CAPÍTULO 28

Para Bien o Para Mal.


"He decidido apostar por el amor.

El odio es una carga demasiado pesada."

Martin Luther King, Jr.


1.

La hora de la comida pasó sin problemas, con el habitual escándalo que hacía meses no había en el Merry. Luffy y Usopp peleaban por la comida, Chopper y Nami charlaban con total tranquilidad, Robin leía entre bocado y bocado y Sanji sorbía su vino mientras torcía el gesto y volteaba los ojos fastidiado al ver como Capitán y primer oficial tomaban comida del plato del otro sin decir una palabra al respecto. Esa relación entre ellos le crispaba los nervios, si no fuera porque sabía que el peliverde estaba con otra persona podría asegurar que ellos tenían un amorío.

Respiró hondo y se terminó su porción para salir sin decir una palabra, se recargó en la barandilla y observó la proa del barco y en el horizonte como una isla se hacía cada segundo más grande frente a él. Era un lugar que se veía precioso, con enormes montañas, grandes y frondosos bosques un puerto lleno de gente y barcos de todo tipo que entraban y salían sin ningún problema.

« Un lugar de ensueño. »

Tal vez era un lugar en el que descansaban piratas y refugiados, donde cualquiera podía detenerse sin problemas a hacer compras, tratos, o lo que sea... pero era un sitio que ya odiaba de antemano.

Zoro era todo para él, pero había sido demasiado idiota para aceptarlo desde el principio. Era demasiado "hetero" como para reconocer que alguien de su mismo sexo despertaba en él cualquier clase de sentimiento que fuera más allá del compañerismo y la fraternidad. Suspiró con pesar. Aquello era lo que siempre había creído, lo que usaba para justificarse y posiblemente la razón por la cual siempre estaba echándole bronca al del cabello verde. Sin embargo, eso ya no importaba más porque había perdido, aunque quisiera mostrarse fuerte ante el espadachín, aunque quisiera mostrar un poco de dignidad, aunque tratara de aparentar que no le dolía...

Ver a Zoro llegar sin la camisa que le había prestado le dejaba claro lo mucho que le repudiaba, le dejaba claro que prefería lucir como un vagabundo antes de ponerse nada que fuera de él. Eso no le sentó muy bien. Recordaba que cuando el espadachín retorno al Merry llevaba ropa que no era suya... seguramente habían sido prendas del shishibukai. En aquella ocasión había andado cómodamente con aquel atuendo poco común en él, levantando suspicacias ante sus nakama, sin preocuparse por nada. El lazo entre los espadachines era cada vez más evidente para él, al punto que comprendía que lo último que Zoro quería era pensar en él, intuía que quería estar con Mihawk en mente, alma y...

Agachó la cara afligido. « Lo habrán hecho ya... »

— ¿Todo bien, Sanji?

El rubio se limitó a asentir con la cabeza. Suspiró pesadamente y se inclinó aún más, de manera que recostó la cabeza sobre sus manos. « Zoro se va a acostar con él. » Resultaba imposible no notar toda la aflicción que emanaba de él, como si un aura gris lo envolviera.

— Le he ordenado lavar los platos — le informó recargándose junto a él y colocándole una mano sobre él hombro —, deberías aprovechar para que charlen.

— Ya lo hemos hecho — se quejó pesaroso, la verdad ese no era el momento más oportuno para discutir con alguien sobre sus sentimientos hacia el peliverde, en ese momento se estaba dando cuenta de lo que el desembarco significaba, y no era una idea agradable —, y no resulto.

— Hazlo de nuevo — insistió ella con optimismo.

— No — suspiró despacio y se incorporó. Zoro tenía razón, amar dolía mucho —. No tengo nada más que decirle.

La pelirroja le dio un ligero golpe en la cabeza, fue bastante suave, pero logró que el rubio se girara a mirarla —. Pues sigue insistiendo.

— Le prometí que no lo haría — espetó él, mirándola y sonriéndole con pesar, después de todo era cierto, Zoro le pidió que desistiera y le había dicho que lo haría. No tenía derecho a estropearle la felicidad —. Prometí que lo dejaría tranquilo.

— ¿Aunque te duela?

— Si él es feliz, Nami... — sonrió con resignación volviendo la vista a la isla frente a ellos —, lo que yo sienta no tiene importancia.

2.

— ¿Ya no le quieres?

Zoro se giró a mirar a Luffy, que estaba sentado en la mesa con las piernas entrelazadas meciéndose de un lado a otro con ojos interrogantes.

