Esta historia es de Krazyk85, yo sólo traduzco.

Aclaración: Los personajes y lugares reconocibles son propiedad de Stephenie Meyer. El argumento y demás ingredientes de esta obra, son de la autora.

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Chop and Change

Capítulo veintiocho

Picó y quemó, pero no dolió. Jane dijo que el lugar que elegí fue inteligente. Estaba llena de piel. Aparentemente donde dolía hacerse un tatuaje era en una zona prominente de hueso, muñecas, y la parte inferior del brazo Edward asintió firmemente, con ojos bien abiertos y aterrorizados, y sin dudas por día dar fe de ello. Sus dos brazos estaban llenos de tinta.

Ya que mi tatuaje no era tan complicado, sino bastante sencillo como yo, tomó solo cuarenta y cinco minutos hacerlo. Jane era una artista increíble. Habló durante todo el tiempo tratando de calmar mis nervios, y con la mano de Edward segura en la mía, fue una experiencia agradable.

—Todo listo, hermosa —dijo Jane, echándose para atrás, tomando un espejo de la mesa. Me lo entregó y levanté mi cabeza del banco—. Echa un vistazo.

Mirando hacia Edward, me guiñó un ojo, y tomé aire profundo, preparándome para la gran revelación. Incliné el espejo para poder ver el tatuaje por primera vez, la piel estaba roja y manchada, irritada por la agresión, pero a pesar de eso, vi su nombre en letra clásica, cursiva y negra. Nada especial ni nada grande para expresar la profundidad de mis sentimientos hacia él. Era solo un nombre.

Edward.

Su nombre.

Eso era todo lo que quería.

—Así que, ¿qué piensas? —preguntó Jane, sonriendo ampliamente, pero con un toque de nerviosismo escondido en su voz. Era mi piel, pero era su arte. Mi crítica de su diseño era lo que importaba.

—Es…

—Permanente —interrumpió Alec.

Edward y Jane le fruncieron el ceño, haciendo que se echara hacia atrás en su silla. Tomó tinta en su maquina y volvió a trabajar en el diseño de Edward, asomando la aguja en la piel y tratando de olvidar los dos pares de ojos haciendo agujeros en su cabeza.

Jane se giró hacia mí y me dio un codazo, animándome a terminar mi frase.

—Es justo lo que quería. Es perfecto. Gracias —dije.

—Me alegra… y no le prestes atención a mi hermano. Es un amargo y un bastardo sin alma que necesita un polvo —dijo Jane.

Reí y miré de reojo a Alec, quién parecía decidido a mantener su boca cerrada. Sospeché que tenía que ver con la forma en que Edward lo miraba.

—Déjame ver —dijo Edward, tirando de mi mano… la cual seguía aferrada fuertemente con la suya.

Tiré mis piernas a un lado del banco y me giré hacia él. El dobladillo de mis jeans estaba levantándose, y tuve que empujarlos hacia abajo para asegurarme que la tinta húmeda no los tocara.

Levanté mi ceja, mordiendo el interior de mi mejilla con ansiedad.

—¿Qué piensas?

Soltando mi mano, pasó su dedo sobre la piel irritada. Me sonrió y pronunció: "Mía."

Asentí porque era verdad. Él era mi primer amor verdadero, y me enamoré de él… completamente. Diablos, ni siquiera traté de detenerlo. Fue sin esfuerzo. Fue como recostar mi cuerpo y dejarlo flotar sobre agua, montando la pequeñas olas que venían a mi alrededor.

Todo motivo racional y pensamiento cuerdo se fue por la ventana en el momento que él entró en mi vida.

Una vez que Jane aplicó una crema sobre mi tatuaje y lo vendó, fui capaz de bajarme del banco. Me puse de pie y estiré mis miembros doloridos, mirando hacia Edward, quién me estaba mirando con atención. Le sonreí y miré por encima del hombro de Alec.

Iba por la mitad del tatuaje de Edward. Manteniéndose fiel a su palabra, Edward puso el tercer amor de su vida en su piel.

Allí en tinta negra y con un matiz de rojo en la letra estaba: "Always crazy and forever beautiful, my Bella". (Siempre loca y por siempre hermosa, mi Bella)

Jadeé, sintiendo que mis rodillas se debilitaban; rápidamente me agarré del banco detrás de mí para mantenerme de pie.

Fue la sorpresa de ver mi nombre en él, por fuera me dejó tambaleante, pero por dentro despertó una respuesta visceral en mí, una llena de posesión y propiedad.

