AVISO IMPORTANTE:

No les diré.

Muajajajajajajajajajá! Un gran desafío, mis queridos lectores! Esta historia está llegando a su fin y tengo un secreto.

Pero ustedes jugarán a ser detectives un período, ok? El premio es un One-shot, pero no Rev-Shipping, ni Polar-shipping… No no no… Es un Replayshipping, saben a cuál me refiero? Si no, averígüenlo, y si saben… Qué bien! XD

Les daré una sola pista para que averigüen el secreto que tengo, aunque para alguien ya no lo es, y ese alguien debe mantenerse en silencio! XD

HAY UN FAN FIC DE YGO! QUE CATALOGUÉ COMO UNO DE MIS FAVORITOS! DEJÉ UN REVIEW EN ESPECÍFICO ALLÍ, Y ADIVINEN? AHÍ ESTÁ ESCRITO MI SECRETO!

Misión?: Descubrir cuál review es el que contiene mi secreto! Tengo muchos fics de YGO en favoritos! Y quizás les convenga saber el secreto! Así que los interesados vayan a mi perfil a atacar a mis historias favoritas (: Para acatar opciones, cuando publique este cap, ustedes, además de comentarlo, dirán: Por cierto: Fui a este fic y comentaste eso! Ese es tu secreto?

Y yo anunciaré a la primera persona que descubrió mi secreto y le dedicaré el One-Shot!

SUERTE!

Vayamos al capítulo!

Capítulo 28: Promesa.

Tristeza.

Angustia.

Frustración.

Rabia.

Tantas emociones invadían su interior.

Anzu se sentía un poco extraña. No podía recordar la razón por la cual estuvo desmayada en el muelle con sus amigos. Les peguntó, pero ninguno le contestó, ellos tampoco tenían la respuesta. La angustia y tristeza habían aumentado en su pecho, ¿por qué no podía recordar algo tan simple? Se llevó la mano cierto dije que tenía alrededor de su cuello. No sabía cómo y desde cuándo lo tenía, pero no le importaba para nada. Se sentía reconfortada por él. Alzó su vista para prestar atención a clases, y se sorprendió un poco de que comprendiera absolutamente todo lo que estaba explicando el profesor de matemáticas.

Logaritmos.

—… "Qué extraño…"

Yugi miraba la ventana en un semblante ausente. Algo en su interior gritaba con fuerza que algo no andaba bien. Su mente estaba bloqueada, no podía recordar. Y a pesar de que deseaba hacerlo, sabía que le traería un dolor profundo. No quería seguir sufriendo, solo quería que esa angustia que le sofocaba y a sus amigos se acabara, se sentía realmente extraño… Volver a la escuela y que no haya pasado nada fuera de lo normal… ¿Pero qué puede pasar con una simple vida adolescente? Sabía de qué estaba hablando el profesor, así que le dio exactamente igual. Por alguna razón, no comprendía en un principio, pero podía jurar que alguien le había explicado el tema, no recordaba quién.

Pero estaba seguro que no había sido el maestro.

Ambos se habían enterado que días después de encontrarse en el muelle, suspendieron a Honda y a Jonouchi por meterse en peleas callejeras. De todos modos, habían salido heridos, el rubio tenía las costillas rotas, mientras que al castaño le habían enyesado el brazo derecho. Bueno, buscaron una excusa para no volver al instituto. No querían volver, por alguna razón, les repugnaba la idea.

Anzu y Yugi no impidieron sus errores, ellos habían hecho lo que querían. Si eso les transmitía paz, o siquiera un poco de tranquilidad, ellos lo respetaban.

.

.

.

— ¿Quieres visitar a Honda-kun, Anzu?

La ojiazul iba a contestar, pero se detuvo abruptamente su caminata a casa cuando notó que estaban cerca del museo. Lo miró con cierto interés. Allí, se encontraba Ishizu, saludando a los que entraban de forma respetuosa. La mujer notó que la estaba mirando, así que le sonrió e hizo un gesto con la cabeza. Anzu le contestó de la misma forma. Tampoco recordaba cómo había conocido a la egipcia. Solo… Un día fue al museo luego de…

Pero… ¿Con quién?

Hubo alguien que la había acompañado.

¿Quién?

—… "No puedo recordar…"

Miró el suelo con terror y desesperación. La presión en su pecho se hizo más fuerte, no sabía qué sucedía con ella. Tenía algo que hacer, pero no sabía qué…

—… ¿Anzu?