— ¿A quién? — cuestionó el espadachín sin dejar la faena. Quería acabar aquello rápido para poder abandonar aquella cocina, aun le sofocaba estar ahí mucho tiempo.

— A Sanji — respondió con un tono de obviedad que hizo a su primer oficial girarse a míralo y ruborizarse ofuscado.

— ¿De dónde has sacado eso? — apartó la vista de él, temiendo que lo delatara el rubor de sus mejillas. El hecho de confiar plenamente en su capitán no significaba que debiera decirle lo que pasaba entre el cocinero y él. Luffy tenía un concepto muy arraigado sobre el amor y las relaciones de pareja, un concepto muy infantil e idealizado de lo que debía ser el verdadero amor... él no era quien para destruirlo.

— De cómo lo mirabas y siempre estabas al pendiente de él — respondió con total naturalidad, sin percatarse de los escandalizados ojos negros que se habían clavado en él —, ahora lo único que haces es tratar de evadirlo.

— Luffy... — El espadachín negó con la cabeza incrédulo —, ¿cómo es que...?

— Te conozco mejor que nadie, Zoro — sonrió y bajó de un salto de la mesa quedando parado junto a su amigo y dándole algunas palmadas en el hombro —, sé cuándo algo es importante para ti y de qué manera — entonces ensanchó la sonrisa con tranquilidad —, así como tú sabes lo que me importa a mí y de qué manera.

— ¿Lo dices por Ace?

El joven capitán asintió insistentemente con la cabeza.

— ¿Te diste cuenta, antes incluso, de que yo mismo lo aceptara?

— Pero es que tú eres tan evidente siempre — le picó con algo de burla —. La manera en que te comportabas cuando estaba él — sonrió al ver a su amigo ruborizarse —. Si normalmente eres exagerado, con Ace presente estas fuera de control — Luffy le sacó la lengua de manera infantil, se dio la vuelta y se cruzó de brazos en pose de indignación —. Vamos Luffy — ahora era él quien le daba palmadas en el hombro, tenía una sonrisa relajada y divertida, hacía tiempo que no tenía una charla tranquila con él, así que la estaba disfrutando —, sabes que estoy jugando.

— La próxima vez que lo vea se lo diré — anuncio con decisión y el peliverde asintió sin desaparecer la sonrisa de su cara, cuando Luffy anunciaba que haría algo era seguro que lo haría, sin preocuparse nunca de las consecuencias.

— Espero que las cosas resulten.

— ¿Y las cosas entre Sanji y tú? — insistió para el pesar del espadachín, puesto que había esperado que el joven capitán se hubiese olvidado de lo que había iniciado aquella charla.

— No tienen remedio.

— ¿Por qué?

— Él nunca ha sentido por mí, nada de eso — respondió con cierta aflicción en su voz, a pesar que era algo que tenía por demás claro a algún rincón de su mente le seguía causando dolor.

— ¿Ah, no?

— No Luffy — suspiró frustrado, necesitaba que su capitán entendiera que nada volvería a ser como antes.

— Pero a mí me dijo lo contrario.

Zoro abrió los ojos, incrédulo. Parpadeó un par de veces mirando a su amigo, quien con expresión pensativa trataba de entender lo que pasaba entre el rubio y él. Su corazón había comenzado a latir con fuerza, lo escuchaba retumbar en sus oídos mientras un sin número de ideas pasaban por su cabeza, ideas tanto negativas como positivas, ideas que no hacían más que confundirlo otro poco y dejarlo desconcertado.

« Por qué le diría a Luffy algo así. » Se mordió el labio apunto de preguntar exactamente que había comentado el cocinero. « Si todo es un juego para él, ¿por qué? »

— ¡TODOS A CUBIERTA! — La voz de la pelirroja los hizo mirar la puerta — ¡VAMOS A DESEMBARCAR!

Y los dos chicos salieron a prisa sin terminar la conversación.

3.

Cada uno de los miembros de su tripulación se encontraba en una posición ordenada por la navegante para desembarcar.

— ¡Bien chicos! — Exclamó la navegante con entusiasmo —. ¡A trabajar!

Dicho eso todos comenzaron a hacer lo que se les indico, rápidamente. Lograron llegar con al menos tres horas de anticipación a la caída de la noche, así que podrían hacer las compras y buscar un lugar para pasar la noche, o las noches necesarias para que se cargara el log.

— ¡Genial! — Gritó el capitán en cuanto arribaron en la isla.

