—Te encanta hacerme preocupar por ti —susurró.
—No sabía que era tan importante en tu vida como para llegar a ese extremo —hablé con la misma intensidad.
—Lo eres —confirmó con una sonrisa. No contuve las ganas de besarlo, por lo que mis labios se fueron hacia la comisura de su boca.
—También lo eres para mí —culminé, dirigiéndome hacia el comedor. Mis hormonas me reclamaban incesantemente, pero mi corazón lo agradecía, aunque algo aturdido por la atrevida acción que había realizado.
Mientras él no me confirme que siente algo más por mí, algo más grande que amistad, no te haré ilusionarte, corazón. Me dije mientras seguía caminando hacia el comedor.
Capítulo XXVIII
Día IX en toma
Amenazas y… ¡Pansy!
Ron POV
—Si ella sigue haciendo ese tipo de demostraciones, no podré estar tranquilo aquí. Además… ¡malditas dudas! —susurré, mientras veía a Hermione perderse tras las puertas del comedor.
—Si quieres salir de dudas, podrías hablar con ella.
—¿Qué haces aquí, Draco?
—Estoy en las mismas que tú, Ron. Estoy en la toma —contestó con sorna.
—No. Me refiero a qué haces precisamente aquí, donde estoy yo.
—Intento patear una pelota de fútbol, pero tu cuerpo me lo impide. Si no te has dado cuenta, estás al medio de la cancha… y sin querer, he oído tu lamentación —agregó, casi en una carcajada.
—¡Yo no te he hecho nada como para que te burles de mí! —le recriminé. Conocía esa mirada de burla que ponía de vez en cuando Draco.
—Que no me burlo —respondió, cuando dejó de reírse—, intento ayudarte, eso es todo —culminó, renunciando a patear la pelota a la pared más cercana.
—¿Y ayudarme con qué?
—Ron, eres demasiado inteligente, no te hagas el weón (1)
—Parece que las costumbres de decir malas palabras se pega. Primero fue mi hermana, y ahora eres tú.
—Y lo más bien que te gusta la persona que dice hartas malas palabras —me contestó, serio. Sentí un calor en mis mejillas, las orejas me picaban—, ¡el silencio otorga!
—Hoy estás muy chistosito, Draco.
—Y tú muy… acalorado. Por no decir caliente —lo último lo susurró fuertemente, para que de todas formas lo pudiese escuchar—. Quiero ayudarte, te lo repito —volvió a decirme. Yo preferí quedarme callado, tarde o temprano mis amigos se darían cuenta que ya no podía estar viendo a Hermione como la simple compañera de clases, la hermana de salón, como solemos decirle a nuestras demás compañeras.
—No necesito ayuda.
—Harry la necesitó, lo sabes. Qué decir de Neville, si hasta Luna colaboró para que él se le confesase. Yo también recurrí a otras personas cuando le declaré mis sentimientos a Parv —a este punto ya nos encontrábamos sentados en una de las bancas que bordeaban la cancha principal del colegio.
—Ustedes ayudaron la vez pasada. Y no salió bien —dije, cuando recordé a Lavender. No quería darme por vencido, no quería que Draco o los demás se enterasen de mi confusión.
—Las cosas eran distintas. A ti solamente te gustaba Lavender. Lo que tienes con Hermione es distinto.
—Yo no tengo nada.
—Porque ninguno de los dos ha sido capaz de decirse las cosas.
—Porque no hay cosas que debamos de decirnos.
—Porque siguen con este mismo escudo.
—Porque no sé qué es lo que siente por mí. Ok, lo dije —confesé, aburrido del cuestionario tan similar al que me hace Ginny con cualquier temática. Draco sonrió y se quedó en silencio. Quién le entendía. Estuvo molestándome a que hablase, y ahora que necesitaba escuchar lo que proponía, se silenciaba—. Supongo que tengo miedo a que suceda lo mismo que pasó con Lavender —opiné, al no escucharle—, ya sabes, una decepción.
—Pero no puedes vivir con el miedo, Ron. Debes saber diferenciar una experiencia con la otra. No puedes comparar a Lavender y Hermione en una misma balanza —por supuesto que no podía, ambas eran completamente distintas.
—Aún estoy confundido, y por eso, no he hablado esto con nadie.
—¿Prefieres esperar?
—Prefiero esperar —repetí. Sin querer salió un suspiro apagado de mi boca. Escuché como Draco se ahogaba, al tratar de ocultar una nueva carcajada producto de mi frustración reflejada en un quejido. Bufó y se golpeó sus mejillas.
—Tú sabes que nosotros somos tus amigos —comenzó a hablar, entendiendo que lo mejor sería finalizar esta conversación. Ya habría tiempo para retomarla, cuando no existiesen dudas.
—Lo sé. Siempre han estado en el momento preciso, desde siempre.
—Cuando quieras conversar… está demás decirlo, pero lo diré de todas formas. Harry, Neville y yo, estaremos disponibles —asentí y me puse de pie.
