Color Jade: Despedida.

En mucho tiempo es la primera vez que compro una cajetilla de cigarrillos y no paro de fumar hasta que esta está completamente vacía, la primera vez que lo hice fue hace ya hace algunos años cuando la empresa tuvo unos problemas y no podíamos resolverlos, tal vez se deba a los nervios, tal vez simplemente quiero llenar de humo mi cerebro para tapar los problemas, tal vez esa es la razón original.

Hay un débil repiqueteo en el techo, al parecer este día no dejara de llover tampoco, toda la semana a estado lloviendo, mi madre una vez dijo que la lluvia representaba la tristeza de los niños, que cada niño que lloraba o que no se sentía feliz provocaba la lluvia, es obvio que ya no creo en ese cuento pero no puedo dejar de pensar en que quizás se pueda aplicar a ese momento.

Cierro los ojos y salgo del techo que me protege de la lluvia, es tarde y debo volver a casa, rápidamente la chamarra que traigo puesta se mancha de gotitas diminutas de agua, al estar lloviendo todo este tiempo el calor ha dejado de subir y ahora hace algo de frio, meto las manos dentro de los bolsillos de la chamarra y camino de regreso, llevo mucho tiempo fuera, Eren preguntara donde es que he estado y tendré que mentirle, igual que todas las veces que me lo ha estado preguntando estos días. Porque en realidad no hay una respuesta a ese pregunta inocente que hace, en realidad no voy a ningún lado, solo necesito alejarme un poco de ese entorno donde él está para poder pensar.

Mikasa solo vino a plantar dudas e indecisión dentro de mí, le pedí que regresara a su casa, ella no se quejó, solo paso un día más aquí, para visitar a unos amigos y después se marchó, fue bueno para mí y también para Eren, su estado de ánimo mejoro bastante.

Eren.

Eren.

¿Qué voy a hacer con él?

Sé que una parte de mi sabía que en realidad él ha estado hablando en serio sobre ese "enamoramiento", la otra parte aún cree que es parte de un juego, cree que Eren sigue siendo aquel niño inocente que se prendía de mi para cruzar la calle o que se acurrucaba en mi pecho a la hora de dormir, igual a un koala bebé, mi todo yo quiere creer que ese Eren sigue allí, el niño insoportable que siempre pedía helado de chocolate cuando íbamos al supermercado, el mocoso que jugaba a los superhéroes a la hora del baño, con quien jugaba en la bañera quedando empapados y con dolor de estómago por reír demasiado, ese niño que de alguna forma me hizo la vida más difícil pero también divertida, era él quien me hacia reír después de un día pesado en la preparatoria o la universidad, cuando llegaba después del trabajo los fines de semana, ese niño siempre estaba allí esperando mi llegada para contarle un cuento o para relatar el contenido de una película… ¿Quién es ahora?

Definitivamente ya no es un niño de seis años a quien puedo enredar en las cobijas cual taco para que me deje estudiar en paz o a quien puedo aplastar las mejillas para molestarlo y reírme de él, ahora es un adolescente que no me ve como una autoridad o como la persona que se ha hecho cargo de él por todo este tiempo.

¿Yo lo vi como un hijo todo este tiempo?

No, la verdad no, quizás lo vi como un hermano pequeño a quien cuidar a tiempo completo, mi madre después de todo nos traía regalos a ambos en navidad o en nuestros cumpleaños, nos deseaba las buenas noches los fines de semana que nos visitaba.

Pero…

¿Puedo llegar a sentir lo mismo que él?

¿Después de haberlo cuidado estos diez años?

¿De haber reído juntos?

¿De haber dormido cual verdolagas después de ver "Winnie Pooh"?

¿Puedo sentir amor por la persona a quien reprendía por orinarse en la cama?

¿A quién calmaba en las noches de pesadillas?

Hemos pasado por muchas cosas juntos pero…

¿Qué hacer?

No puedo dejar de lado esa pregunta.

He cometido un error muy grande con él.

Y ese error soy yo.

§

Navego por la página de internet hasta dar con lo que quiero, doy click en los links pertinentes y meto los datos que me pide cada apartado, meto los números de la tarjeta de crédito y después me comunico con las personas a cargo, hago algunos envíos antes de poder darme un descanso.

He pedido vacaciones por este mes al menos, he estado algo estresado, han pasado demasiadas cosas y la verdad no sé qué más puedo llegar a soportar antes de mandar todo el demonio de una sola patada.

—¿Necesitas algo? —Eren abre la puerta del estudio y yo cierro la tapa de la laptop.

—No, estoy bien, gracias. —Contesto.

—¿Seguro? Deberías descansar.

—Tengo vacaciones ¿Lo olvidas?

