Pasaron varios momentos, en los que los tres presentes tan solo miraban con atención la imagen de Sirius Black moviéndose en la portada de El Profeta. Mary se estremece por completo, porque en su mente recuerda la última vez que habló con Sirius, incluso en ese entonces no era el desgastado Sirius Black que aparecía en aquella fotografía. No mentía, muchas veces imaginó que de alguna forma Sirius se escaparía de prisión o por fin encontrarían que él no era culpable y regresaba con ellas una vez más. Pero esa idea parecía un cuento de hadas cuando la realidad en esa foto le llegó, porque aunque aun no lo hubiera visto sabía que ese ya no era el mismo Sirius del que una vez ella estuvo enamorada. ¿Qué haría si se lo encontrara? ¿Qué sería de ellos?
-Debo irme -dijo Regulus distrayendo a Mary de que entrara en un efectivo ataque de pánico. Se había puesto de pie y junto con él, Ann miraba a los dos adultos con miedo, más aún porque Mary no quería o no podía ver a su hija a los ojos en ese momento -tendrán está casa vigilada en cualquier momento, pero no es tan idiota como para venir hasta aquí -añadió lo último como para darle un poco de paz a Mary. Regulus se acerca y besa a Ann en la frente -feliz cumpleaños, se buena y cuida a tu mamá. ¿Quieres? -Ann asiente y sonríe como puede, antes de que su tío desaparezca a centímetros de la puerta.
Ann mira a su madre, como tratando de imaginar que es lo que pasa en su cabeza, pero las expresiones de Mary cambian con continuidad. Por eso lo único que pudo hacer fue caminar hasta donde estaba Mary y abrazarla con fuerza. De repente para Ann la emoción había llegado a su vida una vez más, porque era desde pequeña su sueño conocer a su padre. Sintió como la adrenalina corría por todo su cuerpo de solo imaginar los diferentes escenarios en los que podría conocer a su papá. Tuvo miedo de confesarle eso a su mamá, porque no sabía si ella aun quería verlo después de tanto tiempo, después de todo lo que ellas han sufrido sin él.
Y de improviso, la puerta de entrada suena indicando que alguien quiere entrar a la casa. Ann levanta la mirada asustada, Mary le sonríe levemente de forma calmada, le acaricia con suavidad el rostro y los ojos grises de su hija la observan con temor -ve arriba, cálmate y si es alguien que lo busca, actúa sorprendida. Solo relájate, no está aquí, no pasara nada -a Ann le sorprenden las palabras de su madre, tan tranquila en algo así, aunque está segura que su madre ha pasado por ello muchas veces. Respirando hondo Ann toma el valor que necesita y se sienta con naturalidad en la mesa, como si fuera un día normal.
Mary se sonríe y camina hacia la puerta de entrada, abre la puerta que revela a cuatro hombres con abrigos negros y bastante largos para un día de verano. Cada uno de los hombres mira a Mary de forma severa y ella solo devuelve la mirada sin emoción alguna en el rostro, sosteniendo la puerta con una mano y sus dedos rosando su varita en su bolsillo, esperando que los presentes se identifiquen. Y justo cuando Mary está por hablar, los hombres frente a ella se hacen a un lado, revelando a un molesto Alastor Moody - A un lado. ¡Aficionados! -exclama mirando de reojo a los demás aurores, jala las puntas de su abrigo como para colocarlo mejor antes de dirigirse a Mary -inspección de rutina Señora Black -Mary puede ver el rostro extrañado de los demás aurores cuando escuchan el apellido de casada de Mary, nadie la había llamado así en años, solo Ojo Loco Moody podía llegar de improviso y llamarla tal y como debería de ser -¿Si sabe que hay un acecino suelto? –pregunta dejando un sentimiento de ironía se escape de su tono de voz.