—Es muy aburrido jugar al fútbol solo. Yo al arco y tú pateas —Draco también asintió y se dirigió al centro de la cancha. Yo caminé al arco y moví mis hombros un poco para precalentar.
Llevábamos unos quince minutos jugando, junto a otros chicos que de a poco se habían ido integrando a nuestro improvisado juego, cuando divisamos a Ginny y Hermione muy preocupadas, dirigiéndose al portón principal de Hogwarts.
—¿Saben qué ocurrió? —preguntó uno de los muchachos, luego de que Harry hiciese la señal de tiempo, a falta de un silbato.
Draco y yo negamos con la cabeza.
—¿Qué pasa, Harry?
—Creo que Umbridge vendrá.
—¿A esta hora? ¡Si son pasadas las nueve y media de la noche! —exclamó Draco.
—¡Miren chicos! —exclamó otro jugador. La señora Umbridge entraba al salón de profesores, junto a mi hermana y Hermione. La última cerró la puerta.
—Ninguna de las tres llevaba buena cara —hablé.
—Lo mejor será terminar el improvisado partido. Mañana podremos continuarlo —dijo Harry—, ¿ya se sabe quiénes son los guardias nocturnos? —los estudiantes que se fueron aglomerando a nuestro alrededor comenzaron a preocuparse por la llegada de la directora reemplazante.
—Bueno, chicos y chicas, ya todos saben sus labores, ahora comiencen a dispersarse —Neville apareció de la nada, dando órdenes de manera recta. Los estudiantes le fueron haciendo caso, reduciéndose el grupo a unos cuantos alumnos.
—¿Sabes algo, Neville? —preguntó Cedric.
—Salimos en las noticias locales y en parte de las nacionales. Salió todo —agregó con otro tono de voz—, desde la masiva concurrencia de pingüinos que hubo en las distintas Intendencias del país, hasta los altercados que se produjeron por tomarse algunas avenidas o calles principales.
—Si no lo hubiera visto por televisión, de igual forma se hubiera enterado mañana Umbridge. A Hermione la entrevistaron mientras estábamos en la plaza, está de más suponer que será portada en los diarios, junto a otros estudiantes —acotó uno de los presentes.
—Ese no es el punto, Umbridge se enteró de la cantidad de detenidos en el transcurso de la tarde. Algunos padres le fueron a exigir algún tipo de respuesta, frente a lo que acontecería con sus hijos si se quedaban en prisión. Supongo que ahora le vio la importancia a esta movilización —nos informaba Neville.
—¿Crees entonces que están hablando para obtener algún tipo de paz?
—Por sus rostros, yo diría que todo lo contrario —Cedric volvía a hablar.
Nos quedamos otros minutos afuera, esperando a que la puerta se abriera de una vez por todas. Y lo hizo, mostrándonos a las tres mujeres más enojadas todavía. Umbridge se olvidó de los modales, y salió del salón de maestros regalando cuánto insulto se pudiese decir. Ni siquiera nos observó, y mucho menos se despidió de Tonks y Fleur, que hacían la guardia en el portón.
—¡Cómo odio a esa vieja de mierda! —gritó Hermione, cuando le vimos salir del salón—, ¿me escuchaste, cara de sapo? ¡Te odio! —seguía gritando.
—Hermione, no gastes voz. Ella ya se ha marchado —le pedía mi hermana. Ella estaba de la misma forma, fastidiada, encolerizada.
—¿Qué fue lo que ocurrió?
—Umbridge nos ha amenazado —expresó mi hermana.
—¿Amenazado? ¿A ustedes dos? —preguntó alarmado Harry.
—No sólo a nosotras, sino a todo el alumnado que esté apoyando la toma de Hogwarts. Ha dicho que le caducará la matrícula a todo alumno y alumna que siga aquí, mientras no se estén haciendo las respectivas clases.
—Eso no es lo que me preocupa. Ella sería una estúpida y descerebrada si cree que puede quitarnos las matrículas, somos más de cincuenta personas —Hermione estaba más relajada—, su otra amenaza es la que me altera un poco.
—¿Qué más dijo? —curioseé.
—Si no desalojamos el colegio, amenazó con quitarnos los suministros básicos. ¿Te imaginas seguir en una toma donde no podamos contar con agua y electricidad?
—Pero ella no podría cortar los suministros, la fuente de energía está aquí dentro, ¿no es así? Lo mismo sucede con la llave principal de agua —argumentaba Katie.
—Te equivocas. Ambas fuentes de energía se encuentran en un apartado del colegio. En la antigua enfermería e inspectoría —prácticamente susurré. Harry asintió. Ambos sectores se encontraban fuera de Hogwarts. Una vez hubo una inundación por el rompimiento de la cañería madre, y cuando se quemó uno de los fusibles principales, decidieron transportar todo el cableado a los salones que ya, nadie ocupaba, en caso de alguna emergencia.
—Pero se puede ir hasta donde están dichas salas, y hacerle guardia —proponía Draco.