Miró a Yugi, quien le miraba preocupado.

—… No estoy muy bien como para ir con Jou y Honda, Yugi… Lo siento. — Sonrió con debilidad.

— No te preocupes. — Le sonrió de vuelta con la misma baja energía que ella.

Se despidieron y tomaron distintos rumbos. La joven entró a su departamento con la cabeza centrada solo en una palabra.

Recordar.

¿Qué?

Recordar.

¿Cómo?

Recordar.

¿Por qué?

Recordar.

¿A quién?

Recordar.

¿Qué tenía que recordar?

¿Cómo podría recordarlo?

¿Por qué tendría que recordarlo?

¿A quién tenía que recordar?

Se cambió de ropa, colocándose una blusa rosa y unos shorts azules junto con unos calcetines blancos. Se sentó en su escritorio, con la intención de hacer los deberes de la escuela para no recibir un regaño por parte del profesor de matemáticas.

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Jonouchi miraba de reojo a su padre alcohólico balbuceando incoherencias en un aire melancólico. ¿Siempre fue así ese lugar? Podía asegurar que hubo un segundo en que ese pequeño departamento tuvo vida. Y él sabía, pues esa fue la razón por la cual perdió la conciencia en el muelle de aquel día.

Pero lo había olvidado.

Su memoria evitaba encontrar esa razón por la cual esa ansiedad recorría en sus venas. Estaba asustado y dolido. Temblaba, no de frío, sino de terror. Porque estaba seguro que algo malo pasaba…

Y seguiría pasando.

Eternamente…

Así sería

Mientras él siguiera sin recordar.

Se llevó las manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza, sintiendo nuevamente esas horribles ganas de gritar algo, pero apenas podía murmurar una palabra correctamente. Se acarició las sienes, tratando de calmar la jaqueca que presionaba sin cuidado en su interior ante el sobreesfuerzo.

—… ¿Huh? — Miró con sorpresa el llavero que tenía en sus manos.

¿Desde cuándo estuvo en sus manos?

.

.

.

Yugi miraba en un semblante triste a un inconsciente Honda. Por alguna razón, no le sorprendía haberlo encontrado en su casa solo, con una botella de alcohol a su lado. Sentía que no era la primera vez que esto sucedía. Se abrazó las rodillas mientras miraba a su amigo, no sabía qué hacer en un momento así…

No encontraba las palabras correctas para describir tal desesperación…

Estaba preocupado por Honda, Jonouchi y Anzu. ¿Cómo no?

Jonouchi había vuelto a sus peleas…

Honda también, pero también estaba con resaca.

Anzu estaba muy distraída, apenas ponía atención a lo que pasaba a su alrededor. Si fuera por ella, olvidaría como respirar.

—… Esto es…— Miró la pulsera plateada que tenía con un pequeño dije.

.

.

.

Dejó su lápiz cuando escuchó un grito en las afueras de su casa. El corazón le comenzó a bombear con fuerza, aquello era…

— La dejaste sangrando.

— ¿Y qué? No se quiso divertir conmigo. Lo merecía.

Anzu ignoró el diálogo que intercambiaban los sujetos pues sabían que irían tras ella. No sabía por qué, pero estaba segura que lo harían. Sin más, abrió la puerta de su departamento silenciosamente mientras se ponía unas zapatillas y bajó las escaleras de emergencia que estaban en la salida trasera. Esta vez tendría más precaución.

¿Esta vez?

¿Cuándo había pasado algo así antes?

Negó con la cabeza, no tenía tiempo de recordar eso.

— Oye, en ese departamento las luces están encendidas.

Ignoró la frase, incluso si le robaban, al menos ella estaría a salvo. Cuando estuvo a punto de salir inadvertida, su teléfono, que estaba en su bolsillo, comenzó a sonar.

— ¿Escuchaste eso?

Soltando un quejido, la castaña comenzó a correr hacia el muelle, pues una extraña fuerza le instaba el ir allá, allí se desmayó… Y tal vez los perdería allí. Miró la pantalla del celular mientras seguía haciendo su carrera. Era Jonouchi.

— ¿Hola?

¡Hasta que contestas! ¡Yo…! ¡He recordado…!

—… ¿Eh?

¡Lo que tenemos que hacer! ¡Nosotros…! ¡Mierda!

— ¿Jonouchi? — No se oía nada. —… ¡Jonouchi!

