En alas de la tormenta

Capítulo 28 – Se desata la tormenta

Las semanas que siguieron transcurrieron en un ambiente como el de las pesadillas. Se dedicaron a seguir incesantemente a Lucius, ayudados por la poción rastreadora, que habían preparado en Grimmauld Place y para la cual Draco había donado su sangre. La poción daba resultados excelentes. Siguieron a Lucius a encuentros clandestinos con otros mortífagos en cafés, pubs y restaurantes y también a asambleas en las que participaban gran cantidad de los seguidores del Señor Oscuro. La mayoría de las noches, Draco sabía adónde iba a dormir el hijo de puta.

No tenían permiso de atacar. Las instrucciones eran para seguirlos. Snape mandaba los informes por la noche, siempre con lechuzas distintas y las cubría con tantos encantamientos de protección que a las aves les costaba a veces levantar vuelo. Apenas se hablaban entre ellos, todos parecían haberse retrotraído dentro de sí mismos. Los mellizos se hablaban entre ellos, pero poco, el alguna vez inextinguible humor había mermado muchísimo. La misión ya se había prolongado durante semanas. En una ocasión habían vuelto a Grimmauld Place y habían pasado la noche allí, pero Harry no había estado.

Harry seguía escribiendo con regularidad, los trocitos de cartas que Draco guardaba en el bolsillo trasero eran para él como el cabo que se le echa a un hombre que se está ahogando, como una soga que lo mantenía vivo.

En una ocasión Snape vino a sentarse a su lado para fumar su pipa y para hablar.

─ ¿Estás bien? ─ le preguntó, mientras luchaba contra el viento para encender el tabaco.

Draco hizo una mueca. ─ Sí, claro. ─ dijo muy serio ─ ¿Por qué no habría de estar bien?

Snape aspiró el humo. ─ Porque no estaba allí cuando estuvimos en Grimault Place.

─ Me hubiera bastado con saber dónde estaba.

─ Presumo que es algo que no pudo decirte en las cartas.

─ Presume bien.

─ Pero te sigue escribiendo, ¿no?

─ Sí, por supuesto. ─ la última carta la llevaba en el bolsillo del jean ─ ¿Lupin le escribe?

Snape se removió un poco. ─ A veces, pero yo no soy muy bueno escribiendo cartas.

Draco revoleó los ojos. ─ Dígame que por lo menos le ha contestado.

─ Sí… brevemente, pero sí.

─ ¿Estuvo con él cuando estuvimos en Grimmauld Place?

Snape sonrió y soltó un anillo de humo.

Draco dejó escapar un sonido de disgusto. ─ Bueno… por lo menos uno de los dos pudo tener un poco de acción.

─ Por favor, ahorrame las expresiones vulgares.

─ Bueno, al menos ahora se da cuenta de lo que significa para mí. Y no estoy contando siquiera la parte emocional…

Snape suspiró y aspiró otra bocanada. ─ Estoy empezando a entender. ─ dijo muy serio.

oOo

Estaban en las cercanías de Blair Atholl. Por alguna razón los mortífagos tendían a mantenerse próximos a las corrientes de agua y muy cerca del Tay. Snape tenía una teoría de que obtenían de alguna forma energía o poder del agua, pero no se había molestado en investigar más el asunto. Habían acampado y planeaban discutir lo último que habían descubierto mientras cenaban. Hedwig había venido trayendo una carta. Draco quería leerla y contestarla antes de la cena. Ya estaba oscureciendo, mejor era que se diera prisa.

─ George, voy a estar allá. ─ y señaló en la dirección en la que pensaba ir.

George asintió. ─ No te alejes demasiado. ─ le recomendó.

─ No, no… desde acá me vas a poder ver.

─ Que sea así. ─ advirtió Snape que en ese momento salía de la carpa.

Draco caminó una corta distancia llevando a Hedwig en el brazo y se sentó. Hedwig le entregó la carta. La abrió sin demora. La letra de Harry parecía más irregular que lo habitual, probablemente la había escrito a los apurones.

Querido Draco:

Las cosas se están complicando, mucho más de lo que ya estaban. No estamos más cerca de descubrir lo que buscamos pero han tenido que evacuar el M. Hay teorías sobre una red de túneles y otras cosas. Ojalá pudiera decirte más, pero tengo poco tiempo y no es seguro.

Escuché rumores muy perturbadores de que las cosas se están poniendo muy espinosas donde vos estás. Espero que no te arriesgues más de lo necesario. Sé que es un consejo estúpido en mitad de una guerra, pero tenía que ponerlo.

