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Capítulo 28:

Paso una mano por su espalda, a modo de masaje, mientras siento su acompasada respiración sobre mi peso.

-¿Tiene fiebre? – pregunta Rick, sentándose a mi lado, en el sofá, con el pequeño de la casa en brazos.

-No lo parece – respondo en un tono bajo para no despertar a Emily, quien se acaba de quedar dormida en mis brazos tras pasarse la tarde insistiendo en que no se encontraba bien.

-¿Crees que está incubando algún virus?

-Creo que simplemente estaba cansada. Y quería atención – digo, besando su cabecita de la que cuelgan dos coletas con varios tirabuzones.

-Sí – dice él, mirando a nuestra hija con ternura – Creo que estos últimos días no solo le hemos dedicado más atención a Alex, sino también a Alexis.

-Es normal Castle. No es fácil tener una familia numerosa.

-Gracias por aceptar así a Alexis – me sonríe él, acariciando mi antebrazo. Yo le devuelvo la sonrisa. – Por cierto, deben estar a punto de llegar.

Miro la hora en mi reloj, comprobando que, en efecto, son casi las seis de la tarde. Alexis va a venir con su novio a cenar, así lo podemos conocer. Personalmente estoy bastante intrigada en saber cómo es y saber por qué Alexis cree que no nos gustará. Además de que no cabe duda a que su comportamiento últimamente, el cual deja mucho que desear, se debe a él.

Pongo a Emily a un lado, dejándola dormir en el sofá, y me acerco a la cocina. Meto la pizza en el horno y pongo la mesa. Hemos decidido hacer una cena informal, y qué mejor que pizza para un par de adolescentes, ¿no? O al menos eso es lo que pienso, totalmente desprevenida para lo que iba a ocurrir a continuación.


Apenas un par de minutos más tarde, el timbre suena. Imagino que era una señal de aviso, ya que segundos después, la hermana de Castle introduce la llave en la cerradura y abre la puerta, antes incluso de que a Rick o a mí nos dé tiempo a acercarnos.

Inmediatamente sé que va a haber problemas. Alexis entra, agarrada de la mano de un hombre. No un adolescente, un hombre. El tipo debe tener como mínimo unos veintisiete años. Por no hablar de sus pintas. A lo largo de los años trabajando en la policía, he aprendido que no hay que juzgar a nadie por sus apariencias, sin embargo, pondría la mano en el fuego a que con este no me equivoco.

-Alexis… - Castle rompe el silencio que se había generado en la sala, aunque ésta lo interrumpe.

-Este es mi novio – anuncia la adolescente, cogiéndolo de la mano – Daniel, este es mi hermano, y ella es Kate, su mujer.

-Ey – dice el aludido, sin mostrar demasiado interés.

-Alexis no… qué… ¿qué significa esto? – dice Rick, demasiado confuso.

De pronto siento que está pálido, así que decido acercarme y coger a Alex en brazos.

-¿Qué significa qué? – pregunta ella.

-¿Podemos hablar un momento a solas?

La adolescente asiente, resignada, y ambos se encierran en el despacho de Castle.

Miro al tal Daniel, quien observa la casa, incómodo.

-Así que… ¿cuántos años tienes? – le pregunto, intentando ignorar las voces que llegan desde el despacho de Rick.

-Treinta – responde, sin apenas vocalizar.

Suspiro, tratando de pensar qué narices ha visto una niña de dieciséis años en un tipo de treinta. Inmediatamente llego a la conclusión de que no se trata de qué ha visto ella en él, sino de lo que ha visto él en ella.

-¿A qué te dedicas? – le pregunto, tratando de hacerme una idea más clara de su persona.

-Ahora mismo en nada – Alzo la ceja, así que intenta darme una explicación más concisa. Todo lo concisa que puede dentro de los límites de la legalidad – Aunque a veces hago algunos pequeños trabajillos, ya sabes.

Sonríe de medio lado después de hablar arrastrando cada sílaba.

-No. No sé – le miro fijamente – Lo que sé es que estás saliendo con una menor, y eso es delito.

-Eh eh, tranquila, que Alexis sabe lo que se hace.

-Lo dudo – respondo con calma, sin apartar la vista de él.

Ambos nos giramos hacia la puerta del despacho de Castle cuando esta se abre. Rick intenta coger a Alexis por el brazo, pero ésta se aparta bruscamente, volviéndose contra él.

-¡No me toques! – grita, totalmente fuera de control – No tienes ni ida. Dios, ni siquiera me conoces.

Veo cómo Rick aprieta la mandíbula, conteniendo la rabia. Por un segundo pienso si debería intervenir o no, pero finalmente decido no hacerlo.

-No te conozco porque desde que has llegado no nos has dado la oportunidad – espeta él, todo lo calmado que puede dadas las circunstancias.

-Deja de fingir que te importo.

-Alexis….

-¡No! Me has arruinado la vida – grita con lágrimas en los ojos – ¡Mi padre está muerto por tu culpa!

Después de eso, sale corriendo antes de que ninguno de los dos podamos retenerla. Daniel abandona el loft después de ella, dando un portazo.