"Veo que no deseas estar en este lugar…"

— ¿Huh?

¿Cuándo llego al muelle?

"¿Quién eres tú, niña?"

Se giró y encontró a un chico un poco mayor que ella. Tenía ropajes extraños, su piel era morena, sus cabellos eran negros y sus ojos rojos.

Sus orbes estaban opacos de miseria, y alzó una mano para empujarla.

"Lo sientes, ¿verdad?"

—…— Miraba al chico mientras caía y una explosión húmeda dañó su espalda. Había caído al mar. Pero el chico no la había soltado. La seguía mirando con esa misma pena y tristeza en sus ojos escarlata.

"¿Quién eres?"

Se acercó a ella y posó ambas manos en sus mejillas. La castaña temblaba, sintiendo como su cuerpo se enfriaba y sus pulmones se sofocaban de desesperación para poder respirar… Pero ella solo se seguía hundiendo junto con ese sujeto.

—… Nh…— Dejó murmura débilmente.

"¿Me acompañas en esta miseria?" Sonrió con tristeza. "¿Lo harás…?"

Estaba paralizada, se estaba perdiendo en esos ojos que le suplicaban ayuda. Ella no podía hacerlo… ¿Pero por qué?

—…"¿Quién…?"

El pelinegro dejó de sonreír.

—… "¿Quién soy en realidad…? ¿Qué estoy haciendo aquí…? ¿Cuál es mi propósito? ¿Por qué siento angustia? ¿Por qué este sentimiento de inseguridad…?"

"Tú eres…"

"¡Anzu! ¡No te rindas!"

"¡Anzu!"

"¡Reacciona!"

La castaña estaba comenzando a cerrar los ojos al oír esas voces adicionales, mientras el chico la liberaba.

"¡Anzu!"

"¡No! ¡Anzu!"

"¡El collar, Anzu!"

Abrió abruptamente los ojos.

El collar.

Miró el dije que flotaba mientras se sumergía más…

El dije en forma de pieza de rompecabezas.

Una "A" grabada.

"Es un juego de rompecabezas. Son seis piezas para completarlo. Y ustedes son muy importantes para mí, creí que de esa manera… Les demostraría que cada uno de ustedes tiene un trozo de mi corazón en su interior."

— "¡Esa voz…!"

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Abrió con esfuerzo los ojos. Sentía su cuerpo magullado y maltratado. Y sus sospechas fueron ciertas al descubrir zonas de su cuerpo sonrojadas o moradas por los golpes o fuera lo que haya sido. Se sorprendió de obtener la apariencia de adolescente cuando estuvo en la época de su descendiente. Su ropa también estaba desgarrada, pues le hacía falta una manga de su chaqueta.

¿Dónde se encontraba?

Estaba alrededor de un espacio vacío, completamente blanco…

¿No había nadie…?

— ¿Nunca te has preguntado por qué dicen que cuando mueres hay un túnel con una luz?

Se giró abruptamente al oír esa voz. Una hermosa mujer de cabellos largos, pero desordenados y tricolores, con unos hermosos ojos amatistas lo miraban con una sonrisa.

—… Madre…

— ¿Y si esa luz es la del lugar en el que estás naciendo y si ese túnel es la nueva madre por dentro? — Continuó, caminando hacia él. — Y si nacemos llorando porque ahí es el único momento en el que recordamos nuestra vida anterior y queremos volver?

—…— Se puso débilmente de pie.

— ¿Y si…?— Se detuvo para estar en frente de su hijo. — ¿Nunca morimos realmente?

Atem respiraba agitado, porque… ¡Ra, estaba con su amada madre! Y… Estaba herido, sentía necesidad de respirar.

La mujer le sonrió con dulzura.

— Haz crecido tanto, cariño…— Acarició su rostro.

—… Madre…

Y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a derramarlas en silencio mientras se quedaba inmóvil cuando ella se acercó a él y lo abrazó con suavidad. Correspondió su abrazo con fuerza, pero no dejaba de temblar.

— ¡No llores, Atem! ¡Eres un hombre! — La escuchó reírse cuando se separó de él. — ¡No es momento de llorar!

—… Lo siento. — Sonrió mientras se limpiaba las lágrimas. — Ha pasado mucho tiempo desde que te vi…

— ¡Claro que ha pasado tiempo! — Le palmeó la espalda, haciéndolo quejarse. — ¡Han pasado milenios, por amor de Ra! — Se volvió a reír. — Pero yo siempre te veo, siempre he estado contigo.