—Exactamente por eso, deberías dormir, iré a preparar algo de té.

Sin que me dé tiempo a evitarlo simplemente da media vuelta y va a la cocina, preferiría que no se acercara a la cocina, él solo con su presencia hace que todo explote, definitivamente no sé qué voy a hacer con él como no aprenda a cocinar o al menos a aprender a alimentarse a sí mismo.

Después de un rato revisando las páginas de las aerolíneas, Eren vuelve con una charola y una taza de té acompañada por un platito de galletas glaseadas, tiene arrugas en la frente y trata de caminar con cuidado, como si temiera tropezar en cualquier instante.

—Parece que caminas en cuerda floja. —Comento cerrando la laptop y girando la silla a su dirección.

—No quiero que esto se vaya a chorrear.

—¿Acaso eres tan torpe? —Pregunto con voz de burla.

—No, solo que si se cae una gotita de té al piso voy a tener que pulir todo el piso del estudio y la verdad no tengo ganas de limpiar en este instante. —Con el mismo cuidado deja la charola sobre el escritorio después sonríe como si hubiera logrado algo imposible.

—Vas a tener sirvientas de seguro.

—Claro, tú vas a pagarlas, no pienso maltratar mis manos por usar químicos.

Arqueo una ceja.

—No llegas ni a modelo para que te pongas de nena.

Hace una cara de ofensa y después se mira las manos con algo de preocupación.

—Mira, la vecina dijo que su esposo se hizo manicura, para la boda de su hermana y que ahora sus manos son suaves y muy tersas, el otro día me invito para hacérmela a mí también.

Estira los dedos mostrando unos dedos bastante arreglados y perfectamente limpios.

—Deberías ponerte a estudiar en lugar de embellecerte.

Él rueda los ojos.

—Por eso nunca te cuento nada. —Se cruza de brazos y suspira exageradamente.

—¿No? Hablas hasta por los codos, niño.

Me sonríe mostrando sus dientes, sus ojos brillan de una forma diferente esta tarde.

Esa noche dormimos juntos, igual a cuando era pequeño, aunque yo no lo llamaría exactamente dormir, al menos por mi parte, estoy entre la vigilia y el sueño, manteniéndome entre ambos mundos.

Me levanto primero para preparar el desayuno, hago algo sencillo, la verdad no tengo demasiada hambre, pero Eren come demasiado durante las mañanas, cuando él se levanta lo primero que hace es ir a verme y abrazarme por la espalda con un:

—Buenos días. —Su voz suena risueña y susurrante.

—Primero ve a bañarte y después baja a desayunar, anda.

Asiente lentamente y después abandona el lugar restregándose los ojos.

Hoy luce demasiado contento.

Igual que todos estos días.

Doy vuelta al omelett de champiñones, es uno de sus favoritos.

Preparo leche con chocolate, la licuo con hielos.

Hago mini donas de azúcar y saco el helado de la hielera.

Frio waffles y los adorno con miel y frambuesas.

Un rayo de sol se asoma por la ventana, al parecer el clima será mejor que los días pasados.

Justo antes de las diez comenzamos a comer, Eren me pregunta dónde es que pasaremos las vacaciones, dice que desea pasar cada momento conmigo, al menos por este mes ya que después volveré al trabajo y él tiene tres meses más para vagar.

No respondo.

Entro a darme una ducha media hora después y a las doce de la tarde recibo mi llamada.

—Eren. —Grito una vez que la llamada se ha terminado.

—¿Qué pasa?

Lo miro por uno segundos antes de agregar.

—Nos vamos, arregla una maleta, guarda todo lo que quieras.

Por un momento me mira confundido.

—¿Irnos? ¿A dónde?

—No preguntes, es una sorpresa, solo alista la maleta, mete todo, absolutamente todo lo que quieras, nos vamos a mudar.

Nuevamente me mira cómo sino lo creyera.

—¿Mudarnos? ¿Por qué? ¿A dónde?

—Obedece, no hagas preguntas solo hazlo.

Titubea un momento antes de salir disparado a su habitación, escucho el ruido de muchas cosas moviéndose, algunas de ellas se caen y él maldice, después de varios minutos baja corriendo las escaleras con tres maletas sobre él, tiene las mejillas sonrosadas y parece demasiado feliz.

Sin decir nada más lo ayudo y subimos las cosas al automóvil, murmura demasiadas cosas, muchas de ellas no las alcanzo a comprender del todo, otras simplemente las ignoro.

—¿A dónde iremos? —Pregunta enredando sus dedos con ansiedad.

—Francia. —Respondo mirando la carretera.

—¿Francia? ¿En serio? Oh por Dios, no lo puedo creer, ¿Es verdad?

