esto – Riko miró a Kuroko, que solo ordenaba los papeles para que no se mezclaran – Kuroko, en compensación por tus faltas anteriores, vas a tener que venir mañana y ayudarme con todo esto después de la práctica.

Él no se negó, simplemente asintió con calma y terminó de ordenar los papeles. Kagami se ofreció para terminar más rápido, pero tanto la entrenadora como Kuroko negaron con la cabeza. No es que quisieran rechazar su ayuda, es solo que su gramática y ortografía no servían para el trabajo.

- No te preocupes Kagami, tú básicamente ya completaste tus horas extra de práctica. Además, la letra de Kuroko es más entendible que la mía, con él podre acabar en menos de media hora. Ahora regresen al entrenamiento, deben mejorar sus pases.

Kise sonrió después de escuchar la conversación. No estaba del todo seguro, pero sabía que Aomine había movido los hilos para que Kuroko tuviera que quedarse. No hacía falta ser un genio para saber que le había comentado la idea a Hyuga o Kiyoshi con tal de obtener su apoyo y así alejar a Kuroko de las manos de Shigehiro. Cuando lo vio llegar a su lado, le dio un abrazo y un beso en la mejilla como parte de su felicidad.

- Lo hiciste bien.

Aomine no hizo nada para evitarlo y tampoco negó su accionar. Por primera vez estaba actuando como protector en vez del guía al mal, y aunque no quisiera admitirlo, se sentía bastante bien. Se asustó por el repentino latido que sintió en su pecho, la calidez desconocida que se supone un demonio no tiene y la sensación de que sus mejillas se ponían rojas. En un intento por quitarse los pensamientos buenos de encima, hizo que Kagami tropezara con una botella de agua que había en el piso y cayera de espaladas contra el suelo. Las risas de los miembros y los gritos de Riko no se hicieron esperar, así como una mirada de decepción por parte de Kise.

Hacer el bien tenía sus beneficios, pero el mal era su fuerza. Y un demonio nunca va en contra de su naturaleza.

El bostezo de Kagami molestó a un par de alumnos que estaban en la biblioteca. Él en silencio se disculpó con ellos a la par que recibía una mirada fría de Kuroko. No había pasado más de media hora y él ya no prestaba atención a su libro de texto. Se suponía que tenían un examen el lunes que Kagami tenía que aprobar de una u otra forma, pero el chico no mostraba ni el más mínimo interés en querer aprender por lo menos 5 de los muchos autores clásicos de Japón o siquiera las obras más representativas del último siglo.

Kuroko solo se resignó a seguir haciendo sus resúmenes para poder estudiar en casa, además de unas copias más fáciles que Kagami le pediría para intentar leer en casa, y decía "intentar" porque lo más seguro era que las vería 1 hora antes de venir a clases, justo después del desayuno. A Kuroko no le molestaba que el mayor solo le hiciera perder el tiempo en la biblioteca para tratar de cumplir lo imposible: hacerlo estudiar para un examen con anticipación; era todo lo contrario, porque eso significaba estar solos, y a él le encantaba estar a solas con él. No lo demostraba en su rostro, pero en su interior sentía una completa euforia por el simple hecho de estar juntos en una mesa, con tres libros abiertos, más cerca de lo usual sin decir palabra alguna, porque las conversaciones no siempre se le daban bien, y así poder apreciarlo más de cerca.

Adoraba verlo estirarse, era cuando podía ver sus músculos relajarse sin una gota de sudor recorriendo su piel o manchando su ropa. Tampoco podía resistirse a su boca cuando mordisqueaba el lápiz mientras pensaba en una forma más sencilla de memorizar aunque fuera solo una línea. Y si incluía los bostezos que daba o cuando quedaba con la mirada fija sobre el libro por 5 minutos, simplemente se sentía en el paraíso.

- ¿Por qué tantos nombres? Hoy en día las películas son más informativas – Kuroko despertó de su ensueño y prestó atención a las palabras de frustración de Kagami – Si hicieran una película de estas personas sería más fácil de aprender.

- Hay películas así – Kuroko pasó la página y siguió anotando todos los nombres que aún quedaban, tanto de libros como de sus respectivos autores – Se llaman documentales y siempre te quedas dormido a los 10 minutos de empezar.

- ¡Es que la historia no es emocionante! Si le pusieran algo de basquetbol a la trama, seguro me lo aprendería con una sola vista.

- Si hicieran eso, la historia no tendría mucho sentido y seguro terminarías aprendiendo los pases en vez de los nombres. Otra cosa, mantén baja la voz, te recuerdo que estamos en la biblioteca.

Kagami se disculpó con las personas que lo miraban molestas y volvió la mirada a Kuroko. Le dio una sonrisa como disculpa y se puso a leer.

Kuroko suspiró y siguió con sus copias, dejando que una pequeña sonrisa resbalara por sus labios y quedara en el aire. Momentos como esos eran los que le hacían desear más, pero también lo ataban a la segura posición que era ser su amigo.