—… Gracias.

— Es lo mínimo que puedo hacer por haberte dejado tan pequeño. — Su sonrisa se volvió dolorosa. — Y es una pena que no podamos volver a vernos.

—… ¿Cómo?

— ¿Olvidas que hay una jovencita que te está esperando y que te ama más que nada en este mundo? También están ellos.

—… Ellos… Yugi, Jonouchi, Honda, Mai… Anzu… Todos…

— Así es. — Su sonrisa volvió a ser sincera. — La vida te ha dado una segunda oportunidad… No la desperdicies, porque Anzu ha cumplido la promesa que me hizo. Averiguó que fue lo que más anhelabas además de ella y la otra gente que amas. — Cerró los ojos. — También te ha salvado, porque ella es tu Destino, Atem. — Abrió sus ojos violetas para mirarlo. — Es hora de que tú la salves a ella. Porque el juego de las sombras no ha acabado.

—… ¿Cómo?

— ¿No lo sabías? Ese hombre provocó una violación al juego, es decir, interfirió más allá del juego, hechizándolos para hacerles creer que lo que vivieron ustedes nunca pasó con su propio poder, sin respetar los medios de las sombras.

—… Ha roto las reglas.

— Así es. Debes volver y clamar el fin del juego.

—… Entiendo. — Cerró los ojos un segundo para volver a mirarla firmemente. — Los salvaré y todo volverá a ser como antes.

— Qué bien. — Se rió con suavidad. — Es hora. Recuerda que siempre estoy contigo. — Le guiñó el ojo con complicidad.

—… De acuerdo. — Le imitó el gesto mientras sonreía. — No es un adiós.

— Sino un 'Hasta luego'. — Le siguió. — Te amo, hijo. Tenlo presente siempre.

— También yo. — Cerró los ojos.

— Ah, por cierto…

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— ¡Anzu!

Abrió repentinamente los ojos ante la llamada. Trató de respirar, pero un punzante dolor le cortó su intención. Miró su uniforma escolar manchado de sangre, junto con una gran herida en su pecho. Miró alrededor, sin poder levantarse aún… Y se encontró con los ojos de Yugi, Honda y Jonouchi. El trío también estaba herido, pero no a gravedad como ella.

—… Estás viva. — Sollozó el menor.

—… Qué alivio. — Sonrieron los otros dos.

—… Yugi… Jonouchi… Honda…— Trató de moverse. —… Este lugar…

— ¡Atem nunca perdió, Anzu! ¡Todo fue una mentira! ¡Solo fue una ilusión!

—…— Miró en medio del desastre de su uniforme, el dije que también estaba manchado del líquido vital de la ojiazul. Sonrió mientras las lágrimas caían de sus ojos. —… Qué felicidad… Aún podemos…

—… Ahórrense sus palabras. — Interrumpió una voz.

Los cuatro miraron a Akira, que seguía siendo poseído por el hechicero, los miraba en un semblante serio con sus ojos rojos.

—… Miren arriba.

Todos obedecieron y vieron como el rompecabezas del milenio, que había estado allí todo ese período, comenzaba a tambalearse, parecía que en cualquier momento caería. Los cuatro palidecieron.

Había recordado que si el artículo se rompía, Atem definitivamente moriría. Y a esa distancia del suelo, no cabía duda que así sería.

Anzu se puso rápidamente de pie, ignorando la sorpresa y réplicas de sus amigos para correr hacia el rompecabezas. Notó unas escaleras oxidadas que estaban al lado. Si lograba alcanzarlo…

— No lo hagas. — Ordenó el hechicero, preparando el cetro del milenio para atacar, pero los tres amigos de la castaña se interpusieron en su camino.

— ¡No tocarás a Anzu!

— ¡No lo harás incluso sobre nuestros cadáveres!

—…— Apretó los dientes. — Marik, Bakura.

Los dos aparecieron a espaldas del trío, pero cual fue la sorpresa de ambos cuando dos figuras adicionales se interpusieron para evitar que atacaran a los elegidos.

Así es, cierto par de cabellos negros y ojos rojos.

—… ¡Ren! ¡Aoi! ¿Cómo esposible…?

— ¡Gracias a Ra que reaccionamos! — Se rió suavemente la melliza.

— Te equivocas, Aoi. — Sonrió con determinación su hermano al bloquear el ataque de Bakura. — Gracias a Destino nos salvamos.

