¡Hola, chicuelos! Bueno, nada, nuevo capítulo de Querido diario. Se preguntarán cómo paso de subir cada veinte días a subir uno detrás del otro. Bueno, respuesta: Invierno. En Argentina hay una ola de frío y vientos de 120km por hora así que estoy confinada a mi hermoso hogar y, nada, tengo más tiempo libre que de costumbre por lo que quise aprovechar para escribir y escribir y escribir ya que ni yo ni mi hija vamos al colegio con estos tiempos.

En fin, nada. Vamos al capítulo de hoy y espero que no me odien por la calidad. Hago lo que puedo y lo hago para ustedes. Y bueh, a las formalidades :)

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría (y parece que muchos lo olvidan).

Summary (del capítulo veintisiete): Ambos eran guerreros caídos y lo único que necesitaban para levantarse era el uno al otro.

Dedicatoria: A Tania Ibarra, una divinura que me dejó un muy bonito review que me levantó por completo el ánimo. A bloomerflaur, quien me dejó un review para mejorar, pero con el mayor de los respetos y a Nat-Marie, que viene dejándome mensajes desde el primer capítulo y son uno más lindo que el otro.

Un saludo enorme a Kein Sylvan, que sigue su lucha incesante contra el plagio y quien me ayudó mucho con ese tema (para más información, visite el capítulo famiglia (?) )

Y a todos en general, gracias por leer, chicos, no saben lo importantes que son. Los adoro, mis amorcitos.

Bueno, ahora sí, el capítulo de hoy.


Querido diario.

By: Belencitah.

~Capítulo veintisiete: Guerrero y guerrera.~

—Así que una comunidad desquiciada, ¿eh? —dijo Glenn desde detrás de ambas hermanas, quienes caminaban al frente. Él era el que estaba alerta ante cualquier sonido, quería dejar a Maggie y Beth descansar y hablar, contarse lo que no pudieron en semanas. Ponerse al día la una con la otra.

Beth asintió con la cabeza sin querer decir más. Le había contado a su hermana, mientras caminaban tomadas de la mano hacia la fábrica, la historia de qué había sucedido desde que desapareció del autobús hasta su escape del padre Gabriel. Le dolió contar aquello, le traía malos recuerdos, sobre todo hablar de cómo Frank había ayudado a su escape y había pagado con su vida. Una punzada de dolor se acopló a su corazón.

—Las comunidades desquiciadas abundan hoy en día, al parecer —dijo Maggie negando con la cabeza.

—¿Cómo? —preguntó Beth. Llevaban caminando veinte minutos en los que no había parado de contar la historia de su escape; solo hablaron de ella. Lo único que Maggie le había contado en ese tiempo de ellos era que habitaban en una fábrica abandonada y poco más. Tampoco le había dicho quiénes habían sobrevivido o si ellos eran los únicos. Beth no se había esforzado en preguntar, tampoco, ella tenía miedo de la respuesta.

—¿No has visto carteles en la carretera de un lugar llamado "Términus"? —interrumpió Maggie.

—No llegué a ninguna carretera. Viví en el bosque y pensaba hallar una hoy —dijo encogiéndose de hombros— ¿Qué es "Términus"?

—Es una comunidad, o eso decían los carteles. Nos encerraron como ratas —contestó Glenn detrás de las hermanas, con rencor palpable en su voz—. Si Carol y Tyresee no hubieran llegado, no sé-

—¿Carol y Tyresee? ¿Están vivos? —gritó Beth de pronto y se maldijo por ello. No era buen momento para llamar la atención de caminantes errantes.

—Oh, sí. No somos los únicos, cariño. ¡Estamos todos juntos, nos refugiamos en la fábrica! —le respondió Maggie en un tono feliz, de esos que hacía rato no escuchaba provenir de ella.

—¿Todos… —demasiada información por un día para la joven Greene. ¿A qué se refería con "todos"? ¿Judith, Daryl? No quería preguntar. Temía la respuesta pero de todas formas, y según había anunciado Glenn, llegarían a la fábrica en unos momentos y prefería saber qué caras vería y qué caras no— ¿Quiénes son "Todos"?

—¡La mayoría de nuestros amigos! —la felicidad de Maggie era increíble para venir de ella— Rick, Carl, Michonne, Carol, Tyresee, Judith, Daryl, y hay nuev-

Maggie dejó de hablar al ver como su hermanita paraba en seco de caminar. Su vista estaba en un punto frente a ella, perdida.

