28. Música

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Como solo sus amigos podían lograrlo, nuevamente Anna entraba a su habitación hecha una furia, si cualquiera la viera en un estado tan monstruoso sería motivo correr al siguiente continente y no volver hasta saber por las noticias que el peligroso volcán Kyoyama regresaba a la normalidad. Una normalidad aun asi nada segura, pero a niveles aceptables para la supervivencia de cualquier shaman.

Él solo la miró sin dejar de concentrarse en el ritmo que lo tenía meciéndose de un lado a otro en su sitio sobre el suelo. Le sonrió incitándola a que lo acompañara.

Ella gruñó, exigiendo que despidiera a sus amigos de la posada, pero dirigiéndose al ficticio lugar frente a Yoh. Nuevamente gruñó, exigiéndose mentalmente el no seguir cediendo tan fácilmente a una sonrisa tan ordinaria como esa.

– Ellos son tan… – le cubrió la boca con su dedo índice, luego con ambas manos se quitó sus audífonos naranja, depositándolos en la cabeza de su prometida, cubriendo sus oídos.

Sus ojos se cruzaron, manteniendo el contacto mientras el enfado se iba esfumando.

Anna se fue envolviendo con la música, olvidando las razones que la tenían ahí en ese instante. Cerrando los ojos solo estaba la música y ella.

De todos era sabido que lo único que podía calmar a Ana Kyoyama no era otra persona más que Yoh Asakura.

Claro que con un poco de ayuda.

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Fin