— ¡Así es!

La ojiazul miraba la escena mientras seguía subiendo, tropezó cuando el sofocante ardor de su pecho se hizo más fuerte y uno de los escalones se había roto por lo maltratado que estaba. Se trató de reincorporar, pero le era imposible. Al menos ya había logrado subir suficiente para alcanzar el artículo.

Sin embargo se paralizó cuando este había brillado en señal de que sus energías se habían extinguido. Sin más, este comenzó a caer, espantando a Anzu. Sin más preámbulos, se lanzó del borde para alcanzar el objeto.

— ¡Anzu!

— ¡¿Eres idiota?!

La castaña era consciente de la altura, era realmente alto, quizá no sobreviviría a la caída, porque había perdido demasiado sangre, pero…

Cerró los ojos, entregándose a la inconsciencia cuando logró alcanzar el objeto de oro y estrecharlo contra su pecho.

.

.

.

Silencio. Nadie podía hablar de la sorpresa, ni Anzu ni el rompecabezas habían caído.

La castaña se encontraba inconsciente sosteniendo el artículo, pero ella se encontraba en los brazos de una persona que hasta unos minutos atrás, lo habían dado por muerto. Este sonreía, con sus pantalones oscuros, unos accesorios en sus muñecas, con su camisa negra, ocultando la cicatriz que había descubierto antes de rescatar a su amada castaña. Una sonrisa confiada adornaba su rostro.

—… At…

— ¡Atem!

—…— Akira bajó lentamente el arma al fruncir el ceño.

El faraón dejó de sonreír, pero su mirada firme no había desaparecido cuando fijó sus ojos violetas en los rojos del poseído chico.

— Sabes muy bien que violaste una regla, pero seguiste.

—… Hay que tomar riesgos cuando uno quiere alcanzar su objetivo. — Contestó este al soltar el cetro del milenio, provocando que Marik y Bakura cayeran inconscientes al suelo. Honda le lanzó una mirada interrogatoria. — No se preocupen, sus personalidades oscuras volvieron al reino de las sombras, eso es todo. — Miró a Atem. — ¿Qué harás conmigo? — Sonrió con sorna. — También iré al reino de las sombras, ¿verdad?

—…— Suspiró cuando depositó suavemente a la castaña en el suelo. Sus amigos junto con los dos espíritus del rompecabezas corrieron a proteger a la castaña mientras caminaba hacia el hechicero. — No.

— ¿Qué? — Frunció el ceño asombrado. —… Pero… ¡¿Por qué?! ¡Yo…!

— Haz hecho suficiente. — Completó. — Hasta el punto de hacer sufrir a toda mi familia. ¿No crees que ya obtuviste lo que querías?

— No, ¡yo quería…!

— Lo sé. — Sonrió. — La querías a ella, pero yo no seré como mis ancestros, ni abuelos… Ni mi padre. — Cerró los ojos. — Quiero que tu alma sea liberada y descanses en paz.

—… No estoy de acuerdo…— Apretó los puños con violencia. — ¡Además, Destino también define el castigo con el futuro rey! ¡Pero ella…!

— Yo deseo… Lo mismo.

Ambos miraron a la castaña, que miraba la situación con los ojos llorosos, pero muy atenta a lo que hablaban.

—… Yo… Quiero lo mismo porque… Ya has sufrido lo suficiente…

—…— Akira miró el suelo. —… ¿Por qué…? Ustedes no son como ellos…

— Porque no queremos que sufras más. — Contestó simple el faraón.

—… Mmph. Vaya par de estúpidos e ingenuos. — Sonrió con tristeza. —… Aknamkanon y Atenea fueron igual de idiotas.

—… ¿Mis padres? — Abrió los ojos en suma sorpresa.

—… Así es. — Se rió con suavidad. — Pero los obligué a castigarme, porque los amenacé con matarte, tú ya estabas en el vientre de tu madre.

—…— Miró el suelo. —… Mi madre…-

— Es una mujer maravillosa, al igual que ella. — Dijo en tono más bajo, para que no escucharan los demás al señalar a la ojiazul que seguía mirando al faraón como si se negara a creer que estaba allí.

— Tú tampoco pareces ser tan malo, de lo contrario hubieras destruido a Ren y a Aoi. — Muy bien sabía que solo los tuvo a su disposición nuevamente, nunca se atrevió a destruirlos.

—…— Sonrió con tristeza. — Son como un par de hijos problemáticos que se rebelan contra su padre.