Te extraño tanto que me duelen las entrañas. Y a propósito, me pegaron con una maldición el otro día, no puedo contarte más, pero ya estoy bien. Me siguen doliendo las costillas, pero por lo menos ya no vomito. H es de oro. Hace ya una semana que no he vuelto a los cuarteles, y esa vez fue para una reunión. ¿Vos estuviste allí en estos últimos tiempos? Me paso muchísimo tiempo pensando en vos y en que podamos estar juntos de nuevo, y que todo esto se haya terminado.

Si me llegara a pasar algo, Draco, quiero que sepas que te amo y que te voy a amar siempre. Sé que solía decirlo mucho, pero siento la necesidad de decírtelo de nuevo. Mejor no preguntarse por qué lo atacan a uno esos impulsos de decir algo. Lo que más quiero es que todo esto termine y que podamos tener nuestro "y fueron felices y comieron perdices". Seguiré siempre siendo tuyo,

Harry

Le temblaban las manos cuando terminó de leer. El tono de Harry era depresivo y desesperado. Draco se preguntaba si había cosas que no le decía por que auguraban un desenlace poco feliz. Hedwig ululó suavemente. Draco se sobresaltó, se había olvidado que estaba ahí. La miró y le acarició la cabeza. Ella le devolvió un mordisco afectuoso y por alguna razón que no supo determinar Draco sintió que se le formaba un nudo en la garganta. ─ Tengo que contestarle. ─ dijo con voz temblorosa.

Hedwig parpadeó y quedó a la espera. Draco sacó la mochila del bolsillo, la agrandó y sacó las cosas para escribir.

Querido Harry:

Las cosas por aquí están bajo control, no te preocupes. Sé que igual te vas a preocupar y que es inútil que te diga que no, pero tratá por lo menos. Realmente me gustaría saber quién fue el que te atacó con esa maldición y cómo fue que pasó, pero sé que no es seguro que me lo cuentes. Todavía no puedo entender cómo pudo pasar algo así en el M siendo que todavía no se sabe quién está detrás de todo eso. ¿No pudiste ver al que te atacó? También me resulta difícil creer que se hayan visto obligados a evacuar, ¡después de tantos esfuerzos! ¡Túneles?

Hoy encontramos más, no sólo al que seguimos. Las asambleas dan realmente miedo, creeme. Creo haber divisado a algunos que conocemos, de nuestra edad. No fue algo agradable. Toda la situación está tomando mucha presión y en cualquier momento van a empezar los enfrentamientos. Me preocupo mucho porque sé que vos vas a estar en el medio de todo eso. Por favor, tratá de refrenar tus instintos e impulsos de Gryffindor. Hacé todo lo que tengas que a hacer, pero no más. Quiero un futuro, no un mártir.

No me canso de oírlo, no te inquietes. Te amo más de lo que puedo expresar con palabras, con toda mi alma, con todo mi ser. Seguiré siempre siendo tuyo,

Draco

El nudo de la garganta parecía haberse desatado. Esperó unos momentos para que la tinta se secara. Luego plegó la carta y se la entregó a Hedwig. ─ Gracias. ─ dijo en voz baja. Hedwig ululó y se la guardó bajo el ala (parda), Draco se preguntó si la volvería a reconocer cuando la viera blanca de nuevo. La acarició nuevamente con ternura. ─ ¿Querés tomar un poco de agua antes de partir?

Respondió negativamente con una sacudida de alas. Luego con la izquierda le acarició la cara como despedida. Levantó vuelo bajo, Draco se quedó mirando, como hacía siempre, hasta que se perdió de vista. Sentía un tremendo peso en el pecho que dudaba se le fuera a mitigar. Se levantó y volvió lentamente hacia las carpas.

oOo

Draco sintió la mano de Snape en el codo indicándole que ya se tenían que ir, habían estado demasiado tiempo. La voz de Lucius no se alcanzaba a escuchar a pesar de que habían usado varios encantamientos amplificadores. No tenían sentido que permanecieran, no serviría de nada. Se fue arrastrando entre los matorrales detrás de Snape. Fred pareció muy aliviado al verlos regresar, le hizo una señal de "todo en orden" a George. Los cuatro desaparicionaron al lugar donde habían acampado la última vez.

oOo

Al día siguiente Fred se le unió junto al fuego. ─ Snape recibió una lechuza de Lupin. ─ informó Fred con tono neutro.