-Por supuesto, adelante -es todo lo que puede decir Mary que sonriendo aliviada se hace a un lado para dejar pasar a los aurores. Agradeciendo su suerte de que el propio Moody estuviera allí y no alguien que la mire de menos solo por ser la esposa de Sirius Black. Ann se acerca hasta Mary mientras todos los auroreres revisan la casa, con alguno que otro comentario de Alastor Moody de por medio.
-No hay nadie -anuncia al final uno de los aurores después de que la revisión ha concluido.
-¡Claro que no hay nadie! -exclama Ojo Loco con ironía haciendo una seña para que se retiraran -por supuesto que no hay nadie, no es tan idiota como para escapar y venir hasta aquí -terminó en voz baja como para que solo las dos mujeres lo escucharan y con una leve inclinación de la cabeza hacia Mary sale de la casa también.
-Mamá, ¿Quién era él? -preguntó Ann cuando creyó que nadie excepto su madre lo escucharía, un poco asustada de que ese hombre extraño haya acertado en las palabras de que su tío había dicho de su papá.
-Alastor Moody -responde Mary con un suspiro de cansancio -es uno de los mejores aurores que hay, tú papá solía trabajar con él, no creo que estaba muy convencido de que fuera culpable, lo conocía bien.
-Y entonces... ¿Qué hacia aquí? -preguntó Ann mucho más confundida.
-Su trabajo muñeca -contesta Mary examinando el rostro de su única hija -¿Quieres verlo? Estás preocupada porque lo atrapen porque quieres verlo –interroga cuando ve el rostro de Ann, conoce a su hija y puede imaginarse las mismas hazañas que puede hacer para ver a Sirius. Y no la culpa, años atrás cuando ella era un poco más joven, hubiera hecho lo mismo, era en resumidas cuentas la hermana gemela de un gran merodeador.
Ann la mira asustada, porque no esperaba que ella le hiciera esas preguntas y más aun que acertara tan bien en sus pensamientos, baja sus cabeza mirando al suelo con intensidad -yo si quiero verlo, es que se que sucedió con él y que se parece a mí pero...nunca me has dicho como es él, como persona.
-Era orgulloso y muy valiente, solía hacer tantas tonterías con mi hermano y yo lo odiaba tanto por ello -explicó Mary después de ver a su hija con determinación, decidida a que un poco más de información no le iba a hacer daño, después de todo era su padre. Ann levantó la mirada, extrañada por las últimas palabras de su madre -odiaba ser el centro de tantas boberías porque pasaba más tiempo en casa de tus abuelos que en la suya propia. Y él solía llamar demasiado la atención, con todas las chicas de la escuela que tenían una obsesión con él, eran contadas las que no fantaseaban con Sirius y muchas consideraban injusto que él viviera en mi casa, sin importar que yo no estuviera interesada en él.
-Y entonces... ¿Cómo es que te casaste con él? Era el mejor amigo de tu hermano, mi tío, ¿No era eso extraño? -los ojos grises de Ann brillaban con mucha intensidad, reflejando toda su curiosidad -¿Sentías celos si estaba con alguien más?
-¡Ann! -protesta Mary comenzando a caminar tratando de alejarse de toda la avalancha de preguntas de su hija, habían cosas que dolía recordar, porque su vida no era tan perfecta como lo había imaginado.
-¡Mamá! -protesta Ann en el mismo tono de voz que Mary y la sigue esperando una respuesta.
Mary ríe sin poder evitarlo, se da la vuelta para encarar a su ansiosa hija, se recuesta en la pared y cruza los brazos en su pecho, al momento en que deja salir un suspiro. Se muerde los labios intentando no sonrojarse y lo logra en ciertas partes mientras habla, porque tiene que contestarle o Ann no la dejará tranquila, además que su hija sea curiosa no tiene por qué afectarla, es normal y ella debe de hablarle sobre Sirius -no, no me ponía celosa porque tú padre me interesó mucho después de todo eso. Si fue muy difícil considerando que James tenía ganas de decapitar a cualquiera que quisiera algo conmigo. El cómo y el porqué me enamoré de él será para otra conversación -y con un beso en la frente de Ann, se fue de allí dejando a Ann con un enorme puchero en los labios. Pero había sido demasiado aceptar para Mary que Sirius se había escapado de prisión, no podía en esos momentos recordar cuando Sirius aun estaba con ella.