—Será imposible. Están divididas por una reja que nos supera en altura, unida al tejado, impidiéndonos el acceso. La única forma de entrar a dichos lugares es por la casa del vecino…
—Y el vecino es Filch —interrumpió Ginny. El silencio se hizo presente en nuestra conversación. Si Umbridge cumplía su amenaza, la cual me parecía absurda, mañana nos quedaríamos sin los suministros.
—Lo mejor será guardar toda el agua posible. Aquella es esencial —dijo Hermione, luego de meditar—, vayamos al comedor y busquemos todas las botellas y ollas disponibles. No podremos hacer otra cosa.
Nos dirigimos con esa intención quienes no teníamos que cumplir con alguna guardia. Estuvimos hasta eso de las doce de la noche llenando tambores y cualquier objeto que nos sirviese para reservar el líquido.
Hermione se encontraba sentada en una de las sillas apiladas del comedor, escribiendo algo en un notebook. Tenía unos cuantos mechones de cabello desparramados por su rostro. Cuando le molestaban demasiado bufaba y se los colocaba detrás de sus orejas.
—Llévale esto, le sentará bien —Ginny me entregaba un tazón con café—, está muy cansada —no era necesario que me lo dijera. Parecía mentira que hoy hubiéramos estado en la Independencia, luego en la avenida, y ella en prisión preventiva.
Caminé al lugar donde se encontraba. Hermione levantó la vista, cuando ya estaba próximo a su cuerpo. Me sonrió, aunque exhausta.
—Toma, lo preparó mi hermana.
—Muchas gracias por traerlo —contestó.
—Deberías descansar, no ha sido un día común y corriente.
—Lo sé —respondió, luego de haber dado unos pequeños sorbos en la infusión—, pero no puedo irme a dormir todavía. Debo de enviar unos cuantos correos electrónicos, subir unas imágenes al fotolog del colegio…
—Hermione, te recuerdo que estuviste detenida por muchas horas, es más, tienes hasta una herida, ahí —señalé su parche, que tenía unas gotitas mínimas de sangre.
—Estas cosas no son nada, Ron.
—Pues, tu cuerpo dice lo contrario. Antes de que te pongas más fea, anda a descansar —ella rodó los ojos en señal de aburrimiento. Hermione no era fea. Y a pesar de estar con un poco de ojeras y más chascona que nunca, se veía igual de hermosa. Mi razonamiento me hizo sonrojarme.
—Me iré a dormir luego de que acabe con esto. No quiero que mi príncipe me encuentre fea —dijo con ese tono de voz tan especial que utiliza a veces. El recuerdo de su beso cercano a mis labios me descolocó.
—Yo sólo lo digo por tu bien. Por nada más.
—Lo sé. No hay más razones —cortó, mientras comenzaba a teclear. De hecho, sí había razones, pero sus continuos cambios de personalidad no me permitían decidirme.
—Buenas noches —ella levantó su mano e hizo un gesto de despedida.
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Ginny POV
Nueve días llevamos amaneciendo en Hogwarts.
Y tengo un dolor de cabeza horrible.
Se comienza a sentir el cansancio, pero no nos decaemos frente a las amenazas o resoluciones del gobierno. Seguiremos hasta el final, porque comenzamos con un objetivo, y se han ido agregando más en este pequeño, pero gran hito en nuestra historia.
—¡Ginny! ¡Ginny! —escuchaba que gritaban mi nombre desde el pasillo. Yo estaba haciendo mi 'cama'—, ¡no hay agua en los baños! —decía una de las chicas que gritaba. La amenaza de Umbridge era cierta. La muy maldita lo había hecho.
—¿Sólo en el baño?
—No lo sabemos, apenas nos dimos cuenta, vinimos a avisarte.
—Muchas gracias. En el comedor hay unas botellas pequeñas. Recuerden lo que se dijo hoy, durante el desayuno. Si amanecíamos sin suministros básicos…
—Tendríamos que cuidar lo que teníamos —finalizaron.
Hoy, durante el desayuno, se le informó a todo el alumnado de la amenaza de Umbridge. Les dijimos a los chicos y chicas que teníamos reservas de agua en el comedor, y en caso de que faltase esta, producto de la amenaza, se utilizaría dicha reserva para el aseo corporal y la cocción de los alimentos.
Hermione y yo teníamos la esperanza de que la sapo no cumpliera su amenaza, pero lo hizo. Aún no se confirmaba si la toma seguiría por la próxima semana, el viaje de Hermione a la capital sería dentro de dos días más, y no quería pensar en qué sucedería si todavía no contásemos con el suministro. Recién estábamos en la mañana del martes, no quería especular qué ocurriría a la noche, cuando no pudiésemos ver, porque vaya, tampoco tenemos energía eléctrica.
—¿Te diste cuenta? —preguntó Hermione, entrando a la sala-habitación.
—Lo acabo de comprobar —respondí, sacando mi mano del interruptor de la luz. No teníamos.
—Revisé con Harry los baños, el comedor, la enfermería y cuanto sitio tenga una llave de agua. Todas están sin suministro.
