Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo XXVIII

Por lo general, Orion Black era un hombre muy calmado y algo más comprensivo que su esposa Walburga en distintos aspectos de la vida, no le gustaba verse envuelto en chimes de baja categoría y adoraba la supremacía de la sangre. Todo esto lo calificaba como un hombre noble dentro de su círculo, además de ser considerado un padre amoroso y preocupado por sus hijos, lo que no quitaba que fuese estricto en ciertas ocasiones.

Y claramente hoy todos sus atributos estaban siendo probados de la peor manera y en cualquier minuto sufriría un ataque de nervios.

Terminó de colocar los tres vasos de leche en una bandeja y también sacó algo del pastel que había preparado Kreacher. Era un excelente cocinero y buen elfo, aunque prefería dejarlo fuera de todo a causa del amor incondicional que profesaba a Walburga.

Subió las escaleras tomando todo el aire que le fue posible y esperando que las respuestas que buscaba fuesen satisfactorias.

Se lo merecía.

Había salvado a una sangre sucia, luego la había curado y cuidado. Se había enterado por medio de un diario de algo terrible que venía sospechando hace semanas después de dedicarse a seguir a su hijo Regulus cada vez que salía; tenía que soportar que fuese un Mortífago y además verlo llegar como si acabase de matar a alguien.

Y él que pensaba que Sirius le había dado problemas.

Tocó tres veces la puerta de la antigua habitación de su hijo mayor y entró enseguida. No esperaba una invitación, solo se anunciaba por educación.

Cerró la puerta con cuidado una vez dentro y dejó la bandeja sobre la cama. Tomó uno de los vasos y se sentó frente a los chicos en una silla.

Hermione seguía en la misma posición y Regulus estaba ahora sentado en la cama a su lado. Se notaba más calmado, aunque sus mejillas sonrosadas y ojos brillosos delataban que había estado llorando, además de una fiebre incipiente.

–Muchas gracias, señor Black. –Dijo la chica acercando la bandeja y obligando al pelinegro a comer.

–No quiero, Hermione. –El chico apartó con su mano el vaso que le tendía la castaña.

–Comerás, ahora. –Intervino su padre con autoridad.

Regulus se contuvo de responder algo y aceptó lo que ofrecía la bandeja. Comieron en silencio unos minutos tratando de dilatar la conversación que ocurriría de todas formas. Hermione pensaba mientras tanto la forma más sutil de comenzar y lo que generara menos daño, algo diplomático. Quizá le podía hacer un cumplido a Orion o preguntar una trivialidad…

–¿Acaso no te han dicho padre que es de mala educación leer las cosas ajenas y seguir a otras personas? Ahora veo de dónde aprendí a espiar a la gente. –Fue lo primero que salió de la boca de Regulus en cuanto acabó su leche.

La castaña cerró sus ojos unos segundos y recobró la calma, no tenía pensado que comenzaran a hablar de esa manera.

El chico levantó el diario de Dorcas y se lo mostró.

Orion seguía tan calmado como al principio, daba miedo.

–¿Y es esa la forma correcta de hablarme, Regulus? Ten algo de respeto. –Contestó el hombre –Además no tienes derecho a pedir explicaciones, soy yo quien estoy esperando que me digas lo que está pasando. Soy tu padre.

–Pasa que te entrometes en cosas que no te importan. –Explotó contenido Regulus –Corres peligro innecesario y todo porque no eres capaz de aceptar que no puedes controlar todo lo que pasa a tu alrededor.

Orion se paró de un salto de la silla y se acercó a Regulus que también se puso a su altura y tiró el diario a la cama.

–Me acusas sin ponerte un segundo en mi lugar, Regulus. –Siseó Orión sin contener la rabia que sentía en ese momento –Desde que te convertiste en Mortífago… ¡Y por Merlín no entiendo por qué lo hiciste! No hay un solo día en que lea El Profeta con la sola esperanza de que tu nombre no aparezca allí siendo sindicado como un vulgar asesino, o peor aún, detallando que fuiste arrestado o asesinado por los Aurores. –El hombre tomó un poco de aire y estiró su chaleco de vestir en un gesto demasiado aristocrático para Hermione que miraba en silencio –No tienes idea, Regulus. No sabes lo que se siente, la angustia de saber que en cualquier minuto puedes desaparecer. No eres padre y por eso eres incapaz de ponerte en mi lugar, muchacho insensato y malcriado. Naciste y creciste como un príncipe dentro de la mejor de las familias, siempre lo has tenido todo, y no conocerás el verdadero miedo hasta que tengas algo que perder.

En cuando terminó, Orion les dio la espalda y volvió a sentarse en la silla, tan calmo como antes.

Regulus tragó pesado aguantando las ganas de estallar como de verdad quería, en cambio se quedó de pie e intentó calmarse antes de volver a hablar.

–Sí te entiendo, padre. –Dijo el pelinegro señalando el diario –Tengo a Dorcas y a mi hijo, aunque por supuesto ya lo sabes, te diste el trabajo de husmear donde no debías. –Finalizó con su altanería habitual.

Su padre lo miró unos segundos como si estuviese analizando algo muy importante.

–Reconozco que te seguí, también que leí aquel diario, sin embargo no fue por entrometerme en asuntos ajenos. Todo lo que tenga que ver con mi familia y su seguridad es de mi incumbencia. –La aclaración de Orion no le dejaba espacio a replicas.

Regulus dio vuelta el rostro evitando a toda costa a su padre, mientras que Orion bebía de su vaso esperando explicaciones.

Hermione suspiró y se arrastró como pudo por la cama para quedar más cerca del padre de Sirius.

–Es todo por mi culpa, señor Black. –Dijo la chica e hizo callar a Regulus que había comenzado a replicar.

–Tiene mi atención. –Respondió de inmediato Orion.

La castaña no sabía muy bien por dónde comenzar, tampoco qué partes debía omitir, así que un resumen de la situación sería suficiente.

–Solo le pido que no trate de entrar en mi mente otra vez, por respeto y también porque sé Oclumancia, sería en vano. –Pidió Hermione muy seria.

Orion asintió.

–Hay cosas que no le podemos explicar porque son realmente muy peligrosas y difíciles de asimilar en este momento, pero tenga la certeza de que no son nada que podría perjudicar a su familia. –La chica hizo una breve pausa antes de continuar –Yo me acerqué a Regulus primero, lo busqué por ayuda. Como bien sabe soy novia de su hijo Sirius, –Orion se removió incómodo al escuchar el nombre de su hijo mayor –y hace unos meses atrás cuando lo conocí supe la falta que le hacía su hermano, y un día llegando a casa me encontré con Regulus que miraba a Sirius a lo lejos, escondido… entonces supe que la nostalgia era mutua. Lo principal era unirlos nuevamente, fue algo que tomó tiempo, y luego se dio esta cercanía que mantenía Regulus con todo el mundo de los Mortífagos, le expliqué la situación, él entendió cosas que antes no hacía y se ofreció a ayudar. Él ha estado ayudando activamente al cuerpo de Aurores, señor Black, su hijo ha sido fundamental en esta guerra.

Orion cerró los ojos procesando todo por unos segundos.

–¿Me está diciendo que usted lo obligó a unirse a los Mortífagos?

Regulus se giró de inmediato a su padre.

–No, eso fue decisión mía. Hermione no estuvo de acuerdo cuando lo supo, pero era la manera más fácil y rápida de entrar en el círculo más íntimo de Voldemort. –Explicó el chico con determinación –La única forma en que puedo ayudar es siendo yo mismo, un Black. El papel de chico bueno, de héroe que quede para otros.

Su padre parecía cada vez más confundido, por supuesto entendía lo que le estaban contando, pero no terminaba de comprender por qué Regulus, su hijo que siempre había sido todo lo que esperaban del heredero Black, estaba actuando de una forma tan distinta.

–¿Por qué, Regulus? –Preguntó Orion preocupado –Siempre creí que estabas de acuerdo con la pureza de la sangre, con nuestros principios, y ahora resulta que eres un espía de los Aurores.

–Y lo comparto, padre. –Contestó el chico resuelto –Aunque no puedo negar que estoy dispuesto a hacer ciertas concesiones si eso me permite tener la familia que quiero, con amor de verdad. Con Sirius en ella.

Orion nuevamente respiró con dificultad, era como si cada vez que decían el nombre de Sirius, una enorme nube de veneno se le atascaba justo en el pecho.

–Es sabido que no soy seguidor de Voldemort y mucho menos de sus Mortífagos y actos violentos… –Dijo Orion –Sin embargo sus ideales son a los que toda familia noble debiese aspirar y apoyar, ¿por qué buscas destruirlo? Eres un Black, Regulus.

Esta vez fue Hermione quien intervino.

–Voldemort es un asesino, señor Black.

Orion le iba a responder cuando se vio interrumpido por su hijo.