El lugar estaba llenó de bodegas, alrededor de todo el puerto había una gran cantidad de barcos enormes, piratas, comerciantes, algunos marines; parecía que todos se llevaban bien. Hacían negocios con unos y otros sin miramientos, sin preocuparse del emblema que llevaran en el barco.

— Pero qué lugar más extraño — exclamó el tirador observando a todos.

— Esta isla también es conocida como la isla "Tortuga"— explicó Robin mientras observaba el ir y venir de los transeúntes —, ya que es la forma que tiene y algunos cartógrafos creen que cambia de lugar constantemente.

— ¡Genial! — El capitán estaba cada vez más entusiasmado —. ¿Entonces la isla es una enorme tortuga? — inquirió mientras se le hacía agua la boca.

Usopp le dio un leve golpe en la cabeza —. Ella no dijo eso.

La arqueóloga sonrió —. Es una isla fuera de los límites de la marina a la que sólo se puede llegar con un "eternal pose".

— Bueno — sonrió la pelirroja —, al menos no correremos el riesgo de que alguien nos persiga.

— Eso es verdad — suspiró aliviado el tirador —. ¡Vamos a ver que podemos comprar! — sugirió al renito con entusiasmo.

El pequeño asintió levantando una pezuña.

Sanji miró todo el lugar buscando al hombre con quien Zoro iba a encontrarse, temiendo que se presentara ahí, delante de todos y se llevara al espadachín con total naturalidad, temiendo volver a oírlo hablarle con tanta devoción y familiaridad, y temiendo aún más ver como este le devolvía la misma mirada. Luego miró a Zoro, quien también rebuscaba entre la multitud, ansioso, nervioso y con un extraño brillo de emoción que lo obligó a dejar de mirarle. Era doloroso ver a la persona amada entusiasmada con la idea de encontrarse a alguien más, de estar con alguien más, de amar e intentar ser feliz con alguien más... pero de cierto modo le alegraba saber que estaba más tranquilo y que poco a poco comenzaba ser otra vez él mismo de siempre.

Chopper solía decir que no le costaría trabajo recuperarse físicamente, sin embargo incluso él entendía que había otro tipo de heridas que tal vez nunca llegarían a sanar completamente. Sin embargo, ver que se esforzaba en recuperarse y en seguir adelante le sentaba bien, aunque se fuera con alguien más, aunque quisiera estar entre los brazos de otro...

Sanji siempre le estaría agradecido a Mihawk por haber ayudado tanto a que Zoro se recuperara, por haberlo salvado y cuidado en los peores momentos. Las cosas en el Merry Go habían sido demasiado difíciles cuando el espadachín había vuelto, pero no era capaz de imaginar que tan mal habría estado todo si hubiese vuelto de inmediato, si ellos hubieran tenido que lidiar con todo el dolor y los traumas que seguramente había pasado los primeros días de recuperación. Estaba seguro que él mismo no hubiera sido el indicado para ayudarlo, no era capaz de ayudarse a sí mismo, de lidiar con sus propias pesadillas, con sus propios miedos, traumas y frustraciones, seguramente intentar ayudar a Zoro hubiera resultado contraproducente.

Era duro observar como anhelaba encontrarse con otro, pero saber que siempre iba a esperar que algún día las cosas entre ellos dos acabaran... cada día se convencía más de que era sólo un hijo de puta que no merecía la menor consideración. Era un maldito egoísta que sólo estaba esperando la menor oportunidad para volver a intentarlo con Zoro. Esperaba que la distancia lo doblegara, esperaba que el tiempo lo hiciera aceptarlo de nuevo, esperaba que un momento vulnerable lo devolviera a sus brazos... pero, a quién quería engañar... Sabía muy bien que el peliverde no iba a traicionarlo nunca, jamás faltaría a su palabra, jamás rompería sus promesas, jamás agraviaría su honor.

— ¿... no hay problema con eso Sanji?

El rubio miró confundido a la chica, aparentemente había estado hablando con él sobre algo, pero en su ensimismamiento no la había estado escuchando.

— ¡Oh, Nami! — Se abalanzó hacia ella con exageración —, por favor discúlpame por no ponerte la atención que te mereces, mi doncella de cabellos de fuego.

La navegante frunció el ceño al ver que las reacciones de Sanji, lejos de disminuir, le parecían cada día más dramatizadas —. Le decía a Zoro que no tienes problema en que te acompañe por las compras antes de que anochezca — le informó la pelirroja, observando como el rubio posaba su mirada compungida en el peliverde, esperando nervioso lo que este fuera a decir.