—Hay que decirle a las niñas que no ocupen los notebooks simultáneamente, habrá que ahorrar las baterías.
—Umbridge está abajo, chicas —Katie nos venía a buscar, agitada—, está con un megáfono, gritando blasfemias.
—Esta señora no se aburrirá jamás —aludí fastidiada.
—Vamos a visitarla, le tengo preparada una sorpresa —Hermione sonrió. Y esa sonrisa no era encantadora, precisamente.
—¡Ahora los quiero ver, revoltosos! —chillaba Umbridge, desde las afueras de Hogwarts. Los alumnos se agolparon en la entrada—, sin agua y electricidad, no podrán estar allí dentro.
—¡Qué pena aguarle la fiesta! Señora —contestó Hermione, de nuestro lado.
—No puedes mantener a los estudiantes, Granger —retractaba.
—Me temo que sí, Umbridge.
—¡Uh! —dijeron muchos, de forma prolongada. Umbridge y Hermione acabarán un día insultándose a más no poder.
—¡Se te acabó el juego, niñita! Serás la primera en irte de Hogwarts cuando toda esta porquería acabe.
—Sueña que me expulsarás. No tienes el poder de hacerlo. Te recuerdo que no eres la directora.
—De igual forma me debes respeto.
—Así como usted también me lo debe. Porque sea más joven… que va, muchísimo más joven que usted, no le permitiré que siga amenazándome. Ni a mí, ni a ninguno de mis compañeros. Todos estamos luchando por causas nobles, que beneficiarán a todos los estudiantes del país.
—Deja de vivir en la utopía, Granger.
—Utopía es la que tiene usted. Jamás tendrá el poder de Hogwarts, y mucho menos, verá realizada todas las ideas que se le han subido a la cabeza.
—Hermione, basta —susurré. Tanto la reemplazante de Albus como la dirigente del colegio se estaban sobrepasando con la discusión verbal—, te estás bajando a su nivel.
—¡No me iré de aquí hasta que desalojen el colegio!
—Siéntese en una silla entonces, porque se cansará —gritó uno de los chicos.
—Lo más probable es que le saldrán ramas a sus piernas —alardeaba otro.
—Con o sin agua, con o sin electricidad, nosotros nos quedaremos aquí. Ya hemos aprendido a cómo luchar. Y no nos bajaremos ahora —secundaba otra chica.
Umbridge no estaba sola. Unos cuantos maestros estaban junto a ella, aunque no hablaban, ni tampoco le retenían. Vecinos y vecinas, curiosos y curiosas también se agolpaban a las afueras del colegio.
—Me estoy cansando, Granger. Acaba con esto de una buena vez, si no quieres que llame a las fuerzas públicas.
—Si se atreve a llamarlas, lo más probable será que no sólo tendrá que luchar con Hogwarts, sino, con todos los colegios de la ciudad. Entienda, señora, que no estamos solos en esto —una camioneta de color blanco se estacionó a las afueras de nuestro colegio. Me percaté del logo que llevaba pegado en una de sus puertas. Eran corresponsales televisivos y periodísticos de la cadena informativa local. Del vehículo se bajaron tres personas, el conductor, un camarógrafo que portaba una enorme cámara en uno de sus hombros, y una mujer de horribles gafas.
—¡La prensa! —agudizaba Harry en mi oído—, Ginny, nos estamos metiendo en más problemas.
—Cariño, no tienes por qué temer, llevamos ya muchos días aquí, no nos sacarán.
—Ese es el problema, la toma sigue, y no hay soluciones.
—Harry, no es el momento de temer, hay que seguir —no podía creer lo que estaban escuchando mis oídos. Ron hablaba de manera seria, decidida.
—Señora Umbridge, ¿qué le parece la situación de Hogwarts? —le preguntaba la reportera, de nombre Rita. Tenía una credencial con su nombre colgando en su cuello.
—Señorita, para tu información —respondía, masajeando su cabello—, y te digo que esto es insostenible, no puedo creer que la mala hierba haya estropeado a la buena que había en este establecimiento —con aquel comentario se refería a Hermione.
—¿Encuentra injustificada la toma de su colegio?
—¡No es su colegio! —volvió al ataque Hermione, atrayendo la atención de la periodista y camarógrafo.
—¿Tú debes ser la mala hierba?
—Tengo nombre, y es Hermione Granger, orgullosa de contar con toda esta gente, que apoya las movilizaciones nacionales —su comentario avivó a todos los presentes que nos rodeaban.
—¿Y tú, Hermione, sientes que ha servido de algo las movilizaciones? El Estado todavía no da una respuesta clara frente a las peticiones.
—Claro que ha servido, el Estado se ha tenido que enfrentar a nosotros, casi todo el país se encuentra paralizado. El día viernes tenemos una reunión, donde se dictaminará parte de nuestras cláusulas.
—¡Quiero que abandonen el colegio, ahora! —volvía a bufar Umbridge, al perder la atención de los medios de comunicación.
