Nueva Generación.

Capítulo 28: Familias unidas.

Sebastian caminaba tranquilo por las calles de Nueva York hundido en sus pensamientos, recordando su conversación con Delloway y Blizzard.

-¿Por qué quieren hacer tal cosa?- les había preguntado desconfiado a los vampiros, apenas mirándolos de reojo sin voltear del todo.

-Digamos que lo necesitamos.- Delloway sonreía como confiado de que lo tenía comiendo de su mano. –Será un buen haz que tener en la mano cuando… comience…- dejó la frase incompleta a propósito, pero a Sebastian le parecía saber que quería decir.

-¿Lo quieres como un peón en tu ejército entonces?- alzó las cejas con burla. ¿En serio esos idiotas creían que podrían dominarlo? ¡Ja! Ni veinte años en la Fosa lo harían tan patético como para aceptar estar bajo el mando de esas dos despreciables sanguijuelas y su ratita sirviente Mimi, esa despreciable vampiresa coqueta que en su momento le dio un par de momentos placenteros pero ahora solo la repudiaba. -Aunque aceptara sacar a mi yo adulto de su prisión…- continuó diciendo. –Me he enterado que está mucho más custodiado de lo que estaba en mi época… Yo no sería capaz de lograrlo.- se encogió de hombros con una sonrisa cínica.

Los dos vampiros habían compartido una mirada antes de que Delloway hablara.

-¿Entonces no sientes el más mínimo interés en sacarte de la Fosa?- su tono irradiaba incredulidad.

Se encogió de hombros.

-Bueno, ese lugar sin duda era el infierno… pero yo realmente no puedo ayudarlos.- de pronto, se llevó una mano a la barbilla, aun sonriendo. –Pero sé quién puede ayudarlos…-

-¿Quién?-

-Mike Kenz.- su sonrisa se convirtió en una malvada. –Y Annaisa Lightwood.-

Eso fue todo lo que les dijo antes de desaparecer sin ni una palabra más.

Sabía, sin embargo, que aquellas despreciables sanguijuelas iban a tomar su discurso en cuenta.

Lo sentía por Kenz y Annaisa, pero no podía evitar aun querer hacer algunas travesuras, inclusive a la hermana de la niñita con la que tanto se había encariñado.

Hablando-pensando acerca de esa niñita… se preguntó cómo estaría ella.

No había tenido tiempo de ver su reunión con sus padres, pues había preferido desaparecer antes de dejar que aquellos vampiros hicieran alguna especie de truco para obligarlo a ir a la Fosa.

No volvería a ese lugar mientras tuviera vida.

Se lo había jurado a sí mismo.

Sacudió la cabeza, no era el momento de pensar en eso.

Ahora solo quería pensar en su plan de cómo iba a reunirse con su pequeña Adely.

El plan que habían hecho juntos.

.

Llorar. Parecía que eso era todo lo que eran capaces de hacer en las últimas horas dentro del Instituto.

Clary no podía culparlos. Ella misma había derramado su buena porción de lágrimas contribuyendo a los ríos que probablemente pronto comenzarían a formarse.

Adely e Isabelle finalmente habían regresado.

Isabelle había llegado en un estado de casi-muerta, pero por fortuna los Tres Maestros la habían sanado en solo minutos, y ahora la novia de Simon estaba solo inconsciente descansando en una habitación, mientras todos esperaban a que despierte.

Adely…

Adely había llegado en perfecto estado.

Ni un rasguño, ni un solo cabello fuera de lugar.

A pesar de que estaba inmensamente aliviada, la pelirroja viajera en el tiempo no dejaba de extrañarse por la condición en la que regresó.

Pero no se preocupó mucho por eso.

La primordial preocupación había sido Izzy, debido a su frágil estado, pero ahora que los Tres Maestros habían asegurado que estaría bien, la atención se había ido a Adely.

Clary nunca había visto tantas… demostraciones de afecto y sensibilidad por parte de los Herondale-Lightwood.

La familia recién reunida estaba compartiendo un gran abrazo familiar con Adely en el centro.

La Clary adulta y Anni estaban llorando a moco tendido abrazadas a ella, el Jace adulto estaba sosteniendo a la pequeña contra su pecho, enterrando el rostro en su cabello rojizo, Max tenía su frente apoyada contra la de Ady y estaba sosteniendo a Thai y a Denisse, Thai estaba sosteniendo una de las manos de Adely, y Jiu estaba sosteniendo la otra mano, apretándola contra su mejilla.

Todos de alguna manera se las arreglaron para tener un contacto con la niña… salvo por Denisse, claro, ella solo estaba sonriendo, balbuceando cosas versión bebé.

Habían estado así varios minutos y parecía que no tenían intenciones de separarse pronto, por lo que casi todos los presentes en el lugar se habían retirado para darles privacidad, salvo por los que estaban excesivamente apegados a Isabelle y no querían separarse de su lado, que eran los viajeros en el tiempo, Ellie y Kith, y Brun y Russ.

Pensando en eso, Clary recordó al pobre Simon, que apenas se enteró de que su Izzy había vuelto se había enclavado en el santuario, a la espera de que ella se recuperara para poder ir a verlo.

Sentada tomando una de las manos de la pelinegra, se preguntó una manera de hacer que su mejor amigo pudiera reunirse con su novia en el Instituto.

Tal vez luego les preguntaría a los Tres Maestros, que debían tener alguna especie de antiguo hechizo legendario para eso… o le preguntaría a Jiu, que tal vez tuviera algún truquillo moderno.

El sonido de la puerta azotándose la hizo salir de sus pensamientos.

En el umbral de la sala de enfermería, se encontraba parada de brazos cruzados la Isabelle adulta junto con el Alec adulto.

-¡Vaya!- sus ojos se posaron primero en la familia que recién se estaba separando. -¡Parece que la pequeña volvió!- sonrió a Adely, que tenía los ojos aguados pero sorprendentemente no estaba llorando. –Y también… mi yo pequeña.- frunció el ceño al vislumbrar su versión juvenil sucia y magullada. –Creí que era más bonita…-

-¡Mamá!- regañó Kith. -¿Qué no ves que está herida? Obvio que es más bonita que una anciana como tú…- murmuró cínicamente pero obviamente bromeando, aunque tratándose de alguien como él, Clary no estaba muy segura.

-Oh, cállate.- la pelinegra mayor profundizó su ceño, pero se notaba divertida. –Ese no es modo de hablarle a tu madre.-

-¿Qué haces aquí, mamá?- Ellie mantenía su mirada en la Izzy joven, Brun estaba a su lado, haciendo nada para confortarla más que estar ahí parado, junto a ella.

Clary recordaba algo que Anni le había dicho acerca de la relación amor-odio entre los pelinegros.

Aunque al principio había sido puro odio, últimamente con todas las situaciones difíciles por las que estaban pasando, era más amor que otra cosa… a pesar de que Ellie seguía enamorada de Max, que quería a Russ.

Se preguntó qué historia habría detrás de todo ese enredo.

Quizás luego interrogaría a Anni al respecto. Apenas dejara de llorar y se apartara de su hermanita, claro.

-¿Cómo que qué hago aquí?- se llevó las manos a la cadera. –Estoy buscando a mis dos rebeldes y malagradecidos hijos. Y también quería asegurarme de que mi yo pequeña estuviera bien.- se encogió de hombros.

-¿Por qué nos buscas?- la Lewis menor seguía sin mirar a su madre.

-Porque.- hizo una pausa dramática. –Su padre llamó.-

La atención de los hermanos Lewis así como la de casi todos voló a la mujer más alta.

-¿Simon finalmente llamó?- la Clary adulta habló, tanto ella como su esposo siendo los únicos que no se habían separado de la pelirroja de ojos dorados.

-Sí, que milagro, ¿no?- bufó sarcástica, pero había una mezcla de emociones indescifrables bailando en sus ojos oscuros. –Dice que vendrá para el cumpleaños de Ellie…-

¿El cumpleaños de Ellie?

-Cierto.- la susodicha se cruzó de brazos. –Había olvidado que mañana es mi cumpleaños…- murmuró como si no le importara en lo más mínimo.

-No lo digas de ese modo.- la Izzy mayor hizo una mueca. -¡Cumples dieciséis! ¿No viste la súper fiesta que le hicieron a Anni por sus dieciséis? ¡Tenemos que superarla con creces!- alzó las manos al cielo.

-Esto no es una competencia de fiestas, Iz.- la mayor de pecas frunció el ceño.

-¡Por supuesto que no! Pero si lo fuera, la fiesta que le haré a mi hija ganaría.- se cruzó de brazos.

-En especial.- el Alec mayor sonrió orgulloso. –Porque será Magnus quien la organizara.-

-Como que este no es el mejor momento para fiestas, ¿no creen?...- el Jace mayor alzó una ceja, Ady aun en sus brazos.

-¡Tonterías!- Isabelle adulta apuntó a su versión joven y a su sobrina pelirroja. -¡Ellas ya regresaron! ¡Debra no se animara a aparecerse con los Tres Maestros aquí! ¡Estos niños han estado llenos de estrés! ¡Podemos y debemos tomarnos un pequeño descanso!- exigió a gritos sin el mínimo reparo.