Ninguno de los dos decimos nada. Quizá bastante paralizados por lo que acaba de ocurrir. Es cierto que la muerte de su padre estuvo relacionada con Rick, pero no en el caso en que Alexis piensa. No es justo que utilice eso contra Castle.

Alex comienza a moverse y lloriquear en mis brazos. Es entonces cuando me doy cuenta de que Castle ha comenzado a moverse, nervioso, por el salón.

-Tienes que calmarte – le digo, acercándome.

-¿Calmarme? Después de lo que me ha dicho…

-No creo que lo piense de verdad. Solo estaba alterada…

-¿Tú crees? – pregunta, en un tono irónico.

Alex vuelve a lloriquear en mis brazos, intranquilo. Lo apoyo en mi pecho tratando de calmarlo.

-¡Mami! – esta vez es Emily la que llora desde el sofá. Hasta ese momento había permanecido ajena a todo lo que había ocurrido.

-Tranquilízate, ¿si? – Susurro, acercándome a Rick – Hazlo por ellos.

Él asiente y se encierra en su despacho. Miro la puerta, preocupada, mientras me siento en el sofá, acariciando la cabeza de nuestra hija.

-Mami, ¿qué pasa?

-Nada mi amor, todo está bien.

-¿Os estabais peleando? – dice, mirándome con unos ojos tristes.

-No – le intento mostrar una sonrisa – Papá solo está un poco agobiado ahora mismo, pero no nos hemos peleado.

-No quiero que papi se vaya otra vez.

Sus palabras me golpean de frente. A pesar de ser consciente de que nuestra pequeña lo pasó mal cuando Castle se marchó, no sabía que todavía arrastraba ese miedo con ella. Y, sin duda, eso me encoge el corazón.

-Emily – le digo, cogiéndole la mano. Observo esos ojos azules mirarme con atención - Papi no se va a marchar. Te lo prometo.

Ella asiente, y sé que confía en mi palabra.

-¿Te apetece cenar pizza? – digo, sonriendo al ver su ancha sonrisa.


Tres horas después, Rick y yo estamos sentados en el sofá. El televisor está encendido, a pesar de que ninguno de los dos le estamos prestando demasiada atención. Castle está continuamente intentando contactar con Alexis, pero ésta no le coge las llamadas.

-Nada, no contesta – dice, dejando el teléfono sobre la mesa, de mal humor.

-Está alterada. Cuando vuelva hablamos con ella.

-¿Y si no vuelve?

Lo observo, alzando una ceja.

-Volverá, Castle.

-¿Cómo estás tan segura?

-Yo también me escapé de casa cuando tenía su edad, también, enfadada porque mis padres no aprobaban a mi novio.

Él me mira, esperando saber qué pasó finalmente.

-Estuve cuatro horas en la calle, con él, que estaba más preocupado en hacerse porros que en hablar conmigo. Tardé cuatro largas horas en darme cuenta lo estúpida que había sido.

-¿Tenía tu novio casi veinte años más que tú? – pregunta, irritado.

Lo miro, suspirando, ya que me está tratando como si no sabría nada en este tema. Pero lo dejo ir, porque sé que está bastante alterado con todo lo que ha pasado.

-Tú puedes rastrear su teléfono para saber dónde está.

-Castle… me parece que estás exagerando las cosas.

-¿Exagerando? ¿Has visto las pintas que tenía ese tarado?

-Lo he visto, y también he visto que Alexis se ha ido con él por decisión propia.

-No sé cómo puedes estar tan tranquila.

-Y tú estás claramente sacando las cosas de quicio. Tu hermana se ha marchado, no ha desaparecido, volverá.

-Increíble, ahora no me quieres ayudar a encontrarla. Ni siquiera te interesa saber dónde está.

-Castle no puedo hacer lo que me estás pidiendo. Para rastrear su teléfono necesito una orden del juez, lo cual implica una denuncia por desaparición, que solo puedes poner después de las veinticuatro horas – intento explicarle, enfadada.

-Vamos, Kate. Ambos sabemos que el juez no se tiene por qué enterar de nada. El problema es que a ti te da igual. Pensaba que contaba con su apoyo.

Siento cómo mis ojos empiezan a escocer. De todas las cosas que esperaba que me echase en cara, ésta no era una de ellas.

Veo cómo se levanta del sofá y agarra su chaqueta y las llaves del coche. Yo también me levanto, aunque no voy tras él.

- Tu puedes quedarte ahí sin hacer nada, yo me voy a buscarla – dice mientras se está colocando la chaqueta.

-Genial Castle. ¡Lárgate! Márchate, no sería la primera vez que lo haces.

Sé que me he pasado. Lo sé en el momento en que sus ojos cristalinos se cruzan con los míos. Soy capaz de leer el dolor en su mirada. Sin embargo, en ese momento estoy bastante furiosa como para pedir perdón.

Suelta un bufido y se marcha dando un portazo.

Yo me quedo ahí, parada en mitad del salón, tratando de contener las lágrimas, sin saber muy bien qué se supone que debo hacer ahora.