— Yo no he dicho que quiera acompañarle — se quejó Zoro, desviando la mirada de ellos y cruzándose de brazos.

Nami observó cómo los ojos del rubio se entristecían y luego se agachaba ocultándolos con el flequillo para acabar alzando la vista con una sonrisa mal dibujada en los labios y tratando de aparentar despreocupación —. No tienes que hacerlo, marimo — anunció esperando que el peliverde se retractara.

— Lo vez — le señaló a la navegante.

— Pero...

— Seguro que Zoro tiene otras cosas que hacer — la interrumpió Sanji antes de que obligara al espadachín a acompañarlo.

El aludido se ruborizo, vio con rencor al rubio y desvió el rostro tratando de disimular.

— ¿Otras cosas? — Luffy se hizo presente en la charla colocándose en medio de todos y mirando a sus amigos de uno a otro, para terminar con la vista puesta en su primer oficial mientras exigía una respuesta con la mirada.

El peliverde balbuceo —. Bueno, yo…

— ¿Roronoa Zoro?

Todos volvieron la vista, especialmente el espadachín, topándose con la sonriente expresión de un crio de no más de quince años mirándole exclusivamente.

— ¿Dime? — más que una respuesta, eso había sido una orden.

— Sabía que era usted — sonrió más ampliamente el crio — un hombre con tres katana y una faja verde — recitó señalando cada objeto al nombrarlo —. No fue difícil encontrarlo.

Zoro frunció el ceño impaciente y dejó escapar un gruñido.

— Oh, perdone — se disculpó cortésmente el chico al darse cuenta que se había pasado con la explicación —. Me han pedido que le entregue esto — informó al inclinarse, extendiéndole un papel.

— ¿Te lo pidieron? — interrogó el escéptico espadachín, y cuando el chico asintió tomó el papel para luego observarlo irse lejos de ahí sin decir nada más, pero visiblemente alegre.

— ¿Qué es eso? — preguntó Luffy parándose junto a él y observando el papel que acababan de darle.

— Si, ¿Qué es? — Usopp y Chopper también se acercaron a curiosear.

En menos de lo que esperaba todos sus nakama estaban encima suyo observando como desdoblaba el papel. Estuvo tentado a exigirles que se apartaran y se ocuparan de sus asuntos, pero estaba tan curioso como ellos que no les prestó mucha atención. Al ver lo que decía un intenso color carmín subió a todo su rostro y todos sus nakama se separaron sorprendidos mirándolo con curiosidad y sin disimular su sorpresa.

— Vaya... — exclamó Robin con una enigmática sonrisa —, eso explica como sabias de la isla.

La cara del espadachín se puso todavía más roja, miró con recelo a la mujer, maldiciéndose por no haberles exigido que se apartaran como pensó en primera estancia.

— ¿Vas a tener una cita? — Usopp hizo aquella pregunta con un acento divertido, le costaba trabajo imaginarlo en una cita, y eso inevitablemente le hacía gracia. Zoro le dedicó una mirada fulminante que lo hizo retroceder aterrado y cubrirse la boca, para luego murmurar que el clima de la isla le estaba haciendo daño y que seguramente contraería una enfermedad mortal… o algo así. Al único que eso pareció preocuparle fue a Chopper.

Luffy estaba mirando a su amigo con curiosidad, Zoro siempre le decía todo y le parecía muy extraño que no le comentara que ya tenía a alguien especial y que por eso había dejado de querer a Sanji, luego miró al rubio con pesar al darse cuenta que debía ser muy duro para él enterarse de eso —. ¿Por qué no buscamos donde ir a comer? — sugirió animadamente.

Nami negó con la cabeza y puso los ojos en blanco —. Lo único en lo que siempre piensas es en comida — le acusó con un ligero aire de reproche.

— Eso no es cierto — el capitán infló los mofletes en un berrinche infantil.

— De cualquier modo, señorita navegante — intervino la calmada morena —, es menester prepararse para la noche.

La aludida suspiró —. Supongo que tienes razón.

— Además no hay suficiente comida en el Merry — les recordó el capitán con una pose de seriedad poco común en él —. Debemos buscar un buen restaurante.

Nami cerró el puño mientras un aura furibunda la envolvía —. ¡Y quién se supone que es el culpable de eso!

— No sé de qué hablas — farfulló el chico de goma mientras hurgaba su nariz.

Un fuerte estruendo detuvo toda la actividad en el muelle.

Usopp y Chopper se ocultaron detrás de unas enormes cajas mientras el atrevido y golpeado capitán se disculpaba con la navegante. La chica finalmente suspiró resignada. No había remedio.