–Creo que soy diferente a como pensabas, padre. Lamento decepcionarte, apoyo la tradición familiar, pero no puedo pretender estar ciego con todo lo que pasa fuera. –Regulus estaba mucho más calmado que al principio –Además quiero estar con mi hermano nuevamente, como una familia, aun cuando ustedes piensen que está equivocado por defender un ideal diferente. Y él está con Hermione, que es nacida de muggles. –La chica se sorprendió, era primera vez que no la trataba de sangre sucia –Y yo por mi parte me enamoré de Dorcas, ella es una traidora a la sangre junto con su familia. ¿Crees que con todo eso puedo seguir realmente a Voldemort?

Orion cambió su postura y miró a su hijo con algo más de respeto, lo veía maduro, no como un niño malcriado.

–Lo que haces es arriesgado. –La voz de su padre sonaba distinta, ya no había enojo, solo quedaba preocupación –Más ahora con… ¿es cierto todo lo que leí de ese diario?

Regulus asintió antes de responder.

–Dorcas está embarazada, tiene cuatro meses.

–Por eso estabas tan molesto cuando salió la nota de Skeeter en el periódico. –Habló más para él su padre.

–Esa mentirosa humilló a Dorcas y dejó como lo peor a Sirius, él lo único que ha hecho ha sido ayudarnos. –Comentó Regulus.

Orion pasó ambas manos por su rostro y se giró por completo a Regulus y Hermione.

–Entonces esa chica espera a un heredero Black, ¿su sangre qué estatus tiene? –Preguntó de la forma más amable posible.

–¿Qué quieres decir? –Devolvió la pregunta Regulus molesto.

Hermione decidió intervenir otra vez.

–Señor Black, los Meadowes son sangre pura, una excelente familia y muy antigua. Si pregunta por lo que dijo Regulus hace un rato, los tratan de traidores porque los padres de Dorcas trabajan en la Comisión de Registro de Nacidos Muggles y son simpatizantes.

La explicación de la castaña pareció ser satisfactoria, ya que asintió en su dirección.

–¿Y qué pretendes hacer? No es honorable que esa chica sea humillada y mucho menos que un Black nazca como un bastardo. –Volvió a la carga Orion con otra pregunta que para Regulus era ofensiva.

Hermione que parecía árbitro de un partido de Quidditch no dejó que Regulus contestara.

–Señor Black, verá… con Sirius nos casaremos en cuanto él se gradúe de Hogwarts y seremos los padrinos del bebé, por lo que llevará su apellido.

El hombre asintió nuevamente a Hermione encontrando cierta lógica en esa idea, luego miró a su hijo.

–¿Y por qué no lo reconocerás como padre? –Quiso saber intrigado.

–No es seguro, padre. –Respondió Regulus –Ni para Dorcas ni para mi hijo. Voldemort la tuvo secuestrada hace tan solo unas semanas, además es un blanco por ser traidora a la sangre, imagina lo que pasaría si saben que el hijo que espera es mío. Además hoy… el padre de Dorcas fue asesinado. –Terminó con voz estrangulada.

Hermione contuvo el aliento y las lágrimas.

–Ellos… estaban con los Potter. No entiendo. –Dijo la castaña confundida.

–Es complicado, Hermione. Nadie sabe todo lo que pasó esta noche, tenemos trozos de historia. –Se apresuró en aclarar el chico.

Una nebulosa se formó en la cabeza de la chica y se abrazó a sí misma, sintió un repentino frío.

Orion los acompañó en su silencio durante unos breves segundos y luego se lanzó sobre su hijo una vez más.

–¿Por qué llegaste tan alterado, Regulus?

El chico se puso rígido y agachó la cabeza.

–Voldemort me encargó la misión de matar a la nieta menor del Primer Ministro Muggle. –Respondió sin emoción en su voz –La niña estaba en el registro de nacidos muggles, es bruja.

–¿Lo hiciste? –Preguntó Hermione aterrada.

El chico negó.

–Los tenía acorralados, iba a matarla…

–Y te arrepentiste, por supuesto. –Se apresuró su padre esperanzado.

Otra negación por parte de Regulus.

–Lancé el hechizo, y justo su hermana se interpuso. Maté a su hermana, una muggle que ni siquiera sabía lo que estaba pasando.

Tanto Orion como Hermione se miraron con espanto en sus ojos. No querían dar crédito a lo que acababan de escuchar.

La castaña se acercó hasta el chico y lo abrazó. Regulus lloraba en silencio totalmente asqueado y avergonzado. Se había arrepentido en el mismo segundo en que lo había hecho, pero no sacaba nada con desear volver el tiempo atrás, había cometido un acto terrible que no tenía perdón.

–¡No tenía opción! –Gritó mirando a su padre que estaba estático en la silla y lo miraba sin ninguna expresión –¡Dime algo al menos! ¡Golpéame o dime lo mucho que te he decepcionado, padre!

Al ver que no tenía respuesta se soltó del agarre de Hermione y la tomó fuerte por los hombros mirándola directo a los ojos.

–Tú has matado, Hermione… sabes lo que se siente. –Susurró apenas con el rostro bañado en lágrimas.

Hermione tocó las mejillas del chico que ardían.

–Regulus tiene fiebre. –Se dirigió a Orion la castaña para que reaccionara.

–Pero eran asesinos, mataste a personas malas… –Siguió hablando Regulus sin detenerse, respiraba agitadamente –Jamás olvidaré la mirada de esa niña, defendió a su hermana y yo la maté. No tenía que ser así.

–Te entiendo, Reg. Sé lo que estás sintiendo. Por favor cálmate… –Hermione se giró a Orion que seguía en estado de shock –¡Haga algo! ¡Hable con él! –Su grito lleno de frustración sacó al hombre de su estado de confusión.

Se paró y fue por uno de los frascos que había dado antes a Hermione y se lo tendió. Se acercó a Regulus y con algo de torpeza al comienzo lo abrazó. Regulus se pegó a su padre y no lo soltó, cada vez su llanto se hacía más profundo y doloroso.

–Voldemort me lo pidió, no puedo decepcionarlo, él se molestaría y no puedo permitirlo. –Balbuceó el chico mientras Hermione se apresuraba en abrir el frasco y verificar que fuese para bajar la fiebre –Si él decide torturarme o vengarse podría descubrir lo de Dorcas y no puedo perderla a ella o a mi hijo. Y Sirius, si les hace algo no me lo perdonaría jamás.

–En algún momento va a pasar, Reg… –Susurró Hermione.

–Soy un monstruo…

Orion acarició el cabello de su hijo y se separó lo suficiente para mirarlo.

–Hiciste lo necesario para proteger a tu familia, hay veces en que eso significa llevar a cabo actos que jamás pensarías en hacer e incluso sacrificar o sacrificarte. –La voz de Orion sonó llena de comprensión y amor por su hijo, lo que logró calmar un poco al chico –Además, mis hijos no son monstruos, no permitiré que digan eso. Nunca.

Hermione aprovechó que Regulus estaba distraído y lo obligó a beber un poco de la poción. Lo sostuvo cuando cayó en la cama sentado y se aferró a él.

–¿Cómo supiste dónde encontrar a Hermione? –Preguntó con sus ojos casi cerrados del cansancio.

–Te he seguido por semanas, a todos lados donde vas y esta noche no fue diferente. Alcancé a leer la carta que enviaste antes de marcharte y supuse que era para ella. Cuando llegué a la casa de la señorita Granger la vi con Alecto Carrow saliendo de la casa de los Meadowes, sufrieron una despartición, dejaron un rastro de magia que seguí y llegué hasta esa casa muggle donde estabas con Lucius, y vi cuando mató a Alecto y corrió hasta ese diario. Uní algunas piezas y decidí salvarla.

Regulus asintió ante la rápida explicación de su padre, ese hombre no tenía ni una gota de vergüenza por seguir a la gente.

–O sea que me habías visto con Dorcas, Sirius y Hermione antes. –Aseguró el chico.

–Ya sabía cosas, necesitaba confirmarlas solamente. Eso ocurrió esta noche. –Aceptó finalmente el hombre sin arrepentimiento.

Regulus iba a responder cuando sujetó con fuerza su brazo izquierdo.

–¿Qué pasa Reg? –Preguntó Hermione.

–Es Voldemort. –Respondió el chico sin aliento levantando su túnica y mostrando la marca tenebrosa más negra que nunca, se movía como si tuviese vida propia y ardía –Dijo que cuando todo acabara nos llamaría.

–¿Qué pasó? Solo sé lo que vi y lo poco que nos contaste ahora. –Preguntó desesperada la castaña.

–Les cuento luego, ahora debo ir.

Se puso en pie y se dirigió hasta la puerta. Orion y Hermione sintieron sus pasos bajando la escalera y luego la Red Flu.

–Seguro estarán en la mansión Malfoy. –Susurró la castaña mordiendo su labio.

Orion se apoyó en una de las paredes y miró a la chica.

–Regulus admira mucho a Sirius, siempre fueron muy cercanos, claro… hasta que crecieron y surgieron ciertas diferencias entre ellos.