/
Un viento frío recorría las calles de Private Drive cuando Mary se apareció entre las sombras. No pudo evitar reír un poco al ver a la inflada mujer que aun flotaba arriba de ella. Y luego su sonrisa se borra, cuando ve a su sobrino sentado a la orilla de la calle, con la mirada triste, perdida.
-Por favor dime que yo no soy la próxima -le dice cuando se sienta al lado de Harry en el suelo e indica con la mirada a la mujer en el cielo. Harry ríe y Mary se siente a gusto, porque es lo que ella quería lograr en cuanto se sentó, hacer reír a su sobrino -yo sé que no soy la mejor tía, solo quiero saber si debería de preocuparme o no. ¿Puedo quedarme con mi varita cuando lo hagas? Sería muy útil cuando me aburra de estar flotando y quiera bajar.
-¡Tía Mary! -exclamó Harry al borde de la risa -no eres mala tía y ella no es mi tía -dice apuntando con un dedo el cielo y dejando de reír para ver fijamente hacia el otro extremo de la calle.
-¿Estás bien? -pregunta Mary pasando una mano por los cabellos rebeldes de Harry, justo como los de ella, como lo fueron alguna vez los de James.
-Si, solo me caí, creí ver un animal al otro lado -responde Harry de mala gana.
Mary se concentra en el arbusto al otro extremo, pensando en la primera cosa que vino a su mente al escuchar las palabras de Harry, Sirius. Y luego reacciona, porque recuerda que su sobrino aun no sabe que el dichoso acecino que escapó de Azkaban es su esposo y aun no decide cual es el momento adecuado para hacérselo saber -sabes que no me refería a eso. ¿Por qué te enojaste e inflaste a esa señora?
-Hablaba mal de mamá y papá -respondió Harry mirando al suelo entre apenado y disgustado -me enoje tanto que lo hice sin intención, aunque si imaginé que algo malo le sucedía. Ya sé que no fue cierto lo que dijo pero... ¿Crees que me lleven a Azkaban por ello?
Mary niega con la cabeza y le sonríe con dulzura -no te enviaran a prisión por eso, el Ministerio atrapará al globo volador y probablemente le borraran la memoria -e instintivamente Mary miró hacia el otro extremo de la calle, en los arbustos que Harry le había indicado cuando se sentó allí, porque lo sabía, lo presentía, allí estaba Sirius -ven Harry, te quedarás conmigo el resto de las vacaciones -dijo moviendo su cabeza y poniéndose de pie. Le ofrece su mano a Harry para poder desaparecer de allí al instante.
Ann Black tenía el aspecto de su papá, con ojos grises que brillaban con intensidad, tenía el mismo color de piel que su progenitor y la misma encantadora y cautivadora sonrisa. Pero habían dos cosas en las que Ann se parecía mucho a su mamá: poseía el mismo carácter que Mary y tenía el rebelde cabello de todos los Potter. Era en resumidas cuentas una mezcla perfecta de su madre y padre. Le gustaba el Quiddicth pero nunca llegó a jugarlo como su papá, era buena en hechizos y como muchos alumnos en Hogwarts, odiaba pociones y a Snape también. Era algo de familia, o al menos eso lo suponía porque Harry compartía la misma sensación de incomodidad que ella. Snape hasta ese momento era el único en toda la escuela que la llamaba por su verdadero apellido, solo que a Ann no le gustaba para cuando Snape despectivamente la llamaba "Black".
