Capítulo XXVIII: Frío Consuelo.

Al salir desde las horrendas profundidades, creyeron que quedarían ciegos de por vida; el día al exterior era tan radiante y luminoso, que sentían que jamás habían apreciado lo suficiente la claridad del Sol, y la frescura de una brisa.

El pasillo escalonado los había llevado directamente a una especie de valle pequeño, algo rocoso cerca de la salida, pero rebosante de hierba más allá de ella.

Un fino cauce de agua borboteaba entre las rocas, y corría velozmente, perdiéndose en las tierras áridas que se extendían cercanas al valle.

La Comunidad bajó por otra serie de escaleras para pisar por fin la tierra del exterior.

La ansiedad los había movido con rapidez y eficiencia hasta la salida, pero ahora que podían disfrutar de la luz del Sol, habían caído completamente extenuados encima de las rocas.

Nadie pronunció ni una sola palabra en todo el tiempo que permanecieron descansando en el roquerío.

Legolas, Nibenwen y Merilnen miraban hacia el horizonte con los ojos inundados de pena, Gimli animaba en silencio a Merry y a Pippin, Bellcaunion intentaba consolar a una sollozante Lila, y Aragorn alistaba sus fardos, para la próxima partida.

Frodo era el más alejado; caminaba despacio, hacia una pradera que se extendía hacia el norte de la Puerta, cabizbajo. La pena los había alcanzado a todos con la misma fuerza, la impotencia era grande, al igual que el cansancio, y ni el más brillante y hermoso de los días podía borrar esos sentimientos de sus corazones.

-¿Por qué?-pensaba Frodo, mientras una lágrima corría por su pálido rostro-¿Por qué tenías que ser precisamente tú quien nos abandonara?-.

Aragorn, a pesar de su tristeza, debía cumplir sus obligaciones.

Ya no podían seguir lamentándose en aquel lugar.

-amigo-le dijo a Bellcaunion-, ayúdame a levantarlos. Lila-le dijo a la hobbit, acurrucada entre los brazos del elfo-, levántate. Debemos continuar.-.

-sí, Aragorn tiene razón-dijo el Elfo, algo apenado por el momento-, vamos Lila-.

Mientras Bellcaunion ponía en pie a la joven hobbit, Aragorn llamaba al resto de los Elfos para que levantaran al resto de los medianos.

-Pippin-le llamó Nibenwen-, hay que continuar el trayecto…-mientras, Merilnen levantaba a Merry, quien lucía algo más dispuesto-.

-¿y Frodo?...¿donde está?-preguntó Lila, con la voz ahogada.

-allá-le señaló Gimli, apuntando hacia la pradera-, creo que fue a darse un paseo por el Valle. Lo necesita, y yo también. ¿Podríamos dar una vuelta antes de marcharnos?-.

-Gimli…-empezó Aragorn, impaciente.

-por favor-rogó Gimli-. Esta es la tierra de mis padres, y me sentiría muy desolado si no pudiera verla por unos instantes…-.

-muy bien-aceptó el montaraz-, daremos una vuelta, pero vayamos primero por Frodo. No demoremos mucho, al atardecer este lugar estará repleto de orcos-.

Lila corrió apresuradamente hacia Frodo, quien no paraba de sollozar y cuestionarse las cosas que habían ocurrido.

-¡Frodo!-exclamó la hobbit, dando un suspiro, y deteniéndose frente a él.- no deberías ir tan lejos…-.

-lo siento-musitó el joven.

-no importa, los demás ya vienen hacia acá, daremos un paseo por este lugar-explicó Lila-, mm…el Valle del Arroyo Sombrío, como todos le llaman. Gimli necesita despedirse del hogar de sus antepasados.-

-entiendo…-.

El resto de la compañía no tardó en alcanzarlos, y comenzaron a recorrer el valle, a paso lento y afectado.

El valle en sítenía una mezcla de desolación y fría belleza, el aire era solitario, y ni siquiera el trino de algún pajarillo se escuchaba.

Todo lo que allí veían les removía la angustia que pesaba en sus corazones, de hecho, parecía como si el sol mismo se hubiese vuelto opaco, en consideración de la desgracia reciente.

Caminaron entre piedras y hierba, hasta que sus ojos se maravillaron con las tranquilas aguas de un pequeño lago.

-¡Kheled-zâram!-exclamó Gimli, con una remota alegría-¡El lago de Moria!...-.

-que hermoso es…-susurró Merilnen, conmovida por la paz que arrullaba aquel lago-.

-sí-afirmó Gimli-¡Qué afortunado soy de haberlo visto!...pensé que jamás mis ojos se deleitarían ante tanta hermosura. ¡Vengan, mirémoslo más de cerca!-y se alejó corriendo hacia la orilla del lago, muy ansioso.

