Capítulo 28
Consejos de una mamá gallina
POV Edward
—Entonces— murmura Bella al fin rindiéndose ante un bote de helado—, ¿Quieres saberlo?
Yo la miro fascinado, es tan hermosa.
—Me encantaría saberlo.
Ella me sonríe, se acomoda suavemente entre los almohadones esponjados que le he puesto y suspira.
—Bueno, la historia comienza así— suspira mientras yo me pongo cómodo para escucharla, parezco un niño pequeño a punto de escuchar un cuento—. Yo terminé mi última relación hace tres años, fue un completo desastre— dice negando—. Mi madre en sus aires pioneros de esoterismo, juro que el "hombre en cuestión" — señala con comillas al aire—, era mi chico indicado. Por supuesto, que a palabras de mi madre, todo astro habido y por existir, apuntaba que él y yo estábamos destinados. Yo me emocioné mucho, pues tras dos años de relación, o eso creí, yo estaba más que segura que lo era. Mucho tiempo pasé esperando a que se me declarara oficialmente, quizás en alguna fecha especial, tal vez San Valentín o el día de mi cumpleaños o muy por suerte, en nuestro aniversario de novios, pero no fue así. Los meses pasaron y yo lo sentía más distante, ponía muchas excusas para no vernos y claro que yo intentaba no presionarlo.
—Claro — comento.
Ella asiente.
—Hasta que un día, recibí la llamada de mi hermana para ir a comer. Le dije que sí, por supuesto. Llegamos a un centro comercial bastante alejado de casa, ella estaba embarazada de los gemelos así que comer era lo principal así estuviese el lugar a media ciudad de mi localización. Justo en la mesa tras la mía, vi a mi novio muy acaramelado con una chica muy guapa. Alice por su parte trató de que no los viese, pero demasiada lógica era la situación, que, fue inevitable no verlos. Mi ex novio estaba festejando sus primeros seis meses con la chica con la que almorzaba. Eso me destruyó casi. Él se dio cuenta de que yo ya sabía y muy cobardemente, tomó a la chica de la mano, pagó la cuenta y se fue.
—Que desgraciado.
—Sí— sonríe—, en ese entonces yo me decepcioné mucho. Estuvimos juntos tres años, de los cuales medio año ya tenía otra pareja y no tuvo el valor de decírmelo. Yo por supuesto me deprimí mucho, creí que era el fin del mundo, pues lo que anhelaba más que nada era la idea de haber formado una familia, pero no fue así. Sentí que, de alguna manera lo presioné a irse puesto que sus metas no eran iguales a las mías. Aun no estaba listo para lo que yo quería, no sé, no lo culpo.
Hago una mueca. ¿Por qué es tan buena?
—No debiste darle importancia, al final el que falló fue él, no tú.
—Eso me dijeron todos. Pero es difícil cuando quieres a alguien y niegas los hechos aunque sean más que obvios. Yo tenía miedo de acabar sola, ¿sabes? Fue entonces que cerca de un año después, yo había empezado a investigar maneras de no quedarme como tanto temía. Y comencé a comentárselo a mi hermana, primero como una idea. Claro que ella le pareció una idea que abandonaría pronto. Luego fue a mi madre, bueno claro, ella ni siquiera me prestó atención. Nadie particularmente creyó en mí. Hasta que un día, encontré en una página la clínica de la Dra. Esme— se sonríe.
—Oh, vaya.
—Hice la cita sin pensarlo, la verdad es que solo fui con la idea de informarme hasta que…
—Te convenció.
—SÍ, prácticamente. Pero ¿Cómo lo sabes? — pregunta probando una cucharada enorme de nieve.
Yo sonrío.
—Así es mi madre, quiere ayudar a todo mundo. Cuando ve que una mujer está lista o está pensando seriamente en ello, lo hace, la persuade para que acepte. Cuando no, solo la informa. Muchas personas van inseguras y al momento de estar listas para la concepción o el inicio real del tratamiento se acobardan— explico—, ella no quiere traer al mundo bebés no planeados o no deseados realmente— acaricio su rostro—, debió ver algo especial en ti.
Casi llora de la felicidad.
—Eso es muy dulce.
Asiento.
—¿Y entonces, Esme lo hizo todo? Mi madre te embarazó.
Bella hace un gesto de confusión.
—Suena raro cuando lo dices así.
Nos reímos al mismo tiempo.
—Pues prácticamente me quitó la oportunidad de hacerlo yo— le digo de broma pero ella se pone seria y agacha la mirada.
—Lo siento.
—No, no, no. No quise decir eso, Bella. Perdón, yo no quiero decir que no los quiera. Te amo, los amo, son tuyos y míos. Son bebés deseados, amados y muy especiales— levanto su rostro, que no te quede duda de ello— la abrazo.
—Me asusta que cambies de parecer un día.
Yo la meso entre mis brazos.
—Eso no va a ocurrir— le prometo.
…
Un mes después.
—Bella, ¿necesitas ayuda? — pregunto revisando mi móvil, esperando desde la otra habitación.
—¡Argh! — grita y yo corro asustado.
—¿Qué pasa? —digo horrorizado, casi pateando la puerta.