Normalmente esto les causaba gran regocijo a los mellizos. Aunque últimamente un poco menos que al principio. ─ Ah… ─ dijo Draco sin darle mayor importancia. Siguió revolviendo el guiso. Ya estaba harto de guisos.

─ Estalló la guerra. ─ dijo Fred de golpe.

La mandíbula de Draco se puso tensa. ─ ¡Mierda!

─ Sí, lo mismo dije yo.

─ ¿Dónde?

─ En Londres. Al parecer ha habido tres túneles desde hace meses, debajo del Ministerio, debajo de Gringotts y debajo de la Calle Diagon y nadie había podido encontrarlos. Tenían incluso conexiones con el subterráneo.

Draco trató de procesar toda la información, no sabía muy bien cuánto tenía que ver Harry con todo eso.

─ ¿Querés que te ayude?

─ No hace falta. Pero hablemos de otra cosa. ─ Fred le hizo una seña a George para que se acercara. Sin embargo todos los intentos de conversación fracasaron. Poco después se les unió Snape. Todos comieron en silencio.

oOo

─ Malfoy, ─ preguntó Snape dos días más tarde cuando hacían el cambio de guardia ─ ¿cuándo fue que recibiste la última lechuza?

─ ¿De Harry? ─ preguntó Draco, los ojos le ardían y quería irse a dormir. Se los frotó y hubiera querido evadir la repuesta.

─ Sí, de Harry.

─ Diez días.

Snape hizo una pausa. ─ Un poco más de lo habitual, ¿no?

─ Unos cinco días más de lo habitual. Por favor no quiero hablar al respecto.

Snape asintió. ─ Lo siento.

Cuando Draco estaba por entrar en la carpa. Snape lo llamó. Se dio vuelta. ─ ¿Qué?

Snape se le acercó. Parecía que tenía la necesidad imperiosa de decirle algo pero que no sabía exactamente qué. Le posó una mano en el hombro y lo miró. ─ Vos sos… bueno si no un hijo… al menos como un sobrino para mí. ─ dijo Snape hablando rápido y torpemente ─ Si alguna vez necesitás hablar sobre eso… sé que suena como la antítesis de lo Slytherin… quiero que sepas que podés hablar conmigo… ¿sí?

Draco titubeó. ─ Sí, lo sé.

Hubo una pausa y Draco se encontró de repente sepultado en un violento abrazo, el género basto de las vestiduras de Snape le raspaba la barbilla. Draco lo soltó primero y le dirigió una sonrisa, fue lo más cercano a un gracias que pudo lograr.

oOo

Quince días después de la última carta de Harry el estado de nerviosismo de Draco había alcanzado proporciones indecibles. Snape y los mellizos evitaban con el mayor de los tactos cualquier referencia a Londres o a la guerra. Tampoco habían recibido otro tipo de noticias, las lechuzas que había mandado Snape no habían tenido respuesta.

oOo

Ocurrió dos noches después. Draco estaba montando guardia. No oyó pasos acercándose. Más tarde recordaría que lo último que había visto había sido una mano enguantada de negro que había descendido sobre su cara y un olor acre. Perdió la consciencia sin siquiera haber tenido tiempo de usar la varita.

oOo

Snape se despertó de golpe. Algo estaba mal, pero no podía determinar qué. Las carpas estaban protegidas con un conjuro que las hacía indetectables e invisibles para toda persona excepto para ellos, la seguridad no era una preocupación. ¿Qué era entonces? La respuesta le llegó con un sobresalto. Había dormido demasiado. Malfoy tendría que haberlo despertado antes. Consultó su reloj, era dos horas más tarde de la convenida para el cambio de guardia. Quizá Malfoy se había quedado dormido.

Pero sus instintos le decían que no, Malfoy nunca se había quedado dormido durante una guardia, y tenía que admitir, incluso, que también los mellizos eran totalmente confiables a ese respecto. Salió de la carpa.

El fuego se había consumido y a Malfoy no se lo veía por ningún lado. Frenético empezó a caminar hacia los rescoldos siseando ─ ¡Malfoy! ─ Quería pensar que se había alejado un poco para sus necesidades, pero sabía interiormente que no era ése el caso, estaba temblando de pies a cabeza. ─ ¡Malfoy!

