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"Desenterrando el Pasado Season II"

(Chapter 28)

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Asumi atraviesa los corredores del hospital angustiada, dolida y más que nada preocupada. Hace unos días atrás, su madre tuvo un ataque del corazón. Por unos instantes que parecieron horas, su corazón se detuvo. Cuando vio el rostro de Kurenai angustiado sabía que algo andaba mal, por lo que ingresó a la habitación corriendo y su madre la veía mientras cerraba sus ojos; antes de cerrarlos, le pidió perdón, a lo cual lágrimas escaparon de sus ojos.

Un susto nada más. Pero conllevó a que le llevara flores a la tumba de su padre. Ahora que su madre está viva, aunque delicada de salud, le resta rezar por él y su alma.

Espira. Se detiene frente a la puerta No. 207. Arriba y su expresión cambia a melancólica al verla postrada en una cama con un respirador y un gotero adjunto a su muñeca derecha. – Okāsan…– susurra despacio. Camina hacia ella y toma asiento a su lado. – Ya verás que te pondrás bien. – sonrisa fingida. – Koishi cuidará de ti y de Kiyoshi por un tiempo, mientras me encargo de unos asuntos pendientes. – niega con la cabeza. – No es nada malo, no pienses mal de mí, mamá. – sonrisa. – Cuando despiertes, espero haber resuelto nuestro mayor problema. – entristecida, se pone de pie, pero una mano sujeta su muñeca.

No arriesgues tu vida, Asumi. – susurró Anko, débil. – No quiero perderte a ti también. – aprieta el agarre de la muñeca de la joven jounin. – Olvida la venganza, porque no trae nada bueno. Aceptemos que Kakashi…– sus ojos reflejan el brillo de las lágrimas deseosas por salir. – Que Kakashi ya no está con nosotros. Yo…– un par de lágrimas escapan por sus mejillas. Suelta la mano de Asumi y se lleva las propias a la cabeza. – Por favor hija, déjame sola. Necesito… necesito estar a solas un momento.

Sí. – Asumi se retira, dejando a su madre devastada.

Anko se acomoda a un costado, de cara a la ventana. – Ser fuerte por ellos, debo serlo aunque me muera de tristeza. – sisea observando su anillo de bodas en el dedo de su mano. – Kakashi, dime qué hago para superar tu ausencia. Eras el pilar de nuestra familia y ahora nos hemos derrumbado. Deseo verte una vez más, al menos en mis sueños. – cierra sus ojos mientras lágrimas deslizan inconscientemente.

En sus sueños se ve a sí misma observar a una mujer desnuda detrás de un muro de cristal sumergida en un líquido verde, quizás agua y debido al cristal se nota de ese color. De lo que sí ella está segura, es que la chica sufre encadenada por completo mientras las marcas del sello maldito cubre cada vez más todo su cuerpo. Su cabello largo y de tono violeta se mece debido a las leves ondas provocadas por el agua.

De repente, ella abrió sus ojos y se enfrentaron a los claros de Anko. Su mismo color de ojos fijos en los de Anko. Cejas fruncidas. Mirada llena de dolor, incertidumbre la obligaron a retroceder. Ella hizo que las cadenas desaparecieran de su propio cuerpo, al igual que el muro y cayó al suelo de rodillas. Se pone de pie y camina hacia Anko hasta quedar frente a frente. Murmuró unas palabras que Mitarashi no entendió, más atravesó el pecho de Anko con su mano.

Anko despertó sobresaltada. El corazón agitado. Empezó a toser sangre sin saber porqué. – ¿Qué… cof cof… me… cof… sucede? – llevándose una mano a los labios se limpió la sangre presente en el labio inferior.


En la habitación de al lado, el paciente de rostro atractivo abre los ojos al escuchar el alboroto de la otra habitación. – Anko…– susurra. Con dificultad intenta levantarse de la cama, pero una enfermera arribó a la habitación y lo detuvo.

¿Qué hace? ¡No puede levantarse! – lo regresa a la cama.

Necesito encontrarla. – responde él pausadamente.

Ver su rostro y, escuchar su varonil y despreocupada voz, le hizo ruborizar. – A-Ah… p-pero no puede levantarse hasta que la doctora le autorice. Mientras, debe recuperar fuerzas. – murmura, forcejeando contra él para que se mantenga en cama.

Necesito encontrarla cuanto antes. – vuelve a repetir.

¿A quién quiere encontrar con tanta insistencia? – interroga ella con el ceño fruncido y preocupada por la salud de él.

