A la hora del almuerzo salimos Alex, mi madre y yo en dirección a un restaurant cerca del centro. Mi madre va muy callada y sumida en sus pensamientos mientras yo aunque suene egoísta pienso solo en él. Derek.

Al llegar mi madre nos dice que quería hablar solos con nosotros por Richard, nos pide que lo apoyemos incluso cuando ella no esté aquí, que se vienen tiempo difíciles y que ella teme por él. Escuchar hablar así a mi madre de Richard me hace ver el tremendo amor que siente por él.

Ellis eso ni siquiera lo tienes que mencionar – dice Alex más serio que lo normal

Yo tomo la mano de mi madre - madre Richard es un padre para mí y créeme que estaré… - miro a Alex – estaremos siempre juntos como la familia que somos.

Estamos volviendo, conversando animadamente mientras mí madre conducía… algo sucedió.

Mi madre freno el auto de un segundo para otro a unos metros del estacionamiento, en la entrada casi. Su mirada era de terror, empezó a hiperventilar y miraba fijamente la entrada del hospital.

Ellis ¿estás bien? – pregunta Alex frunciendo el ceño

Mi madre todavía tiene los ojos fijos en la entrada. Yo intento mirar pero solo veo un taxi saliendo.

¿Mama? – pregunto

Eso la hace reaccionar al parecer porque pestañea, suspira y se relaja.

Estoy bien. Lo siento – dice mientras pone en marcha el auto de nuevo.

Frunzo el ceño. No lo creo. Algo vio que la asusto. Tendré que averiguar más tarde.

Llegamos 15 minutos antes y decido ir ver a Derek.

Estamos entrando en el hospital cuando mi madre se frena.

Lo siento. Tengo que hacer algo. Nos vemos en la tarde – dice mientras se gira y vuelva a salir.

Alex y yo nos miramos dudosos y seguimos hacia el ascensor.

Al abrirse la puerta del ascensor y ver quien sale me quedo congelada.

No es nada menos que la Dra. Montgomery y viene arreglándose el pelo y la ropa como si viniera de tener el mejor sexo de su vida. Mi estómago se contrae.

Ella al verme sonríe perversamente y se limpia el lápiz labial que tenía corrido.

Buenas tardes Dra. Grey. Un hermoso día ¿no? – perra

Yo solo asiento y veo cómo sale en dirección a la puerta. Me quedo congelada.

¿Vienes? – pregunta Alex confuso.

Niego con la cabeza. Y hago algo totalmente estúpido e infantil, saco mi móvil y le comienzo a sacar fotos mientras ella todavía se arregla.

Cuando llega a la salida entra en un auto, y cuando me acerco un poco mis sospechas eran acertadas.

Kevin le cierra la puerta y se sube por la puerta del conductor. El maldito auto es de Derek.

Un sentimiento de traición cruzo por mí. Eran tan intenso que me costaba respirar.

Aprieto los puños mientras notaba cómo me invadía la rabia. Entre los ojos nublados por furiosas lágrimas, el auto se separó del bordillo y desapareció.

Subo rápidamente hacia la oficina de Derek, al llegar estaba la recepcionista, maldición. Me mira y para mi sorpresa me sonríe.

Dra. Grey – dice a modo de saludo – le hare saber que está aquí.

Que mierda le pasa a esta. Bueno en este momento no me importa, vengo con una misión en mi cabeza. Matar al maldito.

¿Esta solo? – pregunto

Sí, pero... -

Fuera lo que fuese, lo que dijo se perdió cuando empujé la puerta y entré en el territorio de Derek. Era un espacio inmenso, con tres zonas de estar distintas, cada una de ellas más grande que la oficina entera de Richard. En contraste con la elegante calidez del apartamento de Derek, su oficina estaba decorada con una fría gama de negros, grises y blancos, salvo por los vistosos colores de las licoreras de cristal que adornaban la pared de detrás de un mostrador.

Paseé la mirada por la habitación y me fijé en el cojín tirado en el suelo.

Junto a él, en la superficie alfombrada, se veían las marcas que delataban dónde se apoyaban las patas del sofá normalmente. Al parecer, algo había hecho que el mueble se desplazara unos milímetros.

Se me aceleró el corazón y se me humedecieron las palmas de las manos.

El tremendo desasosiego que había sentido antes se intensificó.

Acababa de fijarme en que estaba abierta la puerta del baño. Claro la oficina del gran jefe tiene baño propio incluido una exquisita ducha con hidromasajes. Derek sale, dejándome sin respiración ante la belleza de su torso desnudo. Tenía el pelo húmedo, como si se hubiera dado una ducha recientemente, y colorados el cuello y la parte superior del pecho, igual que cuando hacía ejercicio físico.