Edward levantó la vista, sus ojos se encontraron con los míos y silenciosamente me preguntó qué pensaba. Le sonreí y pronuncié: "Mío."

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Era alrededor de las ocho de la noche cuando salimos del salón de tatuajes. Alec y Jane nos dieron instrucciones sobre el cuidado posterior y procedieron a entrar en detalle hasta que Edward los interrumpió. Se señaló a si mismo y su extenso arte corporal. Él conocía bien qué hacer o no después de un tatuaje, y les aseguró que lo tenía controlado.

Creo que él simplemente quería irse y alejarse del idiota de Alec —quién por cierto, siguió haciendo comentarios sobre el error que estábamos cometiendo. No estábamos casados y apenas estábamos saliendo por un poco más de dos semanas, y de acuerdo con él, éramos unos idiotas —no que él supiera algo sobre nosotros o de dónde veníamos, pero era claro por los comentarios sarcásticos que no lo aprobaba.

Edward apretó sus puños, luchando con fuerza contra sus instintos de golpear al tipo en el rostro. Mostró autocontrol, y al final, pagamos y nos fuimos de allí sin incidentes.

El arco Gateway en el camino estaba iluminado y brillante, reflejando los edificios y luces que lo rodeaban. Era tranquilo y me sentí segura. No había padres horribles cerniéndose sobre mi cabeza o la amenaza de las autoridades. Casi me sentí normal, incluso extremadamente feliz, pero muy cautelosa.

Cada vez que las cosas parecían perfectas, la Tierra decidía abrirse y tirarme abajo, oscureciendo cada pedazo de mi felicidad. Estaba esperando con anticipación que algo viniera y arruine todo.

Tic, toc…

Era solo cuestión de tiempo.

—Ven aquí —dijo Edward, jalándome hacia el lado del edificio.

Estaba fuera del camino de la acera, pero no del todo fuera de la vista, solo fuera del camino de la gente pasando a nuestro alrededor. Miró a su alrededor brevemente, comprobando que el lugar estuviera vacío. No había ni un alma en un radio de una cuadra. Bajó su vista hacia mí y su dedo tiró de la cintura de mis jeans.

—¿Qué? —pregunté, quitando su mano juguetonamente.

—Déjame verlo —dijo, tirando de mis pantalones.

Reí.

—Acabas de verlo… hace no más de cinco minutos. No ha cambiado desde entonces.

—Lo sé —respondió, haciendo un puchero y ojos de cachorro—. Solo quiero verlo otra vez.

Él sabía lo que me hacia. Era imposible decirle que no.

—De acuerdo —dije, desabrochando mis jeans y bajándolos un poco. Me quité la parte superior de la venda, mostrando mi tatuaje.

Su rostro se iluminó como un niño en la mañana de Navidad.

—Es jodidamente increíble. —Extendió su mano y me tocó, pasando sus dedos por mi piel y trazando el contorno de su nombre. Luego dijo algo tan bajo y suave. Tuve que forzar mis oídos para escucharlo, pero igual no entendí.

—¿Qué dijiste?

Sus ojos brillaron en los míos, llenos de esta mezcla insondable de emociones: amor, lujuria, necesidad, deseo, y todo ello mezclado en uno. Dio un paso hacia mí, presionándome contra la pared. Sus manos fuertes y grandes envolvieron mi rostro, sosteniéndome y poseyéndome allí mientras que sus necesitados labios devoraban los míos. Aferré el cuello de su camiseta, tirando y jalándolo hacia mí, profundizando el beso y con ganas que me tocara.

La palpitante necesidad de tener este hombre dentro de mí, aclamándome y poseyéndome estaba llegando a límites enormes. Gemí en su boca, mostrándole lo mucho que lo deseaba ahora.

—Mierda —gruñó Edward, alejándose de mí. Puso su mano en mi cuello y me sostuvo allí quieta mientras que presionaba su frente contra la mía—. ¿Qué es lo que pasa contigo y las paredes? Cada vez que te tengo contra una, tengo esta necesidad de tomarte jodidamente en ese momento.

Me encogí de hombros, mordiéndome el labio, excitada y lista para que él haga valer su palabra.

—¿Qué es lo que me pasa contigo y los coches?

Embistiendo hacia mí, apretó suavemente y aumentó su agarre en mi cuello.

—Mierda, nena, somos una pareja jodidamente extraña, ¿no?

—Teniendo en cuenta que acabamos de cementar nuestra relación con tinta permanente y estamos a dos segundos de follar en una calle concurrida, diría que somos más que una pareja extraña.

