CAPÍTULO 25

UNIÓN

Corrieron sin rumbo por varios minutos hasta que finalmente, agotados y sudorosos, llegaron a un claro en donde recibían un poco de luz lunar. Ahí se detuvieron y el extraño salvador se quitó la capucha.

-Gracias a los dioses llegaste Orbbit –dijo Will mientras recobraba el aliento.

-Eso hubiera dicho yo si los hallaba en mejores condiciones. Pero por lo visto al final resulté el salvador –el conejo sonrió.

-¡Hablas! –LionHeart se había llevado una sorpresa. No todos los días veía a un conejo peludo ligeramente rojizo que además de hablar podía mantenerse en dos pies, tenía patas más… evolucionadas, y era capaz de hacer magia.

Orbbit lo examinó con la vista.

-¿Eres de aquí? –preguntó algo burlón.

-No –contestó- ¿Tú eres un Bionard de esos que hablan, no es cierto?-.

-En efecto –contestó con socarronería- Soy Orbbit, hijo de Orchid, Mago exiliado de la Orden de Bión, Creador de quinto nivel en Tierra, Viento y Fuego; -miró a LionHeart con altruismo- ¿Y tú qué?-.

-Soy periodista –contestó LionHeart- Ocho años en PCN, ganador del premio de naciones de Equestria tres veces, uno por una exclusiva a la Princesa Celestia, y dos por la guerra de Wigcong. Una de ellas traducidas a siete idiomas y ganó un Premio de la Academia… Y Alicornio… creo-.

Hubo un minuto de silencio. La niña habló, pero nadie entendió lo que decía. Ella se esforzaba por que LionHeart le haga caso.

-Mejor haz caso a tu dueña, poni –dijo Orbbit con una risa.

-No te metas con ella –contestó LionHeart algo ofendido.

-Ya déjalo, Orbbit-.

-¡Solo me estaba divirtiendo! –protestó el conejo encogiendo las orejas.

"No es divertido que se diviertan contigo, sobre todo cuando lo que intentas es mantener una autoestima frágil creada en base a hechos que pueden haber ocurrido, o no" pensó Will sin quitar la mirada seria de Orbbit, quien se dio por vencido y se sentó a descansar. "Tenemos mucho en común, LionHeart… Creo" reflexionó Will al ver al poni tratando de entender a la niña.

-Wayra –dijo ella señalándose a sí misma. Se dirigió a los demás y repitió lo mismo- ¡Wayra!-.

-¿Qué es Wayra? –preguntó Will.

-Viento –dijo Orbbit algo sorprendido- Parece el mismo dialecto que el pueblo de Danna. Puede que sea una Runa extraviada. Desgraciadamente solo conozco algunas palabras-.

-Ese es su nombre –señaló Lion- Se llama Wayra.

-Will –dijo el muchacho señalándose a sí mismo, intentando ser amable con ella.

-Orbbit –saludó el conejo.

-Lance –repitió el otro joven con menos entusiasmo, prestando más atención a su morral.

-LionHeart –dijo el poni.

La niña sonrió muy tiernamente.

-¿No es un nombre muy complicado? –preguntó Will.

-Mejor llámame Leo-.

-¡Demonios! –interrumpió Lance mientras rebuscaba más entre sus cosas - ¡No está mi diario!-.

-Lo dejaste en la mochila grande. Luna lo estaba leyendo –dijo Orbbit con su voz graciosa y relajada.

-¡Rayos! ¡Esa Perra! –refunfuñó el joven.

-Esa perra te salvó el cuello más de una vez –dijo Will.

-Pero eso no hace que se le desinflen las tetas -dijo Lance- Solo son comparables con el tamaño de su ego-.

Orbbit y Will rieron, LionHeart no supo si seguirles el juego. De pronto Lance sacó un ticket bastante llamativo.

-Al final no sirvió de nada haberlo conservado –dijo Lance.

-¡Ah! –exclamó la niña al ver al joven. De inmediato se acercó a Lance y le pidió el papel. Era muy chiquita, apenas le alcanzaba al abdomen. Lance pensó que era enternecedor. Le dio el boleto y ella lo examinó muy detenidamente.

-Un segundo –dijo LionHeart acercándose- Yo tengo uno igual-.

De sus alforjas, el poni sacó un ticket idéntico. La niña sonrió de oreja a oreja, era chimuela, pero eso era particularmente encantador, y verla ilusionada hacía feliz a LionHeart. Pero se desconcertó al ver como la niña sacaba de su faja otro ticket. Finalmente, Will sacó el suyo y los juntaron.

-¡Madre santa! –exclamó Lance.

-¿Qué ocurre, qué es eso? –preguntó Orbbit curioso.

-Todos tenemos el boleto –dijo Will.

-¡Orbbit! ¡Tú debes tener el quinto! –exclamó Lance.

-Yo ni siquiera sé de qué demonios hablan-.

-Entonces… -Will titubeó un rato e intentó leer las letras pequeñas que ponían allí…-Quizá tú equivales a la mascota-.

LionHeart rio, pero a Orbbit no le pareció gracioso, ni siquiera cuando lo leyó con sus propios ojos.

-¡Una fiesta! ¿y no nos dijiste, William? –protestó Orbbit.

-Solo tenía cinco boletos… bueno… tres a decir verdad-.

-¿Y dónde quedó el tercero? –preguntó Lance.

-No tengo idea, debió haberse caído –contestó Will "Y espero que nadie lo encuentre".

-Aquí dice "hasta perderse" –dijo Orbbit.

-¿Y? –preguntó LionHeart.

-Estamos perdidos –el conejo mago miró a sus alrededores- Y este bosque ya no se parece en nada al de Nova-.

-Tienes razón –dijo Will.

-Mejor continuamos mañana –dijo Lance- Busquemos un escondite y durmamos-.

El grupo caminó un poco más hasta que finalmente decidieron parar pues el bosque se hacía más y más oscuro, hasta el punto que la magia de luz de Orbbit no fue suficiente para iluminar. Se toparon con una madriguera abandonada y lo suficientemente grande y camuflada como para pasar la noche. Se acurrucaron como pudieron y tumbaron las capas sobre todos, ya que eso los ayudaría a mimetizarse con el entorno, un poder realmente útil. El último en dormir fue Will, quien se quedó pensando en el Mes de la Magia una vez más, y recorrió en su mente las calles adornadas con banderines y farolitos, al olor a canela de los pastelillos y el calor de su hogar… y se quedó dormido con la imagen de su madre grabada.

Por la mañana todo se despejó. Y así como el último en dormir, Will fue el último en despertar.

-¡Hermano, mira! –exclamó Lance.

Will se arrastró por la madriguera. Se sorprendió de ver menos árboles y más verdor, de oír trinos de ruiseñores y no el horrible graznido de cuervos. Incluso el aire era extrañamente más fresco y seco. Y adelante, no muy lejos de ahí, se divisaba una gran casa de madera.

-Debe ser… La posada la Rosa de los Vientos –dijo LionHeart.

-Así que sí era verdad, hermano –dijo Lance- Llegamos-.