Los personajes no me pertenecen.
La idea no es mía pero la trama sí.
¡Disfruten!
Septiembre 19, 1997.
Torre del director, Hogwarts.
8:00 a.m
-Potter no puede ser más estúpido -exclamó con desagrado Gregory. Sus manos formaban puños, los hombros tensos y una mirada amenazante con la que recorría el despacho de Snape.
Todos los retratos habían sido cegados con un hechizo oscuro, también negandoles la oportunidad de escuchar la charla que se llevaba dentro de esas paredes.
Hermione veía fijamente el guardapelo de Salazar Slytherin flotando inerte sobre el escritorio de Snape, escuchando como Gregory se paseaba como león enjaulado de un lado a otro, tratando de sacar esa desquiciante tensión.
Pansy, sentada en una de los sofás frente al escritorio, del lado izquierdo de Hermione, fingía mirar su anillo de bodas con relativa calma aunque por dentro estuviera temblando de miedo.
Snape, frente a ellas, sentado en el asiento del director con manos entrelazadas y una profunda mirada sobre Gregory, trataba de mantener sus pensamientos en orden.
-¿Draco lo sabe? -preguntó, con su típica voz siendo escuchada por todo el despacho. Pansy negó, cruzandose de brazos para por fin mirar a su mentor.
-No, salió en una misión -soltó con calma, aunque su voz sonaba un poco temblorosa- Vincent creyó que sería peligroso contar con él. No podemos comunicarnos sin temor a que alguien intercepte el mensaje.
Snape aceptó aquello con los labios apretados.
-¿Qué hay de Theo?
-No sabemos a donde lo envío Draco -masculló Gregory, parecía a punto de estallar- Ni siquiera se ha comunicado para saber si Luna ha despertado.
-¿Blaise? -Hermione negó, sin despegar la mirada del Horrocrux.
-Nos esta evitando -susurró- Tal vez sea mejor así, su mente está muy...
-¿Jodida? -bufó Pansy. Hermione la fulminó con la mirada, por fin apartando los ojos de la reliquia.
-... lastimada -corrigió.
-¡Una maldita cosa! ¡Sólo una! -explotó Gregory, arremetiendo contra la vitrina de cristal donde estaba guardado el pensadero de Dumbledore. Los tres Slytherin vieron con pasmosa tranquilidad como Gregory tiraba al suelo la vitrina, haciéndose añicos por el impacto- ¡Y ni eso puede hacer bien! -pateó con fuerza su siguiente objetivo, un librero. Algunos libros parecieron saltar por el golpe.
-Confiamos en que Potter sabría como sobrellevar la situación -dijo Hermione, con voz cansada e ignorando la rabieta de Gregory- Es obvio que hemos puesto demasiadas expectativas en sus manos.
-El anillo y el diario han sido destruidos -recordó Pansy- Tenemos la copa, la diadema y ahora el guardapelo... cinco de seis ahora están en nuestras manos.
-Nagini sería el sexto -concordó Snape, viendo hacia donde se dirigía Pansy- Así que el señor Potter sólo está teniendo unas vacaciones de lo más... entretenidas.
-Tenemos que entregarle el guardapelo, ¿es lo que estás diciendo? -se mofó Gregory- Por Salazar, sería mejor que nosotros nos deshicieramos de los Horrocruxes que ya tenemos. Así Potter sólo tendría que deshacerse de Nagini, matar al Señor Oscuro y todos felices y contentos.
-Nosotros no podemos deshacernos de los Horrocruxes, Greg -reprochó Hermione- Recuerda que Dumbledore dejó explícitamente dicho que Potter debe ser quien los destruya.
-¿Pero cómo se lo entregamos sin que nos descubra? -preguntó Pansy- No podemos simplemente aparecernos en su escondite, donde sea que esté y darle los Horrocruxes en las manos...
-Y la espada -carraspeo Snape. Pansy rodó los ojos.
-Y la espada -repitió- Aún tenemos un papel que desempeñar, y si hacemos esto precipitado, Lord Oscuro no tardará en darse cuenta que no somos sus fieles sirvientes.
-A parte de encontrar los Horrocruxes, que era su misión, ¿también se los serviremos en charola de plata? -Gregory rió, negando y dejándose caer sobre el sofá negro- Maldita sea, y uno pensando que sólo miraríamos todo desde las gradas.
-Aun debemos averiguar los planes de Lord Tenebroso -dijo Snape, haciendo que sus tres alumnos prestaran atención de sus palabras- Mantener a los estudiantes de Hogwarts a salvo, a la familia de Potter y encontrar una manera de hacernos con Lucius -suspiró- Por no mencionar que aún no sabemos porque Dumbledore estaba tan necio en entregarte su copia de: Los cuentos de Beddle el Bardo -masculló, mirando a Hermione.
-Entonces... -Pansy miró su perfecta manicura- ¿Qué hacemos primero?
2:00 p.m.
La furia que Gregory sentía aún bullía dentro de él, aunque por fuera parecía el siempre indiferente Slytherin. Recorríó con cierto malestar los pasillos hasta llegar al Gran Comedor.
Los estudiantes de las tres distintas casas, con cuerpos tensos miraban cada dos por tres a sus jefes de casa antes de posar la mirada sobre ambos mortífagos, volver a posar sus miradas en los platos casi intactos y repetir la secuencia.
Gregory no veía el momento en que alguno de ellos decidiera que era demasiado y empezará alguna revuelta. Al fin y al cabo, eran adolescentes, la mayoría pensaba con la cabeza caliente y no miraba la magnitud de sus actos.
Las clases con los hermanos Carrow cada vez se volvían más tortuosas, a tal punto que Gregory no estaría sorprendido si algún alumno llegaba a atacarlos... o algún profesor.
Rápidamente pudo visualizar como la atención de los profesores (incluidos los mortífagos) caía sobre él. Siempre era así, cada vez que algún Slytherin tenía el placer de hacer acto de presencia, la mirada de todos se enfocaba en ellos.
Un pequeño sentimiento de desolación lo embriagó al ver la mesa de Slytherin completamente vacía, cuando en años anteriores, ellos siempre serían los primeros en llegar. Con una puntualidad que tachaba los exasperante.
Ahora, los tres alumnos de primero seguro comían en las cocinas al cuidado de Mirthy. Helena y Corvinus estarían comiendo junto a Nomi, Alexander y Herbert en la pequeña cocina de la Torre de Premios Anuales sin saber que una inconsciente Luna dormía en una de las habitaciones. Hermione y Pansy estarían ocultando el Horrocrux y no sabía dónde podría estar Blaise... mejor dicho, esperaba que no estuviera con Bellatrix.
Sin querer parecer un cobarde al darse la vuelta y desaparecer por las puertas, continuó su camino a la mesa rebosante de comida. Se sentó, dando la espalda a todos, admirando los platillos aunque el hambre había desaparecido al verse solo.
La furia que sentía por Potter y sus aliados fue reemplazada por un inusitado sentimiento de esperanza, algo que no sentía desde antes que su madre muriera. Algo que definitivamente no quería sentir al estar ahí solo.
No quería pensar en lo mal que podría salir de todo aquello, pero pensar en lo bien que podría terminar resultaba un poco... escalofriante. Tener esperanza, en momentos como aquellos cuando sabes que las cosas van a torcerse, es doloroso.
Empezaba a ver los fantasmas de los logros inquietantes que rezaba que ocurriera. No morir en la guerra. No podía soportar enterrar a nadie más.
Despedirse, posiblemente, de Vincent y Pansy. Dudaba que la pelinegra quisiera regresar a Hogwarts y Vincent no dudaría en seguirla a donde fuese.
Podía ver a Blaise recuperando su memoria, tomando un camino a parte de ellos porque estaba seguro sentiría mucha vergüenza. Se marcharía junto a su elfina, y tal vez, por primera vez en años, visitaría la tumba de su padre.
Sabía que sólo Draco, Hermione, Theo y él regresarían a Hogwarts. Posiblemente Theo se comprometería con Luna después de regresarle la memoria a sus padres. Draco y Hermione esperarían a alejarse un poco del dolor que conllevaría esa guerra y si Dios quería, Snape los recibiría con los brazos abiertos para su último y verdadero año en Hogwarts.
Aunque lo que verdaderamente le perturbaba era saber que nunca volverían a sentarse todos juntos en aquella mesa. Portando sus uniformes y sonriendo con burla porque a Potter le habían, otra vez, regalado la copa de las casas sólo por respirar.