Y justamente por Severus Snape era que a Ann le tocó salir del castillo de Hogwarts y buscar, Merlín sabe cómo era que se llamaba, una planta en las orillas del bosque. Por una parte Ann estaba agradecida de no cumplir un castigo y estar en la presencia de Snape todo el tiempo, pero con Dementores rodeando el castillo y lo helado que se ponía en las noches, Ann Black no estaba para nada contenta. Caminaba murmurando maldiciones contra su maestro de pociones y abrazándose a la vez porque realmente tenía frío. No sabe cuánto había caminado y estaba tan oscuro y estaba tan pendiente de cubrirse del frío cuando se resbaló, cayendo acostada en el suelo. Se quedó allí por un buen tiempo, maldiciendo su propia suerte, no se había lastimado, pero estaba muy cansada y preferiría estar en su cama que tirada en la yerba. Jamás encontraría las espinas rojas que Snape ocupaba, estaría allí toda la noche. En medio de sus murmuro siente que algo mueve su pie, como si la estuviera oliendo o algo parecido. Estando a orillas del bosque prohibido era simplemente natural que Ann se apresurara a tomar la varita de su bolsillo y se sentara con un impulso fuerte. Deja salir un suspiro largo, relajándose cuando ve a un perro negro a sus pies, no sabe porque pero no le da miedo.
-Hola amigo -dice Ann estirando una mano para tocar al animal, el perro se mueve y deja que ella le acaricia la cabeza, como si fuera su mascota de toda la vida -¿Eres algún nuevo perro de Hagrid? -pregunta y curiosamente el perro levanta la mirada y ve que dos ojos grises como los de ella lo ven con intensidad. Ann siente algo extraño en su pecho, como si la dejaran sin aliento de momento, luego se recupera y sonríe con tranquilidad -si lo eres, eres más bonito que Fang -y el perro al escuchar eso agita su cola con felicidad, haciendo que Ann ría por un rato -oye, tú debes de conocer el bosque. ¿Sabrías en donde hay espinas rojas por aquí? No sé como se llaman, Snape me ha castigado y debo llevárselas o estaré aquí toda la noche -mira a su alrededor con tristeza -¡Claro Ann, como si un perro fuera a contestarte! -se dice, a si misma y se pone de pie para iniciar su búsqueda una vez más.
Solo que para sorpresa de ella el perro la muerde juguetonamente del pantalón, Ann da un leve brinco de sorpresa, pero se deja llevar por el animal. El perro deja de morderla y camina delante de ella hasta que se detiene no muy lejos de la orilla del bosque y señala de forma contenta el pie de un árbol.
-Lumus -susurra Ann y de la punta de su varita comienza a salir un destello de luz blanca -¡Eres un chico muy inteligente! -admite con alegría acariciando el pelaje negro del animal, que una vez más está muy a gusto al lado de ella -gracias -dice con una sonrisa genuina.
Una vez más piensa que hay algo extraño en aquel animal, solo que su mente no puede llegar a la conclusión de que es lo que es. Lo que no sabe es que ese no es un perro cualquiera y que tiene a su propio progenitor a su lado. Como ella se lo hubiera imaginado cuando era niña, que aparecía para ayudarla en algo. Claro está que no esperaba que este fuera en forma de perro, su padre en su mente era un hombre sumamente apuesto, y el hombre que tomaba forma de animal, era tal y como ella lo había imaginado. Si tan solo ella supiera quién era. Si tan solo conociera porque para ese misterioso animal había sido sencillo ayudarla en su búsqueda. Porque hace muchos años Sirius Black llevó a Mary Potter justo a ese lugar, ayudándola a ocultarse de McGonagall cuando recién había escapado de un furioso hombre lobo. Fue en ese lugar en el que Sirius Black besó por primera vez a Mary Potter.