–No piensan muy diferente, señor Black. –Lo contradijo Hermione –La presión que depositaron sobre ellos los alejó por un tiempo.

El hombre no respondió nada con respecto a lo que acababa de decir la chica.

–¿Cree que si Sirius está con él, Regulus se pondrá mejor? –Preguntó de pronto Orion.

Hermione lo pensó un poco antes de responder.

–No olvidará nada, pero al menos se sentirá acompañado.

–Iré por Sirius. –Dijo decidido Orion mirando a Hermione –Además debe llevársela, cuando mi esposa llegue usted no puede estar acá, y como su novio se debe responsabilizar por usted.

Ahí estaba nuevamente el Orion que Hermione había conocido por primera vez.

–¿Me dejará sola? ¿Dónde lo buscará? –Preguntó repentinamente asustada de quedarse en Grimmauld Place sin nadie más que Kreacher deambulando seguramente.

–Tiene su varita y ya le dije que Walburga está en Irlanda, además Kreacher tiene cosas para hacer, no vendrá. –Respondió mirándola con suficiencia –Y por supuesto que lo iré a sacar de Hogwarts.

Hermione se rio y cruzó de brazos.

–Conozco a Sirius, no estará en Hogwarts. –Respondió la chica de inmediato –Si se dio cuenta de lo que estaba pasando fuera, no se quedó de brazos cruzados.

Orion suspiró.

–Iré allí de todas formas, será un buen lugar donde comenzar.

–¿Y cómo llegará? No se puede aparecer en el Colegio. –La voz de Hermione sonó como la perfecta sabelotodo.

–¿Siempre es así? Tan… curiosa. –Preguntó de vuelta Orion y sin esperar respuesta habló –Obviamente iré por Red Flu.

–Tendría que ser por la de la Profesora McGonagall o el Profesor Dumbledore, le recuerdo que soy Auror y sé de las medidas de seguridad que hay actualmente en el Colegio. –Le devolvió Hermione dándose importancia.

–Gracias por el consejo. –Contestó Orion cabreado, aunque recuperó enseguida la calma al recordar cierto detalle –Y tenía entendido que ahora se dedica a la política, ya no es Auror.

El hombre le dio una sonrisa nada natural y salió por la puerta directo a la chimenea de la sala.

Hermione se arropó como pudo frustrada y sujetó fuerte su varita a la espera de quien llegara primero para de una vez por todas saber qué había pasado.

Orion en tanto trató de comunicarse a la Red Flu del Director, para que le concediera permiso de ir porque si era verdad lo que decía esa muchacha novia de Sirius… no se atrevería ni siquiera a intentar cruzar la chimenea. ¡Merlín sabe qué tipo de protecciones tendría la Red Flu!

Al ver después de unos minutos que no había respuesta del otro lado, intentó con la de McGonagall. La profesora sí se encontraba en su despacho, y le dio autorización para ir.

El hombre cruzó la chimenea y saludó cordialmente a la bruja que lo miró asombrada.

–Señor Black, me sorprendió mucho su solicitud, teniendo en cuenta la hora y las circunstancias. –Expresó con cansancio en la voz y rostro McGonagall.

–Perdone mi imprudencia, Profesora. Si el asunto no fuese de suma urgencia, créame que no la habría molestado. Intenté primero ir con el Director pero no obtuve respuesta. –Orion miró por la ventana y vio a lo lejos cientos de hilos fortificando el Castillo –¿Han atacado el Colegio?

McGonagall se dejó caer agotada en la silla frente a su escritorio y le pidió a Orion que hiciera lo mismo con un gesto.

–Se fueron hace media hora al menos. No ingresaron a los terrenos de Hogwarts, sin embargo Hogsmeade quedó destruido y perdimos a unos cuantos residentes y Aurores. –Explicó tapando su rostro –El Director me dejó a cargo, fue con Alastor Moody y seguramente están en el Ministerio a esta hora.

El hombre frente a ella asintió comprendiendo.

–Y dígame… ¿Cómo puedo ayudarle, señor Black? –Preguntó la bruja –Disculpe mi intromisión, pero Regulus no volvió para retomar sus clases, la misma señora Black vino a hablar con Albus y el profesor Slughorn, y hasta donde recuerdo, Sirius es completamente independiente, a menos que cometa una falta y los Potter se hacen cargo.

Orion asintió y le dio una sonrisa de cortesía.

–Precisamente vengo por Sirius, necesito hablar con él un tema un tanto delicado. Sé que no es horario, –explicó mirando el reloj de la Profesora que marcaba las cuatro de la mañana –pero le prometo que es urgente. Le pido su comprensión, la relación de nuestra familia con Sirius no está muy bien actualmente.

McGonagall asintió comprensiva y pidió que aguardara. Se dirigió rauda a la Torre de Gryffindor, de la cual volvió en menos de diez minutos.

Entró convertida en un demonio a su despacho y se paró frente a Orion de brazos cruzados.

–No está, Sirius Black escapó del Castillo. –Refunfuñó.

–¿Solo? –Preguntó Orion preocupado de lo que Hermione había dicho fuese verdad.

–¡Por supuesto que no! –Exclamó la bruja colocándose su capa de viaje –Sirius nunca actúa solo.

–¿Dónde va? ¿Conoce su paradero?

–No, pero sé dónde comenzar a buscar. Me faltan seis estudiantes, señor Black. –Respondió la bruja molesta –Dejé al Profesor Slughorn a cargo, acompáñeme.

Orion siguió a la mujer raudo y entró a la amplia chimenea. En cuestión de segundos atravesaron la Red Flu y llegaron hasta el Ministerio que en cualquier minuto explotaría. Estaba lleno de funcionarios y Aurores, además de Mortífagos como prisioneros que eran trasladados hasta las celdas a espera de un juicio. El Wizengamot en pleno estaba reunido y el Ministro corría en todas direcciones.

–¡Ubiquen a Granger ahora!

Escucharon la súplica del hombre que escapó con ayuda de unos cuantos Aurores de los periodistas de El Profeta.

La alarma de emergencia resonaba por todo el lugar sin parar.

La escena dejó petrificados a Orion y Minerva que miraban en todas direcciones sin saber a dónde dirigirse primero. De pronto de una Red contigua apareció Dumbledore, que en cuanto vio a la profesora se acercó.

–Minerva, ¿qué hace aquí? –Preguntó preocupado y luego se giró hacia Orion –Señor Black, qué gusto verlo.

–Director. –Saludó el hombre con una leve inclinación de su cabeza.

–Albus, –comenzó McGonagall enseguida –seis estudiantes se fugaron del Castillo. El señor Black fue en busca de Sirius por un asunto urgente y al ir a buscarlo me di cuenta de la situación.

El Director sonrió ante la sorpresa de la bruja que siempre era más estricta.

–Están en San Mungo, Minerva. Todos en perfectas condiciones. –Aclaró y suspiró triste por lo que seguía –Ya sé que Sirius escapó, fue en búsqueda de la señorita Granger a la que aún no ubicamos, y se encontraron en medio de una batalla en la casa de los Potter. El padre de Dorcas Meadowes y la madre de Marlene McKinnon no sobrevivieron.

La bruja tapó su rostro espantada.

–Les pido discreción hasta que sepamos el real estado de todos. –Dijo el Director antes de continuar –Por lo que entenderá que Sirius junto a James y Remus se quedaron a ayudar, al igual que la señorita Lily Evans que estaba preocupada por sus padres, Alice por su novio Frank que fue brutalmente herido y bueno, Dorcas está destrozada.

Minerva no sabía qué decir, simplemente atinó a mirar a Orion.

–Sé dónde está la señorita Granger. –Habló Orion mirando a Dumbledore que no se sorprendió, de hecho, ya sabía hasta qué punto estaba al tanto de todo el patriarca de los Black –Si me permite, necesito hablar con Sirius.

–Vamos entonces, puedo volver más tarde. –Dumbledore les indicó una chimenea por la que cruzaron hasta San Mungo.

El Hospital de magos y brujas era otro caos en donde entraban y salían de habitaciones con heridos, y con otros que no habían corrido la misma suerte.

Dumbledore guio a McGonagall y Orion hasta la cuarta planta, donde al final del pasillo en una de las salas de espera, estaban reunidos Sirius y compañía.

Andrómeda acariciaba el cabello de Nymphadora que dormía plácidamente en los brazos de Narcissa, ambas estaban sentadas conversando en susurros. Esa escena fue como un golpe en el estómago para Orion. Hasta donde él sabía, Narcissa quien era su sobrina favorita, no tenía contacto con Andrómeda, la traidora. Si bien tenía aprecio por todas sus sobrinas, hasta él sabía que Bellatrix estaba demente y que Andrómeda era una rebelde al igual que Sirius. Narcissa era la única que no había arrastrado el apellido de alguna manera, no entendía qué hacía metida en ese lugar con todos, y menos sosteniendo a la hija de su hermana que se suponía era un fenómeno.