Sus años en Hogwarts habian terminado en quinto, justo antes de que su madre fuera asesinada. Justo antes de que todo se fuera a la mierda. Nunca volverían a ser los mismos y a Gregory le aterraba saber que no disfrutó aquellos momentos con el alma.
Que no los atesoró como debía. Porque aún con la sombra de Voldemort sobre ellos, habían sido felices, verdaderamente felices.
Todo había sido tan perfecto.
-Uy, una tarta de manzana -exclamó Hermione, sonriendo una vez se sentó a su lado. Gregory poso su mirada sobre ella, no sabía cuanto tiempo había estado sumido en sus pensamientos pero había sido lo suficiente para que Hermione y Pansy terminarán de ocultar el Horrocrux.
La castaña tomó un pedazo de tarta y lo colocó en su plato de oro, girandose hacia Gregory y sonriendo. Sonriendo de verdad.
-¿Sucede algo? -preguntó al ver el ceño fruncido del Slytherin. El chico negó, alejando los recuerdos y sumiendose en el ahora. No podía perder mas tiempo en ellos, podía disfrutar lo que ocurría ahora mismo y atesorarlo de verdad.
-Soñaba despierto -respondió- Las horas de sueño no son las suficientes -pudo ver que Hermione veía detrás de su mentira, pero no objetó nada. Sería hipócrita hacerlo, cada quien tenía sus propios demonios con los cuales luchar.
-Yo creo que deberíamos empezar a saltarnos las clases -exclamó para sorpresa de Gregory- No nos sirven de nada, parece ser que sólo repasamos cosas innecesarias que no nos servirán para absoluto en los ÉXTASIS -se quejó. Gregory rió.
-Por un segundo me tuviste.
-¿Qué tantos hechizos crees que me lancé McGonagall si le digo que sus clases sólo sirven para dormirme? -preguntó. Gregory soltó una fuerte y limpia carcajada mientras empezaba a servirse crema de zanahoria en su plato.
-La pregunta verdadera es: ¿lograrías detenerlos? -Hermione sonrió maliciosa.
-Por supuesto, tuve el mejor maestro -se mofó- Y, si se lo digo al final de su clase, habré tenido una buena hora de sueño. Descansada y lista para la acción. Total, si no lo logro, Snape no tardará, junto a una horda de serpientes, en encargarse de McGonagall. Al final no tendrán más opción en cambiar las listas de estudio para los ÉXTASIS. Por lo consecuente, yo gano.
Gregory volvió a reír con fuerza.
Y la gente se preguntaba: ¿porque Hermione Granger terminó en Slytherin?
Septiembre, 20. 1997
12:30 p.m
Los pequeños pies pintados en tinta negra paseaban de un lado a otro en la sección que pertenecía a los baños de Myrtle la Llorona.
Padma había estado atenta al pergamino prohibido que portaba en sus manos desde que Blaise Zabini se lo habia entregado. Debatió durante más de veinticuatro horas si debía mostrarle aquel objeto a su jefe de casa o si debería guardarlo y mantener una estancia prácticamente invisible en Hogwarts, tratando de no colocarse en el camino de los Slytherin... o peor, de los mortífagos.
Y a la única decisión a la que había llegado era regresarle aquel mapa a Zabini en cuanto pudiera pero cuando por fin había llegado a esa conclusión había sido demasiado tarde.
Blaise Zabini había desaparecido.
Durante unos minutos pensó que el mapa podía haberse equivocado pero si Zabini había confiado plenamente en él para darse sus paseos nocturnos entonces ella también podía hacerlo. Aunque claro, también había creído que el Slytherin le había tendido una trampa al darle aquello, pero lo descartó con facilidad.
¿Que ganaba él?
Entonces supuso que Zabini no se encontraba en Hogwarts. Tenía sentido, no se presentaba en clases ni a ninguna de las comidas en el Gran Comedor y estaba segura (debido a la reacción que había tenido) que no se encontraba comiendo con el elfos pero de todas formas fue a comprobarlo.
Y, por primera vez en varios días, su nombre aparecía en el mapa.
Sin pensar en los pros y contras a los cuales debería haber dedicado al menos diez minutos de su tiempo había ido en busca del moreno a penas y reviso el pergamino, justo cuando salía de sus clases de Transformaciones.
Fue así como había llegado a los baños, viendo una escena que de seguro no debería haber visto.
Blaise Zabini, el chico que había estado robándole el sueño, completamente derrotado. Su uniforme ya no estaba ordenado, su túnica estaba desgarrada a sus pies... pero ni la sangre que manchaba su camisa blanca había petrificado a Padma. No. No fue eso.
Fue la Marca Tenebrosa brillando en su brazo izquierdo.
-Oh mi... -la maldición quedó trabada en su garganta. Zabini había levantado su varita con velocidad y posado sus ojos sobre ella. Padma volvió a tragar.
Lágrimas corrían por las mejillas del chico y sus ojos parecían muertos.
Por unos segundos Padma pensó que Zabini la atacaría, pensó que todo terminaría ahí pero cual fue su sorpresa cuando el chico, derrotado, dejó caer su brazo y su varita rebotó en el suelo. Haciéndose ovillo, enterro su rostro entre sus piernas y lloró abiertamente.
Estuvo tentada a dar la vuelta y salir corriendo, dejando el Slytherin a su suerte pero sabía que el cargo de consiencia la perseguiría. Con un suspiro abatido, se acercó poco a poco al Slytherin hasta quedar frente a él. Se dejó caer sobre sus rodillas y aplicó un par de hechizos, retirando la sangre de su camisa, pantalón, brazos y rostro (la cual no había visto desde lejos).
Arregló la túnica y la dobló perfectamente; recogió la varita y la colocó sobre la prenda antes de estirar sus manos temblorosas y ponerlas sobre los brazos del chico. Soltó el aliento mientras esperaba a que el Slytherin levantara el rostro.
Había llegado mentalmente hasta veinte cuando Zabini por fin (¡por fin!) la miró a los ojos. Las lágrimas aún se escurrían por sus mejillas.
-Yo lo maté... -murmuró con voz temblorosa- Yo los maté... yo... -su voz se rompió, provocándole un escalofrío a la Ravenclaw. No se había dado cuenta que temblaba de pies a cabeza hasta que estiró la mano para tratar de limpiar las lágrimas del moreno.
Zabini sacudió su cabeza, rechazando su tacto.
-Recordé donde estaban... yo... yo lo recordé -lloriqueo- Y se lo dije... se lo dije... ellos murieron porque yo le dije.
-No es tu culpa -la palabras le supieron amargas y al ver la sonrisa cínica de Zabini supo que él tampoco había creído en ellas.
-¿Y no se supone que los Ravenclaw son los inteligentes? -espetó.
-Habrás tenido tus razones -dijo, ignorando su provocación. Zabini negó.
-No las tenía... realmente no las tenía... -sollozó- Creí... creí que era lo correcto pero estaba equivocado. Ver aquello... -cerró los ojos, asqueado- No se lo merecían...
-¿Muggles? -preguntó, sin querer saber. Zabini volvió a abrir los párpados, mirándola fijamente.
-Sangre puras -susurró- La familia King... yo los ayudé a escapar y luego... luego los entregué...
-¿Por qué? ¿Por qué? -Padma no sabia con seguridad qué preguntaba.
-Por qué pensé que Bellatrix no mentía... pensé que era Hermione la que lo hacía -murmuró- Ya no sé quien miente... No sé en quién demonios confiar...
-Blaise... -Padma lo vio completamente confundida.
-Ellos me felicitaron, ¿sabes? -rió sin gracia- Me felicitaron por entregar a una familia. A unos amorosos padres y sus dos inocentes hijos... y luego recordé... recordé que yo también arrebaté una vida -Padma jadeo- Lo maté... él... era un monstruo pero ahora yo también lo soy -miró la marca en su brazo izquierdo, llevando a Padma a hacer lo mismo- Estaba tan impactado, tan desorientado por los recuerdos que... que no me di cuanta lo que Lord Tenebroso hacía hasta que fue demasiado tarde...
-Blaise... -esa parecía ser una única palabra que podía decir y empezaba a sentirse estupida.
-Hubieras visto la mirada horrorizada que Vincent me envió... lo asqueado que estaba de mi... -lloró- ... yo... yo no sé que hacer -maldijo- Se supone que hacía lo correcto, porque Bellatrix no me estaba mintiendo... porque era lo que mi mamá quería. Ella lo dijo -espetó.