—Apaguen a esa señora, por favor —susurró uno de los chicos, provocando la risa entre los presentes, incluido el camarógrafo.
—Devuélvanos los suministros básicos —exigió Katie—, necesitamos de agua y energía eléctrica.
—¿Usted le ha quitado los suministros? —preguntaba Rita.
—¡Y les quitaré su matrícula si siguen desobedeciendo!
—¡Me hartaste! —el gritó de Hermione calló cualquier susurro o sonido que se encontraba a nuestros alrededores—, si quieres tu agua, ahí está tu agua, nosotros no la necesitamos —y diciendo aquello, se dirigió a una de las esquinas de la puerta principal, donde había un balde, lleno de agua. Lo tomó con fuerza, y lo lanzó de frente a Umbridge.
—¡Hermione! —gritamos algunos de los presentes. Otros reían, los reporteros grababan todo. Los profesores que se habían mantenido alejados del portón y de la disputa, se acercaron a la ahora, mojada Umbridge.
—Umbridge, calma, calma —le pedía la profesora Minerva.
—¡Pero cómo me pides calma! ¿No has visto la falta de respeto que han cometido frente a mi persona?
—Te prometo que hablaré con ellos, pero no puedes negar que les estás cuartando sus ideales con la quita de suministros.
—¡Esto es el colmo! Los profesores, dando el apoyo a los rebeldes. Los demandaré si veo en el noticiario local este acontecimiento —amenazó a los profesionales que seguían grabando y tomando nota de lo que pasaba.
Ron, Harry y Draco afirmaban a Hermione de brazos, piernas y boca. Estaba descontrolada. Umbridge se marchó y cuando no se le vio más, los chicos soltaron a Herms.
—¡Tienes que controlarte, Hermione! —le retaba Draco—, ¿no te das cuenta que eres el ejemplo para muchos de los chicos que están acá?
—Ninguno de ustedes tres tenía el derecho de mantenerme alejada de esa maldita vieja —ella estaba realmente fuera de sus casillas.
—Tendrán que darle un calmante, está mal —acusaba Katie.
—Anda a la enfermería y busca algo que le podamos dar, algo que se pueda mezclar con agua —le pedí. Ella asintió y corrió.
—Hermione, tranquila, ya se fue Umbridge.
—¡No puedo estar tranquila! ¿No se dan cuenta que esa mujer no entiende nuestros ideales, y nos está cuartando? ¡No me toquen, ninguno de ustedes tres! —los retó, cuando Harry se acercaba a ella.
—Ginny, la profesora Minerva quiere entrar, junto a otros profesores. Dice que vienen en paz, ¿los dejo pasar? —me preguntaba el portero de turno.
—Esperemos a que Hermione se estabilice, explícales lo que sucede, pero no digas muchos detalles —el chico asintió, y volvió a su puesto.
—Tómate esta agüita, Hermione, te aliviará la garganta —dijo sin mucha convicción Katie, entregándole el vaso. Ella me guiñó el ojo. Hermione bebió tomo de un golpe, y comenzó a pasearse como gato enjaulado.
—Minerva quiere hablar con nosotros… deja que entre, junto a los profesores que deseen entablar una conversación —me dijo, tocándose la cabeza. Bien, la pastilla estaba dando resultados—, Ginny, no me siento muy bien —expuso, tratando de aferrarse a uno de los pilares. Me dio un poco de pena.
—¿Qué tienes, Hermione? —le preguntó mi hermano, nervioso.
—Siento que me voy a desmayar —y fue lo último que dijo, porque cayó en los brazos de Ron, que la sostuvo.
—Tranquilo, le di un calmante mezclado con el agua —informó Katie.
—Te ayudaré a llevarla a una de las habitaciones —Harry se acercó a mi hermano y juntos la cargaron.
—Nosotros nos haremos cargo de la reunión con los profesores —le dije a Draco. Él asintió, y fue en busca de los maestros, que observaban preocupados la escena—, todos vuelvan a las labores. Tendremos reunión cuando los profesores se hayan marchado —los estudiantes comenzaron a dispersarse por el establecimiento.
Mientras Draco, junto a Neville y Cedric acompañaban a los profesores a su salón, fui a ver cómo se encontraba Hermione. Me sentí una intrusa al observar lo que acontecía al interior de la sala de clases.
Hermione estaba acostada, y mi hermano le acariciaba la cabeza, jugando con sus cabellos. Ron se veía tan lindo, tan tranquilo.
—Presumo que esto lo supones de hace tiempo —me susurró Harry. Asentí— Draco me comentó que ayer estuvo hablando con Ron…
—Harry, no nos metamos en su relación —le corté. Harry me observó de forma dubitativa—, parecerá ilógico que yo diga esto. Pero mira nada más como están los dos. No nos metamos, a menos que alguno de ellos nos pida algún consejo —mi novio me acarició el cabello, y me ofreció su mano para que juntos nos dirigiésemos a la sala de profesores.
Ahí, ya se encontraban los maestros, todos sentados, y compartiendo una charla común y sin mayores preámbulos. Las niñas se habían encargado de poner algunas galletas repartidas en diversos platos, a modo de picoteo.
