Actualizando: Domingo 26 de Agosto
Disclaimmer: Por más que ame el mundo de Naruto y que Kishimoto sea mi ídolo, los personajes no me pertenecen; son de Masashi Kishimoto ¿Me explico? PERO, esta historia si es de mía, espero nadie la "tome prestada" y ya quiero ver como le va a ir al pobre diablo o la pobre alma en desgracia que se atreva a ignorar esto.
Capítulo 27 – "El reglamento."
Después de ir a la casa del té con Naruto, anduvieron caminando hasta que Tsunade-sama mandó llamar al rubio. Después de eso caminó en silencio al campo de entrenamiento y ahí se percató de que las nubes habían tapizado el cielo por completo y que no había una sola parte que mostrara el común azul. Se avecinaba una tormenta y el odiaba mojarse. Fue entonces cuando decidió que era momento de volver a casa, pero ya había sido demasiado tarde, las gotas de lluvia comenzaron a caer del cielo, cada vez con más fuerza. Molesto, juntó sus manos y desapareció del lugar, dejando una nube que desapareció rápidamente debido al agua.
Al llegar a casa se sorprendió un poco al ver que había una figura bajo un paraguas, parada frente a su puerta; estaba seguro que era una mujer, porque la estatura era baja y podía ver lo que parecía ser una trenza descansando sobre uno de sus hombros. Enarcó una ceja y se acercó a la mujer, después de unos minutos la reconoció, era Hyuuga Hanabi y por su semblante molesto parecía tener bastante esperando.
Sacó la llave de su bolsillo y observó a la muchacha girarse al escuchar como tintineaban las llaves al chocar unas con otras, no le sonrió, ni le preguntó que hacía ahí, pero asumía que debía ser algo serio, ya que no cualquiera se paraba frente a tu puerta y menos cuando llovía con tanta fuerza. Abrió la puerta y la invitó a pasar, cerró la puerta tras de si y caminó detrás de ella, abrió la puerta y la invitó al interior de la casa.
– Nadie sabe que estoy aquí.
Volteó a verla, sin comprender y tomó el paraguas de la muchacha, lo recargó en la pared y luego volteó a ver a la muchacha, estaba mojada, a pesar de haberse protegido por el paraguas y parecía estar tiritando de frío.
– ¿Algo de tomar?
Hanabi lo observó en silencio y asintió, más rápido de lo normal debido al frío que sentía. – Té, por favor.
– Bien. Sígueme.
Caminaron por el pasillo, hasta llegar a la cocina. Hanabi se sentó en la mesa que había ahí y Sasuke encendió la estufa, puso una tetera sobre la flamilla y tomó una servilleta con la que secó sus brazos, odiaba sentirse húmedo y frío; caminó hacia un mueble pequeño y tomó dos tazas de ahí, las colocó en la mesa. Mientras esperaba el té escuchaba a la muchacha remover algo que traía dentro de un bolso; no tenía idea de por qué esa visita, pero esperaba que no fueran malas noticias sobre Hinata… la muchacha parecía atraer los problemas.
Sintiéndose un poco desesperado al no escuchar una sola palabra por parte de la Hyuuga, subió el calor y después de unos minutos tomó la tetera y vertió un poco del líquido sobre las tazas llenas de hierbas; se sentó en silencio y volteó a ver a la muchacha de cabello castaño. La observó suspirar y esconder sus manos bajo la mesa… por alguna razón la imaginó jugando con sus dedos, justo como lo hace Hinata, y su desesperación creció un poco más.
– Lo que vengo a hablar, es sobre mi hermana.
– ¿Le pasó algo? – Preguntó con su tono usual de voz, manteniendo un tono 'casual'.
– Ella está bien. – Tomó la azucarera y puso un poco de azúcar en su té, se había mojado aun estando bajo el paraguas y necesitaba el calor. – No es grave, descuida.
Sasuke se cruzó de brazos y asintió, al menos eso le quitaba esa sensación de preocupación, pero estaba sorprendido por lo similar y diferente que podía ser la voz de la castaña y de la peli-azul, tenía ese tono dulce e inocente y casi el mismo timbre, pero había algo de altanería e impertinencia en la de la menor. Hanabi observó la taza de té unos momentos, no tenía idea de cómo debía tratar al Uchiha, no sabía si era mejor entrar al tema lentamente o ir directo a la grano; le dio un sorbo al té y sintió como calentaba un poco su cuerpo.
– Se que tú y tu equipo se fueron antes y no escucharon la proposición de Hayato. – Comentó, sin quitar la mirada de la taza. – Pero ya debes conocer esa historia.
Se quedó en silencio y observó al Uchiha a los ojos, esperaba encontrar algo que le dijera como estaba tomando el azabache las cosas, pero solo encontró frío y vacío; desvió la mirada hacia la taza de té y dio otro sorbo, odiaba tratar con personas tan imperturbables, era difícil saber el efecto que causaban las palabras en ellos.
Sasuke le dio un sorbo al té, sin despegar sus ojos de las blancas pupilas de la hermana de Hinata; podía ver un poco de desesperación y preocupación. El tema que quería tratar debía ser importante, además había dejado claro que trataba de Hinata… ¿qué demonios era de lo que quería hablar?
– ¿Por qué sales con ella?
Hanabi enfrentó la mirada de Sasuke con todo el valor que pudo juntar, deseando que el mirara a un lugar diferente y la dejara volver a ser el nudo de nervios que era en realidad. Suspiró un poco, se terminó el té y regresó la taza a la mesa con cuidado.