— Bien, busquen un buen restaurante — dijo, dándoles luz verde. Sus aterrados nakama salieron para ir a buscar un buen lugar junto al capitán, quien ya se encontraba como si no lo hubieran golpeado nunca —, pero no quiero que sea costoso — sentenció, asustándolos de nuevo. Los tres salieron corriendo antes de que la chica cambiara de opinión.

Robin rió —. Es probable que el capitán se pierda el resto de la tarde.

— ¡Maldición! — renegó la más joven —. No fijamos un punto de reunión — Estaba a punto de gritarles que se detuvieran, sin embargo su atención se centró de nuevo en el cocinero, quien de manera sombría había comenzado a subir al barco sin decir una palabra. Seguramente él sabía quién le había mandado aquella nota a Zoro, y no le había sentado muy bien haberla leído.

— Zoro...

Él la miró con el ceño fruncido esperando algún otro comentario mal intencionado por su parte, pero la pelirroja parecía preocupada.

— ¿Podrías hablar con Sanji antes de irte?

— ¿Qué?

— Se ve deprimido y me preocupa.

— Entonces habla tú con él.

— ¿Quieres que te recuerde la deuda que tienes conmigo?

El peliverde se rascó la nuca frustrado, si no terminaba de pagar aquella deuda esa usurera dirigiría su vida para siempre. Luego se dirigió al barco mascullando maldiciones en contra de la navegante.

— ¿Crees que sea buena idea presionarlos?

— Conociéndolos, no creo que hablaran si no los obligamos — le comentó con pesadez.

— Tal vez no — asintió la arqueóloga, consciente de lo testarudos que podían llegar a ser esos dos —, pero a veces es mejor dejar al rio tomar su curso solo.

Nami suspiró. Sabía bien que esos dos eran unos "cabeza dura", pero esperaba que las cosas resultaran bien. Al final si decidían no estar juntos esperaba que al menos pudieran llevarse como antes.

— Vamos señorita navegante — le sonrió Robin —, alcancemos al capitán.

4.

El primer lugar donde lo busco fue la cocina, y recorrió el barco un par de veces antes de dar con él en el camarote. Estaba acostado en el sofá dándole la espalda a la puerta.

— ¿Qué te pasa? — preguntó más bruscamente de lo que hubiera querido.

Sanji se dio la vuelta hacia él y se sentó sin tener contacto visual directo —. ¿Tengo que decirlo?

Zoro soltó un bufido. Esa actitud de cachorro herido estaba comenzando a fastidiarlo. Se encaminó hasta el sofá, sentándose junto al cocinero mientras se masajeaba el cuello —. Escucha — trató de ser condescendiente, pero su tono era demasiado rudo —, lo que sea que hubo entre nosotros ya...

— Lo sé — le interrumpió al tiempo que apoyaba sus brazos en sus piernas y juntaba sus manos, clavando la vista en ellas —. Ya lo hemos hablado — concluyó con extraño tono de burla.

El moreno suspiró. Quería entender al cocinero, saber porque le costaba tanto trabajo seguir adelante, especialmente porque se suponía que para alguien que no sentía nada debería ser más sencillo desprenderse de un capricho. Quizá necesitaba estar solo y pensar las cosas con calma —. Bien — palmeó sus propias piernas para apoyarse y ponerse de pie —, entonces será mejor que me vaya — pero antes de levantarse la mano del rubio lo sujeto de la muñeca, haciéndolo mirarle.

— Sabes, Zoro — el corazón del aludido se disparó. No le gustaba para nada la mirada que el cocinero le dedicó —, quizás ese sea el problema.

Algo dentro de su cabeza le decía que debía liberarse de aquellas manos, pero estaba paralizado —. ¿Qué...? — comenzó a balbucear sin ser capaz de terminar una sola frase.

— Hablamos demasiado — explicó Sanji con una voz tan sensual que al peliverde se le erizaron todos los vellos del cuerpo.

El cocinero lo jaló de regreso al sofá, obligándolo a acostarse. Colocó ambas manos a los costados de la cabeza del moreno al tiempo que se inclinaba lentamente hacia él, notando como la respiración del peliverde se volvía más entrecortada por cada milímetro que se aproximaba a él.

Lo besó.

Fue un beso suave, leve, apenas un rose insignificante que duró sólo un santiamén. Sanji se separó lentamente, prolongando el contacto, llenándose del varonil aroma de su nakama, disfrutando de aquel instante de arrebato y locura que había tenido, consciente de que quizá había sido una enorme estupidez, pero qué importaba ya. Necesitaba sentirlo al menos un momento más.