-Hacer una fiesta ahora tiene todo para salir mal.- declaró el rubio mayor, pero luego echó un vistazo a sus hijos y su mirada se suavizó. –Pero… he de admitir que estos niños necesitan un respiro. Han pasado tantas cosas últimamente…- suspiró, y su mirada volvió a endurecerse. –Pero siguen castigados. No crean que me olvidare de eso.-

Anni y Jiu maldijeron.

-¿Hablan en serio?- Ellie parecía incrédula. -¿Lo van a hacer? ¿En medio de todo esto?- no lo creía.

El Herondale-Lightwood mayor se encogió de hombros.

-Teníamos la misión de encargarnos de Debra, pero eso pasó a ser responsabilidad de los Tres Maestros. Delloway también es un problema, pero Brun y los Guerreros de Plata se encargaran de él, y si bien debemos ayudarlos, pasara un tiempo antes de que consigamos todos los permisos de la Clave y la Magistralía.-

-¿Magistralía?- Clary pestañeó ante la palabra extraña.

-Magistralía es el real consejo milenario de maestros de las sagradas artes plateadas pasadas de generación en generación por las más sabias y memorables figuras de la Gente de Plata.- informó Brun con un dedo en alto y los ojos brillantes.

Aparentemente le gustaba compartir datos de su gente de la que tanto se enorgullecía.

-¿Eh?...- no entendió ni una palabra.

-Es como la Clave de los Guerreros de Plata.- explicó Jiu ante la mala cara del Krill.

-Oh.- ahora sí que todo estaba claro.

-¡Es ridículo!- siguió insistiendo Ellie. -¡Yo no quiero una fiesta!-

-Pues, lastima. La tendrás.- la Isabelle mayor sonrió sin dejar lugar a replicas.

-Pero, mamá…-

-Será divertido, Ellie.- Max se acercó a ella. –Vamos, ¡cumples dieciséis! No puedes dejar pasar este evento o luego te arrepentirás.- le sonrió para infundirle ánimos.

Ella pareció pensárselo, pero luego sonrió suavemente antes de suspirar.

-No es como si tuviera otra opción, de todos modos.- le dio un puñetazo juguetón en el hombro, que aunque se vio suave dejó al chico dueño de la piel de diamante frotándose la zona afectada. –Y bueno, creo que a Ady le apetecería una fiesta de nuestro padrino ahora que regreso, ¿cierto?- se acercó a pellizcarle la nariz a la pequeña.

-¡Claro, Ellie!- sonrió.

-Bien, no somos nadie para negarle una fiesta a Ady ahora.- el rubio mayor revolvió su cabello.

-¡Perfecto!- la Isabelle adulta sonrió más que complacida. –Alec llamara a Magnus.- le dio un puñetazo en el pecho al Alec mayor, que la miró molesto pero sacó lo que parecía su celular y apretó un botón.

-¡Milagro que me llamas, Alexander!- se oyó la siempre despampanante y encantadora voz del brujo de Brooklyn.

-Magnus, también me da gusto oírte.- suspiró.

-Pues a mí me daría gusto verte. ¿Cuánto ha sido de la última vez que nos vimos? ¿Diez años?-

-Solo fue el mes pasado.- se frotó las sienes.

-Se sintieron como diez años, más cuando apenas me llamas, novio desconsiderado.-

Los Magnus y Alec más jóvenes suspiraron ante la confirmación de que su relación se mantenía, el brujo discretamente de modo que Clary apenas lo escucho, y el nefilim mucho más sonoramente.

-Los dos estamos ocupados, y… ¡Oh, ya hablamos de eso, Magnus! ¡Lo importante es que ahora tienes que venir a organizar la fiesta de los Dulces 16 de Ellie!- esperó un momento en silencio, hasta que se dio cuenta que no iba a contestar y miró en la cosa redonda que parecía su celular, su ceja crispándose. -¡¿Me colgó?!-

En cuanto terminó de decir eso, sin embargo, el celular de Ellie comenzó a sonar, y ella lo atendió ante la mirada fulminante de su tío.

Apenas colocó el celular contra su oreja tuvo que apartarlo de inmediato ante lo que seguramente fue un grito estridente.

-H-hola, tío Magnus…- masculló tímida, riendo nerviosamente. –Todavía no es mi cumpleaños, eso será pasado mañana y mi mamá… Sí, sí, quiere que vengas inmediatamente para organizarla, ya la conoces… ¿Eh? ¡No, no! ¡No es necesario que…!...- no acabo de hablar cuando un brillo iluminó toda la enfermería, y de repente, dos Magnus exactamente iguales estuvieron de pie frente a frente.

La única diferencia entre los dos debía ser la forma en la que estaban vestidos y la cantidad de purpurina que estaban usando.

El Magnus que acababa de llegar era sin duda mucho más brillante que el que estaba con ellos desde el principio.

-¡Hasta que finalmente me conozco a mí mismo!- el Magnus más brillante sonrió encantado. –Lamento la demora, guapo, siempre que estaba por conocerte me surgía algo. Siempre estoy ocupado en esta época, todos dependen de Magnus. Desventajas de ser yo.-

-Te entiendo totalmente.- el Magnus menos brillante sonrió condescendiente. -¿Igual que en esa época del siglo XVI, en Francia?-

El más brillante sonrió aún más.

-Mucho peor.- dio un guiño completamente resplandeciente, antes de girarse al Alec más joven. -¡Pero miren que tenemos aquí! ¡Ya casi estaba olvidando lo adorable que eras cuando apenas salíamos!- pellizcó tiernamente la mejilla de Alec, que se tornó escarlata al igual que la otra.

El Alec adulto frunció el ceño.

-¿Quieres decir que no soy adorable ahora que estoy envejeciendo?- se notaba profundamente ofendido.

-Por supuesto que no.- el Magnus más brillante aseguró despreocupadamente. –Ya no eres adorable, ahora eres sexy.- le dio una nalgada que provoco que el sonrojo de Alec aumentara.

El Alec más maduro, sin embargo, en vez de sonrojarse igual que su versión más joven como Clary había estado esperando, sorprendió a todos los viajeros en el tiempo sonriendo coquetamente al brujo más resplandeciente.

-Muy bien, te creeré.- más apaciguado, el pelinegro mayor se acercó a Anni y le rodeó los hombros con el brazo confianzudamente.

Clary recordó que él era el padrino.

Hablando de padrinos, el Magnus recién llegado tomó a Adely de los brazos de sus padres y, cargando con ella, se acercó a Ellie.

-¡Hace tiempo que no veía a mis dos queridas ahijadas!- tronó los dedos y un helado apareció en las manos de la pelirroja más pequeña, mientras que una corona apareció en la cabeza de la Lewis menor. –Ya extrañaba consentirlas.- Ady saltó de gusto en sus brazos, devorando el helado, mientras que Ellie se quitó la corona de inmediato, levemente ruborizada. –Estuve tan inmerso en la búsqueda de esta traviesa.- pellizcó la mejilla recubierta de helado de la pequeña. –Que olvide completamente que se suponía que ya tenía que estar organizando tus Dulces Dieciséis.-

-Sinceramente, tío Magnus… no creo que sea el mejor momento para fiestas.- trató de persuadir otra vez la casi-cumpleañera.

-¡Tonterías!- el brujo más brillante sacudió una mano, dejando un rastro de brillos a su paso. -¡Ahora que recuperamos a Adely tenemos el doble de razones para celebrar!-

-Pero…-

-¡Ya está decidido!- la Izzy mayor acalló toda palabra que pudiera decir su hija. -¡Haremos esta fiesta! ¡Y superaremos la fiesta que le hicieron a Anni!-

Madre e hija de ojos verdes fruncieron el ceño.

-Esto no es una competencia de fiestas.- se cruzaron de brazos.

-No, pero la de mi Ellie ganara.- la Isabelle mayor hacía oídos sordos a las quejas de cualquiera. -¡Hay que empezar ahora mismo!- tomó del brazo al Alec más maduro y al Magnus más brillante y los jaloneó fuera de la enfermería.

Adely escapó de los brazos del hechicero y corrió hacia Max, pero Anni la interceptó a medio camino y la cargó, lanzándole una mirada de disculpa a sus padres.

-Quiero el primer turno con ella. ¡Adiós!- su mirada cambio en menos de medio segundo a completa alegría mientras corría escapando con su hermanita en brazos.

-¡Pero aún tenemos que…!... Ah, olvídalo.- la Clary mayor suspiró. –No tiene caso…-

-Con Barbie nunca lo tiene.- secundó Jiu, pero su tono era más apagado de lo normal. ¿Qué le pasaría?... Adely ya había vuelto así que, ¿no debería estar feliz?

Ellie empezó a caminar hacia la puerta seguida por Max.

-Voy a controlar que no conviertan mi fiesta en una piscina de brillo y maquillaje, con permiso.- dijo mientras se iba con su mejor amigo siguiéndola fielmente. -¡Kith, avísame si mamá joven despierta!-

-Lo que sea.- contestó desinteresadamente el Lewis menor, aunque con la preocupación brillando en sus ojos al ver a la Izzy joven.

-Ya está tardando mucho en despertar, iré a consultar con los Tres Maestros.- comentó el Jace mayor después de un momento de aburrido silencio.

-Voy contigo.- Jiu quiso acompañarlo.

-Yo también voy.- decidió Clary jalando a su novio mientras seguían a padre e hijo fuera.