—Dios. —Sonrió—. Eres putamente increíble. —Pasó su brazo por encima de mi cuello y me llevó hacia la acera—. ¿Acaso te dije como me pone cuando maldices?

—No —dije, envolviendo mi brazo por su cintura—, pero… —Edward se detuvo a medio paso, deteniéndome mientras su agarre en mí se incrementaba. Lo miré confuso—. ¿Qué pasa, cariño?

—Diablos —siseó, mirando hacia el frente y seguí su mirada, aterrizando en un hombre mayor con un traje gris oscuro. Este tenía cabello negro, con algunas rayas canas, haciéndolo lucir como un zorrillo, e iba peinado brillantemente hacia atrás.

—¿Quién…? —pregunté, pero el tipo ya estaba con nosotros, en sus ojos había reconocimiento.

—¡Edward Cullen! —llamó el hombre, caminando rápido para interceptarnos.

—No, tío —dijo Edward, pasando junto a él y llevándonos hacia otra dirección, lejos del coche—. Tienes a la persona equivocada.

—¡Eres tú, mierda! —dijo el hombre, bloqueando nuestro camino y poniendo su mano sobre el hombro de Edward—. Sabía que eras tú. Reconocería el rostro de tu padre en cualquier lado. —Edward se mantuvo quieto, sacudiendo su cabeza—. No me digas que no me reconoces, soy yo, Eleazar Denali. —Inclinó su cabeza, enfocando sus ojos en los tatuajes y los piercings de Edward—. Luces diferente, chico. Tu padre ha estado diciéndole a todos que estabas muerto.

Edward bufó, rodando sus ojos.

—Sí, bueno, parece que entonces tienes al tipo equivocado.

Una vez más, trató de esquivar al hombre, pero el tipo era persistente y se negaba a dejarnos pasar.

—Bueno, no puedes culpar al viejo por mentir. —Rió—. Quiero decir, después de la vergüenza que les haz causado, dejando en el altar a esa hermosa chica Kate. Toda la ciudad de Chicago entró en un frenesí. El hijo dorado del Senador abandona a la hija menor del Gobernador.

¿Qué?

Mis ojos se abrieron asombrados y llenos de shock. Miré a Edward, buscando respuestas, pero él miraba impasible a Eleazar. Yo me encontraba mareada, el piso se abrió delante de mí, y traté de procesar la información entrante.

Edward —mi Edward— estuvo comprometido para casarse con una chica llamada Kate…

Oh, Dios…

No podía respirar y mi agarre alrededor del cuerpo de Edward se aflojó, y me sentí desplomarme a un lado, preparándome para golpear contra el concreto, pero Edward pasó su brazo y me agarró firmemente por la cintura, evitando mi caída.

Eleazar, que no estaba al tanto de lo que acababa de pasar, siguió divagando cosas sin sentido.

—Fue el escándalo y comida para los tabloides. Tu padre perdió una gran cantidad de votos ese año —dijo tristemente, pero sus ojos brillaron segundos después—. Aunque lo consiguió este año. Está a la cabeza. Es por eso que estoy aquí. Estamos haciendo campaña. Tú sabes, tu padre y tu madre están en el Carlton, deberías ir a verlos. Lleva a tu… —pausó, mirándome y no estaba segura lo que vio en mi rostro, pero pareció incómodo— amiga.

Le fulminé con la mirada y grité en mi cabeza: ¡Novia! ¡Soy su maldita novia! ¡Idiota!

—Escucha, hijo de puta —dijo Edward severamente, tomando una postura agresiva—. Tú no me conoces, ¿de acuerdo? Me tienes confundido con alguien más. Ahora déjame solo, o voy a hacer que te vayas. ¿Entendido?

Eleazar tenía su boca abierta, y asintió lentamente, alejándose con las manos arriba.

—Siento haberte molestado, mi error. —Luego se dio vuelta y corrió lejos en la dirección opuesta.

—Dios —dijo Edward, pasando sus manos por su cabello—. Vayámonos a la mierda de aquí. —Tomó mi mano, entrelazando sus dedos con los míos y me jaló hacia la calle.

El pánico fluía de él, y ni siquiera giramos en la esquina cuando empezó a explicarse. Él sabía que estaba llena de preguntas…

¿Quién es Kate? ¿Por qué no me dijo sobre ella?

—Me preguntaste hace un tiempo por qué me fui de casa y me convertí en un criminal, y te dije que era la mejor opción, ¿recuerdas?