¡La gran puta!, raptado por los mortífagos debajo de sus narices. Snape empezó a maldecir en voz alta y fue a despertar a los mellizos.

oOo

Draco pensó que debía ya de haberse despertado varias veces antes de haberlo hecho con completa consciencia. Cada vez había sido tan parecido a una pesadilla que era muy difícil poder distinguir entre los sueños y la espeluznante realidad, el terrible destino finalmente lo había alcanzado. Había caído en manos enemigas, y si su mente confundida por las drogas sospechaba bien, en manos enemigas muy familiares, literalmente. La poción, debió de haber sido por la poción, Lucius debía de haberla detectado de algún modo. Aunque no podía tener la seguridad de que fuera así y probablemente nunca llegaría a saberlo con certeza.

Y se daba cuenta de que todavía tenía el último párrafo de la última carta de Harry encima, junto con fragmentos de otras cartas. El resto, lo había quemado, pero las últimas líneas estaban tan llenas de significado que no había podido. ¿Lo habrían registrado ya? Podía aguantar mucho, sabía que tenía fuerza suficiente para soportar la tortura, pero sabía que ese trozo de pergamino tenía para él más significación de lo que hubiera sido conveniente.

La consciencia le fue volviendo de manera paulatina, abrió los ojos. ─ ¿Dónde estoy? ─ preguntó con voz seca y cascada. ¿Cuánto tiempo habré estado inconsciente?

─ ¿No lo sabés? ─ preguntó una voz melosa, suave como la seda y en la que se intercalaba una nota divertida.

Draco pestañeó y trató de incorporarse pero entonces reparó que no sólo tenía atados los brazos, sendas gruesas bandas le cruzaban el pecho y el cuello. No podía ver a su padre, pero la voz era inconfundible. ─ Lucius.

─ Muy bien, mocoso. ─ la nota divertida de la voz era ahora más intensa ─ Decime dónde estás.

Draco miró el techo. Era de granito gris oscuro. Le era conocido. Pensó frenético y lo dedujo más de lo que lo supo. ─ Estoy en la Mansión, en los sótanos.

─ Muy bien. ─ dijo Lucius ─ ¿Tenés sed?

Draco vaciló. Era seguro que cualquier cosa que le ofrecieran para beber estaría drogada, pero la sed que tenía era espantosa. ─ ¿Me vas a drogar de nuevo?

─ Sólo un poco. Rabastan. ─ Lo último había sido una orden, un mortífago enmascarado se acercó y entró por encima en su campo visual, le acercó una taza a los labios, Draco trató de levantar la cabeza, la correa le lastimaba el cuello. Bebió todo lo que pudo, pero se atragantaba y parte del líquido se le derramó por el cuello.

─ Dejalo. ─ ordenó Lucius acercándose. Lestrange se retiró. Lucius no llevaba máscara y estaba vestido como Draco siempre lo había visto. Toga de gala amplia con herrajes de plata. El largo pelo rubio cayéndole sobre los hombros. Los ojos más fríos que el hielo, y sí, las líneas a los costados mucho más profundas. Líneas de poder, poder que provocaba en Draco cantidades mayúsculas de miedo, mucho más del que hubiera estado dispuesto a admitir.

Una mano enguantada vino a tocarle la mejilla, Draco trató de apartar la cara por reflejo. La caricia era burlonamente tierna. ─ Pensar que tuviera que llegar a esto, ─ dijo Lucius como si pensara en voz alta ─ verme obligado a matar a mi propia carne y sangre.

Draco evitó mirarlo.

─ Te repudié, lo sé. ─ continuó Lucius con el mismo tono casi melancólico ─ pero eso no cambia el hecho de que tu sangre es mi sangre.

─ ¡Y una mierda! ─ le escupió Draco ─ ¡Mi sangre es mía!

Eso le ganó una violenta bofetada. ─ No hables hasta que yo te lo permita. ─ dijo trayendo en la voz fantasmas de diez años de infancia. ─ Pero tu cara ha cambiado. Más débil en algunos rasgos, más fuerte en otros. ─ la voz de Lucius había retomado el tono soñador ─ Decime, mocoso, ¿conocés tus debilidades?

Draco sintió la compulsión del Veritaserum y se esforzó para encontrar la forma de contestar evasivamente. ─ Sí.

─ ¿Cuáles son?

La presión en el cráneo era tremenda, sentía que la cabeza le iba a estallar ─ La gente… me importa… me preocupo por ellos. ─ dijo Draco sin poder contener las palabras a pesar de estar resistiendo.

─ ¿Por quién? ─ la voz era suave… como una caricia.

Draco resistió un largo momento sin decir nada. ─ Snape.

─ Ah, sí… Snape, ─ repitió Lucius reflexivo ─ Tu Jefe de Casa. ¿Por quién más?