En los otros sillones se encontraban Alastor Moody y un chico de cabello rojizo que reconoció como uno de los Prewett, aunque no sabía cuál. Ambos conversaban muy preocupados, aunque ese chico miraba mucho a Narcissa.

Orion entrecerró los ojos y frunció el ceño.

Qué demonios pasaba allí, acaso tenía que colapsar su estabilidad familiar para darse cuenta que todo estaba mal.

Siguió con su recorrido y al final contra una pared vio a James Potter y Remus Lupin, los conocía porque en alguna ocasión intentaron ir a visitar a Sirius. Al lado de Potter una pelirroja se sostenía de su brazo mientras conversaba con una chica de cabello corto negro.

Desvió su mirada hacia una puerta blanca en donde hacía guardia una chica castaña y más baja que Granger a la que reconoció como Dorcas. La había visto con Regulus de lejos, estaba seguro que era ella, además y como era obvio, a su lado estaba Sirius. Su hijo lucía bien, mejor que cuando vivía con ellos.

Llegaron hasta el centro y la primera en darse cuenta de los recién llegados fue Andrómeda que enseguida dejó de acariciar a Nymphadora.

–Qué agradable sorpresa. –Comentó Andrómeda mirando a su tío que le regresó la misma mueca que ella le hizo.

Todos prestaron atención, y empalidecieron al ver a Minerva McGonagall y Orion Black. Al Director ya lo habían visto antes. Alastor miró a Sirius y comenzó a reír disimuladamente.

–Tío… –Susurró Narcissa meciendo a Dora que se comenzaba a remover inquieta.

–Narcissa, qué… sorpresa. –Dijo a modo de saludo Orión y mantuvo su mirada fija en la niña que cargaba, a la cual señaló –Muy dulce tu hija, Andrómeda. Esperemos saque el talento de nuestra familia.

–Es el fenómeno. –Contestó la bruja irritada de encontrarse con la parte de su familia que no le gustaba, en realidad no quería a ningún Black cerca, con excepción de Narcissa, Regulus y Sirius.

–Tan encantadora como siempre, Andrómeda. –Respondió el hombre y pasó de ella dirigiendo su mirada a los hombres frente a él –Moody, Prewett. –Saludó con un gesto de su cabeza que fue correspondido.

Avanzó con su capa ondeando tan elegante como era Orion Black y sosteniendo un bastón de madera fina. Se acercó con Minerva siguiendo sus pasos mientras dejaban atrás a Dumbledore y llegaban hasta los chicos.

Todos se giraron a mirar a Sirius que estaba con los ojos entrecerrados y el cuerpo tenso, mantenía la vista clavada en su padre.

McGonagall fue hasta Dorcas y la abrazó mientras susurraba en su oído. La chica le agradeció cuando se separó de ella.

Orion los miró uno por uno y sacó su reloj de bolsillo. Cinco de la mañana.

–Buenos días, jóvenes. –Saludó muy serio.

Recibió un coro de "Buenos días, señor Black" como respuesta, a excepción de Sirius que no modificaba su postura y Dorcas que estaba aterrada por lo que podía pasar.

El hombre se giró hasta su hijo y quedó lo suficientemente cerca.

–Sirius. –Dijo a modo de saludo –Es un gusto verte después de tanto tiempo, aunque no puedo decir lo mismo de las circunstancias.

–Orion. –Respondió el pelinegro sin bajar la mirada –Lástima que no pueda decir lo mismo. ¿A qué has venido? –Preguntó sin rodeos.

Su padre sonrió brevemente, lo que para Sirius parecía una clara provocación. Pasó por su lado y se acercó a Dorcas, a quien miró con excesiva formalidad.

–Dorcas Meadowes, ¿verdad?

La chica miró primero a Sirius y luego asintió con desconfianza.

–Le expreso mis sentimientos de dolor en nombre de la familia Black, debe ser muy difícil lo que está viviendo. Por favor, extienda nuestro sincero sentir a su madre.

Cuando Orion terminó de hablar la sala completa estaba en silencio, uno que fue quebrantado por la discreta risa llena de irreverencia por parte de Sirius. Se dio la vuelta y volvió a quedar frente a su padre.

–Por favor, Orion… dinos de una vez por todas a qué has venido. Dudo mucho que a una visita social.

El hombre desde que había visto al chico tuvo que hacer uso de toda su fuerza mental para canalizar sus emociones, sin embargo, y ante todo era correcto. Quitó la vista de Dorcas que murmuró un discreto agradecimiento, y miró con molestia a su hijo.

–Si no tienes respeto por mí, al menos tenlo por la situación que se está viviendo. –Su voz era afilada igual que una navaja.

Y por supuesto eso no amedrentó a Sirius.

–No me hagas reír, no creo ni por un segundo que sean capaces de sentir dolor por los Meadowes o por alguna de las familias que sufrieron pérdidas esta noche. Los conozco, sé que los Black son afines a los ideales del asesino de Voldemort.

Sirius no había tratado siquiera de controlarse, eran demasiados años de frustración y rabia contenida. La noche en que huyó no había bastado para saciar su propio dolor.

–Te recuerdo que también eres un Black. –Respondió su padre enseguida.

Esa sola frase había sido más dolorosa para el chico que si lo hubiese golpeado. Se limitó a sonreír socarronamente.

–Tristemente. Aunque uno diferente, si me permites agregar. –Ante tal respuesta su padre le sonrió de vuelta.

–Black al fin y al cabo.

James y Remus que sentían la tensión en el ambiente decidieron intervenir y se acercaron hasta su amigo.

–¡Señor Black, qué alegría más grande verlo! –James le tendió la mano para distender un poco los ánimos.

Orion aceptó el amable gesto del chico.

–Potter, parece que fue ayer la última vez que fuiste a casa, has crecido mucho.

–En realidad teníamos once años cuando fuimos por primera y última vez, –aclaró el chico sonriendo tan amable como siempre –ese día su esposa nos invitó a marcharnos muy lejos.

Remus se rio junto con James de lo que a estas alturas parecía una broma. Orion también los acompañó.

–Mi querida Walburga, a veces es un poco temperamental. –Defendió Orion a su esposa.

Encantadora mujer… –Masculló Sirius.

–¿Quieres decir algo, Sirius? –Preguntó su padre armándose de paciencia ante la insolencia de su hijo traidor.

–¡Oh, no! Solo decía que Walburga es una encantadora mujer, y de hecho me preguntaba por qué no está contigo ahora. –Preguntó Sirius relajándose –¿Dónde quedó la bruja?

Orion cerró unos segundos los ojos antes de responder.

–En Irlanda, descansando unos días.

El pelinegro tapó su rostro ante la respuesta.

Cautivadora mujer en realidad, –comentó el chico sonriendo –debe estar muy cansada por tantas cosas que hace durante el día, insultar es agotador. Solo ella puede ir a Irlanda y aislarse de todo, claro que tienen protección con la loca de Bellatrix deambulando por todos lados.

Orion iba a responder, pero se vio interrumpido por Dumbledore y McGonagall que consideraban el primer acercamiento entre los Black había sido exitoso al no haber hechizos ni maldiciones de por medio.

–Sirius, tu padre vino a visitarte por algo muy específico. Deberías escucharlo. –El chico no pudo responder nada grosero a la petición de Dumbledore, aunque ganas no le faltaron cuando escuchó la mención de su padre –Aunque claro, primero lo primero, profesora McGonagall.

Minerva quedó frente a todos los chicos que palidecieron nuevamente. Respiró hondo y trató de no sonar muy dura.

–Estoy francamente decepcionada de lo que hicieron esta noche, huir del Colegio para entrar en una guerra. Si bien evitaron que cosas terribles ocurriesen y son muy valientes, lo cual me hace sentir orgullosa como Jefa de Gryffindor, eso no quita la grave falta que cometieron. Y eso va para usted también, profesora Malfoy. –Para la última eludida elevó un poco más la voz.

Narcissa le entregó a Andrómeda a la pequeña y se acercó hasta McGonagall.

–No me arrepiento de lo que hice, profesora. Con todo respeto, estos chicos fueron de mucha ayuda. –La réplica de Narcissa estaba llena de fuerza y hasta a su tío sorprendió.

McGonagall tomó otro trago de aire y volvió con todos.

–Regresaremos al Castillo… –Hizo una pausa ante las quejas de James y Alice –Por supuesto tendrán autorización de visitar a sus familiares heridos, pero su lugar en este momento es en Hogwarts bajo nuestra protección. Después que tomen un descanso y pongan sus pensamientos en orden hablaremos nuevamente. Ahora vamos.

Entre quejas y miradas de desconsuelo a Dumbledore, los seis chicos enfilaron tras Minerva McGonagall en dirección a las chimeneas.

–Director… –Orion apenas se dirigió a él y Dumbledore entendió.

–Profesora McGonagall, –la llamó el Director –le pido vuelva al Castillo con todos, exceptuando a Sirius y Dorcas. Ellos regresarán más tarde, me responsabilizo.