—Por supuesto, ya he hecho todos los arreglos pertinentes para estar allá.

—¿Arreglos? ¿Qué arreglos?

—¿Dónde crees que viviremos?

—¿Compraste una casa? ¿En serio?

No contesto, solo me limito a asentir.

—Pero… ¿Por qué de repente? ¿Qué paso?

Me quedo callado por un instante, tragando saliva de manera ruidosa.

— No podemos seguir viviendo en este lugar, no si quieres que cumpla mi promesa, ¿Cierto?

Su cara de sorpresa no tiene precio, es como si le hubieran dado la mejor noticia de su vida.

Por un instante se queda sin palabras, boquea cual pez fuera del agua, parece que empezara a llorar en cualquier momento, luego se lanza a mi cuello.

—Eren, estoy manejando.

—Estoy tan feliz, nos casaremos ¿En verdad? No lo puedo creer, es… es tan perfecto, solo nosotros en Francia, aunque… aún tengo que terminar mis estudios, no quiero solo tener la secundaria, necesito alcanzar un nivel tan alto como el tuyo… pero…. No, aun no se cocinar, necesito aprender… me pregunto si en Francia hay cursos de cocina, Dios espero que si… —Hace monólogos de ese tipo, primero parece demasiado emocionado y después, al segundo siguiente se está regañando a sí mismo. —Dios, Levi prometo mejorar, aprenderé a cocinar y a hacer todo correctamente.

Sigue murmurando cosas sin sentido todo lo que resta del camino.

Mi celular suena, veo la pantalla y contesto.

¿Estás loco? No pensaras hacerlo ¿Verdad?

—No tienes nada que decir, Mikasa, no vuelvas a marcar. —Dicho eso cuelgo.

—¿Mikasa? ¿Qué quería? —Eren sale de sus monólogos y me mira interrogante.

—Nada.

Llegamos al aeropuerto, con la misma emoción con la que entro al vehículo sale, su sonrisa no puede desaparecer.

Demasiado contento.

Demasiado ilusionado.

Le ayudo a sacar las maletas, las registramos, doy los datos que me piden y después voy a poner todo en orden con respecto a los boletos.

Eren espera paciente en la sala de espera.

Compro bocadillos, él sonríe, hago que los guarde en el bolso que se llevara consigo durante el vuelo.

Vuelo 315 listo para salir en el andén 2.

—Nuestro vuelo. —Eren se levanta a toda velocidad. —Oye… ¿Por qué tú no has traído maletas?

Un dolor invisible me atraviesa el pecho.

—Lo siento, lo olvide. —Me doy un golpe en la frente. —Olvide decirte que quiero que te adelantes, iré contigo en dos días, hice estos planes sin avisarle a mi madre, tiene que saber que renunciare y tengo cosas que arreglar.

—¿Ah? Entiendo, pero… ¿Qué hare yo solo en Francia? No se francés.

—Son detalles menores, hay una persona que te espera en el aeropuerto.

—¿Cómo sabré quién es?

Vuelo 315…

—Rápido. —Lo tomo del brazo y lo jalo hasta el andén.

—¿Levi?

Llegamos a la fila, una de las mujeres nos pide el boleto, rápidamente se lo facilito antes que otra cosa.

—Todo en orden. —Dice una sonrisa. —Que tenga un buen viaje.

Eren entra por el detector de metales limpiamente.

—Lo siento. —Susurro.

Él me ha alcanzado a escuchar, se gira lentamente, su rostro…

La felicidad emanada desaparece de un solo golpe, quitándole sus esperanzas.

Ahora sabe que le he mentido, que todas esas promesas son una farsa, que nada es verdad… ahora sabe que solo jugué con él para sacarlo de mi vida.

—Lo siento. —Aunque sé que ya no me escucha.

Su rostro se ha deformado en tristeza, confundido por el giro brusco de acontecimientos, no comprende las mentiras hermosas que le he dicho. Su mundo se hace pedazos poco a poco. Un oficial le ayuda a llegar hasta el avión y entonces desaparece… posiblemente para siempre.

Y yo…

—Lo hiciste.

Un par de tacones resuenan detrás de mí, la mujer jadea pesadamente, como si hubiera hecho todo el recorrido corriendo hasta el aeropuerto.

—¿Por qué? —Pregunta Mikasa. —Responde, ¿Por qué?

—Me dijiste que en este juego solo hay dos opciones, una era el odio… pero jamás dijiste cual era la otra. —Susurro.

Doy media vuelta, pasando a su lado sin hacer otro comentario.

Aun así…. Creo que hice lo correcto.

El cielo nuevamente se nubla, perdiendo todo el brillo de esta mañana.

Porque hoy he destrozado el corazón de un niño.

Gracias por leer.

"Parlev"