-Tu madre intentó matarte -escupió Padma, escandalizada- Te envenenó y luego la enviaron a Azkaban, ¿por qué harías lo que ella quiere? ¿Acaso no...? -la realización golpeó a Padma con fuerza al reparar en la mirada del Slytherin. Su actuar extraño, la distancia con sus mejores amigos, el miedo al ver a su delfina...- ¡Oh!
-Un Obliviate contra mi mismo -respondió a su pregunta no formulada. Cerró los ojos y recargo su cabeza contra el lavamanos, con el rostro mirando al techo- No sé porque lo hice... pero hay veces... que cuando sueño... escucho a Parkinson recriminarme... escucho el nombre de Ginevra Weasley y hay veces que veo su rostro...
El corazón de Padma dio un brinco.
-Yo... -carraspeo.
-¿Que voy a hacer? -preguntó, como si esperara que Padma tuviera las respuestas- ¿Qué tengo que hacer?
-Decir la verdad -soltó Padma- Decirle la verdad a quien debas decírsela...
-¿Cómo a quien? -los orbes verdes de Zabini la atravesaron, como si realmente esperara su respuesta.
-Intenta con Mirthy -algo brilló en los ojos del Slytherin- Los elfos nunca le mienten a sus amos.
Malfoy Manor.
4:37 p.m.
La cabeza de Vincent no dejaba de dar vueltas. Demasiadas cosas sin ser resueltas, demasiados problemas y demasiado cabos sin atar.
El horrocrux.
Lucius Malfoy.
La familia de Potter.
Y ahora Blaise...
Un escalofrío invadió a Vincent que aún no despegaba su mirada del lugar donde horas antes Blaise había sido marcado. Aún recordaba la mirada de estupefacción que no había podido ocultar cuando se enteró que la familia King había sido encontrada y masacrada. Que el responsable había sido Blaise.
Negó, llevándose la mano al cuello, masajeandolo.
Draco estaría furioso.
Tan furioso.
Reprimió otro escalofrío.
Cuando regresara, lo iba a matar. Estaba seguro.
Por no mencionar que su plan casi se iba al cabo al recordar que por poco había dejado escapar a Colagusano. La aparición se Bellatrix junto a Blaise lo había distraído hasta el punto de casi fallar el conjuro.
Unos fuertes pasos sonaron por las escaleras, atrayendo la atención de él y los otros tres mortífagos que se encontraban también en el calabozo. No entendía por qué necesitaban de cuatro de ellos para cuidar a Ollivander, pero mientras tuviera un excusa para lo que estaba a punto de ocurrir... él no tenía problemas.
-¡Ha escapado! ¡Malfoy escapó! -el grito de Colagusano alarmó a más de uno. Vincent se apartó del muro donde estaba agazapado al mismo tiempo en que Travers y Bulstrode sacaban sus varitas.
-Malfoy está en una misión para el Señor Oscuro -mencionó Vincent, obviando por completo a Lucius. Calagusano negó, no su rostro tan pálido como el mármol de la mansión.
-No, él no. Lucius, Lucius ha escapado -chilló- Intenté detenerlo, pero no pude -jadeo- Lo intenté, pero ha logrado escapar.
-¿Dejaste escapar a Malfoy? -exclamó Travers, furioso. Colagusano se encogió.
-No es para tanto -Bulstrode rodó los ojos, guardando su varita- Malfoy no era más que una cucaracha.
-Una cucaracha que se escabullía cuando nadie la veía -la silbante voz de Lord Tenebroso los alertó a todos. Vincent se giró sobre sus talones y se arrodilló al mismo tiempo que los otros mortífagos, fijando sus ojos en los descalzos pies del Señor Oscuro. Se había encerrado con Ollivander una vez que Bellatrix se marchó junto a Blaise- ¿Lo dejaste escapar, Colagusano?
-Mi señor... -lloriqueo el susodicho.
-Mi señor... -repitió Lord Oscuro. Vincent volvió a sufrir un escalofrío. Sabía lo que sucedería con Colagusano cuando le lanzó la maldición Imperio, era consciente que lo estaba enviando a una muerte segura al hacer aquello, pero era él o ellos. Y Vincent siempre escogería a sus amigos por encima de todos.
Inclusive por encima de si.
-Mi señor, yo...
-¡Crucio! -Vincent tembló, sin despegar la mirada del suelo. Su respiración empezó a hacerse errática al escuchar los aullidos adoloridos de Colagusano.
Cerró sus ojos, manteniendo su mente bloqueada, pensando en cómo Colagusano había llevado a un bebé a su muerte sin saber que sobreviviría. Podía ser un monstruo, pero Colagusano no estaba exento de ser uno.
La tortura duró una eternidad en lo que a Vincent respectaba. Temía que en cualquier momento la maldición se rompiese sobre la mente de Colagusano, pero suponía que el dolor había sido demasiado como para bloquear la otra maldición.
-Nagini... -Vincent ahogó una arcada pero Travers no fue tan afortunado. Pudo escuchar su asco desde donde estaba arrodillado y por su bien esperaba que Lord Tenebroso lo ignorara.
La serpiente se arrastró entre ellos, provocando un escalofrío a más de uno, con los gritos de Colagusano de fondo.
-¡No¡ ¡Mi señor! ¡He sido bueno! ¡He sido un buen sirviente! ¡No! ¡No!
Si creían que los gritos de Blaise y Theo eran horribles era porque nunca habían escuchado los de un hombre al ser comido vivo por una serpiente.
No despego ni una sola vez la mirada del piso, tratando de ignorar los gritos de ayuda del animago.
Esta guerra tenía que terminar.
Ellos tenían que sobrevivir.
Sin importar qué.
Sin importar nada.
Sólo sobrevivir.
Sólo eso.
Septiembre, 21. 1997
Montañas rocosas.
2:37 p.m
Sus pisadas sobre la húmeda tierra eran totalmente silenciosas, su presencia era prácticamente invisible. La capucha de su capa caía sobre su frente, ocultando a simple vista su fría mirada con la sombra de ésta.
La capa ondulaba alrededor de los tobillos del chico, rozando sus botas sin hacer ruido alguno. Llevaba la varita en mano sin dejar de vigilar todo a su alrededor.
Los inmensos árboles, el espeso follaje, los troncos caídos y de vez en cuando las pisadas de aquellos animales que vagaban en el bosque.
Ya llevaba un par de días viajando en busca de McNair y empezaba a hartarse un poco de toda esa caminata muggle, pero el Señor Oscuro había sido muy contundente al mencionar como debía llevarse aquel viaje. Solo esperaba que el bastardo no estuviera muerto y hubiera logrado convencer a los hombres lobo ahora que no tenían a su alfa. Había logrado convencer a los gigantes, pero los hombres lobo no eran tan estupidos.
Un escalofrío invadió su espina dorsal; aún tenía un poco de miedo al solo recordar a aquellas horribles criaturas. Hizo una mueca, Hermione estatua furiosa si se enterara como pensaba de aquella manera.
Un viento helado hizo que su capa revoloteara pero ni siquiera su nariz estaba congelada. Un hechizo de temperatura lo mantenía en buen estado y aún así llevaba una bufanda negra alrededor del cuello; recordando cuando Hermione se había esforzado tanto para poder hacerla ella misma.
La soledad de aquel viaje no lo había golpeado en ningún momento y con solo recordar a su mejor amiga y compañera de vida empezaba a sentir un fuerte dolor en el pecho. Aunque sonara estupido, extrañaba Hogwarts. Extrañaba poder estar rodeado de sus amigos y poder dormir tranquilamente durante las noches con la única preocupación de que Blaise terminara despertándolos a todos con sus gritos.
Un suspiro abatido salió de sus labios. No tenía idea de qué demonios pasaba ahora con sus amigos, solo esperaba que pudieran sobrellevar todo sin necesidad de que Hermione resolviera las cosas, como siempre.
Una extraña energía llegó a él, manteniéndolo alerta. Había llegado al territorio de los hombres lobo.
La punta de su bota chocó contra lo que al principio creyó era un tronco antes de darle una verdadera mirada. La bilis subió por su garganta.
McNair (o lo que quedaba de él) estaba tirado sobre la tierra. Formando dos montículos de huesos, carne y sangre seca que lograría espantar a más de uno (incluyendo a Draco). Las marcas de mordidas eran visibles al igual que las de las garras de aquellas criaturas.
La Marca Tenebrosa, pálida, era una de las cosas con las que podía identificar al mortífago. Eso, y la mitad sobrante de su rostro.
Apretó con fuerza la varita en su mano, poniéndose alerta.
-¡Vaya, vaya! -rió una voz por detrás de él. El miedo se convirtió en furia.