Lo cierto era que estaba ansiosa con que Isabelle despertara y pudiera reunirse con Simon, que estaba realmente preocupado, pero también quería ver a los Tres Maestros y terminar la conversación que había interrumpido la llegada de las desaparecidas.

¿Qué o quién era Hakuro Tak?

Aunque no sabía cuándo podría darse la ocasión para que pudiera interrogarlos al respecto, los Tres Maestros estaban ahora en el santuario, junto con todos los demás que habían querido dar privacidad a las familias, y sabía que no era una cuestión que podía simplemente decir delante de todos.

Llegaron al santuario y de inmediato Simon la abordó preguntando por el estado de salud de su novia, a lo que con tristeza contestó que aún no despertaba. Él volvió cabizbajo a sentarse.

El Jace mayor fue hablar con los hermanos Hakuro y Clary y su novio lo siguieron, mientras que Jiu solo se acercó a Evelyn y sus padres, abrazando por los hombros a su amiga de cortos cabellos rubios.

-Maestros.- el rubio adulto se inclinó a los tres. –Sé que dijeron que Isabelle pronto despertaría, pero ya está amaneciendo y ella continúa sin signos de despertar, es un poco preocupante.- frunció el ceño. -¿No estaba completamente sanada ya?-

-Sanamos todas sus heridas físicas, señor Herondale.- Hakuro, el hermano mayor, se ajustó sus lentes. –Sus signos vitales están bien y no parece haber rastros de que haya sido embrujada. Según su salud física ella podría despertar en cualquier momento, pero podría tratarse de algún trauma emocional el que le impida volver a la consciencia.- claro… quién sabría los horrores que Debra la habría hecho pasar. –Por ahora solo deben ser pacientes, si no mejora en dos o tres días volveremos a chequearla.- prometió.

El mayor de ojos dorados no pareció del todo conforme, pero asintió y se fue murmurando algo acerca de ver qué estaban haciendo sus hijas.

Pensando que los Maestros estaban lo suficientemente apartados del resto, Clary se les acercó disimuladamente, Jace siguiéndole el paso en todo momento.

-Ah… pero si es la señorita viajera en el tiempo otra vez.- Taiyo le sonrió inclinándose de modo que su rostro terminó demasiado incómodamente cerca del suyo.

Su novio le rodeó la cintura con un brazo posesivamente y la atrajo hacia él, apartándola del risueño de un ojo gris y el otro azul.

-Tai, ¿qué te hemos dicho acerca de molestar a las señoritas?- se frotó las sienes Hakuro, a lo que el hermano menor solo sonrió bobamente, en absoluto avergonzado. –De todas formas, señorita viajera en el tiempo, supongo que el motivo de que se acercara es que quiere terminar nuestra conversación anterior, ¿o me equivoco?- volvió a ajustar sus lentes.

La pelirroja asintió un poco tímidamente, mirando nerviosa al frío hermano del medio. Aunque el brazo de Jace alrededor de su cintura le daba un poco de seguridad.

-¡Bien! ¡Te contaremos todo! A Tak no le importa, ¿verdad, Tak?- sonrió a su hermano más bajo, que lo ignoraba con su mirada fija en Lucily, que se hallaba sentada a unos metros siendo interrogada por Kiatsuki y Tomiko. -¿Lo ves? No le importa.- alzó un pulgar despreocupadamente.

-Aunque no le importe no es algo que podamos hablar aquí.- intervino el mayor. –Hay demasiada gente.-

-¡Oww! ¡Tú no eres divertido!- se quejó el menor.

-Estaremos encantados de invitarlos a tomar el té a las cuatro de la tarde, sin embargo, si tanto quieren saber.- invitó ignorando a Tai.

-¿Tomar té? ¿Acaso te quedaste en el siglo XV antes de Cristo hermano? ¡Ya nadie hace esas cosas!- dramatizó el de cabelló azul con el mechón celeste.

-Nos encantaría.- sonrió la nefilim. -¿Dónde será la… ceremonia del té?-

-Ustedes búsquennos en la biblioteca a la hora señalada.- sonrió amablemente Hakuro.

.

-¡Su majestad te extrañe tanto!- chilló felizmente Adely abrazando a su gata mientras daba vueltas alrededor de la recién ordenada habitación de Anni, que por cierto estaba sentada en su cama sonriendo enternecida por la escena.

Raquel y Ben estaban a sus lados, ya habían estado en la habitación cuando las hermanas llegaron, aparentemente habían estado teniendo una tensa conversación. La rubia sentía ganas de interrogarlos, pero prefirió mantener su atención en su hermanita, decidida a ya nunca más desperdiciar su tiempo con ella.

Ahora sería una buena hermana.

-Ella se ve muy contenta…- sonrió Quely al ver a la pequeña, frotando tal vez inconscientemente su vientre.

-Es bueno tenerla devuelta.- acotó Ben con una sonrisa relajada. –Y es un milagro que esté completamente sana y salva.- suspiró aliviado, casi pasando desapercibido el ceño fruncido de Anni. -¿Sucede algo?- le preguntó curioso.

-Mmm… no, no particularmente.- siguió observando a su hermanita juguetear con la felina regordeta. –Solo tengo curiosidad respecto a cómo la estuvo pasando, pero no quiero interrogarla.- frunció los labios. –Por ahora me concentrare en que ella está bien.- sonrió aunque levemente. Haría a un lado todos los problemas que abrumaban su mente para concentrarse en Ady.

Delloway, Debra, Mike, King, los Justicieros, las apuestas, todo podía esperar. Ahora no había fuerza en el mundo que la separara de su hermanita.

-¿La has estado alimentando, Anni? La veo un poco delgada.- indagó preocupada la pequeña pelirroja una vez acabo de dar vueltas con la gata.

-Tranquila.- le sonrió. –Come con el perro de Kevin, ha estado muy bien alimentada.- aseguró.

-Qué alivio.- suspiró finalmente bajando a su mascota, que fue corriendo a recostarse sobre el único montón de ropa apilada que había quedado en la habitación, cayendo dormida de inmediato. Que animal tan curioso… -Me alegra que Su majestad haya estado bien durante mi ausencia.- los tres mayores hicieron espacio para que se sentara en la cama junto a su hermana mayor, que le acarició los cabellos lacios.

-¿El alaciado te duró tanto tiempo?- preguntó curiosa, notando a la de ojos dorados tensarse ante su pregunta y simplemente encogerse de hombros. Anni frunció los labios pero decidió dejar el tema por la paz. -¿Y segura que no tienes hambre? Puedo cocinar algo para ti, si quieres.- ofreció casi tímidamente.

-¿Tú cocinar?- abrió mucho los ojos alzando sus lentes.

-¿Por qué esa cara de sorpresa? No soy mala cocinando.- le gustaba considerarse a sí misma una cocinera regular.

-Yo no dije eso, pero… pensé que preferías "incendiar tu colección de bufandas" antes que esclavizarte frente al horno.- citó sus palabras de hace unos meses.

Ella rió nerviosamente.

-Sip, pero… Sé que te gustan mucho mis panecillos con queso, así que pensé… que tal vez querrías que te los hiciera.- propuso.

Adely ladeó la cabeza y soltó una pequeña risita quién sabe por qué razón, antes de inclinarse hacia ella y darle un abrazo.

-Claro, Anni. Me encantaría.- se abrazó más a ella, subiéndose los lentes antes de enterrar su rostro en su hombro.

Anni sintió sus ojos aguarse mientras correspondía el abrazo.

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Raquel y Ben compartieron una mirada, decidiéndose a abandonar la habitación en silencio para darles privacidad a las hermanas recién reencontradas. Ellas necesitaban su tiempo juntas.

Al salir se sorprendieron de ver a su tío Jace.

-¿Anni y Adely están ahí?- preguntó señalando con la cabeza la habitación.

-Sí, tío, pero probablemente quieras dejarlas solas.- recomendó Raquel. –Las cosas se pusieron un poco sentimentales entre ellas.- susurró a lo último.

Su tío suspiró, pasándose una mano por el cabello.

-Bien.- cedió, y los tres comenzaron a bajar hacia el santuario, topándose con los Alec y Magnus jóvenes en el camino, besuqueándose en un rincón.

Raquel soltó una risita que advirtió a los viajeros en el tiempo de su presencia, por lo que el Alec joven se alejó de su Magnus como si quemara, un profundo rubor arrastrándose a sus mejillas.

-Consíganse una habitación, picarones.- se burló la Beller pasándolos de largo.

-Í-íbamos al santuario…- tartamudeó Alec.

-Pero nos entretuvimos en el camino.- agregó pícaro Magnus, aumentando el sonrojo en las mejillas de su novio.

-Nosotros también vamos al santuario.- sonrió amablemente Ben.

-Yo realmente quería ir a ver a Alec… el Alec de esta época.- aclaró Jace.

-Creo que la tía Iz se lo llevó a su casa junto con Magnus… de esta época.-

-Oh, sí, van a planear los Dulces Dieciséis de Ellie.- murmuró Alec con las manos en los bolsillos.

-Y cómo voy a planearlos yo, sin duda será el mayor evento en el siglo.- sonrió brillantemente el brujo.

Tío Jace rodó los ojos, pero volteó sonriente a ver a Ben.