Se queda paralizado cuando me ve, ensombrecida la mirada durante un instante antes de que su perfecta e implacable máscara volviera sin esfuerzo a su sitio.

No es un buen momento, Mer —dice, poniéndose una camisa de vestir que tenía colgada en el respaldo de una banqueta alta de bar... una camisa diferente de la que llevaba a primera hora de aquella mañana—. Llego tarde a una cita.

Aprieto mi bolso con fuerza. A l verle de aquella manera tan íntima, me di cuenta de lo mucho que le deseaba. Le quería con locura, le necesitaba como necesitaba el aire para respirar... lo cual sólo hizo que comprendiera mejor cómo se sentían la enfermera y hasta la Dra. Montgomery y que simpatizara con lo que estarían dispuestas a hacer con tal de apartarle de mí.

¿Por qué estás a medio vestir? -

Era irremediable. Mi cuerpo respondía instintivamente a la vista del suyo, lo cual hacía que me fuera aún más difícil refrenar mis sublevadas emociones. Su camisa desabrochada y bien planchada dejaba ver la tersura de su piel sobre unos abdominales como una tableta de chocolate y unos pectorales perfectamente definidos. Su delicado y oscuro vello del pecho descendía, en una fina línea más oscura, en dirección a su exquisito sexo en aquel momento encerrado en unos calzoncillos bóxer y unos pantalones. Sólo pensar en la sensación de tenerle dentro de mí me llenaba de dolorosa nostalgia.

Tenía algo en la camisa. —Empieza a abrocharse, tensándosele los abdominales con sus movimientos al dirigirse hacia la barra del bar, donde vi que le esperaban sus gemelos— Debo darme prisa. Si necesitas algo, díselo a Virginia (la bipolar de la secretaria), que ella se ocupará. O lo haré yo cuando regrese. No tardaré más de dos horas.

¿Por qué tienes tanta prisa? -

No me mira cuando responde.

He tenido que hacer hueco para una reunión de última hora -

No me digas.

Te duchaste esta mañana. ¿Por qué te has duchado otra vez? -

¿A qué viene este interrogatorio? —suelta él.

Necesitada de respuestas, fui al baño. La humedad persistente era sofocante. Haciendo caso omiso de la voz interior que me decía que no buscara problemas que no soportaría encontrar, saqué su camisa del cesto de la ropa sucia... y vi que uno de los puños tenía una mancha de carmín rojo que parecía sangre. Sentí una punzada de dolor en el pecho.

Dejando caer la prenda en el suelo, di la vuelta y salí, deseando alejarme de Derek todo lo posible. Antes de que vomitara o empezara a sollozar.

Mer —dice bruscamente cuando paso a su lado a toda prisa—. ¿Qué demonios te pasa?

Que te jodan, idiota -

¿Perdona? -

Ya tenía la mano en el picaporte cuando él me alcanzó y se puso a tirarme del codo. Me giré y le di una bofetada con la suficiente fuerza como para hacer que volviera la cabeza y a mí me ardiera la palma de la mano.

Maldita sea —bramó, agarrándome de los brazos y sacudiéndome—. ¡No me pegues!

¡No me toques! —El tacto de sus manos en la piel desnuda de mis brazos era demasiado.

Retrocede y se aparta de mí.

¿Qué puta mosca te ha picado? -

La he visto, Derek. -

¿Qué has visto a quién? -

¡A la Dra. Montgomery! -

Él frunce el ceño.

¿De qué estás hablando? -

Saqué mi smartphone y le planté la foto delante de las narices.

Pillado -

Derek aguzó la vista sobre la pantalla, luego relaja el ceño.

¿Pillado haciendo qué exactamente? —pregunta muy suavemente.

Oh, que te den. —Me giro en dirección a la puerta, mientras me guardaba el teléfono en el bolso.

No pienso explicártelo -

Estampó la mano contra el cristal y mantuvo la puerta cerrada.

Encajonándome con su cuerpo, se inclina y me susurra al oído.

Sí, claro que vas a explicármelo -

Cerré los ojos con fuerza, pues la postura en la que estábamos me trajo a la memoria ardientes recuerdos de la primera vez que había estado en una oficina con Derek. Me había inmovilizado de la misma manera, seduciéndome hábilmente, arrastrándonos a un apasionado abrazo en un sofá muy parecido que hacía poco había presenciado alguna clase de acción lo bastante enérgica como para moverlo de sitio.

¿No dice una imagen más que mil palabras? —mascullé con los dientes apretados.