Zoro no había anticipado algo así. En ningún momento cruzo por su mente que el cocinero tuviera aquel atrevimiento y descaro. Jamás le pasó por la mente que volvería a sentir aquellos labios contra los suyos, quemándole... Todos los vellos de su cuerpo se erizaron, y por un segundo, uno sólo, deseo prolongar aquel contacto, perseguir aquellos labios, explorar aquella boca... pero el recuerdo de unos profundos ojos amarillos lo detuvo. Su corazón palpitaba tan rápido que le dolía.

El cocinero había cerrado los ojos, disfrutando aquel rose, deseando más y haciendo un esfuerzo sobrehumano por no prolongarlo innecesariamente. Se moría por besarlo una y mil veces, por tenerlo en cuerpo y alma, por estar sólo con él para siempre, pero ya había sido demasiado atrevido besarlo de aquella manera, sorpresivamente, sin su consentimiento... sabía que seguramente había hecho una estupidez, pero lo deseaba tanto... « Soy un bastardo. »

Suspiró mientras abría los ojos lentamente, separándose con lentitud, encontrándose con una mirada llena de confusión. Se mordió los labios mientras se preguntaba que podía decir para excusar su conducta...

— Te amo — susurró —. Eres el hombre más atractivo que he visto jamás — le dijo regalándole una sonrisa devota mientras acariciaba su mejilla con cuatro de sus dedos, mientras que con el quinto acariciaba los labios recién besados, recorriendo su contorno con suavidad.

Zoro se estremeció. Era difícil definir que provocaba aquella reacción en su cuerpo, de lo único que estaba seguro era de que quería que parase.

Sanji tomó el rostro del espadachín entre las manos para besarlo, pero cuando sus labios estuvieron a punto de tocarse el peliverde se giró, impidiéndolo. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos evitaban el contacto visual, posiblemente avergonzados. El rubio besó su mejilla antes de soltar su rostro.

— Te amo — le susurró una vez más, con voz sensual muy cerca de su oído —, y te deseo más de lo que jamás he deseado a nadie en mi vida — Zoro lo miró con una expresión indescifrable que el cocinero prefirió interpretar como sorpresa.

El espadachín tragó saliva entre escéptico y asustado. Una voz en su cabeza le gritaba que saliera de ahí cuanto antes.

A esas alturas el cocinero ya se encontraba sobre él, con ambas piernas a los lados, al igual que sus brazos, en una posición a gatas para no dejar caer su peso en el moreno.

— Mírame a los ojos y dime que ya no me deseas — le suplicó con la voz más sensual que pudo —, y te prometo que nunca más volveré a acercarme a ti.

« ¿Ya no lo deseo? » Se preguntó mentalmente sin apartar los ojos del rubio, contemplando la mirada de incertidumbre y desasosiego que le estaba dedicando. Sólo tenía que decir que no y toda aquella tortura terminaría. Sólo tenía que ser firme y acabaría con aquellos estresantes episodios para siempre... pero, ¿en verdad ya no lo deseaba? Aquella pregunta hacía eco en su cabeza mientras se le hacía un hueco sofocante en el pecho y los labios le palpitaban. « ¿Ya no lo deseo? » Se volvió a preguntar mientras una fuerza extraña le aplastaba el corazón.

— Sanji... — mordió sus labios mientras tomaba valor en un gesto que al rubio se le antojo excitante.

— ¿Si?

— Aún te deseo.

Al contrario de lo que el cocinero pensó, aquella declaración no lo hizo feliz.

Se apartaron el uno del otro quedando sentados en el sillón frente a frente. Su corazón se había estrujado, haciéndole doler todo el interior mientras una sensación de desesperanza recorría todo su cuerpo provocándole pesar. Sentía a su corazón latir deprisa, como si quisiera escapar, mientras los latidos le retumbaban en los oídos. Zoro le había dicho lo que quería oír, pero no de la manera en la que esperaba oírlo. Verlo tan compungido al hacer aquella declaración le estaba rompiendo el corazón. ¿Cómo se sentiría en aquel momento? Seguramente cientos de malos recuerdos lo estaban atormentando, y él era el único responsable. « Soy un bastardo. » Se dijo con aflicción. « Lo único que hago es causarle dolor. »

— ¿Pero...? — inquirió, esforzándose para que no se le quebrara la voz.