A mi esposa. – contesta dejando de resistirse y vuelve a la cama. – Debo encontrar a mi esposa Anko. – mirada perdida en el techo. – Ella está en peligro. La abandoné cuando me necesitaba, porque sabía que no podía ayudarla. Pero ahora me duele haberla abandonado.

¿Debió de haber una razón en especial? – interroga ella sonriendo, dándole fuerzas para que piense positivo. – Usted llegó en muy mal estado, estaba gravemente herido.

Lo sé. Apenas podía mantenerme en pie. – responde él, observando su anillo en su mano.

Ahí está la razón. – contesta ella, sonriendo. – En caso de haberla ayudado, quizás hubieran muerto en el intento de llegar aquí. – se acerca al gotero. – No se preocupe, ella debe de estar bien. Posiblemente escapó al igual que usted lo hizo.

¿Cómo sabe que…? – abre los ojos desmesuradamente al escuchar dicho razonamiento. Ella sólo sonríe. – Nunca dije que…– ella está concentrada en el gotero.

La enfermera retrocede. – Sus heridas, el estado como llegó y en la manera que se expresa, son razones por las que concluí de esta manera. – le mira directo a los ojos. – ¿Acerté? – él asiente con la cabeza. – Descanse. – sale de la recámara cerrando la puerta a su paso. En el pasillo se encuentra con su compañera.

¿Cómo está? – interroga.

Ella espira. – Igual. – voz decaída. – Quiere encontrar a su esposa. Dice que la abandonó cuando más lo necesitaba. Le di ánimos, pero no resultó. – vuelve a suspirar.

Su compañera posa su mano sobre el hombro de la chica. – ¿Te gusta, cierto? – la aludida ruboriza. – Es guapo no lo voy a negar, pero reacciona. ¡Es casado! – exclama. – Quizás tenga hijos y estarán tristes sin saber qué ha pasado con sus padres. – ella baja la cabeza. – Disculpa que te lo diga, pero no te hagas más ilusiones.

Tienes razón. Él sólo habla de su esposa Anko. – dice desanimada completamente, sin saber que era escuchada por detrás.

¿Qué acabas de decir? – interroga Asumi sorprendida. – ¿Cómo se llama ese paciente que pregunta por mi madre? – interroga preocupada y a la vez ilusionada.

Bueno… etto…– la enfermera que había estado segundos antes en la recámara revisa su libreta. – Se llama Kakashi… Kakashi Hatake. – el florero que sostenía Asumi cayó al suelo y quebró en mil pedazos. – Señorita, ¿Se encuentra bien? – se acercan a la Hatake, quien parece haber visto un fantasma.

Asumi retrocede unos pasos. – Imposible… otōsan está muerto. – susurra apenas audible. – Él…– respira profundo, cruza por entre las enfermeras y toca la manilla de la puerta. Estuvo a punto de abrirla, pero alguien la detuvo.

Una mano posada sobre la de ella. – No es momento de que lo veas. – contesta Tsunade. Voz seria. – Hace unos días recuperó el conocimiento, Asumi. – suelta su mano. – El mismo día que Anko fue internada. – ella abre los ojos como platos.

¿Cuánto tiempo me has ocultado que otōsan estaba vivo? – le reclama tomándola de la camiseta. – ¡Sabes lo importante que era para mí cobrar venganza de aquel maldito que me los arrebató! – grita, histérica. La suelta. – ¡Maldita sea! Madrina, ¿Cinco años te parece poco? – la enfrenta, mirando a la rubia con rabia. Las enfermeras retrocedieron, no querían intervenir en esa discusión.

No podía hablar contigo debido a la situación por la que pasaba Anko. Si le decía que está aquí, podría haber explotado y terminar así como terminó. – mirada seria. Asumi se dejó caer de rodillas con lágrimas en los ojos. – Lamento haberlo ocultado, pero si quieres…– no terminó de hablar cuando Asumi la interrumpió.

Quiero verlo, ahora. – mirada decidida. Tsunade iba a replicar, pero ella continuó. – Esta vez no acepto un NO como respuesta. No me digas qué hacer a estas alturas.

Bien. – dijo suspirando. – Entra, pero te advierto que serás responsable si algo sale mal. – Asumi asiente. – Vamos. – le ordena Tsunade a las enfermeras, quienes asintieron y se marcharon. La Hokage se aleja conjuntamente con ellas.