A sí que han maltratado a Addison. ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? -

¿Te burlas de mí? Déjame salir -

No encuentro nada ni remotamente gracioso en todo esto. En realidad, creo que nunca he estado tan cabreado con una mujer. Vienes aquí con tus vulgares acusaciones y estupideces de niña buena... -

¡Porque lo soy! —Me retorcí y me escabullí por debajo de su brazo, poniendo una distancia muy necesaria entre nosotros. Estar cerca de él dolía demasiado—. ¡Yo nunca te engañaría! Si quisiera acostarme con otros, primero rompería contigo -

Derek se apoyó en la puerta y cruza los brazos. Seguía con la camisa sin meter por dentro de los pantalones y el cuello abierto; le encontraba de lo más sexy y atractivo, lo cual no hizo sino enfurecerme más.

¿Crees que te he engañado? —Su tono era cortante y gélido.

Respiré hondo para superar el dolor de imaginarle con la Dra. Montgomery en el sofá que tenía a mis espaldas.

Explícame qué hacía ella, con ese aspecto, en el hospital. Por qué está así tu oficina. Qué haces tú así -

Dirigió la mirada al sofá, luego al cojín que estaba en el suelo, luego a mí otra vez.

No sé qué hacía aquí Addison ni por qué tenía ese aspecto. No he vuelto a verla. –

Claro. Desde sus citas…–

De nuevo con lo mismo. Te explique eso y se acabó – sus ojos destellan

A lo mejor echas de menos ser su perro faldero – golpe bajo y lo sé por la cara de Derek.

Ahora me mira casi con desprecio.

¿Crees que la quiero de vuelta porque me dominaban las ganas de estar con ella y ser su "perro faldero"? - escupe con rabia.

Sé que debería disculparme por eso, pero la rabia me ciega.

No lo sé, Derek. Tú me ocultas cosas yo no. Tú eres quien tiene que responder -

¿Qué hay de ti Mer? Tú también ocultas cosas. Porque mejor no me dices que no quieres estar conmigo en vez de inventarte una excusa tan barata -

Me quedé boquiabierta.

¡Que! Si quiero estar contigo Derek -

¡Y una mierda! me has estado evitando desde que llegamos. Te llamo y no me contestas, te pido una noche o un almuerzo y te niegas inventando excusas -

¡No son excusas! Ahora no puedo estar a tu entera disposición – le escupo con rabia - tengo una vida también Derek y mi familia es lo primero –

¿Y yo que? -

¡Santo Dios! ¡Esto es absurdo! Deja ya de desviar la conversación -

Necesito una respuesta Mer o te vas a ir de nuevo inventado otra excusa barata –

¿Por eso vino Addison? ¿Querías castigarme? -

Si quisiera castigarte, Mer, te daría unos azotes -

Agucé los ojos.

Con un gesto de la mano, le restó importancia a esa cuestión, más preocupada por lo que estaba sucediendo ahora.

He visto a Addison subirse a tu auto, Derek. Justo antes de subir aquí.

Enarca la otra ceja a juego con la primera.

¿Ah, sí? -

Sí. ¿Puedes explicármelo? -

No, no puedo -

La rabia me quema por dentro. De pronto no soportaba ni mirarle siquiera.

Entonces apártate de mi camino, tengo que volver a trabajar -

No se movió.

Sólo quiero estar seguro de algo antes de que te vayas: ¿crees que he follado con ella? -

Me estremece oírselo decir en voz alta.

No sé qué creer. Las pruebas... -

Me daría igual que entre las «pruebas» figurase el que nos hubieras encontrado a ella y a mí desnudos en la cama. —Se separa tan deprisa, que me tambaleé hacia atrás por la sorpresa. Se acerca amenazadoramente

Quiero saber si crees que he follado con ella. Si crees que lo haría. O podría. ¿Lo crees? -

Empiezo a dar golpecitos con el pie, pero no retrocedí.

Explícame por qué tenías carmín en la camisa, Derek. -

Tensó la mandíbula.

No -

¿Qué? —Su tajante negativa me puso en el disparadero.

Responde a mi pregunta -

Le miré el rostro detenidamente y vi la máscara que llevaba con otra gente, pero que pocas veces había llevado conmigo. Alarga la mano hacia mí como para acariciarme la mejilla con la punta de los dedos, pero la retira en el último momento. En el breve instante en que se apartó bruscamente, oí que le rechinaron los dientes, como si no tocarme fuera un esfuerzo.

A congojada, agradecí que no lo hiciera.

Necesito que me lo expliques —susurro, preguntándome si había imaginado el gesto de dolor que le cruzó el rostro. A veces quería creer tanto en algo que inventaba excusas deliberadamente e ignoraba la dolorosa realidad.

No te he dado ninguna razón para que dudes de mí -

Me la estás dando ahora, Derek —Espiré deprisa, desinflándome.