Con un movimiento de varita y el leve susurro de un conjuro conocido, Ann guardó las espinas que estaba buscando sin tocarlas y estaba lista para regresar al castillo. Le sonrío al perro que la había ayudado a completar su castigo tan rápido, alargó su mano una vez más y dejó una caricia en el pelaje del animal -gracias -dijo una vez más con una sonrisa tierna jugando en sus labios. Se puso de pie y comenzó el camino de regreso al castillo.
Sirius Black se quedó a las orillas del bosque, como perro vigía, esperando que su hija entrara sana y salva al castillo una vez más.
Harry se había olvidado de ello, se había calmado y gracias a la siempre razonable Hermione había encontrado la forma de no gritar y explotar en ese instante contra algo más que le había ocultado. Pero cuando regresó a la Sala común esa noche después de la reveladora visita a Hogsmade, vio a su prima sentada en uno de los sillones de la sala común, no pudo contener su rabia.
-¿Porqué no me dijiste nada? -preguntó con la voz ronca, la mirada seria, atrayendo miradas de los más cercanos a ellos.
-¿Decirte qué? -preguntó Ann poniéndose de pie pero tenía una leve sensación en su interior que sabía de qué estaba hablando Harry.
La respiración de Harry aumenta considerablemente, pero logra controlarse un poco para susurrarle su respuesta a Ann -sobre Sirius Black.
Tan pronto como las tres palabras salen de Harry, Ann lo toma de la mano y lo empuja hacia fuera de la sala común, Harry no da protestas porque quiere respuestas de inmediato. Caminan un poco lejos, asegurándose de que nadie más va a escuchar lo que están por decir.
-¡Creyeron que era un tonto y no me daría cuenta! -exclamó Harry una vez que supo que ya no avanzarían más.
-No digas eso -le gritó Ann molesta, ya había tenido esa conversación con Mary, sobre qué pasaría cuando Harry se enterara y aunque no le dirían que Sirius era inocente, Ann no pudo evitar enojarse en ese momento -¿Crees que es fácil vivir siendo su hija? Yo estuve allí cuando solo tenías un año y mi mamá luchaba por saber que estarías en un lugar seguro porque por culpa de él no teníamos un hogar -ambos bajaron su enojo en ese momento, como simplemente recordando momentos difíciles en su vida -no es que no quisiéramos que te enteraras, es que no queríamos que pensaras mal de nosotras por ello.
-Lo siento -se disculpa Harry sintiéndose apenado, él se enojaba con su prima y tía cuando debería de estar enojado con Sirius Black, quién dañó de la peor forma a su familia, aun así Ann le sonrío. En ese momento si supo que tenía deseos enormes de tomar venganza, apretó los puños pensando, que no esperaba por ver a Sirius Black.
-¡Vamos lunático! Dime, quiero verla, por una vez -rogó Sirius comenzando a desesperarse, entendía por qué su amigo se negaba a confirmarle en donde vivía Mary, ya era demasiado que estuviera en su casa en ese momento, aunque claro la casa de Remus estaba muy alejada de todos. Pero dado a que gracias a Dumbledore el paradero de Sirius Black estaba era extremadamente lejos de Londres, Remus no quería que nadie más lo viera y Sirius simplemente quería ver a su familia -no entiendo cómo es que no sabes nada de Mary y Ann, eras su mejor amigo después de James, el padrino de Ann. ¿Qué pasó?
Remus lo ve a los ojos y suelta un suspiro largo, ve la desesperación en sus ojos grises y sabe que no puede seguir ocultándolo más -porque le fallé Sirius -responde Remus sonando apenado, aun así, Sirius frunce el seño y espera una mejor explicación -yo estaba cuidando a Ann un día cuando ella estaba en el ministerio buscando un juicio para ti. Le dije que eras culpable y ella se fue, dijo que no quería a nadie que pensara así cerca de Ann, que ella le enseñaría a su hija la verdad sobre ti. Traté de buscarla pero se había ido de Londres, no la vi hasta que Ann tuvo su primer día en Hogwarts, que me enteré que tu vieja casa estaba habitada de nuevo. -guardó silencio por unos segundos en los cuales Sirius lo miraba estupefacto -le pedí que me perdonara, por haberla dejado sola todos esos años, ella dijo que no tenía que perdonar nada, que alguien le había ayudado.