Otra vez el esfuerzo para no decir el nombre de Harry, para ni siquiera pensar en el nombre, pensar era peligroso. ─ Los mellizos Weasley. ─ logró decir a cambio.

Lucius se inclinó sobre él. ─ No me estás diciendo toda la verdad ─ dijo con una voz peligrosísima que no era más alta que un susurro. ─ Tendrás que aprender.

Draco no agregó nada más.

Lucius hizo castañetear los dedos y cuatro mortífagos avanzaron de las sombras, todos con máscaras. Lucius salió y los otros procedieron a golpearlo con látigos, con cadenas y con un objeto romo, una especie de cachiporra quizá, que Draco no alcanzó a ver de cerca en ningún momento. No respetaron nada, Draco cerró los ojos apretándolos más por el afán de mantenerlos protegidos que por otra razón. La primera vez que gritó fue cuando un latigazo le cruzó la parte superior del muslo y le impactó parcialmente en los testículos a través de los jeans. Era una bendición que le hubieran dejado puesta la ropa, por el momento al menos. Se le cruzó por la cabeza si el monograma ED de la remera seguiría siendo indetectable, fue uno de los últimos pensamientos antes de que el dolor alcanzara niveles intolerables y se desmayara.

oOo

La siguiente vez que se despertó fue porque lo estaban forzando a beber algún tipo de poción. ─ Despertate. ─ ordenó una voz áspera. Una voz desconocida.

Draco pudo abrir los ojos. Sentía la cara hinchada, recordó la golpiza. Probó las ataduras, seguían igual. El dolor parecía manarle por todos lados, una sensación de humedad en una rodilla le sugirió que algo debía de estar sangrando. Debía de tener todo el pecho cruzado por las laceraciones de los latigazos y los brazos le dolían espantosamente.

Lucius había vuelto. ─ Vamos a probar de nuevo. ─ dijo con tono cordial ─ ¿Dónde está Dumbledore?

Draco sintió la temida compulsión pero pudo esquivarla. ─ No lo sé.

─ ¿Dónde estaba la última vez que lo supiste?

─ Londres. ─ dijo contra su voluntad. Podía sentir la acción del Veritaserum en combate con el Fidelius. Luchaban en su cabeza empujando hacia lados opuestos. Le provocaron náuseas y vomitó, y se atragantó. Uno de los mortífagos le levantó un poco la cabeza pero no le dieron nada para beber. ─ Agua. ─ alcanzó a decir con voz rasposa.

─ No. ─ el tono de Lucius era jovial ─ ¿Dónde en Londres?

Lo atacó una onda compulsiva. Pudo resistirla. ─ No… no lo sé.

Lucius se aproximó inmediatamente y le dio un tremendo bastonazo en la canilla en un arranque de intempestiva violencia. ─ ¡Mocoso imbécil! ¿Te creés que me podés engañar?

Bañado en vómito, descompuesto por el olor y el gusto, Draco no respondió, ni siquiera pudo gritar de dolor. Lucius retrocedió. ─ El olor es repugnante. ─ comentó, alguien hizo desvanecer el vómito pero el gusto en la boca de Draco persistió.

─ ¿Dónde está Severus Snape? ─ preguntó Lucius luego de una pausa.

Draco cerró los ojos, en rigor de verdad no lo sabía, habían estado en diferentes lugares y la mayoría sin nombre; o en el caso de que lo tuvieran, desconocidos para Draco. Podría haber dicho en algún lugar de..., pero no, se resistía a pensar en detalles. Abrió los ojos. ─ No lo sé.

Lucius entró en su campo visual, una mueca de desdén deformaba los aristocráticos rasgos. ─ ¿Dónde está Harry Potter?

─ ¡No lo sé! ─ algo de pánico se había filtrado en el tono, pero también una veta de esperanza. Si preguntaban, podía ser porque todavía no lo habían capturado, aunque también era posible que Lucius lo estuviera probando.

─ ¿Cuál era tu relación con él? ─ preguntó Lucius con voz muy suave.

Pensá en generalidades. ─ Éramos estudiantes del mismo año en Hogwarts. ─ dijo Draco escuetamente mirando a su padre a los ojos.

─ ¿Lo has visto después de la graduación?

Titubeo. Draco iba a intentar negarlo, pero la presión del Veritaserum era arrolladora y Lucius sumó un nuevo bastonazo en la pierna. ─ Nnn… ¡ay!... ¡Sí! ─ ¡Mierda!