—¿Cómo se encuentra la alumna Granger?
—Bien. Le dimos un calmante. Ha estado con mucho trabajo, y por eso suponemos que actuó de esa forma —la excusé.
—Entendemos su forma de actuar, aunque fue muy precipitado el acto que realizó. Hermione debe de respetar a Umbridge, le guste o no, ella es la representación de Albus en este preciso momento.
—Lo sabemos profesora, y estamos seguros que Hermione le pedirá disculpas —los que estábamos de pie nos acomodamos en los asientos, para iniciar la conversación—, ¿y a qué se debe esta instancia de diálogo?
—Nosotros hemos visto los noticiarios, y sabemos que las cosas se arreglarán, el gobierno ha tenido que tomar medidas drásticas, y todo su trabajo será beneficiado, quizás, no en totalidad —acotaba otro de los maestros.
—Queremos decirles que cuentan con nuestro apoyo —mi profesora jefe, la maestra Sprout, nos decía aquellas palabras con una sonrisa— nosotros estamos enterados de sus peticiones internas, y tengan por seguro, que las apoyamos al mil por ciento.
—Pero también tenemos que pedirle que depongan la toma de Hogwarts —la profesora de educación física, la señora Hooch, interrumpía la alegría que sentía en mi interior—. No pueden permanecer en el colegio sin luz y agua, es un peligro para su salud.
—Profesores, llevamos ya una gran cantidad de días aquí. Hemos soportado muchas cosas, y creemos que la toma llegará a su fin dentro de poco. El día viernes habrá una reunión en la capital, y se sabrá uno de los últimos veredictos del Estado en cuanto a nuestras peticiones.
—Lo que dice Draco es verdad —acotaba Cedric—, nosotros, junto a los otros colegios que están en toma, hemos llegado a la decisión que, si lo que dice el gobierno, cumple parte de nuestras peticiones, las tomas se desistirán.
—Bueno, si están tan seguros de esto, les volvemos a recalcar nuestra más sincera ayuda. Uno de nosotros irá a comprar agua embotellada, para que tengan durante estos días. Nos conseguiremos algunas baterías para que puedan solventar un poco el problema de la falta de electricidad.
—Muchas gracias, profesor Lupin.
—Nosotros nos marchamos, estamos al pendiente de ustedes —cada uno de los profesores se fue despidiendo. Era un alivio saber que contábamos con su apoyo.
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Hermione POV
Los ojos me pesaban. Hacía mucho rato que quería despertar, pero algo ajeno a mí me lo impedía. Sabía que no estaba sola, porque sentía que alguien respiraba acompasadamente, mientras enredaba sus dedos en mi cabello. Sus caricias me relajaban, y me volvían a llevar al mundo de los sueños. Despertaba, las mismas sensaciones, volvía a dormirme.
Cuando perdí la noción del tiempo, de mis despertadas y dormidas, abrí los ojos. Un par de orbes azules me observaban con preocupación. Las caricias se fueron debilitando poco a poco.
—Te dieron un calmante, mezclado con el agua que te bebiste hace un par de horas —me informaba con una voz acompasaba.
—Me lo supuse, el agua no sabía tan bien —cerré mis ojos para seguir disfrutando de su cariño. Él se detuvo— no pares, por favor. Me gusta mucho —confesé.
Su mano siguió haciendo el camino juguetón en mi nuca, desenredando mis cabellos. De pronto, recordé algo.
—¡La reunión con los profesores! —salté de la colchoneta, asustándolo.
—Ya fue. ¿Qué no te dije que estuviste alrededor de dos horas dormida?
—Tienes razón. Además, de seguro que Ginny y los demás se encargaron. No sé qué haría sin ellos. Y sin ti, que siempre estás conmigo, aunque no lo quieras asumir —no podía reprimirme las frases y oraciones que mi corazón quería que expresase. Le sentía latir con fuerza. Ron se quedó una vez más mudo. Su silencio me desesperaba—. Es hora de levantarse, debo de pedir disculpas por mi comportamiento —decidí cambiar de tema abruptamente.
—Los chicos y chicas entendieron tu manera de actuar. Saben que te estás tomando las cosas muy a pecho, y eso no es bueno para tu salud. No estás sola, Hermione. Tienes a mucha gente, y todas cumplen delegaciones importantes aquí. Umbridge no es de nuestro agrado, pero le debes respeto, y lo sabes.
—Ron, no eres mi padre, y no necesito uno, tampoco. Sé en qué cosas me equivoco, y también sé cuando debo de disculparme. Y con quienes me disculparé, será con los chicos. No con el sapo rosado —Ron deformó su cara, y prefirió dejar de hablar. Ya estaba aprendiendo mi manera de ser, y eso podía ser un arma de doble filo. Tal vez se daría cuenta del inmenso cariño y atracción que siento por él. Quizás, esa sea una buena idea, Hermione, me decía internamente—. Ayúdame a ponerme de pie, por favor —le pedí. Él se levantó y me ofreció una de sus manos, yo la agarré con ambas, y fue tanta la fuerza, que juntos caímos a la colchoneta.