El tono de la castaña comenzaba a indicarle que había algo que le causaría problemas, entrecerró un poco los ojos y alejó la taza de té con un ligero empujón que causó algunos derrames; se recargó en la silla y se cruzó de brazos. Observó a la castaña a los ojos unos momentos, buscando algo que le indicara que podría intimidarla un poco, pero solo había agresividad y algo de preocupación.
– No te incumbe. – Respondió con la misma molestia que sentía la muchacha.
Hanabi se levantó, molesta y el bolso que llevaba se cayó de sus piernas al suelo; apretó los dientes e ignoró que el contenido comenzaba a rodar por el suelo en varias direcciones. Podía sentir un amargo sabor en la boca, por alguna razón le molestaba saber lo que podría pasarle a Hinata, ya había leído el reglamento.
– ¡Claro que me incumbe! Es mi hermana, de quien estamos hablando, ¿recuerdas?
Sasuke solo juntó las cejas, estaba en su casa y se atrevía a gritarle, esa muchacha era valiente, pero eso no le quitaba que comenzara a molestarlo.
– No olvido que son hermanas. – Relajó los brazos y los regresó a sus costados. – Salgo con ella porque quiero.
Hanabi negó y chasqueó la lengua, era un más difícil hablar con el de lo que había pensado, pero el "porque quiero" la había sonado como algo bueno. Cerró los ojos unos momentos, se sentó y comenzó a juntar los pergaminos que había soltado y que estaban cerca de ella; al abrir los ojos recargó los brazos sobre la mesa y se inclinó un poco, para quedar más cerca al muchacho y poder darse mejor a entender.
– Uchiha. – Dijo con cuidado, para no molestar más a Sasuke. – No vengo a pelear, solo quiero saber algo… necesito que me respondas una pregunta, de eso dependerá si seguimos hablando o no.
Sasuke la observó unos momentos y luego asintió, no valía la pena empezar una discusión con la muchacha, sabía que tenía dignidad y que no era de esas que arman todo un drama con tal de obtener respuestas… pero no quería molestarla lo suficiente para que armara el drama, después de todo eso era algo que toda mujer parecía poseer. Vio a la muchacha sonreír un poco y pronunciar un suave 'bien' antes de levantarse, recoger todos sus pergaminos y meterlos en una bolsa que dejó sobre la mesa.
– Lo que sea que haya entre Hinata y tú… ¿será algo serio? – Preguntó un poco avergonzada, mientras se sentaba. – Planeas… que-…
– Entendí la pregunta.
Interrumpió antes de que la muchacha se pusiera más colorada… hasta eso las similitudes que tenía Hanabi con Hinata le hacían menos molesta. Volvió a cruzarse de brazos, incómodo, no entendía por qué le estaba respondiendo.
– No lo se, es muy pronto.
– Entiendo… pero, tu… te esforzarías por… – Se llevó una mano al rostro y respiró profundo, no tenía idea de cómo tratar esos temas. – ¿Piensas tener una relación con ella o-o solo salir?
Sasuke se quedó en silencio unos minutos y por primera vez desvió la mirada. No podía verse con una mujer diferente a Hinata y aunque aun no pensaba en matrimonio, debía admitir que la relación era algo en lo que había pensado desde el día de la fiesta, pero no quería causarle problemas a Hinata. Respiró profundo y volteó a ver a Hanabi, ella aun estaba esperando a que contestara. Se enderezó y apoyó las manos sobre sus piernas, pensó en que aun había muchas cosas de los Hyuuga que no conocía.
– He pensado en una relación.
Hanabi bajó la mirada y observó sus manos unos instantes, había sentido extraño al escuchar la declaración de Sasuke; bajó la mirada y observó su mano izquierda… específicamente el dedo anular y cerró los unos momentos. Sasuke estaba dispuesto a iniciar una relación con su hermana y su hermana parecía estar muy entusiasmada con la idea de estar con él… no veía manera de que eso no sucediera.
Sonrió de medio lado, se sentía feliz por Hinata, pero no podía negar que esa felicidad le estaba causando unos cuantos sentimientos negativos; si Hinata se quedaba con Sasuke, ella sería la próxima cabeza del clan Hyuuga y era algo que no quería, no se sentía lo suficientemente responsable para el cargo. Hinata era perfecta para ser la siguiente… pero por más insegura que se sintiera, era momento de aceptar que Hinata ya había comenzado una nueva vida.
– Entonces… hay unas cuantas cosas que debes saber sobre nuestro clan. – Levantó la mirada y juntó un poco las cejas. – El protocolo y las condiciones que vienen con ciertas acciones.
– ¿Hay alguna que afecte a Hinata?
Hanabi lo vio unos momentos y luego chasqueó la lengua, ciertamente, había varias reglas que podían afectarla. Respiró profundo y volteó a verlo a los ojos, mientras sentía que sus piernas comenzaban a moverse un poco por los nervios.
– Justo de eso quiero hablar.
Sasuke asintió y se quedó en silencio, al fin sus dudas serían aclaradas y agradecía no tener que preguntarle a Hinata, porque estaba seguro que no le diría la verdad con tal de no preocuparlo; recargó los brazos en la mesa y volvió a inclinarse un poco.