Asumi estudia su alrededor, abre la puerta. Su expresión es de absoluta sorpresa. Kakashi está sentado sobre la cama con las piernas colgando de ésta mientras apoya los codos sobre los muslos. No parece haber cambiado físicamente. De repente, siente la presencia de ella de pie en la entrada. Observa a la chica.

Lágrimas recorren las mejillas de Asumi. Emocionada de saber que está bien, corre hacia él y lo abraza. E inevitablemente empezó a llorar. – Otōsan…

¿Otōsan? – se pregunta Kakashi en voz alta. – ¿Asumi? – interroga todavía confundido.

La nombrada afirma con la cabeza. Se separa de él. – Puede que no recuerdes, pero…– se limpia las mejillas con las muñecas de sus manos. – habías estado lejos desde hace cinco años. – baja la cabeza mientras las lágrimas escapan de sus ojos sin treguas. – Y yo… yo… nosotros…

Ver el rostro triste de Asumi, le causó ternura. Ella se ve como una niña inocente y frágil. Rodeó los brazos alrededor de Asumi y la atrajo hacia él para abrazarla. – Lamento que hayas tenido que cuidar sola de tus hermanos. – susurra levemente. – Arigato, mi pequeña.

Creía que estabas muerto. – hunde el rostro en el pecho de Kakashi. – Papa, te extrañé mucho. – intensifica el abrazo. – Creí que…– ahogó un gemido. – Papa, estás vivo. – se separa un poco y colocando sus manos sobre las mejillas de él deposita un beso en la frente de él. Más lo abraza de nuevo. – Mis hermanos estarán felices de verte otra vez, al igual que…– entrecierra sus ojos. – Okāsan.

De manera brusca, la aleja de él tomándola por los hombros. – ¿Tu madre? – ella asiente.

Ella está viva. Incluso está en la recámara de al lado. – esto sorprende a Kakashi, quien baja la cabeza sombría. – ¿Otōsan? – sonríe.

Kakashi la abraza. – Me alegro. Me alegro mucho, hija. – deposita un beso sobre la cabeza de Asumi. – ¿Podrías traer a tus hermanos? – ella levanta la cabeza, sonrisa. – Quiero verlos.

Asumi asiente. – Sí. – se levanta de la cama. – Vuelvo en unas horas con ellos. – sale de la habitación.

Kakashi se pone de pie y camina hacia la puerta. Abre la puerta y observa que Asumi salía de la habitación 207 y se alejaba a través del pasillo. – Es ahora o nunca. Debo salir de dudas. – cierra la puerta y se acerca a esa habitación. Toca la manilla y sin pensarlo dos veces la abrió y cerró detrás de él.

Anko miró hacia la puerta y sus ojos brillaron al verlo allí, de pie frente a ella. – Kakashi…– logró musitar de la emoción.

Anko…– sisea él, desconcertado. – ¿Cómo es posible que tú estés aquí si…? – apoya su cuerpo contra la puerta. – Esto debe de ser una trampa, un sueño. – niega con la cabeza de manera brusca. La mira con recelo. – ¡Tú no eres Anko! – la nombrada abre los ojos desmesuradamente.

Ella niega con la cabeza. – ¿De qué hablas, Kakashi? – toma asiento sobre la cama con dificultad. – Soy yo. – lágrimas a punto de desbordar. – Soy tu esposa, la madre de tus hijos. – Kakashi mira el pecho de la chica. – Me alegro que estés aquí. No sabes cuanto he deseado verte. – desliza las piernas en el suelo. – Te extrañé. – lágrimas corren por sus mejillas. – Creí que habías muerto y pensé que me volvería loca sin ti. – camina un par de pasos hacia él, pero Kakashi no se mueve de su lugar. – Dame un abrazo, cariño. – extiende su mano y estuvo a punto de tocar su rostro, sin embargo…

Kakashi se movió de su lugar, evitando ser tocado. – Deja de fingir. – le dice. Estupefacción en el rostro de ella. – A mí no me engañas. Anko ha sido…– desvía la mirada llena de rabia. – Dime, qué le han hecho. – exige.

Anko retrocede. – Cariño… ¿Por qué hablas como si yo…? – extiende su mano para tocar la mano de él, pero no lo logra, Kakashi se aleja de ella. – ¿Por qué me esquivas? – un fuerte dolor impulsó en su cabeza. Cayó de rodillas, más él no hizo nada para ayudarla. – Ayúdame…– su mirada seria le regaló. Eso le dolió como un puñal clavándose en su pecho. – ¿Qué me pasa?