¿Daryl vivía? ¿Estaba en la fábrica? ¿Cómo había llegado? ¿La habría buscado? Muchas preguntas pasaron por su cabeza y no encontró respuesta a ninguna. La última vez que había visto a su compañero había sido en aquella casa y, de pronto, la oscuridad. Saber que estaba bien, sano y salvo, fue algo revelador. Como también lo fue saber que su pequeña niña estaba a salvo. Había extrañado con locura a esa pequeña.

—Están… ¿Cómo están todos? —fue lo único que atinó a decir mientras volvía a caminar. No era momento para debilidades, lo había aprendido a las malas y jamás lo olvidaría. No era sensato ponerse a llorar en medio de un bosque al anochecer, por lo que se tragó sus lágrimas como una guerrera.

Maggie volvió a caminar con ella, aunque no dejó de mirar a su hermana con asombro. La rubia caminaba, de hecho, le habló, pero parecía ausente. Caminaba mirando hacia delante con la vista perdida en algún lado.

Y la mayor de las Greene no era tonta. Miró a su esposo, quien caminaba detrás, y le hizo un gesto interrogante, a lo que Glenn se encogió de hombros. Algo había pasado entre Daryl y su hermanita. El menor de los Dixon había vuelto a ellos como una sombra de sí, no era más aquél guerrero fuerte y sin sentimientos, más bien parecía un cachorrito perdido en una fuerte tormenta. Y, ahora, al nombrar al hombre frente a su hermana, ésta se convertía en un fantasma de sí misma. ¿Qué había pasado? No sabía, pero sí estaba segura de que aquellos dos se habían entendido muy bien y no estaba segura de qué pensar al respecto. De todos modos, aquél no era el momento ni el lugar de entrometerse en la vida de su amada hermanita.

Shockeados, supongo, fue duro y perdimos seres queridos —susurró al recordar lo que Carol y Tyresee, con mucha aflicción, le habían contado a ella y al resto del grupo sobre Mika y Lizzie. De todas formas Maggie sabía quién era la preocupación de su hermana— Daryl te buscó por cielo y tierra, pero ese hombre se rinde fácil. Ha estado tirado en un colchón sin hacer nada desde que encontramos la fábrica.

Notó a su hermana tensarse mientras caminaba. Dejó de mirar hacia delante para observar a Maggie. Sus ojos estaban vidriosos, como a punto de llorar, pero no lo hizo. No se permitiría eso. Lo único que quería era llegar a la fábrica y abrazar a Daryl con todas sus fuerzas. Nada más le importaba en ese momento.

—Debemos apresurarnos, está oscureciendo muy rápido —fue todo lo que Beth dijo. Volvió su vista hacia delante y apresuró el paso.

Maggie miró hacia atrás, a su marido, quien observaba a Beth interrogante. Él también se había dado cuenta de que algo pasaba entre ellos.

—Tienes razón —respondió la mayor de las Greene a su hermana, mientras se apresuraba con ella seguida de Glenn, siempre alerta.

Solo bastó caminar unos minutos más para llegar a la fábrica. Por fuera parecía un lugar oscuro, típico escenario de película de terror, pero Beth estaba emocionada por reencontrarse con sus amigos. Había estado a punto de llorar hacía minutos pero se dio fuerza mentalmente y en esos momentos estaba más que eufórica. Necesitaba con todas sus fuerzas verlos, abrazarlos, ver a su pequeña niña, abrazar a Daryl con toda su fuerza hasta estrangularlo y pedirle que jamás, jamás se vuelva a ir así.

Maggie observaba a Glenn sonriendo, su felicidad era enorme. Después de tanto dolor, haber encontrado a su hermana había sido un halo de esperanza en un mundo devastado.

Por su parte, Beth se adelantaba a grandes zancadas hacia el enorme portón negro de la fábrica. Tocó dos veces y una pequeña ventanita se abrió del mismo.

—¿Beth? —aquella voz. Beth la reconoció con la de Carl, quien la miraba con los ojos abiertos como platos. Luego observó a Maggie y Glenn, quienes llegaban más atrás con una gran sonrisa.


¿Y? ¿Muy feo? No tanto, che. Bueno, espero que les haya gustado un poquito al menos. Saben que no tengo tiempo de nada y, aunque no esté saliendo de casa por el temporal que hay, sigo siendo madre, sigo teniendo que preparar materias para la secundaria, sigo teniendo que hacer tareas con mi hija, sigo teniendo que limpiar, lavar, planchar... En fin, sigo siendo yo y sigo estando atareada. No es excusa pero sí es, así que perdonen la calidad :3

Los adoro, chicos, un beso.

Bel~