Hanabi se tomó su tiempo para hablar, el tema era serio y si a Sasuke en verdad le importaba Hinata, sería un poco difícil de tocarlo y de explicar lo que pasaría si en verdad llegaban a estar juntos. Desvió la mirada y juntó las cejas, se sentía un poco mal de tener que ser ella quien le hablara sobre eso al Uchiha; se frotó la frente y suspiró, Neji se había ofrecido, pero ella se había aferrado… ahora se arrepentía. Levantó la mirada y enfrentó a Sasuke.
– Tú… perteneces a un clan y no creo que las reglas difieran mucho. – Tragó saliva y bajó la mirada. – Una de ellas, es que debes casarte con alguien del clan.
Sasuke asintió, había visto el reglamento de su clan miles de veces y esa regla era una de las más importantes, debías casarte con alguien del clan para mantener seguros los secretos sobre el kekkei genkai; no había esperado que eso hubiera sido diferente en el Hyuuga.
– Bueno… en nuestro clan, es muy importante que el matrimonio se de entre miembros del soke. Pero, eso no quiere decir que no pueda haber con el bunke. – Bajó la mirada y se encogió de hombros. – Pero si el matrimonio se da con alguien ajeno al clan, las cosas cambian un poco. – Se quedó en silencio y no se atrevió a levantar la mirada.
Sasuke se quedó pensando al escuchar lo último, ¿Qué cosas eran las que cambiarían? Juntó las cejas y tensó un poco los brazos, por la manera en que Hanabi lo evitaba podía darse cuenta que era algo que no le agradaba mucho a la muchacha. Se quedó con la idea rondando en su cabeza, seguramente Hinata tendría que servir al souke, no había duda, ¿pero que otra cosa pasaría con ella?
– ¿Qué cosas?
Hanabi levantó la mirada y al encontrarse con la de Sasuke la bajó de nuevo, y negó. Jugó unos momentos con sus manos y suspiró.
– Ella… pierde su lugar en la familia y el apellido, y no puede seguir viviendo en la mansión Hyuuga. Sería como… un exilio, ¿sabes?
Bajó la mirada al recordar las reglas y luego tragó saliva, no podía imaginarse lo difícil que sería para ella no tener a Hinata en casa, pero tampoco quería verla triste o inconforme por el resto de su vida. Suspiró un poco y volteó a ver a Sasuke, el muchacho la veía con atención y al parecer estaba analizando cada una de sus palabras y movimientos.
– ¿Eso es todo?
Para ser una muchacha muy alejada de la idea general de lo que era un Hyuuga, tenía ciertos perjuicios, no entendía como podía considerar malo que Hinata perdiera el lugar. Jaló aire y lo contuvo unos momentos, era obvio que perder el nombre y lugar en la casa era una vergüenza, el no tenía idea de si hubiera sido capaz de pasar por semejante situación… pero tampoco sabía que hubiera pasado si el clan siguiera intacto, tal vez ni siquiera se hubiera fijado en Hinata. O si…
Negó un poco y luego soltó el aire, no podía entender a Hinata, no entendía como era que ella se atrevía a seguir con eso si sabía cuales eran las consecuencias… y no estaba seguro de querer verla pasar por esa situación, no quería lastimarla de ninguna manera. Volteó a ver a Hanabi y se dio cuenta que había algo que la muchacha aun no le confesaba y que seguramente era lo más importante, ya que no dejaba de jugar con sus manos y de morderse el interior de los labios.
– No Sasuke, eso no es todo.
El tono de voz de la muchacha había cambiado, eso le indicaba que estaban llegando a la parte difícil que no había dicho antes. Se movió un poco y observó la taza de té unos momentos, dándole tiempo a la muchacha de tomar la seguridad o el valor de seguir hablando. Volteó a ver a la muchacha y juntó un poco las cejas al notar que parecía estar a punto de llorar.
– Tenemos que asegurarnos de mantener protegido el Byakugan. – Apretó un poco el rostro y cerró sus manos con fuerza sobre su regazo, no era fácil decirlo. – No podemos dejar que los secretos del clan se divulguen… s-si Hinata se casara con alguien que no sea Hyuuga, tendremos que aplicar el sello.
Marcada de por vida.
Sintió que algo dentro de el se rompía, había olvidado por completo el sello de los Hyuuga; observó a Hanabi y notó que ella separa los labios al verlo y luego se escondía detrás de sus manos… no tenía idea de la cara que tenía en esos momentos, pero si algo sabía y estaba seguro de ello, era que no quería que Hinata sufriera eso por él.
Se sorprendió al darse cuenta que estaba de pie, dándole la espalda a Hanabi y que tenía las manos en la cabeza, ese maldito sello atormentaría a Hinata el resto de su vida… la haría obedecer así lo quisiera o no. Negó un poco y apretó los puños sobre su cabello, ella no se merecía ese castigo, ella merecía ser feliz y no sufrir esos daños.
No podía seguir con eso… no dañaría a Hinata de esa forma, podría buscar a alguien que se conformara con volverse miembro del clan Uchiha y comenzaría con sus planes de regresar el clan a la vida. Se soltó el cabello y cerró los ojos unos momentos, no se imaginaba compartiendo sus días con una mujer distinta a Hinata… pero tampoco se imaginaba compartiendo una vida con una mujer que llevaría en la frente la marca que le recordaría toda su vida que había perdido la libertad.