Su cuerpo quedó prácticamente encima del mío, escucha el latir de su corazón, rápido, ansioso, tan igual al mío. Sus brazos estaban a la altura de mi cabeza, mientras sus ojos me observaban con nerviosismo. Su aliento a menta me hipnotizaba, miraba sus labios, que se abrían, se cerraban, no decían nada. Estaban tan próximos a los míos.
Él no se movía, yo tampoco, su cercanía era tan cálida que podría quedarme así por toda una eternidad, y no sería una hipérbole. Me pasé la lengua por mis labios, si no lo besaba ahora, sería una completa imbécil. Fui cerrando mis ojos, sabiendo que Ron no se resistiría, estaba casi segura que me besaría…
—Chicos, como siempre les interrumpo un intento de cercanía, he decidido que, antes de entrar y aguarles su proximidad, les pregunto. ¿Puedo entrar o están ocupados? —esa voz, esas coincidencias… Pansy podría ser muy amiga mía, pero ¡Mierda! ¡¿Por qué carajos tenía que ser siempre ella?
Ron rodó hacia la otra colchoneta, y se tapó el rostro con una de las almohadas.
—¿Chicos? ¿Puedo pasar? —seguía gritando desde el pasillo.
—Sí Pansy, puedes pasar —le autoricé, mientras me sentaba a lo indio en la colchoneta. La morena entró feliz.
—¿No he interrumpido nada? —desvié la vista a los casilleros. Ron seguía imitando a un topo—. Por sus expresiones me parece que he vuelto a meter la pata —se recriminaba. Pobre, si hasta me dio pena.
—Tranquila, no ha pasado nada. Así que no hay nada que lamentar. ¿Qué es lo que se te ofrece?
—¡Ah! Ginny me ha enviado a buscarlos, el almuerzo está listo.
—Muchas gracias, Pans, vamos enseguida —ella salió de la habitación. El silencio que quedó fue realmente molesto—, ¿irás conmigo al comedor?
—No. Anda tú primero. Yo iré después —algo desilusionada por su respuesta, salí, dejándolo solo.
Cuando pisé la cerámica del comedor, todos los chicos que almorzaban entre conversaciones, se me quedaron observando. No tenía claro el por qué de tanto respeto, si era una alumna al igual que ellos. Aproveché su silencio, para pedirles las disculpas pertinentes.
—Quiero aprovechar estos segunditos de su silencio y tiempo, para disculparme ante mi conducta, algo desenfrenada, y que tuvieron que apreciar el día de hoy. Me dejé llevar por los impulsos y la impotencia. Les he dado un mal ejemplo a los más pequeños de aquí. De forma aparte, quiero disculparme con Harry y Draco. Los traté muy mal, chicos, y ustedes estaban tratando de hacer lo correcto.
—No tienes por qué disculparte, Hermione. Sabemos que estabas bajo presión, y te sientes responsable por la amenaza que cumplió Umbridge —Draco me animaba.
—En cuanto al chapuzón que le diste al sapo… —espetó Fleur—, aunque muchos creen que fue una brutal falta de respeto, a mí me encantó —su comentario me hizo reír, y a un cuarto de los que disfrutaban el almuerzo también.
—A mí también me gustó. Pero uno no saca nada mojando a las personas, es cosa que piensen en lo de ayer, en los pacos y sus guanacos —los que se rieron asintieron, y comenzaron a comer nuevamente.
El resto del día transcurrió dentro de lo que se podía, con la normalidad de siempre. Aproveché de disculparme con los profesores, cuando estos regresaron al colegio a entregarnos unas baterías que nos fueron de total utilidad en la noche.
El miércoles en la mañana, nos sorprendió la visita de Parvati al colegio. No la veía de hacía días. Sonaba exagerado, pero el estar todo el día en el colegio, te producía la sensación de que veinticuatro horas equivalían a setenta y dos.
Luna apareció junto a ella. Se habían convertido en muy buenas amigas durante el transcurso de la toma. Supongo que además, tenían temas en común, que las hacía familiarizarse.
—Espero que no les moleste lo que les tengo que decir —nos comentaba a Harry, Ginny, Neville, Ron y a mí—, encuentro que han hecho tantas cosas por Luna y por mí, que juntas fuimos en busca de los reporteros que rastrearon el acontecimiento del martes, y ellos desean venir al colegio, y hacer una nota con respecto a todo esto de las movilizaciones.
—A mí no me molesta en lo absoluto —dije mi punto de vista, al parecer, a los otros tampoco les molestaba la idea.
—Ellos vendrán a la hora que les llame, ¿puede ser ahora?
—Por qué no… no estamos haciendo nada en particular. Además, mañana parto con Oliver a la capital. Tengo que hacer mi bolso.