Pippin y Merry, recobrando algo de su curiosidad, corrieron tras él, y el resto los siguió más pasivamente.

Lila se detuvo junto a Frodo, rozando sus pies con el agua de la orilla.

-es muy helada-comentó Lila, con un escalofrío.

Frodo no contestó, inmerso en la belleza del Kheled-zâram.

Aquellas aguas le otorgaban de cierto modo, un consuelo, aunque sabía que no sería suficiente como para borrar la pena de su alma. La brisa helada desordenaba sus oscuros rizos, y su mirada parecía tan profunda y azul como el agua del lago.

Lila no pudo evitar mirar el triste rostro de Frodo, y sintió que su corazón se destrozaba un poco más.

¿Qué podría hacer para que Frodo se sintiese más aliviado?

Ella volvió a mirar el lago, y se sintió intranquila; los demás compañeros también observaban absortos el paisaje.

-un frío consuelo…-pensó Lila-, después del horror del fuego, hace muy bien…-.

Recordó los días de lluvia en su querida Comarca, tan nostálgicos y fríos…; a ningún hobbit le agradaba pasear mientras llovía, ni siquiera a los Brandigamo, familia extraña y 'anti-natural', como los llamaban a menudo. Pero ella siempre había sido la excepción a la regla. Prefería los días grises y húmedos, porque le daban la oportunidad de reflexionar un instante consigo misma, sola y en profundo contacto con la melancólica naturaleza.

El aire que se respiraba cerca del Kheled-zâram no era muy distinto al que ya había experimentado, pero en esta ocasión, ella necesitaba algo cálido que la reconfortara; más que el fuego, lo que le había marcado en lo más hondo había sido la impenetrable oscuridad de las Minas, y eso, debía ser olvidado en un lugar más apropiado.

Pero esto no estaba tan mal…, lo que realmente le preocupaba, era Frodo, tan silencioso y cerrado, a pesar de la amistad que los unía.

-¿Por qué siempre permanece en silencio, y no recurre a nadie?-pensó- como me gustaría aliviarle su carga…-inconscientemente, sus dedos rozaron el colgante que llevaba en el cuello, y una luz se encendió en su mente.- ¡por supuesto!...¿como me había olvidado de esto?-.

Durante todo ese tiempo, no había recordado el valioso regalo que la Dama Arwen le había entregado. Tantas cosas habían ocurrido desde entonces.

Pero ahora, las palabras de la Elfa sonaban tan claras como en el momento en que las pronunció.

'…Te servirá cuando haya malos momentos, o cuando desees claridad en medio de la confusión. Si tienes problemas o dudas, deposítalas en esta piedra, así yo podré contactarme contigo y ayudarte en lo que pueda. (…) Si alguien debe ayudar al Portador, esa eres tú. (…) estás muy unida a él.'

-oh, Dama Arwen-pensó con nostalgia, tocando la piedra blanca engarzada en el colgante-. No sabe cuanta ayuda necesito…-.

A medida que miraba el lago y acariciaba la gema, un ligero calor comenzó a envolver su débil figura, y le aclaró la mente lo suficiente como para sentirse bastante más despierta y mejor. En ese momento, era lo único que necesitaba; ninguna palabra de Arwen hubiera servido más que la luz que ella le brindaba.

-gracias-susurró-, ahora podré ayudar a aquel que lo necesita…-.

-¿decías algo?-preguntó el antes callado Frodo, quien seguía con la mirada perdida en el lago.

-no, nada-se excusó Lila.

-creo que debemos irnos ya-anunció Aragorn-, lo siento Gimli, pero se hace tarde-.

-oh, está bien. Ya he disfrutado lo suficiente-aclaró Gimli, con una nostálgica sonrisa-. Muchas gracias por comprenderme-.

-no es nada-sonrió Aragorn.

-antes de salir del Valle, debo avisarles algo-dijo Nibenwen, con un tono peculiarmente triste-. Me temo que no podré seguir el viaje con ustedes, ya que como saben, debo desviarme hasta el Bosque Negro. Si parto de este lugar, llegaré directamente y sin muchos obstáculos a mi hogar, donde prepararé las huestes élficas de Thranduil para la guerra que se avecina-.

-sí-le interrumpió Bellcaunion-, creo que partiré contigo; debo hacerle una visita a los beórnidas del Bosque Negro, como fue lo acordado con Elrond-.

-no pensé que se marcharían tan pronto-murmuró Merry.

-era de esperarse que llegarían hasta aquí-dijo Aragorn-.

-oh..¿pero los volveremos a ver?-preguntó Lila, mirando a Bellcaunion de reojo.