Se recargó en la pared y observó al suelo, en completo silencio, sería mejor terminar con eso cuanto antes. Se llevó una mano al pecho y apretó los dientes, ¿por qué sentía tanto vacío? Pareciera que su estómago se había convertido en una agujero negro que ya lo había chupado todo dentro de él; se llevó una mano a la frente y después de respirar profundo tres veces, se enderezó, listo para girarse.
Hanabi no tuvo las agallas para interrumpir a Sasuke, la sorpresa de verlo alterado le había descolocado un poco y tenía miedo de su reacción; en cuanto vio que el azabache comenzaba a calmarse, se levantó de la silla y observó su espalda en completo silencio. No le importaba lo que tuviera que hacer, pero ella se encargaría de que Hinata no sufriera tanto al separarse del clan.
– ¿Sasuke?
Se giró lentamente y la vio a los ojos. – Lo siento.
– Des… Descuida. – Contestó un poco confundida.
Se quedó en silencio de nuevo, lo mejor era alejarse de Hinata, asintió una vez y apretó los puños. – ¿Algo más que deba saber?
Hanabi lo observó y asintió. – También tendríamos que sellar a los hijos de Hinata, en caso de que presenten señales de poseer el Byakugan.
Sintió una extraña sensación de furia, no se conformarían con solo marcar a Hinata, sino a sus hijos por igual. Hinata sufriría demasiado si eso llegaba a pasar. Negó, sin poder controlar su cuello y su cabeza.
– No permitiré eso.
– Yo no soy quien decide, Sasuke…
La habitación se inundó en un silencio pesado, que comenzaba a asfixiar a la castaña, que no sabía si debía seguir hablando o permanecer en silencio hasta que Sasuke hiciera otra pregunta. Desvió la mirada y se llevó las manos a la cabeza, ese día había comenzado mal, esa conversación no había sido una muy gratificante y lo que seguía del día le prometía ser igual de pesado que ese momento. Suspiró y apretó con sus manos su cabeza por unos momentos.
– El sello no es como el de Neji, este lo llevará en la nuca, no inhibe sus habilidades… pero básicamente cubre las mismas funciones, solo que este es similar al que Danzo usaba con sus ninjas… no podrá hablar, Sasuke, de ser así sufriría mucho.
Sasuke la observó unos momentos en silencio y luego negó, no quería eso para Hinata, no iba a permitir que alguien la dañara, ni siquiera se permitiría a si mismo dañarla de esa manera.
– ¿Qué más debo saber?
– No te lo he dicho todo, solo dije lo que creo que te importa más… pero traje esto.
Contestó en un tono de voz bajo, mientras empujaba el bolso que estaba lleno de los pergaminos que momentos antes se habían caído. Lo observó unos momentos y luego apretó los labios, Sasuke aun se veía alterado y quería dejarlo a solas para que pudiera pensar mejor las cosas y alterarse todo lo que quisiera. Carraspeó un poco e inclinó la cabeza.
– Es una copia del reglamento… creí que… debías tener una.
– Gracias…
– Hay dos pergaminos que están enfocados en el matrimonio y las sucesiones. – Explicó con voz temblorosa. – Espero te sirva.
Sasuke asintió e inclinó la cabeza sin decir nada, tomó con cuidado el bolso y lo observó unos momentos, tenía varios días viendo la manera de poder conseguir las reglas y Hanabi se las había entregado sin más; escuchó que la silla de Hanabi se corría con cuidado sobre el suelo y a la muchacha despedirse con una pequeña voz que no había escuchado antes en ella. Asintió un poco, sin poder moverse de la silla en la que estaba sentado y esperó a que la muchacha desapareciera. Escuchó la puerta principal cerrarse y al instante la mesa sobre la que descansaban las dos tazas usadas ardió en llamas y las tazas cayeron al suelo, volviendo añicos al chocar contra la superficie.
Observó la bolsa que tenía en las manos y tomó dos pergaminos, eran siete en total y estaban enumerados. Buscó el que tenía el numero uno y sin esperar por más, caminó hacia su habitación, al llegar ahí arrojó el bolso sobre la cama y abrió el pergamino que llevaba en la mano. Se sentó en el suelo y se sumergió en una lectura que seguramente le llevaría horas, pero estaba decidido a encontrar esa falla de la que Naruto había hablado.
~Dos días después~
Habían pasado dos días desde que había visto a Sasuke y desde entonces no había sabido nada de él; le había preguntado al rubio por el, pero ni siquiera el muchacho sabía. Observó en silencio la comida y dejó salir un suspiro, empujó el plato y recargó la cabeza en el respaldo de la silla, ignorando por completo la manera en que Hanabi la estaba observado; no podía pensar en otra cosa además de la extraña desaparición del Uchiha.
– ¿Hinata, estás bien?
Asintió, sin decir una sola palabra y escuchó a la castaña suspirar. Era la quinta vez que le preguntaba eso.
– ¿Por qué no haz comido?
Se encogió de hombros y abrió los ojos, clavó la mirada en el techo y permaneció en silencio. No tenía hambre, simplemente. No tenía idea de porque la aparente falta de apetito, pero no había ingerido más de un bocado del desayuno por la mañana y dos en esos momentos, había rechazado los dulces y un trozo de pastel que Hanabi se había robado de la cocina.