Parvati y Luna llamaron a dichos reporteros, y nosotros decidimos juntar a todos los estudiantes. De la misma manera en que grabaron todo lo que aconteció el día en que Umbridge nos dejó sin los suministros, fueron documentando el establecimiento por dentro. Le sacaron fotografías a las salas que eran ocupadas como habitaciones, al comedor, los salones que ocupábamos como centros de reunión; pero además, a todo el estudiantado que aportaba con su trabajo voluntario y sus ganas de tener mejoras con respecto a la educación.
Fotografiaron al grupito que había hecho sobrevivir la plantación de tomates, a las chicas que se encargaban de la enfermería, a las porteras, los centinelas que más se repetían… todo y cada uno tenía un papel primordial en Hogwarts.
—Creo que nos faltaría entonces alguna fotografía de quienes comenzaron con todo esto —agregaba Rita.
—Son ellas tres. Ginny, Luna y Hermione comenzaron con todo —les informaba Katie, que era como nuestra vocera.
—Por favor, chicas —había una mesa cercana, y Luna nos dijo que nos sentáramos en ella. Le hicimos caso, juntamos nuestras cabezas, Ginny hizo el símbolo de paz con su mano, y el flash nos indicó que ya habíamos quedado inmortalizadas.
—Se ven muy lindas, chicas. Quédense ahí, les tomaré una fotografía —Harry sacaba su cámara y nos volvía a fotografiar. Junto a él estaba Nev, que le hacía morisquetas al estómago plano de Luna.
—¿Ustedes son pareja? —consultaba el camarógrafo que ahora hacía de fotógrafo.
—Sí. Luna será la madre de mi hijo —le informaba feliz, Neville.
—¿El chascón es algo de la castaña? Digo, chascón con chascona.
—¡Hey! No te pases —bufé enfadada por su comentario—, él chascón es novio de la pelirroja.
—Mío y sólo mío —decía con tono de cantante Ginny.
—Pónganse ustedes dos para hacerles una fotografía —nos pedía el camarógrafo.
—Yo me salgo, así queda entre parejas la imagen —hablé, mientras me bajaba de la mesa.
—Quédate ahí, llamamos a Ron, y se acaba el problema impar —Hum… no sonaba mal la idea, pero, ¿A Ron le agradaría?
—¡Ron! ¡Ven a sacarte una foto con nosotros! —gritó su hermana. El nombrado, que hablaba con Rita, movió sus hombros.
—Apresúrate, que los periodistas ya se tienen que ir —era Harry el que le llamaba. Él caminó con pereza, y se nos quedó observando.
—Como que no luzco como ustedes.
—Eso se arregla fácilmente —le indiqué. Le pedí que se acercara, moviendo mi dedo índice. Ron quedó frente a mí, y le bajé un poco el nudo de su corbata. Moví mis pestañas reiteradas veces, a ver si así me concentraba en los botones que desabrochaba de su camisa, y no en sus ojos que me observaban sin cordura—. Mucho mejor, ya estás tan desordenado como Harry y Nev.
Me reprobó con una sonrisa, y se colocó atrás de la mesa, junto a Harry y Neville.
—Ahora sí, atentos a la foto. Uno, dos y tres —el flash hizo de las suyas nuevamente.
Rita y sus secuaces se despidieron amablemente. Nos dijo que la crónica que habían realizado, saldría tanto de forma escrita en el periódico, como en la televisión, a modo de noticia. Se dedicarían a cubrir todo lo que estaba aconteciendo en los colegios de la ciudad.
A pesar de las inconveniencias, todo seguía marchando de forma correcta. Nada más faltaba el viaje a la capital, y posiblemente, todos nuestros objetivos se terminarían por cumplir. Habría que hacer una reunión con los profesores, y ver la posibilidad y los tiempos en donde tendríamos que recuperar las clases perdidas.
No pensaría en aquello. Lo que interesaba ahora, era la gente que estaba aquí dentro. Las amistades que se habían formado, las vivencias que les contaríamos a nuestros nietos, en unas décadas más.
Nota de la autora:
Perdónenme por el retraso de la actualización. Pareceré disco rayado diciendo lo mismo, pero los finales en la uni y los trabajos me tienen out hasta incluso, de mi vida personal xD.
Cada día la pareja protagonista se está acercando más y más… les digo que falta poquito, muy poquito, para que ambos se pongan a prueba, y se demuestren sus sentimientos. Por lo demás, les seguiré regalando este tipo de momentos. Trataré eso sí de dejar amarrada a Pansy xD.
Como me demoré un poco más en la actualización de mis fics, escribí un OS que parece más drabble, se llama Intento fallido, (lo pueden buscar en mi perfil) y es una idea que se me ocurrió cuando vi la séptima película de Harry Potter. Les invito cordialmente a que lo lean. Es cortito y sencillo, y está dedicado a todas las personas que leen Breaking Rules y Rescatada =) (no es un Harmione)
Nuevamente les retribuyo el tiempo que se toman por leer cada actualización, y aún más, por el instante que le dedican a los rr que me dejan. Nos estamos leyendo, espero, pronto =)
