Llegamos al final de esta pequeña historia Disfrutarlo.


Capitulo 26: Ojos.

Se fueron al anochecer y nosotros nos quedamos viendo la tele, esperando que Jasper apareciese.

Fue entrar por la puerta y la pequeña despertarse para preguntar por la comida, probamos con la leche de bebe, pero no le gustaba para nada, asíque su padrinos se fueron de caza para la pequeña. Aquello si que le gustó, la sangre caliente, le estaba dulce y melosa.

La acostamos en su cuna y yo me quedé un rato abajo con los chicos.

Un zumbido me despertó, estaba en el sofá todavía por lo que no debía de hacer mucho tiempo que me había dormido.

-Dime Em- dijo la voz dulce de Edward.

-¿Donde estáis?, ¿Estáis bien?, ¿Por qué demonios no habéis vuelto a casa?- dijo a velocidad vampírica.-Estamos todos histéricos y vosotros tan tranquilos.

-Cálmate Emmett, mañana irán a casa Jasper y Alice a por unas cosas, yo no voy a dejarla sola.

-¿A quien Edd?, ¿Por qué solo van ha venir ellos?- preguntaba muy rápido.

-A Bella, me quedo con ella, a vivir Em- le dijo con cariño- He sido papa, ¿sabes?

-¿Que locuras estas diciendo Edward?, menea tu culo ponzoñoso hasta aquí y no me hagas ir a buscarte.

-No Emmett, la niña, mi hija tiene mis ojos, te quiero hermano- dijo emocionado- Te envío una foto con Alice y Jasper.

Escuche el clic del teléfono al colgar y vi como poco a poco se acercaba a mi.

-Será mejor que subamos a acostarte- susurró cogiéndome en brazos.

Enterré mi cabeza en su cuello y aspiré su aroma.

-Puedo andar sola- murmuré, el hizo amago de bajarme- Pero sino lo tengo que hacer dormida, me ahorro la caída por las escaleras- dije amodorrada.

Me quité la ropa con movimientos lentos, me puse un camisón cortito azul oscuro y me metí a la cama.

Escuche la respiración lenta de mi pequeña en su cuna y los ligeros pasos de Edward alejándose.

-Quédate con nosotras, por favor- le pedí.

Sentí que la cama se hundía a mi lado, me giré y apoyé mi cabeza en su pecho, hasta que me quedé dormida.

Desperté al notar un bamboleo en la cama. Abrí los ojos y me encontré con la pequeña Reneesme.

Acaricié su carita dormida y vi sonreír a Edward al otro lado.

-No se ha despertado en toda la noche- susurró.

-Yo tampoco- le dije sonriente.

Nos quedamos mirando la cosita más linda que podía haber en el mundo, hasta que sus ojos se abrieron asustados. No le dio tiempo a llorar cuando ya estaba en mis brazos.

Le dí un suave besito en la cabecita y ella extendió sus manitas hacia mi, con un puchero en su boca.

Edward me tendió un biberón, me levanté de la cama y salimos al balcón mientras le daba el desayuno.

Miraba a todos lados, distrayéndose hasta con el paso de una nube.

-¿Ya se han ido los chicos?- le pregunté al papá de mi niña.

-Si, esta mañana temprano- dijo mirando el paisaje.

-¿Puedo preguntarte algo?- dije poniéndome a su lado.

Asintió y cogió a su hija en brazos, me quedé embobada viendo como le cantaba y la acunaba en sus brazos.

*¿Por qué es tan oscura la decoración de la casa? *

*Porque mi vida era oscura.*

Reflexione un rato sus palabras mientras observaba las vistas de mi casa. Había sido una buena elección que, por primera vez en mucho tiempo, había traído buenas consecuencias.

Miré a mi niña dormida en los brazos de su padre, tenía una sonrisa preciosa en su carita de ángel y su manita agarraba uno de los dedos de Edward.

-No quiere que te separes de su lado- le susurré en el oído.

Se estremeció y su mirada tierna dio paso a otra muy diferente, deseosa.

Sonreí con picardía y volví dentro de la casa, sabiendo que el me seguía, acostamos a la niña en su cunita y nos miramos a los ojos. Estaba completamente segura de que la lujuria y el deseo que había en sus ojos, no era más que el reflejo de los míos.