Esos últimos días su padre le había estado llamando para convencerla, pero ella se aferró a lo que le había dicho al principio, sin importar que Sasuke no estuviera con ella en esos momentos… sin importar que el muchacho al parecer no tuviera intenciones de salir con ella o al menos enviarle una pequeña nota que le indicara que se encontraba bien. Suspiró de nuevo y cerró los ojos, como era de esperarse, sintió que algo le golpeaba la cara y al llevarse la mano al rostro sintió que era una mezcla de arroz y la salsa de curri que Hanabi estaba comiendo.
– Hanabi, no desperdicies…
– Lo dice la que no ha probado bocado en dos días.
Volteó a ver a la muchacha en completo silencio y se encogió de hombros. – No tengo hambre.
Se quedaron en silencio unos momentos, Hanabi no dejó de mirar a Hinata, que comenzó a sentirse incómoda y comió un poco con tal de que la muchacha mejorara un poco su humor y siguiera comiendo, pero en cuanto terminó la mitad de los alimentos, alejó el plato de nuevo y se llevó las manos a las piernas. No podía dejar de pensar en las ausencias de Sasuke, no después de que le hubiera dicho todo aquello… era tan extraño.
Escuchó que llamaban a la puerta y se sorprendió al ver que se trataba de su padre, no estaba ahí para acompañarlas a comer, sino para decirles que las esperaba en su despacho en cuanto terminaran sus alimentos. En cuanto la puerta se cerró, escuchó un ligero chasquido y volteó a ver a la castaña, tenía el rostro escondido detrás de sus manos y estaba negando un poco. ¿Qué había pasado? Últimamente la que siempre estaba en el despacho era ella, no la castaña, se le hacía extraño que su padre quisiera verlas a ambas.
– ¿Qué fue eso?
Hanabi volteó a verla y luego desvió la mirada. – Hablé con el, por la mañana.
Se quedó en silencio y asintió, sin entender porque había ido a hablar con él, Hanabi no tenía nada que ver en lo que estaba pasando en esos momentos, pero la muchacha parecía estar más callada que de costumbre.
– Pienso luchar por el puesto, Hinata. – Dijo la castaña en tono serio. – Es la única manera de que puedas dejarlo. Vamos, perdí el apetito.
Se levantaron de la mesa y caminaron en silencio por el pasillo, hasta llegar al despacho de su padre, ambas se llevaron una gran sorpresa al ver que Neji estaba ahí dentro. Hinata sentía que el corazón le latía con fuerza, conocía las reglas del clan y sabía a que se refería Hanabi; se llevó una mano al pecho y volteó a ver a la muchacha antes de entrar al despacho, ¿cómo podría protegerla ahora? Se detuvieron al estar frente al escritorio de su padre, que estaba sentado del otro lado y las veía con una mirada demasiado formal.
Se sentaron en cuanto el se los indicó, ambas bien erguidas, con la mirada al frente y las manos sobre sus piernas, esperando en silencio y de manera respetuosa a que el hombre empezara a hablar; aunque ambas supieran porque estaban ahí y no necesitaran explicaciones. Hanabi suspiró y Hinata tuvo que contenerse por no imitarla… la atmósfera que se había creado estaba tan pesada que Hinata se sorprendió de poder respirar.
– Conocen las reglas. – Dijo Hiashi después de estar en silencio unos segundos. – Tendrán que enfrentarse.
Ambas asintieron, Hanabi volteó a ver a Hinata, temerosa de aquella decisión, pero sabía que ya no había marcha atrás. En la historia de los Hyuuga había pocos relatos sobre riñas entre sucesores y en todas uno de ellos moría en combate; se llevó una mano al pecho y cerró los ojos unos momentos. Hinata estaba pensando lo mismo que la castaña y no pudo evitar verla por el rabillo del ojo; sentía que el corazón se le oprimía un poco, no sabía si era capaz de dañar a su hermana.
Neji y Hiashi estaban en completo silencio, observando a las muchachas, el muchacho no podía creer que Hanabi hubiera pedido aquello, después de todo lo que se había arriesgado con tal de encontrar una manera de salir de todo aquello sin que hubiera problemas. No podía imaginarlas, peleando en el dojo, a muerte, para ver quien era la que quedaría como la única sucesora… simplemente no podía ver eso. Observó la manera en que Hanabi mantenía la mirada clavada en su padre y se dio cuenta que ellas estaban pasando por momentos peores a los que el podía imaginar. Bajó la mirada y la clavó en sus manos, ¿cómo protegerlas de aquello?
– ¿Están de acuerdo?
Después de unos segundos de que Hiashi hablara, Hanabi y Hinata movieron la cabeza una sola vez, asintiendo, ambas estaban un poco pálidas y sus miradas solo denotaban lo que Neji había sospechado: miedo. Hiashi se movió un poco, llamando la atención de los tres jóvenes que habían estado absortos en sus pensamientos y preocupaciones.
– Bien… – Dijo en el tono más serio. – Tengo entendido que Hanabi saldrá de misión a primera hora mañana.
La castaña asintió y clavó la mirada en el suelo, ya se había olvidado de ese pequeño detalle. Juntó un poco las cejas y levantó la mirada, clavándola en su padre, retrasaría la misión lo más que se pudiera para darle tiempo a su hermana de entrenar. Sintió que el corazón se le encogía un poco al desviar la mirada hacia Neji y ver que por primera vez, su rostro imperturbable demostraba preocupación.