Sirius estaba a punto de gritarle, de reclamarle porqué ha dejado a Mary tanto tiempo sola, porque la traicionó. Pero una nueva idea apareció en su cabeza rápidamente, tragándose sus propios insultos y dirigiéndolos a alguien más -que alguien la había ayudado -repite Sirius haciendo que Remus se sienta aliviado, años en Azkaban pero Sirius Black siempre sigue siendo el hombre más celoso cuando se trata de Mary -¿Se casó de nuevo? Por eso no me quieres decir en donde está ¿No es así? -exigió Sirius pensando formas de muerte para ese que le quitó su lugar.
-Ya te dije que vive en la casa que ustedes habían comprado -responde Remus calmando una milésima al animago -no está casada Sirius no seas paranoico, no tengo idea con quién ha estado pero si sé que aun sigue casada contigo.
-¿Cómo? -pregunta Sirius completamente sorprendido, los rumores habían llegado hasta él de que si Mary no se divorciaba de él, perdería a Ann.
Remus se encoge de hombros -eso debes preguntárselo a ella -responde Remus sonriendo de lado -asegúrate de que solo sean ellas las que te vean y si yo fuera tu tomaría un baño antes de irme.
Sirius sonríe cuando en su cabeza se imagina estar aunque sea una noche con su mujer y su hija. Levanta una mano y se huele a si mismo, haciendo una mueca de asco seguido de eso, Remus como siempre era muy sabio, fue lo que pensó Sirius antes de buscar el baño de su amigo.
Esa noche habían cenado tarde, entre simples cosas cotidianas que Mary y su hija hacían se les había hecho tarde. Ann lavaba los platos sucios que su madre recién había puesto en el fregadero. Mary estaba de pie al lado de ella, inicialmente dispuesta a ayudar a su hija, hasta que algo más llamó su atención fuera de la casa y simplemente se quedó allí sin hacer nada. Ann lo notó pero por momentos se mantuvo en silencio, hasta que su madre recogió su abrigo del perchero y salió de la casa por la puerta trasera. Ann trató de llamarla, preguntar qué era lo que sucedía pero se tragó las palabras y solo apresuro a lavar los pocos platos que le faltaban.
Mary fue recibida por un viento fresco en su jardín trasero, se estremeció un poco y afianzando su abrigo alrededor de ella se sentó en el suelo. Suspira, no va a negar que no esta nerviosa y que su corazón está latiendo con exceso en su pecho, como si quisiera salirse de su lugar. Pero es que lo ha presentido desde ya hace mucho tiempo, sabe que esa noche ni ella ni su hija están solas.
-Solo sal de allí quieres, ya sé que estás aquí y no está precisamente cálido aquí afuera –dice a la nada, decidiendo poner fin a todos sus nervios. Es solo Sirius, solo su esposo. Y tal y como lo ha imaginado toda la noche, una sombra se acerca desde el otro extremo del patio, es curioso como lo ha esperado desde hace años, ver ese perro negro caminar hasta ella y en ese momento, se queda sin aliento. Le sonríe cuando está muy cerca de ella, Mary extiende una mano para poder tocarlo, como para comprobarse a sí misma que no se está imaginando nada, es real y lo tiene frente a ella –te eh estado esperando –susurra para que solo él pueda escucharla, antes de que regrese a su forma humana, antes de que sepa que es seguro que Sirius Black aparezca allí. Ella lo ve en sus ojos antes de que él aparezca ante ella como debe de ser, como simplemente sus ojos grises la cautivan de una forma extraña. Al fin después de tanto tiempo, ella se siente completa.
Espero reviews con ansias,
besos y hasta la proxima