Retrayéndome. Él estaba delante de mí, pero parecía a kilómetros de distancia—. Entiendo que necesitas tiempo para compartir secretos que te son dolorosos. A mí también me ha pasado, saber que necesitaba hablar de lo que me había sucedido y darme cuenta de que aún no estaba preparada. Por eso no he querido forzarte ni meterte prisa. Pero este secreto me hace daño, y eso es diferente. ¿A caso no lo ves? -

Maldiciendo entre dientes, me rodeó la cara con manos frías.

Me tomo la molestia de asegurarme de que no tengas ninguna razón para sentirte celosa, pero cuando te muestras posesiva, me gusta. Quiero que luches por mí. Quiero importarte hasta ese punto. Te quiero loca por mí. Pero la actitud posesiva sin confianza es un infierno. Si no confías en mí, no tenemos nada -

La confianza debe ser mutua, Derek -

Respira hondo.

¡Maldita sea! No me mires así -

Trato de entender quién eres. ¿Dónde está el hombre que vino directamente y me dijo que quería follar conmigo? ¿El hombre que no dudó en decirme que le desconcertaba, en el mismo momento en que estaba rompiendo con él? Creía que siempre serías así de claro y sincero. Contaba con ello. Pero ahora... —Moví la cabeza, con un nudo en la garganta que me impedía seguir hablando.

Sus labios eran una severa línea, pero siguió sin des-pegarlos.

Le cogí de las muñecas y aparté sus manos. Estaba resquebrajándome por dentro, rompiéndome.

Esta vez no echaré a correr, pero puedes hacer que me vaya. Quizá quieras pensar en ello -

Me marché. Derek no me lo impidió.

Pasé el resto de la tarde concentrada en el trabajo. La Dra. Bailey me puso en uno de sus casos, lo cual era un magnífico ejercicio de aprendizaje para mí, y su modo confiado y decidido de tratar con sus cirugías era ejemplar.

Daba gracias por que el trabajo fuera una distracción, y estaba deseando irme después a la clase de Krav Maga, y así quemar un poco de aquel desasosiego que me invadía.

Eran las cuatro pasadas cuando suena mi móvil. Descolgué inmediatamente, y el corazón me dio un vuelco al oír la voz de Derek.

Tenemos que irnos a las cinco —dijo— Andrés y Frida nos esperan a las seis.

Oh. —Se me había olvidado que habíamos quedados con ellos antes de salir casi corriendo de su casa. Era nuestra primera salida como pareja.

De repente me pregunté si no sería también la última.

Pasaré a buscarte —continua bruscamente— cuando sea la hora.

Suspiré; no me veía en condiciones para ello. Estaba dolida e irritable por la pelea que habíamos tenido. Además estaba el hecho de lo de mi madre, pero necesitábamos arreglar esto o terminarlo.

Siento haberte pegado. No debería haberlo hecho. Lo lamento de verdad -

Pequeña —Derek resopló con aspereza— No me hiciste la única pregunta que importa -

Cerré los ojos. Era irritante la facilidad con que me leía el pensamiento.

Da igual, eso no cambia el hecho de que te guardas secretos -

Los secretos son algo que podemos tratar de resolver; el engaño, no -

Me froté el dolor que notaba en la frente.

En eso tienes razón -

No hay nadie más que tú, Mer —El tono de su voz era duro y cortante.

Me estremecí ante la furia latente en sus palabras. Seguía enfadado porque había dudado de él. Bueno, yo también estaba enfadada.

Estaré lista a las cinco -

Puntual, como siempre. Mientras yo me cambiaba me envió un mensaje que me estaba esperando afuera. Al ir saliendo vi como conversaba con Richard. Me pare un rato a observarlo. Daba una imagen imponente con aquel cuerpo, musculoso pero delgado, vestido con traje oscuro y comportándose de una manera que proyectaba impenetrabilidad. Fruncía el ceño mientras Richard le hablaba gesticulando con las manos, tenía una mirada oscura y su cuerpo estaba rígido.

En aquel momento, giró la cabeza y me sorprendió observándole. Vi un destello de mi querido McDreamy en su tormentosa mirada azul, que dejó entrever brevemente un desamparado anhelo. Pero desapareció enseguida, sustituido por la fría máscara.

¿Lista? – pregunta con tono profesional, Richard se removió incómodo.

Algo pasaba aquí. Era evidente que ocultaba algo, y me dolía que fuese así. Saber que había cosas que no me confiaba.

Adiós Richard – me despedí de mi padrastro con un abrazo, Richard solo me susurro que me cuidara.

Cuando salíamos por recepción, estaba la enfermera Rose apoyada en la recepción, al ver a Derek suspiro largo y profundo.

Está loca por ti, Derek —murmuré, mientras salíamos y apretábamos el botón de llamada del ascensor.

Pues qué bien —bufó— ¿Y qué sabe de mí? -

Yo llevo todo el día haciéndome la misma pregunta —dije con voz queda.

Esta vez tuve la certeza de que se había estremecido.