Kakashi se acerca a ella y la ayuda a ponerse en pie. Toman asiento sobre la cama. – Anko está sufriendo. – susurra levemente, más ella baja la cabeza aturdida. – ¿Por qué estás aquí? – vuelve a interrogar.

Ella se muerde el labio inferior. – No lo sé. No recuerdo porqué vine a este lugar. – contesta aún más aturdida. – Lo único que recuerdo es que soy Anko Mitarashi, tu esposa y la madre de esos niños, nada más.

Deja de fingir. – Kakashi se pone en pie. La mira con recelo, sin embargo, el dolor en el pecho de la chica se hizo evidente para él, pues el cristal adherido en su pecho se hizo visible para él. – Eres inestable. – dijo.

¿Inestable? ¿De qué hablas? – levanta una ceja interrogante, a medida que frunce el entrecejo a causa del dolor recorriendo su pecho.

Él suspira. – Eres un clon de mi esposa. Sólo eso. – contestó, harto de que ella se haga la inocente. – Lo sabías desde el principio. Nuestros recuerdos fueron insertados en los cerebros de clones que serán usados para atacar a la aldea de la Hoja. Por tu culpa, mi esposa sufre. – le recrimina.

Estás en un error. Yo soy Anko… Anko Mitarashi y eso no puedes negarlo. – ella se levantó a pesar del dolor pulsante en el pecho. Lo enfrenta con la mirada.

Ese cristal que llevas en tu pecho es un poco del chakra de mi esposa que te ata a sus memorias. Sólo eres un contenedor y un experimento fallido. – Kakashi baja la cabeza, dolido de recordar que logró escapar y dejó a su esposa a su suerte.

No… ¡NO! – se lleva ambas manos en la cabeza.

¡Acéptalo! – levantó la voz, lo cual hizo reaccionar a la chica.

Ella cierra sus ojos un momento, más rememoró aquel suceso que le costó la vida a su compañero que también era como ella.

Flash Back –

La chica de cabellos lila estaba de pie frente al muro de cristal observando a la mujer encadenada. Ella sufría en esa posición. La chica cerró las manos en puños. – Es horrible verla así. – susurra.

Lo es. – contesta su compañero, apareciendo detrás de ella. – Debemos irnos de este lugar. Asesinaron a Número 1 y Número 2. – ella abre los ojos impactada. – Al parecer él descubrió que ellos ayudaban a la pareja Hatake. No cumplieron con el mandato, tan sólo se hicieron pasar por los originales para darles aviso a la Hoja de lo sucedido.

¿Lo lograron? – pregunta, inquieta.

Él niega con la cabeza. – No. Pero salvaron al hijo menor de morir. – responde, mientras observa de reojo la entrada principal. – Ellos se creyeron en realidad que eran la verdadera pareja Hatake.

¿Qué vamos a hacer? ¿A dónde iremos? – interroga ella, desesperada. – Nosotros somos los que cuidamos esta sección y nuestra misión es destruir a la Hoja desde adentro. – baja la mirada, preocupada.

Por aprecio a Número 1 y Número 2 completaré su misión. – mira a la mujer detrás del muro. – Los recuerdos insertados en nuestros cerebros es suficiente para llegar a Konoha. – le sonríe. – Deséame suerte.

No. – él abre su ojo visible desconcertado. Y para más sorpresa, ella posicionó sus manos en las mejillas de él y lo besó en los labios. – Iré contigo. – él afirma.

Media hora después…

Ellos corrían sin descanso, necesitaban huir de él para ayudarlos. De repente, ella tropezó con una piedra y cayó al suelo, raspándose la rodilla. – Lo siento. Soy torpe. – dice ella sonriendo.

El chico enmascarado la ayuda a ponerse en pie. – No lo eres, y vamos. Debemos continuar. – ella asiente. – Tenemos que llegar a la aldea de la Hoja cuanto antes. – mira hacia atrás, más siente una presencia acercarse a ellos. – Sigue adelante, yo los detendré mientras tú continúas. – ella iba a replicar, pero él no le permitió. – Recuerda que es importante llevar el mensaje de ayuda a la Hokage.

Kakashi, yo…– empieza a decir, pero él la detuvo.

El aludido sonríe. Posiciona su mano derecha sobre el pecho. – Con ayuda de estos cristales podemos retener los recuerdos de ellos al igual que un poco de su chakra. Que no se te olvide que somos contenedores, que aunque nos parezcamos a los originales somos un experimento. – ella baja la cabeza, entristecida. – Gracias a los Hatake somos libres.

Kakashi…– ella intenta reclamar, sin embargo él sonríe.