— Esto no puede ser — sentenció, desviando la mirada. Se sentía tan despreciable por tener aquellos sentimientos hacia el rubio, por engañar a Mihawk de aquel modo tan vil sólo para sentirse bien.

— ¿Por qué...? — Cuestionó con voz ahogada —, ¿por qué está mal si nos correspondemos? — Se sentía incapaz de aceptar la derrota total —, ¿por qué está mal si ambos sentimos lo mismo?

Zoro suspiró pesadamente intentando equilibrar la enorme carga que llevaba en sus hombros —. Estoy con alguien más.

— ¡CON ALGUIEN A QUIEN NO AMAS! — Estalló angustiado poniéndose de pie dando varias vueltas por la habitación antes de detenerse delante de él y sujetarle los hombros, obligándolo a que lo mirara —. ¿Vas a atar el resto de tu vida a alguien que no amas porque cometí un error? — Zoro suspiró mientras meditaba aquella pregunta. Para sorpresa del cocinero, el peliverde negó con la cabeza.

— Te equivocas — explicó llenó de determinación —. No voy a atar mi vida a alguien porque cometiste un error.

— Bien — suspiró aliviado, esperanzado y satisfecho, sin embargo aquello no le duro mucho.

— Estoy con él porque lo amo.

— ¿Qué? — la incredulidad de Sanji fue inmediata, por un momento pensó que sus miedos le estaban jugando una broma pesada.

— ¿Tengo que repetirlo?

En ese momento algo dentro del rubio se quebró, provocándole un dolor que nunca antes había sentido, un vacío que le arrebataba el aire impidiéndole respirar. Sintió una brisa helada recorriéndolo mientras todas sus esperanzas y sueños se desvanecían delante suyo... y quiso morirse ahí mismo, en ese instante para dejar de sentir tanto dolor.

— Estás confundido… — atinó a decir en medio de su propia confusión.

— Sanji…

Pero el rubio se apartó de golpe tratando de asimilar todo aquello.

— Y... — se señaló así mismo tratando de articular alguna palabra, sus labios temblaban como si hablara, pero los sonidos se rehusaban a salir —, y...

El peliverde desvío la mirada al suelo, aparentemente había comprendido lo que el rubio trataba de decir, así que este cerró la boca y lo contempló con expresión suplicante, esperando a que le diera una explicación.

— Lo que siento por ti no ha cambiado — el cocinero negó con la cabeza, incapaz de comprender nada —, y ese es justamente el problema.

— ¿De qué carajos estás hablando?

— Entre nosotros no hubo nada más que una ilusión ridícula y una noche de sexo.

Los ojos del cocinero casi se desorbitaron de la sorpresa —. ¿¡Y con él es diferente!? — inquirió estupefacto.

El peliverde asintió.

Antes de que cualquiera de los dos reaccionara el cocinero ya lo había tumbado en el sofá, estaba sobre él restregándole su cuerpo con desfachatez.

Zoro fue incapaz de moverse para intentar liberarse de aquel inesperado agarre. Sentía las caderas del cocinero sobre las suyas, restregándole su entrepierna con descaro.

— ¿Qué fue lo que cambio? — preguntó Sanji con más suavidad rogando internamente porque Zoro no rompiera con el contacto tan íntimo en el que había quedado.

— Yo.

Las respiraciones de ambos estaban entre cortadas y sus voces salían como jadeos, excitándose mutuamente sin ser capaces de evitarlo.

El cocinero se inclinó encima de él buscando un nuevo beso, pero Zoro apartó el rostro retorciéndose ligeramente y dejando escapar pequeños y excitantes suspiros, tan suaves y roncos al tiempo que era imposible que el rubio no reaccionara ante ellos, de modo que posó el beso enel lóbulo derecho haciendo gemir al otro chico.

— No… — jadeó el peliverde retorciéndose otra vez y provocando el roce de ambas virilidades por encima de la otra, de modo que un electrizante calambre le recorrió la espina dorsal haciéndolo estremecerse ansioso – No lo hagas… — reclamó con insistencia y sin mucha convicción. Quería parar, pero estaba descubriendo que no era capaz de hacerlo… y entonces un montón de ideas que había comenzado a sepultar empezaron a dar vueltas por su cabeza, atormentándolo tanto en tan poco tiempo que se sintió morir.

El rubio respiró hondo y se separó de él tan rápido como le fue posible, se sentó en una orilla y sintió el agitado movimiento que provoco Zoro al intentar levantarse y caer hecho un lio del otro lado del salón.