-Dame una buena razón para no darte el mismo fin a ti y a tus chuchos, Amster -siseo Draco, arrastrando las palabras con ese toque de superioridad con que siempre lo hacía. Girandose sobre sus talones, detuvo su mirada sobre Titilus Amster, el sucesor de Greyback. A comparación del otro monstruo, él era completamente humano. Aunque Draco sabía perfectamente su historial.
Más de veinte muggles muertos y dos magos a quienes atacó y ahora formaban parte de la manada.
Detrás de él, como protección, estaban Ben Fischer y Billy Beaufort, aquellos dos magos a quienes había atacado. Y, aunque no pudiera verlos, Draco podía sentir la magia de al menos otros cinco hombres lobo.
-¿Malfoy? -Amster frunció el ceño con desagrado, viendo como Draco se quitaba la capucha de sobre la cabeza. El entendimiento golpeó al hombre- Tú no eres Lucius.
-Su primogénito -se presentó- Draco Malfoy -anunció, analizando si alguno de los "guardias" de Amster eran peligrosos. Hacia nada que había sido luna llena, lo que significaba que mágicamente eran bastantes débiles y que McNair había sido muy estupido al acercarse cuando era obvio que había sido luna llena.
Tal vez esperaba hombres lobos como Greyback, capaces de controlar sus instintos más básicos. Pero si Lord Tenebroso lo había enviado, significaba que ni él mismo era tan estupido para verlos sabiendo que no tenían un alfa fijo.
-¿Por qué razón un Malfoy se rebajo tanto para venir a visitarnos? -preguntó.
-Lord Tenebroso lo ordenó -masculló. Amster disparo un par de miradas divertidas a sus compinches.
-Eres demasiado joven para ser un mortífago -se mofó. Draco se encogió de hombros con desinterés.
-Y ustedes demasiado... poderosos para esconderse en las montañas rocosas, muy cerca del territorio de los gigantes -murmuró.
-No somos bienvenidos en la sociedad mágica, lo sabes. Magos como tú y los de tu clase son demasiado selectivos ante personas como nosotros -soltó, con ira- Así que supongo, como hace años, vienes a proponernos un trato para unirnos a la causa de la pureza de la sangre, aún cuando no somos puros. Un trato que solo nos doblegará ante un ser que no reconocemos como de los nuestros.
-Una noble causa -aceptó Draco, sonriendo hasta el punto de mostrar sus blancos dientes- Pero prefiero mí causa. Nada que ver con la pureza, si no un trato que los hará libres de aquella horrible maldición que corre por sus venas. Aquella maldición que Greyback les obligó a llevar.
-¿De qué hablas? -preguntó Fischer con curiosidad contenida.
-La posibilidad de no volver a sufrir el dolor de una transformación y no terminar siendo un completo monstruo como lo era Greyback.
-¿Tú que sabes de Greyback? -escupió Beaufort.
-Demasiado, tomando en cuenta que fui yo quien lo mató -su sonrisa se hizo ladina al ver la sorpresa en los rasgos de aquellos tres magos.
-¿Vienes aquí mostrando valía sabiendo que mataste a nuestro alfa? -aulló Amster. Draco logro suprimir un escalofrío.
-Vengo aquí sabiendo que ustedes odiaban a ese alfa. Un alfa que los forzó a vivir como animales, para ser tratados como seres aún más inferiores que los elfos domésticos -siseo- Les estoy dando la oportunidad a ti y tu manada de obtener un nuevo alfa...
-¡No necesitamos un nuevo alfa! -gruño Amster.
-Un alfa que los liberara de la maldición de sangre -pronunció Draco, como si Amster no lo hubiera interrumpido- Todos aquí sabemos que no tienen el... dinero necesario para pagar una poción matalobos y conozco el dolor que han de sufrir cada luna llena.
-Pensé que eras un mortífago -ironizó Beaufort.
-Por conveniencia -murmuró- No me conviene que Lord Tenebroso se haga con el poder y a ustedes tampoco. Él quiere la pureza de la sangre y una vez que logre deshacerse de Potter, los sangre sucia seguirán, los mestizos y después ustedes.
-Solo seremos útiles mientras "El Elegido" viva.
-Y si Potter gana ustedes seguirán siendo renegados de la sociedad -se encogió de hombros nuevamente- Pero, si me ayudan en esta noble causa -se burló- les daré la posibilidad de ser algo más que una bola de pulgosos renegados... esclavos. Les daré poder y derechos.
-¿Cómo harás eso? -inquirio Amster, sopesando sus opciones.
-Eso sólo me concierne a mí -dijo Draco- Lo único que ustedes deben hacer es aparecer en donde y cuando yo les diga y ustedes serán libres de esta maldición. Podrán demostrar que no son unos monstruos y aún así, serán más poderosos que un mago promedio.
-¿Nos estás pidiendo servirte a ti? ¿Un Malfoy? ¿Aún cuando tu familia ha sido una de las principales en luchar por la pureza de la sangre? -se burló Fischer.
-La pureza de la sangre no es algo que me interese. Prefiero el poder y una serie de conexiones que me sirvan de por vida -admitió- No les pido servirme, sino ayudarme y tendrán todo lo que siempre han deseado. Ustedes no son como Greyback, no buscan lo que él buscaba.
Draco pudo sentir como la magia de aquellos seres se prendía con algo que solo reconocería como esperanza, inclusive de aquellos que estaban escondidos entre los árboles. Oculto una sonrisa y carraspeó, volviendo su voz neutra de emociones.
-Piensenlo. Me estaré hospedando en un pequeño hostal muggle en el pueblo cercano. Tienen veinticuatro horas para decidir lo que harán -dijo- Ayudarme o estar por su cuenta. Por qué ni Lord Tenebroso ni la Orden del Fénix son opciones y lo saben.
Con esto último, Draco hizo una reverencia y se dio la vuelta, regresando por donde había llegado. Había visto un pueblo muggle hacia como media hora, estaba seguro que tendrían un lugar donde podría hospedarse.
Pensó en McNair, ¿debería llevarlo de vuelta?
Negó, a nadie le importaba un cadáver en descomposición.
Septiembre, 22. 1997
Pueblo muggle.
8:32 a.m
La tostada francesa se partió a la mitad debido a la presión que provocaba el cuchillo. Se llevó una pequeña porción bañada en maple a la boca sin desviar la mirada del periódico.
Hizo una mueca (y no por el sabor de las tostadas). Una familia había sido asesinada a sangre fría en Argelia. Los dos padres de familia con dos hijos... aún no había pistas sobre sus asesinos.
La fotografía de la familia era lo que más impactaba a Draco.
Los King.
-Define liberar -Titilus Amster junto a Ben Fischer y Billy Beaufort se dejaron caer sin gracia alguna en las tres sillas restantes alrededor de la pequeña mesa.
El mortífago había estado desayunando pacíficamente en la pequeña plaza del pueblo, bajo la sombra de algunos árboles. Draco suspiró, tomando un trago de su café antes de doblar el periódico y dejarlo sobre la mesilla.
-Buenos días -saludó, provocando unos gruñidos por parte de aquellos seres y llamando la atención de algunos muggles. Draco sonrió a los curiosos antes de fijar su mirada en ellos- Averigualo -Amster frunció el ceño. Draco suspiro con chasco- No hay manera de explicarlo más allá de definir qué no volverás a sentir dolor y la luna llena en voz de afectarte, te liberará.
El hombre lobo tensó la mandíbula, se recostó sobre el respaldo de la silla y analizó a Draco con la mirada. Vestía ropa muggle: unos jeans de mezclilla oscura, botas negras y una playera de manga larga gris.
-¿Fan de los muggles? -preguntó Amster.
-Prefiero el término: pasar desapercibido -corrigio con un elegante encogimiento de hombros- ¿Tienes respuesta a mi pregunta?
-Después de demostrarme tu carta -siseo Amster. Draco acepto aquello.
-¿Cuantos conforman tu manada? -preguntó.
-Setenta y dos -soltó.
-Escoge a cinco y te demostraré de lo que hablo -dijo, cruzándose de brazos- Pero tendrás que aceptar ceder tu puesto de alfa.
-Nunca quise serlo -escupió Amster- Billy, Hector, William, Zed y Xavier irán contigo. Si me traicionas, Malfoy...
-¿Me estas amenazando? -se burló Draco. Negó con diversión mientras sacaba dinero muggle del bolsillo de su pantalón y lo dejaba caer sobre la mesa- Te conviene que no lo haga. Ni tú ni tu manda se comparan en nada contra mi magia -dijo.