La profesora asintió no muy convencida.

Sirius que solo deseaba estar lejos de su padre y Dorcas que no entendía cómo encajaba ella en los problemas familiares de Sirius, miraron sospechosamente a Dumbledore.

Narcissa que se había rezagado del grupo, se despidió brevemente de su tío y apenas miró a Gideon de camino. Sentía los ojos de Orion sobre ella.

El pelinegro cansado de todo explotó otra vez.

–¿Vas a decir de una vez por todas qué demonios quieres, Orion? –Preguntó cruzándose de brazos –Director, Dorcas puede irse.

–¿Tomas decisiones por la chica? –Inquirió su padre.

–Está cansada y si no te percataste, está embarazada, ha sido un día difícil. Opino que debe descansar. –Contestó insolente.

–¿Señorita Meadowes? –Preguntó Dumbledore en dirección a la castaña que miraba a todos lados.

–Me quedo. –Susurró ante los ojos incrédulos de Sirius. No lo apoyaba.

Orion se calmó y apoyó su bastón muy firme en el piso.

–Quiero que me acompañes a Grimmauld Place, Sirius. –Dijo finalmente.

El chico entrecerró los ojos y negó.

–No iré a ese lugar maldito, seguro es una trampa. Aunque muchas gracias por la preciada invitación, sobre todo de tu parte. –El agradecimiento estaba cargado de ironía.

Orion sonrió triunfante y desconcertó a Sirius.

–Seguramente la señorita Granger estará muy triste por tu decisión. Su prometido la abandona, qué fatalidad… seguro reconsidera el matrimonio. –Comentó Orion satisfecho y con dramatismo.

Se giró para marcharse, sin embargo había logrado su cometido. Tenía la atención absoluta de Sirius.

–¿Qué dijiste? –Exigió saber el pelinegro –¿Tienes a Hermione? ¿Qué le hiciste?

Sirius tenía a su padre sujeto por el brazo, Orion se removió para soltarse del agarre, pero el muchacho tenía fuerza.

–Una terrible coincidencia en realidad. –Contestó su padre con calma –Ya sabes lo mucho que me gusta dar un paseo nocturno, cuando me encontré con la señorita Granger malherida y por supuesto la auxilié.

–¡Oh, no me digas! –Gritó furioso Sirius –¿Crees que soy idiota? ¡Dime ahora qué le hicieron! No, mejor aún… ¡Vamos al 12 de Grimmauld Place! La saco de ese terrible lugar y luego tú y yo hablamos.

Alastor estaba al lado de Sirius y logró sacarlo de encima de su padre.

Orion sacudió su capa y señaló a Sirius con su bastón.

–¡Eres un insolente, tú…!

–Señor Black, –pidió Dumbledore interviniendo –Sirius… cálmense.

Ambos se alejaron por unos segundos para retomar la calma y juntar aire, así podían continuar gritando.

Sirius fue el primero en acercarse.

–Está bien, voy contigo.

Su padre asintió, luego miró a Dorcas que lucía enferma.

–¿Ya la atendieron? –Preguntó a Sirius mirando sus heridas superficiales que sangraban todavía y la fuerza con que presionaba su vientre –Luce muy mal.

–Estuvo en medio de una batalla y vio morir a su padre, ¿qué esperabas? Si quieres nos ponemos a cantar canciones de hipogrifos. –Contestó Sirius negando con la cabeza –Y no, no la han atendido, dijeron que primero los casos más graves.

Orion entrecerró los ojos y llamó a un Medimago que iba pasando.

–Quiero que la revisen, la chica está embarazada y herida. –Dijo con voz autoritaria.

El Medimago lo miró con suficiencia y como si estuviese loco.

–Primero los enfermos de gravedad. –Respondió cortante.

Orion se rio en su cara y Sirius se alejó, sabía lo que venía a continuación y no quería ver una representación de él mismo cuando armaba escándalos y sacaba relucir su superioridad.

–¿Sabes quién soy? –Preguntó Orion sin esperar a que el Medimago respondiera –Orion Black de la Noble y Ancestral Casa de los Black. Amigo personal de la Directora de San Mungo y principal accionista, además de donador muy generoso del Hospital, así que… tienes dos opciones muchacho. –Se acercó más al mago que a esa altura había reunido todo su miedo –Una es atender a la chica, y la otra es que le haga una visita a mi vieja amiga que seguro está en su despacho.

El Medimago tragó y sonrió en dirección a Dorcas.

–Por favor, acompáñeme señorita.

Se fue con la joven bruja y entraron en una habitación para examinarla.

–¿Nos vamos? –Preguntó Sirius desde la pared en donde estaba recargado.

–Esperamos a la chica, ella viene. –Fue la última palabra de Orion antes de sentarse junto a Andrómeda.

De reojo tanto Orion como Sirius intentaban entrar en la mente del otro y se asesinaban con la mirada. El pelinegro se paseaba como león enjaulado por los pasillos. El aire se acabaría en cualquier segundo, se sentía asfixiado.

Albus, Alastor y Gideon conversaban gentilmente con Orion quien les aseguraba que Hermione se encontraba en perfecto estado, pero que no podía revelar más detalles en ese lugar.

Claramente Dumbledore ya lo sabía todo, Orion había permitido que lo viera y él los pondría al tanto luego.

–¿Cómo te ha ido en tu nueva vida, Andrómeda? –Preguntó Orion a su sobrina.

La bruja enarcó una ceja y abrazó más fuerte a Nymphadora que comenzaba a despertar.

–¿Realmente te interesa? –Respondió con una pregunta la chica.

Orion no hizo comentario.

Justo en ese momento salió Dorcas curada de sus heridas y algo repuesta. El Medimago aseguró que estaría bien y que el bebé estaba en perfectas condiciones.

Sirius se acercó y se quedó al lado de la chica.

–Me encargaré que regresen a Hogwarts, Dumbledore. –Prometió Orion para luego girarse a su sobrina –Si necesitas algo puedes decirme.

Andrómeda asintió y se despidió de su tío. Eso había sido raro.

–¿Yo también voy? –Preguntó asustada Dorcas.

–Solo si quiere, aunque según tengo entendido es muy amiga de la señorita Granger. Necesitará una amiga para que le ayude a arreglarse, y a usted no le vendría mal compañía femenina en este momento. –Contestó muy sincero y calmado Orion. Tendió su brazo, el cual la chica tomó con desconfianza. El hombre reparó enseguida en el delicado anillo que llevaba puesto –Una hermosa joya, por cierto. ¿Sabe que los duendes de nuestra casa de Irlanda se especializan en el trabajo de plata y esmeraldas? –Preguntó curioso.

Dorcas abrió la boca y la volvió a cerrar.

–Muy Slytherin. –Contestó con una risita nerviosa.

Orion estuvo satisfecho con la respuesta, miró a Sirius que se tomó de su hombro y los tres desaparecieron del lugar. Enseguida estaban en el número 12 de Grimmauld Place.

A Sirius se le revolvió el estómago cuando se sintió nuevamente en la sala de la enorme casa. Se había jurado no volver a pisar ese lugar, le traía malos recuerdos, y a eso se sumaba el recuerdo que había visto en los pensamientos de Hermione.

Hermione.

Estaba allí por ella.

–¿Dónde la tienes? –Preguntó enseguida encaminándose a las escaleras.

–Hablas como si fuese una prisionera. –Se quejó su padre –Está en tu antigua habitación.

Sirius quedó con un pie en el primer escalón decidiendo si subir o no.

–¿Por qué trajiste a Dorcas también? No me creo lo que dijiste en San Mungo. –Increpó a su padre quien le sonrió levemente.

–Pensé que Regulus querría saber cómo está. –Respondió Orion –Me enteré de todo, Sirius.

La afirmación de su padre era como un balde de agua fría para Sirius. Si bien sospechó cuando fue tan gentil con Dorcas, quiso creer que lo hacía para molestar. El que su padre estuviese al tanto de todo cambiaba mucho las cosas. Regulus era por mucho su favorito y no permitiría otro escándalo en la familia Black.

Podían confiar en Andrómeda porque era una traidora a la sangre, también en Narcissa porque tenía un romance secreto con Gideon. Ellas eran Black diferentes, sin embargo… ¿Por qué confiarían en Orion Black?

Un hombre frío, de negocios y ante todo defensor de la pureza de la sangre.

Y más aún, ¿por qué había salvado a Hermione?

¿Qué buscaba y qué ganaba Orion de todo eso?

–¿Qué sabes? ¿Cómo te enteraste? –Preguntó extremadamente serio y amenazador Sirius.

Orion se acercó a las escaleras y comenzó a subir.

–Podemos hablar luego, no creo que quieras que tu madre vea a tu prometida en casa. No será tan considerada como yo. –Aseguró cuando llegó hasta el descanso.

Sirius se tragó su orgullo y le hizo un gesto a Dorcas que corrió a su lado y subió las escaleras con el pelinegro siguiéndola.