-Seguro que será una buena fiesta, ¿invitaras a tus padres? Ha pasado tiempo desde que los veo… bueno, más a tu madre, a tu padre lo vi el mes pasado o el anterior, creo…- murmuró a lo que el licántropo sonrió un poco tensamente.

-No sé si papá podrá asistir, trabajo, ya sabes… Pero le preguntaré a mamá, seguro que ella y su novio quieren ir.-

Sus palabras llamaron la atención de Alec.

-¿Jordan y Maia… tus padres… no están juntos?- preguntó incrédulo.

La sonrisa del más joven se volvió un poco triste.

-No… no, en realidad… Se divorciaron cuando yo era pequeño.- se encogió de hombros, incómodo. –Por eso supongo que está bien que los del pasado no hayan venido aquí, hubiera sido muy perturbador, imagino… ver que están divorciados.- se frotó la nuca.

Alec hizo una mueca, dando un paso más cerca de Magnus.

Raquel observó todo en silencio, cruzando sus brazos protectoramente delante de su vientre. Por eso consideraba más seguro ser una madre soltera. Los matrimonios siempre podían acabar mal y ¿cómo dejaba eso a los niños?

Si no fuera por Anni y su manía de no dejar a nadie sintiéndose excluido, probablemente Ben seguiría siendo el tímido niño que se abrazaba a los postes de luz viendo jugar a los demás.

¿De qué servía juntarse solo para criar a un niño? Por eso no le exigía ni exigiría nada a Terrence. Podía aceptar una custodia compartida, eso era mucho mejor que arrastrarlo a una relación vacía con ella que obviamente lo haría infeliz solo para que pudiera estar con su hijo (si es que quería estar con su hijo), porque no había forma de que aquello acabara bien de ningún modo.

Suspiró al pensar en Terrence otra vez. Lo había estado evitando, pero tarde o temprano tendría que confrontarlo, y por las miradas que últimamente le había estado dedicando, sabía que tendría que ser más temprano que tarde.

Solo esperaba ser capaz de tolerarlo, no olvidaba que el suyo era un embarazo delicado. Tanto drama no podría estarle haciendo bien… pero eran cosas por las que tenía que pasar. Era necesario. Debía ser fuerte.

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La sala de reuniones de los Justicieros era algo que King hacía mucho que no veía.

Allí estaban reunidos los fundadores originales de su legión, los primeros que reclutó. Muchos de ellos lo miraban mal, aunque no era para menos, algunos seguían sin recuperarse del shock de que estaba vivo.

Los líderes de su legión estaban compuestos de la siguiente manera:

Cuatro licántropos, una de ellos Blunde, y otros tres hombres. Trent, rubio de ojos azules y el nuevo mejor amigo de Scott. DJ, castaño con las puntas del cabello largo hasta por encima de los hombros teñidas de rubio y ojos marrones. Y Chuck, un mexicano que todavía tenía problemas con su idioma, de piel morena y cabello castaño oscuro y rizado con ojos marrones.

Dos vampiros, uno de ellos permanecía encapuchado en todo momento, otra era Mimi, de cabello negro y ojos marrones, que era una infiltrada en el bando enemigo.

Una hada, Aara, de orejas puntiagudas y piel muy blanca, con el cabello una mezcla de colores azules y verdosos y los ojos verdes.

Dos pequeños hechiceros, Stan y Kio, ambos gemelos idénticos de cabello rubio y ojos verdes, aparentaban nueve años, nadie sabía por qué, y tendían a ser muy traviesos pero cuando querían podían ser serios.

Y luego estaban los cazadores de sombras, que eran ocho en total si contaban a King entre ellos, al igual que a sus dos hermanas pequeñas. Videan, Jhony y Scott. Li, de ojos y cabellos castaños, que en realidad era una mujer pero pedía a todos que se refirieran a su persona como un hombre. Y Ted, de tan solo catorce años, de cabello negro y ojos oscuros.

En total eran diecisiete líderes, antes eran menos, pero en fin, las cosas habían cambiado mucho desde que King lo empezó todo, ahora tenían muchos reclutas, su legión había crecido mucho, y él estaba orgulloso de eso, a pesar de que probablemente todo estaba siendo construido sobre una torre de mentiras, le gustaba ser capaz de inspirarle a la gente una responsabilidad hacia la justicia, aunque sea por mentiras…

Suspiró mientras se hundía en su silla y miró a Jhony para que tomara la palabra por él, como solía hacer casi siempre.

Jhony carraspeó nerviosamente y miró a todos sus colegas.

-Bienvenidos… a la séptima reunión oficial entre todos los líderes de nuestra sociedad auto-nominada "Justicieros". El tema de esta reunión de hoy… el regreso de nuestro líder indiscutible y fundador, King.- King sonrió y alzó el dedo índice y medio en señal de paz ante todas las miradas fulminantes. –Sé que todos tienen preguntas, pero pido por favor que las hagan de a una civilizadamente. Quien quiera hablar levante la mano.- de inmediato una mano se alzó. –Trent.- Jhony asintió dando permiso al lobo rubio de iris azul.

-Sí, bueno, todos aquí sabemos que no nos va a decir el porqué de sus acciones, así que yo solo quería preguntar qué vamos a hacer ahora, ¿qué va a seguir? La Clave quiere su cabeza, Debra quiere su cabeza, y ahora incluso hemos perdido uno de los utensilios de Hu'kou que protegíamos. ¿Cuál es nuestra utilidad ahora? ¿Cuál es tu utilidad, King?- Trent entrecerró sus ojos azules.

Scott soltó una pequeña risa.

-Vaya, hermano, es lo más inteligente que has dicho en mucho tiempo…- se burló.

-¡Cállate!- se cruzó de brazos Trent. –Es una preocupación que se está extendiendo entre los novatos desde que dejaste que Russelia Krill se quedara con el Espejo Deslucido.-

-El espejo está donde pertenece.- se defendió King con una de sus sonrisas misteriosas.

-Y nadie puede desafiar la autoridad de nuestro líder.- tajó Jhony. –Él vela por todos nosotros.-

-Sí, claro…- bufó Blunde, ganándose una mirada resignada de su esposo, que simplemente suspiró y siguió hablando.

-Nuestro líder ha estado recolectando información de los enemigos, información importante y necesaria. La relevancia de las hazañas que ha estado realizando en todo este tiempo es irrefutable.-

-¿Tú entiendes algo de lo que está diciendo?- murmuró un mini hechicero a otro, que negó con la cabeza con expresión adorablemente aturdida. King tenía problema para diferenciar entre los gemelitos, la única diferencia entre ambos eran sus habilidades mágicas.

-¿Por qué necesita él mismo recolectar información sobre los enemigos? ¿Qué no están para eso nuestros infiltrados?- inquirió perezosamente Ted, el nefilim catorce-añero.

-Los infiltrados solo pueden llegar hasta cierto punto a la hora de recolectar información, por lo demás, es preferible que no tomen riesgos para así pueden mantenerse como eso, infiltrados, tienen un límite.- habló Videan ajustando sus lentes oscuros.

-Hay otros rumores entre los novatos, ya saben.- volvió a hablar Trent. –Algo acerca… de un traidor entre nosotros.- junto las manos bajo la barbilla, mirando a todos y cada uno de los que estaban en esa sala sentados alrededor de una mesa circular.

Blunde estrelló su puño contra la mesa a la par que Aara, la hada del grupo, se levantaba de su silla mirando mal a Trent.

-Eso es imposible.- dijo tranquilamente Aara. –Yo y Videan nos hemos encargado personalmente de…-

-Suficiente.- King alzó una mano y todos volvieron a calmarse en sus asientos. –Es verdad, hay un traidor entre nosotros.- Aara se tensó. –Pero sé muy bien quién es. Y tranquilos todos, no está presente en este momento.- varios suspiraron de alivio. El traidor al menos no estaba entre los líderes.

-Pero King, ¿quién es el traidor?- indagó Jhony preocupado.

-Eso es algo que no necesitan saber.- King dio otra de sus misteriosas sonrisas. –Solo no estén divulgando con tanta confianza todo lo hablado aquí.-

-¿Qué quieres decir, idiota? ¡¿Estás diciendo que no harás nada al respecto y dejaras a ese traidor pasearse libremente por aquí?!- gruñó molesta Blunde.

-Por ahora es mejor que nuestros enemigos tengan la ilusión de que tienen el control al menos en eso, si no pueden hacer algo peor y no estoy dispuesto a averiguar qué podría ser, no con lo que me entere que tienen planeado.-

-¿Qué tienen planeado?- Celestia (Megami para la mayoría de los presentes) habló por primera vez.

King realmente no tenía intenciones de decirlo aún, pero como volviera a andarse con rodeos o mentirle a su hermanita otra vez estaba seguro que ella jamás le daría la oportunidad de redimirse por sus errores del pasado.

Frunció el ceño. Bueno… en algún momento tendrían que saberlo, de todos modos. Tomó una respiración profunda antes de finalmente hablar.

-Bueno… no es nada muy importante… solo el reclutamiento de un ejército vampírico y demoniaco y planes de guerra y dominación mundial.- sonrió inocentemente.

-¡¿QUÉ?!-

.

Clary se encontraba almorzando con Simon en el Santuario. Jace había querido acompañarla, pero fue arrastrado por una Anni especialmente alegre a compartir la cena con todos en el comedor, casi la había arrastrado a ella también, pero comprendió que no quería dejar solo a su mejor amigo, así que solo le llevó un plato la Lasaña que había sido el platillo que la Clary adulta y Kevin habían preparado hoy por antojo de Raquel.