Número 4, ese es mi nombre. – él le corrige. – Y quiero que entiendas, Número 5, que no podemos ocupar el lugar de ellos. Es imposible porque nuestro tiempo es limitado, somos clones. – ella asiente. – Por favor, no caigas en el mismo error que Número 2. Ella sintió en verdad que era la original y por eso se descuidó en su labor y no fue prudente.

No quiero irme sin ti. – expone, sintiendo un dolor en su pecho difícil de explicar. ¿Culpa, tal vez?

Deberás. – le da la espalda. – Escóndete, están aquí. – no queriendo obedecer, él la obligó a esconderse detrás de un árbol.

No me dejes sola. – su mirada triste le hizo encogerse un poco, pero la libertad y la vida de ella era más primordial en estos momentos.

Quiero que te salves, por favor Número 5. – le suplica con la mirada y ella cierra sus ojos evitando las lágrimas dejar escapar. – Anko. – ella abre sus ojos y le sonríe. – 5, vete lejos de aquí y por favor avísale a la Hoja el futuro acontecer. – asintió.

Ella vio como él empezó a correr lejos de ella y después luchaba, sin embargo sus intentos resultaron inútiles. Lo asesinaron ante sus propios ojos e intentó intervenir, pero su última mirada hacia ella antes de fallecer la obligó a retroceder y callar. Más escapó, corrió cuanto sus piernas le permitieron hasta llegar a ver un claro más adelante. No obstante, creyendo haber salido ilesa cayó por una baranda y se golpeó fuertemente la cabeza. Y desde entonces no supo más de ella hasta llegar inconcientemente a la casa de los Hatake y donde fue alojada por la mayor.

Flash Back –

Eres una de sus herramientas, seguro que te buscará y cuando suceda será la oportunidad para salvar a mi esposa. – dijo Kakashi, sacándola de sus pensamientos.

Lo siento. No quise ocupar el lugar de tu esposa. – baja la cabeza arrepentida. – Número 4 me envió a comunicarles la situación porque mi creador quiere destruir a Konoha. – cierra sus ojos un momento, luego los abre. – 4 lo quiso así y yo te ayudaré a salvarla.

Gracias. – murmura él, feliz.

Mirada entristecida. – Al ver a esos niños, creí que podía ser una madre para ellos. – cierra las manos en puños. – Me ilusioné tanto con la idea que me olvidé quien era realmente. Gomen ne! – niega con la cabeza. Sonríe. – ¿Al menos, puedo permanecer al lado de tus hijos un poco más? – inseguro, Kakashi asiente. – Arigato! – cierra sus ojos, alegre. – Ahora entiendo porqué Número 2 se encariñó con el pequeño Kiyoshi, si es tan lindo. – rubor, más su mirada se tornó seria. – ¿Sabes? – el ninja copia espera paciente. – Me haces feliz por darme la oportunidad de estar cerca de ellos. Pase lo que pase, protegeré a esos niños.

Gracias. – agradeció cortésmente. En ese momento, arribó Asumi acompañada de sus hermanos y Tsunade, quien los regañó a los dos por estar levantados, en especial a Kakashi por haber salido de su habitación, con lo cual todos reían gracias a las ocurrencias de ellos.

Al finalizar el día, Kakashi se ubica en su respectiva habitación cuando la puerta es abierta lentamente. – ¿Puedo pasar? – pregunta Anko 2, a medida que asoma la cabeza.

Adelante. – responde mientras contempla el atardecer.

Ella entró en completo silencio. – Ya me dieron de alta. – dice, él asiente sin mirarla. – Puede que sea inestable, pero al menos podré ayudar. – Kakashi la miró sorprendido. – Adoro a tus hijos, son lindos. – ruboriza. – Asumi es fuerte y muy valiente, quiere mucho a sus hermanos. Koishi es un niño honesto y vergonzoso en algunas ocasiones; y el pequeño Kiyoshi es un tesoro, y muy apegado a Asumi. – camina hacia la cama y toma asiento en una esquina. – Kakashi-sama, gracias. – él abre los ojos desmesuradamente. – Gracias por dejarme estar. – en una acción rápida depositó un beso en la mejilla derecha de Kakashi, dejándolo atónito y sonrojado.

Ambos no se percataron de la presencia de un shinobi de pie sobre una rama, observando toda la escena del sonrojo y el beso. Después de mirarlos con los ojos entrecerrados, desapareció.


Espero les haya gustado estos tres capítulos. Más adelante, estaré actualizando..

Au revoir! (*-*)