— ¿Estas bien? — preguntó con genuina preocupación, poniéndose de pie para tratar de ayudarlo, pero este se levantó como un resorte y se apartó con brusquedad.

— ¿Crees que esto es divertido, rubio de mierda? — cuestionó con rencor y recelo mientras trataba de regular su estertor con pocos resultados.

— ¿Qué?

— ¿Qué si te divierte hacerme esto? — se señaló así mismo, furioso y descompuesto, tratando de mostrarle a su nakama lo al que se encontraba.

Sanji lo miró de arriba abajo, deteniendo su atención en la erección que el peliverde tenía, haciendo que la suya creciera hasta el punto de dolerle —. ¿Divertirme? — repitió confundido volviendo la vista a la cara del espadachín.

— Dijiste que no eras como él — le recordó con más aflicción que rencor en la voz, apretando los dientes por miedo a quebrarse —, pero... ¡Maldita seas!... ¡Me haces sentir igual!

Sanji parpadeó un par de veces hasta comprender lo que le estaba diciendo. « Soy un cabron. » Apretó los dientes y deseó morirse. « Un maldito cabron. »

— Te juro que esa no mi intensión — trató de excusarse, aunque ante sí mismo no tuviera disculpa.

— ¡Me importa una mierda si es tu intensión o no! — estalló, encarándole furioso, sujetándolo con fuerza de la camisa como si fuera a golpearlo, incluso levantó el puño y lo apuntó hacia Sanji, quien cerró los ojos resignado a recibir un golpe, pero el golpe no llego...

— Zoro... — abrió los ojos y contempló la lucha interna que se debatía dentro de él.

El espadachín quería romperle la cara, matarlo de ser necesario, desquitar en él todos los traumas, miedos y frustraciones que Amyas le había dejado... que él insistía en recordarle... pero finalmente lo soltó, se dio la vuelta y suspiró con pesadez.

— Deja de tratarme como si fuera una de tus mujeres — le ordenó.

— ¡Yo no te trato de ese modo! — se quejó indignado, pero al instante se sintió el peor de los bastardos. No se había indignado por las palabras del peliverde, sino porque él nunca se atrevería a tratar así a una mujer. « Soy un hijo de puta. »

— No vas a conseguir doblegarme — le advirtió.

Sanji agachó la cabeza, acongojado —. Zoro, yo no... — lo había hecho otra vez, había vuelto a lastimar a Zoro.

— Será mejor que me vaya — dijo mientras se encaminaba hasta la puerta con marcha decidida.

— Debe estarte esperando — el rubio intento ser amable, pero aquel comentario le salió en un tono más bien burlón.

— A diferencia de ti — dijo antes de salir —, él no me presiona.

La puerta se cerró de golpe, y el cocinero se quedó mirándola en silencio, preguntándose por qué siempre tenía que ser tan idiota, por qué no lograba acercarse a Zoro de una manera que no fuera sexual.

« A diferencia de mí... » Suspiró con pesadez. « Él puede tenerte. »

5.

Dos horas más tarde Zoro estaba dando vueltas por todo el puerto buscando el lugar donde el mayor le dijo que lo encontraría. Llevaba suficiente tiempo caminando como para tener la cabeza más fría y él corazón en más calma.

Los labios aún le cosquilleaban, erizándole la piel y poniéndole los nervios de punta. A veces no entendía a Sanji, a veces no entendía si lo que hacía era porque lo quería demasiado para controlarse o porque buscaba herirlo y perturbarlo. Era un hombre muy difícil de descifrar.

Miró a su alrededor preguntándose porque aquella isla tenía más de una calle con el mismo nombre. Chasqueó la lengua fastidiado. Pronto caería la noche y no podía evitar preguntarse si estaba haciendo lo correcto, si dejar ese amor irracional, loco y apasionado hacia el cocinero y elegir un amor más llevadero, sano y agradable era lo mejor.

« Se terminó. » Se recordó en un suspiro. « Cualquier posibilidad de que las cosas volvieran a ser como antes, cualquier vestigio de que todo pudiera salir bien... » No quería admitirlo, pero había tenido la esperanza de que pudieran haber seguido siendo amigos, aunque realmente no podía decir que lo hubieran sido nunca. Miró un cruce y tomó el lado izquierdo por tercera vez en ese recorrido, sin darse cuenta. « Si sigue comportándose así no podré estar cerca de él. » Suspiró. « Para bien o para mal... se terminó. »


N/M:

Dije esto en otro lado y aquí lo repito: "aunque sea una edicion, aun no estoy segura si el final sera el mismo." Crucen los dedos.