Ambos estaban charlando acerca del retorno de Isabelle.

-No importa que no haya despertado aún, en serio, estoy feliz de que regresara. Hay que agradecer que esté sana y salva.- suspiró él, bebiendo un sorbo de su sangre embotellada. –Y no importa cuánto tarde, no me iré de aquí hasta volver a verla.- sus ojos se iluminaron un poco.

Ella sonrió para tratar de infundirle ánimos.

-Seguro que pronto despertara, Izzy nunca se pierde una buena fiesta, y como harán de los Dulces Dieciséis de Ellie el mayor evento en el siglo, seguro que no querrá perdérselo.- aseguró antes de llevarse otro bocado de lasaña a la boca. Estaba delicioso, Kevin y su yo madura cocinaban de maravilla.

-Sí…- por alguna razón, el rostro de Simon decayó levemente.

-¿Pasa algo?-

-Nada es solo que… parece que finalmente tendré la oportunidad de ver a mi yo… del futuro.- sonrió amargamente mirando la botella de sangre.

-¿Cuál es el problema con eso?- después del shock inicial de que el viaje en el tiempo no era imposible y experimentarlo por su propia cuenta, realmente no era tanto drama ver a sus copias maduras, ni siquiera a Alec le había importado mucho.

-Nada, supongo… solo… Mira a tu yo adulta, es más alta, su cabello es más largo, está más desarrollada y…- frenó sus palabras ante la mala cara de su amiga. –Lo siento, lo que quise decir es que es más vi…- volvió a callar ante la mirada aún peor de la pelirroja. –Lo siento, quiero decir que ella ha madurado, y ella se ve diferente a ti en ciertas cosas, pero… si yo me viera a mí mismo, siendo el vampiro que soy… ¿cómo será? ¿Qué habrá cambiado de mí? ¿Será como verse a un espejo o… o qué? Es solo… un poco deprimente que me siga viendo de dieciséis años y mi hija cumpla dieciséis años…- sorbió de su sangre pero viéndose como alguien que estaba bebiendo licor, y del fuerte.

De repente Clary se vio incapaz de seguir masticando su comida mientras se perdía en sus pensamientos. ¿Qué podía decir para consolarlo? Ella nunca podría siquiera soñar en ser capaz de entender la situación de su mejor amigo así que, ¿qué podía decir?

Tragó y lo miró compasiva.

-Simon…- empezó a hablar pero él la frenó.

-¿Sabes? Supongo que en realidad no tengo mucho de que quejarme…- de repente se sentó más erguido. –A pesar de todo, me alegra saber que Isabelle continuara amándome y me dará dos hijos, yo tendré una familia, a pesar de todo.- una pequeña sonrisita esperanzada tiró de sus labios.

Ella sonrió enormemente a su vez sin poder evitarlo.

-¡Claro! ¡Y una familia maravillosa que te amara mucho!- le dio un golpe juguetón en el hombro. -¿Has visto las caras de Ellie y Kith cuando hablan de ti? ¡Se nota que te aman mucho! Incluso Kith no puede ocultarlo.- guiñó un ojo.

Simon sonrió antes de repentinamente fruncir el ceño, no molesto o desanimado, solo pensativo.

-¿Puedes creer que alguien como Kith sea mi hijo? Quiero decir, no es que me desagrade pero, ese chico es diez veces más inteligente que yo, y diez veces menos sociable que Izzy, si no fuera muy parecido a ella físicamente, no creería que es nuestro hijo.- soltó una corta risa cariñosa.

-Hmm… en realidad yo sí creo que tiene mucho del carácter de Izzy.- musitó también pensativa.

-¿Tú crees?-

Ella asintió pero no quiso insistir en el tema. Había llegado a conocer a Isabelle lo suficiente para conocer todas las inseguridades que ocultaba en el fondo y que enmascaraba con su seguridad y confianza habitual, y sabía que probablemente Simon también estaba al tanto de eso, pero no consideraba correcto hablar de eso libremente, Isabelle era una persona fuerte y hablar de sus pequeñas debilidades en un momento como este, donde lo que más necesitaba era fuerzas para salir adelante, simplemente no se sentía bien, ni siquiera para tratar de compararla con su complicado hijo.

Solo esperaba que despertara pronto.

.

Brun y Russ acababan de regresar a su casa después de cenar en el Instituto, no habían querido quedarse más tiempo en el Instituto debido a que ellos tenían sus propias preocupaciones que atender, debían hablar con Mabel.

-Aún sigue inconsciente.- les dijo Terrence apenas llegaron, tomando su abrigo solo para aparentar mientras hacia ademan de irse, pero el Krill lo detuvo.

-¿A dónde vas?- le preguntó.

-Tengo que atender unos asuntos, por si no lo recuerdas, voy a ser padre, así que no te sorprendas si no estoy tan seguido por aquí ahora.- murmuró secamente.

Brun hizo una mueca, pero luego tomó su hombro y le dio un ligero apretón.

-Oye… si necesitas algo… no olvides que estaré para ti.- Terrence se giró hacia él y pareció querer decir algo, pero Russ se retiró a su habitación para darles privacidad a los mejores amigos, en su camino pasando por la habitación de su propia mejor amiga, entristeciéndose por el hecho de no poder hablar con ella.

Esperaba que no los odiara, ni a ella ni a su hermano, por ser él el encargado de la misión de matar a su padre.

Odiaría perder la amistad de Mabel en un momento como ese, cuando todo parecía pender de un hilo, o al menos todo en su vida.

Entró a su cuarto y se lanzó a sentarse en su cama, quitándose la gruesa capa de vestir y lanzándola por ahí.

Tomó el cuadro que contenía la foto de sus padres y sonrió temblorosamente, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos.

"¡Llévate a tu hermana, Brun! ¡Llévate a Russ!" una lágrima se deslizó por su mejilla ante el recuerdo por más que trató de impedirlo.

"Te amo, Russ, tu padre y yo lo hacemos, y confiamos en tu fuerza, sé que serás una gran hechicera, cuida a tu hermano, mi niña", un sollozó se le escapó mientras abrazaba el cuadro fuertemente contra su pecho.

"¡Corran! ¡CORRAN!" soltó el cuadro y se obligó a dejar de llorar, limpiándose las ahora incontrolables lágrimas.

Convocó un poco de agua fría entre sus manos y se la echó al rostro, agradecida de que su elemento natural fuera el agua y el hielo.

Aparentemente todas las descendientes de Hu'kou tenían un elemento natural que podían controlar con especial talento, su madre y ella habían compartido el mismo elemento.

Suspiró y se levantó para mirarse en su espejo de cuerpo completo.

Ese día estaba vestida con uno de sus típicos vestidos sencillos medievales que le había heredado su madre a montones, eran simples y cómodos, y los gruesos muy cálidos para el invierno.

Volvió a suspirar ante su imagen.

Siempre se había creído bonita, al menos para el estándar de los chicos que les gustaban las chicas de menos de un metro y medio.

Suspiró (de nuevo) y dio un paso más cerca del espejo, para luego hundir su mano en el cristal, traspasándolo como si fuera agua y no el elemento solido que era. Rebuscó un poco por el espejo, sacudiendo su mano de un lado a otro mientras se pegaba completamente al cristal, hasta que finalmente lo sintió, el mango del Espejo Deslucido.

Lo sacó con una pequeña sonrisa y miró su reflejó en él, que por un segundo destelló contento, como feliz de estar con quien pertenecía, la descendiente de su creadora.

Acarició el marco del espejo y se sentó en su cama con él.

-Muéstrame a Tsukiko Hu'kou.- mandó al espejo, a lo que de inmediato su imagen cambió de su reflejo al bello y serio rostro de la creadora del espejo y los otros utensilios Hu'kou.

El espejo apenas estaba recuperando todas sus fuerzas después de haber sido fracturado, y hasta ahora lo único que podía hacer era mostrarle a Tsukiko, había intentado que le mostrara a su madre, pero no obedecía, solo hacía caso cuando pedía a su creadora. Pero de todas maneras le bastaba, siempre se había maravillado de lo parecida que su madre era a Hu'kou, como si fuera su versión occidental, aunque el color de los ojos fucsia de su madre era tan solo un poco más oscuro que los ojos de Tsukiko, pero el cabello blanco y los rasgos angelicales eran prácticamente los mismos.

Miró un poco más el rostro de Hu'kou antes de ordenarle al espejo volver a la normalidad.

Pasaría un tiempo antes de que el espejo se recobrara por completo, pero apenas lo hiciera, buscaría con él la ubicación de Debra, ya que no existía modo de burlar al espejo, y entonces destruiría a esa maldita bruja y a sus secuaces antes de tener que llevar a cabo el plan que Jiu había trazado tan cuidadosamente en caso de que todo saliera mal.

.

Jace y Clary hicieron su camino a la biblioteca para reunirse con los Tres Maestros, conversando en voz baja en el camino.

-¿Crees que ese Hakuro Tak sea una especie de hada?- habló el rubio. –Él dijo que era hijo de un demonio y un ángel así que…-

-Pues entonces debería ser un hada, Jace, y ya vimos que es un brujo…- bueno, no es que ella sea la gran experta en lo que debía ser un hada, pero Hakuro Tak simplemente no se sentía como nada más que un muy poderoso y frío brujo.