En cuanto su padre abrió la puerta de su antigua habitación, ambos chicos entraron muy pegados a Orion que cerró enseguida.

En lo primero que reparó Sirius, fue en Hermione durmiendo plácidamente sobre la que alguna vez fue su cama, y por supuesto, con su varita lista por si alguien entraba, aunque no le servía de mucho si estaba en ese estado de inconsciencia. Respiró tranquilo al ver que efectivamente estaba en perfectas condiciones, solo pálida. Luego miró el desastre que era el lugar, él no lo había dejado así al marcharse.

Se acercó hasta la cama y se sentó al lado de Hermione que apenas la tocó despertó sobresaltada y con su varita apuntando al cuello de Sirius. Le tomó unos segundos reconocerlo para finalmente arrojarse sobre él y abrazarlo.

–Estás bien. –Susurró la castaña sonriendo en el cuello del pelinegro.

–Tú estás a salvo. –Dijo aliviado y divertido Sirius.

Hermione reparó en Dorcas que seguía al lado de Orion mirando la escena y se separó de Sirius, estiró una mano a la chica que corrió a abrazarla.

–Siento tanto todo lo que pasó, Dorcas. Reg nos contó. –Dijo muy bajito Hermione a Dorcas que finalmente se sentía acompañada y comprendida.

Hermione le daba esa confianza, el sentirse como en casa. Se quedó allí sobre su regazo y desplazando a Sirius a un costado, aunque no se quejó, era el momento de Dorcas.

–No estaban en Hogwarts. –Aseguró Hermione mirando con los ojos entrecerrados a ambos. Sus túnicas sucias y pequeños cortes superficiales los delataban.

Orion suspiró y se dirigió a la puerta.

–¿Quieren algo de comer? –Preguntó antes de salir.

–No. –Respondió enseguida Sirius.

–Tengo hambre. –Se quejó bajito Dorcas.

Hermione le sonrió amablemente antes de hablar.

–Lo que tenga estará bien, muchas gracias señor Black.

El hombre asintió y salió ante la mirada desconfiada de su hijo mayor.

–¿Por qué eres tan amable con él, Mione? Supongo que estás al tanto de quién es. –El regaño del pelinegro hizo que la chica rodara los ojos.

–Es tu padre, Sirius. Y el hombre que salvó mi vida y la de Regulus, deberías ser más amable. Además no ha sido tan terrible como lo describiste.

–Podría poner algo en la comida, solo soy precavido. No te dejes engatusar por su amabilidad. –Sirius seguía tenso y se había molestado más al ver la condición de su habitación. Todo estaba destruido. Había sido Walburga, lo podía jurar.

Hermione negó y prefirió no seguir regañándolo como a un niño.

–Por favor díganme qué pasó. –Pidió la castaña.

Dorcas iba a hablar hasta que se abrió la puerta por donde entró Orion con una bandeja con comida. Junto a él iba Regulus que lucía peor que antes.

El recién llegado vio a Dorcas y la sacó de los brazos de Hermione para llevarla consigo. Le sonrió a Sirius que se alegró de verlo a salvo, y se alejó con la chica hasta el otro extremo de la cama que de por sí era grande, aunque ahora se hacía más pequeña con todos ellos allí.

Hermione se aseguró que no serían interrumpidos nuevamente y habló.

–Ayer en la tarde me encontré con Regulus, me contó lo que planeaba Voldemort y por supuesto fui con Alastor. Se puso histérico y comenzó a dividir a los Aurores. Luego de eso me envió a casa. –Bufo la castaña antes de continuar –Apenas me aparecí en el jardín, llegó Dobby con una carta, era de Reg, decía que me quedara en casa, que todo había comenzado. –Miró a su cuñado que asintió en su dirección –Y fue cuando sentí el olor a humo y vi el fuego en la casa de los Potter, iba a ese lugar, pero entonces apareció Alecto Carrow y Greyback que entraron a la casa de Dorcas. Dobby me aseguró que tus padres no estaban allí, pero algo me decía que debía ir. Entré, aturdí a Fenrir y encontré a Alecto en la habitación del bebé, tenía tu diario Dorcas. –La chica asintió apenada, se sentía una tonta por haberlo olvidado –Estuvimos luchando un rato, no me quiso decir quién traicionó a los Potter y fuimos hasta la casa del Primer Ministro Muggle, sufrimos una despartición. Vi cuando iba a hablar con Lucius, entonces apareció Reg y me desesperé. Maté a Alecto antes que pudiese hablar y me abalancé sobre el diario. Luego una explosión y no recuerdo más.

Todos miraban atentos a Hermione que dio un hondo suspiro. Orion que escuchaba atento continuó su historia.

–Llevo semanas siguiendo a Regulus, anoche no fue la excepción. Deduje algunas cosas y cuando vi que Lucius atacaría a la señorita Granger, provoqué una explosión. –Sirius no daba crédito a lo que escuchaba, pero no se atrevió a interrumpir a su padre –La saqué del lugar y la traje hasta nuestra casa, aprovechando que Walburga está de viaje. Ella era la única que podía confirmar mis sospechas y explicar todo, además había salvado a Regulus. Luego leí el diario. –Finalizó con ironía.

Dorcas arrugó el entrecejo molesta, todos habían leído su diario.

–Después de la explosión fue un verdadero campo de batalla, –el turno de tomar la palabra era de Regulus –los Mortífagos mataron a unos cuantos Aurores y por supuesto se defendieron, muchos de las filas de Voldemort corrieron la misma suerte. Ataqué a Kingsley para salvarlo, te busqué pero no lograba encontrarte. –Hermione lo miró atenta uniendo todas las piezas –Fue cuando Sirius apareció en el lugar con Dorcas y Gideon.

La castaña miró a Sirius que suspiró.

–Acompañé a Dorcas al despacho de Dumbledore cuando supe que Reg la iría a visitar, pero no esperábamos que Alastor llegaría desesperado buscando a Dumbledore, se llevó a Gideon. Dieron muchas órdenes y quedó McGonagall a cargo. –Hermione asintió incitándolo a continuar –Entonces tracé el plan con Dorcas; se nos unieron James, Remus, Alice y Lily con un poco de presión.

–La profesora Malfoy nos ayudó a salir, estoy segura que quería asegurarse del estado de Gideon. –La interrupción de Dorcas no pasó desapercibida para Orion que se limitó a seguir escuchando, más tarde se preocuparía por Narcissa.

Todos la miraron significativamente, se calló enseguida.

–Llegamos hasta tu casa, –siguió hablando Sirius –Dobby nos contó todo. Primero fuimos con los Potter mientras Narcissa se iba con los Weasley a buscar a Nymphadora. Ted y Andrómeda fueron a ayudar. –Se apresuró a explicar el pelinegro, Hermione se sentía mareada –Había cuatro Mortífagos contra ellos dos, apenas nos vieron escaparon. Habían acorralado en la sala a los padres de James, ellos están bien ahora, en San Mungo. Los padres de Dorcas y Marlene también fueron a ayudar. –De ahí en adelante el chico escogió muy bien sus palabras para no herir más a Dorcas que escuchaba atenta –Hicimos lo que pudimos, ya sabes lo que pasó con el padre de Dorcas, su madre se está recuperando aunque no sabe nada. El padre de Marlene está internado también, y su madre no sobrevivió al ataque.

Hermione tapó su rostro aterrada, si ella hubiese escogido ir con los Potter eso quizá no habría pasado. O tal vez sí, no podía asegurar nada.

Prefirió salvar a Regulus y todas las decisiones tienen consecuencias.

–Después Sirius me acompañó a casa, allí sacamos ciertas conclusiones de por qué fuiste a mi casa y no con los Potter. –Dijo Dorcas sin resentimiento en la voz, solo había profundo agradecimiento –Estábamos en lo correcto. –Agregó con una sonrisa –Y como había escuchado a mamá hablando de la zona muggle, y sabíamos que Dumbledore estaría en ese lugar, fuimos hasta allá esperando encontrarte a ti y Reg.

Sirius la interrumpió.

–Solo nos encontramos con muerte y destrucción, no sabemos mucho al respecto, pero Moody y Gideon nos dijeron que al menos la mitad del lugar fue arrasado por las llamas y los Mortífagos.

–Lo vimos, a los Mortífagos matando a las familias de nacidos muggles. –Susurró Dorcas ante la incomodidad de Regulus.

–Nos llevamos a Gideon del lugar para que nos ayudara y fue cuando dimos con la casa del Ministro Muggle y encontramos a Reg. –Finalizó Sirius agotado.

–El Ministro Minchum estuvo mucho tiempo siendo amedrentado por Lucius Malfoy, las alarmas se activaron tarde, lo planearon a la perfección. –Agregó Dorcas dolida.

Todas las miradas se dirigieron a Regulus.

–Me enteré esta noche, Voldemort actuó muy sigiloso y nos reveló todo a última hora.

Al ver que nadie más decía algo prefirió seguir hablando.