-Tú...
-Espero a tus hombres en una hora a las afueras del bosque -advirtió- Te los regresaré en un par de días y sabrás de lo que te hablo -dicho esto, se alejó de los tres hombres en busca de su hostal.
Septiembre, 23. 1997
Aula de Transformaciones.
9:00 a.m
La vista de Blaise vagaba por todo el salón. Varios alumnos ya habían llegado, instalándose lo más lejos posible del Slytherin. Siempre era lo mismo, desde el inicio del año y la verdad ya no le importaba demasiado.
Esas estupideces de clasificar a un grupo de adolescentes no eran más que eso, estupideces. Sobre todo cuando has vivido algo tan oscuro como lo que había visto aquel día.
Sus manos empezaron a temblar y la Marca Tenebrosa debajo de la manga de su camisa ardió. Un ligero sudor frío y los pequeños flashes de aquel dudoso recuerdo invadieron su cuerpo.
Eso y un tremendo dolor de cabeza.
-No digas nada y yo no diré nada -masculló Padma Patil dejándose caer en el asiento al lado del suyo. El moreno negó con la cabeza, haciendo una mueca de dolor- Oh, Merlín. ¿Te duele la cabeza? -preguntó, llevando de inmediato sus manos al rostro de Blaise, mirándolo con detenimiento- Los dolores de cabeza son bastantes comunes cuando el cerebro es forzado de cualquier manera.
-Lo capto -siseo con dolor Blaise, cerrando los ojos y dejando que Padma masajeara sus sienes. Jadeo con cierto alivio al sentir como el dolor de cabeza disminuía.
-¿Hoy por fin hablarás con Mirthy? -preguntó Padma, separándose del Slytherin para abrir su mochila y sacar sus útiles. Percibió las miradas de censura y molestia de varios alumnos pero decidió ignorarlas.
Ella nunca había sido bien recibida por ninguna de las casas. Inclusive había escuchado a Harry Potter y Ronald Weasley quejarse por tener que haber ido a ese horrible baile con ella y su gemela. No era su culpa, ella no había querido ir pero su hermana gemela había insistido en ir con uno de los campeones.
Siempre pensó que al llegar a Hogwarts la vida iría de maravilla, pero no fue así. Aún entre los Ravenclaw nunca logró destacar y a su hermana gemela pareció empezar a molestarle que ella fuera demasiado... indiferente a la vida social. Cuando Parvati empezó a salir junto a Lavander Brown, la pequeña y frágil unión que tenían se rompió.
A pesar de que los Hufflepuff siempre se esforzaran en incluirla en su círculo social, Padma sabia que lo hacían más por amabilidad que por qué ella les agradara.
Ni siquiera en vacaciones Padma lograba encajar entre su familia. Conforme los años fueron pasando, la Ravenclaw empezó a volverse más centrada en sus estudios y sus padres prefirieron la alma social que demostró ser su hermana.
La llevaban a todos lados sin preguntar una sola vez a Padma si ella gozaría ir. No, ellos solo supusieron que prefería encerrarse y leer un libro a pasar tiempo con sus seres amados, aún cuando ellos parecían no amarla a ella.
Así que un par de miradas de desprecio y cuchicheos de personas que nada tenían que ver con ella no harían que dejara a Zabini de lado. No cuando él le había dado más atención en menos de un mes de lo que le había dado su familia en años.
-Adora mortífagos -escupió un alumno de Gryffindor al pasar por sus asientos. Varios alumnos alrededor se rieron, disparando miradas burlonas a ambos chicos.
-Mucho ruido y pocas nueces -cantó Hermione, sentándose con elegancia un asiento atrás de Blaise. Gregory hizo una mueca divertida, dejando los útiles de Hermione y los suyos sobre la mesa antes de sentarse.
-¿Disculpa? -preguntó el Gryffinsor, fulminandola con la mirada.
-¿Te crees muy valiente insultando a dos personas indefensas? No... espera, ¿crees que eso realmente es un insulto? -preguntó con burla.
-Sangre sucia -escupió. Hermione soltó una risa.
-Ohh... y tú has de ser muy puro, mestizo -siseo, sus ojos brillando con diversión.
-Diez puntos menos para Slytherin, señorita Granger -McGonagall había aparecido en la puerta que daba a su despacho, mirando con cierta furia al grupo de Slytherin- Y tendrá un castigo hasta fin de semana en mi despacho.
-Sí, profesora -respondió Hermione, estirando su brazo y jalando un rizo del cabello de Blaise mientras la jefa de casa de los Gryffindor se dirigía al escritorio.
-Auch -se quejó Blaise, sobando su cabeza y girando hacia Hermione- ¿Por que fue eso?
-Por desaparecer todo este tiempo -murmuró, inclinándose hacia al frente en el asiento. Gregory gruñó, quitándose su túnica y colocándola sobre Hermione, que no traía una.
-Yo tenía que... eh... -disparó una mirada nerviosa a Padma, que fingió prestar atención a su pergamino en blanco. Hermione sonrió con malicia al mirar el pánico brillando en los ojos de Blaise.
-Esta bien, lo entiendo -susurró, sonriendo mientras lanzaba una mirada cómplice a Padma, que no desvió su atención del pergamino.
Blaise se giró sobre su asiento, con las mejillas ligeramente sonrojadas.
-Deberias ir con Mirthy hoy -volvio a pedir Padma. Blaise carraspeó, asintiendo con desgana antes de prestar atención a lo que McGonagall decía.
La clase pasó sin problema alguno. McGonagall hablaba sobre los temas que serían vistos en los EXTASIS y al finalizar la clase les dejo una montaña monumental de deberes que Blaise, sin saber porqué, estaba seguro de ya haberlos visto.
Al terminar la clase, lanzó un hechizo de reducción a sus útiles y ayudó a Padma con los suyos, colgándose la mochila sobre el hombro. Como siempre, analizó a las personas a su alrededor hasta que su mirada chocó contra la de Ginevra Wealsey. La pelirroja lo fulminó con la mirada antes de dirigir su mirada a Padma y mirarla con desagrado.
-¿Quieres ir ahora? -preguntó Padma.
-Mejor primero avancemos el trabajo y luego iremos -murmuró Blaise, colocando una mano contra la espalda baja de Padma instandola a caminar. La Ravenclaw dirigió una mirada a los Slytherin de salir del aula.
Granger le sonrió con cierta dulzura, como si supiera algo que Padma ignorara. Su mirada se desvió a Blaise y las mejillas de la chica enrojecieron.
La sonrisa de Granger se ensanchó.
Padma sacudió su cabeza, parándose recta y apresurando su andar.
-¿Todo bien? -preguntó Blaise, caminando a la par de la hindú. Padma asintió, abochornada.
-Completamente -murmuró, ignorando el escalofrío que Hermione Granger le había provocado.
4:55 p.m
Desde niña a Pansy le habían enseñado que la paciencia era la mejor actitud que una dama de buena alcurnia podía mostrar ante una situación desalentadora.
Por esa razón, cuando paseó por Hogsmeade junto a Corvinus y Helena ante la atenta mirada de los carroñeros, simplemente sonrió como si el mundo no estuviera de cabeza. Siguió con esa misma sonrisa cuando se despidió de ambos chicos y caminó hacia aquella prometedora tienda, (Moda Tiros Largos), para comprar una snitch dorada como la de Blaise que ahora pertenecía a Hermione.
Siguió con esa estupida sonrisa cuando entró a la estupida farmacia y lanzó un Imperio a la dependienta. Mantuvo esa sonrisa cuando salió del lugar con aquellos frascos guardados en la protección de sus bolsillos después de lanzar un Obliviate a aquella mujer (solo por seguridad) y aún la tenía cuando regresó al castillo y escuchó aquellos murmullos a sus espaldas. Esos murmullos que la clasificaban como mortífaga (lo cual, no era tan errado).
A veces se preguntaba: ¿si ellos hubieran estado en su situación qué hubieran hecho? ¿Se habrían revelado contra sus padres? ¿Habrían rechazado su linaje? ¿Se negarían a llevar la Marca aunque eso les costase la vida? Sinceramente, lo dudaba.
Muchos podrían burlarse y decir que hubieran muerto con nobleza antes que vivir siendo un cobarde cuando hubieran hecho lo mismo que Peter Pettigrew... o, tal vez sí habrían tenido las agallas para negarse.
Tal vez ella se estaba escondiendo detrás de la excusa de proteger a sus amigos cuando realmente no era más que una cobarde.