Riko se quedó en el salón tratando de rellenar por lo menos la mitad de los papeles que tenía pendiente. Kuroko vendría a ayudarla mañana, pero incluso con su ayuda o la de Hyuga y Kiyoshi, rellenar todo para el lunes parecía una tarea imposible. Sabía que sus kouhais tenían examen de literatura japonesa el lunes, y lo más probable era que Kuroko se pondría a estudiar con Kagami. Siendo ambos las estrellas del equipo no podían darse el lujo de reprobar ni un examen, sobre todo Kagami, quien era el eslabón débil del par estelar cuando se trataba de estudiar y ya había sido advertido de no reprobar exámenes si quería pasar de año. Podría pedir ayuda a alguno de primer año, pero sentía que no era buena idea, no cuando muchos de ellos solo se habían unido al equipo para ver al dúo milagroso de Seirin y no parecían tener ni un poco de cerebro para estas cosas, ni que estuvieran familiarizados con las reglas del club después de tan poco tiempo.

La puerta se abrió y Riko se sorprendió al ver a Shigehiro parado en el marco, mirándola con amabilidad y un poco de condescendencia.

- Disculpa la visita sorpresa….

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo lograste entrar?

- Los profesores me dejaron entrar sin problemas. Parece que les doy cierta confianza.

Riko maldijo la cara de buen estudiante que tenía Shigehiro y volvió a sentarse.

- Sea lo que sea que quieras, mejor déjalo para otro día – Riko alzó una parte de los papeles y se la puso en la cara a modo de barrera – Como puedes ver estoy ocupada, y no tengo tiempo para tus tonterías.

Shigehiro no se desanimó y se sentó a su lado. Examinó algunos papeles que aún no eran rellenados, además de ver como Riko escribía tan rápidamente para no dejar ni un espacio en blanco.

- ¿Para cuándo es?

- Para el lunes en la tarde, y la escuela no abre los domingos, sin mencionar que mañana tengo un compromiso en la tarde, ahora lárgate.

- ¿Quieres que te ayude? – Riko lo observó sorprendida, pero negó con la cabeza.

- No gracias, esto es cosa del club, no tienes permiso de verlo – le quitó los papeles y los puso de regreso en el montón, aunque terminó maldiciéndose internamente, pues ahora estaban mezclados de nuevo.

- No creo que puedas hacerlo todo esta tarde.

- Todavía tengo el día de mañana. Además, Kuroko vendrá a ayudarme mañana después de la práctica matutina, no hay necesidad de que te preocupes.

Riko pensó que eso sería suficiente para que desistiera. Asuntos del club solo debían ser manejados por gente del club y nadie más. De paso fuera dicho, el capitán de Meiko la hacía sentir nerviosa, y no quería distracciones molestas, no con la temporada de partidos tan cerca.

Todo lo contrario a lo que quería, Shigehiro siguió insistiendo hasta que por fin pudo quitarle un par de papeles para comenzar a rellenar con su propio lapicero.

- Vamos, déjame ayudarte.

- ¡Ya te dije que no era necesario, recibiré ayuda para mañana!

- Pero seguro no acabaran hasta después de varias horas. Además, Kuroko quizás tenga cosas que hacer después ¿cierto?

Un pequeño toque de culpa dio de lleno en el pecho de Riko. El fantasma de Seirin hacía bastante ayudando a Kagami a aprobar y saca buenas notas. Su padre le había dicho que todo deportista tiene un límite y debe respetarlo. Aún faltaban algunas horas de castigo, pero seguro podría darle alguna otra cosa para hacer con tal de compensarlo.

- Bueno…

- No te preocupes, aunque no lo parezca, siempre hago el papeleo de mi equipo solo. Sé cómo se hace esto. Solo dime con que rellenar y yo lo escribiré.

Al ver que Shigehiro no iba a retroceder, Riko decidió dejarlo así. No era el fin del mundo porque le ayudara, solo tendría que decir alguna mentirilla piadosa para que nadie lo supiera. No era la primera vez que mentía, y sospechaba que tampoco sería la última.

Por su lado, Shigehiro sonreía mientras rellenaba todo, pensando que había estado cerca.

Después de la práctica de los sábados, Kuroko fue a darse una ducha con el resto y luego se dirigió a la sala del club mientras escribía un mensaje a Shigehiro diciendo que no podría ir a su reunión. No se sintió mal por no poder ayudarle, de hecho, no se negó a la petición de Riko precisamente por eso. Era una actividad del club, por ello no rompía su acuerdo del todo, ya se lo compensaría después.

Cuando ingresó al salón, esperaba ver los papeles regados por todo el suelo y a su entrenadora con ojeras y cara de cansancio; sin embargo, lo único que vio fue como ella ordenaba hasta la última hoja hasta que quedara en un bonito pilar.