–Eso fue todo lo que pasó Hermione, el resto ya lo sabes, lo ocurrido luego de que me encontraran en casa del Ministro Muggle.

Hermione asintió, pero eso no era suficiente para Dorcas y Sirius.

–¿Dónde fuiste? –Preguntó Sirius.

Regulus lo pensó antes de responder.

–Tras el Ministro Muggle, Voldemort me encargó en persona la misión, no podía decir que no.

Dorcas se aferró fuerte a su pecho y lo miró con insistencia.

–Su nieta, escuché a mamá decir que era bruja. ¿Hiciste algo malo Reg? –Preguntó la chica con los ojos llorosos.

Regulus asintió sin mirarla.

–Tuviste tus motivos, puedo imaginarlos… solo no lo digas, al menos no me lo cuentes esta noche. –La petición de Dorcas era más un ruego –No necesito saberlo.

Sirius que era el más ansioso prefirió respetar la decisión de la chica y dejó en paz a su hermano, luego lo sabrían de todas formas.

–Luego de eso vine a casa y me encontré con Hermione y papá, quienes me contaron lo ocurrido. Después fui a la mansión de Malfoy a una reunión con Voldemort.

Tomó un hondo suspiro para continuar, era agotador recordar todo.

–Estaba feliz, –dijo con una sonrisa de asco –uno por uno tuvimos que darle un informe detallado de lo ocurrido. A pesar de que algunas cosas no salieron como quería, logró el objetivo principal, consiguió desestabilizar la seguridad mágica, está esperando los titulares que saldrán dentro de unas horas.

Negó afligido.

–Bellatrix provocó caos en San Mungo, luego con Lucius destruyeron Hogsmeade, casi nada quedó en pie, solo el Castillo resistió, no pudieron entrar a los terrenos de Hogwarts. –Hizo una pausa para mirar a Hermione –El Ministro Minchum fue expuesto como incapaz de controlar el caos; el Ministro Muggle fue atacado y arrasaron con la zona Muggle. Lo logró.

Hermione cerró los ojos cansada, solo podía imaginarse lo ocurrido y era terrible.

–Pedirán que el Ministro entregue el cargo. –Susurró.

Sirius estaba intrigado.

–¿Dijo quién traicionó a los Potter? ¿Por qué a ellos?

La pregunta no desconcertó a Regulus, él lo sabía.

–Sí, lo dijo. –Contestó asintiendo –Sabía que estarían los Meadowes y McKinnon, que oportunamente ocupan puestos en el Wizengamot; además los Potter tienen influencia, sabía que atacándolos lograría generar más temor en nuestro mundo. Ni si quiera los poderosos están a salvo, eso dijo.

–Lo convirtió en política. –Dijo Sirius tocando su frente.

–Siempre lo ha sido.

Todos se giraron a Orion que hasta ese momento había estado muy callado escuchando atento.

–¿Por qué Dumbledore no acabó con él? –Preguntó frustrada Hermione, estaba molesta.

Regulus le sonrió como solo él sabía hacerlo en un momento de tensión.

–Porque no quiso. –La respuesta desconcertó más a la castaña que casi no podía respirar de la ansiedad.

–Alastor estaba molesto en San Mungo cuando llegamos. –Recordó Dorcas en voz alta.

–El mismo Voldemort dijo que si Dumbledore hubiese querido acabar con él esta noche lo hubiese logrado, Moody había bloqueado a Bellatrix… pero lo dejó escapar. Dijo algo como que no era el momento aún y simplemente se rio.

Todos quedaron descolocados con la respuesta de Regulus.

Hermione se destapó y dejó ver la horrible herida en su pierna, todos quienes no la habían visto antes gritaron sorprendidos.

–No digas nada, Sirius. –Pidió la chica poniéndose con dificultad en pie –Tu padre me curó muy bien. –Giró su mirada a Regulus –¿Quién traicionó a los Potter? No pueden romper un Fidelio tan fácilmente, es verdad que muchos lo sabían, pero todos de confianza.

–Eso no lo reveló, solo dijo que lamentaba lo ocurrido porque la persona estaría muy triste. No sé qué significa, Hermione. Tuve suerte de que no me torturara cuando le dije que la misión había sido cumplida a la mitad.

–Fue Pettigrew, estoy seguro. –Gruño Sirius.

–No he escuchado de Peter hace mucho, Sirius. –Lo contradijo su hermano confundido.

Todos se sobresaltaron al sentir la puerta, no se habían dado cuenta en qué momento Orion había salido, solo sabían que estaba de vuelta y con una elegante túnica de mujer.

–Mi esposa es ligeramente más alta, le quedará bien. –Dijo tendiéndole la prenda a Hermione –El Ministro la buscaba con mucha urgencia.

Sirius le arrebató la túnica de las manos a la castaña y la examinó antes de decidir que podía usarla.

–En serio no conoces a Walburga Black. –Susurró ante la queja de Hermione.

Orion entornó los ojos y decidió bajar.

–Debo llevarlos a Hogwarts, esperaré en la sala.

Cuando quedaron solos, Hermione dio un golpe en el hombro de Sirius que se sorprendió.

–Ese hombre me salvó la vida, baja y dale al menos las gracias. –La autoridad estaba impresa en la voz de la castaña que tenía fuego en la mirada.

–No, no me doblegaré ante Orion Black. –Contestó aún más altanero Sirius.

–Es tu padre y se ha comportado muy bien hasta ahora. –Siguió defendiendo su punto Hermione.

–Seguro busca algo, Orion no hace nada porque sí. –Respondió burlón el pelinegro.

Regulus arrastró a Dorcas con él y llegó hasta los dos que discutían.

–Luego hablaré con papá y veré qué planea y qué piensa de todo. Sirius tiene razón, papá es una persona exigente. –Sirius agradeció el apoyo de su hermano, pero enseguida lo miró con los ojos entrecerrados –Aunque Hermione tiene razón, si bien papá la salvó porque ella me salvó primero… deberías ser más cortés. Es nuestro padre y fue por ti.

–¡Qué lindo gesto! –Se quejó Sirius.

Tomó a Hermione del brazo y la ayudó a bajar las escaleras con Dorcas y Regulus siguiéndolos.

–¿Podrá ir por Red Flu? –Preguntó Orion que estaba listo al lado de la chimenea, mientras miraba a Hermione que a duras penas caminaba.

–Va a doler, pero eso no me detendrá. –Aseguró la castaña –Es mejor opción que aparecerme.

Reg seguía en la escalera con Dorcas, la abrazaba mientras le susurraba algo. Cuando terminaron se acercó y dejó que la chica se fuera al lado de su padre.

–Más tarde hablaremos, ve a dormir, tu madre no puede verte en ese estado. –Ordenó Orion a su hijo menor que obedeció enseguida, no sin antes despedirse de Sirius y Hermione con un gran abrazo.

Hermione también se abrazó a Sirius y le dio un beso antes de partir rumbo al Ministerio.

Tu padre. –Apenas susurró y se dirigió a la chimenea.

–Ha sido un gusto, señorita Granger. –Dijo sinceramente Orion a la chica.

Hermione desapareció a los segundos consumida por las llamas verdes.

–Vamos. –Indicó Orion a los dos chicos que lo miraban impacientes.

Sirius tomó un hondo suspiro.

Pa… digo, Orion. –Su padre no se giró, pero sí lo escuchó atentamente –Gracias por salvar a Hermione, significa mucho para mí.

Orion Black no dijo nada, su rostro no cambio de expresión siquiera, más en su interior sonrió.

Los tres atravesaron la Red Flu hasta el despacho de McGonagall que ya los esperaba. En cuanto Orion se fue, escoltó tanto a Sirius como a Dorcas hasta la Torre de Gryffindor, los dejó en la Sala Común y les dedicó una breve sonrisa.

–Vengan a las cinco de la tarde conmigo, los estaré esperando.

Ambos asintieron y se encaminaron a sus respectivas habitaciones.

–¿Qué tienes pensado hacer? –Preguntó Dorcas en cuanto vio la determinación en Sirius.

–Haré que Pettigrew hable. –Susurró y sin dar más explicación despareció escaleras arriba.

La chica subió cansada, no entendía ese repentino odio por parte de Sirius hacia Peter, pero estaba segura que tenía que ver con los Mortífagos. Regulus lo había mencionado.

Llegó hasta su cama dispuesta a lanzarse sobre ella para descansar, sería doloroso ver a su madre y hablar con ella. Había tanto que hacer y el tiempo parecía no detenerse, la habían fraccionado de la peor forma.

Unos sollozos la sacaron de su estado de aletargamiento y vio a Alice y Lily abrazando a Marlene. No preguntó nada, era obvio que McGonagall había hablado con ella.

Se acercó con cautela. Lily y Alice se hicieron a un lado para darle espacio. Dorcas se abrazó a la rubia y lloró con ella.

–Perdóname Dorcas, te lo ruego. –Susurró Marlene sosteniendo muy fuerte a la castaña.