-¿Tal vez sea porque él es más demonio que ángel?- siguió divagando.

-Lo averiguaremos pronto, Jace, ya deja de marearme con tus suposiciones.- frunció el ceño.

-Ya, ya, lo siento…- llegaron a la biblioteca y entraron, sorprendiéndose de encontrar no solo a los tres poderosos hermanos, sino que también a la chica ángel, Lucily, con Thai en brazos.

-Hola.- los saludó tímidamente la caída del cielo.

-¡Finalmente llega, viajeros en el tiempo!- sonrió Taiyo. –No es que tuviera mucha prisa en que llegaran, me estaba súper entreteniendo con este niñito que se llama igual que yo.- sonrió enormemente a Thai.

-Sus nombres se escriben diferentes, y tú ni siquiera te llamas así, es solo un apodo.- resopló Hakuro Taichi ajustando sus lentes, ignorando el mohín del menor de sus hermanos.

-¡Tú no eres nada divertido!-

-Ya, deja de lloriquear.- el mayor negó reprobatoriamente. –El señorito Herondale y la señorita Fairchild ya han llegado, así que dirijámonos al lugar donde tomaremos nuestro té.- declaró solemnemente.

-¿No tomaremos té aquí?- Clary pestañeó confundida.

-No, pero no se preocupen.- la siempre presente sonrisa de Taiyo se agrandó. –No iremos muy lejos.- chasqueó los dedos.

Y de repente ya no estaban en la biblioteca, ni siquiera en el Instituto, sino que en un lugar completamente desconocido para ella.

-Bienvenidos a Jiuzhaigou, China.- Hakuro extendió los brazos elegantemente presentando el lugar.

Clary miró atentamente el lugar, sorprendidísima.

Estaban en medio de un lago, literalmente estaban parados sobre el agua completamente congelada, rodeados por decenas de gigantescas cataratas también congeladas cubiertas de cientos y cientos de árboles desnudos de hojas blancos de nieve, siendo un precioso espectáculo natural para la vista.

Se sorprendió que con ese ambiente invernal no estuviera retorciéndose del frío.

-Si se preguntan por qué no tienen frío…- habló Taiyo en respuesta a sus pensamientos. –Es porque ahora mismo están bajo mi campo protector.- recién ahí Clary notó como había un leve resplandor naranja rodeándolos pareciendo abarcar unos diez metros alrededor de todos ellos en forma de ovalo.

El ambiente dentro del ovalo era cálido, así que no se quejó de que Lucily estuviera ahí con Thai, que estaba bastante desabrigado.

Hakuro tronó los dedos y varios muebles aparecieron en el centro del ovalo, algunas sillas y una mesa donde había un elaborado juego de té inglés.

-Tomen asiento, por favor.- mandó el hermano mayor.

Clary se aseguró de sentarse lo más lejos posible del hermano del medio, arrebatándole a Thai a Lucily cuando se sentó justo al lado del frío maestro.

-Las ceremonias de té son aburridas como el infierno, pero el té chino es simplemente el más delicioso que alguna vez haya existido.- musitó Taiyo felizmente vertiendo el líquido caliente de la tetera en una de las tazas y tomando un gran sorbo luego de haberle echado una cantidad considerable de azúcar.

-¡Tai! ¡Se suponía que deberías servir el té a nuestros invitados antes de ponerte a tomar!- regañó Taichi.

-Yo lo haré.- intervino Lucily. –Si me lo permiten, claro.- sonrió tímidamente.

-Por supuesto, será un honor.-

-Oye, pero, ¿sabes hacerlo?- cuestionó el hermano menor sin dejar de sorber de su té.

-Claro, he aprendido mucho de las costumbres de ustedes la gente terrenal a partir de todas las vidas que he visto a través de los ojos.- empezó a servir el té, sirviéndole primero a Tak. –Sin azúcar como te gusta.- le sonrió.

-Gracias.- murmuró él fríamente como siempre aceptando la taza.

-Supongo que eso lo sabías porque viste su vida la otra ocasión, ¿no?- preguntó Clary, a lo que la chica ángel de cabello castaño soltó una pequeña risa.

-Ya vi las vidas de todos ustedes, solo tengo que hacer contacto visual para hacerlo, aunque rara vez demuestro estar haciéndolo para no incomodarlos.- le sirvió a Hakuro y luego procedió a servirle a la pelirroja. –Aunque…- de pronto, su gesto angelical se tornó pensativo, su mirada se volvió hacia Thai en los brazos de Clary. –Es extraño… no he podido ver la vida de ese pequeño nunca por más que lo miré a los ojos, mi poder simplemente no funciona con él.- frunció el ceño un poco antes de darle la taza a la Fairchild, que miró curiosa al pequeño en sus brazos, que ahora mismo estaba tratando de tirar su taza que había tomado con una sola mano.

-No hagas eso, Thai.- riñó al chiquito, que solo balbuceó algo ilegible para después ponerse a morder su puño mientras miraba a las cataratas congeladas -¿Y por qué es eso?- ahora se dirigió a Lucily. -¿No puedes ver la vida de los bebés o algo así?-

-No, sí puedo.- ahora se concentró en servirle a Jace. –He visto la de la pequeña Denisse, yo puedo ver todas las vidas… salvo la mía, pero aparte de eso no hay otra excepción a la regla.- le tendió la taza al rubio y luego empezó a servirse a ella misma. –Por eso estoy confundida…- terminó su té y tomó un sorbo, su mirada perdida.

-¿Tal vez tenga que ver con los poderes de Thai?- sugirió Jace también sorbiendo de su bebida. –Aún no se sabe qué puede hacer.-

-Es una posibilidad.- asintió la chica ángel. –Aunque no se me ocurre ningún poder que pudiera heredar para desafiar el mío…-

Clary miró curiosa al niñito en su regazo, que estaba haciendo burbujitas de baba mientras señalaba todo lo que veía llamándolos por su versión bebé de los nombres, se preguntó cómo ese adorable querubín podía causar tanta intriga.

Hablando de intrigas…

-Disculpen, maestros… ¿no iban a hablarme respecto a…?...- dejó la pregunta sin completar.

-Oh, cierto, claro, claro, disculpa.- el hermano mayor se ajustó los lentes. –Antes de que llegaran le estábamos hablando al respecto a la señorita Lucily.-

-A Tak se le dio por contarle, yo creo que le gusta…- murmuró pícaramente Taiyo tomando de su segunda taza de té.

Ante sus palabras, el hermano del medio solo lo fulminó con la mirada (no surtiendo ningún efecto en Taiyo pero si encogiendo en su lugar a Clary), mientras que Lucily se sonrojó hasta las orejas.

-Ya, Tai, no molestes a Tak.- riñó el mayor. –Como decía, señorita Fairchild, con gusto calmaremos su curiosidad, en realidad no es incómodo para nosotros y si vamos a interactuar más con ustedes, en algún momento tendrán que saberlo, en especial la señorita Krill.- ¿eh? ¿Por qué Russ tendría que saberlo?

-¡Vamos hermano, deja de dar vueltas y empieza a contar!- apuró Taiyo.

-Bien, bien…- Hakuro suspiró mientras ajustaba sus lentes. –Nuestro padre fue un príncipe del infierno.- comenzó su relato. –Los tres tenemos madres distintas, y yo les llevó varias décadas de edad a los dos. Eso es porque nuestro padre anduvo suelto por el mundo muchos, muchos años, pero… nosotros no fuimos sus únicos hijos.- Clary alzó las cejas. –Él tuvo otro antes de incluso tenerme a mí, o mejor dicho otra, una hija con una princesa japonesa. Tsukiko…-

-Hu'kou.- completaron por él Jace y Clary, ambos muy sorprendidos.

-Exacto.- volvió a ajustarse sus lentes. –Unas décadas después me tuvo a mí, a la madre de Tsukiko la abandonó porque era una princesa y ya estaba casada con otro, pero a mi madre la mantuvo como su amante, y por eso yo me enteré que un ángel había bajado a la tierra con el objetivo de volver a encadenarlo al infierno, una mujer ángel, mejor dicho, la madre de Tak.- el rostro del aludido carecía de emociones mientras el mayor hablaba. –Tuvieron una aventura donde concibieron un hijo pero de todas maneras la mujer ángel aún iba a encadenarlo al infierno, dejó a su hijo al cuidado de mi madre y salió a darle caza a nuestro padre, que había escapado cuando se enteró que ella no iba a mostrarle piedad. Estuvieron varias décadas jugando al juego del gato y el ratón, mi madre murió y yo me quedé a cargo de Tak.- miró con cariño a su hermano frío, que de nuevo se mantuvo inexpresivo. –Finalmente, la mujer ángel pidió la ayuda de Tsukiko para acabar con nuestro padre, que nos contactó a nosotros, que de todos modos no fuimos de mucha ayuda. Un par de años después Tsukiko volvió a contactarnos para informarnos que nuestro padre había sido devuelto al infierno, y también para dejarnos a Taiyo a nuestro cuidado. Nuestro padre había tenido otra amante que le dio su último hijo antes de volver a ser encadenado al infierno, pero al enterarse de eso la mujer se suicidó siendo Tai apenas un niño pequeño, por lo que Tsukiko se compadeció y nos lo entregó suplicándome que cuidara de él, disculpándose por no poder hacerlo ella debido a que, apenas derrotaron a nuestro padre, la mujer ángel le concedió el regalo de la fertilidad a cambio de su inmortalidad, y Tsukiko consideraba mejor que Tai permaneciera con gente inmortal como él.-

-Era una mujer sabia.- agregó Taiyo cantarín.