Me abrazó y me beso con pasión, acariciando todo mi cuerpo haciéndome estremecer, nuestra ropa desapareció hecha jirones, saboreé cada milímetro de su cuerpo haciendo que su excitación fuese mayor. Acarició mi sexo con dulzura haciendo que cada célula de mi cuerpo necesitase sentirlo más.

-Edward- jadeé cuando su cabeza descendió hasta mi entrepierna.

Me hizo gemir una y otra vez de placer y se llevó su castigo, pues yo no iba a ser menos, mi nombre en sus labios finos era una bendición.

-Te necesito- susurré en su cuello.

Él me colocó debajo y me miró a los ojos. Me removí y conseguí sacar lo que buscaba de la mesita. Sus ojos se abrieron como platos, pero se lo puso. No queríamos darle un hermanito tan pronto a Reneesme.

Disfrutamos de la sensación de ser solo uno para dejarnos caer sobre el colchón con la respiración entrecortada.

-Te quiero- susurró en mi oído.

-Y yo a ti- le contesté con la voz ronca.

Me dormí sobre su pecho, agotada por el ejercicio.

El ruido del timbre me hizo despertar, me erguí estática sobre la cama. Un movimiento fugaz, me aviso de que Edward ya había bajado a abrir. Cogí a la pequeña que me miraba despierta desde su cuna, y nos fuimos al baño. Me puse un vestido azul oscuro escotado y otro de color crema a la bebe. Sus ojos buscaban a su padre, igual que mi corazón.

Me recogí el pelo en una cola alta y bajé al salón a recibir a nuestros invitados.

Me imaginaba la que me caería de un momento a otro, todos los Cullen estaban allí y el ambiente estaba muy cargado.

-¿Por qué hay tanta gente en mi salón?- pregunté alzando una ceja.

-No puede ser...- dijeron Esme y Carlisle en mi dirección.

-Mamá, papá, quiero presentaros a alguien- dijo cogiendo a Reneesme.

Carlisle y Esme se quedaron pasmados viendo los ojos de la niña, pero yo no apartaba la mirada de Rose, sus pensamientos me daban miedo. Se acercó despacio a la pequeña creyendo que nadie la veía. Me situé delante de ella, impidiéndole que se acercase más.

Todos se nos quedaron viendo, desde su punto de vista esto solo era un pequeño enfrentamiento, pero yo no era más que una leona defendiendo a su cría, no dejaría que le hiciesen daño.

-Esta es mi casa Rosalie, si puedes comportarte no tengo ningún inconveniente en que estés aquí, pero si sigo viendo eso en tu cabeza te echaré a patadas de mi casa. Y eso te puedo asegurar que sería pura compasión.- le solté.

-He venido a llevarme a ese cabeza hueca y una zo*** como tu no me lo va a impedir- me contestó.

-Rosalie, ven- le ordenó Esme- ¿Recuerdas el color de los ojos de Edward? ¿El que siempre te dijimos que tenía?- le preguntó con cariño.

Esta asintió, la orgullosa abuela le acercó a Reneesme a Rosalie, las manos de la niña intentaron tocarla pero yo la cogí con cariño en brazos.

Se removió inquieta y alzó de nuevo sus brazos hacia Rose, volví a bajárselos y comenzó a llorar.

-Reneesme no seas caprichosa, ella no te quiere coger- le dije a la niña.

Sus llantos cesaron y mirando a su tía, le hizo un puchero.

-¡Alice! No hagas eso delante de ella que aprende rápido- me quejé.

Los pensamientos de Rosalie, sin embargo habían cambiado por completo, solo pensaba que mi niña era muy dulce y que había llorado porque quería que su tía la cogiese.

Volvió a extender sus pequeños bracitos, Rose me preguntó con una mirada y yo solo pude asentir abatida. Mi pequeña estaba demasiado mimada y eso que acababa de nacer.

Poco después Emmett también la tomó, era increíble verle con la pequeña en sus brazos, parecía un payaso, siempre haciendo caras.

Y así misteriosamente volvíamos a ser una gran familia, o casi.

Mi casa se llenó de gente o mejor dicho de vampiros, la convivencia era fácil gracias a Reneesme que ahora ostentaba el cargo de sobrina, hija y nieta ultramimada.


En muchas ocasiones me he planteado cambiar este final, por ser excesivamente pasteloso, pero creo que sería quitarle la esencia a esta historia, escrita en momentos altamente emocionales de mi vida. Espero los tomatazos.