—… Ahora que lo mencionas, se parecen muchísimo a ti en tu verdadera forma.

El hombre frunció el ceño y notó que de verdad estaba en su real apariencia, pues el cuerpo de Akira colapsó en el suelo. Miró al faraón nuevamente.

— Muy bien, le prometí a mi madre que irías a descansar, y también pienso que es la mejor solución… Así que acepta esta "penitencia" del juego de las sombras, pues en cierto modo, "frustró" tus planes.

—… Mmph. Bien. — Su cuerpo comenzó a brillar mientras fijaba sus orbes carmesí en Atem y en Anzu. — Pasaste la prueba.

—…

— Eres digno.

Y con estas últimas palabras, un resplandor se expandió por el lugar, cegando la vista de todos.

.

.

.

—… ¿Eh?

Anzu miró alrededor.

¿Estaban…? ¿En una azotea? ¿De dónde? Miró nuevamente y concluyó que era del hospital. En el suelo yacían inconscientes sus amigos, junto con Bakura, Marik y Akira. Ella se incorporó levemente hasta quedar arrodillada, dándose cuenta de algo increíble.

Podía respirar.

No le dolía la herida…-

—… ¿Cómo…?

Su uniforme escolar estaba intacto, no había sangre, no estaba desarreglado, tampoco tenía las heridas que le había provocado Aoi…

Por cierto… ¿Dónde estaba ella y Ren?

— Volvieron al rompecabezas.

No se dio cuenta que alguien se había arrodillado en frente de ella para mirarla con una sonrisa, sorprendiéndola una vez más. Se paralizó temporalmente al encontrarse después de tanto tiempo con sus ojos violetas, pues la última vez que los vio, estos eran rojos, influenciados por el hechicero.

—… ¿Qué…?

— Todo terminó.

—… Pero… Tú estabas… Herido… Estabas a punto de…— Comprendía que con el juego de las sombras, el haber ganado, haya sanado sus heridas, pero Atem había perdido un juego… Eso no cambiaba el hecho de que…

— Sigo herido. — Admitió, pues sentía las vendas bajo su la prenda negra que las cubría. — Pero ha sanado un poco, estoy fuera de peligro.

Su sonrisa confiada se suavizó al ver los ojos zafiros de su castaña llenarse de lágrimas. Estaba seguro que ella quería saber si de verdad lo que ocurría era verdad. Aunque en cierto modo, Atem también deseaba con todo su ser que por favor…

Esta fuera su realidad… Su lugar… Al que debía pertenecer de ahora en adelante.

—… Cuando te vi, habías dejado de respirar… Tu corazón…-

Calló abruptamente cuando él la jaló, aún ambos arrodillados, contra él para estrecharla con fuerza, pero a la vez con extrema suavidad. Ninguno de los dos podía creerlo… De verdad podía tocarse, con sus propios cuerpos, y podían sentirse…

—… Anzu… Lo sientes, ¿verdad? ¿Lo escuchas? — Pausó para acariciar con una mano sus cabellos y con la otra su espalda para reconfortarla. — El sonido de la prueba de que estoy vivo.

La castaña, aun inmóvil, trató de averiguar a qué se refería con sus palabras, hasta que comprendió. Un leve zumbido, palpitación contra su pecho.

Un latido.

Su corazón latía.

Estaba vivo.

Dejó escapar libremente las lágrimas que había contenido para sonreír una vez más de alivio para corresponder su abrazo.

—… Sí… Lo oigo.

Continuará…

Un momento de silencio…

.

.

.

WAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH! *Limpiándose las lágrimas claramente falsas*

La escena, según yo, más conmovedora de la historia! Espero que ya hayan aclarado sus dudas y hayan obtenido paz en sus corazones de que todo acabó, aunque aún faltan atar cabos, como por ejemplo que Jonouchi se reconcilie con Mai muajajá!

No podré actualizar hasta final de año, yo creo.. Aunque haré lo posible para hacerlo antes!

¿Les gustó? A mí me gustó que Atem se haya conmovido el estar con su madre… Wah! Ok, necesitaba hacerlo! No pude evitarlo!

MUY BIEN! RECUERDEN TAMBIÉN EL SECRETO QUE TENGO GUARDADO! MÁS VALE QUE PARTICIPEN! MUCHA SUERTE!

FIGHTING PARA TODOS!

Rossana's Mind cambio y fuera!

Reviews?