La sonrisa era fría y cruel. ─ Y decime, ─ la voz de Lucius nuevamente era un susurro ─ ¿te importaba más que los otros miembros de la Orden, Draco?

Era la primera vez que su padre había usado el nombre, Draco se estremeció. La poción presionaba la verdad en sus labios. Draco juntó toda su voluntad y la venció. ─ No. ─ mintió sin particular expresión en el tono. Aborrecía de esa mentira en particular, pero era imprescindible. Volvió a perder la consciencia.

oOo

Las pesadillas se iban volviendo cada vez más extrañas, más oscuras e intrincadas y el despertar no traía ningún tipo de alivio. Las preguntas eran siempre las mismas, recurrentes. ¿Dónde está Dumbledore? ¿Dónde están los cuarteles de la Orden del Fénix? ¿Dónde está Harry Potter? Draco no tenía que esforzarse demasiado, en realidad no conocía las respuestas, excepto sobre los cuarteles, pero el Fidelius le impedía responder esa pregunta en particular. No dejaba de ser una suerte que durante la última quincena antes de su captura no hubieran tenido ningún tipo de noticia. Pensó en Snape y deseó que estuviera bien. Se preguntaba también si alguna vez se descubriría lo que le había pasado. Era una gran ironía que su destino fuera morir en la casa de su padre, la casa donde había crecido.

oOo

Se despertó, alguien decía su nombre y lo sacudía. Reconoció la voz fría de Dolohov, pero el mortífago llevaba máscara. Le acercó una taza a los labios. Trató de resistirse pero alguien le provocó una quemadura en uno de los flancos. Gritó. Dolohov le forzó la poción en la boca. ─ ¡Tragá!, ─ siseó la fría voz ─ o pagarás cara tu osadía.

Draco tragó y lo invadieron de inmediato alucinaciones espectrales absurdas. Sólo Merlín sabría lo que le estaban dando y los efectos residuales que podían tener esas sustancias en su mente. Había escuchado alguna vez rumores de que los mortífagos "experimentaban" con pociones novedosas, nunca se le hubiera ocurrido que terminaría siendo víctima directa de esos experimentos. Oía voces en su cabeza, le era difícil discernir fantasía de realidad.

Dolohov le estaba preguntando algo pero Draco no alcanzaba a comprender las palabras todo lo que le salió fue una sonrisa, totalmente ajena a su voluntad. Le hicieron beber otra poción y todo se puso negro de nuevo.

oOo

Había sombras que lo rodeaban, sombras muy largas que se proyectaban sobre las colinas, Draco no sabía si estaba allí, si formaba parte de eso, quizá era el fuego que estaba en el centro. Las sombras danzaban todo alrededor, un siniestro círculo de movimiento, y el movimiento era un hechizo en sí mismo y de por sí, y la dulzura de la oscuridad le envolvía los miembros como amarras. Draco tenía mucho calor, ardía de calor y las cuerdas que lo ataban se encendían junto a su piel, se miró las manos, se le habían vuelto negras. Gritó, volvió a gritar, no podía parar de gritar…

Y la voz no era ni siquiera la suya, era un chillido agudísimo, se le presentó la imagen de un Nazgûl, ¿se trataba de un mito que había leído en un libro o era acaso realidad? Todo le daba vueltas, sintió como si se ahogara, como si se ahogara en la oscuridad y el fuego…

oOo

Despertó, o eso creyó, ya no sabía qué era real y qué no lo era. Lucius estaba de pie junto a él.

─ Contame sobre Harry Potter. ─ dijo con voz calma.

Draco sintió el cosquilleo de una cascarita de sangre seca en la comisura. Trato de juntar humedad suficiente en la boca para poder emitir sonidos. ─ No. ─ le había salido como un ronquido.

Lucius se movía en círculos, dándose golpecitos con el bastón en el muslo. ─ De nada vale que mientas puesto que sé todo.

Draco cerró los ojos y pensó por un largo momento en Harry. ─ No es posible que puedas saber todo.

─ Has estado hablando en sueños, y además… tengo estos… ─ se le acercó y le mostró los fragmentos de pergamino que sostenía en el puño.

Sintió que la furia le crecía en el pecho hasta ahogarlo. Juntó toda la frialdad que pudo y dijo: ─ Devolvémelos.

Una fría sonrisa. ─ No.

No quería que Lucius los tocara. No tenía importancia puesto que de todas formas iba a morir, pero quería morir con sus cartas, o sus fragmentos de cartas. Eran lo más cercano a Harry que podría volver a estar. ─ Devolvémelos. ─ demandó con voz temblorosa. Estaba muy débil, no podía controlarla.