La encuentro frente al espejo en ropa interior y con el rímel corrido.
—¡No me queda el vestido! ¿Cómo se supone que iré a cenar con tus padres? ¡Ya nada me queda! — se pone de lado y su ahora muy notable barriga sobresale.
Mi alma vuelve al cuerpo.
—Te ves hermosa con cualquier cosa que uses— me acerco suavemente a ella.
—No— moquea—, soy una vaca.
—No— la beso dulcemente—, tu cuerpo está cambiando maravillosamente. Eres divina.
—Ay, Edward, subí otro kilo.
—Es normaaal— le aseguro.
—¿Para quién? — se limpia los mocos con el antebrazo.
Yo saco un pañuelo y le limpio la cara.
—Sonríe, eres más hermosa cuando lo haces.
Ella me obedece.
—Ahora— la tomo de los hombros—, tranquila. No es una cena con el presidente, vamos a cenar con mi familia, es todo.
—Tú irás de traje— hipea.
—Puedo ir de deportivos y camisa de franela si eso te pone más cómoda.
—¡Es que no hay talla siete para embarazadas!
—Bella, estás esperando tres hermosos bebés. Tienes que crecer.
Lloriquea de nuevo. Yo respiro.
—¿Quieres que ambos vayamos en pijamas?
Me mira a los ojos y sonríe. Ay esta mujer.
…
En crocks, pantalones holgados y una sudadera, vamos a casa de mis padres para poder cenar.
—¡Hoooola, mi vida! — me saluda mi madre con un fuerte abrazo, al notar mi vestimenta solo se ríe—. Bella te tiene loco.
Yo me río.
—Va ganando.
—Hola, preciosa— la saluda—, te ves divina.
—Me siento cómoda— admite.
—Es lo importante.
—Estaba preocupada por no usar tacones ni vestidos entallados— confieso y recibo un codazo en las costillas.
—Basta.
—Oh, no. Nada de eso, tienes que estar cómoda. No importa más que eso.
—Me avergonzaba venir inapropiadamente— murmura con pena.
—¿Por qué? — Pregunta mi madre—. Somos familia. Aquí no hay por qué sentir pena.
Bella me sonríe.
Parece que no se ha dado cuenta que ha unido más nuestro hogar desde que llegó a mi vida, hasta mi madre la adora con locura, Bella es fácil de querer.
—Pasen por favor a cenar— dice mi padre sonriendo ampliamente—. Estoy famélico.
—Yo igual— contesta mi chica y todos estallamos en una carcajada.
…
En la mesa, la cuchara de Bella hace el único ruido en la habitación, todos callados, nos enfocamos en la embarazada que se ha servido tres raciones cuando el resto lleva la mitad de la primera.
—¿Te has alimentado bien, querida? — pregunta Esme preocupada.
—Vaya que si— contesta con la boca llena.
No sabía que el embarazo hacia olvidar los modales, pero a nadie le molesta, en verdad causa ternura, yo estoy fascinado.
—Creo que le ha aumentado el hambre— sonríe Carlisle cortando un bocado.
—Somos cuatro— se excusa Bella.
—Parecen seis— alcanzo a murmurar y ella me fulmina con los ojos. Yo le doy una sonrisita tierna.
—Me parece que comas adecuadamente— contrapone mi madre—, es importante que todo alimento sea proteico y no procesado. Los embarazos múltiples generalmente finalizan antes de lo estimado y deben estar fuertes.
Bella se pone seria, hasta deja de comer.
—¿Por qué?
Yo la tomo de la mano al escuchar su tono de voz preocupado.
—Estaremos bien— le apoyo—, pero es una posibilidad que como son tres, sean prematuros y necesiten ayuda.
—¿Ayuda? — mira a todos lados nerviosa.
—Tranquilízate, cariño— murmura mi madre—. Mis nietos crecerán sanos y fuertes. Solo cuídate. Ellos serán tan fuertes como tú se los permitas y atiendas.
—He tomado el ácido fólico y las vitaminas que me dijo— se defiende casi.
—Nadie dice lo contrario— comento.
Mi padre me mira a los ojos y asiente.
Yo beso la mano de Bella.
—Los bebés nacerán bien, no te mortifiques.
—Sólo debes atender todas las necesidades, incluidas las del sexo. Edward— yo giro la cabeza robóticamente hacia Esme con la cara completamente roja—, ¿Qué tan frecuente le haces el amor?
Bella tose ruidosamente.
Mi padre suelta los cubiertos, mi madre se pone las manitas debajo del mentón ansiosa por mi respuesta.
—Mamá…
—¿Si, hijo?
—No estamos en consulta— digo entre dientes.
—Pero no hablamos de cualquier mujer embarazada— sostiene la mano de mi mujer y la palmea—. ¿Todo bien con el sexo, querida?
Bella se queda más pálida.
—Yo creo que ha superado mis expectativas— se ríe nerviosa.
Yo me cubro la cara con las manos.
—Eso es bueno— sonríe satisfecha la doctora más entremetida de la ciudad—. Hijo cuando gustes consejos, pasa con tu padre, él sabe cosas— mueve los hombros altanera.