La chica se rio bajito.

–Tenemos que apoyarnos Marlene, ya no estoy molesta por lo que dijiste la otra noche. –Contestó Dorcas separándose y dándole una sonrisa de apoyo.

Ambas estaban sufriendo lo mismo.

Marlene se abrazó a sí misma y negó efusivamente mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas.

–Me merezco este dolor, tú no. –Continuó afirmando Marlene.

Dorcas secó su rostro y se alejó.

–¿De qué hablas, Marlene? Estás cansada. Lily, Alice… ella debe dormir.

Ambas asintieron y fueron hasta la rubia, pero ella las alejó. Marlene se puso en pie y trató de acercarse a Dorcas mientras ella se iba alejando con cada paso que daba.

–Debes perdonarme, no tenía que ser así… nuestros padres. –Siguió susurrando la rubia totalmente descontrolada.

–¿Qué hiciste, Marlene? –Susurró rompiendo en lágrimas Dorcas.

–El Fidelio se rompió, fui yo.

Dorcas miró sin ningún sentimiento a Marlene, solo sentía frío, uno que la recorría desde lo más profundo de su corazón.

No esperó a ver la reacción de sus amigas y corrió hasta la habitación de los chicos. Con un hechizo abrió la puerta y se encontró con Sirius encima de Peter haciéndolo hablar, mientras James y Remus los intentaban separar sin resultados.

–¡Fue Marlene, Sirius! ¡Suéltalo ya!

El grito de Dorcas hizo que todos se quedaran petrificados, excepto Sirius que pasó de ella con su nuevo destino decidido.

Las llamas que envolvieron a Hermione la cegaron por completo una vez que estuvo en el Ministerio.

Pasó desapercibida en su camino al despacho del Ministro, todos corrían y una alarma sonaba incesante, parecía que tras cada segundo era más fuerte. Un par de Aurores casi la tiraron al suelo, pero por suerte la sostuvo Gideon que también corría junto a Alastor.

–El Ministro quiere verte, Granger. –Dijo Moody antes de desaparecer.

–¿Qué ocurre, Gideon? –Preguntó alterada la castaña.

–Azkaban, atacaron hace minutos. En una hora comenzarán a repartir El Profeta y el Wizengamot está reunido hace horas. No sabemos qué va a pasar. –Respondió apresurado el pelirrojo –Debo ir a Azkaban, luego te cuento.

Dicho eso desapareció y Hermione aguantando el dolor también corrió hasta llegar con el Ministro. Entró sin anunciarse y cerró la puerta sobre la que se recargó sintiendo el dolor en su pierna.

–Ministro… –Susurró la castaña y el hombre se dio vuelta.

Se veía afectado y triste. Dejó el vaso de whiskey de fuego a un lado y tomó dos sobres de su escritorio.

–Le agradezco su lealtad, señorita Granger. –Comenzó diciendo con mucho agradecimiento –Y me apena decir que dentro de unas horas no trabajaremos juntos. –Señaló el primer sobre que Hermione tomó, tenía su nombre –Su aceptación en el Wizengamot, sigo siendo el Ministro y me encargaré de dejarla bien ubicada. –La chica se sorprendió y tragó pesado –Y como sigue siendo mi Asistente, le entrego mi renuncia. –Le tendió el segundo sobre que Hermione aceptó.

–No pueden pedirle la renuncia, fue una víctima más. –Se comenzó a quejar la castaña.

–El Ministro no puede ser una víctima más, señorita Granger. No vi las señales y no tuve la determinación suficiente para mantener a salvo al Mundo Mágico. Debo poner mi cargo a disposición. –Explicó el hombre con tristeza pero sin rencor.

Hermione asintió y lo acompañó hasta una silla donde se sentó.

–¿A quién propondrán? –Quiso saber.

El Ministro se puso a su altura y la tomó por los hombros.

–Debe ayudarme. –Pidió –El Wizengamot no ofrecerá el cargo a Dumbledore otra vez, siempre lo rechaza y esperarán que él se ofrezca. En este momento el más idóneo es Cornelius Fudge, pero es un incompetente y cobarde no mucho mejor que yo, con la única diferencia que ama la pureza de la sangre.

–Voldemort tomará el control a través de él. –Susurró Hermione comprendiendo.

–Pero si usted convence a Dumbledore de apoyar a Alastor Moody en una elección, nadie se opondrá y estaremos a salvo. Y si llegase a convencer al mismo Dumbledore de aceptar y usted lo propone… sería el menor de los males. –Finalizó soltando a la chica.

–¿Por qué se refiere así a Dumbledore? –Preguntó asustada Hermione.

–Albus Dumbledore es mi amigo de toda la vida, toda… señorita Granger. Él ha visto el bien y también el mal. Pero ante todo es el mago más poderoso de la historia y nos mantendrá a salvo. Siempre privilegiará el bien mayor, usted me comprende.

Hermione cerró los ojos y tomó una decisión.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Hola chicas preciosas! Espero que hayan tenido un fin de semana genial y que este comienzo de semana sea mejor aún.

Aquí les traigo nueva actualización y como siempre, espero que les guste. Y que queden con muchas ganas del siguiente y con preguntas *risa malvada*. Gracias por el apoyo, por leer y comentar. También doy la bienvenida a las chicas nuevas y espero que seamos cada vez más. ¡Me hacen tan feliz!

Un especial agradecimiento público a la señorita Adhara Cassiopea Black, que si bien en el anterior lo hice, ahora que he leído la reseña no me queda más que agradecer y sentirme muy honrada por sus palabras, así como la hermosa portada que hizo para la historia y que ya está actualizada, y en mi profile también.

¿Y? ¿Qué creen que pase ahora? ¿Nuevo Ministro? ¿Será que Hermione tomó una decisión entre Dumbledore y Alastor o… será otra cosa? ¿Qué demonios va a hacer Sirius? ¿Se esperaban eso de Marlene? ¡Reg, oh querido Reg! ¡Orion! Las leo en los comentarios.

Y ahora a los comentarios puntuales… *donde siempre escribo de más*.

Parisatis (Muajaja tranqui, actualizo sí o sí todas las semanas, esta me demoré un poquito más porque tuve mil cosas que hacer y también ir a votar a las elecciones y luego estuve un día sin internet y no podía subir, sí… quería golpear a alguien jajaja. ¿Viste que Reg finalmente tuvo que hacer lo impensado? Y Orion es medio especial… ¡Mil gracias por leer bella y te mando besotes, nos leemos!).

Adhara Cassiopea Black (¡Ains! Te agradezco nuevamente por todo el apoyo y la portada, ahí te puse en mi profile, te mereces todos los créditos *guiño*. Me dio pena también el papá de Dorcas, pero debía haber consecuencias. ¿Te imaginabas que Marlene fuese la traidora? Y Reg sí, uff… tuvo que hacer lo que debía. Orion llegó para quedarse, aunque es medio… especial. El tema es de qué lado estará. Mil gracias como siempre por tus palabras y que tengas hermosa semana. ¡Besos y nos leemos!).

NavaL.23 (¡No llores! Ains… no es mi intención hacerlas sufrir. Y te entiendo tanto, también he andado para todos lados y a full. Gracias por leer y que tengas una semana genial. ¡Besos y nos leemos!).

Florfleur (Muajajajaja ¡Te estás volviendo loca, te estás volviendo loca! *guiño* También anduve como una loca estas semanas, así que te apoyo en tu sentir jajaja. Muchas gracias a ti por leer y espero te siga sorprendiendo. Besotes enormes y nos leemos, linda. ¡Excelente semana!).

Kadimi (Marlene, Marlene, Marlene… Este es un punto de quiebre para ella. El punto es hacia dónde se inclinará la balanza. Bueno, acá desarrollé un poco más la relación Sirius/Orion, es medio especial el papi de los chicos, y por supuesto que llegó para quedarse. Siempre he tenido esa sensación de… "por qué esos personajes tan geniales nunca tienen oportunidades". Y los Black son geniales. Viste que Reg finalmente actuó. Mil gracias por leer y que tengas hermosa semana. ¡Besos y nos leemos! P.D.: El lemon jajajaja por eso cambié el rating a M. Porque ya estamos a la mitad del fic más o menos, así que se vienen esas partes, a pesar de que no son lo esencial, están).

Cora (¡El papi de Dorcas era lo máximo! Me merezco el reproche *llora* Lamento hacerlas sufrir, pero era necesario, tenía que haber mínimo una consecuencia. Acertaste muy bien con lo de Orion, ahí se ve de dónde sacan el carácter los chicos. Y exactamente, con Dorcas tuvo un trato un tanto especial porque es traidora, pero sangre pura y un Black ante todo es Black. Y como he dicho, Orion es medio especial. Me encanta que te encante. Te deseo hermosa semana y nos leemos. ¡Besotes!).

Mil gracias nuevamente, hermosa semana a todas y nos leemos en los comentarios y el siguiente.

¡Besos enormes!