Hinata por el contrario, no podía dejar de pensar en una manera de poder salir de aquello sin dañar a Hanabi… debería golpearla, el combate debía ser real, ¿pero como protegerla? Le había prometido a su madre que cuidaría de ella y no lo estaba haciendo, al contrario, ahora ella representaría una amenaza para la castaña; uno no muy grande, pero amenaza al fin y al cabo.
– Entonces el combate será en cuanto ella regrese. – Sentenció el hombre.
Asintieron en completo silencio y se quedaron viendo a Hiashi, el hombre solo se levantó y caminó hacia una de las paredes, en las que había un librero en el que estaban las fotografías de sus predecesores… hacía mucho tiempo que no se veía un combate de ese tipo y estaba seguro que eso llamaría la atención de todos en la casa. Volteó a ver a los muchachos y desvió la mirada hacia un portarretratos que tenía en el escritorio.
– Pueden irse.
Los tres asintieron y después de hacer una leve reverencia, salieron del despacho de Hiashi. El hombre observó la fotografía durante un largo rato. Neji se percató de aquello y cerró la puerta rápidamente, no quería que las muchachas fueran a darse cuenta de lo que estaba pasando. Se giró y observó a las menores, estaban completamente serias y lúgubres. Torció los labios y suspiró.
– Deberían tomar un poco de té e ir a dormir. Le diré a Risa que les lleve té a sus habitaciones…
Hinata y Hanabi asintieron, pero la castaña detuvo al muchacho del brazo y apretó un poco el rostro.
– Pide que lo lleven a mi habitación.
EL joven asintió y Hinata vio como se alejaba de ahí en silencio, después de unos momentos escuchó la voz de Hanabi dirigirse a ella y empezó a caminar junto con ella, en dirección a la habitación de la muchacha, que por primera vez iba caminando cabizbaja. Al llegar a la habitación, no se sorprendieron al ver que el té ya estaba servido, sobre una mesa plegable que habían dejado junto al escritorio de la muchacha.
Estuvieron ahí cerca de una hora, sin beber té realmente y sin decirse una sola palabra. Hanabi estaba demasiado ocupada observando su mano e imaginándose como se vería el anillo de compromiso en su dedo… después de todo era obvio que no podía rechazar eso una vez que se convirtiera en la cabeza del clan. Sonrió de medio lado, sería difícil convencer a su padre, pero ya llevaba ella la delantera y sabía que no podría negarse a su futuro esposo.
Apretó sus manos unos momentos y observó la taza de té y los dulces que habían frente a ella… su matrimonio sería la mayor de las farsas jamás vividas en esa mansión y en el mundo. Respiró profundo y movió la taza con la mano, volteó a ver a Hinata y luego bajó la mirada de nuevo.
Hinata no había podido hablar con la castaña, porque no tenía idea de que decirle, solo sabía que no quería lastimarla y que esperaba que esa misión se retrasara el tiempo suficiente para poder pensar en algo que las ayudara a salir de aquel embrollo. Además, notaba que la muchacha estaba demasiado concentrada en lo que pensaba y no quería interrumpirla, aunque tampoco entendía porque estaba ahí si no estaban hablando.
Se llevó una mano a la cabeza y desvió la mirada hacia los dulces que había en un plato frente a ella, ni siquiera tenía hambre. Cerró los ojos unos momentos y recordó la manera en que Hanabi le había visto dentro del despacho de su padre… había sido una mirada llena de arrepentimiento. Abrió los ojos y clavó la mirada en la muchacha.
– ¿Por qué lo hiciste?
Hanabi levantó la mirada y se encogió de hombros. – No… lo se…
Hinata la observó en completo silencio, sin entender, la muchacha siempre tenía una respuesta para todo. Le estaba ocultando la verdad.
– ¿Si quieres ser la siguiente?
Hanabi se encogió de hombros y empezó a jugar con los dulces que había en su plato. Estaba seria, con ese gesto digno de un Hyuuga del que tanto se quejaba, pero no podía poner otra cara… en esos momentos ni siquiera tenía idea de que era lo que iba a pasar dentro de unas horas. Suspiró un poco y volvió a encogerse de hombros. Ya tenía un plan, el que Hinata se alejara e hiciera su vida no le afectaría después de todo; al menos no tanto como debería.
– Me da igual…
Juntó las cejas y movió la taza de té de un lado a otro. – No te creo…
Hanabi levantó las cejas y la observó con un gesto confundido. Suspiró un poco y se recargó en la silla, Hinata no tenía idea de cuales eran los planes que tenía, era obvio que no creyera lo que le estaba diciendo.
– Durante cinco años intentaron regresarte… y nuestro padre comenzó a creer que jamás te recuperaríamos.
Observó a Hanabi en silencio y luego asintió, ella también comenzaría a perder las esperanzas después de tanto tiempo, pero no entendía porque la muchacha había sacado eso a relucir, después de todo estaban hablando de lo que pasaría en cuanto volviera ella de su misión. Bajó la mirada hacia la taza de té y escuchó a la muchacha suspirar por enésima vez.
– Me dijo que si no te encontrábamos dentro de los siguientes cinco años… yo sería la que tomaría su lugar. – Se llevó una mano a la frente y volvió a encogerse de hombros. – Creo que por eso me da igual…
– Lo siento…
Hanabi la vio unos momentos y luego sonrió. – Siempre supe que no serías tú… así que no te disculpes.
– ¿De que hablas? – Preguntó, con las cejas un poco juntas.