-Cállate, Tai.- suspiró exasperado. –Como decía, Tsukiko también nos informó que se habían enterado de los pecados que la mujer ángel había cometido y que iban a encadenarla al infierno también, pero que aparentemente no iban a hacer nada respecto a la blasfema existencia de Tak, por lo que simplemente lo crie y todos lo conocen como un hechicero más, ignorando el hecho de que es el único ser existente nacido de un príncipe del infierno y de, en su momento, una arcángel.- concluyó su relato dejando su taza de té en la mesita. –Confió en que tiene más bondad que maldad en él, sin embargo, puesto que se crió como humano.-

La adolescente nefilim compartió una mirada con su novio, que parecía no saber más que ella sobre el confuso tema.

-¿Entonces Hakuro Tak es un ser único?- miró un poco intimidada al de cabellos blancos grisáceos.

-Sip, únicamente aburrido.- sonrió bobamente Taiyo.

-¿Algún día vas a cerrar el pico, Tai?- suspiró el mayor.

-¿Por eso es que dice que no le interesan los humanos?-

-Seh, nunca se enamorara de ninguna humana barra submundo barra nefilim, pero supongo que podría hacer una excepción con una bella angelita caída.- Taiyo movió las cejas sugestivamente mirando de su frío y enojado hermano a la sonrojada chica ángel.

-Cállate.- Tak se veía muy exasperado, o tan exasperado como podía verse alguien tan inexpresivo. –No me interesa esa clase de sentimientos.- murmuró insensible.

-¡No digas esas cosas!- Lucily lo miró mal, o tan mal como podía mirar alguien tan angelical. –El amor tocara a la puerta de tu corazón.- aseguró juntando las manos mirando a la nada, un pequeño sonrojo en sus mejillas.

-Sí, y Tak se la cerrara en la cara.- rió Taiyo, ganándose una mala mirada de sus dos mayores.

-Como sea, si ya todo está aclarado, deberíamos volver, ¿o no?- dijo Jace, y Clary de repente notó que Thai se había dormido recostado en su hombro. –Ya se está haciendo bastante tarde.- miró en el reloj que tenía sincronizado con la hora de Estados Unidos, pues en ese lugar donde estaban, Jiuzhaigou, China, aún parecían quedarle varias horas al día.

-Tienen razón, ya debe estar anocheciendo.- Hakuro tronó los dedos y de pronto, estaban de vuelta en el Instituto, en la biblioteca, y Adely junto con sus padres, que estaban conversando a unos metros de donde ellos aparecieron, saltaron en sus lugares, mirándolos con sorpresa.

-Maestros…- la sorpresa de la Clary mayor se esfumó al reconocerlo. –Y… ¡Thai!- corrió con una sonrisa a tomar en brazos a su pequeño que se despertó y le sonrió soñoliento, mirando de la que lo sostenía en brazos a la que antes lo había tenido.

-Hay dosh mamis…- murmuró confundido frotándose los ojitos con sus puñitos.

La pelirroja adulta rió tiernamente y le dio palmaditas en la cabeza tratando de volver a dormirlo mientras se retiraba de la sala diciendo algo acerca de que iba ir a dormirlo. El Jace adulto le dio un pequeño abrazo a su hijita pelirroja, diciéndole algo que Clary no alcanzó a oír antes de retirarse siguiendo a su esposa. Apenas sus padres se fueron Adely volteó hacia ellos y les dio una sonrisa brillante.

Los ojos de Clary se inundaron de lágrimas, y a punto estuvo de abrazar a Ady cuando comenzó a acercárseles, de no ser porque Jace la sorprendió agachándose a la altura de la pequeña y tomándola en sus brazos, apretándola fuerte contra sí.

Los maestros y la chica ángel empezaron a retirarse de la biblioteca para darles privacidad, Lucily y Tak caminando más juntos de lo necesario. Clary alzó una ceja ante eso pero no le dio otro pensamiento cuando de repente sintió el brazo de su novio jalarla hacia abajo, uniéndola también al abrazo.

Gustosa pasó uno de sus brazos por los hombros de la pequeña mientras acariciaba con su mano libre sus lacios cabellos, suspirando contenta de que estuviera bien.

Estuvieron un buen rato así antes de separarse y ellos dos volver a pararse.

-Yo también los extrañe.- rió Adely.

Clary sonrió acariciando su mejilla tiernamente, pero luego frunció el ceño.

-¿Él… él no te hizo nada?- preguntó preocupada.

Adely frunció el ceño e hizo una mueca que no pudo entender del todo porque fue.

-No, no me hizo nada. Yo me escape de él y sobreviví por mi cuenta hasta que encontré el modo de volver aquí.- se cruzó de brazos sin mirarlos mientras hablaba.

Wow ¿en serio?

-¿Tú sola escapaste de Sebastian?- Jace parecía completamente incrédulo.

-Pues claro.- agitó su cabello y luego miró fulminante a su futuro padre. -¿Por qué es tan sorprendente?- se cruzó de brazos, viéndose ofendida de que alguien dudara de sus habilidades.

-Eh… es solo que… bueno, es Sebastian.- casi tartamudeó su novio.

-El Loco S no me asusta, apenas se distrajo me escape muy fácil, fui más lista que él, eso es todo.- sonrió petulante, aunque Clary notó como no dejaba de zapatear con uno de sus piecitos. Recordaba que Jiu hacía eso cuando mentía ¿sería lo mismo con Adely?

Jace pareció querer decir algo más, pero justo en ese momento Max entró a la biblioteca.

-¡Ady!- la tomó en brazos. –Ya es hora de dormir.- le sonrió dulcemente.

-Oww…- se quejó ella, aunque por alguna razón parecía aliviada y ¿emocionada? –Bien, como sea.- se cruzó de brazos.

-Oh, Max, ¿no estabas ayudando a Ellie con su fiesta?- preguntó Clary siguiendo a los hermanos mientras salían su novio tras ella.

-Sí, lo estaba, pero recordé que tengo que… eh, algo que hacer.- sonrió nerviosamente. –De todas formas, la tía Iz y los tíos Magnus y Alec se las están arreglando muy bien, y Kiatsuki me reemplazó como ayuda de Ellie cuando llegó el turno de elegirle un vestido y todas esas cosas de chicas.-

-¿Kiatsuki?-

-Ella y Ellie son muy amigas, a pesar de que no se ven mucho y a veces Ellie realmente quiere matar a Kiatsuki, pero creo que incluso llegan a ser mejores amigas, chicas, claro, porque mejor amigo chico de Ellie soy yo y de Kiatsuki, Tomiko, obviamente.- sonrió un poco antes de que su rostro se tornara pensativo por alguna razón. –Y supongo que cuando no se están peleando, Kiatsuki y… Kith… son muy amigos también.- hizo una mueca ante la mención de su parabatai.

-¿Tú y Kith siguen peleados?- inquirió Adely inocentemente.

Max le sonrió tranquilizadoramente.

-No te preocupes por eso, Ady.- le acarició el cabello a lo que ella hizo un mohín pero pareció entender que no quería hablar de eso.

Adely había vuelto mucho más madura.

Clary apretó los labios, preguntándose qué cosas habría hecho el cruel de Sebastian pasar a la pequeña.

Su odio por él solo iba en aumento.

.

-Papá, no quiero hablar con Terrence ahora, por favor, no quiero verlo.- rogó Raquel cobardemente sin levantarse de la cama, indispuesta a abandonar el instituto donde el vampiro diurno no podía entrar.

-Raquel, él ahora mismo está en el santuario esperando por ti.- su padre la miraba seriamente. –Solo quiere hablar pacíficamente, y te dije que si quieres yo puedo quedarme contigo.-

-Pero…- se mordió el labio. –No quiero hablar con él…- se abrazó a su almohada.

Su padre llevaba media hora tratando de convencerla de bajar a hablar con Terrence en el santuario acerca de todo el asunto de que iban a tener un hijo y esas cosas. Terrence había venido con todas las mejores intenciones de tener una conversación pacifica, según decía Kevin, pero ella simplemente no quería verlo, no ahora al menos, no se sentía lista para encararlo… ella era tan débil… ella tenía demasiado miedo… ella no era como Kairi.

Llevaba demasiado tiempo postergando esto, lo sabía, y en algún momento tendría que enfrentarlo, lo sabía también, pero recién había acabado de recuperarse de lo que había sido la reacción de su padre y hacer las paces con él, y aunque tipo como que quería abofetearlo por decirle la verdad a Terrence, también estaba agradecida de no haber sido ella la que se lo dijo, y ahora mucho menos quería lidiar con todas sus preguntas y reclamos, y sabía que debía tener muchos.

Claro que debía hablar con él, pero… aun no sabía que decir. Y quería tener al menos una idea de qué decir si iba a pasar por eso.