-claro que sí-le respondió el Elfo, mirándola también-, pero salgamos de este Valle, y luego podremos despedirnos. ¡Lástima que no tengo a mi corcel conmigo!-.

Tras el aviso de partida de los dos Elfos, se pusieron en marcha hacia las tierras lóbregas del sur del Valle, donde éstos cambiarían su rumbo.

Al llegar al límite de los dominios de Moria, la comitiva se detuvo.

-muy bien, queridos amigos-comenzó Aragorn-, lamento que deban continuar por otro rumbo, pero todo esto nos beneficiará, estoy seguro.-

-claro que sí-afirmó Nibenwen-, estaré al tanto de todo lo que suceda en las afueras del Bosque Negro. Quizás volvamos a vernos en algún tiempo más.-

-así lo creo, bella Dama-dijo Gimli, muy cortésmente.

-en cuanto a mí-agregó Bellcaunion, con su característico orgullo-, también estaré al tanto de todo, y espero poder reunirme con ustedes en algún futuro no muy lejano.-

-oh, Bellcaunion, al parecer nuestra amistad no durará mucho-dijo Lila, con la cabeza gacha.

-yo no diría lo mismo-le respondió él con una sonrisa-, cuando una amistad comienza, ni aún la muerte logra separarla-.

Frodo, quien había estado todo ese momento silencioso y abstraído, levantó la mirada hacia el Elfo con sorpresa.

-no puedo creer que esté hablando de ese modo-pensó en un solo segundo-.

-creo que Bellcaunion nos muestra su lado amistoso-dijo Legolas, con cierta ironía.

-siempre lo he mostrado-dijo Bellcaunion, burlonamente-, a mi modo.-

-bueno, no hay que demorarse-interrumpió Nibenwen, algo arisca-.

-claro que no-dijo Bellcaunion, y luego agregó-adiós, compañeros. El corazón me dice que nos veremos antes del fin.- miró a Frodo de repente- espero que el Portador del Anillo sepa cumplir la misión asignada-.

-eso intentaré-le respondió Frodo, sintiendo una vez más que el Elfo le hacía hervir la sangre-.

Nibenwen miró al hobbit con cariño.

-adiós, Frodo-se despidió, y luego miró al resto de la Compañía-. Espero que le sean fieles a este honorable hobbit-.

-lo seremos-dijo Pippin, y Merry asintió sonriente.

-Nibenwen-la llamó Legolas, con voz cálida- cuídate mucho en el camino a casa; confío en que organizarás todo tan bien como tú sabes hacerlo. Y dale mis saludos a mi padre.-

-lo haré-afirmó Nibenwen, con una sonrisa.- no galu govad gen! ('Que mis bendiciones vayan con ustedes').

-Ná Elbereth veria le ('Que Elbereth los proteja')-respondió Merilnen, con su mirada risueña-.

-Hannon le ('Gracias')-respondieron Bellcaunion y Nibenwen, ahora altivos y serios.- Cuio vae! ('Adiós').-

-adiós-musitó Frodo, tratando de no mirar a Bellcaunion, quien le sonreía socarronamente.

Lila, Pippin y Merry extendieron sus manos y las agitaron a modo de despedida, mientras los dos elfos se alejaban de ellos. A pesar de todo, extrañarían al Noldo orgulloso y burlón, y también a la hermosa Elfa Silvana, tan alegre y luminosa como los de su raza. Legolas oteó hacia ellos con cierta nostalgia, que sólo los penetrantes ojos de Frodo pudieron notar.

-¿y ahora a donde nos dirigimos?- preguntó Pippin, con ansiedad.

Aragorn miró los territorios que se extendían ante sus ojos, como tratando de encontrar la respuesta indicada.

-puedo ver los primeros árboles del Bosque de Oro, allá, a los lejos-dijo Legolas, con una sonrisa- se extienden como una hermosa niebla, ocultando su verdadero encanto-.

-la visión de Legolas ha respondido a tu pregunta-sonrió también Aragorn, mirando a Pippin-, nos dirigimos hacia allá-.

-Lothlórien…-susurró Merilnen, con un repentino brillo en sus ojos.

-¿es tu tierra natal?-preguntó Lila.

-sí-afirmó Merilnen con candidez-, conocerás mi bello hogar-.

-oh, ya estoy muy ansiosa!- exclamó la hobbit, tratando de ver el Bosque de Oro, sin conseguirlo, dada la lejanía de éste.

-muy bien, partamos entonces-sugirió Aragorn- aún quedan unas millas para llegar-.

Frodo lo miró silencioso, y asintió.

Pronto se pusieron en marcha hacia aquellas tierras doradas, donde quizás, encontraran alivio a sus penas y cargas; aunque el joven hobbit no estaba muy seguro de aquello.