– Pues… jamás pareciste querer ser la sucesora… las veces que hablé contigo me di cuenta. – Bajó la mirada y recargó la cabeza en el respaldo. – No lo se, tus ideas eran demasiado… independientes, querías sobresalir… ser la mejor, pero… jamás hablas del clan.
Se llevó una mano a la cabeza y se quedó viendo a la castaña en silencio, no podía recordar las conversaciones, pero confiaría en ella; le sonrió un poco y vio el plato de la muchacha, lleno de dulces. Se movió un poco en la silla observó a Hanabi tomar un poco de té y luego ver la taza sorprendida, seguramente porque no le había desagradado probar el té estando tan frío. Estiró el brazo y le acercó un poco el plato.
Observó los dulces y luego tomó uno entre sus dedos, fingió que iba a comerlo y luego se lo arrojó a la muchacha. Se rio un poco y levantó las manos, para protegerse en caso de que Hanabi decidiera lanzarle dulces también; la observó unos momentos y le sonrió. Hanabi no dejaba de verla, con cariño y preocupación.
– Promete que entrenarás todos los días y que comerás bien.
Hinata la observó en silencio y asintió, no quería preocuparla más de la cuenta. Tomó un dulce y empezó a comer, viendo la manera en que Hanabi sonreía un poco y la imitaba. Seguía pensando en la extraña ausencia de Sasuke, eso sería un poco imposible de mantener lejos de su mente, pero ahora tenía otra preocupación y debía encargarse de ese problema con urgencia.
Hanabi estaba partiendo uno de los dulces por la mitad y recordó que Hinata había desaparecido de la fiesta y no había vuelto hasta dos horas después. La observó un poco y sonrió, no entendía porque la muchacha no quería contarle nada acerca de Sasuke y también sabía que ese no era el momento de tratar el tema… pero no sabía que podría pasar.
– Estoy segura que Sasuke cuidará de ti.
Volteó a verla sorprendida y luego de unos momentos no pudo evitar agachar un poco el rostro; sonrió y observó sus manos durante unos minutos, no entendía porque quería mantener eso escondido de Hanabi y ahora se daba cuenta que no necesitaba hacerlo… esa muchacha era demasiado aguda. Pero, si ella sabía, ¿quién más estaba enterado? Levantó el rostro y vio la manera en que la muchacha se reía y negaba.
– Solo sabemos Neji y yo.
Asintió y apretó los labios. – Lamento no haberte dicho…
Cerró los ojos unos momentos y negó un poco. – No pasa nada. – Suspiró un poco y abrió los ojos. – Pero debes decirle del combate, no seas injusta.
Observó a Hanabi y asintió, no podría esconderle eso, se daría cuenta de todas formas… le gente comenzaría a hablar o notaría que pasaba demasiado tiempo entrenando. Claro, si es que se dignaba a abrirle la puerta cada que iba a buscarlo o si quiera a aparecerse frente a ella. Dejó salir una pequeña carcajada, al ver la mueca de Hanabi, tenía un gesto de desquiciada.
– Le diré, lo prometo.
Asintió un poco y clavó la mirada en la taza de té. – Yo… debo decirte algo…
Volteó a ver a la muchacha, sin entender porque parecía estar un poco asustada… pero había culpabilidad en su rostro. Se cruzó de brazos y juntó un poco las cejas, no siempre le traía buenas noticias esa actitud en la muchacha y en esos momentos no quería encontrarse envuelta en más problemas.
– Me robé el reglamento y lo copié… – Cerró un ojo y con el otro observó la manera en que Hinata la veía. – ¡Esa no es la peor parte! – Dijo sin poder mantener la mirada y desviándola hacia sus manos de nuevo. – La copia… se la di a Sasuke…
Juntó las cejas y se frotó un brazo. – ¿Qué tu qué?
Y sin poder decir más, Hanabi la tomó de un brazo y la obligó a salir de su habitación, alegando que era lo mejor que se le había ocurrido y que luego se lo agradecería. Hinata se quedó parada en el pasillo, completamente inmóvil, viendo hacia la puerta de la habitación de la muchacha, que se había cerrado con un brusco portazo justo frente a su cara.
Se llevó una mano a la cabeza y agachó el rostro; si Sasuke tenía el reglamento seguramente ya tenía una idea de que era lo que podría pasar y seguramente esa era la razón por la que no había estado merodeando por ahí. Negó un poco y respiró profundo, sería mejor que buscara la manera de hablar con el azabache antes de que las cosas se pusieran un poco más complicadas. Dio unos cuantos pasos, hasta llegar a su habitación y se quedó helada al ver que el Uchiha estaba parado en su habitación, y con una mano le indicaba que guardara silencio. Cerró la puerta rápidamente y corrió hasta el muchacho, que la recibió con un fuerte abrazo.
– ¡Han p-pasado dos días!
Sasuke sonrió de medio lado y le dio un beso en la cabeza. – No tengo mucho tiempo. Ve a mi casa mañana.
Hinata levantó el rostro y volteó a ver al Uchiha. – T-Tengo que decirte algo…
Sasuke le puso un dedo en los labios e hizo un ligero sonido para que guardara silencio. Le acarició el rostro unos momentos y luego asintió, sabía que debían decirse muchas cosas, pero ese no era el lugar más indicado para sostener una conversación.