- ¡Hola Kuroko! – su voz no sonaba nada cansada y hasta podía jurar que había un ligero sonrojo en sus mejillas.

- Entrenadora… ¿El papeleo?

- ¡Ah, eso! – dijo con pena, como si hubiera recordado de último minuto algo importante – Perdona que lo diga tan tarde pero, parece que no necesitare ayuda después de todo. El día de ayer… Algunos miembros de primer año insistieron en venir a ayudar para compensar sus faltas y no pude negarles la ayuda.

- ¿Está todo? – Kuroko se ponía nervioso, no podía ser verdad - ¿Segura de que está todo? ¿No falta nada?

- Segura de que no falta nada – Riko revisó el último grupo de hojas y lo puso sobre el pilar de papeles.

- ¿No falta ni un solo documento?

- No…. Al parecer el equipo ya hizo todo el papeleo que necesitaba – Riko pensaba que la actitud de Kuroko era extraña, ¿tan desesperado estaba por ayudarle? - ¿Pasa algo Kuroko? No te veo bien.

Al escuchar eso, el alma de Kuroko bajó a sus pies y dejó su cuerpo tembloroso. La única esperanza que tenía para evitar su encuentro de esa tarde se había esfumado, y aunque no lo consideraba factible, sabía perfectamente que el mismo chico que no quería ver era el causante de todo.

- No te preocupes…. Estoy bien… - dio media vuelta y se fue, con la cabeza cabizbaja y el rostro afligido.

Aomine bufó con resignación cuando escuchó las explicaciones de Riko y Kise solo pudo suspirar decepcionado. El ángel estaba en contra de manipular a la gente, pero esta vez había dejado sus principios de lado por considerar a Kuroko su máxima prioridad, todo para nada. Estaban preocupados por su protegido, no lo querían en casa de Shigehiro. El cupido seguía pensando que no era mala persona, pero con el rumbo de las cosas, ya no estaba tan seguro de su propia convicción. ¿De verdad se podía ser tan malo con un ángel como Kuroko? No tenía las alas, pero si el corazón puro de uno, merecía ser feliz y eso era lo único que importaba.

El teléfono de Kuroko comenzó a vibrar. En la pantalla se mostraba un mensaje con el nombre de Shigehiro muy grande en el frente. Lo abrió con pesar solo para verificar que, en efecto, sus sospechas habían sido más que correctas.

De: Shigehiro

Para: Kuroko

Asunto: Por poco

Ayer fui a Seirin para ver a Riko y dio la casualidad que necesitaba ayuda con unos papeles Dijo que te había pedido ayuda, pero nosotros ya teníamos planes, por eso me quede hasta tarde escribiendo, me duele un poco la mano, así que cuando vengas entra de frente, no te preocupes, el portero te dejara pasar.

Cerró el mensaje y suspiró resignado, ahora ya no tenía excusa válida para no ir. Comenzó a caminar a la estación de autobuses hasta que fue detenido por una mano en su hombro. A su espalda estaba Kagami, que parecía recién salido de los vestidores.

- Kagami….

- Kuroko, ¿no se suponía que ayudabas a la entrenadora hoy para compensar las faltas?

Kuroko chasqueó la lengua al recordar que aún debía horas de entrenamiento por su mala salud.

- La entrenadora se las arregló para terminar el día de ayer….

- Vaya, que mala suerte. Ahora vas a tener que hacer el entrenamiento sí o sí – Kagami despeinó su cabello mientras se reía de la situación de su amigo – No te desanimes, ¿qué tal si te invitó una malteada de vainilla en el Magi Burger para alegrarte? De paso podemos estudiar un poco más.

Por lo general, Kuroko aceptaba al instante, pero esta vez tenía que ser diferente. Kise sintió su cuerpo pesado cuando Kuroko apartó la mano de Kagami suavemente y negó con la cabeza, diciendo que tenía que hacer algunos mandados para su familia, cosas privadas. Aomine lo sostuvo antes de que cayera por la falta de energía, rabiando de la impotencia. Tenía tantas ganas de sacar el lado rebelde de Kuroko, aquel lado que fácilmente podía hacer que esas "diligencias familiares" parecieran poca cosa y fuera con Kagami a tomar un batido de vainilla junto con hamburguesas, dejando a Shigehiro plantado. Odiaba no poder hacerlo, pues sabía que el corazón de Kuroko no terminaría bien si no cumplía con su palabra, y por lo tanto, Kise tampoco terminaría bien.

Como pudo, logró controlar a Kuroko lo suficiente para que llamara a Kiyoshi y le avisara de su reunión clandestina con aquel sujeto indeseable a sus ojos, además de borrar la llamada para que el fantasma no sospechara nada. Se subió al techo del bus que tomaban para ir al barrio más cercano y rogó, por primera vez en su vida, que Kiyoshi llegara a tiempo con Hyuga antes de que los mareos lo vencieran y cayera profundamente dormido de nuevo.