-Raquel, estás actuando como una niña.- la riñó su padre, sacándola de sus pensamientos. –Cuando hablamos me convenciste de que ya estabas grande y madura y debía respetarte y tratarte como tal. Me dijiste que eras fuerte y capaz, que podías cuidarte a ti misma y a tu hijo, y yo te creo, hija mía, pero ahora mismo me estás haciendo dudarlo seriamente.- frunció el ceño.

La embarazada se sentó en su cama y se cruzó de brazos, mirando fijamente un punto entre sus sábanas blancas.

Era cierto, ella había actuado de ese modo ante su padre, se había mostrado fuerte y segura, ¡pero eso fue gracias a Kairi! Su media hermana mayor le había dado el valor y la determinación de actuar de ese modo, y ella no podía encontrar esa fuerza sin tenerla aquí presente ahora.

-Tienes razón, papá, lo siento, pero… ¡me rehusó a hablar con Terrence sin la presencia de Kairi!- chilló casi sin darse cuenta antes de arrepentirse a pesar de que sabía lo infantil que se estaba portando.

-¿Qué?- su padre puso una expresión adorable y estúpidamente incrédula. -¿Pero qué es esa chica? ¿Tu abogada?-

-Es que ella es tan… feminista… me hace sentir que puedo enfrentarme al mundo y nadie puede hacer nada al respecto para frenarme ni tirarme abajo.- apretó los puños. –Y necesitó tener esa confianza en mí misma al hablar con Terrence.- ahora juntó las manos un poco tímidamente. –Ella vendrá mañana junto con Harry para la fiesta de Ellie, ¿puedes decirle a Terrence que ahí hablaremos? Después de la fiesta, claro.- pidió poniendo ojos de cachorrito.

-¿Y qué hay de Anni?- preguntó perezosamente. -¿No te sentirías igual de segura ahora si haces que ella te acompañe?-

-Anni es una romántica, papá, si ella nos ve a mí y a Terrence en la misma habitación sin un mar de gente rodeándonos nos lanzara el uno contra el otro y nos obligara a besarnos como si fuésemos sus muñecos.- y también, Anni era más joven, se suponía que ella debía ser quien la cuidara y le diera seguridad, no al revés, pero últimamente apenas estaba para su querida parabatai, pedirle un favor de esos solo haría aumentar su culpa por ser una pésima parabatai.

-Raquel…- su padre se mostraba escéptico, aún dispuesto a regañarla por no enfrentarse a las cosas.

-Además… no olvides que no puedo enfrentarme a grandes problemas emocionales. Mi embarazo es delicado, ¿recuerdas?-

Eso pareció hacerlo. Finalmente su padre se convenció y soltó un gran suspiro, cediendo.

-Bien, bien, iré a hablar con tu chico y decirle que hablaran mañana con la presencia de Kairi.- se levantó y se retiró de la habitación, ignorando el leve sonrojo que había causado en las mejillas de su hija.

-¡Él no es mi chico, papá!- chilló escandalizada, enfadándose aún más al oír las risas del Beller mayor mientras cerraba la puerta de su habitación y finalmente la dejaba sola.

Gruñó mientras enterraba el rostro en la almohada.

Terrence ya no era su chico… tal vez nunca lo había sido. A pesar de lo mucho que ella había querido eso… y tal vez seguía queriendo.

.

Apenas Max la dejó en su habitación y la arropó, Adely se aseguró de tomar su libro favorito y ponerse a leerlo con el objetivo de no dormirse mientras esperaba que se hiciera más tarde.

Una vez estuvo convencida de que era una hora segura y la mayoría debía estar durmiendo, salió de su habitación cargando con su abrigo y caminó de puntitas por los pasillos y las olvidadas escaleras hasta llegar a su destino, la terraza.

Se colocó su abrigo apenas estuvo fuera en el frío del invierno, mirando en todas direcciones.

De pronto, sintió una mano en su hombro y volteó sonriente, lanzándose a abrazar la cintura de Sebastian.

-¡Sí viniste!- celebró.

-Claro que sí.- él la cargó en brazos y se trepó por la pared a otro techo, sentándose ambos en la cúspide mirando a las aún encendidas centenas de luces de la ciudad de Nueva York. –No me lo perdería por nada.- sonrió.

-Estoy realmente contenta de que hayas venido.- de pronto, su gesto feliz cambió a medida que inflaba las mejillas. –A lo largo de todo el día solo he escuchado cosas malas de ti y amenazas de muerte en tu contra.- hizo un mohín.

Sebastian rió un poco entre dientes.

-No me sorprende, te dije que yo no soy exactamente el ser más querido en la Tierra.-

-Aun así me da un poco de rabia quedarme en silencio mientras los demás hablan de lo lenta y dolorosamente que te mataran.- se cruzó de brazos. –Todos creen que fuiste horrible conmigo cuando realmente me divertí mucho contigo.- sonrió levemente.

Sebastian sonrió de lado a su vez, sacando algo de su bolsillo y tendiéndoselo.

-¿Qué es esto?- preguntó curiosa tomando la pequeña cajita blanca con un listón celeste entre sus manos.

-Ábrelo, lo compre porque me recordó a ti y supuse que te gustaría.- se encogió de hombros.

-¿Lo compraste?- alzó una ceja. -¿En serio?-

-Sí… con dinero que robe pero lo compre.- sonrió de lado. –Pero si te hace sentir mejor, le robe el dinero a un ladrón.-

Adely rodó los ojos pero abrió la caja, alzando las dos cejas al ver su contenido.

Era un brazalete muy curioso, parecía estar hecho del mismo material que los cuchillos serafines, con algunas piedras incrustadas.

Pero era muy bonito.

-Me gusta.- sonrió mirando a su tío y tomando el brazalete guardando la caja en s abrigo.

-Úsalo siempre.- murmuró Sebastian llamando su atención con su tono extrañamente serio. –Es lindo pero no te lo di solo por eso. Te protegerá cuando yo no pueda.- tomó su manita con su gran mano y le colocó el brazalete.

-Yo puedo protegerme sola.- pisoteó con el ceño fruncido pero sin rechazarlo.

-Sé que puedes, pero… ahora mismo se vienen tiempo peligrosos, y quisiera estar seguro de que estarás bien.- dijo sombrío.

-¿Tiempos peligrosos?- sus cejas se contrajeron en preocupación. -¿Qué quieres decir?-

-Solo nunca te quites el brazalete, ¿me lo prometes?- la miró seriamente.

Adely se mordió el labio, el brazalete sin duda era algo que ella usaría, pero aun así llamaría la atención de su familia, tendría que inventar una excusa para de repente empezar a llevarlo todo el tiempo.

Podía decir que se trataba de un regalo que le había hecho su tío Magnus, le había hecho tantos que dudaba que recordara ni siquiera la mitad, por lo que no podría contradecirla.

Le extrañaba las palabras de Sebastian, quería indagar más en lo que estaba diciendo, pero decidió mejor no hacerlo y simplemente asintió a sus palabras.

-Lo prometo.-

Continuara...

HE REGRESADO! :D

Lectores: ¬¬ *le lanzan piedras, cuchillos, flechas, rapiñadores y patos*

SOY LA PEOR PERSONA EN EL MUNDO MUNDIAL, LO SÉ, LO SÉ! ! ! TTTTTTTTTToTTTTTTTTTT

PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN! TT3TT

Solo faltaban dos meses antes de que se cumpliera un año de la última vez que actualice... PERDÓNNNNNNNNNN! TTnTT

Sé que no tengo excusa para haber tartado TANTO en actualizar... no sé q me pasó... supongo que olvide lo divertido que era escribir este fic y lo mucho q amo a todas mis lectoras... y lectores si los hay... Digo... si es que alguien todavia lee esto...

Pero la pura verdad es que perdí interes en el fandom de Cazadores de Sombras -.- Aunque no lo crean... Me sigue gustando mucho CDS, pero ya no lo amo como antes... ya no es lo mismo... Ahora mi amor esta en otro fandom, pero me sigue pareciendo muy entretenido escribir este fic así que...

NO VOY A ABANDONARLO! Voy a terminar esto, no importa cuanto tarde... Aun hay muchas cosas que quiero que vean de este fic... Aun tiene mucho q dar...

Estuve pasando unos problemas personales muy dificiles (mis padres se separaron) y como q mi vida cambió mucho... Je, cumplí 16, por cierto :)

Aun así, ya tengo la mitad del cap 29 escrito, así que... veré si puedo actualizar dentro de este mismo mes, el cap si o si lo tendran antes de que sea marzo :3

Me gustaría hablarles con más confianza y comentarles cosas del cap y todo eso, pero estoy demasiado avergonzada :'( Esperó que puedan perdonarme... si alguien sigue leyendo esto... seguramente perdí muchas lectoras... me lo merezco ._.

De nuevo LO SIENTO MUCHO! y MUCHAS GRACIAS por sus REVIEWS! Me hacían sentir tan feliz como culpable ouo

Gracias a todas las que se preocuparon y me mandaron PM o me contactaron por facebook, tambien nwn

Había dicho que actualizaría Lo Vivido, pero la verdad es que me quede sin inspiración para continuarlo... pero apenas la inspiración vuelva espero tenerles listo otra de esas Secuelas/precuelas...

Sigo demasiado avergonzada para decir más T_T

Los personajes de ya saben quien!

Les pediría que comenten, porque eso me haría muy feliz, pero sé que no lo merezco TT-TT

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!