No importaba, lo hecho... hecho estaba. No había forma de cambiar el pasado así que aceptaría lo que viniera sin quejarse.
Así que siguió sonriendo aunque por dentro se estuviese muriendo de miedo. Siguió sonriendo mientras caminaba hacia los baños de Myrtle la Llorona. Su sonrisa no tembló aún cuando aquella fantasma la miró con curiosidad mientras Pansy se adentraba en uno de los cubículos.
Ahí siguió su sonrisa cuando, momentos después, todo se fue al carajo. Siguió ahí aún cuando las lágrimas empezaron a resbalarse por sus mejillas mientras veía fijamente aquellos frascos, todos de un color rosado, destrozar su futuro y el de sus amigos.
Así que obviamente no desapareció cuando pequeños sonidos (idénticos a una risa sin gracia) se escaparon de sus labios a la vez que ella llevaba sus manos a su cabellera azabache, soltando tirones como si quisiera arrancarse los mechones. Solo se tambaleó cuando los sollozos se escaparon de sus labios y tuvo que llevar ambas manos para silenciarlos.
Lloró como no había llorado en mucho tiempo. Lloró, recordando a todas aquellas personas que perdieron la vida, personas valiosas para ella, y lloró por todos esos sueños que fueron destruidos cuando Lord Tenebroso regresó del infierno. Berreó, como si no hubiera mañana mientras llevaba ambas manos a su plano estómago y empezó a frotar casi con desesperación.
-Lo siento tanto. Tanto, tanto -lloriqueó, estrujando su chaleco del uniforme al aferrarse a el con ambas manos- Perdóname, perdóname... por favor, por favor...
Y siguió llorando sin poder tranquilizarse. Y escuchó, escuchó a Myrtle cantar una canción de cuna muggle, aquella que Hermione le cantaba a Tate. Sin ser consiente, su cuerpo se balanceó al son del tarareo.
Con la cabeza recargada contra la pared del cubículo y la mirada fija en los cinco frascos empezó a tranquilizarse. Su lloriqueo empezó a disminuir de intensidad.
-¿Myrtle? -preguntó con voz ronca. La canción de aquel fantasma se interrumpió abruptamente.
-¿Sí? -su voz sonaba tensa, a la defensiva.
-¿Podrías hacerme un favor?
-¡Sí! -escuchó su risa ahogada. Pansy se preguntó hace cuanto que la fantasma no hablaba con alguien. Alguien que no buscara un chisme candente o burlarse de ella.
-¿Puedes ir a cualquier lado del colegio?
-Solo a donde lleguen las tuberías -dijo con voz temblorosa, como si temiera no ser de utilidad. Pansy suspiró.
-¿Podrías intentar buscar a Hermione Granger?
-¿Granger? -su pregunta era sorprendida. De seguro había estado al pendiende de los chismes.
-Por favor -pidió, prácticamente rogándole. Segundos después, un chapoteo se escuchó en el baño. Myrtle se había marchado.
El tiempo se le hizo eterno. Mil dudas la atacaron por todos lados.
Las cosas podrían salir mal.
Ella no estaba lista.
Vincent no estaba listo.
Ellos ni siquiera se amaban.
Draco posiblemente la encerraría hasta que todo terminara.
Los demás lo apoyarían.
No quería ser una carga.
No sabía cómo ser una... una...
El corazón empezó a latir con más fuerza, como si se preparara para un ataque de pánico.
-¡Por Cirse! -jadeo, respirando agitadamente.
-¿Pans? -la pregunta se oyó en un susurro, como si la dueña dudara hablar en voz alta.
Pansy no pudo responder, estaba a punto de mandar todo al carajo.
Se escucharon unos murmullos y segundos después la puerta del cubículo se abrió.
Hermione Granger, su mejor amiga, la miraba con preocupación. Al ver las lágrimas cayendo por sus mejillas sus orbes la recorrieron frenéticamente, como si buscara algún signo de que alguien la hubiera lastimado.
-¿Pans? ¿Qué sucedió? ¿Alguien te embrujo? ¿Qué pasa? -disparó pregunta tras pregunta mientras daba un paso hacia ella. La punta de su pie golpeó los frascos en el suelo, haciéndolos rodar hasta perderse en los cubículos adyacentes. Su mirada no se perdió el espectáculo- ¿Pans? -su voz tembló. Y Pansy lo supo, supo que ella lo sabía inclusive antes de que las palabras se escaparan por sus labios.
-Estoy embarazada.
Septiembre, 24. 1997
Aún recordaba la primera vez que había visto a alguien morir, la única vez.
Lo recordaba perfectamente porque faltaba poco más de tres días para su cumpleaños número siete. Recordaba lo hermosa que era su madre y lo enamorado que estaba su padre de ella.
Recordaba su larga cabellera color oro que siempre brillaba a los rayos del sol. Era tan larga que su madre tenía que recogerla en un chongo y aún así los mechones caían hasta la cintura.
Recordaba sus ojos que eran del color del cielo y que siempre demostraban el estado de ánimo en el que se encontraba. Recordaba acompañarla todos los fines de semana a buscar criaturas en el bosque que quedaba cerca de su casa.
También recordaba que a su madre le encantaba cocinar y que odiaba el té que hacía su padre pero que nunca rechazaba una taza.
Le encantaba experimentar y tenía un laboratorio demasiado singular. Demasiados frascos llenos de distintos elementos. Demasiados calderos y productos de origen muggle que parecían funcionar para ella.
Recordaba que aquel día se había levantado temprano, más temprano que nunca, pero aún así su madre ya se encontraba en su pequeño laboratorio... tal vez esa noche no había ido a dormir.
Había subido la escaleras y había entrado sigilosa al laboratorio. Su bella madre le había regalado una sonrisa llena de vida y le había indicado que se sentara en el pequeño taburete en la esquina del laboratorio.
Recordaba haberle hablado sobre su extraño sueño donde cabalgaba un unicornio y también recordaba que se había enojado un poco porque sabía que no le estaba prestando atención.
Recordaba ese momento con vívido detalle.
Su larga cabellera desordenada, sus finas manos temblando alrededor de los frascos de vidrio, al caldero lanzar chispas rojas. La flama subir con fuerza, el estallido... el cuerpo de su madre ser lanzado contra los estantes y los cintos de frascos caer encima de ella.
Recordaba el fuego rugir con furia por todos lados. Sus gritos y los pies descalzos de su madre sobresalir de aquel desastre.
Recordaba como su padre la había sacado cargando de la casa y recordaba su espalda mientras volvía a adentarse en ella.
Y aunque mucha gente mirara extraño a su padre por ser tan sonriente después de la muerte de su madre, ella sabía que algo dentro de él había muerto con ella. Recordaba haberse sentido aliviada cuando recibió la carta de Hogwarts y lo contenta que estuvo de por fin alejarse un poco de todo aquel dolor en el que su padre se sumía.
Recordaba muy bien lo feliz que se había sentido las ser seleccionada a Revenclaw y lo mal que se sintió cuando no fue bien recibida. Que aún era demasiado extraña para pertenecer a aquel grupo
.
Recordaba lo feliz que se había sentido al ser bien recibida por los Slytherin años después y como el corazón le saltaba cada vez que Theodote Nott le sonreía. El calor en sus mejillas y los extraños pensamientos sobre él.
Luna recordaba muy bien todos los momentos de su vida pero aquellos recuerdos que empezaban a explotar como burbujas dentro de su cabeza no eran suyos. Definitivamente no le pertenecían y se sentía como una invasora al adentrarse en ellos.
Había sentido la soledad como suya. El miedo como propio y el dolor tragar tan profundo en su cuerpo.
Cada recuerdo, cada secreto ajeno le dolía... le dolía tan profundo que sentía desfallecer. Quería que el dolor se detuviera, que los malos recuerdos se borraran. Que la culpa desapareciera.
Pero todo se envolvió alrededor de ella como un collar de fuerza que la obligaba a mirar los recuerdos de una vida que no eran suyos.
Y cuando sintió que no podía más, que el dolor la partiría en dos... una luz brilló sobre la oscuridad. El amor incondicional la abrigo para no sentir el frío, una sonrisa estallo en su rostro y el calor de un abrazo logró hacer temblar su corazón.
La lealtad, orgullo, amistad y amor que aquellas personas le demostraban día tras día no hacían más que provocar lágrimas en la rubia, lágrimas de alegría y felicidad. No importaba que tan mal se sintiera, sabía que ellos detendrían su caída y lo obligarían a alzar la cabeza y sonreír ante lo que venía.