Lucius sonrió otra vez, no agregó nada. Se los guardó en el bolsillo. Y un instante después le pegó en la sien con el mango del bastón. De nuevo la oscuridad.

oOo

Los dragones aullaban, el fuego le quemaba piel. Draco no sabía si era un testigo de la escena o si era él el que se quemaba. Temblaba, los estremecimientos atraían a las llamas, el fuego le disolvía la carne y le calcinaba los huesos y otra vez los alaridos…

oOo

─ Despertate.

Era una orden. El cuerpo de Draco obedeció, sentía que había estado soñando por siempre. Una mano enguantada le acercó una taza a los labios. Bebió. ─ No me hagas dormir de nuevo, por favor, no sé las respuestas, no me des eso otra vez.

Temblaba, casi convulsivo, la mano enguantada de Lucius le acarició los cabellos sudorosos. ─ Parece que esta última no te gustó nada, era de esperar. Decime, ¿sabés qué día es hoy? ¿sabés cuánto tiempo llevás acá?

No sintió ninguna presión en la cabeza, quizá el agua había sido sólo eso, agua. ─ No, ¿vas a decírmelo?

Una expresión divertida. ─ No. ─ Lucius se alejó.

Le dolía todo el cuerpo. ¿Le habrían pegado otra vez mientras estaba inconsciente? ya había dejado de contar las palizas que le habían dado, pero habían sido más de doce. Tenía hambre como cada vez que se despertaba. ─ ¿Me vas a dar de comer?

─ ¿Qué te hace pensar que lo haría?

─ ¿Voy a morirme pronto?

Lucius murmuró un encantamiento y desapareció la correa que le retenía el cuello. ─ ¿Es eso lo que querés? ─ Otro mortífago se acercó y le colocó una almohada debajo de la cabeza, la sensación fue deliciosa.

─ No.

─ ¿Qué razones tenés para seguir vivo? ─ preguntó Lucius sonriendo y sacudiendo ligeramente la cabeza.

Draco sabía la respuesta, pero no se la proporcionó. Seguía temblando y deseó poder dejar de hacerlo. No sentía frío exactamente, pero tampoco sentía calidez. Su sistema nervioso parecía haberse vuelto hipersensible, respondía de forma desproporcionada al mínimo estímulo.

El tono de Lucius cambió. ─ Tenés una visita. Sugeriría que trates de ser más amable de lo que has sido conmigo hasta ahora. Sobretodo si querés seguir vivo.

Hizo chasquear los dedos, él y los otros mortífagos salieron de la cámara. Una constricción en el abdomen le anticipó quién era el visitante. Voldemort entró.

Draco nunca lo había visto. Una vez le había preguntado a Harry qué aspecto tenía Voldemort, Harry se había estremecido y se había negado a contarle. Ahora Draco comprendía el por qué. Verlo era aterrorizador. Cada rasgo delataba perfidia y mala voluntad, la malignidad del poder corrupto y corruptor. Los ojos eran lo peor, incandescentes y que parecían taladrarlo a uno hasta exponerle el alma. Trato de reunir toda su sensatez, todos sus recuerdos, para conseguir el valor que le permitiera sobrellevar la entrevista.

Harry. Harry es más poderoso que él.

Draco sabía que sólo Harry tenía el poder para matar a ese monstruo. También sabía que su muerte era inminente, era imposible escapar de los sótanos de la Mansión, sabía que nunca más vería la luz del sol. Y bien… cuando ya no hay nada más que perder… ─ ¿Qué quiere? ─ preguntó con voz cascada pero tono desafiante.

Voldemort rió, el sonido de la risa era espeluznante. ─ Mi joven maese Malfoy, ─ siseó ─ es un placer poder conocerlo finalmente. Permítame expresarle mi profundo desencanto de que sea en estas tan tristes circunstancias.

─ Ahórrese los formalismos. ─ dijo Draco con tono poco amable.

Entrecerró los ojos. ─ Preferiría un poco más de cortesía. ─ dijo Voldemort. Se acercó y le posó una mano sobre la maltrecha rodilla derecha. Frío, Draco hizo una mueca. El tacto era frío, un frío que quemaba. ─ Empecemos con unas preguntas simples. No intente mentir. Lord Voldemort siempre se da cuenta, mi levantisco maese Malfoy.

La mirada le perforó los ojos. Draco giró la cabeza, tenía que evitar el contacto visual directo. Voldemort se la volvió a enderezar. Draco cerró los ojos.