Yo miro a Carlisle y éste solo agacha la mirada como si no hubiese escuchado nada.
¿Nadie dirá nada?
—Creo que el cordero ha quedado jugoso— opina mi avergonzado padre.
—Oh, es que lo he dejado marinando toda la tarde a sabiendas que Bella vendría.
—Muchas gracias, lo adoro— contesta entusiasta y se muerde los labios—. ¿Puede darme un poco para llevar?
Todos nos reímos olvidando el mal rato y vergonzoso que nos hizo pasar Esme.
…
Después de la cena, me encierro con mi padre en el despacho. Esme y mi chica se han metido completamente en la conversación que trata obviamente sobre los bebés y claro, después de haberle dado algunos regalos para ellos.
Yo me pongo a pensar en donde meteremos tanto para los niños. Razón por la cual consulto a mí amado padre.
—¿Qué te tiene tan nervioso?
—El espacio. No he querido presionarla a que se mude conmigo, donde vivo realmente no es un buen lugar para criar niños. Es un edificio.
—Entiendo. Deberías comentarle que quieres comprar una casa. Supongo que querrá seguir trabajando y debes considerar la lejanía.
Yo frunzo el ceño ante la idea, pero es que en realidad me empieza a dar pánico absolutamente todo.
—Creo que sí, debo hablarlo con ella.
—Hazlo, antes de que tu madre empiece a aconsejarle sexualmente.
…
De camino al departamento, Bella viene medio dormida, recargada en el asiento. Se ve tan tranquila, que apenas me detengo en el semáforo, siente y se despierta.
—¿Ya llegamos?
Yo sonrío.
—Pronto, faltan unas seis cuadras más. ¿Todo bien?
Asiente.
—Extraño mi cama— bosteza.
—¿Quieres que te lleve en brazos? —pregunto avanzando en el semáforo en verde.
—¿Y te rompas la espalda? Ni loca.
Yo me río.
—No estás tan pesada.
—No sabes lo que dices, cariño.
Estaciono fuera de la entrada y salgo para abrirle la puerta. Mi hermosa mujer apenas puede mantener los ojos abiertos, así que con gusto la acompaño. Está de más decir que prácticamente duermo todos los días aquí, a excepción de que solo tengo tres mudas de ropa y un par de calcetines.
Entramos a la sala, a pies en rastra, se quita el suéter y lo tira lejos.
Yo cierro la puerta y la sigo con la mirada, hasta que se pierde en su habitación y se echa en la cama. Me aseo y me preparo para poder acostarme a su lado, cuando la noto a media consciencia, aprovecho sus últimos momentos despierta.
—Humm Bella…
—¿Sí? — pregunto con los ojos cerrados.
—¿Qué te parece la idea de tener más espacio?
—¿De qué hablas? — y abre un ojo.
Sonrío.
—¿Y si nos mudamos?
Parpadea de modo alerta y se sienta lentamente.
—¿A dónde?
—Pues… Mi departamento es más grande, bueno —me acaricio la nuca—. Al menos los últimos meses de tu embarazo y los primeros seis meses de los bebés.
Bella pasa un enorme trago de saliva.
—¿Y qué hay de mi empleo?
—¿Qué piensas, que lo perderás?
Ella no responde.
—¿Qué clase de persona crees que soy?
—No una mala.
Beso sus manos.
—¿No quieres?
—Edward… Es que… Sabes que si quiero pero me da un poco de miedo dejar mi casa y que después te arrepientas—alza la vista.
—¿Arrepentirme?
—Sí.
Yo niego.
—Bella no de nuevo, ya hablamos de esto— me tenso un poco.
—Lo siento, me es inevitable el hecho de pensar en ello. Somos demasiados, Edward.
—Pero yo lo elegí— comento parándome de la cama—. ¿Quieres decidir por mi?
—No te enojes— murmura.
Respiro e intento relajarme.
—¿Qué no ves que quiero formar algo contigo? ¿Qué no ves que te amo?
—Yo también te amo, Edward. Pero somos cinco.
—¿Y qué? — pregunto frustrado.
—¿De verdad no te importa?
—Parece que a la que le importa demasiado es a ti— murmuro tomando mi chamarra y caminando fuera.
—¿A dónde vas?
—Necesito pensar, ¿de acuerdo? Duérmete, descansa, recién llegaste de un día pesado.
—No te vayas— me pide—, es que es un tema delicado. No hemos hablado mucho de ello.
—¿Qué tengo que hacer para que veas que estoy comprometido contigo, con los bebés? — inquiero un poco al borde de la desilusión.
—Yo… No sé…
—¿No me amas lo suficiente? — estoy herido.
—Edward— camina hasta a mí—. Si te amo pero…
Yo cierro los ojos y niego. Una de las cosas que la vida me ha enseñado, es que, todo lo que venga después de un "pero" usualmente no es nada bueno. Y yo no estoy listo para escucharlo.
—Ve a dormir, Bells. Necesito salir a tomar aire fresco.
Prensada a mi mano, me deja ir lentamente con un gesto de angustia en el rostro. No sé por qué razón, me siento herido.