No importaba cuántos recuerdos fueran borrados y destruidos, ellos siempre serían su familia.
Sin más recuerdos, si más destellos u sentimientos ajenos y del pasado algo empezó a sacudirla. Sacudirla con fuerza como si quisiera que reaccionara y saliera de aquel bucle oscuro que se repetía una y otra vez.
Sus párpados pesaban una tonelada al igual que el resto de su cuerpo. En vez de sangre parecía que fuego corría por sus venas y cada hueso parecía doler de una forma inimaginable. Solo un pequeño rincón entre la unión de su cuello y hombro era el único lugar que se salvaba de aquel dolor. Quería sumergirse en esa extraña calma y no despertar nunca.
Pero lo hizo, con sus párpados revoloteando y la sequedad en su garganta, por fin logró abrir los ojos. De un color tan claro como las nubes recorrieron el cómodo lugar en el que parecía estar descansando, descansando apesar del dolor.
Era su habitación en la Torre de Premios Anuales, con los colores de su casa reflejarse en las sábanas de la cama en la que estaba acostada, en los dorsales de la misma y en la silla del escritorio. Aunque su vista solo podía enfocarse en el techo por qué dolía demasiado girar la cabeza.
-Uh -un jadeo de dolor se escapó de sus labios. Unos segundos después, la cama a un lado de su torso se hundió y un grueso brazo se interpuso entre su espalda y el colchón. Su cuerpo fue levantado con delicadeza y una segunda persona se sentó del otro lado de la cama.
-Toma, has de tener la garganta seca -murmuró una voz femenina. Un cuenco de madera fue empujado a sus labios- Bebe despacio.
Con pequeños tragos de agua, su garganta empezó a humedecerse.
-¿Cómo te sientes? -la mirada de Hermione Granger era preocupada. Con sus orbes color miel recorriendo todo su rostro, buscando algún signo de dolor. Luna sonrió.
-Me duele mucho -admitió entre los látigos de dolor. Un segundo siseo de dolor de escapó entre sus labios. Sintió el grueso brazo tratar de volver a acostarla pero Luna se quejó- No, quiero estar sentada -lloriqueo
-De acuerdo -murmuró tosco Gregory. Empujando el pequeño cuerpo de Luna. Gregory logró maniobrarla hasta poder sentirla con su espalda dando a su pecho. Con sus piernas a cada lado de los muslos de Luna- ¿Mejor? -Luna negó, pero no trató de moverse.
-¿Cuanto...?
-Nueve días -masculló una tercera voz antes de que la cama a un lado de sus pies se hundiera. Pansy Parkinson, con los ojos rojos de posiblemente tanto llorar, la miró con curiosidad. Luna desvió la mirada a Hermione, que la miraba de la misma manera aunque un brillo de desconfianza de ocultaba en sus ojos.
-¿Por que me miran así? -preguntó, tentada a mirar a Gregory a los ojos pero el cuerpo le dolía demasiado.
Hermione miró con desconfianza a Gregory, luego disparó una mirada preocupada a Pansy antes de estirarse y tomar un espejo de sobre la cómoda a un lado de la cama. El espejo reflejo su rostro.
Su cabellera tan blanca como la nieve estaba lista, como si le pasaran el cepillo todos los días. Sus rostro estaba más pálido de lo común y sus labios estaban húmedos debido al trago de agua pero nada de eso fue lo que llamó su atención. Ni siquiera la pequeña cicatriz que parecía haber nacido en su ceja derecha le molestó, idéntica a la que Theo poseía.
No, nada de eso.
Lo que le robó el aliento fue la profunda mirada que aquellos orbes color dorado le regresaban.
-¿Qué...? -intentó llevarse las manos al rostro pero pesaban demasiado- ¿Cómo...?
-No estamos seguros de nada, Luna -respondió Hermione- Recuerda que nunca ha habido un hombre lobo como Theo y lo más parecido fue Greyback... y él...
-Está muerto -murmuró para sorpresa de los tres Slytherin. Hermione miró confundida a Pansy que se encogió de hombros.
-Ajá... -masculló Hermione- Has estado sumergida en un sueño intranquilo, por lo que hemos visto. Había días en los que no dejabas de gritar por el dolor y otros en los que estabas tan quieta como si te hubiesen petrificado.
-Pero el último día no dejabas de repetir el nombre de Theo -continuó Pansy- Te movías con rudeza por toda la cama, temblando y con sudor bajando por todo el cuerpo.
Sus últimos recuerdos habían sido de Theo, so si lo recordaba.
Como si Hermione hubiera visto aquello revelado en su rostro, frunció el ceño con curiosidad antes de mostrar una mueca de dolor y llevarse los dedos a la sien.
-Tienes un gran muro de hormigón rodeando tu mente -masculló con molestia- Idéntica a la de Theodore.
-Theo había dicho algo por el estilo hace tiempo... -murmuró Luna. Pansy asintió.
-Tendría mucho sentido que la magia de Theodore se enrrollara alrededor de la tuya -Pansys se encogió de hombros.
-¿Creen que sus ojos vuelvan a la normalidad? -preguntó Gregory, su voz retumbando contra la espalda de Luna.
-No tengo idea -admitió Hermion- Pero mientras eso no ocurra, ella de quedará aquí -sentenció.
-No creo poder moverme de aquí -concordó Luna- El cuerpo me duele demasiado, siento como si me estuviera quemando desde adentro. Inclusive mi visión es un poco borrosa, como si estuviera desenfocada...
-¿Tal vez una pócima para el dolor? -preguntó Gregory. Hermione se mordió el labio.
-Podríamos preguntarle al director Snape qué opina.
-Yo hablaré con él -soltó Pansy, levantándose de golpe. Los ojos de los tres se dirigieron a ella- De todas formas tengo algo que decirle -sus ojos se llenaron con pena. Hermione le sonrió.
-Entenderá -dijo. Pansy asintió, girando sobre sus talones y dándoles la espalda para salir por la puerta. Hermione miró a Luna, envolviendo sus manos alrededor de la de ella- Iré por algo de comer, has de tener mucha hambre.
-Sí, algo... aunque no creo que pueda digerirla -admitió.
-No tardo. Greg se quedará contigo.
-Gracias.
Ambos vieron a la Slytherin salir por la misma puerta que Pansy.
Septiembre, 25. 1997
Grimmauld Place, 12.
8:32 a.m
-Lo siento, Harry... -la mano de su padre dio un apretón en su hombro, como si quisiera compartirle su simpatía por lo que acababa de leer en "el Profeta".
Una familia muggle había sido asesinada, esa era la noticia. La Marca Tenebrosa brillaba a la luz de la luna y se alzaba por encima de una vivienda muggle.
Pero no una vivienda muggle cualquiera, no para él.
-Tuvimos que haber previsto esto -se lamentó Shacklebolt.
-Pensamos que habíamos agotado todos los caminos -Moody golpeó con la palma abierta la mesa de la cocina- Malditos mortífagos.
-Usualmente muestran la fotografía de la familia, ¿por qué no la han mostrado? -preguntó Ron confundido. Al recibir las miradas de sorpresa de los miembros de la Orden, se encogió de hombros con las orejas tan Rojas como su cabello- Lo siento, solo me parece extraño que no hayan mostrado fotografía de la familia de Harry pero sí de los mortífagos muertos.
-El chico Weasley tiene razón -siseo Lucius quien era el único que no se encontraba sentado en la mesa. Todas las cabezas se giraron hacia él. Con porte elegante y brazos cruzados les lanzó una mirada que les dio a entender que eran estupidos- Me parece una estupidez mostrar la fotografía de Kurt Parkinson y sus compinches muertos sobre el asfalto en vez de la familia de Potter como advertencia.
-¿A qué te refieres? -preguntó Lupin, entrelazando su mano a la de Tonks.
Kingsley Shaclebolt, Alastor Moody, Sirius Black, James Potter, Remus Lupin, Nymphadora Tonks, Emma Vanity, Minerva McGonagall, Molly y Arthur Weasley junto a sus hijos: los gemelos Fred y George y Bill Weasley junto a su esposa, Fleur dispararon miradas entre el trío de oro y Lucius Malfoy. Aún ninguno de ellos confiaba plenamente en el ex-mortífago.
Lucius se encogió de hombros.
-Tal vez Parkinson no logró encontrar a la familia muggle de Potter y, como todo mortífago impaciente, mandó a llamar a Lord Oscuro. Eso explicaría porque murieron si realmente encontraron a los muggles.
-¿Crees... que mi tía Petunia y Duddley estén vivos? -preguntó Harry, sorprendido por la teoría de Malfoy.