─ De nada servirá. ─ susurró Voldemort ─ Puedo ver a través de esas delgadas capas de piel. Dígame, maese Malfoy, ¿dónde está Dumbledore?

Draco abrió los ojos y los desvió hacia un lado. ─ No lo sé. Ya me han hecho esa pregunta miles de veces.

─ Y en alguna de esas oportunidades dijo Ud. Londres, ¿no? Pero no es sensato esperar que conozca la respuesta ─ continuó con tono práctico ─ No ahora, al menos, después de haber estado encerrado durante semanas.

¿Semanas ya? Se horrorizó de sólo pensarlo. Pero Voldemort podría estar mintiendo. Snape debía de estar frenético. Y Harry… ¿seguiría Harry vivo?

─ Dígame, ─ el tono ahora había adquirido un timbre especial, hipnótico ─ dígame dónde está Harry Potter, si me lo dice lo dejaré vivir.

─ No sé dónde está. ─ gracias a los dioses.

─ Quizá debería, ─ dijo Voldemort desdeñoso y con tono triunfal ─ aunque dudo que el saberlo fuera a causarle placer.

Voldemort se alejó unos pasos.

─ ¿Por qué? ¿Dónde está?

Voldemort dibujó una sonrisa cruel pero no dijo nada. No es cierto, es un bluff, puro alarde. No puede ser, no debe ser, Harry va a ganar.

─ Ud. nunca se hubiera enterado si la guerra hubiera terminado. ─ dijo Voldemort con voz amable ─ ¿Requiere pruebas?

─ ¿Me las proporcionaría Ud.? ─ preguntó Draco ásperamente.

Voldemort siguió sonriendo. ─ Dígame el encantamiento para la hora.

Tempus. ─ contestó Draco automáticamente.

─ ¿Y el de la fecha?

Datus hodie.

Voldemort sacó una varita, por el aspecto era probablemente la de Draco. ─ Tempus. Allí puede verlo, las nueve y media de la noche. Datus hodie, el doce de noviembre. ¿Coincide con sus estimaciones?

Draco trató de recordar la fecha del secuestro. Mierda. Había sido a mediados de octubre. Llevaba semanas prisionero. Y si nadie lo había encontrado después de tanto tiempo… Nunca me van a encontrar…

─ Para su información, ─ continuó Voldemort ahora con tono didáctico ─ incluso si ahora le devolviera la varita, de poco le serviría. Está mucho más débil de lo que pueda imaginarse. Difícilmente podría caminar si lo liberara. ─ se acercó, guardó la varita en un pliegue de la toga y sacó otra cosa ─ ¿Sabe lo que tengo aquí? ─ había retornado el tono triunfal.

─ ¿Qué?

─ Le mostraré. ─ desdobló un folio de pergamino ─ Escuche. Querido Draco: La guerra estalló finalmente. Están atacando la Calle Diagon, todo es un caos. Nadie sabe quién está vivo o muerto, son muchos los desaparecidos, nuestras tropas están desamparadas. Espero que puedas recibir esta lechuza. Pero sería mejor que no contestaras, no quiero exponer a Hedwig. Todo indica que yo no voy a luchar mucho, a menos que D consiga, de alguna forma, que me pueda acercar a mi objetivo. R y H participan de la lucha pero no en la línea de fuego, menos mal. Tengo que cortar acá, me precisan. No te olvides nunca de que te amo. Harry.

Voldemort concluyó la lectura, los ojos le brillaban de modo extraño. ─ Sí que es cosa rara el amor, irónico que haya sido la perdición de su amante. La llevaba encima, la tomaron de su cadáver. ¿Reconoce la letra? ─ le acercó el pergamino, la letra era indudablemente la de Harry.

Draco sintió que el pecho se le ponía tenso, le costaba respirar. No podía ser cierto. ─ ¿Entonces por qué me está preguntando dónde está Dumbledore? ─ logró articular.

─ Venganza. ─ dijo Voldemort simplemente, giró y marchó hacia la puerta, se detuvo antes de salir, se dio vuelta ─ La guerra terminó, mon enfant.

¡No!

El grito pareció explotarle en la cabeza. Tenía que ser mentira. La carta podría haber sido interceptada. No era seguro que Harry hubiera sido capturado. Pero si fuera verdad, si Harry estaba muerto, entonces Lucius estaba en lo cierto, Draco ya no tenía ninguna razón para vivir. Si fuera verdad…

¿Y por qué tenía la sensación de que era verdad?

oOo