—Sí —respondí, tratando de seguir sus pasos rápidos. Estaba tratando la mayor distancia entre él y ese tipo y su familia como humanamente sea posible.

—Bueno, se suponía que debía casarme con una chica. Er como un matrimonio arreglado.

Mi voz salió tímida y suave cuando hice la pregunta a la que no quería escuchar respuesta.

—¿La amabas?

—¡No, Dios, no! —gritó, bajando la mirada hacia mí—. Ella era buena, creo, pero no era lo que quería.

—Entonces, ¿cómo terminaste comprometido con ella?

—Cuando tenía dieciocho, me metí con algunos chicos. Era ladrones de poca monta, pero era divertido como la mierda, y me pidieron que los ayude a planificar una invasión en una propiedad de millones de dólares. Se suponía que valdría mucho, pero las cosas se pusieron malas y quedamos atrapados. Esos imbéciles, uno por uno, me echaron la culpa a mí, y estaba enfrentando veinticinco años de prisión.

Nos dirigíamos hacia el garaje dónde estaba aparcado el Chevelle, nuestros pasos cada vez más rápidos, pero Edward siguió hablando, contándome todo.

—Mi padre, el rey de los hijos de puta, hizo un trato con el gobernador. Ellos me quitarían los cargos si acordaba casarme con su hija Kate.

—¿Así que tu papá estaba usando sus contactos para sacarte de la cárcel? No que esté de acuerdo con matrimonios forzados, pero suena como si solo estuviera sacando a su hijo de los problemas.

Rió secamente, una pizca de dolor tras ello.

—Sí, eso parecía, y lo hubiera hecho, sabes, casarme con ella, si esa fuera la verdad. Si lo estuviera haciendo por mí. Diablos, es por eso que seguí por mucho tiempo, incluso hasta el día de la boda. Excepto que esa mañana, justo estaba caminando por los pasillo y escuché a mi padre en su oficina hablando con el padre de Kate. Al final, resultó ser que ellos me emboscaron con el robo. Pagaron a los chicos una sumar grande de dinero para que se vuelvan contra mí. Sobornaron a los policías y todo.

Estaba sorprendida, tropezando con mis pies y palabras.

—¿Qué? Pero, ¿por… por qué te harían algo así?

—Fue una movida política de mierda. Él sabía que no conseguiría casarme a menos que me acorralara en una esquina, y ya que soy un maldito criminal, estaba destinado a caer tarde o temprano. Él solo aprovechó la oportunidad para atraparme in fraganti y manejarme a su antojo. Así que me fui. Huí. Pedí ayuda a Emmett, y tomamos nuestras cosas y vinimos a Arizona. —Apretó mi mano y sus hombros cayeron—. Kate estaba devastada, estoy seguro, pero no podía seguir con ello… no después de saber que mi padre uso mi vida y a mí para su jodida carrera. Solo tenía diecinueve, Bella… ¡era un maldito niño!

—Pero, ¿por qué tu padre haría eso? ¿Por qué pondría una trampa a su hijo solo para hacerlo casarse con una chica?

—Porque soy un maldito lunático y él quería ser gobernador. Él vio la oportunidad de matar a dos pájaros de un tiro. —Suspiró, deteniéndose ante el garaje y dándose vuelta hacia mí, tomándome de los hombros. Se agachó para mirarme de frente—. He sido la manzana podrida por demasiado tiempo, Bella… desde que nací probablemente. No sé por qué hago estas cosas, simplemente las hago. —Sonrió—. Y me encanta lo que hago.

Podía verlo en sus ojos, me rogaba que entendiera y que lo perdonara por mentir. Retuvo esta información porque revelaba más sobre él, y en algún aspecto, él pensaba que no podía manejarlo… o, en el peor de los casos, seguiría queriéndolo, aún sabiendo lo loco que estaba.

Él estaba jodidamente loco, pero yo también lo estaba, y eso solo lo hacía más deseable para mí.

—Cariño, —dije, poniendo mi mano en su mejilla—, tal vez vengamos de diferentes lugares, pero estamos cortados del mismo cordón.

Sacudió su cabeza, sus ojos estaban fijos en los míos.

—No, Bella, no, tú eres buena.

—No, Edward —dije, metiendo mis manos en sus bolsillos—, ahí es donde te equivocas. —Saqué las llaves de su coche y las hice sonar frente a su rostro, sonriendo maliciosamente mientras caminaba hacia el garaje—. Y te lo voy a demostrar.

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Fotos de los tatuajes en el grupo en fb.

Gracias a Yoa por hacerlas, quedaron espectaculares :)