-Podría ser... -su voz tembló- Lo que no me explico es-: ¿por qué si la misión fue encargada a Draco, Parkinson los encontró? -frunció el ceño- Algo no me cuadra... todo parece demasiado... perfecto.
-¿¡Perfecto!? -escupió Sirius- La familia de Harry podría estar muerta. Lo único bueno que resulta de todo esto es que hay cinco mortífagos muertos.
-Me refiero a que... -Lucius pareció dudar así que simplemente se encogió de hombros y desvió la mirada hacia el fregadero, con el ceño fruncido. Sirius abrió la boca, dispuesto a gritarle cuando Harry dobló el periódico y se dirigió a todos.
-No les pedí una reunión para hablar sobre esto... siento esta interrupción pero hay algo importante que debo contarles -dijo con voz seria. Sobreponerse a la perdida, no serían las únicas bajas y no podía mantener la esperanza de volver a verlos con vida si eso lo distraía de la misión original.
-¿Qué sucede, Harry? -Emma lo miraba con un dedo de preocupación. Su rostro se veía cansado y parecía haber perdido peso. Se veía devastada.
Los miembros de la Orden del Fenix miraron a Harry con curiosidad, dispuestos a empezar una nueva misión para terminar con la guerra.
-Profesora McGonagall -Harry se giró a su antigua jefa de casa- ¿Usted llegó a ver a Pansy Parkinson o Vincent Crabble en los pasillo sde Hogwarts este año?
-¿O en su clase? -preguntó Neville. Las cejas de Minerva se alzaron, demostrando su sorpresa.
-Ah. Sí, he llegado a ver a la joven Parkinson en el Gran Comedor -respondió- Ella no asiste a mi clase.
Harry apretó con fuerza los labios.
-¿Conoce usted la reliquia de Salazar Slytherin?
-¿Su guardapelo? -Harry, Ron y Neville asintieron- Oí que se perdió cuando el último de sus descendientes falleció.
Harry se desplomó.
-Oh.
-¿Qué sucede, Harry? -preguntó Molly, con su mano entrelazada a la de Arthur.
-¿Saben ustedes que es un Horrocrux? -preguntó con reticencia, aún no muy seguro de contarles aquello.
McGonagall, Moody, Shacklebolt, Bill y Arthyr Weasley junto a Lupin lo miraron con horror. Emma, Tonks, Molly Weasley y los gemelos Fred y George miraron a Harry confundido. Sirius, James, Lucius, Ron y Neville que ya estaban al tanto miraron con seriedad a Harry.
-Un Horrocrux es un objeto que guarda un pedazo del alma de una persona -respondió Alastor con un gruñido- Magia negra.
-¿Por qué actúan como si vieran al mismísimo Lord en persona? -se mofó Fred. Molly lo reprendió y Lupin carraspeó.
-Un objeto maligno con el cual puedes vivir eternamente mientras ese objeto no sea destruido -miró a Harry- Debes cometer el peor crimen para poder hacer un Horrocrux. Aunque nunca he visto ni oído hablar sobre el hechizo que debe llevarse para completar la ecuación.
-¿El peor crimen? -la voz de Molly tembló.
-Asesinar -respondió Lucius.
Todos guardaron silencio.
-¿Estás insinuando que Lord Tenebroso es inmortal? -preguntó Emma. Harry asintió.
-No solo eso, sino que logró hacer seis Horrocrux exitosamente -respondió. Todos jadearon mientras Alastros y Arthur maldecían.
-El anillo de Gaunt, su diario, Nagini, su serpiente. La diadema de Rowena Ravenclaw, la copa de Helga Hufflepuff y...
-... el guardapelo de Salazar Slytherin -murmuró Minerva. Neville asintió.
-El anillo fue destruido por el profesor Dumbledore antes de morir y el diario por Harry en segundo año -dijo Ron.
-El profesor Dumbledore me encomendó encontrar y destruir los Horrocruxes pero me ordenó no hablar de ello con nadie aparte de Ron y Neville -se disculpó.
-Entiendo porque te lo pidió, Harry -dijo Shacklebolt- Y agradezco que confíes en nosotros aunque en mi opinión deberías haber seguido su consejo.
-¿Enviarlo a una misión suicida? -jadeo Minerva- Tuvo que habernos encomendado esa tarea a nosotros y entrenar a Harry para poder enfrentar al Señor Oscuro.
-Estoy con Kingsley -gruñó Moody- ¡Alerta permanente! Podrían atraparnos y torturarnos por la verdad de aquello.
-Minerva tiene razón -se quejó Tonks- Lo único que Harry debería hacer es entrenarse, no morir antes de la batalla final.
-¿Sabes donde están los Horrcruxes? -preguntó Bill. Harry miró nervioso a sus amigos.
-Nagini siempre va a todos lados con Lord Oscuro -intervino Lucius.
-Y el guardapelo está en manos de Pansy Parkinson gracias a Mundungus.
-¿Qué? -escupió Alastor.
-Mi hermano, Regulus, lo tuvo en su poder pero Mundungos lo robó de entre las cosas de Kreacher la última vez que estuvo aquí -respondió Sirius- Prácticamente se lo regaló a esa chica.
-No he visto mucho a la joven Parkinson pero conozco el guardapelo y déjenme decirles que no lo porta -dijo Minerva. Lupin resopló con fuerza.
-¿Sabes donde están los otros? -preguntó a Harry, dejando por el momento de lado aquella información.
-No, pero supongo que están ocultos en lugares que Voldemort considera importante.
-¿Dumbeldore nunca te dijo dónde empezar? -preguntó Emma. Harry negó.
-¿Como se destruyen? -preguntó Tonks.
-Aún no sabemos -se lamentó Neville.
-No saben como destruirlos ni donde se encuentran -dijo Fred- ¿Dumbledore no les dijo? -los tres negaron- Y el único que han encontrado se encuentra resguardado en Hogwarts entre las manos de Pansy Parkinson, una de las protegidas de Severus Snape, el nuevo directo de Hogwarts.
-No tienes porque ser tan idiota -se quejó Ron. Molly lo miró con censura.
-¿Quieres que consiga el Horrocrux? -preguntó Minerva. Harry hizo una mueca.
-¿No les parece demasiado conveniente que ella tenga el Horrocrux? ¿Qué tal si ya se lo dio a Lord Tenebroso? -preguntó George.
-Dudo que Voldemort le haya contado algo de los Horrocrux a sus seguidores -todos miraron a Lucius. Él negó.
-Nunca habló de algo por el estilo -admitió.
-Lo que trato de pedirle, profesora McGonagall, es que convenza a Hermione Granger de unirse a la Orden. Así ella podría conseguirnos el Horrocrux que Parkinson seguro guarda en su recámara
-¿¡Qué!? -todos jadearon y miraron sorprendidos a Harry.
-Dumbledore, además de nosotros tres, le dejó una de sus pertenencias a Granger -interrumpió Neville- ¿Por qué lo haría si no confiara en ella? Un espía entre las serpientes.
-¿Creen que ella pueda sernos de utilidad? -preguntó Emma- Siempre fue muy unida a Malfoy.
-Y él la traicionó antes de marcharse de Hogwarts -dijo Ron- Un voto de confianza.
-¿A un Slytherin? -preguntó Bill.
-¡Ey! -se quejó Emma.
-¿Están seguro sobre aquello? -preguntó Arthur con cierta desconfianza- Nunca he hablado con la chica, pero por lo que Ginny llegó a contarnos es una auténtica Slytherin.
-¿Y como es una auténtica Slytherin? ¿Eh? -escupió Emma.
-Una persona que aprovecha una verdadera oportunidad -murmuró Lucius, atrayendo la atención- Lo hará, si le aseguras darle lo que más desea.
-¿Y eso sería? -preguntó James, entrando a la conversación.
-No lo sé -se encogió de hombros- Pero a ella no le conviene que Lord Tenebroso gane. Estoy seguro que lograrán encontrar algo que ofrecerle.
-Aquí la verdadera pregunta es, ¿qué haremos? -preguntó Shacklebolt.
-Buscar los Horrocurx -sentenció Harry- Y destruirlos, después de eso... Voldemort será nuestro.
¡Espero les haya gustado! No olviden dejarme sus Review, recuerden que siempre los leo. Tampoco olviden pasar a mirar mi nueva historia (basada en un libro), sé que el inicio es un poco lento pero les gustará.
¡Nos leemos muy pronto! Más de lo que creen.
Besos. Y disculpen tanto la tardanza.
-Nia.