– Yo también tengo algo que decir. Ve a mi casa mañana, ¿si? Temprano…
Asintió y se dejó abrazar por el muchacho, que después de unos momentos, se separó de ella y salió de la habitación por la ventana. Hinata se quedó viendo unos momentos el lugar en el que había estado Sasuke y después de unos momentos se llevó ambas manos a la cara, no había olvidado el combate… y tenía miedo, ambas conocían las capacidades de la contraria y, por desgracia, ambas sabían que Hinata aun estaba por debajo del nivel que debía tener a su edad. Respiró profundo y se despeinó un poco el cabello; en lo que Hanabi estuviera fuera le pediría ayuda a Neji y entrenaría más que de costumbre.
~oOo~
Bajó las tijeras con cuidado y luego se dedicó a observar la cabeza del pequeño niño que estaba sentado en el suelo de espalda a ella, después de asegurarse que el cabello estuviera parejo una sonrisa se formó en su rostro; un lado estaba completamente despeinado y el otro completamente liso… en verdad había heredado su cabello, con todo y sus enredos y rebeldía.
Lo cargó y le dio un beso en la frente, lo apretó entre sus brazos unos momentos y luego lo dejó en el suelo; le sonrió un poco y se alejó de él, para guardar las tijeras en algún cajón que el no pudiera alcanzar. Al girarse vio al niño observarse en un espejo, con las cejas juntas y la boca ligeramente abierta, sonrió un poco más y se acercó a él, conocía ese gesto.
– Mami… no me gusta…
Le dio un sonoro beso en la mejilla y luego volteó a ver el reflejo de ambos en el espejo, por un momento se imaginó a Suigetsu a lado de ella, sonriendo en dirección al espejo también y despeinando el cabello del pequeño niño. Apartó la mirada y volteó a ver a su hijo, que no dejaba de observarse su cabello y de pasar sus manitas por toda su cabeza.
– Así te vez aún más guapo.
– ¡No, mamá, está feo!
– Claro que no…
El niño se alejó de ella, cruzado de brazos y con los labios tan apretados que solo se podía ver una pequeña bolita; se subió al sillón y se dejó caer en el, sin quitar el puchero de su rostro y tenía los ojos cerrados, pero las cejas juntas. Karin sonrió un poco mientras empezaba a recoger el cabello del suelo, solo esperaba que el mal humor se le pasara pronto al pequeño.
– Pégame mi cabello, mami…
Volteó a verlo y sonrió. – Amor, no puedo hacer eso.
El niño pataleó y dejó salir un agudo grito. – ¡Sí, mami, sí puedes! ¡Con chicle, mami!
Se rio un poco y caminó hacia el sillón, tomó al niño en sus brazos y empezó a arrullarlo, batallando en momentos porque el niño intentaba zafarse de sus brazos. Le dio un beso en la frente y cerró los ojos, mientras tarareaba una canción de cuna y se mecía de un lado a otro. Abrió los ojos y volteó a ver el rostro del pequeño, tenía los ojos entreabiertos y parecía estar teniendo dificultad para mantenerlos así; sonrió y lo arrulló hasta que se quedó completamente dormido.
El sonido de algo golpear la ventana la hizo voltear y buscar de donde provenía. En una de las ventanas estaba un aguilucho, que desconocía y que no dejaba de ver hacia el interior, en dirección a ella; dejó al pequeño niño en el sillón y caminó a la ventana en silencio, la corrió con cuidado y notó que había algo en la pata del ave. La quitó con cuidado y sin esperar, el aguilucho voló hacia el cielo.
Movió el pequeño cuadro de papel en sus dedos unos momentos y al desdoblarlo notó que solo había tres palabras escritas en el papel, pero no podía leerlas bien; se alejó de la ventana y tomó sus anteojos, parpadeó varias veces y bajó la mirada hacia el recado de nuevo. Sus cejas se juntaron un poco y con una mano se cubrió los labios, leyó las palabras de nuevo y sintió que su corazón daba un vuelco. Conocía la letra a la perfección.
"Sigo amándote, enojona."
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No tengo comentarios sobre este capítulo...
Esto de tener ocupadas dieciocho horas de mi día es desagradable -.- Tengo poco tiempo para escribir :( y la verdad no quiero bajar el nivel de los capítulos, así que pronto empezará a tomarme más tiempo actualizar. No me agrada la idea, pero es lo mejor para el desarrollo de la historia, espero me comprendan.
Contestación a reviews sin cuenta:
Magic Ann Love: Me alegra mucho que te guste la manera en que las manejo! Muchas gracias por tu comentario, te mando un abrazo! Hasta luego :D
Mary-san: Me gustó la manera en que manejaste el Naruino a pesar de que no es tu pareja favorita :) Tengo una ligera salida para lo de Neji, aunque aun no estoy muy segura... como sea, ya el tiempo me dará ideas y si no, pues me quedo con esa jajaja. Linda, tus comentarios no me aburren, por dios! Mis mejores deseos para ti, gracias por tu comprensión, tus palabras me hacen sentir más tranquila! Muchas gracias por tu comentario, te mando un fuerte abrazo y un besote! Hasta luego!
HinatacrisQ: Me alegra mucho que te guste mi historia y esta actitud de Hinata que estoy empezando a crear :D con lo del Naruino, no creo poner algo en esta historia, la verdad eso me tomaría mucho más tiempo y eso es algo que ya no tengo D: Y ARRIBA EL SASUHINA, jajaja así se habla!
Gracias por leerme :D
Atentamente: Chipikroou
